Disclaimer: Ninguno de los personajes de Full Metal Alchemist me pertenece.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, como prometido, he aquí el Outtake de "Momentos prestados, segundos robados", que espero disfruten. Y, como ayer, voy a intentar ser breve hoy. Gracias, a todos. Por la paciencia y el tiempo y los reviews y por haber seguido la historia hasta el final. Muchas, muchísimas gracias. De verdad. Agradecimientos especiales al final, como ayer. ¡Nos vemos y besitos!

loag: me encantaría poder recomendarte alguno. Desgraciadamente ya casi no leo fics in-progress porque me ha pasado de decepcionarme mucho cuando no los continuaban y menos terminaban. Por lo que tiendo a elegir One-shots por seguridad. De hecho, el último long-shot que leí fue el segundo capítulo de "El día que te conocí", de Andyhaikufma, que quizá deberías ver, ya que se enfoca en el tiempo en que Roy fue aprendiz de Berthold, aunque el fic recién empieza. Y estoy segura que también hay varios más. Sino, en ingles hay una cantidad abismalmente superior de fics. Lamento no haberte sido de mucha ayuda u.u ¡Gracias por todo!

Pd: Prometo hacer todo lo que esté en mi poder para subir la próxima historia en cuanto me sea posible, para todos y todas quienes estén interesados.


Momentos prestados, segundos robados


[Outtake]

"Elizabeth Mustang"


Pequeños pasos, diminutos pequeños pasos resonando suavemente a la par de un par de pasos más amplios, calmos y constantes sobre el lustroso suelo del corredor del cuartel general. Su mano, firme, asía la más pequeña en su interior, aferrando con seguridad la de Elizabeth, la cual continuaba observando con curiosidad los alrededores, sus penetrantes ojos negros deteniéndose aquí y allá. Su otra mano, la que Riza no sostenía, llevaba aferrada el pequeño "caballo" de madera que su superior había trasmutado para ella. Aunque caballo parecía una descripción holgada e inadecuada para el objeto en cuestión, el animal más bien parecía un perro, y posiblemente eso tampoco era exacto, no. Pero se había resignado a señalárselo a su superior demasiado tiempo atrás, dado que continuaba insistiendo que entonces debería haberse casado con el mayor Armstrong por su alquimia artística. Y por gentil y amable que considerara al mayor, y por mayor respeto que le tuviera, preferiría no tener que pensar en ello. Además, Elizabeth parecía más que complacida con el pequeño objeto e insistía en llevarlo a todos lados consigo, por lo que no tenía sentido darle más vueltas al asunto.

Suspiró. Hoy era su día libre, por encima de todo, y se encontraba una vez más en el cuartel general, buscando a su superior, que posiblemente aún no había terminado su trabajo, como era su costumbre. Y posiblemente tendría que ser ella quien lo compeliera a concluirlo en tiempo y forma, lo que con toda seguridad se prolongaría el resto de la tarde y se suponía que debían estar en otro lado. Y era su día libre.

Mama, ¿por qué papa está trabajando? —musitó con curiosidad Elizabeth, de tres años, observando hacia delante.

Riza, bajando la cabeza, miró a su pequeña hija por un segundo y negó con la cabeza, volviendo la vista al frente también. Expresión calma y colecta —Porque no le gusta hacer su papeleo.

—¿Y por qué lo hace si no le gusta? —inquirió con voz infantil, frunciendo el entrecejo. Cuando hacía eso, podía ver lo que su superior solía señalar tan insistentemente, que se parecía a ella. Aunque sus ojos eran y siempre serían negros como los de él.

—Porque es su trabajo —afirmó, observándola de reojo con una calma sonrisa tenue.

—Pero papa dijo que su trabajo es protegernos a mama y a mi y a todos en A- A- Amestris —insistió, contrariada. Para una niña, Elizabeth era considerablemente racional para su edad y solía tener en consideración casi todo lo que le era dicho. No obstante, no dejaba de ser una niña de tres años.

Riza exhaló pacientemente —Así es. Pero hacer papeleo es parte de su trabajo también.

Elizabeth infló sus mejillas ligeramente en señal de protesta —No me gusta el papeleo, hace que papa tenga que trabajar hasta tarde —soltándose de su madre y cruzándose de brazos tercamente.

