ENTRE NUNCA Y JAMÁS

(Neverland)

Capítulo 1.

- "1, 2, 3, 4 y..."

- "¡Natsuki, ya está la cena!"

- "¡Oaaaaaa!"

Cuando Mai me propuso un buen día compartir gastos, responsabilidades y espacio, no me lo pensé dos veces y acepté su oferta. ¿Motivos? Muchos, por ejemplo, ya me habían amenazado muchas veces para que mis carnes se salieran del nido familiar. Pero uno de mis principales problemas no era el de encontrar un lugar dónde vivir y pagar por él, no, el verdadero problema era el de mi alimentación. Soy una verdadera lacra como cocinera, una vergüenza como mujer va, que no sepa ni utilizar la plancha ya es el colmo, razón por la que nunca de los nuncas me haya pasado por la cabeza ir a trabajar con una blusa que necesite pasar sus pliegues, por tal artefacto.

- "¿Qué te pasó?" - Preguntó la pelirroja al verme entrar con la mano en la espalda.

- "Estaba desyerbando el patio"

- "¿Y?"

- "Tiré muy fuerte la mala hierba, creo que me torcí la espalda"

- "Deberías tener más cuidado"

- "Nada que una píldora no calme"

- "Si le pagaras al jardinero..."

- "¡Ya!" - Grité exasperada - "No de nuevo"

- "Natsuki, yo no entiendo qué haces con tu dinero, no puede ser posible que siempre estés corta"

- "Gano poco"

- "Mikoto gana poco y no tengo que estar detrás de ella para que me pague con tiempo la renta, el agua, la luz, el teléfono, el cable..."

- "Tal vez si prescindiéramos de todos esos lujos tendría algo de dinero en mi bolsillo"

- "¿Lujos?" - Manerismo dramático - "¡Esas son necesidades básicas!"

- "No, esos son lujos"

- "Si por ti fuera, usaríamos un quinqué para iluminar los cuartos en la noche, nos bañaríamos con agua de pozo y muy seguramente, escribirías tus reportes con una máquina de escribir"

- "Tú sí me entiendes" - Respondí mientras le guiñaba el ojo - "¿Puedo servirme?"

- "No" - Me golpeó la mano para evitar que remojara mis dedos en la cacerola - "Espera a Mikoto"

- "Vaya"

- "O págame el gas, se agotó en la mañana y tuve que pedir que nos surtan por la tarde"

- "¡Maldito consumismo!" - Exclamé cual melodrama barato.

- "¿A dónde vas?"

- "Falta como media hora para que Mikoto regrese de la escuela, ¿no?" - Respondí sin voltear a ver - "Voy a darle mantenimiento a la máquina"

- "Ahora sé qué es lo que te tiene sin dinero" - Hay va a empezar - "Es esa basura que tienes en el garaje, que nada más sirve para manchar el piso de aceite"

- "No te metas con mi motocicleta" - Mi amada Kawasaki.

- "Es un adefesio"

Un día de esos en donde agarré a mi padre de buen humor, me ofreció darme dinero para expiar sus culpas por más de quince años de ausencia paterna y comprarme un vehículo de segunda mano. Como toda buena hija, acepté la ofrenda de paz e incluso le di quizás, el único beso de toda mi vida. No he vuelto a hablar con él desde eso por cierto, tampoco es que papá haya insistido en buscarme. Pero decía que, fui al tianguis y en cuanto la vi me enamoré de ella como idiota, era un clásico, una KSR II de las que ya ni fabrican, su dueño, un viejo mañoso quien me la vendió como oro. Pero me valió, no acepté el sabio consejo de Mai de mejor comprar un automóvil en vez de la moto, esa fue una de las tantas malas inversiones que he hecho desde entonces.

- "Hace calor, le daré servicio fuera de la casa" - Avisé a la casera.

- "Te acompaño, así podré ver cuándo llega Mikoto"

- "¿No será que otra vez estás espiando al vecino?"

- "¿Yo?" - Respondió con aquella voz de hipocresía que sólo la pelirroja posee - "¿Me creerías capaz de hacer eso?" - De eso y mucho más, pero no tengo tiempo de discutir contigo.

