CAPÍTULO XVIII: Tregua.

-Es molesto levantarse tan temprano… Últimamente no estoy durmiendo demasiado-se dijo, llevñandose la mano a la boca y bostezó sonoramente, sin importar llamar la atención de los demás ciudadanos que, igual que ella, habían tenido que madrugar-. Además, conociendo a Shikamaru seguro que me pedirá que vayamos a observar las nubes, o qué se yo… Esos hobbies típicos suyos de abuelo. ¿Vale la pena despertarse a estas horas para después no hacer nada, básicamente?

Mientras se acercaba a la casa en la que el dichoso shinobi se hospedaba le pareció escuchar un murmullo, que se hizo cada vez más audible así como reducía distancias. Aquella voz le resultaba familiar.

-La verdad es que ya llego tarde-consiguió descifrar. Era una mujer. Reía tímida y descuidadamente.

Prefirió mantenerse al margen y no intervenir por el momento.

-Qué más dará, al fin y al cabo tú eres la que abre y la que cierra–no tenía duda de que se trataba del Nara-. Es casi como si fueras la jefa.

-Es cierto, pero no sería justo que yo entrara más tarde y obligara a las demás trabajadoras a venir antes-apuntó, provocando que soltara una estruendosa carcajada.

-Rayos, eres demasiado leal y correcta, Yuuri, cualquiera diría que eres una cría-le dio unos golpecitos encima de la cabeza a modo de consolación.

-¡¿Ya vuelves con lo mismo?!-hinchó los mofletes-. Shikamaru te aseguro que te voy a-

-Sí, sí…-continuó-. Lo sé, lo sé-se burlaba-. Estás muy graciosa cuando te pones así.

Ella suspiró, obligándose a ser paciente y a mantener la calma y la endereza. Sabía que lo hacía adrede pero aún así algún día ese tío acabaría recibiendo una sarta de golpes inigualable.

-Me voy, idiota-se dio la vuelta y lo miró con los ojos entornados.

-Como gustes-se metió las manos en los bolsillos, despreocupado.

-Nos vemos-esta vez le mostró una franca sonrisa.

-Que sea pronto.

En cuanto vio a la joven adelantarse hasta la puerta del jardín, decidió acompañarla como mínimo hasta ésta. De todos modos no tenía nada mejor que hacer. Para sorpresa de ambos, descubrieron que no estaban solos en el momento en que, Yuuri, con las prisas, casi se chocó con ese alguien.

-¡Temari-san, lo siento!-bajó la cabeza.

-Está bien, tranquila-respondió todavía asimilando aquel encuentro.

-Tengo prisa. De verdad que lo siento, Temari-insistió y alzó la mano para despedirse una última vez de los dos a la par que se marchaba corriendo-. ¡Hasta otra!

-Hasta otra-contestó él y acto seguido miró a la rubia.

El día anterior la habían encontrado con Kankuro y hoy… ¿con Shikamaru? "¿Qué rayos está pasando aquí con Yuuri? Es una broma, ¿verdad?"

-¿Qué se trae entre manos la princesa de Suna viniendo hasta aquí?-clamó su atención.

-Como que "¿qué se trae entre manos la princesa de Suna viniendo hasta aquí?"-repitió malhumorada-. ¡Soy tu guía, inútil!-rechistó-. Además, algo así debería preguntarte yo.

-¿Y eso por qué?-posicionó sus manos entrelazadas sobre la cabeza así como le daba la espalda para entrar de nuevo en el apartamento.

-¿Por qué, Shikamaru? Estabas con Yuuri-lo siguió.

-Veo que no se te escapa ni una-se mofó.

-No me trates como si fuera imbécil, Shikamaru.

-¡Qué divertido! Fíjate como te delatas-continuó, tranquilo-cuando te enfadas conmigo repites constantemente mi nombre en cada frase.

-¡Cállate!-estaba pasándose de listo-. ¡No tienes ni idea!

La miró pasivo durante un tiempo, consciente de que cada vez que tocaba en sus puntos débiles y descubría sus intenciones, prefería esconderse en su robusta coraza.

-Hmpf-cerró los ojos y torció el labio. Decidió cerrar la puerta; el ambiente se caldeaba. Una vez más le dio la espalda y se adentró en el salón, resuelto a sentarse en el sofá, objetivo que no pudo ver realizado de inmediato.

"Será estúpido. Me está vacilando. Esa despreciable sonrisa de superioridad, de estar cachondeándose de mí no se le ha borrado desde que he llegado. Ya me encargaré de no dejar rastro de ella. Oh, por supuesto que sí. Y tanto que lo haré."

-¡Escúchame bien, crío del infierno! ¡¿De qué vas?! Al menos atrévete a decírmelo en la cara, pero cuidado no te escupa por ser tan rematadamente zopenco-lo obligó a mirarla cogiéndolo del hombro.

Como respuesta se vio acorralada contra la pared. Una vez más. Y no es que, siendo sincera, no le gustara… Pero allí estaba, temblando, temiéndolo a él y a sí misma en cierta medida. Cuando reaccionaba de esa manera no podía evitar sentir una terrible ansia de arrancarle los sesos, cegada por la ira o por la excitación, era irrelevante; cualquiera que fuese, el resultado era el mismo.

