Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, si así fuera, mi vida sería perfecta. (Y amanecer no hubiese existido), de todos modos, gracias S.M, por entregarnos los clásicos clichés para jugar a nuestro antojo con ellos. La historia es mía, la tenía en mi otra cuenta de fanfiction, pero me pareció un poco ridículo, así que la eliminé allá y la subí aquí.

Este fanfic es rating M, así que quienes lean es bajo su responsabilidad. No acepto que luego me hagan criticas de moral y bla...bla...bla... Queda claramente advertido. Contiene lemmons, lenguaje obsceno, y trama no recomendadas para menores.

Summary: Había terminado de arruinar la vida de aquel jodido bastardo. Solo que su dulce venganza, se volvió amarga y terrible, cuando los ojos de Isabella, hasta aquel instante, brillosos y vivos, se opacaron comprendiendo lo que acababa de ocurrir.


Una vez solos, Edward se puso de pie y corrió hacia Bella. Estaba inconciente en el suelo, con un golpe en su frente y otro en su pómulo derecho, que prontamente contrastaría completamente con la palidez de su piel.

— ¿Qué mierdas hice? —dijo tomando la cabeza de la castaña para asegurarse que estaba viva— ¿Isabella? Despierta, vamos nena, abre los ojos —murmuró apretándole con delicadeza el rostro.

Cuando ella abrió los ojos, aún aturdida, lo único en lo que fue capaz de pensar fue en que si no salía de aquel lugar, iba a morir.

— ¡Tenemos que salir de aquí! —ordenó alzándose bruscamente. Ni siquiera reparó en que era Edward el caballero de blanca armadura que acababa de salvarla, él quien hace solo unas horas la había destrozado por completo. Él, quien había dado la llave para que la caja de Pandora fuese abierta. Él quien sin tener idea de todo lo que ella arriesgaba involucrándose con otra persona, la había seducido y hecho suya.

Él, definitivamente no tenía idea de donde acababa de meterse.

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Capitulo II

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Isabella estaba lívida. Su rostro se encontraba carente de cualquier color, solo los ojos, tan expresivos como siempre, brillaban por miedo enrojecidos en sus bordes.

—¡Tenemos que salir de aquí! —repitió alzando la voz. Se incorporó de un salto y sin poner demasiada atención al mareo que la desestabilizó un segundo, comenzó a rebuscar en su dormitorio.

— ¡Ey! Tranquilízate —dijo Edward de pronto, tomándola posesivamente del brazo para detenerla. El ojo de la chica comenzaba a hincharse preocupantemente y la herida en su frente no parecía querer dejar de sangrar—. Tenemos que conversar.

La castaña lo miró duramente y sin pestañear. Tenía rabia y se sentía destrozada, pero mantuvo todos sus pensamientos de autocompasión detrás de su sentido común, el mismo que en esos momentos le alertaba que debían salir de ahí —Edward si no sacamos nuestros traseros de éste lugar ya mismo, dudo que tengamos algo con lo que hablar.

— ¿Quién era ese tipo? —insistió él. No quería soltar ni un centímetro su agarre y la castaña comenzaba rápidamente a desesperarse— ¿Por qué te golpeó? ¿Fue por mí? Solo quiero saber si es mi culpa.

Culpa. ¿Quién tenía realmente la culpa de todo? ¿Edward por seducirla, ella por haberlo aceptado o Jacob por no cumplir su promesa de protegerla contra todo?

—¡Edward por favor! Eres la última persona en el mundo a la que le confiaría algo mío —espetó, moviendo bruscamente su brazo para soltarse de él. Los ojos del chico la observaron con tristeza, pero rápidamente se volvieron afilados, de acero. Él era un experto manteniendo ocultos sus sentimientos, sobre todo los que lo volvían tan vulnerable como el amor —. No puedes ser tan endemoniadamente ególatra.