Frente a nuestro hogar, vive Kanzaki Reito, un hombre que debe estar alrededor de los treinta y cinco años, soltero y maduro. A Mai le gusta espiarlo, sabe a qué hora sale a trabajar, sabe a qué hora regresa a comer, sabe a qué hora va al gimnasio, creo que hasta ha intimado con la señora de la limpieza con tal de conocer más de la vida de nuestro afable vecino. Porque el sujeto es un buen mozo, eso que ni qué, un hombre alto de cabello negro, ojos grises, tez blanca y parece salido de una agencia de modelaje. Es el sueño húmedo de Mai aunque lo niegue.

- "Kanzaki-san está saliendo con una castaña"

- "¿En serio?" - Traté de sonar lo menos interesada posible pero eso a Mai no le importó mucho, ya que prosiguió con su reporte de las actividades de nuestro vecino.

- "Hasta hace una semana estaba con una pelirroja" - Y me imagino que pensabas que le gustaban las pelirrojas - "Antes era una rubia"

- "Se ve que al tipo le gusta la variedad" - Comenté para hacerle gente, ¿acaso me importa su vida íntima?

- "¿La has visto?"

- "No" - Pero si me lo preguntan, he visto a un rubio oxigenado que duerme en la casa todos los días ya muy entrada la noche y antes de que el sol aparezca en el horizonte, el chico se va.

- "Parece algo serio"

- "Hn"

- "Es una mujer muy hermosa, muy elegante, quizás la mejor que le conozco"

En ese momento el Mini de mi vecino se estacionó en la acera, el hombre bajó por el asiento del conductor no sin antes saludarnos con la mano a ambas. Pareciera como si viniera de un partido de tenis, puesto que estaba vestido con una playera polo y de pantaloncillos cortos y blancos. Con un leve asentimiento de mi rostro, respondí al saludo de Kanzaki, pero la idiota de Mai se quedó ahí como boba viéndolo cruzar hacia la otra portezuela, donde la castaña se encontraba. El moreno le abrió la puerta cual caballero, mientras que la altiva dama desmontaba el Mini para dar paso triunfal hacia el castillo de su amado. La mujer igual iba de blanco, con una playera y una minifalda que hacía lucir muy bien sus torneadas piernas. Con el rostro erguido, la dama ni siquiera nos dirigió una sola mirada, tomó la mano de Kanzaki y así entraron a la casa, como la pareja que se suponía que eran.

- "¿La viste?" - Arremetió la pelirroja - "Ni siquiera nos dio las buenas tardes"

- "¿Por qué habría de hacerlo?"

- "Por educación" - Pfff, yo tampoco te hubiese saludado, demonios, ni siquiera te miraría si te encuentro en la calle - "¿Sabes a qué se dedica Kanzaki-san?" - No, tampoco me interesa - "Su papá tiene un negocio de transportes"

- "¿Es trailero?" - Mai me miró con esos ojos violetas que cuando se encienden, queman.

- "No, Natsuki no sé ni para qué te cuento las cosas" - Ya somos dos.

- "Hola Mai" - Saludó Mikoto desde la distancia.

- "¡Mikoto, llegas temprano!" - Gracias al cielo, dos minutos más y hubiese sido ofrecida en sacrificio.

- "Mai tengo hambre"

- "Al fin un diálogo inteligente" - Me entrometí, pero Mai todavía me veía con odio.

- "¿Qué hacían en la puerta?" - Trató inútilmente Mikoto de aliviar la tensión en el ambiente.

- "Nada Mikoto, acompañaba a Natsuki a reparar esa chatarra"

- "Hey" - Protesté - "Las motos tienen sentimientos"

- "Ha de ser, porque tú careces de ellos" - De nuevo la mirada infernal.

- "Bueno ya, ¿perdóname no?" - Alcé las manos en pose de rendición para que la pelirroja entendiera que no pretendía discutir por un asunto tan trivial como este.

- "Esa mujer..." - Comentó Mikoto de la nada - "¿Es la esposa del vecino?" - Vaya, se le ha pegado el mal hábito a Mikoto de espiar al vecindario también.

- "Saber" - Respondió Mai - "Que yo sepa Kanzaki-san enviudó hace cinco años y nunca se volvió a casar"

- "Es muy bonita"

- "Vamos a cenar" - Acarició Mai la revuelta cabellera de la pequeña y se dirigió luego hacia mi dirección - "¿Vienes?"

