Disclaimer: Naruto es copyright de Masashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener.

Advertencias: AU, OoC, Lenguaje vulgar.

Rating: " M "

Numero de palabras:

El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece a Flor McCarty O' Shea quien muy amablemente me permitió la adaptación de su ficc. Muchas Gracias nena eres la mejor espero y te guste como quedo.

N/A:Hola, pues dirán, ¿Por qué hasta ahora actualiza? ¿Ya dejo botada la historia? La respuesta es no, si ustedes han leído las demás historias que tengo y estoy actualizando, se habrán dado cuenta que el motivo de mi atraso es debido a mi salud. Hace unas semanas atrás me dio una crisis asmática, que me dejo internada en el hospital. Bien de lo que se dice bien no estoy, pero se hace el intento.


OUTTAKE 2: Como Adolescentes

Sakura's POV

- No me gusta esto de dejar a los chicos con tu padre y tu madre, ¿no crees que son demasiados? – Finalmente hablé cuando estacionamos el coche en la entrada de la casa de mis suegros.

- Sakura, cálmate, no es la primera vez que cuidan de Daisuke, Akari, Nami y Konoe a la vez.

- ¡Pero ahora también deben cuidar a Keita y a Ian! – dije preocupada.

- Amor, recuerda cuando éramos pequeños…siempre éramos seis, sin contar las veces que venían mis primos, y ellos siempre se las han arreglado perfectamente. ¿Hubo alguna vez algún problema cuando tus padres se iban por viajes de negocios?

- ¡Pero no se iban a vacacionar una semana por San Valentín a la playa!

- Cielo…- Sasuke salió del coche y en un instante me abrió la puerta del copiloto. Me hizo pararme y me abrazó por la cintura. Una vez que me calmé un poco, me tomó del rostro y me miró a los ojos -…yo también voy a extrañarlos, amor. Pero necesitamos algo de tiempo para nosotros, ¿no lo crees?

- Sí, sí lo creo…sólo que es difícil – me separé un poco de él-. Daisuke tiene cuatro años, y Akari sólo dos, ¿comprendes? Nunca los dejamos solos tanto tiempo.

- Por supuesto que te comprendo. Pero ellos estarán genial, tus padres vendrán por lo menos tres veces en estos días que no estemos…además Cora está siempre ayudando a mi madre con los quehaceres, todo marchará más que bien.

- ¿Lo prometes? – dije resignada.

- Lo prometo – me tomó en brazos otra vez y me besó en los labios. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y una ola de calor me atravesó todo el cuerpo. Cada beso era nuevo para mí, y jamás me cansaría de aquello.

- Te amo – dije finalmente, respirando entrecortadamente.

- Tú eres mi vida – dijo acariciando mi mejilla. – Será mejor que despertemos a los niños o llorarán si no nos ven antes de irnos…

- ¿Se van? – una vocecita habló fuerte a nuestras espaldas. Nuestro hijo nos miraba con sus ojos esmeraldas de manera preocupada.

- Sólo serán unos días mi amor – caminé a su encuentro y lo alcé en brazos, sacando su cuerpito por la ventana abierta y aferrándolo al mío.

- No quiero que te vayas, mami – dijo haciendo puchero. Ese gesto me recordaba particularmente a su padre.

- Yo tampoco quiero irme – dije dulcemente, y en parte, era verdad – Pero papá y yo tenemos que hacerlo.

- De acuerdo –sonrió finalmente logrando que se formaran hoyuelos en su rostro -, pero vuelvan pronto.

- Lo haremos Daisuke– dijo Sasuke y nuestro hijo le extendió los brazos a su padre, que lo agarró sin siquiera pensarlo. Se abrazaron y justo en ese momento escuché el llanto de mi pequeña.

- Daisuke era el retrato vivo de su padre. Tenía el pelo azabache como él, y sus rasgos faciales, sólo que con mi color de ojos. A diferencia de mi hijito, los rasgos de Akari eran mezcla de los de ambos. Además, tenía los ojos negros y el cabello rosado, justo como yo. Sí, realmente ella era una muñeca. MI muñeca. Fui hasta el asiento de atrás y la saqué del asiento de seguridad para bebés. Busqué un juguete en el bolso que había preparado para mis hijos. Se lo di una vez que la tuve acunada en mis brazos.

- Mami, tengo hambre – dijo metiéndose el dedo en la boca mientras yo le limpiaba las lágrimas. Siempre se calmaba cuando yo hacía eso.

- Ahora buscaremos algo para comer en la casa de los abuelos, ¿sí? – asintió y le di un beso en su cabecita.

Sasuke bajó a Daisuke, que caminó hasta mí, y me tomó de la mano para subir las escalinatas de la mansión. Mi marido se encargaría de los bolsos para mis hijos. Toqué dos veces el timbre hasta que finalmente Hinata vino a abrirme con Nami de la mano. Hacía dos semanas nos habíamos enterado que nuevamente esperaba un bebé.

- ¡Al fin llegan! – gritó al verme y me abrazó.

- ¡Daisuke! – gritó Nami desde abajo nuestro. Mi hijo la abrazó y la tomó de la mano.

- Hola tía – dijeron a coros saludándonos respectivamente a ambas.

- Hola corazón – también lo hicimos al unísono y por eso nos reímos. Mi amiga y cuñada le besó la frente a Akari y finalmente la bajé para que fuera a jugar con su prima y su hermano a la sala.

- ¿Pudiste solucionar el asunto en la clínica? – dijo Hinata una vez que Sasuke se unió a nosotras. Ahora era el médico más respetado en todo Japón y tenía que arreglar las vacaciones con anticipación.

