Disclaimer: Ninguno de los personajes de Full Metal Alchemist me pertenece.

1/35 - Número de capítulo sobre el total de capítulos (Epílogo incluído)

Heme aquí de regreso. ¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Y mis disculpas por haberme demorado tanto en subir finalmente esta nueva historia. Desgraciadamente, tuve exámenes en la universidad y otra serie de cosas que me retrasaron, pero aquí está. Como pueden ver, otra de las razones que hizo que me demorara tanto es la cantidad de capítulos, la cual se fue a un poco bastante más de lo que había creído inicialmente. Y probablemente entenderán el por que en los capítulos porvenir, si me tienen paciencia =). En fin, intenté también mejorar lo que me habían señalado en la historia pasada y reducir la descripción a solamente cuando es necesaria y lo mismo con las evocaciones al pasado. Las cuales en ocasiones me vi compelida a citar porque creo que el pasado es fundamental la relación de ambos. Pero, como dije, lo reduje también. Y espero haber mejorado.

También, intenté salirme un poco de mi zona de confort con esta historia, la cual sigue la línea del manga y el segundo anime (!) ya que se ubica tras el final de éstos. En fin, no quiero aburrirlos con todo eso. Como siempre, por recordarles, o para aquellos/as que nunca leyeron una historia mía: Yo actualizo TODOS LOS DÍAS, un capítulo al día. Y esa es una promesa a la que me atengo hasta el final de la historia. Por ende, esta historia va a ser completada ya que no dejo ninguna de mis historias sin completar.

En defintiva, ojalá les guste y como dije, me tengan paciencia... Y también quisiera agradecerles desde ya por al menos darle una oportunidad y tomarse el tiempo y la molestia de leer mi humilde historia. Gracias, de verdad. Y espero también, si no es mucha molestia, saber su opinión al respecto... Ya que me ayuda mucho a mejorar y me anima a seguir escribiendo. Espero sea de su agrado. ¡Nos vemos y besitos!


Momentos prestados, segundos robados


I

"Todos los signos"


La observó con detenimiento por un instante, en silencio, dando distraídos golpecitos con la pluma sobre el escritorio. Tendría que estar haciendo papeleo, no lo negaría, y no era porque observar a su teniente primera trabajar diligentemente fuera considerablemente más atractivo que hacer su trabajo. Concedido, no se negaría esta segunda premisa tampoco, lo era. De hecho, cualquier cosa era más atractiva que realizar todo el papeleo que se había ido acumulando encima de su escritorio porque él personalmente había sido negligente con éste pero no era por esa particular razón que había optado observar a su subordinada en vez de realizar su trabajo como correspondería. Había algo... inusual en ella. No tanto realmente, sólo que se veía ligeramente más pálida de lo normal y esa era toda la manifestación física que Riza Hawkeye dejaría entrever estando enferma.

Su postura era impecable, como siempre. Hombros tensos, espina erguida y postura general adecuada. Su expresión, al igual que su postura, reflejaba concentración en la tarea delante suyo y su semblante era calmo y colecto, con ese ligero tinte estricto que solía caracterizarla. Por lo demás, todo el resto también permanecía exactamente igual y cualquier común observador probablemente hubiera pasado por alto los pequeños signos. Sin embargo, él la conocía desde aquella primera vez en que le había abierto la puerta de su casa y lo había dejado entrar, dieciocho años atrás y aún podía leerla casi tan fielmente como ella a él.

Era inevitable, suponía, dada la cantidad de años que llevaban conociéndose y con ella a su lado y dado todo lo que habían experimentado en medio también. La sola guerra de Ishbal era más de lo que cualquier persona podría contar a la edad de ambos y el hecho de que ella también hubiera estado allí había hecho de la experiencia algo más tolerable -por egoísta que sonara- y terriblemente peor. El verla allí, con ojos de asesina y polvorienta y con un rifle en mano había sido probablemente la peor imagen que había debido soportar allí y hasta el día de la fecha ese recuerdo aún le atormentaba.