- "Déjame engrasar la cadena y las alcanzo"

- "No te tardes, luego no quiero escuchar quejas de que si Mikoto comió más..."

- "Les alcanzo en un par de minutos, te lo aseguro"

A toda prisa, decidí proceder a realizar la tarea que la pechugona pelirroja interrumpió con su incesante parloteo sobre la vida personal de nuestro vecino. Tampoco era mi intención irme a dormir sin cenar, que al fin y al cabo tenía ya bastante hambre también. Casi al final de mi labor, la puerta principal de mi vecino se abrió, dando paso a la pareja dorada quienes seguramente, después de darse un baño y cambiarse de ropa, han decidido salir a cenar a algún restaurante más acorde a su nivel. Nuevamente, Kanzaki se despidió de mí, ahora sí, verbalmente y entró al vehículo. La castaña estaba del otro lado del auto, Kanzaki no le abrió la puerta esta vez, ignoro si por descuido o por algún otro motivo, pero eso dio tiempo suficiente para que pudiera verle el rostro con más detenimiento, así como ella pudo ver el mío. Nuestras miradas se cruzaron en una clara y evidente señal de reconocimiento, aún así, la castaña fingió que nunca en su vida me había visto y se subió al auto, el cual una vez con la pareja en su interior, rugió cual bestia indicando su marcha.

- "Buenas noches, ingeniera"

()()()

Cuando finalicé la carrera tuve una oportunidad que no mucha gente tiene, mi salida de la escuela coincidió con la jubilación de mi adorado padre, quien para no perder su plaza me ofreció la suya en la dependencia de gobierno en donde laboró los últimos treinta años de su vida. Me dejó su lugar, mas no su sueldo, puesto que me incorporé al sistema con un mísero sueldo base del que hasta pena me da de contar. Aquí en la oficina hay una extraña costumbre de que, al hijo del compañero que se retiró se le suele llamar en diminutivo al del padre, en cuyo caso sería Kuga-chan, sin embargo no pasó mucho para que fuese mejor conocida como Kuga-kun. Es raro que alguien me llame por mi nombre, si es que alguien lo sabe realmente. Quizás la única que se sepa mi nombre completo en este lugar sea la pelirroja de ojos color lima, Yuuki Nao, mejor conocida como Nao-chan.

- "¿Qué hay Kuga, ya terminaste con mi reporte?" - Su padre fue jefe del mío y por azares del destino la idiota es mi superiora ahora, a pesar de que le llevo un par de años.

- "En eso ando, no presiones"

- "¿Cuánto más tiempo te puede tomar el entregarme un simple reporte de los fenómenos hidrometereológicos en relación al Tokio III?"

- "¿Eh?" - Me rasqué la cabeza en señal de confusión - "¿No estabas esperando el reporte del clima en la zona del oeste?"

- "Idiota, si quisiera el clima prendo la tele"

- "¡No seas odiosa!" - Protesté - "Sabes que mi departamento también está relacionado con..."

- "Hoy estás más tonta que de costumbre" - Gruñí ante esa verdad - "¿Qué te pasa? ¿Sin dinero a principios de quincena de nuevo?"

- "Es que..."

Pero no pude explicarle, en ese momento nuestro argumento matutino fue interrumpido por Takeda, mi compañero de proyecto, quien nos avisó que la jefa había arribado a las oficinas de la dependencia y quien por si fuera poco, había llegado al plantel con un vestido tan corto que le hacía ver todavía más hermosa de lo que ya era. Tanto Nao como Takeda, al igual que el resto del departamento, cesaron todo movimiento para verle entrar majestuosa por la puerta principal. Nuestra superiora, hizo su entrada triunfal exactamente a las diez de la mañana, ni un minuto más ni un minuto menos, como todos los días, todos nos ponemos de pie para saludarle, pero no es sólo por respeto sino para poderle admirarle como se merece. Fujino Shizuru, ingeniera agrónoma quien se encuentra al frente del departamento del Programa Hidroagrícola desde hace ocho años, papá siempre habló de ella en cuanto tuvo la oportunidad.

