"-¿Qué nos queda si nos despojamos de la personalidad que hemos construido con el tiempo? -pregunta Logroñesse

-La verdad de lo que somos. –responde Andrés"

Dialogo entre Logroñesse (Daniel Fanego) y Andrés Bilbao (Pablo Echarri) en "El Elegidio" (1)


La Luna brilla sobre un limpio cielo, y el viento se encuentra sereno, apenas meciendo los árboles ya sin flores. Sin embargo, aunque falta poco para el invierno, esa noche no hace frío.

En la parte más alejada del templo Tsukimine, el único templo en todo Tomoeda y alrededores dedicado a Tsukiyomi -diosa shinto de la Luna (2) - en la habitación contigua al estanque, la sacerdotisa enciende el fuego ceremonial dispuesta a comenzar con los ritos de meditación.

El humo del incienso y de los cigarros forman alegres figuras en el aire, como serpentinas en carnaval. Ella le da una pitada a una pipa con tabaco, pero inmediatamente tose; el humo tan directo sumado al día completo de ayuno le provocan nauseas así que inmediatamente se arrepiente de no haber intentado el ritual con tan sólo sus cigarrillos. Contiene sus impulsos de vomitar y tomando con sus manos un pequeño recipiente, bebe de ella agua del estanque del templo mezclada con pétalos de sakura.

"Oh, hermosa y pura Tsukuyomi, madre de este templo, escucha el pedido de una de tus hijas.

Por favor, déjame tener una visión más del futuro.

Mi hija Yukiko crece cada día más, y necesita mucho aún de mí, pero temo ser incapaz de protegerla.

Por favor déjame tener una visión más, una visión que pueda salvar el futuro de mi niña."

Mitsuki se levanta de su sitio en el rito y se dirige hacia el puente sobre el estanque. Aunque siente su vista nublada y el cuerpo pesado, llega hasta el final del puente. Ella se inclina sobre el agua, esperando que los rayos de luna iluminen algo más que su reflejo en el agua.

Pero la sacerdotisa no recibe otra respuesta más que el suave mecer de las ramas de cerezo ya sin hojas.


Ya siendo hora de la cena, el auto de Eriol ingresa al portal de la mansión. Como todas las noches, Akitsuki sale a su encuentro para cerrar el portón. Al bajarse le entrega una caja envuelta en papel rojo con un gran moño.

-Feliz cumpleaños, Nakuru. Este es mi regalo, perdona la demora.

La nana abre la caja; es un hermoso alhájelo en forma de mariposa, con espejo y caja musical.

-Muchas gracias, amo Eriol. Prometo usarlo siempre.

La mujer sonríe, pero ya no es la sonrisa alegre del día sino una sonrisa más parecida a la habitual en su señora Tomoyo. El rostro de Eriol adopta una expresión seria.

-¿Qué ocurre? ¿No te has divertido?

-Sí, si. Pero es que ocurrió algo...

No es mucho el tiempo que necesita la mujer con poder de luna para explicarle a su amo lo sucedido con Mamoru. Con lágrimas en sus ojos, cierra sus palabras.

-Y lo que más siento es todo el esfuerzo que puso mi pequeñito para ponerme feliz, y al final yo lo puse triste.

-Nakuru, aunque es duro, hiciste lo que es correcto.

-Lo sé amo Eriol. Pero es un niño… no creo que entienda.

-Pero por eso mismo se recuperará. No ocurre igual cuando se es adulto.

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Querido Diario:

Por primera vez tuve que mentirle a Mamoru, porque hoy le va a regalar sus galletitas a su nana Nakuru. Así que aunque me invitó a su fiesta de cumpleaños, le dije que iba a ir con el abuelito.

Sé que nunca va a leer este diario que escribí para él, pero no voy a ponerme triste, porque sino mi papá Touya y mi papá Yuki van a estar tristes si yo me pongo triste. Espero que todo haya salido bien, prometió que me llamaría para contarme pero no llamó todavía... estoy preocupada.

El príncipe todavía no ha aparecido... también estoy preocupada por él.

-Yuki, ¿todavía tienes tarea? Creí que ya habías terminado con todo... -pregunta su madre, mientras sostiene una batalla campal con un yakisoba (3) en la cual este último tiene todas las de ganar.

-No, estoy escribiendo mi diario.

La niña de la luna sonríe, aunque por dentro siente una gran melancolía. Sin embargo, observa a su madre y recuerda que ella no puede sentirse así.

Su teléfono celular suena al ritmo de una dulce melodía; es la música que identifica a su amigo Mamoru. Al atender se da cuenta que es él, pero al parecer está muy alterado porque su voz no suena clara, sino que da la impresión de haber llorado por largo rato.

-Yuki… me siento muy mal…

-¿Porqué Mamoru? ¿Estas enfermo?

-No… solamente estoy muy triste. Hablé con Nakuru, como te había dicho, y…

La niña de la Luna hace unos momentos de silencio, ya sabe que es lo que le dirá a continuación. Después de unos segundos, retoma la conversación.

-Mamoru… cálmate por favor, o te va a agarrar hipo si lloras. A mi me pasa siempre si lloro. Oye, ¿crees que si le dices a tu papá te traiga? Si vienes comeremos juntos, y me contarás mejor que pasó…

-No lo sé, todavía no ha llegado. Le preguntaré cuando venga… ¡Ojala estuvieras aquí Yuki!

-Pero lo estoy. Con mi corazón. No te angusties más, por favor… trata de decirme qué pasó…

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-Tomoyo, ¿Mamoru ya se fue?

Eriol sorprende a la mujer de los ojos amatista quien se despabila un poco de su letargo en el sofá y cayendo en situación contesta.

-Esta en su cuarto hace un rato.

-Pero… tenía que irse a lo de Yukiko. Ya es casi hora de la cena; seguro lo están esperando.

-Pero… no me ha dicho nada. –contesta la madre, sorprendida.

-A mi tampoco me ha dicho nada. –responde Nakuru que trae la ropa limpia.

-Pues que extraño, porque ya habían quedado del fin de semana en que iría a cenar hoy. Seguro lo olvido por completo…

Eriol intercambia una mirada que solo Spinel puede interpretar.

-Mamoru es un niño muy despistado… -comento el guardián.

-Quizás lo mejor sea que vaya ahora. Pero siendo de noche…

-Yo estoy preparando ya la cena… –señala Akitsuki -Pero…

-No se preocupen, lo llevaré yo en el auto y no demoraré mucho. ¿Tienes apuro por cenar?

-En verdad no tengo casi hambre. –contesta Tomoyo; su esposo ya sabe de antemano la respuesta, pero aun así finge sorpresa.

-Bueno, en ese caso haré que se cambie rápido y lo llevaré al templo.

El señor Hiragizawa sube las escaleras, hasta llegar al cuarto de su hijo. Luego de abrir la puerta, lo encuentra arrojado en la cama abrazando su almohada; ocultando las lágrimas.

-Mamoru; tienes que ir a cenar.

-No tengo hambre.