- Todo está en orden – sonrió mientras la saludaba-. Sakura también adelantó sus reportes para que los publiquen en regla. – Cierto, me olvidé de mencionarlo, ahora trabajaba como periodista en el diario local.

- Eso es genial. Itachi debe de estar por llegar.- Una bocina interrumpió nuestra conversación. Mi amiga nunca se equivocaba. Mi cuñado estacionó el Jeep justo al lado de nuestros autos. Quedarían aquí toda la semana, pues tomaríamos un taxi hasta el aeropuerto.

- ¿Cómo está la familia más sexy de todas? – gritó haciendo referencia a Sasuke y a mí

- ¿Cómo está el gordo más insoportable del mundo? – gritó Hinata sacándole la lengua a su hermano. Odiaba que Itachi la dejara afuera de las bromas.

- ¡Tíos! – la rubiecita de cinco años salió corriendo del asiento trasero con una Barbie en la mano y la mochila de Hannah Montana colgando de su espalda.

- Hola hermosa – Sasuke la recibió con sus brazos abiertos. Él era su tío preferido porque siempre la defendía de los chistes que su padre le hacía.

- ¿Están los chicos adentro? – preguntó saludándome con la mano.

- Sí, están Akari, Daisuke y Nami con los abuelos.

- ¡Sí! – pegó un saltito soltándose del agarre de mi marido y se metió en la casa.

- ¡Gracias a Dios una semana sin ser madre! – Ino festejó cuando se acercó a nosotros-. Era hora de salir de la agencia, hay un caso de asesinato y están todos como locos.

- ¿Quién te está reemplazando en el Restaurante, Itachi? – le pregunté una vez que salió del coche con las valijas.

- Sai se quedó a cargo. Es en quien más confío – dijo sonriente. El ahora era el chef principal de su local de comidas afrodisíacas. Su negocio había sido un completo éxito, y es por eso que ellos también vivían cerca de mi hogar. Mi amiga tenía su propio consultorio, mientras que Naruto, trabajaba en un museo de historia. Lo encontramos recostado en el sofá mirando la televisión con mis suegros.

- ¡Sakura, Ino! – saludaron los tres. Nos habíamos visto el día anterior, así que nadie estaba muy emocionado por ver al resto. Ahora sólo faltaba Keita con Naoko y Keita Jr. Y Souta con Koga y su pequeño hijito Ian de tres años. Estaba pensando en todos y cada uno de ellos, cuando el timbre sonó. Parece que habían llegado.

- ¡Hola a todos! - Keita llegó hasta nosotros saltando con su hijo colgado de su espalda. Todos reímos por su entrada. Jr. Bajó de él, corrió hasta el rincón donde estaban nuestros hijos, y chocó los cinco con Daisuke. Naoko entró hablando con Souta y Koga , que traían a Ian de tres años de edad, de la mano de ambos. Realmente admiraba a esa pareja. Pelearon mucho por llegar a donde ambos estaban. Hoy son realmente una familia y yo no podría estar más contenta por aquello, aunque a veces me estremezco al recordar que el joven de ojos azules había sido pareja de mi actual marido. Sabía que a él le ocurría lo mismo con Keita, pero por supuesto, eso había sido hace mucho y ahora nuestro amor era mucho más fuerte que cualquier pensamiento repentino.

- ¿Están todos listos? – dijo finalmente Koga.

- Por supuesto, querido – Bromeó Ino abrazándolo. Ellos se habían vuelto muy unidos otra vez. Habían sido grandes amigos en preparatoria y recompusieron su amistad cuando todas las parejas nos unimos.

- Deberíamos irnos ahora, porque sino terminaremos quedándonos – dijo Naruto mirando en dirección al grupo de niños que jugaba en el salón principal.

- Coincido contigo – asintió Souta, mirando a su hijo con nostalgia.

Itachi llamó tres taxis y estos finalmente llegaron diez minutos después. Saludamos a nuestros hijos efusivamente y Fugaku y Mikoto nos prometieron cuidarlos más o menos 55 veces.

Nos dividimos: Hinata, Aiko y yo fuimos en un coche con la mayoría de las valijas. La desventaja de ser pequeña: siempre te envían con los bolsos.

Keita, Souta y Koga fueron en otro coche y Sasuke, Naruto e Itachi en el último.

El viaje se hizo tedioso, sobre todo porque no compartía el carro con mi marido.

Llegamos al aeropuerto con media hora extra para poder prepararnos para el vuelo. Aquel lugar me traía muchísimos recuerdos, como cuando detuve a Sasuke para que no viaje a Italia, o cuando nos fuimos de Luna de Miel, o nuestro primer viaje a la Universidad…

Iba caminando de la mano con mi esposo por el pasillo principal, cuando un hombre nos detuvo con una sonrisa. Era calvo, de unos sesenta años, quizás más, y podría jurar que lo había visto antes.

- Disculpen – dijo algo avergonzado – Mi nombre es Ken Banner, ¿podría hacerles una pregunta sin molestarlos?

- Por supuesto – le dijo Sasuke, algo confundido.

- ¿Ustedes estuvieron aquí en el aeropuerto hará poco más de diez años?

- Ambos nos miramos y finalmente supimos que el hombre llevaba razón.

- Sí, ambos teníamos 18 años – dije sonriente.

- ¡Guau! ¡Y mi esposa creía que estaba loco! Estas si son casualidades…¿ustedes son los jovencitos de la escenita de amor que hubo aquí en Junio de hace diez años atrás? – me puse como un tomate y mi esposo explotó en carcajadas. Ahora lo reconocía: era el tipo de la maleta con la que me había tropezado unas diez veces aquella madrugada.

- Sí, creo que somos nosotros – Sasuke habló finalmente mientras pasaba sus manos por mi cintura y me besaba en la mejilla. El señor Banner nos sonrió.