Siempre había pensado que él era un ser en extremo vanidoso, aunque observándolo bien, tenía motivos de sobra para serlo. Con ese rostro y su cuerpo podía tener el mundo a sus pies, pero, para ser honestos, lo que a ella en realidad le había atraído de aquel hombre era solo y simplemente su masculinidad. Era tan confiado de sí mismo, apuesto y ridículamente sexy. Por el solo hecho de estar a su lado, su temperatura corporal subía a lo menos dos décimas,

—Isabella, necesito respuestas ¿Fue Jacob? ¿Él hizo esto?—insistió Edward persiguiéndola por uno de los pasillos por los cuales ella avanzaba con rapidez.

La chica lo ignoró y continuó moviéndose a gran velocidad, apoyándose de vez en cuando en los muros. Parecía una leona enjaulada, ansiosa y terrible. Sentía que la cabeza estaba a punto de estallarle y tenía unas terribles ganas de vomitar. — ¿Dónde demonios las dejé?

—¿Qué cosa? —peguntó el chico posicionándose frente a ella y cogiéndola por los hombros para detenerla, parecía que de un momento a otro se desplomaría.

— Las llaves de mi camioneta —contestó aturdida—. Espera —añadió soltándose nuevamente de su agarre—, no tenemos tiempo. ¿En qué viniste?

— En la moto —contestó él, sintiendo unas espantosas ganas de abrazarla y protegerla. Se veía tan asustada y su frente continuaba sangrando aunque ella no parecía percatarse de ello.

— ¡Perfecto, vámonos!

— ¿Dónde?

— A cualquier lugar, solo salgamos de aquí —ordenó, cogiendo a Edward por la manga de su sweater y arrastrándolo con velocidad por el vestíbulo del apartamento—. Adiós precioso, te quiero —susurró con tristeza al gato que acababa de aparecer debajo de sus piernas. El animal soltó un maullido casi como una protesta ante el abandono repentino de su ama, pero Bella no le puso más atención. En su cabeza, los pensamientos eran tan confusos, necesitaba aclararse con urgencia, pero le era imposible. Quizás el golpe le había afectado más de lo que ella había pensado.

Corrieron raudos por el vestíbulo, tomados de la mano, sin detenerse ni un momento a mirar atrás. Un extraño presentimiento removía las entrañas de la chica y sabía que debían salir de ahí enseguida.

Atravesaron las grandes puertas del edificio en el momento justo que un sonido atronador reventaba los ventanales del lugar, lanzando esquirlas de cristales sobre sus cabezas al tiempo que una presión invisible los empujaba a unos buenos metros de distancia.

Bella confusa y desorientada, abrió los ojos y todo lo que vio fue rojo. Fuego y calor sofocándola. La mano de Edward no la había soltado en ningún momento y por el contrario, la jalaba con fuerza en la dirección opuesta a las llamas—. ¡Vamos nena, tenemos que salir de aquí!

—¿Qué mierda? —preguntó ella, sintiendo la boca llena de cemento.

—No lo sé, pero será mejor que salgamos de aquí —sentenció él. Le soltó la mano solo para poder tomarla por la cintura y así ayudarla a levantarse. El fuego había alcanzado algunos de los árboles y se expandía rápidamente en dirección al estacionamiento, en donde las alarmas de los automóviles sonaban estruendosamente.

Era toda una pesadilla.

Al llegar a la motocicleta, Edward cogió su casco y lo puso sobre la cabeza de ella—. Una bomba, no puedo creerlo —murmuró asombrado—. ¿Con qué maldito hijo de puta te has involucrado? —continuó lanzando todo tipo de maldiciones para mantener de algún modo todos sus miedos a raya.

La muchacha no fue capaz de abrir la boca. Estaba completamente en shock. Solo fue capaz de pasar sus brazos por la cintura de Edward para sujetarse mientras se alejaban a gran velocidad de la dantesca escena y cerró los ojos.

Imágenes grisáceas danzaban tras sus parpados. Recuerdos… sus padres, Jacob, Edward, el dinero, el poder, las venganzas…había tantas cosas que ella desconocía. Por donde comenzar, ¿debía huir?, ¿Jacob, en realidad la había traicionado?

¿Él, en todo el mundo, sería quien la traicionaría?