Todas las cosas que decía de ella eran en realidad ciertas y hasta me atrevo a asegurar que se queda corto en algunas descripciones. La ingeniera no sólo es hermosa, es bellísima, tiene una sonrisa tan practicada que pareciera salida de un comercial de pasta dental, aparte sus dientes son tan blancos como parejos. Nunca le he visto repetir su misma ropa, siempre anda con tacones, huele deliciosamente bien y tiene un carácter tan feo como si de un ogro se tratase en vez de una bella princesa. Castaña, de ojos marrón, esa era mi jefa, esa era pues la novia de mi vecino.

- "Buenos días a todos" - Saludó con ese acento tan peculiar de los foráneos.

- "Buenos días Fujino-buchou" - Respondimos todos con respeto.

Sí, yo no soy diferente al resto del equipo que labora en esta oficina, me declaro su fan número uno y por qué no, también suelo fantasear con ella de vez en cuando. Pero la diferencia entre esa mujer y yo es abismal, de hecho, jamás desde que entré a este lugar he tratado directamente con ella. Es más, esa mujer una vez que se encierra en su privado nadie sabe de su vida sino hasta la salida o quizás cuando se retira a alguna reunión con los altos mandos. Normalmente nosotros tratamos con su subordinado directo, quien nos regentea de aquí para allá de acuerdo a su estado de ánimo. A veces salimos a hacer algunas pruebas de campo, pero por lo general, a raíz de un pequeño problemilla que por accidente realicé en una de las plantas, jamás me volvieron a insinuar que salga de las oficinas. ¿Dónde me iba a imaginar que un simple cero después del punto lo cambiaría todo?

- "Hey Kuga, ya puedes cerrar la boca, la ingeniera ya se fue" - Me sacó Nao de mi letargo emocional.

- "No jodas" - Fingí indignación, pero sí tenía la boca abierta.

- "Creo que voy a pedir mi cambio a tu departamento"

- "¡Nao!" - Le di un golpe para que se le quite lo tarada.

- "¿Temes un poco de competencia?" - Me sonrió burlona.

- "¿Cuál competencia?" - Respondí más atrabancada que cuerda - "La mujer ni siquiera sabe que existo"

- "Qué bueno" - La miré feo después de ese comentario - "Porque está muy vieja para ti"

- "Ese no es asunto tuyo"

- "¿No me digas que de veras te gusta esa mujer?"

- "¿Querías tu reporte?" - Cuestioné como diciéndole, lárgate y deja de molestar.

- "Kuga, en mi oficina se encuentran al menos tres buenos prospectos para ti y además, mucho más acorde a tus posibilidades"

- "Felicidades" - Mascullé sin prestarle más atención.

- "Tú sí que eres bruta"

- "¿Qué quieres que yo haga?" - Rezongué - "Me gusta"

Y era la verdad, no ha habido un sólo día desde que puse un pie en esta oficina en que no busque la mirada de esta mujer aunque sea por tan solo un espacio de segundos. Recuerdo nuestro primer encuentro como si fuera ayer, no tenía idea de dónde se encontraba mi área de trabajo y estaba más perdida que una brújula sin norte. Entré a recursos humanos pero tampoco me hicieron gran caso, es más, cuando les di mi apellido querían que checara entrada como Kuga Masami, mi padre, en vez de Kuga Natsuki. Como siempre, recursos humanos es una oficina en donde todo se pierde y nadie sabe nada.

Afortunadamente ahí estaba ella, la protagonista de mis fantasías, la mujer que no sé si me reconoció como la hija de su anterior subordinado o quiero pensar que sólo fue suerte el que ella me notara de entre la muchedumbre. Con su característico acento de Kioto la mujer le explicó a la licenciada que Kuga Masami era mi padre, quien se retiró y había nombrado a su hija como responsable del puesto que antes ocupara. La licenciada entonces argumentó que primero debía pasar al sindicato para que ellos se encargaran del trámite, luego dijo un montón de cosas las cuales hasta la fecha nunca hice y que sigo sin comprender, pero después de ello me dio mi pase y ese fue mi primer día como adulta laborando en el complejo sistema gubernamental. También fue la última vez que crucé palabras con Fujino, estoy hablando de hace un año ya.

- "Vamos al antro"

- "Nao, estamos a mitad de semana"

- "¿Y?" - Se encogió de hombros - "Tengo ganas de bailar"

- "Sí claro, seguro estás necesitada"

- "Para el caso es lo mismo, acompáñame"

- "¿Por qué yo?" - Protesté.