Enarcando una ceja, observó a su hija con curiosidad. A veces estoy convencida de que es más del general que mía. En aquel preciso momento lucía más a Roy (especialmente con su declaración sobre el papeleo) que a ella misma, aún cuando su imagen y seriedad la hicieran lucir físicamente como a Hawkeye —No tendría tanto si no dejara que se acumulara sobre su escritorio —replicó, volviendo a caminar con la mano de Elizabeth en la suya.

Papa es un vago —afirmó, concisamente. Lacónicamente. Observando a su madre por aprobación.

Y Riza asintió con calma, sonriendo sutil, casi tenuemente. Y reconociéndose esta a vez a sí misma en la pequeña niña —Lo es —mientras se detenían ambas finalmente frente a la puerta de la oficina. De la cual, como siempre, salían voces que claramente indicaban que nada del trabajo estaba siendo realizado como debería, en tiempo y forma.

Extendiendo la mano hacia el pomo, curvó sus dedos calmamente alrededor del mismo y lo giró con suavidad. Abriendo la puerta con igual lentitud y sigilo, no deliberado, y sorprendiendo a todos los presentes, los cuales la observaron en silencio por un instante. Por supuesto, había estado en lo cierto. Fuera cual fuera la temática de discusión que había mantenido a todos entretenidos y ocupados hasta el momento cesó en el preciso segundo en que se percataron de la presencia de ella, de ambas, de pie en la puerta. Roy se enderezó apresuradamente, habiendo estado reclinado contra el respaldar de su silla relajadamente y con los brazos cruzados sobre el pecho —Teniente coronel, Hawkeye —aclaró su garganta, cubriéndose la boca con el puño—, pensé que hoy era su día libre.

Enarcando la ceja, observó a todos brevemente por un segundo —Así es, general. Sin embargo, Elizabeth quería ver a su padre y pensamos que quizá ya habría terminado su papeleo a estas alturas. Aunque puedo ver que tal no es el caso.

Elizabeth sonrió —Mama dice que papa es un procras... un pro... un vago y que no le gusta hacer su papeleo.

Breda y Havoc soltaron una carcajada. Fuery sonrió. El rubio hablando primero —En eso tiene razón, jefe. Si no fuera por Hawkeye dudo que algo fuera hecho a tiempo.

Roy torció el gesto —Cierra la boca, Havoc. Tu tampoco eres un premio de subordinado.

Riza exhaló pacientemente —Me temo que ninguno es particularmente aplicado, general. Mayor Havoc. Ahora por favor vuelvan a realizar su trabajo.

Havoc caminó hasta Elizabeth y se acuclilló, llevándose la mano a la frente como era costumbre —Buenas, jefa.

Elizabeth, sonriendo terriblemente igual a como solía hacerlo Hawkeye, se llevó la mano a la frente a modo de saludo militar. Imitando a Havoc. Era una costumbre, un juego realmente entre ambos, y Riza siempre lo miraba en desaprobación pero Havoc disfrutaba demasiado viendo a la hija del general y la teniente coronel actuando como su madre. Como una versión pequeña de Hawkeye, que era básicamente lo que era. Enderezándose, saludó apropiadamente esta vez a Riza —Buenos días, Hawkeye.

Riza asintió secamente —Buenos días, mayores Havoc, Breda, teniente primero Fuery —a todos. Elizabeth, corriendo, se apresuró al hombre sentado en el escritorio más alejado de la puerta y de espaldas a la gran ventana que daba a la entrada del cuartel. El cual, al verla, sonrió arrogantemente de lado.

¡Papa, papa! —abrazándose a su pierna afectuosamente. Roy, colocando su palma contra la coronilla de ella, le alborotó los cortos cabellos rubios y la tomó de debajo de los brazos, sentándola sobre sus piernas observando al escritorio. Sus pequeñas manitos sobre la superficie llena de papeles aquí y allá. Tirando la cabeza hacia atrás, lo observó con sus expresivos ojos negros—. Papa, si te ayudo con el papeleo terminarás más rápido, ¿cierto? ¿Y podremos ir a pasear con Black Hayate y Chibi Black Hayate?