Ella lo negaría, diría que había sido su decisión y él no le quitaría eso porque sabía que Riza Hawkeye era y siempre había sido la persona más sensata y racional que había conocido. Aún a sus jóvenes catorce años él había podido colegir eso de ella. Incluso con su pequeña y frágil complexión, delgada figura y cabello corto desmechado irregularmente en la nuca, incluso entonces había tenido la expresión más madura que hubiera visto en una persona de esa edad y aún entonces había lucido demasiado adulta para su propio bien. Después de todo, Riza había entendido la ley del intercambio equivalente bajo la cual funcionaba el mundo incluso antes que él. Era inevitable, suponía, con un padre alquimista pero aún así creía que había visto y entendido del mundo demasiado más de lo que habría debido a su corta edad.

Y ella diría que había sido su decisión, porque Riza era fuerte, probablemente más que él, y siempre lo había sido y él no le quitaría veracidad a ello. Ella había elegido, como él, y aceptaba completamente la responsabilidad y consecuencias de sus actos, si; pero había sido él quien la había arrastrado a la guerra y por eso siempre guardaría una porción de culpa que sabía era suya y sólo suya. Y aún así el tenerla cerca, a su lado, tras él, cubriendo su espalda, había sido también lo que lo había mantenido vivo hasta entonces. Sin ella cubriendo su espalda en Ishbal... No, sin la alquimia que ella le había entregado a él, antes de la guerra, probablemente habría muerto en Ishbal. Habría sido una baja más que lamentar, un número y un cuerpo en una bolsa y algo que no había podido ser. No habría sido nada y por ese egoísmo de mantenerla en su inmediata proximidad tendría que cargar con la culpa de todos los malos recuerdos que le había ocasionado. Todos y cada uno, desde la sangre en sus manos hasta las quemaduras en su espalda. Todo lo que había trascurrido desde que se había aparecido por primera vez en la entrada de su casa.

Alzando la vista, observó una vez más a su teniente primera. Por supuesto, un observador común y corriente habría pasado por alto los signos pero él podía verlos todos claramente. Todos allí. Al fin y al cabo estaba familiarizado con ellos, con los gestos y con la persona en cuestión y sabía perfectamente que Hawkeye no desecharía un día completo de trabajo por un mero resfriado o unas líneas de fiebre. Así como sabía también que si él mencionara algo ella simplemente restaría importancia a su preocupación y la desecharía como a otro cualquier comentario.

Pero podía verlo perfectamente, las sutiles líneas en su frente por estar frunciendo el entrecejo demasiado para leer el papel que tenía delante suyo, probablemente forzando la vista porque tendría dolor de cabeza. La ligera palidez más notoria para él, que para otros, de su tersa piel. La expresión de sutil cansancio en sus facciones. La forma en que constantemente lamía sus labios como si le disgustara el sabor del interior de su boca. Y cómo su garganta se contraía eventualmente intentando pasar con dificultad algún que otro nudo que probablemente se habría formado sobre su adolorida garganta. Si, Riza Hawkeye no se estaba sintiendo particularmente bien pero de ser el caso -y él sospechaba que lo era- no diría nada. De hecho era probable que antes de decir algo al respecto se volviera a él y le reprendiera por su conducta, dado que llevaba una buena cantidad de minutos observándola y ninguna cantidad de minutos haciendo su trabajo, que admitir que necesitaba irse a su casa y descansar.

Y tal y como predijo, su teniente se volvió a él y le dedicó una mirada severa. La cual en otro momento probablemente habría tenido un poco más de efecto de no ser porque parecía ligeramente atenuada —General de brigada, regrese a su trabajo por favor. Esos papeles no se firmarán solos.

Una sonrisa arrogante se dibujó en sus labios —¿No? Entonces parece que estoy siendo engañado bajo falsas suposiciones, teniente.

Ella no se mostró en absoluto entretenida por su comentario. Rara vez lo hacía, especialmente porque sólo estaba eludiendo sus obligaciones burocráticas un poco más y ella lo sabía perfectamente —Lamento ser quien le rompa la burbuja entonces, general. Ahora, por favor, vuelva a trabajar. La fecha tope de esos es hoy.

Fastidiado, observó la cantidad insultante de papeles, informes y registros con tedio —¿De todos éstos?

Riza asintió firmemente, poniendo su mano sobre otra pequeña tanda de hojas de papeles sobre su propio escritorio —Y éstos también.

El moreno frunció el entrecejo —¿De dónde salen tantos? —se quejó, observando la agraviante cantidad de documentos sobre su escritorio y añadiendo mentalmente a la pila los que se encontraban debajo de la mano de ella.