- "Porque no conozco a otra lesbiana en toda la dependencia y de haberla, al menos tengo la seguridad de que no me vas a ligar"

- "Te recuerdo que hasta hace unos meses..."

- "Eso jamás pasó" - Me interrumpió, pero no sin antes ruborizarse.

Poco después de mi encuentro con Fujino conocí a Nao, quien ya tenía un par de meses más que yo en la oficialía. Conectamos de inmediato y pronto comenzamos a salir juntas, pero no funcionó. Según Nao, yo era muy lenta para ella y para mí, Nao era demasiado avorazada para mi gusto. Lo dejamos en una linda y estrecha amistad, con ciertos derechos de vez en cuando, pero amistad al fin. ¿Alguien ha notado cómo estoy rodeada de pelirrojas?

- "Kuga-han" - Imposible - "¿Has visto a Sakomizu?"

Fujino Shizuru en toda su magnificencia se paró frente a nosotras preguntando por el tarado de mi jefe directo. No sé que me pareció más terrorífico, el hecho de que ella estuviera frente a mí viéndome con esos ojos tan intensos que poseía, el que esperara que yo pudiese articular palabra o quizás ese escote tan sugerente y que tenía a escasos centímetros de mí. No, no me decido.

- "S-salió con el resto del equipo para supervisar una obra" - Tartamudeé horrible, por no decir que ni siquiera podía verle a la cara.

- "¿Se fue con Yamada?" - Preguntó haciendo una mueca extraña.

- "No, Yamada-san salió pero no dijo a dónde" - Respondí casi en automático.

- "Ya veo" - Frunció el ceño y luego se dirigió a Nao - "Yuuki-han, ¿se le perdió algo en esta oficina o es que Planeación ya cambió de ubicación?" - Fujino agarró de sorpresa a Nao, quien pegó un ligero brinco al verse sometida a una de las famosas miradas hipnóticas de la ingeniera, para mi sorpresa Nao nunca perdió su temple.

- "Para nada Fujino-san, tengo pendientes con Natsuki que son importantes para la estadística de mi departamento" - Nótese que me llamó por mi nombre y no por mi apellido como siempre hace.

- "En ese caso..." - Fujino me miró a los ojos muy fijamente - "En cuanto termines con Yuuki-han, pasa a mi privado por favor"

- "Esto... sí"

Fujino nunca esperó mi respuesta, sabía de antemano que no me quedaba de otra más que obedecer. Una vez que desapareció de nuestro campo visual y ambas estábamos seguras de que nuestra conversación no sería escuchada por la ingeniera, soltamos el aire que habíamos retenido en nuestros pulmones y nos miramos a los ojos con incredulidad.

- "¿Oíste eso?" - Empezó Nao - "Me sacó con vil y vulgar descaro"

- "Me di cuenta"

- "Kuga" - Me llamó mientras se sentaba en mi escritorio.

- "¿Sí?"

- "¿Notaste el brillo asesino de sus ojos?"

- "No lo tomes personal, así es la ingeniera"

- "No, no, no; yo sé de lo que hablo" - Insistió Nao - "Me vio con odio"

- "Tal vez te sorprendió desnudándola con la mirada"

- "Esa habrás sido tú, a mí esa mujer no me gusta tanto" - Luego se puso de pie y remató con lo siguiente - "Te quiere en privado"

- "No inventes, dijo que pasara a su privado" - Susurré, que el sólo imaginar la escena me erizaba todo el vello del cuerpo.

- "Sí pero para qué"

- "Saber"

Pero yo sí tenía una leve idea de lo que la ingeniera quería, es más, estaba casi segura de lo que quería hablarme. Pero para despistar a Nao le pedí que se marchara y que no regresara por el departamento pronto o me metería en problemas con la jefa. Nao aceptó pero no de muy buena gana, puesto que su departamento para nada dependía del de la ingeniera sino al revés, existe una extraña rivalidad entre la gente que trabaja en esta dependencia pero bueno. Afortunadamente para mí, Nao accedió y decidió irse a su oficina para dejarme a mí a solas con Fujino.