Breda enarcó una ceja, justo tras el comentario mascullado de Havoc que sonaba terriblemente similar a "ahora tiene a dos Hawkeyes haciendo su papeleo" Algo que resentía, por supuesto. Elizabeth era Mustang —¿Chibi Black Hayate, general?

Roy exhaló —Me temo que Elizabeth heredó la capacidad de nombrar de mi teniente coronel, Breda.

Riza torció el gesto. Chibi Black Hayate era el cachorro de Black Hayate, el cual había sido concebido (junto con dos cachorros más, uno completamente blanco y otro igual a Black Hayate) evidentemente tras una negligencia de parte de su superior de dejar suelto a su Shiba Inu sin correa en el parque, aún a pesar de las objeciones de ella. Por supuesto, las cosas habían salido exactamente como las había previsto (y le había advertido), y su perro había decidido aparearse con una Shiba Inu blanca. Y dado que Elizabeth se había encariñado con el único macho, idéntico a Black Hayate por otro lado, que había resultado de dicho apareamiento, ambos habían sido incapaces de regalarlo. Por ende, habían debido conservarlo a pesar de las objeciones de ella de que el apartamento difícilmente los albergaba a ellos tres y a Black Hayate como para hospedar a otro perro más. Pero su superior, como siempre, había sido indulgente y había afirmado que no habría problemas siempre y cuando ella lo disciplinara apropiadamente como había hecho con el padre (evitando esta vez el uso de su semiautomática para hacerlo). Desgraciadamente, Chibi Black Hayate era aún demasiado cachorro y continuaba mordisqueando todo lo que se atravesaba en su camino. Exhaló —Con todo respeto, general. Su sugerencia era aún peor que la de Elizabeth. Hakuro difícilmente es nombre apropiado para un perro.

Roy sonrió arrogantemente —No obstante, parece apropiado, ¿no es así, teniente?

Suspiró —Aún así, general. No es conveniente nombrar a su perro como el mayor general —Havoc y Breda se rieron por lo bajo, claramente entretenidos por la selección de nombre de su superior. Posiblemente de acuerdo también. Para ser hombres adultos, y soldados, sus subordinados tendían a actuar de forma considerablemente infantil en ocasiones. Muchas de estas provocadas por su propio superior, de hecho.

—Ciertamente suena mejor que Chibi Black Hayate, teniente —objetó.

—Entonces dígale usted a su hija, general, que prefiere nombrar al perro Hakuro —lo amonestó, severa.

Roy observó a Elizabeth aún sentada sobre su regazo jugando con el pequeño caballo de madera sobre el escritorio. Completamente concentrada y ensimismada y balanceando sus cortas piernitas tranquilamente —Ah... Chibi Black Hayate está bien, teniente.

Riza asintió, una pequeña sonrisa calma en sus labios —Eso pensé también, general. Ahora por favor realice su trabajo o de lo contrario no podremos ir al parque.

En ese instante, la puerta de la oficina se abrió una vez más y por el marco de ésta apareció Rebecca, animada como siempre y cargando una pila de papeles bajo el brazo —¡Yuju! —parpadeó, notando a la antes teniente primera en el cuarto—. ¡Riza!

Hawkeye sonrió con calma —Rebecca —mientras Elizabeth, bajándose de un saltito de las piernas de Roy, corrió hasta la morena y hasta colapsar contra sus piernas, manitos rodeándole las rodillas, rostro inclinado hacia arriba—. ¡Rebecca-one-san!

Rebecca, alzando a la pequeña y acomodándola contra su cadera, sonrió —Pensé que hoy era tu día libre.

Riza hizo un gesto afirmativo, seria —Así es, pero vine a asegurarme de que el general haga todo su papeleo. Además, Elizabeth insistió en venir.

Roy, ligeramente irritado y sintiendo el tic de su ceja derecha, musitó—¿Necesita algo, teniente primera Catalina? —recordándose a sí mismo por qué había pedido el traslado de la mujer junto con el del resto de su equipo a Central. Seguro, sabía las razones. Aún así, debía recordarse seguido por qué había adicionado a la mujer a su equipo, si bien secundariamente.