Ella cerró con calma los ojos un instante —Sin ánimos de ofender, señor. Si hiciera su trabajo como corresponde no se acumularían tantos.

Havoc, sentado en su escritorio junto a Breda y frente a Fuery, sonrió —Hawkeye tiene razón, Jefe. Es tu culpa por permitir que se acumule tanto trabajo... de nuevo...

Roy dedicó una mirada mezquina a su subordinado —Si mal no recuerdo, Havoc. No pedí tu opinión.

El rubio chasqueó la lengua e hizo mecer el cigarrillo apagado en su boca —Ahh... A esta velocidad no podré conseguirme una cita para ésta noche... —observando su propia pila acomodada sobre su escritorio. A su lado, Breda trabajaba en los suyos—. Oy, Breda, ayúdame.

Breda le dedicó una breve mirada de fastidio y continuó trabajando, ignorando la cantidad que Havoc le tendía en una de las manos para que lo ayudara —¡Yo también tengo bastante que hacer!

Así que Havoc finalmente desistió, colgando su cabeza rendido y tomando la pluma para recomenzar su tarea una vez más —¡Bah! No es para esto que regresé a la milicia... —seguro, habían pasado ya cuatro años del día prometido y desde que había recuperado sus piernas también y no negaría que estaba agradecido por ello. La recuperación, por supuesto, había sido lenta y tortuosa; sin mencionar que ni Breda ni Rebecca lo habían dejado de vigilar todo el tiempo para asegurarse que no desertara ni holgazaneara (como si él fuera Mustang...) pero los resultados habían llegado y ahora estaba en perfecto estado nuevamente. Su superior también tenía sus ojos de regreso y todo había vuelto a una relativa sensación de normalidad. Pero el trabajo de oficina en la milicia continuaba siendo terriblemente aburrido... Y nada realmente relevante había ocurrido desde entonces, salvo algún que otro arresto, caso de tomas de rehenes en trenes y demás cosas que eran generalmente usuales y casi en absoluto problemáticas para ellos.

De hecho, lo único relevante había sido que tras la conclusión del día prometido habían regresado al Este (para dar comienzo al proyecto Ishbalita del entonces coronel y actualmente general de brigada Mustang), el cual iba –afortunadamente- viento en popa gracias a las colaboraciones del mayor Miles y Scar (para desagrado de su superior) quienes se habían ofrecido (al menos el segundo, el primero había sido convocado por el mismo Roy) para ayudar a revivir la cultura de Ishbal y evitar de esa forma que muriera el pueblo. Por supuesto, había perdido otra novia en la mudanza, algo que a su superior no le había importado en lo más mínimo, evidentemente (como si todos pudieran conseguir mujeres como él...) y había insistido en que lo siguiera hasta el Este nuevamente, sin objeciones. Lo cual, indudablemente, había hecho. Y esa era la razón por la que estaba allí, haciendo aburrido trabajo de oficina (lo cual no era lo suyo), completa y patéticamente soltero y preguntándose cómo era que su superior lograba ascender tan rápidamente. Seguro tenía un truco... Aunque probablemente lo atribuiría a sus habilidades. Si alguien merecía el mérito, por otro lado, era Hawkeye quien hacía casi todo el trabajo de su superior. Ahora mismo viéndolo, holgazanear e ignorar el trabajo apilado sobre su escritorio, podía estar seguro de ello.

A veces se preguntaba si Hawkeye no se hartaría de las conductas del hombre y le dispararía en la cabeza. Seguro, sabía que la mujer tomaba en serio las armas y no desenfundaría una a menos de que estuviera dispuesta a acabar con su blanco (y de quererlo indudablemente lo haría, con su puntería) pero la idea no parecía tan estirada de la realidad tampoco. Mustang podía ser un verdadero dolor de cabeza cuando lo quería. Y en su opinión, la teniente primera era muy paciente con él ¿Por qué? No tenía idea. Pero la relación de ambos era bastante compleja como para darle algunas ideas al respecto... Ideas que no sólo él barajaba. Incluso Edward había preguntado al respecto, y todos sabían que el Jefe de Acero rara vez notaba algo así estuviera frente a sus ojos.