-¿Qué es lo que te molesta, Temari? ¿Es que acaso no te gusta eso de que esté con otras mujeres? No debería importarte lo que haga o deje de hacer… ¿O es que sí que te importa y, como siempre, intentas cerrarte en banda y fingir que no es así?

Sabía que a él, siendo del clan Nara, le parecían entrañables los cervatillos, pero lo que el joven no había tenido en cuenta es que a ella no le gustaba sentirse como tal.

"Te la has jugado y bien, Shikamaru, sabes que no puedes provocarla así… Cuando lo haces, los nervios le hacen perder la compostura y se le saltan las lágrimas o se va. A veces la ahuyentas con tu carácter, niñato. Huirá. Una vez más lo hará, porque su orgullo vale más que sus verdaderos sentimientos. Porque le compensa más una vida sin ti que vivir a base de tropiezos."

Ella no le permitió el lujo de mantenerla bajo presión por mucho tiempo y definitivamente no entraba en sus planes escabullirse. Si tanto confiaba y se enorgullecía de sus ideales y de su manejo de las circunstancias, sabía de sobras que así no era como acostumbraba a hacer las cosas Sabaku no Temari. Seguramente ya lo había mencionado en otro momento, pero Shikamaru sin lugar a dudas la sacaba de sus casillas y hacía emanar de ella todo lo que con tanto esfuerzo reprimía día a día. Se sosegó. Respiró hondo y con la mirada se imaginó a si misma desgarrándole la piel a tiras de la cara. "Maldito. Y te atreviste a hacer aquella confesión delante de la casa de Yuuri para luego presentar esta reactancia hacia mí" De todas formas no había nada que temer. Nada en absoluto, bajo su punto de vista.

-¿Ya está?-preguntó, tergiversándole los planes y cambiando roles. La confusión del interlocutor compareció simultáneamente, sin mostrar una mera disposición a apartar los ojos. Esta vez fue en él que percibió el flaqueo. "Genio, te has querido adelantar a los acontecimientos y has fallado… Jaque"-. ¿Esto es todo lo que has sacado en claro al mantenerte a mi lado por todo este tiempo? Es más, ¿te atreves a hablarme de fingir tratándome con tanta hostilidad en este momento, después de lo que me soltaste ayer y, después de lo cual te atreviste a salir por patas?-"Mate."-. Creo que sería más conveniente que dejaras de intentar darme lecciones y te centraras en ordenar tu vida-pasó por debajo del brazo que la mantenía presa, escurriéndose de las garras del depredador sin prisa, casi con dejadez… Elegante y altiva.

-Mi vida estaba perfectamente en su sitio antes de que tú decidieras qué hacer con ell-

-¿Piensas pasarte todos los días como perro y gato, o vamos a intentar ser un poquito más adultos?-lo interrumpió, ya fastidiada-. Llevas aquí un par de días y a duras penas hemos sido capaces de estar bien unas horas diarias. "Culpa", sin lugar a duda, es una palabra muy fea y a nadie le gusta ser dueño de ella. Es mucho más fácil echársela a los demás y con ello no quiero decir que uno de nosotros sea más culpable o menos que el otro-suspiró, cruzándose de brazos-. Simplemente qu- En fin, da igual, si eso te hará sentir mejor, adelante. Escucharé todo cuanto tengas que reprocharme.

-En primer lugar, no sé qué tendrá que ver la madurez-contraatacó-. Sentimientos los hay a cualquier edad o etapa de la vida. Serán más o menos coherentes, relevantes, lo que tú quieras interpretar, pero ahí están, al fin y al cabo. En segundo lugar, mi intención no es reprocharte nada. Tú sabrás lo que quieres para tu futuro, yo, dentro de lo que cabe, siempre he tenido claros mis deseos-le dijo seriamente-. Además, tú eres la que has empezado entrometiéndote en mis asuntos. Y, aunque tú estés sonsacando que huyera, lo de largarte también se te da de maravilla, bonita-le recordó, pensando en la triste y patética nota que le había dejado como despedida. Era ese todo el esfuerzo que merecía, dos minutos para escribir esa nota del demonio que ya se sabía de memoria-. Y, por último, deberías diferenciar cuando estoy hablando en serio o cuando estoy intentando fingir –si es que lo he hecho alguna vez- antes de dar por supuesto nada de mi conducta.

-¡Está bien! Si me he entrometido es porque hay terceras personas cercanas a mí. Ya sabes lo nervioso que pones a Kankuro… Como te vea cerca de Yuuri no se lo va a pensar dos veces a la hora de arremeter contra ti. No sabes lo mucho que la aprecia y lo celoso que es.