—¡Oh! Cierto. Todo esto es para ustedes —dijo, depositando una serie de papeles sobre el escritorio más cercano, el de Havoc, el cual dedicó a la mujer una breve mirada que a Roy no pasó desapercibido. Rebecca debía ser, a lo largo de toda la historia del antes teniente segundo, la única mujer que lo había tolerado más allá de las dos primeras citas. Breda había dejado de apostar que lo dejaría mucho tiempo atrás.

Luego, sin más, dejó a Elizabeth en el suelo nuevamente, se despidió de todos y se marchó, cerrando la puerta tras de sí. Roy masajeó sus temples —Recuérdeme por qué pedí el traslado de la teniente Catalina a Central, teniente.

La expresión de Riza se suavizó —Si mal no recuerda, general. Dijo que para lograr que un perro lo siguiera debía tener un buen hueso con que atraerlo —evidentemente había estado refiriéndose al antes teniente segundo Havoc y actual mayor.

Roy bufó —Eso dije, teniente, ¿cierto?

Asintió —Así es, general. Además, Rebecca resulta una útil adición a su equipo.

—Cuando no está involucrándose en los asuntos de los demás —acotó. Y ella sonrió con calma.

—Me temo que eso viene con el paquete, general.

Una sonrisa arrogante apareció en sus labios —No se por qué temí que dijera eso, teniente.

Riza tomó a Elizabeth desde debajo de los brazos y la alzó, acomodándola contra su cadera con una piernita a cada lado de la misma —Nos conocemos desde hace mucho tiempo, general.

—Lo hacemos, ¿no es así, teniente?

Una sonrisa tenue reapareció en sus labios —Así es.

Enarcando una ceja, miró a ambas —¿Van a algún lado?

Haciendo un suave gesto afirmativo, dijo —Me temo que lo estamos distrayendo, general. Y aún tiene trabajo que hacer. Estoy segura de que el Fuhrer Grumman estará más que complacido de ver a Elizabeth.

—Y de encontrar una excusa para tomarse unos minutos —concedió, Roy, sonriendo satisfecho.

Riza continuó, forzándose a sí misma a no señalarle a su superior que el actual Fuhrer Grumman no distaba demasiado de él y que su ética de oficina no era particularmente mejor que la del anciano. Aún así, no lo hizo —Espero que haya terminado cuando regresemos. Por favor, realice su trabajo correctamente —y luego, sin más, salió de la oficina cerrando la puerta al salir. Elizabeth aún en sus brazos, la cual comenzó a mover sus piernitas inquieta.

Mama, soy capaz de caminar por mi cuenta —objetó y Riza no pudo evitar detenerse con curiosidad ante la selección de palabras de su hija. Claramente sonaba al general, de alguna forma u otra, o a ella. Debía estar imitando la forma de hablar de ambos cuando estaban de servicio. Con cuidado, la depositó calmante sobre el suelo una vez más, tomándola de la mano. Y retomando su paso hacia la oficina del Fuhrer. La otra mano de Elizabeth aún aferraba el caballito transmutado. De hecho, incluso dormía con la pequeña pieza de madera, aferrándola firmemente por las noches.

Cruzando la primer puerta, se detuvo frente a la joven tras el escritorio, llevándose la mano libre a la frente, aún cuando no estaba de servicio, ni vistiendo el uniforme. Aún entonces, era protocolo adecuado y Riza Hawkeye se rehusaba a dejar caer las formalidades en el cuartel general —Teniente coronel, Hawkeye —se anunció.

Y en respuesta, la joven sonrió cordialmente y observó con curiosidad a la pequeña niña junto a la joven mujer —Ah, teniente Hawkeye. Elizabeth —reconoció a la pequeña—. Su excelencia se encuentra en su oficina. Adelante, por favor.

Inclinando la cabeza secamente —Gracias —dio media vuelta y comenzó a caminar hasta la siguiente puerta. Su puño haciendo calmo contacto contra la rígida superficie de madera.

Desde el interior, se oyó una voz familiar y tras obtener permiso para ingresar, giró el pomo y ambas pusieron un paso en el interior de la habitación. El anciano, de escasa estatura, bigote y cejas pobladas, alzó la vista a ambas —Oh... Jo, jo, jo. Teniente Hawkeye.