-Pero hijo, esta Yukiko en su casa esperándote… tienes que ir a verla ahora. Cámbiate para que nos vayamos.

-Papá, ¿cómo sabes que Yukiko me invitó a su casa?

-Bueno… digamos que no lo sabía exactamente. Mejor hablamos en el camino…

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Una cabeza asoma por la puerta de la cocina de la casa del templo Tsukimine.

-Hum... huelo el delicioso olor a quemado de la cocina de Kaho Mitsuki…

-¡Papá Touya!

-¿Cómo entraste? -pregunta Mitsuki toda sobresaltada, como si en vez de Kinomoto apareciera un fantasma.

-Dejaste la puerta abierta. Andas más distraída que de costumbre. ¿Acaso estás de novia? ¿Cómo es? ¿Alto, guapo, educado, te trae flores?

-Callado... no como otros. -dice mientras le sigue echando salsa de soja a los fideos...

Touya lanza una sonora carcajada toma su teléfono móvil marcando el teléfono de Tsukishiro.

-Eh, Yuki. ¿Aún sigues en el supermercado?

-Si, ya casi estoy saliendo, sólo me falta pagar.

-Pues tráete la comida para el templo. Kaho quemó la comida y Yuki tendrá hambre.

-De acuerdo, en un rato estaré por allí. –cuelga el teléfono.

Mitsuki se sienta en una banqueta, sosteniéndose la frente con las manos.

-Ay, Kaho, no te vas a poner mal por una comida quemada. Ni que fuera la primera...

Pero la sacerdotisa no le responde nada, tanto así que Yukiko deja de contestar sus mensajes de texto y se acerca a ella.

-¿Mami, estás bien?

-Me siento muy mareada... creo que el olor al aceite me cayó mal...

-Pequeña Yuki, dime, ¿tu mamá comió o hizo algo extraño el día de hoy?

-No… simplemente estuvo en el templo practicando sus rezos mientras yo dibujaba aquí en la cocina.

-Yo, yo… solamente hice los preparativos para meditar… -dice tratando de levantarse, pero sin lograrlo del todo. Afortunadamente Touya la toma de los hombros y evita así una caída segura. Luego tose un poco, soltando unas gotas de sangre.

-¡Mamá! -grita la niña asustada.

-Ok, se acabó. –Kinomoto apaga la hornalla con una mano mientras con la otra carga a la mujer. –Toma tu abrigo, Yukiko, nos vamos al médico.

-¡Pero le dije a Mamoru que podía venir! Acaba de avisarme que su papá lo va a traer.

-Pues tienes que cancelar, tu madre no se siente bien.

-No... no te preocupes Touya. Sólo estoy cansada y... -otra vez fallan sus intentos por pararse sola. -Déjalos que se vean, por favor...

-Por favor papá Touya, Mamoru necesita hablar conmigo...

-De acuerdo. Yukito vendrá pronto con la comida. Harás esto; no le abrirás a nadie salvo que sea él o Mamoru, ¿entendido? Cuando los dos lleguen nos esperan adentro. Todo queda cerrado, te quedas con las llaves.

-Ay, Touya no dramatices... este es la ciudad de "las ramas de la amistad"(4). No hay delincuentes esperando atacar los templos, por favor.

-Más vale que así sea... Voy a encender el auto, por favor Yuki, vigila a tu madre un momento.

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Un rato después de que Kimonoto y la sacerdotisa se van, Eriol y su hijo estacionan frente al templo. Deteniendo el motor, el hombre comienza a hablar:

-Mamoru; voy a decirte algo que espero recuerdes a lo largo de tu vida, porque es algo importante. ¿Me prestarás atención?

-Si, papá, claro.

-No es necesario sonreír si no quieres. Sonreír es una expresión de nuestros sentimientos; y no es bueno fingir sentimientos ni siquiera los buenos o para hacer felices a otros. Pero sonreír es bueno para el alma. Si lo haces a menudo, puedes darte el lujo de no hacerlo alguna vez pero ya mismo encontrarás algo que te hará hacerlo.

Todos tenemos buenos y malos momentos pero hacer un culto a la tristeza no es una buena forma de vivir. Mira a tu mamá; sumida en la pena no le permite ver lo que aún tiene.

-Pues no quiero sonreír ahora.

-Está bien, solo trata de mantenerte sereno. Anda, Yukiko te espera adentro.

Mamoru tomó su mochila del lado trasero del auto y abre la puerta. Su padre lo abraza con fuerza, antes de que se vaya. Luego de bajarse de auto, el niño voltea a ver a su Eriol:

-Papá. ¿Puedo preguntarte algo sin que te enojes?

-¿Cómo me voy a enojar contigo por una pregunta? ¿Qué es lo que te preocupa?

-¿Mamá y tú se van a divorciar?

La pregunta deja fuera de lugar por unos instantes a Hiragizawa; se ha cumplido uno de sus temores más grandes. Todo su esfuerzo (y el de Tomoyo también, es justo decirlo) para aparentar normalidad no ha dado ningún resultado. Porque una duda es una sombra en el corazón que tarde o temprano se convierte en oscuridad que vive y se agiganta en el alma humana, y finalmente termina devorándola. Por supuesto él no puede permitir algo así con su propio hijo. Instintivamente se acomoda los lentes y responde con otra pregunta:

-¿Por qué crees eso? ¿Tu mamá te dijo algo?

-No, no. Pero escuché de alguien que dijo que en un principio sus padres comenzaron a distanciarse, a no hacer cosas los dos juntos, y finalmente se divorciaron. Y nosotros... nunca estamos todos para comer juntos, mamá duerme mucho durante el día y tú no llegas hasta la noche, tampoco salimos todos juntos... antes hacíamos muchas fiestas y reuniones en casa, y ahora ya casi no viene nadie. Mamá está siempre triste, y tú también estás triste, aunque te esfuerces en ocultarlo. ¡Me dices que es malo esconder lo que sentimos, pero tú haces lo mismo! Yo no quiero que se divorcien... no quiero que nos separemos nunca. ¡Dime lo que tengo que hacer, de qué manera te puedo ayudar! Pero no quiero que cada uno esté por su lado.

-Nada hijo, no puedes ni te corresponde hacer nada. No es función de los niños resolver los problemas de los adultos. Siento mucho haberte causado toda esta angustia, pero te prometo que todo va a estar bien. No es mi idea el divorcio, ni tampoco tu madre lo mencionó jamás, créeme. A veces los padres tienen problemas, pero los problemas son parte de la vida... como los tienen tú, o Yukiko, tus compañeros del colegio o Nakuru. Pero todo problema tarde o temprano tiene solución. Estate tranquilo y ve a jugar con Yukiko, si necesitas algo, llamas.

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Mamoru se despide de su padre y toca la puerta de entrada, en eso sale su amiga que inmediatamente vuelve a cerrar con las llaves, como ordenó su papá. Sin necesidad de decir nada, ella lo abraza con fuerza mientras él se seca algunas lágrimas. Así callados caminan hasta llegar junto al estanque del templo. Los peces siguen jugando aunque es muy de noche y deberían estar dormidos, y algunas plantas aunque no tengan flores sueltan un ligero aroma a hierba.

