¿Qué pasaría si el Chavo tuviera alguien que lo cuidara? Una historia ambientada en la serie animada.

En la escuela, los niños estaban hablando "sin control".

Silencio, silencio – dijo el Profesor Jirafales - ¡SI-LEN-CIO!

Se parece al maistro Longaniza – dijo Chavo.

¿Qué dijiste, Chavo? – preguntó el Profesor Jirafales.

Se me chispotió – dijo Chavo.

Bien, vamos a continuar con la clase – dijo el Profesor Jirafales – A ver, ¿alguien hizo la tarea de español?

El Chavo levantó la mano para hablar.

A ver, Chavo – dijo el Profesor Jirafales.

Del cielo vino un ángel mágico a consolar a este niño – dijo Chavo mientras leía una hoja de papel – Me da lo que necesito y me brinda cariño.

Entonces, Quico rompió a reír.

Míralo, eh, míralo, eh – dijo Ñoño.

¿De qué te ríes, menso? – preguntó Chavo, molesto.

Ay, Chavo, que ingenuo eres – dijo Quico - ¿No se te ha ocurrido que ese ángel es un ladrón?

¿Un drogadicto? ¿un borrachito? ¡un pordiosero! ¿un estafador? – dijo Quico ante la mirada molesta del Chavo - ¡Me doy!

Ahora sí te descalabro los cachetes – dijo Chavo, enojado.

Orden, orden – dijo el Profesor Jirafales – Quico, te prohíbo terminantemente que te burles de los demás. ¿Entendido?

Sí, papi – dijo Quico – Que diga, querido profesor.

Horas más tarde, en el patio de la vecindad, Don Ramón y Doña Florinda estaban barriendo un poco de basura entre sí. De repente, Doña Florinda perdió la paciencia y se disponía a darle una cachetada a Don Ramón pero Don Ramón se agachó. En ese instante, Chavo llegó y derribó accidentalmente a Don Ramón.

Tenía que ser el Chavo – dijo Don Ramón.

Fue sin querer queriendo – dijo Chavo antes de ir corriendo al otro patio.

Ya vine, mami – dijo Quico a Doña Florinda.

¿Qué tal te fue, tesoro? – dijo Doña Florinda.

Ay, mami – dijo Quico – El Chavo dijo un poema sobre un tal angelito mágico.

Angelito mágico, ay que Chavo – dijo Don Ramón entre risas – El Chavo anda tan hambriento que anda alucinando cosas.

¿Verdad que sí, Don Ramón? – dijo Quico.

No lo sé, tesoro – dijo Doña Florinda – Tal vez el Chavo tenga alguien que lo cuide y lo libre de pelafustanes como Don Ramón.

¡Ahí estás, Quico! – dijo Ñoño mientras llegaba acompañado de Popis y Patty.

Hola, tío Monchito – dijo Malicha al llegar.

Hola, Malicha – dijo Don Ramón respondiendo el saludo – Tengo algo preparado para ti.

Doña Florinda, Don Ramón y Malicha se fueron a sus respectivas casas.

Te vamos a demostrar que el angelito mágico es de a de veras – dijo Popis.

Espérenme, muchachos – dijo Quico mientras era "arrastrado" al otro patio.

Poco después, Quico, Ñoño, Popis y Patty llegaron a una puerta marcada con el número 8.

Aquí está – dijo Popis – La casa del Chavo.

¿Qué acaso el Chavo no vive en el barril? – preguntó Quico.

Si serás, si serás – dijo Ñoño – Nadie puede vivir en un barril.

Además, ¿Por qué crees que a veces el Chavo es conocido como el Chavo del 8? – añadió Patty.

Por eso digo, que el Chavo vive en el 8 – dijo Quico.

La puerta está entreabierta – dijo Popis – Entremos.

Los niños entraron y encontraron que el apartamento estaba bien amoblado y decorado. Mientras buscaban al Chavo los niños encontraron, entre otras cosas, la habitación del Chavo. Dicha habitación estaba decorada con afiches del Chapulín Colorado y su puerta tenía forma de barril. Tras unos minutos sin pistas del Chavo, Patty vio algo en el sótano que alarmó a los otros.

Oigan, muchachos, veo algo – dijo Patty.

Quico, Ñoño y Popis llegaron al sótano y junto con Patty vieron un portal envuelto en una luz brillante. Del portal salieron el Chavo y una mujer joven.

¿Qué dices ahora, Quico? – dijo Ñoño.

¿Qué cosas, no? – dijo Quico.

Hola todos – dijo Chavo – Ella es Angélica, mi ángel mágico.

Mucho gusto – dijo Angélica.

Angélica era una mujer de veintitantos años, que se había convertido en la madre adoptiva del Chavo. Era una mujer de cabello rubio que vestía un atuendo similar al de Don Ramón, solo que con camisa abierta en vez de sombrero. Angélica le daba al Chavo los cuidados y cariños que él no tuvo durante parte de su vida. El Chavo presentó a Angélica a toda la vecindad y todos quedaron asombrados por la situación.

Más tarde, Doña Florinda y Quico se dirigieron a la casa de Don Ramón. Doña Florinda golpeó a la puerta.

Diga usted – dijo Don Ramón.

Doña Florinda le propinó una cachetada a Don Ramón, sin dar explicación.

Vámonos, tesoro – dijo Doña Florinda – no te juntes con esta chusma.

Sí, mami – dijo Quico – Chusma, chusma.

Quico empujó levemente a Don Ramón antes de irse. Don Ramón arrojó su sombrero al suelo y cuando se disponía a recogerlo, Chavo lo derribó accidentalmente. Chavo estaba equilibrando una escoba.

Tenía que ser el Chavo – dijo Don Ramón.

Fue sin querer queriendo – dijo Chavo.

Después por qué te pega uno – dijo Don Ramón mientras se ponía su sombrero.

Yo de usted no haría eso, Rondamón – dijo Chavo – Le podría ir muy mal.

¿Sí, tú? – dijo Don Ramón – ándale.

En ese instante, Don Ramón recibió una descarga eléctrica. Don Ramón volteó a mirar y vio a Angélica dentro del barril.

Si tratas mal al Chavo sentirás mi poder – dijo Angélica.

Digo, ¿Acaso eres bruja? – preguntó Don Ramón.

Bruja buena, para ser exactos – dijo Angélica – Sin embargo, cuando hay una amenaza, no dudo en atacar.

Nola – dijo Don Ramón.

Sila – dijo Chavo.

Yala – dijo Don Ramón.

Oye, Chavo – preguntó Angélica - ¿Quieres ir a la feria conmigo?

Zas, zas – dijo Chavo mientras se movía emocionado – Que yo llegaba, y yo jugaba, y yo comía, zas.

Entonces prepárate porque nos vamos pronto – dijo Angélica.

Horas más tarde, los niños estaban en el patio de la vecindad comiendo unas paletas que Chavo había traído de la feria.

Tenías razón, Chavito – dijo Malicha – En verdad tienes un ángel mágico que te cuida y te protege.

Y además es una bruja buena – dijo Popis – Así que no hay riesgo de que nos convierta en sapos.

Eso, eso, eso – dijo Chavo mientras movía su dedo índice.

Presiento que la pasarás padrísimo con ella – dijo Ñoño.

Y que vivirás momentos inolvidables – dijo Patty.

Chavo, perdóname por burlarme de tu angelito – dijo Quico, arrepentido.

Claro que sí, Quico, te perdono – dijo Chavo – Porque algo que aprendí de Angélica es que hay que perdonar a quienes nos ofenden.