Riza, golpeando los talones, llevó una mano a su frente diligentemente —Su excelencia —Elizabeth, por otro lado, sonrió y corrió hasta el escritorio, trepándose en la silla enfrentada al hombre, sus pequeñas manitos sobre la superficie lisa—. Anciano, juguemos al juego —juego refiriéndose al ajedrez.

Hawkeye, exhalando, negó con la cabeza —Mis disculpas, su excelencia. Me temo que en eso se parece al general Mustang.

Pero el hombre simplemente se encogió de hombros y apartó la estatuilla que había estado puliendo y lustrando hasta entonces (en lugar de hacer su papeleo como debería), restándole importancia al asunto. Aún cuando Hawkeye ya había sido informada de su parentesco con él, se rehusaba a llamarlo de otra forma que no fuera por su rango y Grumman suponía que estaba bien. Después de todo, se había mantenido apartado de la vida de su propia hija desde que esta había quedado embarazada de Riza y luego había optado por mantenerse igualmente apartado de la vida de su nieta. Además, y sabía perfectamente por el general Mustang, su nieta era considerablemente terca, especialmente en lo de dejar caer las formalidades en el cuartel general, por lo que tenía sentido —Jo, jo. No es nada. Es una buena niña. Además, a este anciano le vendría bien un breve descanso y por lo que oí el general ha estado muy ocupado para acercarse a jugar una partida conmigo. Mis subordinados siguen sin aceptar jugar conmigo tampoco.

—Me temo que el general no deja de permitir que el papeleo se acumule —confirmó, seria. Absteniéndose de señalar que posiblemente no aceptaban los ofrecimientos de hacerlo porque de lo contrario el hombre no haría nada de su tanda de trabajo diaria. No obstante, no era su lugar el señalar algo así, menos aún a su superior. De hecho, podía ser inclusive considerado como insubordinación, y aunque estaba segura de que el hombre no diría nada salvo soltar una jovial carcajada, Riza sabía perfectamente que Grumman no era Mustang tampoco.

Grumman, por su parte, sacó el tablero y acomodó las piezas. Aunque difícilmente podía ser considerado una partida de ajedrez lo que el actual Fuhrer jugaba con su pequeña hija de tres años. Y, por supuesto, siempre le consentía ganar, todas y cada una de las partidas, las cuales consistían en movimientos aleatorios que nada tenían que ver con los correctos movimientos de las piezas del juego. Aún así, mantenía entretenida a Elizabeth y aparentemente al Fuhrer también, quien pretendía pensar a fondo cada movimiento antes de realizarlo –como si estuviera jugando con su superior y no la hija de este- y sorprendiéndose cuando una de las piezas de la niña tomaba las de él, asiéndola entre sus pequeños deditos y apartándola del tablero con calma. Posicionándola junto al mismo prolijamente. De hecho, era sorprendente lo prolija que podía ser, tanto acomodando sus pertenencias como alguna que otra cosa o incluso dibujando. Eso era, cuando se dignaba a hacer las cosas que debía hacer, tras ella haber insistido estrictamente una y otra vez.

Elizabeth, tomando la reina y estirándose sobre la mesa para alcanzar todo el tablero, la colocó donde se encontraba el rey de Grumman (tumbando la pieza) y exclamando alegre, como si hubiera ganado, de haber estado jugando realmente ajedrez y no un juego casi totalmente inventado por el Fuhrer para conveniencia de la niña —¡Jaque!

Grumman, alzando ambas manos exclamó casi exageradamente —¡No! —y Elizabeth sonrió complacida, aún sosteniendo la pieza entre sus deditos.

—¡Gané! —dijo, animada. Y Grumman sacó una pluma de su cajón y una libretita y comenzó a garabatear algo, leyendo en voz alta.

—Registro de Mustang Elizabeth: 12 victorias, 0 derrotas y 1 empate —la cerró y volvió a guardar en su cajón—. Jo, jo. El primer Mustang en vencerme más de dos veces.