- Ya lo creo que sí…no pasa algo parecido con frecuencia en este pueblo. Así que…terminaron juntos después de todo. Debo admitir que aquel día casi logran que se me piante un lagrimón. ¿Están casados?

- Sí señor, hace más de cuatro años – dijo Sasuke orgulloso.

- Los felicito…

- Y tenemos dos hijos – me apresuré a hablar.

- Es bueno saber que a pesar de la situación actual de esta sociedad, llena de infidelidades, desamores y sentimientos no correspondidos, algunos amores perduran – nos observó con gesto fraternal.

- Gracias, señor – Sasuke le sonrió tendiéndole la mano. El hombre calvo le devolvió el saludo con gusto.

- No hay de qué, jóvenes. Mi esposa me está esperando, aunque espero volver a cruzarlos algún día.

- Esperemos que sí – le sonreí.

- Sólo voy a darles un pequeño consejo, si me lo permiten. Cuando sientan que sus vidas comienzan a caer en la rutina, recuerden sus épocas de adolescencia, y verán que el amor durará hasta el fin de sus días. Adiós jóvenes, ojalá el destino vuelva a unirnos.

- Adiós – dijimos a coro mientras lo observamos alejarse. A medio camino lo esperaba su esposa que lo abrazó, para luego tomarlo de la mano y seguir su trayecto.

- ¿Crees que llegaremos a estar así algún día? – le pregunté a Sasuke volteándome para mirarlo a los ojos.

- No, no lo creo… – reposó su mentón sobre mi hombro-… estoy seguro.

- ¿Tan seguro cómo de que me amas?

- Absolutamente – giré mi cuerpo y le di un casto beso en los labios.

- ¡A ver si dejan un poco tanta cursilería y mueven sus culos, que estamos por abordar! – La Hinata mata pasiones caminó hacia nosotros con gesto furioso. Era una maldita loca embarazada, pero tuvimos que hacerle caso. Cinco minutos después nos encontrábamos sentados en el avión, que estaba a punto de despegar. Me tomé una pastilla para dormir y en seguida caí rendida en los brazos de Morfeo. Cuando desperté, noté que toda la tripulación dormía, incluso mis amigos. Miré mi reloj, eran las dos de la mañana. Había dormido cuatro horas, así que posiblemente estaríamos aterrizando en un poco más de una hora. De todas formas me urgía ir a hacer pis, así que me levanté con cuidado.
Abrí la puerta del pequeño cuartito e inesperadamente alguien me tapó la boca, me empujó dentro y volvió a cerrar nuevamente la puerta, esta vez con traba. Iba a gritar, pero una ola de alivio me invadió cuando vi quien era. Sin darme tiempo siquiera a hablar, el hombre misterioso estampó sus labios contra mi boca. Empecé a quemarme por dentro.

- Sasuke, ¿qué dem…? – intenté decir algo, pero otra vez sus besos me lo impidieron. Empezó a levantarme la sudadera de tirantes que llevaba, y acarició mis senos por encima del sostén. Gimió al notar que mis pezones estaban duros. Tenía que frenarlo si no quería terminar teniendo un polvo en pleno vuelo

- Sakura… - habló entrecortadamente, acercándose a besar mi oreja.

- Sasuke, tenemos que parar…

- ¿No oíste al señor Banner? Dijo que si nos aburríamos de la rutina, recordemos nuestras épocas de adolescentes… quiero hacer eso.

- No podemos tener sexo en el baño de un avión…

- En realidad, no eran esas mis intensiones… pensaba en algo mejor aún… Estuve pensándolo mientras dormías… y la verdad es que jamás tuvimos nuestros "juegos previos", si mal no recuerdo… nuestra relación empezó con sexo… - susurró, intentando no alzar la voz.

- Pero Sasuke, ese día si…

- Lo sé, pero también sé como funciona la vida sexual de los adolescentes. Primero, se besan, luego del beso, las caricias, luego los preliminares, y finalmente, el sexo.

- ¿Podrías hablar un poco más claro por favor?

- Masturbémonos, OUCH – le propiné un puñetazo en el hombro.

- Eres un maldito pervertido

- Ey, querías que fuera claro… vamos Sakura, por favor – comenzó a suplicar, haciendo puchero.

- Tienes las hormonas a flor de piel y le acabas de sacar toda la tensión sexual a la situación – bufé. – Además, luego voy a terminar pidiendo desesperada que me cojas… y realmente no quiero hacerlo aquí. En el hotel podrás hacer lo que quieras conmigo, pero no en este sucucho…

- Prometo que no voy a follarte – puso su mano en su corazón y me miró serio. No pude evitar reír y finalmente lo besé. Él continuó con lo que estaba haciendo, levantó mi falda de Jean y corrió mis bragas para meter dos dedos en mi intimidad. Quería aullar, pero no podía, así que mordí su hombro desesperada. Intenté con mis torpes manos desabrochar el botón de sus pantalones y lo conseguí. Logré correr sus bóxers y sacar su miembro para comenzar a masturbarlo.

- Sakura…- comenzó a susurrar con desesperación. Creí que había perdido toda la cordura, pero me di cuenta que había llegado al tope cundo comenzó a acariciar mi clítoris con su pulgar. No pude más, y exploté, pero sin dudas, necesitaba tenerlo adentro mío, y ya no me importaba si estaba en un avión, en un baño o donde mierda fuera. Quería sentirlo.

- Sasuke, quiero que me la metas – supliqué desesperada.