Kikukawa Yukino es la responsable de la oficina donde laboramos, es aparte de la secretaria personal de Fujino, la que está al pendiente de todas las necesidades materiales y administrativas de los trabajadores de esta ala de la institución. Por lo tanto, si con la ingeniera querías tratar, antes por Yukino tenías que pasar. Así fue como me presenté delante de la fiel secretaria, una mujer de cabello castaño oscuro y corto, con el rostro pecoso y con unas gafas de fondo de botella. A primera instancia yo no le confiaría mi vida a un ser que da la apariencia de venir de otro planeta, pero les aseguro que mujer más eficiente, después de la ingeniera, no hay.

Por teléfono, Yukino le avisó a la ingeniera que yo quería hablar con ella, por un momento pensé que la jefa me haría lo que a todo mundo; me haría esperar mínimo media hora hasta que se dignara a recibirme. No me mal interpreten, no me quejo, yo sé bien que Fujino-buchou es una mujer muy ocupada y que probablemente tenga miles de cosas mucho más importantes qué atender antes que hablar conmigo. No por nada ella tiene un puesto de alta responsabilidad en la dependencia, no por nada fue traída desde Kioto para ello, no por nada se rumora que su marido es un hombre de mucho prestigio en la Cámara de la Dieta de Japón.

Para mi sorpresa Yukino me dio luz verde para pasar sin perder más tiempo en la puerta, creo que hasta a ella le extrañó. Es decir, ¿qué asunto querría tratar Fujino-buchou de la empleada con el nivel más bajo de la dependencia? Aparte, qué puede ser tan importante como para que no espere ni dos segundos en la puerta, a que no pasara más tiempo. Pero todo eso fue respondido en cuanto entré, apenas di un paso y la ingeniera me pidió que cerrara la puerta con llave. Saludé con educación y me acerqué a su escritorio, Fujino nunca me vio a la cara, simplemente escribía en su computadora sin prestarme atención, casi como si nunca hubiera entrado a su territorio.

- "Kuga-han" - Tragué saliva, había algo en su tono de voz que me producía tremores en el cuerpo - "Seré franca, supongo que me habrás visto ayer por la tarde entrar a casa de Reito, ¿cierto?"

- "Sí" - Alcancé a decir, que no es que me sorprendiera el tópico de la charla.

- "También sé que tienes una amistad muy cercana a Yuuki-han" - ¿Cercana? ¿Lo sabe o sólo me está tanteando?

- "Somos buenas amigas ingeniera" - Respondí aún sin lograr verle directo a los ojos.

- "¿Le has dicho?" - Alzó la voz, esperando que ahora sí le viera al rostro - "¿Le contaste a Yuuki-han lo de ayer?"

- "Fujino-buchou" - Fruncí el ceño y por vez primera desde que le conocí encaré su mirada con decisión - "A mí los chismes de oficina poco me importan"

- "Eso no fue lo que te pregunté" - Respondió con tono severo, quizás no tomó mi seriedad por algo bueno - "Te pregunté si le has dicho a Yuuki o a cualquier otra persona que me has visto con Reito"

- "No me interesa la vida privada de los demás" - La ingeniera iba a protestar pero la interrumpí - "No, no lo hice y no lo pensaba hacer"

Nos quedamos en silencio por lo que me pareció una eternidad, ella me miraba con escudriño y yo buscaba entre mis pies algún punto dónde clavar la mirada. Estaba nerviosa, me sudaban las manos, sentía que mi respiración no era suficiente para mantener el gasto cardiaco que mi pobre corazón demandaba. Justo cuando pensé que estaba al punto del infarto, la ingeniera dejó de verme, exhaló un prolongado suspiro y se acomodó en su sillón. Ninguna dijo nada después de eso, simplemente nos mantuvimos una frente a la otra en perfecto silencio, cada una inmersa en sus propios pensamientos, disfrutando quizás la extraña calma que imperaba ahora, en el que fuera antes un tenso ambiente.

La ingeniera cerró los ojos un par de segundos, tiempo suficiente que aproveché para mirarle con descaro el rostro. Sentí envidia de Kanzaki al tener el privilegio de gozar de esa angelical faz para sí, sentí envidia de todo aquel que tuviera la fortuna de haber rozado sus labios en los de ella, pero sobre todo; envidié como nadie a quien pudiera ser visto por esos hermosos ojos con afección, con adoración. Como sólo los amantes se contemplan y pocos mortales tienen la dicha de compartir ese sentimiento, el verdadero amor.