Qing Liang Liang De Shui A Liu Guo Wo De Jia/
Na Shui Zhong De Yu Er Ni Shuo Yi Shuo Hua Ba
Shuo Yi Shuo Zhe Ji Jie Shi Zen Yang Bian Hua
Shuo Yi Shuo Zhe Mu Qin Shi Zen Yang Qian Gua
Shuo Yi Shuo Zhe Nv Er Shi Zen Yang Yi Tian Tian Zhang Da

(Un limpio río está fluyendo por mi casa.

Ah, peces en el río, por favor, digan algo.

Digan algo acerca de cómo las estaciones cambian.

Digan algo acerca de cómo la madre se preocupa por su hija.

Digan algo acerca de cómo la hija crece día a día)

-Mamoru, no sé que decirte. Ojala hubiera algo que pudiera hacer para que no estuvieras triste.

Dichas estas palabras la niña derrama una lágrima; el jovencito se sorprende por la reacción de Yukiko y se apena de verla en ese estado.

-¿Yuki, por que lloras? No me gusta verte llorar…

-Es que prometí que te protegería siempre; pero no sé como hacer para protegerte de que sufras. –responde tratando de aguantar el hipo. –Perdóname por decir mentiras, mentir está mal dice papá Touya pero…

-No, Yuki… claro que no. Demasiadas molestias te tomas por mí así que no necesitas cuidarme.

-Pero… a mi no me molesta. A mi me gusta cuidar de ti Mamoru…

Wo Zou Guo Yi Ge Chun Zai Jing Guo Yi Ge Xia
Wo De Ai Qing Zou Zai Xi Yang Di Xia
Cai Guo Yi Ge Qiu Zai Qin Guo Yi Ji Xue Hua
Zuo Yi Ge Meng Jiu Ke Yi Meng Dao Ta

Yo vivo a través de una primavera, después un verano.

Mi amor está caminando bajo el sol.

Me detengo en un otoño, y luego beso la nieve en invierno.

Tendré un sueño y lo encontraré.

Tian Shang De Yue Er Zhao Zhe Wo De Jia
Na Yue Zhong De Ren Er Qing Wang Yi Wang Ba
Wang Yi Wang Zhe Si Nian De Jin Tou Shi Shen Me
Wang Yi Wang Zhe Yuan Wang Wo He Shi Dao Da
Wang Yi Wang Zhe Meng Xiang You Duo Yuan
Tian Kong Jiu Jing You Duo Da

Luna en el cielo está brillando en mi casa.

Ah, chica de la luna, por favor, echa una mirada.

Para ver dónde está el final de anhelo.

Para ver que mi deseo se cumpla.

Para ver qué tan lejos está el sueño.

Qué tan grande es el cielo.

El jovencito estrecha en un abrazo a su amiga; algo calido de apodera del corazón de los dos. Incluso un momento tan penoso como este, se convierte en un hecho más feliz al poder compartirlo con su más preciada amiga.

-Al menos dentro de todo lo malo, por lo menos sé que mis papás no se van a divorciar, papá lo prometió. La verdad a mi no me hubiera gustado tener dos casas... Tú tienes muchas casas, pero en tu caso es divertido porque tus padres se quieren aunque no están casados.

-Si, además es divertido porque vivo cerca de muchos lugares. -la sonrisa de la niña desaparece. –Me da pena verte sufrir... pero al mismo tiempo no me parece tan malo lo que ha pasado. -Mamoru le expresa su desconcierto, la niña de la luna se sonroja levemente. -Aunque estés triste, existe la posibilidad de que en algún momento decidas querer a alguien más...

Unos mechones de cabello se corren hacia el rostro de la Yukiko, su amigo se los quita, acariciándola suavemente.

-Si, ahora no puedo pensar en eso, pero... la verdad me gustaría enamorarme de alguien de nuevo. Pero que esta vez esa persona también me quisiera.

Aunque los peces estén dormidos, unas luciérnagas rodean el estanque y flotan entre ambos. La Luna ilumina el rostro de la niña que sonríe dulcemente.

Wo Zou Guo Yi Ge Chun Zai Jing Guo Yi Ge Xia
Wo De Ai Qing Zou Zai Xi Yang Di Xia
Cai Guo Yi Ge Qiu Zai Qin Guo Yi Ji Xue Hua
Zuo Yi Ge Meng Jiu Ke Yi Meng Dao Ta

Yo vivo a través de una primavera, después un verano.

Mi amor está caminando bajo el sol.

Me detengo en un otoño, y luego beso la nieve en invierno.

Tendré un sueño y lo encontraré.

-Estaba recordando algo que una vez había dicho mi tía… ella decía que tenia una formula mágica para que las cosas se arreglaran. Pero no recuerdo como se hacia. ¡Ya sé! Mi papá me regaló algunas cosas de ella y me las traje aquí. Voy a buscar si encuentro algo que nos de una pista.

-Yuki, no es necesario que… -dice el niño tratando de retenerla, sin saber bien porque.

-Solo espera, si vuelve papá Yukito dile que estoy en el interior del templo.

El pequeño Mamoru se queda solo al lado del estanque. Mira las hojas moverse con el viento; un gran silencio ocupa todo el espacio. Algo en su pecho le indica que no todo esta bien; y no son sus sentimientos actuales. Su padre suele decirle que siempre confié en su instinto pase lo que pase, y la sensación de inseguridad se apodera rápidamente de él.

Un grito en la lejanía lo alerta; es la voz de su amiga. El muchacho trata de correr a ayudarla pero de repente es sujetado por la espalda por un hombre de fuertes brazos que le quitan toda movilidad.

Mamoru hace un esfuerzo para liberarse; o al menos tratar de alcanzar su rostro pero su captor es mucho mas fuerte, solo alcanza a ver que trae lentes antes de caer desmayado.

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Existe un punto que contiene todos los puntos del universo. Un punto donde la oscuridad se separa de la luz, y es tanta la luz que ningún ser vivo –humano, elemental, ángel o demonio- puede alcanzar a comprenderlo. Pero es el punto en que todos los grandes visionarios, los grandes profetas, los iluminados se sitúan alguna vez.

También, por supuesto; los grandes reyes de la magia.

Y no es que Kaho Mitsuki sea ninguno de ellos, pero la Luna ha escuchado sus ruegos.