Pero la relación de sus superiores era cuanto menos inusual, por no decir completamente extraña. Y en ocasiones Havoc tenía la idea de que discutían más como amantes que como superior y subordinada, aún cuando jamás dejaban de lado las formalidades ni rangos (especialmente Hawkeye), y no era el único que percibía eso aparentemente. Breda también lo había notado (Fuery también), y Rebecca estaba completamente convencida de que había algo entre Mustang y Hawkeye aún cuando Riza siempre lo había negado firme y seriamente cada vez que la morena había sacado el tema a colación. Aún con todo, nunca los habían visto realizar acciones inapropiadas a sus rangos ni a su relación y mucho menos los habían vislumbrado cruzar la línea a lo que se referiría tradicionalmente como relación amorosa. Sin mencionar que el general de brigada salía con cuanta mujer se cruzaba delante suyo, a veces una distinta a la anterior, a veces inclusive las mismas mujeres en las que estaba interesado Havoc...

Dejando caer la cabeza contra el escritorio, recordó a la última mujer que lo había dejado. Le había costado, no lo negaría, volver al ruedo tras el incidente con Solaris... Lust... que le había costado las piernas y su futuro en la milicia pero finamente lo había logrado. Invitar salir a una mujer, eso era. Y una hermosa, de agradable personalidad y delantera a su gusto y la cita había resultado perfectamente. Y la segunda y la tercera también. Eso era, hasta que yendo a esperarlo a la salida del cuartel general una noche había vislumbrado a su superior –por un instante- y el resto de las conversaciones de la cuarta cita habían versado en torno a la temática de Roy Mustang. Para el final de ésta, Grace (que era su nombre) le había dicho que no estaba segura de lo que pensaba y sentía por él. Y que necesitaba algo de espacio. La quinta vez que la había visto había sido colgada del brazo de Mustang. La sexta, Roy Mustang había tenido otra mujer completamente distinta enganchada del brazo.

A veces creía que sería mejor si Hawkeye y Mustang estuvieran realmente en una relación. En ese caso, él podría salir en citas tranquilamente, sin preocuparse de que el alquimista de la flama le robara sus acompañantes con sólo cruzarse por su camino y lucir condenadamente indiferente al respecto. Pero la milicia tenía leyes contra la fraternización, no que éstas se respetaran demasiado de todas formas. No que importaran. Y dudaba que Grumman (quien tenía una obvia preferencia por Roy) fuera a molestarse por algo de esa naturaleza tampoco.

Sin mencionar que la ley tenía tantos recovecos que uno podía ampararse de ella de una forma u otra. Pero estaba allí y existía, y dudaba que Hawkeye (de todas las personas) fuera a acceder a romper las reglas por Mustang. De hecho, ya había roto demasiadas por él en el pasado como para arriesgarse a poner en peligro todo lo que habían hecho por una efímera aventura con su superior. Hawkeye no se le hacía del tipo de tener aventuras tampoco, por otro lado. De hecho, la idea de una Hawkeye sexualmente activa le parecía extraña, pero no lo diría en voz alta. La mujer podría dispararle de solo pensarlo y él prefería su cabeza en una pieza para conseguir citas. Dudaba que a las mujeres les gustaran los hombres con la cabeza como un queso gruyere.

Suspirando, alzó la mirada de sus papeles intactos sólo para percatarse de que la antes mencionada persona lo estaba observando. Su expresión severa, como siempre —Si ya terminó de perder el tiempo, teniente segundo Havoc, póngase a trabajar por favor. Esos papeles tampoco se firmarán solo, sin importar cuán fijo los mire.

Roy, desde su escritorio, sonrió satisfecho también. Riza se volvió a su superior con otra mirada de reproche —Usted también, general de brigada —para luego suspirar cansina y volverse a sus propios papeles.

Se sentía considerablemente mal, no lo negaría. Le dolía la cabeza y sentía el cuerpo exhausto y evidentemente su temperatura se había elevado unas líneas en el comienzo de una fiebre que probablemente resentiría cuando regresara a su apartamento. La presión arterial probablemente le habría descendido un poco también, dado que se sentía ligeramente mareada y estaba sudando frío pero no podía permitirse el detenerse demasiado al respecto. Tenía trabajo que hacer, tenía personas a quienes mantener en línea para que realizaran su trabajo correctamente también y no podía simplemente marcharse a su apartamento con la justificación de que no se sentía del todo bien y quedarse tranquila sabiendo que nada sería terminado a tiempo probablemente si ella se retiraba de la oficina.