Estaba tan perdida en mi universo que nunca noté que la ingeniera me estaba mirando a mí también, sólo desperté de mi letargo emocional cuando sus labios esbozaron una sonrisa misteriosa. Le miré a los ojos y ella enarcó una ceja, Fujino-buchou me pescó observándole con deseo en su oficina, estaba más que perdida. Mi reacción inmediata fue la de ruborizarme cual colegiala de instituto, acto que no pareció inmutar a la ingeniera quien con un simple ademán, me exhortó a retirarme.

Salí prácticamente huyendo de su oficina, estaba nerviosa, asustada, aterrada, mi corazón no paraba de latir y a punto estuve de morirme de la vergüenza. Cielos, hoy sí que me había lucido, no pude controlarme delante de la ingeniera y se dio cuenta, ¡claro que se dio cuenta! Si antes tenía al menos una sola oportunidad para convertirme en su confidente o lo que sea, la perdí cuando ella descubrió mis verdaderas intenciones. No necesito decir que el resto del día me la pasé con un humor de perros, me sentía tan mal, pero tan mal, que me tuve que reportar enferma para irme temprano a casa. No podía soportar estar ahí ni un minuto más, sentía que me asfixiaba con cada segundo que corría del reloj, cada momento era uno desperdiciado y de desperdicios estaba llena mi alma.

Una vez fuera de la dependencia, me senté en la banca del parque más cercano, donde traté de calmarme viendo los carros transitar en la avenida. El sonido del motor de los vehículos, el ir y venir de la gente, el olor de los comercios cercanos de comida, todo eso en conjunto distraía mis sentidos para no seguir pensando en lo ocurrido el día de hoy. Pasada una hora me fastidié de todo ello y decidí emprender el camino a casa, lugar donde me guarecería hasta que descansara y olvidara todo lo ocurrido en la oficina. Iba a cruzar la calle para buscar mi motocicleta, pero el rechinido de unos neumáticos distrajo mi acción, iba a ser arrollada por un Mini pero su conductor logró evitar muy a tiempo el accidente.

- "¿Estás bien?" - Kanzaki, de todos los Minis que hay en Tokio has tenido que ser tú quien casi lograra atropellarme - "Es que, te apareciste de la nada y yo..."

- "Relájate vecino, estoy con vida, estoy bien" - Vociferé de mala gana.

- "Oh" - Se rascó la cabeza en la portezuela del auto que aún permanecía abierta, al mismo tiempo los demás conductores pitorroteaban estrepitosamente para que Kanzaki moviera su vehículo de la mitad de la calle - "¿Qué te parece si te invito una soda?" - ¿Qué te parece si te mando al diablo? - "Por favor, déjame compensarte"

- "Vamos Kanzaki, que la gente comienza a agruparse para lincharte"

Kanzaki estacionó el auto no muy lejos de donde estábamos, caminamos a la tienda más cercana y ahí él me invitó una bebida de cola para subirme el azúcar, aunque es probable que él la necesitara más que yo. Se ha acabado el embotellado de un sólo trago y pidió otro, me pregunto cómo conserva su cuerpo tan bien formado si puro refresco bebe este animal. En cuanto se acabó la segunda Coca-Cola, pagó la cuenta y nos encaminamos hacia el auto. Ante el repentino silencio de mi acompañante, decidí ser yo quien iniciara un diálogo tratando de cambiar un poco el ambiente.

- "¿Qué te trae por estos rumbos, Kanzaki-san?" - El hombre se paró en seco y me miró con cierta incredulidad.

- "Tengo una cita, sólo estaba haciendo tiempo en estos lares" - Una cita dijo, seguro es con la ingeniera - "¿Trabajas por aquí?"

- "¿Ves el edificio de enfrente?" - Kanzaki miró hacia donde le indiqué, fijándose por vez primera en mi uniforme - "Trabajo ahí"

- "Oh" - Alcanzó a responder con algo de incomodidad - "¿En qué departamento?"

- "En el del Programa Hidroagrícola" - Como me lo esperaba, sus ojos se abrieron como platos y su boca cayó hasta el piso - "Sí, con la ingeniera" - Respondí la pregunta no formulada.