-Créeme, sé más de lo que puedas imaginarte. Pero déjame que te diga que, a diferencia de ti, a mí no me importa la opinión de los demás. Lo que tenga o no con una persona es únicamente cosa mía y de la persona implicada directamente. Así que te pediré que no te metas de por medio-"¿De quién es el jaque mate ahora?" Se sentó en el sofá-. Sinceramente me importa una mierda lo que tu hermano opine sobre el hecho de que Yuuri vea a otros hombres, en este caso particular, a mí. Y, no sé por qué, me cuesta creer que la aprecie tan de verdad como dices.

Le costaba un mundo echar leña a una conversación con él cuando se veían obligados a lanzarse una cuchilla detrás de otra, cuando no le quedaba otra más que derribarlo a la fuerza –aunque fuese verbalmente-, igual que él hacía. ¿Cuántas veces había tomado aire profundamente desde que había pisado el suelo de aquel apartamento? Había perdido la cuenta pero tuvo que hacerlo de nuevo; inspiró profundamente y se acomodó en un sillón al lado izquierdo del sofá en el que se había tumbado.

-Shikamaru…-resbalaron suavemente las vibraciones sobre sus labios hasta el oído de él, en un intento de acogerlo con un tono más agradable, agotada mentalmente por el esfuerzo de mantenerse cuerda y no estamparle la cabeza contra la mesa por comportarse así.

-Creo que no hay nada más que decir-la rehusó, sabedor de aquella pretensión.

-No es eso, quiero decir… Yo só-

-Cállate-escupió esta vez, frío-. De verdad-dijo, intentando no sonar tan arisco mientras reposaba la cabeza sobre sus propios brazos-. No me interesa-dejó caer los párpados.

-¿Qué vamos a hacer?-desvió la conversación.

-Te he dich-

-¡No digo de eso!-¡que manía la suya de hablar antes de tiempo!-. Digo que qué vamos a hacer hoy. ¿Qué planes tenías?

-Ah-entreabrió un solo ojo-. Ninguno, estoy cansado-volvió a cerrarlo.

"Lo sabía." Puso cara de disgusto. "¡No me levanto temprano para esto!" Ayer me deja de lado para irse a hacer yo que sé qué que, por lo visto, desembocó con la estancia de la ex de mi hermano en su casa, y hoy… Indignada, se dirigió a la habitación de Shikamaru sin solicitar permiso alguno. ¡Ni lo necesitaba, leches!

-¿A dónde vas?-arqueó una ceja. Al escuchar los pasos, todos sus sentidos se habían activado de nuevo.

-¿No es obvio? A dormir. Si no vamos a hacer nada especial estoy en mi derecho de dormir las horas que habría dormido de no haber sido porque tenía que venir a cumplir como guía.

-Llevo bastantes años viniendo a Suna y creo que soy autosuficiente y mayorcito como para cuidarme solo, así como de orientarme por sus calles. Si te supone una carga venir hasta aquí enton-

-¡Basta! Vas a hacer que me estalle la cabeza-abrió la puerta del dormitorio-. ¿Hasta cuándo vas a seguir a la defensiva?-musitó, haciendo una mueca de dolor a la par que apoyaba la frente en la madera helada.

Él, tan descuidado, no advirtió el gesto y la hizo esperar indefinidamente, resistiéndose a replicar. "Bien, que algún sonido, cualquiera, acabe con esto de inmediato." A veces fantaseaba con ello, con que dejaran de lado esa eterna batalla de la que ninguno salía ganador y no hubiese que enfrentar nunca más la mudez de cada uno. Puso toda esperanza en recibir por su parte unas palabras alentadoras pero…

-Hasta que me apetezca-le contestó finalmente.

-¡Genial, niño mayorcito y autosuficiente!-se retiró, dimitiendo y asumiendo que mejor que eso no iba a obtener nada.

Vale, sí, tal vez se estaba poniendo pesado. Pero ¿qué esperaba? A él le podían las ganas de hacer de todo, pero su desgraciada naturaleza, digamos, sus genes de vago incapaz lo obligaban a demostrar lo contrario y acababa dejándolo todo "para después" o a pasar de lo que fuera. Que no viera lo mucho que le costaba olvidarse de ella lo frustraba, y entonces se veía tentado de darse por vencido y dejarla ir a sus anchas sin más. "Mendokusai, esta mujer…"

-¡¿Qué se supone que haces?!-le gritó al escuchar el gruñido de la entrada-. ¡Oy-¡ ¡Esp-¡ ¡Un mom-!-abrió los ojos de par en par al ver que se acercaba a ella sin dirigirle vocablo alguno.

Se sonrojó. ¿Cómo no iba a acordarse de las noches que habían pasado, si le había parecido despertarse en carne viva cada mañana? Él se limitó a tumbarse sobre la cama. Tras haber admirado quién sabía qué del techo, en un espasmo se posicionó de lado, encontrándose con una Temari atónita. Instintivamente depositó una mano en su mejilla… Era preciosa.