- ¿D-desde cuando hablas s-sucio, Sakuraa? – gimió. – Carajo – en ese momento el también explotó y terminó en mi mano. – T-te…dije, que no iba a follarte aquí. – Rápidamente se abrochó su pantalón y salió rezagante brincando por el pasillo. Yo acomodé mi ropa, me lave las manos y también salí, extremadamente malhumorada. No sé como los adolescentes podían aguantarse las ganas. Puta madre, maldito viejo calvo que le mete ideas en la cabeza a mi querido marido

Volví a mi asiento y noté que Sasuke estaba sentado, con los auriculares en los oídos, descansando. Ni siquiera me miró, así que no hace falta aclarar que bajé del avión con más mal humor de lo normal. Hinata también estaba histérica, realmente no sé como logré no mandarla a la mierda.

Íbamos las cinco parejas caminando por el aeropuerto con nuestras respectivas valijas. Yo caminaba a la par de Souta y Koga que me contaban acerca del comportamiento de Ian en el jardín de niños. Estábamos por salir ya por la puerta principal, cuando la voz de Sasuke nos detuvo.

- ¡Esperen un segundo! – todos nos acercamos a él, que estaba último en el grupo.

- ¿Qué ocurre Sasuke? – gritó Hinata de mal humor.

- Quiero hablar con todos – rápidamente nos pusimos todos en ronda y lo escuchamos atentamente.

- Te escuchamos – dijo Souta finalmente.

- Quiero que todos me prometan una cosa…

- Lo haremos, pero apresúrate – dijo Ino histérica. La única mujer tranquila allí era Aiko. Los chicos deberían estar envidiando a Keita.

- Júrenme que pasaremos una semana de escándalo. Que nos convertiremos en adolescentes desde hoy y por siete días. Recordemos viejas épocas, por favor, por algo el destino logró mantenernos juntos a lo largo de tantos años.

- ¡Lo juramos! – gritaron todos a coro con una sonrisa, ¿era yo la única acaso que se preocupaba por la responsabilidad? ¡Ya no soy una adolescente!

- ¿Y? ¿Qué dices Sakura? – Itachi me propinó un codazo que sólo me hizo cabrearme más.

- No puedo ser algo que ya no soy…. – hablé en vos baja para no mostrar mi furia

- Vamos Sakura… no seas tontita – Keita bromeó y le chocó los cinco a Itachi

- ¡Cierra el pico Chucho! – grité ya de una vez. Me habían hastiado, y no pensaba tapar más mi enojo.

- Amor…

- ¡Ni se te ocurra hablar! Mi mal humor se debe a lo caliente que me dejaste en el avión. – hice puchero y cruce los brazos por delante del pecho. Todos empezaron a reír, menos las chicas

- Eso no se hace, ¡estúpido! – dijo Hinata.

- Sasuke, eres un asno – Ino escupió las palabras

- No pensé que pudieses ser tan inmaduro… te quiero y eres mi amigo, pero con cosas así, me pones de los nervios – Akari le dijo a mi esposo. Era bueno saber que contaba con el apoyo incondicional de la menos busca pleitos del grupo. Sasuke soltó una carcajada repentina

- ¡Allí está! Sigues siendo una maldita pendeja – el muy hijo de puta me había ganado. Sabía lo que estaba haciendo, y al notar que no me uniría a su plan, logró ponerme histérica. A veces me conocía más que yo a mí misma.

- ¡Vamos Sakura! ¿Estás con nosotros? – dijo Naruto de forma serena, y no se por qué, no pude negarme. Podría jurar que jugaba con mis emociones.

- De acuerdo… - susurré.

- ¿Qué dijiste? – Koga sacó la lengua

- ¡DIJE QUE DE ACUERDO! – todos se tiraron a abrazarme, y aunque me costaba admitirlo, lograron sacarme una sonrisa. La gente nos miraba como si fuésemos locos, pero no me importaba.

Reservas cinco habitaciones en un hotel de cuatro estrellas y media, cerca de la playa de Koiko. Shutters era un lugar exquisito y fenomenal. Tenía gimnasio, piscina, y vaya a saber uno cuantas cosas más. No tenía intensión de recorrer el lugar a las tres de la mañana, así que simplemente me limité – al igual que el resto – a acercarme hasta recepción a buscar la llave de mi habitación y subir al quinto piso. Sasuke y yo dejamos a un lado de la puerta las maletas una vez que ingresa al cuarto 233. Nos quedamos admirando su decoración. Las paredes blancas creaban un paraíso, contrastadas con los tonos amarronados y dorados de la decoración, además del hermoso piso de madera rústica. Teníamos también toda la última tecnología, un baño gigantesco, y un hermoso balcón con vista a la playa. Tenía muchas intensiones de dormir como un perezoso, pero dos manos en mi cintura me hicieron dudar al instante.

- Me prometiste en el avión que cuando llegáramos al hotel podría hacerte todo lo que yo quisiera...

- Pues, deberías saber que estoy enojada, por lo tanto, todas mis promesas en el avión, se anulan – intenté sonar ruda.

- ¿Estás segura? – Una de sus manos comenzó a descender hasta mi intimidad. Por otra parte, comenzó a besar mi cuello. Ya estaba con ventaja

- S-sí – al demonio. Ya me había olvidado inclusive el motivo por el cual estaba enojada. Decidí bajar la guardia y lo notó al instante, porque me volteó para quedar cara a cara con él, y me besó desmedidamente. Me entregué a él una vez más.

Debo decir que hacía mucho que no pasaba la noche entera haciendo el amor con Sasuke. Eso no quitaba que aquello era una experiencia maravillosa, y que la repetiría a diario, a no ser porque tengo un trabajo que mantener, una casa que limpiar y dos hijos que alimentar. Al igual que Sasuke, sacando sólo el tema de la casa. Definitivamente él no servía para la limpieza, así que esa noche, 12 de febrero, o mejor dicho, la madrugada del 13 de febrero, iba directo a la lista de mis cien mejores noches con Sasuke – sí, tenía una lista secreta escondida debajo de la caja de zapatos de Dolce & Gabbana que Hinata me había regalado cuando me recibí, y que jamás usé, bueno, tal vez una, quizás dos veces. Primer premio a las estúpidas, lo sé-. Eran más o menos las doce del mediodía cuando finalmente logramos dormirnos.