Las escenas del pasado y el futuro giran sin ningún control en su cabeza. O más bien, es ella la gira dentro de todas esas imágenes sin saber cuál es el punto exacto en donde de situarse. Por un lado está Clow, escribiendo sus memorias en un libro del cual puede leer las hojas, pero no entender el significado de las palabras. Después una muchacha joven de cabello rubio casi rojizo y ojos como los de Yukiko le entrega una corona de flores a un joven de pelo oscuro y grandes pupilas color amatista. Después, un muchacho de oscuro cabello y lentes redondos le sirve sake a una dama que bebe una copa de sake, del cual percibe que el sabor es muy añejo. Después otro muchacho de cabello negro con uniforme de la secundaria de Tomoeda lleva su bicicleta por enfrente del templo Tsukimine, y se detiene al ver un espíritu en el árbol, y luego voltea a ver a la sacerdotiza, sorprendido. Después su maestro, el sensei Doumeki toca una campana dorada mientras da el incienso en el funeral del señor y la señora Mitsuki. Después ella, o mejor dicho en el lugar de quien sea que esté, se encuentra en brazos de un muchacho que bajo la lluvia implora ayuda para salvarla. Después unos espíritus negativos se acercan a una Tomoyo embarazada, haciendo que esta caiga al hielo. Después se ve a ella misma como Kaho Mitsuki, mucho más joven que lo que se sabe actualmente, hablándole a Sakura en la Torre de Tokio de su misión. Y finalmente es ella, la de hoy día, quien escucha las palabras de otra mujer de ropas lujosas, amplio vestido y una capa que cubre su cuerpo, como si se tratase de una reina. Aunque no llega a ver su rostro, su energía es de alguien muy poderoso.

-¿Cuál es tu pregunta? –pregunta la misteriosa mujer.

-¿Dónde estoy? ¿Estoy muerta? –Mitsuki responde con otras preguntas. En toda su vida como sacerdotisa de Tsukuyomi jamás había tenido una visión como esta, a lo sumo algún signo de la naturaleza o espíritu elemental manifestado, pero nada más.

-Estás ida, no muerta. ¿Eso responde tus dudas?

Y como estás ida, si no haces una pregunta pronto solamente seguirás viajando por las arenas de los tiempos sin un rumbo que marque el pasado, o que marque el presente, ningún punto de referencia.

-Yo solo… yo sólo quiero saber como salvar a mi hija. Le he dado todo este tiempo parte de mi poder para que pueda sobrevivir pero…

-Tu hija es tu hija, pero también es hija de la Luna. Sólo alguien con un enorme poder de Luna puede protegerla sin poner su propia vida en peligro.

-Pero…

-Haz otra pregunta, no hay mucho tiempo. ¿Quieres saber si tu hija estará bien?

-¡Si! Quiero saber… ¿estará bien? ¿Dónde puedo llevarla para que esté bien? ¿O con quien?

-Estará bien. Y la respuesta a tus otras preguntas puedes responderlas en el bosque… no lo olvides, en el bosque nacerán las preguntas, y nacerán las respuestas. Apresúrate, casi no hay tiempo…

Toda la luz se vuelve sombras. La voz de Kinomoto llamándola la hacen conciente de que se encuentra en la cama de un hospital, en la noche donde ella quemó los fideos.

-Mitsuki… ¿te encuentras…?

-¡Yukiko! ¿Yukiko está aquí?

-La dejé en el templo hasta que llegase…

-¡Llámalos, Touya, por favor! ¡Necesito hablar con Yukiko!

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Mamoru entreabre los ojos; en un principio le cuesta mucho adaptarse a la poca luz del ambiente. Ya no está en el templo, sino en lo que parece ser alguna parte del bosque camino a su casa. Sobre sí, el follaje de los árboles casi no permite ver la Luna, excepto por unos pocos rayos lunares. Trata de llevarse los brazos al cuerpo pero no puede; sus brazos al igual que sus pies se encuentran atados a un árbol con cadenas, pero no de hierro, sino cadenas de energía negativa.

Aterrorizado al sentirse cautivo, solo allí toma valor para observar al hombre que se encuentra a pocos pasos de él. Viste un largo sobretodo oscuro, azul o negro, no puede distinguirlo. Por su silueta delgada pero alta sabe con seguridad que se trata de un hombre, pero no puede observar ningún detalle de su rostro. Sólo los oscuros lentes en los cuales puede ver su propio reflejo, sin poder adivinar nada de la mirada de ese sombrío ser, más que su evidente intención de hacerle daño.

El miedo se apodera del pequeño Hiragizawa. Nunca ha sido muy fuerte ni tampoco muy valiente y sabe que no tiene una real oportunidad si tratara de enfrentarse a aquel ser. Quizás escapar, o ganar tiempo a ver si alguien por aquellos milagros alguien viene a buscarlo.

-¿Quién… quién es usted?

El misterioso hombre le responde, pero no con la voz, sino con sus propios pensamientos. Aún así el niño es capaz de comprenderle perfectamente.

-Es mejor que no lo sepas. Saberlo no cambiará tu destino.

-¿Qué… qué va a hacer conmigo, señor? ¿Por qué me trajo hasta aquí?

-Porque ha llegado el momento definitivo de acabar contigo.

El encapuchado saca una especie de espada o cetro, que Mamoru no logra distinguir pero sabe significa peligro.

-¡¿Qué!? ¡No, por favor, no me lastime! ¡Auxilio! ¡Papá, Mamá, ayúdenme! ¡Por favor!

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-¡Mamoru, Mamoru!

Tomoyo escucha la voz de su pequeño, e incorporándose de inmediato del sillón en donde dormitaba, se dirige hacia la ventana. Sin poder explicarse porqué, un escalofrío similar al que sintió cuando cayó en el hielo embarazada de su hijo la invade. En la lontananza, un poderoso brillo muy similar a un relámpago advierte de un extraño acontecimiento en el bosque.

-¡Nakuru! ¿Viste eso? Allí, entre los árboles. Primero oí gritar a Mamoru y luego algo destelló.

-No sólo brilla algo en el bosque, Tomoyo…

Akitsuki le hace señas a su señora para que rápidamente la acompañe hacia el despacho de Eriol. Ella se sorprende al ver Spy, no, a Spinel Sun que con un gesto le señala el escritorio.

-Empezó a emanar una luz hace unos instantes, pero no he podido abrir el cajón…

La señora busca rápidamente la llave del escritorio, y es mayúscula su sorpresa cuando al abrirlo se encuentra con el libro custodiado por el guardián Cerberos brillando con gran intensidad. Ella sólo puede murmurar:

-El libro de las Cartas Sakura…

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-Yuki, ya llegué del supermercado. ¿Me puedes ayudar con las bolsas? Traje pizza para todos…

Yukito entra el templo sorprendido de no ver luces ni oír ningún ruido más aún de encontrar la puerta abierta cuando se supone que se cierra todas las noches; es entonces que comienza a preocuparse. Suelta las bolsas de las compras al encontrar a su hija tirada en una de las habitaciones del templo.

-¡Pequeño copo! ¿Estás bien? ¡¿Qué pasó?!

Un poco confundida por el ataque; la niña responde:

-No lo sé… vine a buscar cosas de la tía Sakura y de repente alguien se apareció y me desmayé. No entiendo, no sentí nada extraño… ¿Y Mamoru? Lo dejé en el estanque del templo…

-No estaba cuando yo llegué… pensé que aún no había llegado.

-¡Entonces está en peligro! ¡Rápido, debemos ir y buscarlo!

-¿Pero donde?

El teléfono de Tsukishiro suena; es el número de Touya. Él atiende.

-¿Yuki está bien? Kaho tuvo una descompostura y la traje al hospital. Pero se despertó muy sobresaltada preguntando por la niña.