-Siento comportarme así a veces… Es que…-la acarició-. No lo sé… Cuando se trata de ti… Simplemente no puedo; pierdo el control-esta vez alcanzó su pelo, vista la aceptación de sus actos-. Aunque no estuviera aquí, en esta aldea, no habría superado que te marcharas y, por si te lo preguntas, tampoco sé cuánto tiempo me va a llevar hacerlo… No espero que me entiendas, ¿sabes? Pero me gustaría que lo consideraras la próxima vez antes de decir nada… Y en efecto, no he tenido ningún tipo de modales, ni han sido las formas. Te he mostrado una imagen totalmente contraria a lo que realmente siento. Puede que tengas razón y no sea más que un crío odioso.

"Ya, claro, sin embargo Yuuri…"-recordó- "¡Temari! ¡Entierra el hacha de guerra! ¡Esta es la oportunidad, no seas mema! ¡Él tiene razón, no te importa –o no debería-! Y no es cosa tuya lo que haga o deje de hacer con su vida privada."

-No…-"¿Eh?", le pareció escuchar-. Tú siempre… Siempre te estás disculpando. Por favor, deja de disculparte-le agarró la mano, impidiéndole seguir con las caricias-. No me gusta cuando te disculpas.

Esta vez no lloraba. No como acto en sí, como era conocido, pero bien sabía, aunque ella creyera que no se daba cuenta, que tras observarla detenidamente durante todos estos años había aprendido a predecir su comportamiento, a descifrarla sin resultarle ejercicio mental excesivo y agotador. Tal vez no, como bien dicho, no lloraba, tal vez había conseguido ser –más bien, aparentar- aún más insensible, pero en realidad… En realidad siempre había encontrado a Temari nadando en un mar de lágrimas y era probable que por eso hubiese despertado en él ese instinto de superhéroe al relacionarse.

Había pasado por tanto, desde tan joven… Ojalá hubiese podido apoyarla cuando más lo necesitaba, cuando lejos de ser la mujer en que se había convertido, era simplemente un proyecto de personalidad por inventar en una hoja en blanco. Pero, bueno, puestos a llegar tarde, al menos debería estar ahora a la altura: "si no es cantidad, será calidad."

Osó depositar un beso sobre su frente –ciertamente le parecían los más tiernos y confortantes- y la atrajo hacia él, rodeándola con los dos brazos por el cuello. Su mano derecha, la empujó desde la nuca hasta obligarla a apoyarse en su pecho.

-Perdóname. De verdad-musitó sobre su cabellera rubia-. Eres muy importante para mí. Abstente de tomar toda mi palabrería en serio, te lo ruego… Me vuelvo bastante más idiota de lo que me gustaría cuando considero que una situación está fuera de control.

Ella se distanció de su cuerpo abruptamente y se sostuvo con las manos sobre el colchón, sus piernas dobladas a un lado. De la rapidez, algunos mechones le cubrieron la frente y cayeron hasta debajo de su barbilla. No había caído en la cuenta de que llevaba el pelo desatado hasta que había experimentado la ansiedad de verse incapaz de percibir el resplandor del verde de sus ojos sin obstáculos.

-¡Te he dicho que no te disculpes!-le reprochó, mordiéndose el labio y cerrando los párpados con fuerza- Yo…-comenzó a balbucear con la cabeza gacha.

Fue su instinto, juraba en vano. Él no quería. A ver… sí y no. Qué problemático, ya estaba otra vez perdiendo los papeles. ¿Cómo podían maldecirse tanto el uno al otro?

Sin pensarlo había incorporado el torso y le había sujetado la mandíbula con una mano para alcanzar su boca. ¿Por qué siempre tenía que dejarse llevar…? ¿Y por qué le parecía ahora que dejarse llevar no era algo positivo? ¿Y por qué ella no tenía la decencia de frenarlo? Qué sencillo sería todo si uno de los dos no quisiera, y el otro, forzosamente, tuviera que detenerse… Pero si cuando él quería, ella también, y después debían mantener las distancias, ¿cómo se suponía que iban a llegar a la estabilidad, si no era enclaustrándose en sus respectivos hogares? ¿Es que no les quedaría otra al final?

-Shikamaru…-se le escapó en el momento en que él se detuvo para descubrir su expresión de cerca.

Que dijera su nombre no era nada bueno para su riego sanguíneo. Todo él se embalaba corriente abajo. Puede que lo pronunciara con la intención de pedir una tregua, pero de ser así, Temari, a esas alturas, debía saber que esa no era la mejor forma. Que el mero hecho de imaginar que el sonido de cada una de las sílabas de su nombre se había originado en ella ya le provocaba unas horrendas palpitaciones.

Señales de alto, aparentemente no había ninguna, ella no había hecho un drama y simplemente permanecía inmóvil. Reinició el beso y se aproximó a su cuerpo, obligándola a quedar recostada sobre las sábanas, con la cabeza en el lado de los pies de la cama.

Casi en el borde, la rubia, por comodidad, dejó caer la cabeza, quedándole así el cabello en cascada hasta el suelo. Cuando Shikamaru había irrumpido en la habitación, ella ya estaba en la cama con la camiseta de tirantes interior, pues no tenía nada que ponerse y no había querido hacerse con una de las camisetas de hombre que habría en su armario.