La expresión de Riza se suavizó. Seguro, el hombre tendía a ser algo radical en sus movimientos militares –como decidir explotar el tren en que viajaba King Bradley el día prometido- y era posiblemente bastante irresponsable también, como su propio superior, y excéntrico en su manera de ser. También, era el hombre más influyente del país, y su abuelo materno, según había oído recientemente. Y con todo, no podía enroscar su mente alrededor de la idea completamente. Casi no tenía memoria de su tempranamente fallecida madre y tal y como había asegurado a su superior frente a la tumba de Berthold Hawkeye, sus dos padres se habían alejado de sus respectivas familias hasta el punto en que no había conocido a ningún pariente con vida. Aún así, Grumman parecía complacido con Elizabeth (considerablemente incluso), y era agradable con su hija y disfrutaba pasar tiempo con ella, jugar al ajedrez y que lo visitaran. Según el hombre, un viejo como él, que pronto debería retirarse y no podía dejar de pensar cuándo sería su turno de "marcharse", prefería pasar tiempo con su familia, algo que hasta recientemente ni siquiera había creído tener (y Riza estaba segura de que ella misma podía afirmar lo mismo). Así como quería ver que alguien capacitado tomara su lugar cuando fuera el momento. Y sospechaba que el hombre estaba considerando más que seriamente al general. De hecho, lo había sugerido en una o dos ocasiones, aunque no directa ni oficialmente.

En ese instante, mientras Riza aún se encontraba de pie erguida en medio de la habitación, detrás de Elizabeth, la puerta se abrió y Roy Mustang apareció sonriendo arrogantemente. Al verlo, Elizabeth bajó de un saltito de la silla y corrió a su padre, sosteniendo aún la reina en su mano —Papa, papa, gané —Roy, agachándose, tomó a su hija en brazos.

Grumman sonrió jovialmente —Mejor que mi último adversario —concedió.

Y Roy asintió cordialmente, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, y una mirada de complacencia en dirección de su antes teniente primera y actualmente teniente coronel. Su mano derecha, su asistente, su guardaespaldas. La reina de su tablero —No me sorprende, su excelencia. Elizabeth heredó la agudeza de mi teniente, afortunadamente.

—Jo, jo, jo. Eso puedo ver.

Roy, volviéndose a Riza, sonrió —Terminé, teniente. ¿Vamos?

Asintió, secamente —Si, general —caminando hasta quedar junto a Roy y Elizabeth. Tras despedirse breve y cordialmente del hombre, los tres abandonaron la oficina, cerrando la puerta tras de sí, y comenzando a caminar por los corredores.

Papa, vamos a buscar a Black Hayate y Chibi Black Hayate, ¿no?

Roy asintió, besando la coronilla de su hija —Así es. Y luego al parque, si tu madre acuerda conmigo. ¿Teniente?

—¿Mama? —se volvió también, dos pares de ojos negros fijos en ella.

Exhalando, negó para sí. Una tenue sonrisa en los labios —Si me permite decir, general, eso fue un golpe bajo. Incluso para usted.

Una sonrisa presuntuosa apareciendo en su rostro —Me ofende, teniente. ¿Acaso está implicando que nos complotamos contra usted?

Riza asintió —Eso es exactamente lo que estoy diciendo, general. Me temo que dos Mustangs es demasiado con que lidiar.

—Si me permite afirmarlo, está haciendo un excelente trabajo, teniente, como siempre.

Elizabeth observó a ambos —¿Entonces vamos al parque? —emocionada.

Roy se volvió a Riza —¿Teniente?

Y Hawkeye se vio forzada a asentir calmamente, soltando un suave suspiro de paciencia —Me temo que no veo otra alternativa, general. Aunque apreciaría que dejaran de hacer eso.

Fingiendo no saber a qué se refería, depositó a Elizabeth en el suelo, la cual corrió un poco más adelante de ambos, dejándolos solos unos instantes —No se de qué habla, teniente.

—Estoy segura de que no lo hace, general —sarcásticamente. Aún así, la expresión suave no desapareció.

—¿Acaso está diciendo que no puede con nosotros, teniente? No creí que mi fuerte y confiable subordinada fuera débil frente a una niña de tres años y su padre.

—Sólo cuando ese padre es usted, general. Y cuando mi hija actúa sospechosamente manipuladora como su padre.

—Ahora nos ofende a ambos, teniente. No es como si hubiéramos estado premeditando nuestro proceder.