-Está conmigo, pero no encontramos a Mamoru. Temo que…

-Lo mismo que hace ocho años.

-¿Qué pasó? –pregunta una alarmada sacerdotisa.

-No encuentran a Mamoru. Alguien se lo llevó.

La sacerdotisa se incorpora de inmediato. Su mente ha relacionado hechos y encontrado respuestas.

-¡Diles que busquen en el bosque! ¡Por favor, no hay tiempo que perder!

Yukito corta la comunicación, luego se dirige hacia su hija y le dice:

-Pequeño copo… Alguien se llevó a Mamoru, y está en peligro. Soy el que está más cerca del bosque, si voy ahora tengo una oportunidad de alcanzarlo. Pero temo llevarte conmigo y ponerte en peligro. Sin embargo, nada me garantiza...

-No te preocupes papá, no seré una carga, lo prometo… ¡además quiero ayudar a Mamoru yo también!

-De acuerdo, vendrás conmigo. Pero no harás nada, sólo me esperarás.

-¡Si papá, vamos rápido!

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-¡Por favor! ¡Papá, Mamá! ¡Ayúdenme, por favor!

Mamoru sigue llorando, pero es inútil. Después de un rato de gritar por fin se cansa y sólo puede balbucear.

-¿Por qué quiere matarme? Yo no hice nada malo… lo juro

El niño se pregunta en su mente porqué si la intención de ese hombre es matarlo aún no lo ha hecho. El misterioso ser lee su pensamiento y responde:

-No estoy muy de acuerdo en lo último, pero ya que van a ser tus últimos momentos te lo diré. En esta época del año, la Luna tiene su mayor intensidad a la medianoche, por lo cual estando aquí mi magia alcanzará su punto más fuerte.

-¿Entonces… eres un mago? Mi papá me dijo que había personas en el mundo capaces de grandes poderes, pero yo nunca vi ninguno.

El hombre no responde a la pregunta, simplemente con su magia abre un círculo mágico y deposita allí la espada-cetro, la cual es iluminada por apenas un rayo lunar que es todo lo que se ve en el lugar. De pronto advierte que todo este tiempo ha estado sólo; la última vez que vio a Yukiko estaban en el templo.

-¡Espere! Hay algo que quiero preguntarle… Yukiko… ¿está bien? Es decir, no está aquí… No le haga nada por favor, ella es muy buena, no la lastime por favor…

-No tengo intenciones de hacerle daño. Si tanto te preocupa ella, créeme, está mejor sin ti.

El pequeño Mamoru se recuesta sobre el árbol donde está sujeto, cansado de tanto pelear contra su inminente destino y rogando porque alguien vaya a buscarlo.

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Eriol baja rápidamente del auto mientras guarda su teléfono celular después de haber hablado con Kinomoto. Corre con prisa hacia la casa en búsqueda de sus guardianes. Pero no necesita llamarlos porque ellos, en sus formas de Spinel-Sun y de Ruby Moon, salen a su encuentro acompañados de Tomoyo. Ella exclama al ver a su esposo:

-¡Mamoru, Mamoru está en peligro!

-Lo sé. Vine por ustedes dos. –haciéndole seña a los guardianes. –¡Están en el bosque, vamos! ¡Spinel, Ruby Moon, traigan el libro de Cartas Sakura y la llave de Clow!

Antes de que Eriol vuelva al auto, su esposa lo jala del brazo y con desesperación se arroja sobre él.

-¡Eriol, por favor no lo dejes morir! ¡Es mi hijo y es sólo un niño, no dejes que le pase nada! ¡Si el muriera me volvería loca del dolor! ¡Por lo que más quieras te ruego que lo salves! ¡Te prometo que nunca jamás te daré un problema, sólo sálvalo te lo suplico!

-Olvidas de que también es mi hijo, por supuesto que no dejaré que le pase nada, ¿o por quién me tomas?

-¡No, no, Eriol, no me mientas por favor! ¡Yo recuerdo bien que dijiste de que nadie puede intervenir sobre el shukumei (5) de ningún ser, pero Mamoru es sólo un niño! ¡Hoy sentí después de tantos años la fuerza de los espíritus negativos como sólo lo hice antes de que él naciera, y tengo mucho miedo!

Eriol se aparta de ella y se dirige al auto con su guardiana a su lado, pero su esposa se queda allí, incapaz de moverse. Tomoyo lo mira, de una manera que posiblemente nunca antes lo había mirado. O si, recordaba sólo una vez haberla visto así: el día de la muerte de Sakura. Desde la muerte de la CardCaptor el diálogo entre ellos se había quebrado, pues todo lo que Tomoyo tenía para decirle a su esposo eran acusaciones de no haber hecho nada por evitar ese accidente, y en cada una de ellas él sólo respondía que la muerte es parte del hitsuzen de cada ser vivo. Y si este se mostraba de modo fatal, es decir un shukumei, para alguien, nada ni nadie puede ni debe hacer algo para evitarlo, sepa de él o no.

Pero hasta ese momento nunca se le había hecho tan clara la desesperación de saber que un ser querido será consumido por la fatalidad. Y entonces es realmente allí que comprende todos los sentimientos de Tomoyo desde ese entonces, reflejados en el temor de que ocurriese algo así nuevamente, pero con Mamoru.

La dama se desploma por la fuerza de la desesperación. Eriol Se vuelve sobre sus pasos, y con ternura apoya sus manos sobre los hombros de ella y le dice:

-Tomoyo, alguna vez creíste en mi, ¿verdad? Bueno, necesito que creas en mí una vez más. La casa es un punto de confluencia de magia de alto nivel, pero toda esa magia responde al dueño de la casa. Todo lo que entra o sale de allí entra por que yo lo permito. Así que ningún daño puede tocar a nadie que esté dentro, si yo no lo deseo. Pues mira, yo no deseo para ti nada que te haga daño. Necesito que te quedes adentro hasta que nosotros volvamos. Así como la casa es segura, el bosque es muy propenso a los espíritus negativos que trataron de matar a nuestro hijo cuando aún no nacía, y de bebé también. Si vienes conmigo, no podría garantizar tu bienestar. Pero si te quedas, te prometo que volveré con Mamoru sano y salvo. Sólo no salgas bajo ninguna circunstancia, así podré buscarlo sin una doble preocupación. Y estate tranquila, porque nada malo le va a pasar. Te lo juro.

-De acuerdo Eriol. No me moveré de esta casa, te lo prometo.

Después de que el auto de su esposo deje una estela a su paso, Tomoyo corre hacia la casa y traba todas las puertas, y desde una ventana no deja de aguardar el pronto regreso de su familia.

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A toda velocidad pero también con cuidado Yukito y su hija atraviesan el bosque. Al llegar a la parte más profunda de la arbolada, se encuentran con el encapuchado misterioso, el cual está preparando su espada a punto de ajusticiar al pequeño Mamoru.

-No intervengas, si no puedo hacer nada, huye y espera la ayuda. –le dice en un susurro a la niña.