Sentí unos golpes en la puerta. Al principio creí que estaba soñando pero luego sentí como Sasuke se levantaba de la cama. Instintivamente abrí los ojos y me encontré a Sasuke desnudo intentando ponerse unos bóxers a toda prisa. El reloj marcaba las cuatro de la tarde. Me levanté de mala gana y me puse el camisón de encaje que había llevado.

- Buenos días, preciosa – dijo Sasuke acercándose a mi y besándome tiernamente. Me inspeccionó de arriba a abajo, se mordió el labio, y finalmente decidió abrir la puerta. Ni siquiera lo había hecho completamente cuando una silueta gigantesca corrió a gran velocidad y se abalanzó sobre nuestra cama.

- ¡Fiesta en la playa! ¡Fiesta en la playa! ¡Vamos a emborracharnos!– gritó Itachi como un loco.

- Ya basta Itachi, ¡vas a romperla! – grité y en ese momento se abalanzó sobre mí. Ambos caímos al piso, y en ese instante comenzó a hacerme cosquillas. Con las pocas fuerzas que me quedaban, le propiné un puñetazo en la mandíbula, logrando que él aullara de dolor y Sasuke estallara en risas. - ¡Eres un maldito pendejo! – dije levantándome. Mi esposo me tomó de la mano y me ayudó a reincorporarme.

- ¿Dónde está su espíritu adolescente hermanitos? ¿No prometimos festejar acaso? ¿Volver a los viejos tiempos? ¡Pues eso haremos! En unas horas nos vamos a la playa, antes de que se ponga el Sol nos veremos en el Hall, ¿de acuerdo? ¡Sabía que dirían que sí! ¡Nos vemos prontito! – chilló de alegría y salió corriendo de la habitación como un marica.

- Jamás pensé que se tomaría tan en serio esto de recordar los viejos tiempos – mi marido se rascó la cabeza.

- Sasuke… -¿era una broma acaso? ¡A él la testosterona le desbordaba!

- Bien… yo también estoy tomándomelo muy a pecho, pero lo de mi hermano ya es demasiado… -admitió al fin.

- Es Itachi – dije resignada intentando acomodar las sábanas después de que el oso las haya desordenado por completo.

- Me imagino que igualmente iremos…

- Sí, por supuesto que sí – sonreí acercándome a Sasuke de forma provocativa. Puse ambas manos en su pecho desnudo y le hablé en el oído-. Ponte el bañador verde que tanto me gusta – besé el lóbulo de su oreja logrando que temblara debido a la sensación que le había provocado.

- Yo quiero verte con tu bikini de leopardo, gatita – ronroneó pegándome más a su cuerpo. Hacía años que no me decía así.

- Parece que Itachi no es el único con sobredosis de emoción… - rodé los ojos y ambos reímos.

- ¿Qué tienes ganas de hacer? – preguntó enarcando una ceja. Me abrazó más fuerte y aproveché para deslizar mi mano y tocar su pene, que comenzó a levantarse como por arte de magia.

- Creo… que deberíamos irnos a dormir un rato… tenemos apenas unas horas para descansar… anoche me dejaste destruida – hice gesto de cansada, y en ese momento, me tiré a dormir. Ahora estábamos empatados y lamento decir, que Sasuke se quedaría sin sexo por lo menos hasta el próximo día.

- Yo bajaré a nadar un rato y luego voy al gimnasio. Me dijeron que se puede practicar boxeo. Necesito golpear algo – bufó. Yo sólo asentí con la cabeza y volví a lo mío.

No mentí cuando dije que estaba exhausta. Prácticamente me desmayé al cerrar los ojos. Tres horas después me desperté y Sasuke no estaba ahí todavía. Ya se estaba haciendo tarde, así que me prepararía y luego me iría a buscarlo. Fui hasta el baño, me peiné, me limpié la cara, dejándola totalmente libre de maquillaje, me puse el Bikini que tanto quería Sasuke, y arriba de esta una sudadera negra ceñida al cuerpo y unos jeans. Finalmente preparé el bolso con el bañador de Sasuke, nuestros teléfonos, unas botellas de agua, y bajé a buscarlo.

No lo encontré en la piscina, así que supuse que estaría en el gimnasio y no me equivoqué. Estaba efectivamente en cueros, golpeando un saco de box con mucho ímpetu. El sudor le recorría el torso, haciéndolo lucir aún más sexy de lo que suele ser habitualmente. No quise molestarlo, así que me quedé a unos metros de él, mirándolo. Se dio cuenta que estaba allí una vez que terminó con sus ejercicios. Me dedicó una sonrisa torcida y yo corrí a sus brazos, pero él me sujetó por las muñecas para que no me acercara más a él.

- No te atrevas… estás demasiado hermosa como para ensuciarte…

- Sasuke, ni siquiera estoy maquillada, sólo quería ver si estabas listo para irnos.

- Eso es lo que te hace más hermosa…simplemente eres tú, sin maquillaje, sin nada. Te amo… - acarició mi mejilla con el guante, intentando no ensuciarme.

- Deja de decirme esas cosas si no quieres que me abalance sobre ti ahora. Y yo también te amo.