Una calma sonrisa apareciendo una vez más en su suave semblante —No, por supuesto, general. Eso implicaría traición y conspiración.

—Cargos fuertes, teniente—concedió—. ¿Acaso tiene pruebas?

Espiró suavemente —Me temo que no.

Sonrió arrogantemente, deteniéndola un segundo y presionando sus labios firmemente contra los de ella —Eso pensé.

Riza, devolviéndole una mirada severa, frunció el entrecejo —Eso fue inapropiado, general. E innecesario —después de todo, habían acordado nada de demostraciones de afecto públicas, menos aún en el cuartel general. Aunque él generalmente tendía a quebrar los términos de ese acuerdo.

—Siento diferir —sonrió, retomando el paso.

—No lo dudo —hizo una pausa—. En cuanto al parque, general Apreciaría que esta vez no amenace con incinerar a los hijos de nadie más por acercarse a Elizabeth. Más aún, no lleve sus guantes, por favor.

—En mi defensa, teniente. Soy hombre.

Enarcó una ceja —Estoy perfectamente al tanto, general. Si mal no recuerda.

Pero él continuó —Y sé perfectamente lo que pretenden los hombres.

Espirando pacientemente, negó para sí—Con todo respeto, general. Dudo mucho que lo que pretenden los niños de tres años sea lo mismo que los hombres de su edad. Guárdelo para cuando Elizabeth cumpla quince, por favor.

—¿Es eso una orden, teniente? —sonrió arrogante.

—Más bien un consejo, general. Dudo mucho que la gente pueda confiar en un Fuhrer que quema a sus hijos por simples celos de que vayan a arrebatarle a su hija de su lado.

Torció el gesto —Eso pasará algún día, ¿cierto? —observando a Elizabeth unos pasos más adelante instándolos a ambos a alcanzarla.

Riza asintió, cerrando los ojos suavemente —Me temo que si, general. Es inevitable.

Roy dejó caer su cabeza —Estoy actuando como Hughes otra vez, ¿no es así, teniente?

Sonrió con calma —Solo un poco, general. Aunque, si lo hace sentir mejor, lo encuentra particularmente adorable.

—Adorable no es un adjetivo masculino.

Negó serenamente —Supongo que no lo es, general. Aún así, es cierto. Te encuentro particularmente atractivo en este momento—expresión neutral.

Levantando la vista, alzó las cejas con curiosidad. Todo rastro de depresión previa desaparecido completamente —¿Y exactamente cuan atractivo, teniente?

—No tanto como para realizar nada inapropiado aquí, general. Así que le recomendaría no elevar sus expectativas.

Roy se detuvo en seco, examinándola detenidamente. Por supuesto, un observador común y corriente habría pasado por alto los signos pero él podía verlos todos claramente. Todos allí. Las sutiles líneas en su frente por estar frunciendo el entrecejo demasiado, probablemente forzando la vista porque tendría dolor de cabeza. La ligera palidez más notoria para él, que para otros, de su tersa piel. Y la expresión de sutil cansancio en sus facciones. Si, todo estaba allí —¿Te encuentras bien?

Riza se detuvo también, volviéndose a verlo, expresión inquisitiva —Perfectamente, ¿por qué?

—Luces algo pálida ¿Segura? —afirmó, serio, tocando su frente.

—Estoy segura de que acabo de responderte—replicó tajantemente, expresión estricta—. Me encuentro perfectamente.

—¿Por qué no lo parece? —presionó.

Riza espiró con paciencia —Debo estar incubando algo, general. Eso es todo. Posiblemente un resfriado. Un poco de descanso y estaré nuevamente en buen estado así que apreciaría que no hiciera un alboroto de esto —en calma, ambos empezaron a caminar una vez más. Sin embargo, Roy se detuvo en seco una vez más, quedándose atrás, y Riza se volteó a verlo con una ceja enarcada—. ¿General?

—No será...

Le tomó unos segundos registrar lo que su esposo y superior estaba implicando. Una vez lo hizo, negó con la cabeza —Estoy segura de que eso no es posible, general. Si mal no recuerdas, tomamos medidas cautelares.