Era un resfrío, de todas formas. O una gripe. Nada de que preocuparse. Estaban en invierno, después de todo. Así que era más que razonable que la proliferación de enfermedades aumentara en ésta época del año y Riza generalmente cuidaba su salud diligentemente, especialmente en invierno. Simplemente porque no era aceptable enfermarse, no con todo el trabajo que tenían y no cuando los resultados de sus días de ausencia rara vez eran considerados buenos o siquiera positivos y resentía el que su presencia fuera lo único manteniendo en funcionamiento a su superior y a Havoc, Fuery y Breda también, pero era inevitable suponía. Sin mencionar que debía estar allí para cuidar la espalda de Roy y no podía hacerlo desde su cama en su apartamento. Por todo eso, era inaceptable para Riza Hawkeye enfermarse.

Sin embargo, era humana, y su cuerpo lo era también y era imposible creer que jamás se enfermara ni lo fuera a hacer. Eventualmente sucedía –a pesar de todos los cuidados y precauciones que hubiera tomado- y en ésos días simplemente aceptaba la enfermedad y lidiaba con ella desde el trabajo (tal y como estaba haciendo en ese preciso momentos). La única posibilidad de que accediera a no ir a trabajar era en caso de que la enfermedad fuera altamente contagiosa. Y sólo en esos casos, se resignaba a permanecer en su apartamento responsablemente para no contagiar a nadie más. Al fin y al cabo, no lograría que ningún trabajo fuera realizado tampoco si todos en el lugar estaban enfermos y con fiebre. Pero en éste caso particular se trataba únicamente de una gripe y un té caliente cuando regresara sería más que suficiente para aliviar los síntomas. De momento, trabajaría hasta el almuerzo.

Cuando éste llegó, finalmente, Breda fue el primero en ponerse de pie –dejar su trabajo de lado- y marcharse a la cafetería del cuartel, seguido de Havoc, y Fuery detrás, el cual había dejado su escritorio ordenado a diferencia de los otros dos. Roy, por otro lado, permaneció unos minutos más terminando con el papel a mano antes de aceptar el merecido descanso también. Ella aguardó, como siempre, a que él terminara.

Cuando se puso de pie, ella también lo hizo. Roy sonrió arrogantemente —No era necesario que me esperara, teniente.

Ella asintió secamente —Estoy al tanto, general —ambos caminando lenta y tranquilamente hacia el cuartel. Los ojos negros de él observándola eventualmente de reojo—. ¿Tengo algo en el rostro, señor?

El moreno negó con la cabeza, manos en los bolsillos —En absoluto, teniente. Salvo que luce un poco pálida, ¿se encuentra bien?

—Perfectamente —aseguró, caminando firme e ingresando finalmente acompañada de él a la ruidosa cafetería atestada de oficiales de ambos sexos. Algunos haciendo fila para recibir comida, otros ya sentados y disfrutando sus almuerzos (entre esos, Breda).

Roy sonrió al ver a su subordinado sentado engullendo un sándwich entusiastamente. Hawkeye, como siempre, materializó los pensamientos de él en palabras —Si el teniente segundo Breda fuera tan entusiasta con su trabajo como con su almuerzo probablemente terminaría todo a tiempo.

—Me quitó las palabras de la boca, teniente —continuó sonriendo, mientras avanzaban en la fila. Ella le dedicó una mirada neutral, aunque con ligero tinte severo.

—Lo mismo va para usted, general de brigada.

—¿Me está diciendo gordo, teniente? Porque estoy perfectamente seguro de que no soy tan entusiasta como mi subordinado respecto al almuerzo —replicó, ofendido.

Riza negó de un lado al otro con la cabeza, expresión estricta —Me refería a las citas, en su caso, general. Si se esforzara de igual manera no tendría problema con las fechas topes.

—Probablemente —concedió, e hizo una pausa. La sonrisa soberbia regresando a sus labios, mientras tomaba una bandeja y depositaba un sándwich y una taza de café sobre ésta— ¿Celosa, teniente?