Subimos una vez más a la habitación, y decidí ir a buscar a los chicos a las habitaciones mientras Sasuke se daba un baño. Todos bajamos al hall, y finalmente se nos unió Sasuke más tarde luciendo un Jean rasgado, una camiseta gris y una gorra de béisbol blanca y roja. Llevaba su chaqueta de cuero preferida en una mano, y sus anteojos en la otra. Caminé directo hacia mí y me abrazó.

- Ahora sí – dijo sonriente mientras me besaba el cuello.

- ¡Vamos melosos! Los coches ya llegaron…- gritó Keita corriendo hasta la puerta. El hijo de puta se agarraría el mejor, así que corrí y logré pasarlo.

- ¡Yo quiero este! – grité señalando un convertible gris claro. Keita bufó y Sasuke comenzó a reír. Tenía sólo dos asientos, así que no pudimos llevar a nadie más. Itachi eligió el Jeep rojo y él Ino, Hinata y Naruto se montaron al instante. Souta, Koga, Aiko y Keita fueron en el otro convertible, que era más grande. La playa no estaba a más de tres kilómetros tomando la carretera. Me coloqué mis anteojos mientras mi esposo aceleraba.

Fuimos todo el trayecto bromeando entre nosotros, Itachi nos asustaba con semejante coche, Keita tocaba bocinazos como un loco y Koga saltaba en el asiento de atrás como un loco. Aiko bromeaba, simulando estar desesperada e intentaba tomar mi mano. Parecíamos niños de dos años con un juguete nuevo.

Llegamos a la playa justo cuando el Sol comenzaba a caer. Juntamos los coches y escogimos un lugar para pasar el rato, llevando con nosotros los cajones de cerveza que el borracho de Itachi se encargó de comprar. Ya estábamos todos algo alegres, cuando se nos ocurrió a Sasuke y a mí, bajar a la orilla. Fuimos todos directo hacia el mar, empapándonos. Jugábamos a tirarnos agua y a gritar como locos. Nunca habíamos sido tan pendejos, ni siquiera cuando teníamos quince años, pero tampoco nunca lo había pasado tan bien. Ino terminó en ropa interior, usando la camisa gigante de Itachi, Hinata había llevado una bikini y una bata para cubrirse al salir del agua al igual que Aiko, así que ninguna tuvo problema. Los hombres terminaron todos en cueros y con los jeans empapados, mientras que yo quedé con la parte de arriba de mi traje de baño, los jeans empapados y la campera de cuero de Sasuke.

- ¿QUIÉN QUIERE OTRA CERVEZA? – gritó Itachi mientras corría en dirección a los autos. Todos lo siguieron menos Sasuke y yo.

Ya se había hecho de noche, y aunque la borrachera le quitaba lo romántico, me sentía feliz y en paz por primera vez en casi 24 horas.

- Tengo un chiste que le escuché hoy a un niño en la piscina, mientras te buscaba – dije entre risas.

- Escúpelo...

Un padre llega del trabajo y le pregunta a su hijo… ¿Con qué juegas? Y el niño le responde, con lo que me sale de los Kinders… entonces el padre le pega y el va corriendo hacia su mamá y le dice…le dice… no, no era así, la cagué(1) – dije frustrada. Muy inteligente de tu parte, Sakura. Para mi sorpresa Sasuke explotó en carcajadas. Yo lo miré totalmente desconcertada.

- Eres tonta… pero me haces reír – me pegó más a su cuerpo, lo que dejó a mi espalda en roce con su pecho. – Y también me haces perder la cabeza – susurró mientras me besaba la oreja y me ponía la mano en su pene - ¿sientes lo que provocas en mí? …A veces ni siquiera puedo dormir pensando en tí– hacía que mi mano se moviera en círculos.

- ¡Sasuke!

- Escapémonos, ¡ahora! Tomemos el coche y hagamos algo solos.

- Quiero ir a un motel – dije sin siquiera pensarlo. Nunca había estado en uno... sólo en hoteles normales. ¿Para qué quería una habitación no muy agradable si podía follar en mi departamento universitario todo lo que yo quisiera?

- No me parece una escapada muy agradable…

- Pero… Sasuke, jamás estuve en uno – hice puchero.

- Yo tampoco, pero…

- Entonces llévame – me quejé. Me tomó fuertemente de la mano y corrimos al coche. Les avisamos a los chicos que no nos esperen. Todos chiflaron al ver que nos íbamos y sólo nos detuvimos en una estación de servicio para cargar gasolina y preguntar la dirección de un motel. Afortunadamente había uno a no más de cuatro cuadras. Pedimos un cuarto al tipo gordo de la recepción y finalmente llegamos a primer piso entre besos y caricias. Cerró la puerta y me empujó de espaldas a la cama, de un solo movimiento. Comenzó a quitarme la chaqueta mientras yo forcejeaba con su sudadera. Finalmente logré sacársela, dejando a la vista sus músculos bien definidos que parecían no haber sufrido el paso del tiempo. Empezó a besar mi vientre, para subir hasta mis pechos, mientras desabrochaba mi bikini dejando mis pechos al aire. Comenzó a lamer mis pezones de una forma hambrienta, desesperada, hormonal.

- Sasuke… gemía una y otra vez. Nuestro deseo mutuo me hacía perder la racionalidad y la cordura. Ya no sabía donde terminaba la Tierra y donde empezaba el Cielo. Esas sensaciones que me embargaron durante tantos años continuaban allí, latentes, desesperadas por salir una vez más con cada beso que sumaba a aquella lista infinita que solo aumentaba con el correr de los años. El deseo era el mismo, la pasión era exacta… el amor, aún más fuerte. Empecé a desabotonar mis pantalones mientras Sasuke hacía lo mismo con los suyos. Se arrodilló en la cama una vez que ambos nos despojamos de nuestros Jeans y yo aproveché para sentarme a horcajadas de él.