Fue, por lo tanto, con esto puesto que se la encontró, y hasta ese instante tampoco se había fijado en la escasa ropa que llevaba puesta. ¿Cómo lo haría para, algunas veces, poder anular tantas cosas en su cabeza y otras sentirse tan incapaz de anular nada? La tenía debajo de él. Recordaba perfectamente la última noche que así había sido. Era en estos momentos que no podía hacer otra cosa más que olvidar sus disputas.

-D-deja de mirarme así…-su dulce voz lo hizo responder a la llamada. Se cubría la cara con los brazos y su cara estaba ligeramente enrojecida. "Sí que hace calor en Suna." Sonrió. Aún sin habérselo propuesto como objetivo, se la veía tan ingenua y exquisita. Y cuánto más inocente, más ganas le tenía.

Desterró esas extremidades a un lugar más apropiado donde no le impidieran ver nada: por encima de su cabeza. En cuanto le hincó el diente en el cuello, no dudó de rodearlo con sus delicadas manos y le arañó con una el omoplato, mientras la otra se abría paso por la parte trasera de su pantalón.

Parecía ser que había añorado sus caricias tanto como él, pero no se contentó con saber eso, sino quiso ir más allá y descubrir hasta qué punto así era. Se quitó de encima y se colocó a su izquierda, asentando los codos en el colchón y la cabeza sobre su mano izquierda, goloso. Ella, que no entendía qué estaba pasando lo contempló con detenimiento e hizo el amago de articular alguna palabra.

El dedo índice derecho de Shikamaru se lo impidió cuando lo depositó sobre sus labios y lo hizo resbalar hacia abajo. En cuanto topó con su pezón derecho, a pesar de ser por encima de la tela, se endureció y notó como se le erizaba el vello. Y eso que ni se había detenido demasiado a prestarle atención… Por ahora sólo tenía pensado activarla.

Continuó recorriendo su piel hasta llegar al tanga que llevaba. La víctima, adelantándose, arqueó la espalda, adivinando lo que estaba por venir. Él no pudo contener la sonrisa al ver que estaba sometiéndola a cada una de sus provocaciones con éxito y en seguida retiró la mano de aquel lugar con la finalidad de trastornarla.

Y así se sintió. Abrió los ojos, que habían estado cerrados, incrementando su sensibilidad, en busca de respuestas. Él pasó su mano izquierda por debajo del cuello de ella y la besó vehemente mientras con la otra retornaba a la zona cero.

Rugió contra su boca al sentir que acariciaba con suavidad por encima de la tela y le costó escasos minutos provocar que la humedad llegara a mancharla. Pero no le daría lo que quería cuando lo quisiera, se haría de rogar un poco, dado que consideraba que merecía sus minutos de gloria por lo vivido.

Lo cierto era que disfrutaba mucho más de incitarla a ella que de que ella tuviera que "hacerle el favor". Suponía que era así especialmente con Temari, dada la edad y los prejuicios que tenía y toda esa basura del reto que para él suponía sorprenderla siendo menor. Además, era poco corriente que le mostrara sumisión, siendo tan terca como era y, en una situación así era probablemente uno de los pocos momentos en que sucedía.

La respiración de aquella mujer se había vuelto entrecortada y la fogosidad de aquel instante la había conducido a morderse un dedo. Pocas cosas había que atacaran tan de frente a su capacidad de raciocinio que aquel gesto. "Como compensación", bajó aquellos tirantes, dejando unos turgentes senos a la vista que no dudó en trabajar, sin dejar de lado su otra tarea. Viendo que ella ya no podía más y le agarraba de la mano para inducir un mayor estímulo, fue un paso más allá.

Bajó hasta la altura de sus caderas y acabó besándole la cara interna de los muslos. Aún llevaba la prenda de ropa interior y lo cierto era que, por alguna razón, le resultaba tremendamente excitante tenerla vestida, con las partes más vulnerables un tanto al descubierto, sin estar del todo desnuda. Como cuando se tiene que echar un polvo rápido e imprevisto, sea en el lugar que sea.

Con el dedo índice únicamente subió y bajó de clítoris a los labios exteriores, hasta que por fin, con la mano opuesta, sujetó la tela contra la pierna para que no volviera a su lugar, dada la elasticidad. Cuando introdujo por primera vez, la convulsión fue brusca. Estaba convencido de que nadie había irrumpido en su territorio durante su ausencia o, si estaba equivocado, no la había sabido estimular demasiado bien.

Con tranquilidad y procurando deleitarla y deleitarse, se recreó del hecho de indagar con todos y cada uno de los dedos, por turnos, de una sola mano, e incluso lo hizo de dos en dos y en combinación con caricias de su lengua. En pasatiempos como éste la paciencia de Shikamaru era una carta esencial totalmente a su favor, pues no tenía ninguna prisa por terminar y eso, se podría decir, que parecía enloquecer a las mujeres.

Ya iba siendo hora de deshacerse totalmente de aquel dichoso tanga. En realidad, con lo poco que cubría, ¿con qué fin se llevaba esa prenda? Alzó la vista, tras arrebatárselo, para ver el estado de Temari y por un momento tuvo que sujetarse la base de la erección. Se le estaba haciendo insufrible. Dirigió el índice y el corazón de la mano izquierda hacia la boca de ella y, fuera de sí como estaba, no tuvo que pensárselo dos veces para metérselos en la boca y lamerlos con fervor.