Ella frunció el entrecejo ante el olor fuerte del café y negó con la cabeza, tomando una taza de té (siempre había sido más una persona de beber té, de todas formas) y un plato de estofado humeante para ella —No se halague tanto, general. Simplemente estaba estableciendo un hecho.

Él soltó un bufido y se sentó en una de las mesas largas enfrentado a ella, sus dedos enroscándose alrededor del asa de la taza la cual se llevó a los labios —¿Se siente bien, teniente? —presionó finalmente, al verla dar un breve sorbo a su té y observar su comida con desgano. Evidentemente estaba enferma y evidentemente estaba siendo terca al respecto, como siempre.

Riza exhaló con calma —Creo que ya respondí eso, señor.

Roy dejó la taza, dio un mordisco a su sándwich y tragó —Y por mi parte creo que no le creo, teniente. Llevamos juntos demasiado tiempo, después de todo. Y puedo inferir con mis ojos de que está enferma.

Ella se tensó, un instante, ante la mención de sus ojos y su capacidad visual en general pero rápidamente se recompuso. Aún con el tiempo acontecido, aún con todo, la imagen de él ciego, impotente y completamente inhabilitado continuaba acechándola. De haber sido capaz de protegerlo como había prometido, de no haber sido la causa por la que él se había distraído dándole a Bradley la posibilidad de atacarlo, él no habría perdido la vista para empezar. Nunca habría abierto la puerta. Y ella no habría tenido que ver sus ojos desteñidos del habitual color negro carbón y desenfocados mirándola –sin realmente hacerlo- a ella —Estoy bien —aseguró, comiendo un poco de su estofado para complacerlo pero resintiendo hacerlo al instante. Su estómago, como el resto de su cuerpo, estaba resentido y revuelto y la mera ingesta de una cucharada de estofado lo había revuelto un poco más.

Ahora que lo recordaba, recientemente había habido una especie de epidemia de gripe estomacal en el cuartel general, e incluso la encargada de los archivos del cuartel del Este la había padecido unos días atrás, debiendo excusarse por unos días para su recuperación (lo que había resultado en un caos para encontrar los archivos sin la joven mujer). Pero afortunadamente ninguno de ellos la había atrapado, hasta ahora, aparentemente. De todas las personas el virus había ido a infectarla a ella.

—No parece bien —concedió él.

Ella simplemente asintió —Estaré perfectamente bien, general. Preocúpese por usted, por favor.

Roy enarcó una ceja —Si mal no recuerda, teniente... No soy el que luce terrible... y con la piel de un inusual pálido verdoso...

Riza torció el gesto —Es bueno recibir un cumplido, de vez en cuando —ironizó, intentando dar otro bocado a su comida y desistiendo finalmente. El sólo aroma le provocaba rechazo y realmente no tenía apetito. Su cabeza, por otro lado, parecía quebrarse en dos. Su cuerpo completamente exhausto y fatigado. Quizá sí debiera regresar a su apartamento... Después de todo, la gripe estomacal podía ser contagiosa si no se cuidaba.

La mano de él sobre su frente, y apartando su flequillo dorado, la sorprendió —Tienes fiebre.

Hawkeye frunció el entrecejo —Eso fue inapropiado, general —observando de reojo la cafetería para asegurarse de que nadie lo hubiera visto realizar algo tan fuera de lugar como lo que había hecho. Después de todo, no podía permitirse el dar la idea equivocada de que la relación con su superior trascendía el mero profesionalismo. No tanto por ella, sino por él y por todo lo que habían debido hacer para llegar a dónde estaban. Pero él parecía olvidarlo en ocasiones.

—Mis disculpas, teniente —aseguró—. No creí que fuera inapropiado velar por la salud y el bienestar de mis subordinados.

Ella volvió a dedicarle una mirada reprobatoria —Sabe que no me refería a eso, señor.

Roy sonrió arrogantemente —¿Entonces testear la temperatura de su frente con mis labios hubiera sido inapropiado también?

Riza frunció el entrecejo y se puso de pie, tomando firmemente su bandeja y pidiendo permiso antes de retirarse sin realmente aguardar la confirmación de él. Havoc, que pasaba junto a ella y hacia la mesa de su superior, enarcó una ceja —Oy, jefe. ¿Y ahora que hiciste para molestar a Hawkeye?