Él enarcó una ceja —Y si mal no recuerda, teniente. Eso mismo hicimos la última vez —observando a Elizabeth más adelante de ellos, observándolos y aguardándolos con su caballito de madera en mano—. Y no funcionó particularmente bien —aunque ahora diría que había funcionado más que particularmente bien, dado su cambio de percepción. De una forma u otra, estaba complacido con la forma en que las cosas habían resultado. Y sabía que ella lo estaba también.

—Dudo mucho que las posibilidades consientan otra cosa así, general —dado que se habían asegurado de que algo así no volviera a repetirse. No porque no lo desearan, porque claramente no era el caso (más aún ahora), sino porque aún tenían demasiado que hacer, demasiado por avanzar, y otro bebé era inaceptable. Más aún, no lo merecían. No lo habían hecho con Elizabeth y nada de eso había cambiado. Nada borraría los errores que habían cometido en su pasado.

—O quizá —sugirió él, con una sonrisa arrogante—. Al destino le gusta que nos reproduzcamos, teniente.

—Es solo un resfriado, general —aseguró. Seria y firme. Estaba segura. Además, la idea era completamente ridícula, como a veces solía serlo su superior.

—Eso mismo dijo la última vez, teniente —hizo una pausa—. No me molestaría, por otro lado, otro. Pero eso ya lo sabes.

Suavizando su expresión asintió, recordando las palabras que le había dicho él cuando Elizabeth había tenido cinco meses y medio. ¿Qué piensa de tener otro de ésos, teniente? Si... Aún así, de poder, tendría varios más. Contigo —Así es, general. Y como dije, es un agradable pensamiento pero me temo que no es posible.

Roy metió ambas manos en los bolsillos, exhalando y encorvando sus hombros hacia abajo a duras penas —Eso creo —retomando el paso una vez más a su lado, como siempre, caminando hombro a hombro junto a su teniente coronel—. Aunque de serlo podríamos usar el nombre que elegiste.

Riza lo observó de reojo y sonrió con calma —Podríamos, general. De ser varón. Pero como dije, no es posible, así que le recomendaría no elevar sus expectativas.

Asintió —Quizá tenga razón, teniente. Aunque Royal Mustang sigue sonando muy bien.

Su teniente coronel tenía razón. Lo era, para ellos, imposible. Suponía. Y de hecho no habían contado con obtener siquiera una porción de lo que tenían en aquel momento. No con lo que habían hecho. Después de todo, ¿cómo podían merecer aquello habiendo arrebatado tantas vidas en el pasado? Aún así, había sucedido. Pero no podían darse el lujo de tener otro. No con todo lo que aún tenían por hacer y no con su ambición. No deliberadamente al menos. No era algo que pudieran elegir. Y posiblemente nunca lo había sido. Aún así, estaba feliz con el resultado, por impredecible que este hubiera sido y aún cuando no pudieran aspirar a más a nivel personal. Si, lo estaba. Absolutamente complacido. E incluso la más mínima posibilidad sonaba esperanzadora.

Riza asintió también, observando a Elizabeth devolverles la mirada con sus grandes y expresivos ojos negros —Lo hace, general. Lo hace.


Porque simplemente no pude evitarlo, una especie de segundo epílogo gráfico:

http : / / entretantasestrellas . blogspot . com / 2011 / 09 / full-metal-alchemist-momentos-prestados_20 . html

(Quitar espacios)


Agradecimientos especiales a: HoneyHawkeye, Sangito, Maii. Hawkeye, Mrs. Darcy95, fandita-eromena, Lucia991, Alexandra-Ayanami, kaoru-sakura, inowe, HaruD'Elric, Sunako Jigoku, mariana garcia, lizzie kinomoto, Noriko X, okashira janet, JaqueDickinson, yoake. laberinto, daphne-gabycoco, Evelyn Fiedler, KB 16, Arrimitiluki, loag, MCullenMustang, Coseth, Andyhaikufma (andy), SweetAngel91, laura-eli89, peqelulu, Kasu Uzumaki, anónimo, lupitaL y Miju chan 3. Así como también a; Coralpainter, Ein Phantom W, Fille Des Reves, Narue Inverse, xXxRizaHawkeyexXx. Gracias, a todos. Por sus amables reviews y por haber agregado mi historia a Alerts y Favorites, respectivamente. ¡Gracias!