- "Entonces ustedes dos..."

- "Es mi jefa"

- "Ya veo"

Un incómodo silencio inundó el ambiente, Kanzaki sabía que al ser subordinada de su novia, también estaba enterada de que la relación que ellos tenían era una clandestina, pues hasta donde todos sabemos, la ingeniera está casada. Quizás él pensó que le haría algún comentario respecto a esto, pero dije más nada, supongo que mi conversación en privado con la ingeniera mató toda pasión mía por indagar sobre el tema. Aparte, saber que él era el hombre que disfrutaba de las afecciones de quien protagonizara mis delirios ocultos, no me estaba ayudando de mucho.

Resoplé el aire fuertemente y luego le miré a los ojos, no podía odiarlo, era en realidad un buen hombre. Kanzaki estuvo casado con una mujer que enfermó de cáncer y murió después de una larga convalecencia, ya lo sabía, me enteré por casualidad. También sé que él vio por ella y no la abandonó un sólo día, si eso no era amor entonces qué otra cosa pudo ser. Por eso mi opinión de él no puede ser mala, que no es lo mismo que apruebe su relación con el objeto de mis deseos. Una vez aceptado el hecho de que este no era otro más de mis desvaríos mentales, me despedí de Kanzaki y me di la media vuelta en búsqueda de mi Kawasaki. Así fue como nos encontramos.

- "Ara" - La ingeniera - "¿Acaso Kuga-han se está escapando del trabajo?" - No pude evitar la tonta sonrisa que a mi rostro se le escapó, sobre todo al tener el privilegio de haber visto esos hermosos ojos por más de una vez al día.

- "Disculpe inge, pedí permiso para ausentarme"

- "Y me pregunto para qué" - Aquí vio de reojo a Kanzaki, quien se veía más que incómodo por la situación que se acababa de dar.

- "Shizuru" - Shizuru, dichoso él que puede llamarte por tu nombre.

- "Kanzaki-han, ¿se le ha perdido algo en este lugar?" - Kanzaki quedó blanco del susto, pero luego comprendió, luego comprendimos mejor dicho.

- "Madre, ¿podríamos ir al banco? Es que necesito..." - Oh - "¿Quienes son estas personas?"

- "Kuga Natsuki, trabaja conmigo en la oficina y él es Kanzaki Reito" - Nos presentó la ingeniera a la joven chica que acababa de llegar.

- "Gusto en conocerles, mi nombre es Fujino Viola" - Nos saludó con propiedad una joven con un cabello del mismo tono del de Shizuru pero con unos rasgos muy diferentes.

- "Me gustaría quedarme a platicar con ustedes pero tenemos una reunión con el padre de Viola, espero puedan dispensarme" - ¿Fue mi idea o recalcó a drede lo de padre?

- "Adelante Fujino-san, nosotros ya nos íbamos" - Respondió un ya recompuesto Kanzaki.

- "En ese caso, Kanzaki-han, Kuga-han" - La jefa se abrió paso entre nosotros indicando que una vez acabadas con las presentaciones, ya no había más tela de dónde cortar, pero no contó con el factor sorpresa del día.

- "¿Kuga-han?" - Se dirigió a mí la joven castaña.

- "¿Sí?" - Respondí pero no sabiendo a qué iba la cosa, no debí.

- "¿Es Kanzaki-han tu novio?" - Ni lo mande dios.

- "No, somos vecinos" - Contesté su pregunta mientras la ingeniera nos veía con incredulidad.

- "En ese caso, ten" - Me dio una tarjeta - "Llámame" - Me guiñó el ojo y se fue, así como así.


N/A: Va de nuevo, esto ya lo había escrito pero no se guardó, quizás y no es mi día. Creo no estar muy equivocada y alguien me pidió que escribiera una historia menos compleja de las que vengo ya haciendo, pero ustedes bien saben que este es mi estilo, no puedo hacer otra cosa más que enredar las historias hasta el borde de la desesperación. Esta no será la excepción. No se inquieten, si puse que esto es un Shiz-Nat es porque así será, pero también es bien sabido que no suelo iniciar de lleno la relación romántica entre las protagonistas, así que pido paciencia sólo eso. Hasta entonces, Ja ne!