-Si papá Yuki.

Tsukishiro se acerca de espaldas al encapuchado y de un certero movimiento lo derriba. El arma del misterioso hombre cae a un costado. Los dos se trenzan en una pelea cuerpo a cuerpo, rodando por el suelo. El hombre del cabello ceniza hace un gran esfuerzo para repeler los golpes de su atacante, pero este no sólo tiene fuerza sino un entrenamiento de pelea superior a él; claramente está perdiendo.

-¡Papá! –rompiendo su palabra la niña sale de su escondite.

-¡No te acerques, maldición! –exclama el atacante.

Con un movimiento de manos el mago crea un vendaval que termina derribando a la niña a unos pocos metros. Su padre hace un esfuerzo por incorporarse, pero no lo consigue.

-¡Haz algo Yue, va a matarlos! ¡Es tu hija, maldición!

Yukito se desmaya, pero aún así no consigue que su personalidad de Yue logre tomar su lugar. El pequeño aún está atado; pero al ver a su amiga pelear aumentan sus deseos de defenderse.

-¡Dijiste que no le harías daño! ¡No te permitiré que la lastimes!

-¡Tu no puedes hacer nada! ¡Lo único que puedes hacer bien es morir aquí mismo!

La terrible energía del mago oscuro no le permite moverse ni siquiera un poco, un ejército de seres negativos lo mantiene prisionero.

-¡No! ¡Yo te protegeré Mamoru! –exclama la niña.

El terrible ser alza su arma contra el niño dispuesto a rematarlo. Inesperadamente, Yukiko se incorpora corre hacia su amigo con desesperación, interponiéndose entre este y su atacante

Antes de que la espada llegue al corazón de Mamoru, una luz dorada envuelve el cuerpo de la niña completamente. Eriol y sus guardianes logran llegar hasta el lugar de la pelea, sólo para asistir a la transformación de la muchacha.

El cuerpo de Yukiko comienza a cambiar, sus ojos color celeste se vuelven grises como la Luna. El cabello se vuelve más largo y de su espalda comienzan a salir unas pequeñas alas, al tiempo que no deja de brillar.

La reencarnación de Clow Reed deja caer el libro de las Cartas Sakura, que también vuelve a brillar como hace un rato.

-Es… es la hija de la Luna… el origen de la guardiana con poder de Luna… -es lo único que logra murmurar el líder de los espíritus negativos, los cuales se debilitan rápidamente, logrando que el niño pueda liberarse.

La metamorfosis de la muchacha no dura mucho, después de unos instantes de manifestarse en todo su poder cae desmayada y su aspecto vuelve a la normalidad. Mamoru corre hacia ella y solo atina a abrazarla.

Es ese instante de descuido el que Ruby Moon y Spinel Sun aprovechan para contraatacar al misterioso agresor.

La guardiana con poder de Luna arroja sus cristales hacia él, mientras que la pantera alada escupe bocanadas de fuego, mientras van a su encuentro. Sin embargo el encapuchado es muy ágil, y con gran habilidad logra esquivar los ataques, excepto un solo cristal que da en su brazo izquierdo. Finalmente recupera su espada y trata de volver a su objetivo de ajusticiar al niño, pero en el camino se le interpone Eriol. Recogiendo con su magia el libro de Cartas Sakura, cierra el paso de su atacante con su llave, transformada ya en báculo.

-Odio interrumpir su misión, pero me parece que usted y yo no es la primera vez que nos vemos. O mejor dicho, que usted me ve a mí, porque yo presiento que es usted el causante de tantos ataques a lo largo de estos años… y ahora por fin voy a poder ver quien es usted.

Eriol apunta el báculo y con su poder despeja toda la arboleda que los cubre, haciendo que entre el poder de la Luna llena, iluminando la escena por completo. El encapuchado hace un rápido movimiento por ocultar su rostro y no ser visto.

-Hum… su poder no es tan grande bajo el efecto de la Luna directo. ¿O quizás tanto teme que veamos su rostro? Ahora, no lo dejaré marcharse sin antes decirme porque está tan decidido en acabar con la vida de mi esposa y de mi hijo…

-Es cierto… tiene razón. ¿Por qué perder tiempo aquí, cuando podría acabar contigo, Eriol Hiragizawa?

El arma del atacante se dirige en contra de Hiragizawa, al tiempo que él se prepara para contraatacarlo con el báculo, pero algo los interrumpe.

-¡No, no! –la voz de Mamoru se quiebra en llanto. -¡No le haga daño a mi papá ni a mi mamá! ¡Si quiere lléveme a mi, pero no los lastime a ellos, ni a Yukiko, los quiero demasiado para perderlos!

El misterioso atacante ajusta sus lentes oscuros y mostrando una sonrisa, tal vez malvada, tal vez socarrona contesta por primera vez con su voz.

-Claro que no. Si lo matara frente a tus ojos, lo convertiría en un mártir que se sacrificó por su familia… y tú seguramente vivirías con ese recuerdo, añorando e idolatrando a tu padre. Quizás aún así no pueda evitarlo, pero créeme, él no es quien dice ser. –apuntando su arma hacia Mamoru exclama. –Esta vez te has salvado gracias a la Hija de la Luna, a ella le debes tu vida de ahora en más. Que no se te olvide cuando llegue el momento oportuno. Eriol Hiragizawa, tal vez crees que no existe nadie que tenga el poder de destruirte, pero yo puedo asegurarte que sí… dejaremos esta contienda para otra ocasión donde realmente haya menos público.

Y si no podemos volver a enfrentarnos… recuerda algo: únicamente la reina tiene el suficiente poder como para poner en jaque al rey. ¡Espíritus errantes, vengan conmigo!

Con un rápido movimiento de sus manos, el hombre abre un hueco en el espacio y desaparece a través de él, llevándose a todos los espíritus negativos. La calma de la noche vuelve al bosque en instantes.

-Amo Eriol… -Spinel se acerca a su amo. -¿Qué fue lo que ese hombre quiso decirle?

-No lo sé… en este momento realmente no lo sé. Espero poder comprenderlo antes de que sea demasiado tarde…

Eriol se acerca a Tsukishiro, quien de a poco recobra la conciencia. Ruby Moon hace lo propio acerca a los niños.

-¿Están bien, pequeños?

-Si… Yukiko está dormida, pero creo no está herida. ¿Y tú?

-Yo estoy bien. Soy una chica fuerte. –le sonríe.

Mamoru está muy sorprendido por los poderes y sobre todo el aspecto de su dulce nana. Nunca se había imaginado que podía tener el cabello fucsia, ni alas de mariposa. Tampoco que su mascota Spy fuera una terrible y feroz pantera.

-Estas son…

-Nuestras formas mágicas, Mamoru. Es de lo que hoy te hablaba… Ya es tarde y han pasado por mucho, tienen que descansar.

-¿Y Yukiko? ¿Por qué a ella también comenzaron a salirle alas? ¿Es un ser de magia?

-No, muchacho. –responde Tsukishiro levantándose del suelo. –Ella es una niña como tú, una humana con poderes mágicos de Luna, pero… no como tu nana.