Enloquecido por el atrevimiento, no lo soportó más y se bajó la cremallera para arrastrar con ella el pantalón junto con los boxers de golpe, aunque los dejó por debajo de los glúteos, como holgazán que era, no teniendo que despojarse de toda su ropa.

No preguntó, ni la preparó, a esas alturas suficiente trabajo le parecía mantener el equilibrio. Se adentró en ella sin reparo. Ni rápido ni despacio. Decidido. Haciéndose notar. A pesar del grito de ella, causado por la inesperada intrusión, continuó con los vaivenes, sin esperar ninguna aprobación –o desaprobación-.

Estaba cegado totalmente por el placer de hacérselo una vez más. De no haberse tenido que quedar con el recuerdo de aquella noche de sexo antes de que partiera. Se sentía furioso, malogrado de tener que temer en cada ocasión por si se tratara de la última y ello se plasmó en sus actos al embestirla más repetida e intensamente.

De ella ya no se sabía si gemía o chillaba, si se retorcía de placer o de dolor, posiblemente una mezcla de ambos, según la oportunidad. Nunca antes se había acostado con el Shikamaru con el que ahora se estaba acostando. Aunque le gustaba mucho más hacerlo a oscuras o centrarse en sentir y no mirar nada a su alrededor, quiso verlo por un instante, pero la adaptación del iris a la luz cegadora se le hizo mucho más tardana de lo que esperaba y cuando lo consiguió, lo recordó.

Rescató de su almacén de recuerdos la ocasión en que había querido hablar con Kankuro y al entreabrir la puerta de su recámara había visto a Yuuri siendo domada, tan joven, por un adolescente de hormonas alteradas. Tuvo que comentárselo un día después para advertirle de las consecuencias que podía tener ese acto y, probablemente, fuera esa la ocasión en que él se opuso a ella, dirigiéndosele con el tono más grosero nunca antes expresado.

Durante meses después, y aún más con la presión de tener que callárselo, las imágenes habían estado reproduciéndose en bucle dentro de su cerebro, y en un momento como aquél, le habían jugado una mala pasada.

La película de la violenta posesión del cuerpo de Yuuri se repitió nuevamente, pero le asignó a su hermano la cara de Shikamaru. El recuerdo de la sonrisa que ella le había brindado una hora atrás había eclipsado el resto de memorias y de capacidades cognitivas que pudiera tener activas.

¿Era sólo imaginación o había pasado realmente? Hacía ya cierto tiempo desde la última vez que se vieron, Shikamaru podía haber cambiado en muchos aspectos. ¿Y si Yuuri había venido aquí y Shikamaru la había hecho sucumbir con tanta facilidad con que ella lo había hecho? ¿Podía fiarse? Él se había mostrado bastante esquivo respecto al tema… Es que eso… ¿no era sospechoso? Era normal dudar… ¿cierto?

Suele pasar a muchos hombres que por rencor al daño que las mujeres hayan podido hacerles, se vuelven unos insensibles y aparcan sus emociones para interesarse simplemente por el sexo y por vivir la vida al margen de cualquier sentimiento. Y los hay, en realidad, con razón para sentirse en tal encrucijada como para volverse así.

Era cierto que él había parecido sincero al mostrarle sus sentimientos… No solamente hoy, hacía unos minutos, ahora, sino ayer también, y hacía meses… Pero y si ya estaba pasando página y estaba tomándose la relación entre ellos como pretendía ser al principio: sin hablar de amor. Le había parecido una idea genial entonces, pero ahora… Ahora…

Percibió las lágrimas aglomerarse en sus ojos.

-N-no…-expresó en voz baja, bajo el shock, fijándose en una grieta que nunca antes había visto en la pared-. N-no sigas…-consiguió aumentar el volumen-. Por favor…-repitió finalmente, consiguiendo la atención de Shikamaru.

Desorientado ante aquella reacción, obedeció sin reproches, parando en seco pero sin salir de ella, confuso y acongojado por la expresión que había visto en Temari segundos atrás, la que veía con desconcierto en ese mismo instante… La misma que comenzaba a empaparse de agua con sal, que le producía un severo quemazón en tanta piel dañada.

Con una mano en cada lado de su cabeza sobre la cama, la observó durante un largo rato, aunque ella no le dirigió ni una triste mirada.

-Temari…-quiso hablarle.

Ignorándolo totalmente, se deshizo de su agarre violentamente y solamente pudo verla adentrarse en el lavabo. Se quedó por unos minutos de rodillas, cabizbajo, llevándose las manos a la cabeza e intentando averiguar en qué momento había hecho un paso en falso.

Se subió los pantalones y los calzoncillos y la siguió. Antes de girar el pomo, dudó de hacerlo. Realmente no tenía otra opción.

-Oye, Temari…-dijo al entreabrir.