Roy observó la espalda de la rubia y negó con la cabeza, poniéndose de pie también y arrojando la bandeja a un cesto para luego dirigirse a la oficina —¿Por qué todos asumen que soy siempre yo el motivo?

Havoc sonrió y encendió el cigarrillo mientras avanzaban por los corredores abiertos del cuartel —Porque generalmente es así, jefe. Hawkeye siempre luce disgustada después de hablar contigo.

El moreno ignoró el comentario deliberadamente —Cierra la boca, Havoc —ambos ingresaron a la oficina. Havoc apagando el cigarrillo contra la planta de su bota, sólo para percatarse de que la teniente primera ya se encontraba allí, realizando su trabajo diligentemente.

Al verlos ingresar, les dedicó una mirada severa a ambos —Teniente Havoc apreciaría que no fumara antes de ingresar a la oficina —simplemente odiaba el olor a humo y cenizas en el espacio cerrado, particularmente ese día—. Y, general, póngase a trabajar, por favor. Aún tiene demasiado por firmar.

Havoc torció el gesto y dedicó una mirada de fastidio a su superior —Buen trabajo, jefe —antes de volverse a su escritorio y comenzar a trabajar en silencio. Breda y Fuery ya se encontraban allí también, trabajando sin decir nada.

Roy, por su parte, decidió también que sería prudente no hacer enfadar aún más a su teniente primera por lo que se resolvió ocuparse con su propia pila de papeleo. Eventualmente dedicando una mirada furtiva a su teniente para ver cómo andaba. Pero ésta seguía algo pálida y con expresión estricta atenuada y evidentemente afiebrada pero se rehusaba aún a manifestarlo. De hecho, parecía ahora más obstinada a lucir perfectamente normal y el solo hecho le fastidiaba. Por supuesto que él la había visto enferma en el pasado, incluso durante su estadía en la casa de los Hawkeye y había aprendido a leer los signos de su cuerpo, y le ofendía que ella pretendiera zanjar el asunto de esa forma. Pero esa era Hawkeye, después de todo, racional y firme y tenía la constante costumbre de restarle importancia a las preocupaciones de los demás por ella mientras que ella se preocupaba constantemente por él y su bienestar, imagen e intereses. Incluso su ambición parecía tener más peso que su propia salud y la sola idea le causaba cierto fastidio. Él era arrogante, y egoísta, lo admitía pero no lo era tanto como para consentir que ella tolerara un malestar por su preocupación de que él no terminaría su trabajo correctamente.

El mundo no se terminaría porque decidiera tomar un descanso de uno o dos días para recuperarse de una ridícula gripe estomacal. Riza Hawkeye era humana, después de todo, y como tal tenía el derecho a pedir unos días de ausencia por enfermedad para curarse adecuadamente —Teniente, venga un minuto por favor.

Ella se acercó cuando él trazaba un garabato al fondo de una hoja y se la acercaba a ella por sobre el escritorio —¿Qué es esto, general?

Roy se cruzó de brazos —Un permiso de ausencia por enfermedad, teniente, ¿qué parece?

—Algo inútil, señor —replicó, erguida y firme—. Estoy perfectamente bien, como dije.

Mustang exhaló calmamente —Siento diferir, teniente. Ir catorce veces al tocador en un día no es estar exactamente bien.

Riza enarcó una ceja —¿Está contando, general?

Roy sonrió arrogantemente —Sólo las veces que me pidió autorización, teniente. Pero estoy seguro que fue una vez luego de abandonar la cafetería.

Ella no se inmutó, aún cuando las palabras de él y la sonrisa arrogante resultaban ligeramente indignantes para su persona —Eso parece acertado, general, si ¿Ahora puedo regresar a mi trabajo? Aún tengo bastante que hacer.

—Cielos, eres terca —se quejó.

Ella se mantuvo firme —Usted me conoce bien —ambos brazos presionados al costado de su cuerpo, mentón alzado.

Mustang dejó escapar el aire resignadamente —Bien, entiendo. Puede terminar por hoy su trabajo teniente, pero le prohíbo regresar mañana. Y esa es una orden —ella estuvo a punto de reprochar pero él la detuvo—. Puedo ser perfectamente capaz cuando me lo propongo. Estoy seguro que la oficina sobrevivirá unos días.