No podía creerlo. Aunque si ella lo había hecho, ¿por qué habría de pensar que Jake no?

Cuando Isabella Swan cumplió los nueve años pidió un gato de regalo, a su padre le pareció ridículo que teniendo tanto dinero y pudiendo haber exigido un caballo, ella fuese una chica tan conformista. Lo que él desconocía en aquel momento de aquella pequeña era que les tenía terror a aquellas bestias pura sangre. No podía soportar estar cerca de ellas, así como tampoco soportaba los viajes en bote, ni los puentes. Toda esa información la llevaba su madre, Renee, a quien amaba por sobre todas las cosas.

El día en que sus padres fueron asesinados en el "accidental" incendio de la oficina de Charlie, fue la primera vez que el gran señor Swan le dijo que la quería. Ella se quedó esperándolos durante toda la tarde para comer pastel, pero en su lugar, un joven alto y moreno, quien luego fuese su prometido, llegó a reclamar su tutela.

Jacob le aclararía después quien era él en realidad y de qué manera impediría que ella corriera la misma suerte que sus padres. Durante diez años la había protegido, pero ahora estaba desvalida por completo, a la merced de aquellos que destruyeron a su familia.

Su padre intuía que algo extraño ocurriría ese día, algo malo, trágico, estaba segura de ello, de ahí que no le permitiera ir con ellos esa mañana. El mismo presentimiento de ella al salir del edificio.

Su edificio. En donde había familias, amigos, conocidos y gente que detestaba pero que aun así saludaba con una sonrisa todas las mañanas.

¿Qué pasó con todos ellos? ¿Con su hermoso gato de quien acababa de despedirse?

¿Tendría que cargar ella con las muertes de todas esas personas si es que las hubiese? ¿Por qué?

No le parecía justo.

Todo el mundo daba vueltas y ella solo era capaz de pensar en el martillo que le golpeaba la frente. Respiró hondo, tragando de paso la bilis que se encontraba en el centro de su garganta y luego exhaló.

Nada la ayudaba a sentirse mejor. Era como si su cerebro estuviese terriblemente grande, tanto así, que tenía la terrible sensación de que en cualquier momento se le saldría por las orejas, como si su cráneo no fuese suficiente espacio para él.

Su corazón palpitaba fuerte dentro de su pecho, pero no lograba darle sentido a aquellas sensaciones.

Apenas fue consciente del quejido que escapó de su boca y, de no haber sido por la mano que con ternura le acunó el rostro, estaba segura que no hubiese abierto los ojos.

La realidad era demasiado abrumadora y dolorosa para soportarla.

— ¿Bella? ¿Estás bien? Dime. Por favor, ¿qué demonios fue todo eso?

—No lo sé —suspiró cansada, girado la cabeza en la dirección contraria, para que él dejara de tocarla. Estaba tan abrumada, y tenerlo así de cerca en aquel momento no la ayudaba en nada.

Edward la miró con dureza. Necesitaba que ella confiase en él, pero ¿cómo?—. Puedes confiar en mí —dijo para tantear terreno—. Lo sabes.

—No te conozco —replicó seca.

Ok, quizás había sido un intento ridículo.

Pretendió enderezarse, pero le fue imposible, el mareo no se lo permitió- No tenía fuerzas para pelear contra él. Estaba derrotada, en lo único que era capaz de pensar era en meterse bajo una tina con agua tibia y sumergirse en ella hasta dejar de respirar— ¿Dónde estamos? —interrogó mirando a su alrededor.

—En la casa de campo —contestó el joven, quien se encontraba sentado a un lado de la cama, en donde ella estaba recostada—. No tengo idea de en qué estás metida así que pensé que el hospital sería un lugar poco seguro.

La chica frunció levemente el ceño—¿De dónde sacaste eso?

—Series policiales de los noventa —confesó él, encogiéndose de hombros y permitiéndose sonreír ligeramente. Estaba nervioso y, al igual que ella, todavía no era capaz de procesar todo lo que había ocurrido.

—¿Cuánto tiempo estuve dormida?