La encontró en un rincón hecha una bola con la cabeza sobre las rodillas. Fue enseguida a ofrecerle la mano para levantarse. La rehusó llevando la cabeza de lado a lado.

Aquella mujer era totalmente imposible. Se puso en cuclillas y le puso una mano sobre la cabeza.

-Odio cuando lo hacemos y hay tanto dolor de por medio como para tener que interrumpirlo y que te pongas así. Tanto tú como yo. Escúchame…-suspiró-. No quiero volver a acostarme contigo nunca más si eso va a hacer que llores. Explícate, ábrete un poco a mí, deja que pueda a medias predecirte para así adaptarme a ti y a tus circunstancias.

Como respuesta, ella dejó que le viera los ojos vidriosos al alzar la barbilla.

-Yo…-se oscureció la mirada-. No lo sé…

-Está bien. No tengo intención de forzarte-se puso en pie y volvió a ofrecerle la mano-. Pero levántate tú también, vas sin ropa interior y el suelo está muy frío como para estar sentada sobre él.

Pareció no haber escuchado lo que le estaba diciendo. Al no verle remedio, se encaminó a salir y dejarla en paz de una vez por todas. Si de todo lo que había querido ofrecerle eso era lo único que ella quería tomar, ya le iba bien. Desaparecería de su vista si era lo único que parecía contentarla.

-Shikamaru-despertó del ensimismamiento. Él se volteó, esperanzado. ¿Se había acostado con Yuuri?-. Nada, olvídalo-le haría caso y no se metería en su vida privada.

Se alzó, dispuesta a salir también. Se vio reflejada en el espejo justo delante de ella y comparó su robusta figura con la de Yuuri, a quien había visto desnuda de pequeña cuando se bañaban juntas. Se levantó un poco la camiseta y acarició el vientre, pensando en si estaba bien que se le notaran tanto los músculos por el arduo entrenamiento al que se sometía diariamente. Desde luego no era para nada femenino. Nunca se había sentido acomplejada por ello, ¿por qué ahora…?

La inspección no pasó desapercibida por Shikamaru, quien se acercó a ella por detrás.

-¿Quieres que te diga qué podrías mejorar?

Lo sabía. Así que había cosas por mejorar… Quería saber cuáles eran, tal vez así, si el modelo se pareciera al de Yuuri, podría tener alguna pista de posibles roces que hubieran tenido o no. Asintió.

Le alzó la camiseta de los dos lados y se la sacó, despeinándola por completo. Le elevó la barbilla e hizo una mueca divertida en el espejo a la que ella no pudo evitar reír.

-Hala. Ahí está. Fantástica-dijo para luego tirarle de una mejilla como si fuera una niña pequeña. No retrasó más su retirada.

Temari vio en el reflejo que ahora se encontraba tal y como la habían parido. Ella decidió irse y dejar a Shikamaru en Konoha. Cualquier cosa que hubiese acontecido con su vida sentimental desde entonces era una reacción a ese estímulo. Si ella no había sido capaz de enfrentarse a las adversidades a las que se hubiesen tenido que contraponer, eso, definitivamente, era su única culpa. Él habría querido intentarlo y lo sabía o, digamos, confiaba en su palabra. Si había cambiado tanto como para volverse una especie de mujeriego –que no lo sabía-, habría sido porque ella le habría hecho daño, con alta probabilidad. Si, como consecuencia, por tanto, se había acostado con Yuuri, se debería al despecho, porque simplemente ella no había demostrado el interés suficiente y había desistido de perseguirla.

Fuera como fuese, ¿quién era ella, habiéndole causado tantos problemas, como para tenerle rencor por una cosa así, cuando ella misma había propuesto el roce la primera vez? Antes que cualquier otra cosa era su amigo, no, su mejor amigo y, como tal, lo que no podía hacer era darle la espalda. Ya nada más era tan relevante como permanecer a su lado.

Se asomó para descubrir su posición. Localizó una pierna suya. Parecía estar sentado en el lado derecho de la cama. Se encaminó hacia él. Sin preámbulos, se le sentó encima, provocando instantáneamente que se le irguiera el miembro nuevamente. Le usurpó sin miramientos la camiseta, pensando en lo injusto que había sido verse a ella tan indefensa en comparación con él, que no se había desvestido en absoluto. Los siguiente fue quitarle todo lo demás y dejarlo igual que ella estaba.

Ella misma se tomó la molestia de penetrarse, amarrada a las hebras azabaches y ahogándolo contra su cuerpo, por tal de que no dijera nada.

Lo tumbó y continuó con la faena. Previendo su intención de preguntar, lo calló al empujar su lengua contra la suya. Ahogó sus gimoteos en el beso, sin dejar de masturbarse a ella misma utilizándolo a él, a su sexo. ¿Es que podía existir algo más provocador que aquello? Desde luego era un placer que superaba con creces los momentos en que había tenido que contentarse con sus propios recursos.