- Eres tan hermosa… - susurraba mientras besaba mi cuello y acariciaba mi piel, hambriento de ella, como queriendo llegar a lo más profundo de mi alma con cada roce. Hacía mucho que no estábamos tan detallistas y pasionales. Tomó mi cara entre sus manos luego de una larga sesión de besos, y volvió a recostarme en la cama, mientras quitaba mis bragas. Empezó a hacer círculos en mi clítoris con su pulgar, que, aunque me excitaba de sobremanera, necesitaba tenerlo adentro mío urgente. Rocé el elástico de su slip con la yema de mis dedos, y el comprendió mi señal al instante. Se levantó un poco para quitárselos, dejando frente a mí su erección expuesta.

- Te necesito adentro mío… urgente – rogué desesperada, y a diferencia de otras veces, el hizo lo que le pedí. Me penetró de una sola vez, haciendo que sintiera algo de dolor, que ni siquiera se comparaba con todo el placer que me inundaba en ese instante.

Comenzamos una danza frenética, casi incontrolable, nuestros cuerpos se movían de manera coordinada, pero de acuerdo a las necesidades de cada uno. Llegó un momento en el que me costaba reconocer donde empezaba uno y terminaba el otro. Deberíamos estar así, unidos, para siempre… él y yo, Sasuke dentro mío, logrando que el se sintiera en casa y yo en mi lugar, donde debería estar.

Supe que mi orgasmo estaba cerca…muy cerca, al igual que el de Sasuke. Ya comenzaba a notar su desesperación, y casi como si estuviésemos coordinados, explotamos sellando aquello con un beso apasionado, cargado de lujuria y de amor a la vez. No quería que aquella noche terminara jamás. Lentamente se separó de mí, aunque mi cuerpo y él suyo prácticamente rogaban para que no fuera así.

- Ya es más de medianoche… Feliz San Valentín – dijo besándome nuevamente.

- Te amo – dije con el semblante serio.

- Sé que lo haces… y yo jamás me cansaré de decirte que tu eres mi vida.

Nos sentamos en la cama mirándonos. Su rostro parecía pensativo… ¿qué estaría pasando por su cabecita? Finalmente rió, dejándome más tranquila, pero intrigada.

- ¿Qué ocurre? – dije uniéndome a sus risas, mientras me abrochaba el sostén.

- Quiero proponerte algo, pero creo que no aceptarás… - dijo tomando su chaqueta del borde de la cama, colocándola sobre mis hombros mientras se acercaba a abrazarme.

- Tienen una piscina bastante limpia para ser un motel de no mucha categoría…

- También tengo ganas de nadar si a eso te refieres…

- No, no quiero nadar… de hecho, nadie nada, no estaría mal…

- ¿Tú dices? – lo miré asustada - ¿Qué tal si el gordo ese…?

- No pasará nada amor, ¿qué dices? – batió sus pestañas y supe que no iba a negárselo.

- De acuerdo – suspiré. Me levanté y me puse mis bragas. Cuando estaba por tomar mi pantalón, Sasuke me detuvo. El lo agarró mientras se ponía los calzoncillos y me sostuvo cerca de él.

Cuando cuente hasta tres saldremos disimuladamente, pero rápido, escaleras abajo.

- ¡No voy a correr desnuda por el medio del motel!

- Vamos Sakura, si no lo hacemos así perderá la gracia…1

- No, no por favor – rogué cuando comenzó a abrir la puerta…

- 2… tomó mi mano, impienso que pudiera escapar.

- ¡Sasuke!

- ¡3! – jaló de mí y corrimos escaleras abajo. Era una situación bastante ridícula, pero de todas formas la adrenalina corría por mis venas. Sasuke se zambulló con cuidado en la piscina y yo le seguí. Finalmente me tomó de las caderas, y despojándome de mi ropa interior, me volvió a marcar como suya. Fue en ese momento, cuál era el sentimiento que me costaba describir: Estaba viviendo un sueño adolescente, ese que te lleva a perder el control y solamente dejarte llevar por tu corazón. Donde el amor es protagonista y la cordura se queda a un lado. Donde podemos darnos el gusto de ser un poco irresponsables, y que nadie nos juzgue por ello. SASUKE ERA MI SUEÑO ADOLESCENTE, y creo que yo también era el suyo.

Al despertar, el siguiente día, noté que era mucho más tarde lo que creía. Serían más o menos las dos de la tarde. Comencé a desesperarme por no haber tenido control del tiempo. Sasuke ya estaba con los ojos abiertos, y me notó preocupada.

- Sakura…

- ¡Los niños! –grité enloquecida. Rápidamente me acerqué a mi móvil para marcar el número de celular de mi suegro. Puse el altavoz y esperé a que atendieran.

- ¡Fugaku! – dije, suspirando aliviada. – Soy una idiota, perdón por no haber llamado anoche, es sólo que perdí la noción del tiempo, y salimos a la playa y ¡Oh Dios, soy tan estúpida!

- Sakura – me cortó – tranquilízate por favor, llevas menos de 48 horas lejos de tus hijos, necesitas un tiempo para ti, pequeña.

- Pero…

- Sakura, necesitas calmarte, pareces una adolescente - ¡No! ¿en serio? ¿Será tal vez porque tu hijo está hecho un pendejo? Pensé, pero preferí no decirlo.

- ¿Están los niños por ahí?

- Akari duerme, pero Daisuke está aquí jugando a las carreras con Keita y con Ian

- Pásamelo, estoy aquí con Sasuke…

- ¡Daisuke! – gritó Fugaku. - ¡Mamá y papá quieren hablarte!

- ¡Sí! - se escuchó un gritito y el corazón se me ablandó. – ¿Hola? – dijo finalmente

- Hola mi amor – hablé emocionada.