-¿Y hay más personas como ella?

-No hijo. –responde su padre. –Ella es una existencia única, sólo hay un ser como ella en todo el universo.

-¿Y por qué le pasó esto?

-Pues… yo creo que reaccionó en base a la magia de la Luna, eso es todo, pequeño Mamoru. Ven hijo, vamos a casa, tu madre estaba muy preocupada por ti y debes descansar.

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Después de todo lo sucedido, Tsukishiro logra recuperarse lo suficiente como para llevar a su hija a la casa, donde ya se encuentran Touya y una recuperada Kaho, quienes corren a abrazarla, pues ella aún duerme.

Hiragizawa y los guardianes hacen lo propio, volviendo a la mansión de Tomoeda. Eriol se lleva al niño al cuarto y luego de dejarlo en su cama, se queda junto a él, hasta que se asegura que ha caído profundamente dormido. Corre un poco las cortinas para que la luz lunar lo ilumine si es que se llega a despertar pero eso no parece posible. El reloj del salón toca la hora: están por ser las tres. Luego de dejar a Mamoru descansar pasa por su cuarto, para buscar una frazada antes de irse a su estudio. Seguramente no podría dormir, más con todo lo ocurrido pero al menos trataría de buscar en sus viejos libros de magia algunas respuestas, alguna clave a tantos misterios. El viejo libro de magia de Clow ya no le sirve más; todos los hechizos importantes están escritos en lenguaje mágico y él ya ha olvidado como leerlos. De su antigua vida casi no le quedan recuerdos ni poderes. Tampoco que le hubiera interesado tenerlos, pero si la vida de su familia está en juego él es capaz de todo, Dios sabe que sí. Porque por ellos, pasaría por encima de cualquier impedimento. Así que lo que no sepa, tendrá que volver a aprenderlo.

-Es tu cuarto, no necesitas entrar como un ladrón en puntillas de pie.

El sonido de la voz de Tomoyo resuena con eco en la habitación. Su esposo se ajusta los lentes, para intentar disimular el susto que había logrado darle, muy a su pesar.

-No quise despertarte, ya estaba por irme, sólo vine por…

-No necesitas irte. Es tu cuarto, ya te dije. –le responde ella sin siquiera moverse del ovillo que ha hecho con las sábanas en su lado del lecho. –Hace mucho frío, y necesitas dormir.

-Si, pero tu también necesitas dormir. Y si rehúyes de mi presencia en el día, no voy a venir a imponértela durante la noche. Si ya no me quieres, o al menos no me quieres a tu lado, entonces…

Eriol se muerde los labios; no eran esas las palabras que quería decir, pero fueron las que pronunció. No había ido allí para torturar a su mujer, ella había tenido una noche tan terrible como la suya, y en un segundo arruinó todo.

Tomoyo Hiragizawa se da vuelta, quedando su mirada fija en la de su marido, que tiene los ojos enfocados en algún punto en el piso, sentado en el borde de la cama. Ella sigue hablando, casi como un susurro:

-El problema no es que no te quiera, el problema es que sí te quiero pero al mismo tiempo no puedo perdonarte. Y esa contradicción de sentimientos lucha en mí desde entonces…

No puedo estar contigo de esa manera, y al mismo tiempo no puedo estar sin ti. Porque para bien o para mal, nos prometimos estar juntos por siempre. A veces fantaseo con la idea de que cruzas esa puerta y ya decides no volver... Y cuando caigo en la cuenta de que sería para siempre, no me siento bien con ese pensamiento. Y empiezo a preguntarme que haría mi hijo, creciendo sin padre, que harían Nakuru y Spinel, quedarían desamparados como dos seres sin la magia de su amo. Y me pregunto qué haría yo sin el hombre al que até mi destino, y me da muchísimo miedo... Entonces vuelves, y ese temor se disipa. Pero te veo y no me siento reconfortada tampoco...

-Yo no puedo hacer nada por ti, Tomoyo. Ojala pudiera hacer algo…

-Pero no puedes… o no quieres… seguro que hay mucho que sí puedes hacer pero te niegas. ¿O no eres Eriol Hiragizawa, la reencarnación de Clow Reed, el maldito mago más poderoso del mundo? ¿El que podía cambiar el curso del río, o la velocidad del viento con tan solo uno de sus hechizos? ¿Qué podía dominar dimensiones enteras a su antojo?

-Bien lo dices, "la reencarnación de"…

-¡Con sus pode...!

Tomoyo baja repentinamente el tono de voz; no está expresando el punto de vista al que quiere llegar. Eriol se recuesta del otro lado de la cama, aún con la reciente agresión de ella no piensa responderla de esa forma; al menos había gritado, al menos había mostrado que estaba viva. Agotado, se corre el pelo de la frente y se quita los lentes, para continuar él con la conversación.

-Clow Reed murió hace mucho tiempo. Yo soy Eriol Hiragizawa alguien que decidió vivir una vida como la de cualquier ser humano común. Una vida que tú con tu presencia, tu afecto, tu entrega, tú misma creaste. Si Eriol Hiragizawa existe como tal es porque tú moldeaste este ser, que resulté ser yo. Es verdad, yo podría ser de otra manera, podría ser de mil maneras pero si soy de esta es porque soy el resultado de las innumerables elecciones que hemos hecho juntos. Y no me importa cuanto tuve que dejar, o cuantas reglas humanas, sagradas o lo que fuesen tuviera que romper para estar contigo. Yo soy Eriol Hiragizawa, y tu Tomoyo Hiragizawa, mi esposa. Uno sin el otro, no tienen sentido. Yo comprendo porque te sientes como te sientes; y la razón es que si yo te faltase, la que eres tú en este momento, no tendría ninguna razón para vivir esta vida. Es verdad, cada uno por su lado, si, existiríamos. Pero no seriamos nosotros, seriamos otros cuya única similitud serían nuestros rostros y nuestros nombres. Y tampoco existiría nuestro hijo, al que tanto amas… porque al menos a él si lo amas, ¿verdad?

-Claro que si, es lo mejor de mi misma, mi vida entera…

Eriol suspira: ya sabe esa respuesta, mejor dicho esa parte de la respuesta, ella misma la había contestado esa noche horas atrás implorando por su hijo.

-Me alivia oír eso, en serio. Tú me culpas, de no retener mis poderes, de no poder ya ver el futuro. Crees que con ello hubiera podido salvar a Sakura de caerse por aquel barranco. Pero no Tomoyo, incluso si hubiera podido verlo… posiblemente nada hubiera cambiado el resultado, sólo tendría un peso más de los que ya cargo sobre mi pesado corazón. Eso en el caso que realmente me correspondiera hacer algo, porque el destino por algo es destino. Sé que esta respuesta no te convence, que esperabas que yo hiciera alguna clase de milagro, y que rompí tu ilusión de que mi poder podría arreglarlo todo siempre. Pero no, nunca fue así. No puedes culparme por ello, porque nunca te mentí. Y si me lo preguntas, a mi tampoco me agrada la situación de tener una esposa enamorada de la muerte. Pero no te culpo, hago un esfuerzo por entenderte aunque a veces sé que no es muy bueno y me comporto de modo seco y autoritario. Y si de algo sirve, aunque no sea un mago poderoso como incluso en esta misma vida lo fui alguna vez, sí haría cualquier cosa a mi alcance para preservar la felicidad de mi hijo y de mi esposa, porque son mi razón de ser.