—Bastante. ¿Puedes decirme en qué demonios estás metida? ¿Es por lo que pasó entre nosotros?

Ella no quiso hablar. Volvió a cerrar los ojos e intentó descansar algo, pero a decir verdad, le era imposible, seguía con la adrenalina a mil. Quizás por eso todavía no se percataba de lo inflamado que tenía su ojo derecho, ni de los raspones en los brazos y las manos. El corte en su frente al menos había dejado de sangrar, pero la cicatriz se vería por siempre, atravesando su nívea piel desde la cien hasta el comienzo del pelo.

Edward la miró sintiendo tanta pena. Apenas la había subido a la moto, ella se desplomó contra su espalda. Cuando entró a la dejada casa de campo, la cargó y subió a su dormitorio y aprovechó de inspeccionar las heridas mientras ella no despertaba. Limpió la sangre y quitó las piedrecillas que tenía debajo de la piel de sus brazos, manos y rostro, con un poco de agua y jabón. Se veía tan agotada, frágil y pequeña. Una furia ciega se expandía raudamente a través de sus venas, como un fuego devastador, consumiendo su cordura. Él mismo se encargaría de averiguar quién estaba detrás de todo esto.

—¿Hay alguien más aquí?

—No pienso responderte nada más si tú no haces lo mismo —espetó él, incorporándose para salir de la habitación—. Ahí tienes un baño y puedes llamarme para lo que necesites.

Se dio la vuelta y caminó hasta el pomo, abrió la puerta y se dispuso a salir.

Isabella, sintió que el corazón le atravesaría el pecho, no quería estar sola, tenía miedo y acababa de volver a sentirse una niña de nueve años, sola y sin nadie en quien confiar—. ¡Ey! —exclamó abriendo desmesuradamente la boca y los ojos.

—¿Si?

Tragó saliva, se miró las manos, heridas en las palmas y en los nudillos y habló—; Gracias. Estoy segura que de no ser por ti, estaría —estaba a punto de seguir, pero un sollozó se lo impidió. Edward se acercó corriendo a ella y la abrazó por la cintura—…mierda, ni siquiera soy capaz de hablar —gimoteó apoyando la cabeza en el pecho del chico.

Él solo la abrazó con fuerza, sabía perfectamente que de no haber llegado a tiempo, su chica estaría muerta. Culpas propias o no, él había sido quien empujó la primera pieza del domino, esa que haría que todas las demás comenzaran a caer.

Comenzando por Jacob Black.

To be continued...


¿Les gustó?

¿Si?

¿Que pinta Jacob en todo esto? Vamos quien se atreve a resolver el misterio...¿hipotesis? ¿locuras?...da igual, me encanta leerlas =)

Hola chicas, he tardado mas de lo normal, pero ha sido por que me las he pasado organizando cosas y ya casi lo unico que escribo son tweets ¬¬' Aplicación del demonio!

como siempre digo "No hay nada mas antisocial, que las redes sociales" xD

De todos modos, extrañaba fanfiction y he decidido volver para quedarme por un buen rato. Ahora me voy a dormir y por la mañana cuelgo Take a Bow ¿quieren un adelantito del capi nuevo de Take a Bow? pues aqui les va...

—Cualquier idiota sabe quién era Maire Poppins —bufó sin dejar de sonreír.

Hijo de puta. Yo no era ninguna idiota.

—Yo no sabía —repliqué entrecerrando los ojos.

Ya ven? Una tipica conversacion entre ellos. Ese es el penultimo capitulo...es mas, estoy tratando de extenderlo lo que mas puedo, me da pena terminarlo =(

Les dejo muchos cariños, a quienes leyeron el prologo de Galerna, les aviso que estoy trabajando en el blog de mis historias propias, asi que apenas esté terminado subo el primer capitulo. Las quiero mucho a todas...gracias a quienes me saludaron por mi cumple, si tengo tiempito mañana respondo los reviews, por ahora soy un fiasco de persona...estoy por completo cansada y con dolor de cabeza, ya saben...resfrio primaveral y eso.

Las quiero mucho, cuidense, nos leemos y besos!

muá!