- ¡Mami! ¿Estás con papi?

- Aquí estoy, Dai – dijo mi marido con los ojos brillosos, utilizando su apodo.

- ¡Hola! ¿Cuándo vuelven, papi?

- El viernes estaremos de vuelta, hijo…

- Pffff… que alivio – dijo lanzando un largo suspiro.

- ¿Por qué amor? – pregunté.

- Porque tengo que pedirles un regalo muy importante que quiero que me traigan de allí.

- Todo lo que tu quieras

- ¡Quiero un hermanito! – Sasuke y yo nos miramos, helados. No creí que tendríamos que hablar del tema hermanitos después de Akari.

- Esto… Daisuke…no creo que eso sea posible – dijo Sasuke incómodo.

- ¿Por qué no? Dijiste que tenías el móvil de la cigüeña, que podrías llamarla cuando tu quieras… - fulminé a Sasuke con la mirada, totalmente desentendida de la situación.

- Tú le…

- Sh, luego hablaremos de eso – susurró.

- ¡Mami, papi! ¿Están ahí?

- Sí, hijo…

- No se preocupen si no pueden traerme el hermanito… aunque a Akari también le gustó la idea…

- Veremos que podemos hacer amor, no podemos prometer nada – dije, sabiendo que aquello sería imposible.

- De acuerdo… Kei mtae está llamando, ¡me toca correr a mí! Adiós Papis – colgó el teléfono de golpe, dejándonos a ambos estupefactos.

- Bien… - habló Sasuke finalmente – ¿quieres ir a almorzar?

- Créeme que sí quiero – dije con los ojos abiertos como platos. Ambos nos tomamos de la mano y bajamos, todavía pensando

El resto de la semana fue mágica, aunque nada comparada con el 13 y el 14 de febrero. Hicimos muchas cosas que nos recordaban a nuestras épocas de locura, y la dicha hubiese sido completa si hubiesen estado mis hijos con nosotros, pero finalmente después de la noche de la playa, supe que mi marido y yo necesitábamos tiempo para nosotros. Gracias a ese viaje, continué con mi rutina de forma feliz, sintiéndome plena…

… Hasta dos meses después, mientras miraba una película en casa. Estaba de malhumor, triste, y comiendo chocolate como si mi vida dependiera de ello. De golpe, y sin siquiera una alarma, lancé toda la comida de ese día. Sasuke se quedó mudo y me llevó al baño para que siguiera vomitando. No me había venido el período en dos meses exactamente, pero eso no me preocupó, porque mi período no era muy regular que digamos.

- Sakura, creo que deberías ir a hacerte un estudio, esto me está preocupando – Sasuke dijo, cansado.

- Ya se me pasará Sasuke, comí como un cerdo hoy… - el móvil sonó y Sasuke salió disparado a la cocina. – No puedo ahora Sora, mi mujer está con náuseas… pero… de acuerdo, enseguida voy – colgó el teléfono y se acercó a mi nuevamente. – Ya oíste… volveré tan pronto que no tendrás ni siquiera tiempo de extrañarme… y cuídate Sakura.

- Lo haré amor, no te preocupes – lo besé en la mejilla y lo dejé ir. En parte eso me reconfortaba porque odiaba cuando se ponía en el plan sobre protector.

Pasaron una o dos horas, y los vómitos ya se habían ido, y aunque no lo había admitido, estaba dudosa e insegura. Saqué el coche del garaje y aceleré hasta la droguería más cercana. Pedí un test de embarazo, fui al baño, y esperé ansiosa el resultado. La puerta de la entrada se abrió, anunciando la llegada de mi marido. No me importó y me preocupé por la prueba que acaba de armar. No saldría del baño sin aclarar esa duda.

Sasuke's POV

Me salió una urgencia en el hospital y tuve que irme a volandas, totalmente asustado por tener que dejar a mi esposa sola por tres horas. No se sentía bien, y por más médico que fuera, no me dejaba pedirme al ginecólogo que le haga un test. Si esto seguía así, debería hacerlo por la fuerza, o algo por el estilo. Odiaba que no me dejara protegerla.

Afortunadamente había mucho trabajo y el tiempo se pasó volando. Llegué a casa exhausto, pero feliz de poder ver a Sakura de nuevo.

No vino a recibirme como de costumbre a la entrada, así que la busqué por la casa. Los niños estaban en casa de Hinata, pero llegarían pronto.

- Sakura, ¿dónde estás?

- En el baño en el primer piso amor, ya salgo. – gritó en respuesta.

- Te esperaré en el cuarto. – fui hasta nuestra habitación y me recosté en la cama. Diez minutos después, oí la puerta del baño y los pasos de Sakura que se iban acercando cada vez más. Finalmente se plantó en el umbral, roja producto del llanto.

- Mira lo que lograron tus malditos juegos de adolescente – dijo y me tendió el Eva test. Dos líneas. Volví a mirarla, y la encontré llorando devuelta, con una sonrisa plagada en el rostro. No pude evitar sentir lo mismo. Corrió hasta la cama, abalanzándose sobre mí, y me besó.

- Te amo – me dijo mientras yo continuaba limpiándole sus lágrimas.

- Y yo a ti... – respondí, efusivo. – Amor…

- Dime – contestó rezagante.

- Creo que Daisuke estará feliz de saber que sí le trajimos su regalo – ambos explotamos en carcajadas, y justo en ese momento la bocina de Hinata nos anunció que nuestros hijos estaban en casa. Ahora seríamos cinco y jamás imaginamos que Kenshi traería tanta alegría a la casa.

A fin de cuenta, habernos comportado como pendejos dio sus frutos, tal vez deberíamos hacerlo más seguido.