Riza se llevó la mano a la frente y asintió —Si, señor —para luego regresar a su escritorio y a su trabajo sobre éste. Su expresión concentrada en los papeles delante suyo, a pesar de que evidentemente estaba teniendo problemas para leerlos con el creciente dolor de cabeza. Aún así, todavía quedaban unas horas de trabajo. Por lo que se obligó a olvidarse de su malestar y continuar con su tarea. Poco a poco, Breda, Havoc y Fuery se fueron retirando a medida que fueron terminando su propia tanda de trabajo. Riza, por su parte, había terminado hacía media hora el suyo y permanecía ahora limpiando una de sus armas, la cual se encontraba desarmada y en piezas sobre su escritorio junto a un trapo sucio y un tarro de aceite, y aguardando a que su superior terminara la porción que le correspondía.

—Puedes retirarte, Hawkeye —dijo pellizcándose el puente de la nariz y haciendo girar la pluma entre sus dedos antes de retomar la lectura.

Pero ella negó calmamente con la cabeza y continuó su tarea de limpiar el arma con esmero —No, está bien, general.

Roy frunció el entrecejo —Tiene fiebre, teniente.

Riza sonrió con calma y frotó con cuidado la corredera, la cual sostenía hábilmente en su mano —Estoy al tanto, señor.

—Debería ir a su casa a recostarse —sugirió, esperanzado de que un enfoque más diplomático fuera a funcionar con ella.

Ella asintió —Lo haré, general. Cuando haya terminado su trabajo.

—¿No me cree capaz de terminarlo, teniente? —frunció el entrecejo, fingiendo sentirse herido por su desconfianza.

Pero ella sólo hizo un gesto negativo con la cabeza —Lo creo capaz, general. De lo contrario no habría elegido seguirlo.

—¿Entonces...? —presionó.

Riza soltó una pequeña bocanada de aire sobre el muelle recuperador, el cual había permanecido sumergido en agua hasta el momento, y luego otra bocanada. Roy observó ensimismado la forma en que sus labios se fruncían y cerraban formando una "o" —Me quedaría más tranquila si sé que abandonó el cuartel general a salvo, señor. Eso es todo.

Podría ser pensado como algo ilógico, considerando que se encontraban en el edificio de la milicia donde se suponía que la seguridad era extrema. Sin embargo, no era tan irracional si se tenía en cuenta que el mismísimo teniente coronel Hughes había sido atacado allí –en la biblioteca misma- aún cuando el golpe final había sido asestado fuera del edificio. Atacado, bajo las exactas narices de la milicia. Seguro, los homúnculos ya no existían (salvo Selim y no creía que éste fuera amenaza alguna ahora) pero Riza prefería no correr ningún riesgo cuando se trataba de él. Y aún cuando no pudiera cerciorarse también de su seguridad a cada segundo de su vida (porque simplemente no le correspondía), al menos quería aumentar el margen en que ella podía protegerlo, mientras estuviera a su lado, cubriendo su espalda.

La expresión de Roy se suavizó ante esto —No sé que haría sin una guardaespaldas tan habilidosa y subordinada tan eficaz.

Ella sonrió con calma también, reensamblando el arma —No terminar su trabajo, general. Eso es seguro.

Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios —Ah... No me dejará en paz, ¿no es cierto, teniente?

Riza asintió —Sólo cuando haga correctamente su trabajo, señor. Preferiblemente sin que yo tenga que estar recordándoselo.

—En mi defensa, puedo asegurar que lo he hecho, en el pasado.

Ella lo observó de reojo —Escasamente, general. Pero tiene razón, lo ha hecho.

—Gracias, teniente. ¿Fue tan difícil admitirlo? —sonrió.

Hawkeye negó con la cabeza —Dije escasamente, general. Yo que usted no me vanagloriaría tanto. Escasamente es difícilmente bueno. Ahora por favor, termine. Tengo que alimentar a Black Hayate.

Roy asintió y tomó la pluma una vez más. Observándola de vez en cuando para luego volverse a sus papeles. Todo el tiempo maniobrando la idea de que sin ella, él jamás habría llegado a dónde se encontraba. Jamás logrado lo que había logrado hasta entonces. No, sin ella probablemente él no sabría qué hacer tampoco. Y lo había dicho.

Lo había dejado en claro.

No puedo permitir eso. No puedo perderte.

No había mentido, tampoco.