Te dejaré dormir, como dije, no voy a imponerte mi presencia.

Eriol está por marcharse, pero Tomoyo lo jala del brazo.

-No necesitas mudarte a otra habitación. Este es tu cuarto y siempre lo será, así como siempre serás mi esposo. No es que no quiera entenderte, quizás algún día lo logre, pero por el momento no puedo. Así, que si tienes paciencia de esperar por ese momento, ocupa tu lado del lecho y no traspases el mío, y estaremos bien. Como decían las abuelas de antes, sea lo que sea que tengamos que resolver lo resolveremos juntos. Porque por separado nunca sobreviviríamos.

Sin agregar más palabras, Tomoyo vuelve a hacerse un ovillo entre las sábanas para quedarse profundamente dormida. Y a no más de unos quince centímetros de diferencia, Eriol se tapa con la frazada mientras hace un esfuerzo por dejar su mente en blanco. "Quince centímetros… quince centímetros de distancia, quince centímetros de proximidad entre nosotros, querida Tomoyo".


1- La cita que da inicio al capítulo es un diálogo aparecido en la telenovela argentina "El elegido" que dio vueltas por mi cabeza durante años… ¡esa novela tenía verdaderas frases literarias!

2- El templo Tsukimine es un templo Sintoísta (o sea Shinto), en la vida real los templos sintoístas son dedicados a algún dios en particular, yo creo que por su nombre y los poderes de Kaho debe ser a Tsukuyomi (Diosa de la Luna) Y si no saben quien es Tsukuyomi empiecen a leer Tsubasa Reservoir Chonicles.

3- Yakisoba: fideos finos fritos.

4- Es lo que significan los kanjis de "Tomo-eda", "ramas de la amistad"

5- Shukumei: palabra del japonés que se traduce como "destino" pero distinto a "unmei" (también destino en castellano) pues mientra el primero es aquello que no se puede modificar, el segundo no. Es una palabra usada en el budismo, según mi diccionario de japonés, aparentemente asociada a la fatalidad y ese es el significado que le doy aquí, el de un destino final. La escuché una vez en una canción y me quedó muy grabada… obviamente se distingue del "hitsuzen", lo inevitable, término que ya creo todos conocen.


Septiembre de 2012

Señoras y señores, después de tanto tiempo hemos llegado al final de esta historia tan extraña (confieso yo) ya que pretendía ser la historia que de fundamento a los únicos dos personajes que son de mi autoría (o sea Mamoru y Yukiko), escrita originalmente como premio para Tilja en el concurso de preguntas de Para no olvidar pero que finalmente se convirtió en una historia más concreta, con tema principal en los niños pero también en la vida de sus padres después de la trágica muerte de Sakura y su familia. Además tiene de peculiar que es la primera vez que el foco no está puesto en Tomoyo como personaje principal, ya que ella ha sido la protagonista de toda una saga de historias (seriadas o one-short) que arranca con la "Vieja Infancia" -unos viejos drabbles que escribí para un concurso pero ayudaron a dar los esbozos a todo lo que vendría después- y por ahora culmina en "Para no olvidar". Tengo ideas para una continuación, pero con una fecha de salida no muy definida (sinceramente después de casi tres años recién ahora la historia comienza a suscitar algún interés, y debo trabajar muchas otras novelas pendientes además de en mi tesis) y tampoco sé si la escribiré, el tiempo dirá.

Recuerden que pueden encontrar el OST de este fic en mi canal youtube, como así también para descargar las canciones, en mi blog Making the fics, en mi perfil encontrarán la dirección o sino búsquenlo por Internet con ese nombre y de ahí váyanse a los post que digan "Fic: hija de la luna" (o googleen mi nombre con youtube). Sobre la música, hay mucha: el ringtones que Yukiko le asigna a Mamoru es justamente la melodía de "Hijo de la Luna" en su versión instrumental. Como la letra (original de Mecano) no se puede usar en el fic, decidí incluir esta versión con violín interpretada por Vanessa Mae. La canción que se escucha durante la conversación entre Yukiko y Mamoru es una cantante china llamada Zhang Yan, cuya título traducido justamente "Hija de la luna". Para la pelea siempre la he musicalizado con "Moodance" de Nightwish ya que es un tema instrumental. Y otras escenas solo tienen "inspiración" en algún tema, como la conversación en el cuarto de Eriol y Tomoyo, en la cual no puedo dejar de imaginar con la melodía de Travel Separately.

Había comisionado unos fanarts pero al momento de publicar este capítulo lamentablemente aún no los tengo así que deberán buscarlos en mi dA o más bien en mi blog, donde notifico los estados de cada historia en el momento que estén. Sí están las carátulas y el diseño de todos los personajes, así que pasen a verlos.

Gracias a Dios empecé a leer Gate 7 que se me ocurrió el tema de los fideos... Por cierto, odio escribir sobre comida japonesa, en ese sentido por suerte este fic ya se termina. Ambientar una historia en Japón es complicadísimo. Aún recuerdo todo lo que tuve que investigar sobre el tema de los difuntos en "Para no olvidar" ya que obviamente las ceremonias en relación a la muerte son un poco diferentes a las occidentales. Y no más seres mitológicos por un rato también, eso sí me ha gustado pero... es complicado. Lo que no significa una vuelta a estas temáticas en una posible continuación de la vida de la viuda Tomoyo, pero como dije arriba, no será pronto.

El resto de las referencias al budismo creo quedó claro con lo que expliqué del vocabulario, pero hay algo más que sí o sí debo señalar. La visión de Mitsuki (el cual tiene como vieron escenas de la serie, escenas de anteriores y posteriores fics y otras inéditas) les recordará seguramente a quienes lo hayan leído a un cuento de Jorge Luis Borges, llamado "El Aleph". Bueno, no podía dejar de hacer mención a él (sería un plagio descarado decir que no lo tuve en mente) pero que igualmente Borges se inspiró/basó en La Divina Comedia y en otras historias aparecidas en antiguas culturas sobre un punto que reúne todos (es una idea de lo cósmico lo que nos presenta ese aparato como El Aleph) cosa que no es extraño, porque Borges tenía muchísima cultura y mucho conocimiento de metafísica (algunos dicen que tenía videncia)

Y algo que tampoco expliqué nunca (creo dí por sentado que todos entenderían) es porque Yukiko escribe un diario… en Japón es costumbre que las chicas cuando le gusta un muchacho empiecen un diario y se lo entreguen como muestra de confianza de todos sus secretos, pero como nuestro copito de nieve no ha confesado su amor, no puede entregar el diario.

Bueno, los invito a leer a continuación el epílogo de esta historia.

Vicky Yun Kamiya