Shikamaru no perdía detalle de sus movimientos. Era probablemente la mujer más bipolar que había conocido en su vida, más que su madre, y aun así, aún si se trataba de un trastorno de personalidad, su locura lo enloquecía a él por sus huesos. Tan aburrida como le parecía la vida, barajaba la posibilidad de que ella, acabando con esa monotonía con sus cambios de humor, hubiese hecho que aprendiera a valorar los cambios y se hubiese atrevido a hacerlos mejor que nunca. Incluso podría ser que se tratara de una de las características que más adoraba de ella.

Se dejó hacer. Sólo por esta vez. Dejaría que se aprovechara de él, que lo utilizara a su antojo para su propio disfrute. De todas formas, lo hiciera como lo hiciera, acabaría corriéndose con una mujer así; que decidiera ella el orden y el procedimiento de los acontecimientos.

Temari vivía realmente cada relación sexual. Lo apostaba todo, lo daba todo por el otro, ya podía cansarse o sentir dolor, era capaz de ignorarlo si ello iba a incrementar el gozo del acto. Cuando se incita a una persona hasta el extremo, solo puede ocurrir o que tienda a ser beneficioso para ambos, pues la motivación del otro por hacer sentir el mismo nivel de congratulación aumenta.

Quizás se había excedido al haber querido tomar un absoluto control, quizás han sido demasiadas pocas las ocasiones en que le había dejado posicionarse y siempre se había acabado imponiendo. Pero y lo mucho que le estaba costando ahora no poner de su parte tras ver como se le giraban los globos oculares hasta quedársele en blanco de deleite. Quería ser él quien la dirigiera a ese estado. Retuvo sus instintos. Pero sólo por esta vez, de verdad.

Por primera vez ella fue víctima del orgasmo antes. Su columna vertebral se erigió y la cabeza se le fue para atrás súbitamente, arrimada a los pectorales del moreno. Él permitió que retomara un ritmo normal su respiración. Al sacarla le dio un espasmo y le pareció increíble que, realmente, de su flujo, le hubiese quedado tan empapada como estaba.

Ambos sabían que la cosa no había acabado ahí. Shikamaru aún no había llegado a nada, y la norma era: o los dos o ninguno. Ella era la que no podría hacer otra cosa más que dejarse hacer ahora. Se tumbó bocabajo aún exhausta por el tiempo que se había pasado haciendo aquel esfuerzo al que ya no estaba acostumbrada.

Él reposó los codos a cada lado de su cabeza y le mordisqueó del cuello a los hombros mientras se frotaba contra ella hasta no poder oponerse a penetrarla de nuevo. Llegó un extremo en el que era nulo el esfuerzo que debía hacer, pues era tan resbaladiza que con un poco de inercia ya estaba todo hecho.

No contenta con haber acabado, apoyó las rodillas y alzó el trasero para que Shikamaru pudiera inserirse con más facilidad. Tuvo que morder la almohada al sentir que realmente cambiar la posición le había servido para llegar a una mayor profundidad. Sabía que esa era una de las posturas que más gustaban a los hombres. Y a las mujeres también, ¿por qué no? Quien la viera…

¿Es que había algo que no supiera manejar? La embistió ansioso por llegar dentro de ella y sentirse suficientemente importante por tener el privilegio de hacerlo. ¡Qué avaricioso era a veces!

La puso con impaciencia contra la pared para hacer los últimos esfuerzos y la agarró del pelo para tener vía libre a todo el lado derecho de su cuello. Sintió, poco después, como ascendía aquel líquido viscoso por el conducto y en cuanto estaba por expulsarlo, le echó la cabeza por atrás y le mordió con fuerza la yugular. Le flaquearon las piernas de la fuerte sacudida y, de la manera en que estaban, la mezcla de fluídos descendió por las piernas de Temari.

Él se quedó de rodillas, como estaba y, ella, se dejó caer sobre sus piernas, reposando la cabeza sobre su hombro izquierdo. Él la aceptó y la rodeó desde la espalda, ascendiendo con las manos hasta sus senos y acariciándole suavemente las aureolas. Aspiraron a la par, hasta que vieron que su ritmo cardíaco volvía a ser el corriente.

-No sé qué es lo que ha pasado, pero esto va a ser irrepetible-dijo todavía pellizcándole los pezones.

-No menosprecies mis facultades-rio.

-Dios me libre.


Pues 13 páginas más...

Y es terrible, cada vez que vuelvo a leer los anteriores capítulos no hago más que encontrar cosas que no me gustan... ¡Qué tortura! .

Además lo empecé siendo un polluelo y con el tiempo ha cambiado mi personalidad y, con ello, mi escritura y mi todo, imagino... No sé si sólo me doy cuenta yo... Y, claro, pienso: la gente que lo lee del tirón debe decir wtf.

No he investigado mucho, sé que puedo editar los archivos que se han subido, ¿pero hay alguna manera de editarlo directamente sin tener que "resubirlo" (eliminando comentarios etc) -ya no tanto por lo que no me guste, sino por faltas de ortografía o descuidos u.u-?

Agradezco la ayuda si la hay, y sino pues gracias por leer :P :*

Sayo!

PD: Aunque parezca siempre que intento excusarme... Realmente se me estropeó el ordenador y, dado que estoy estudiando fuera no pude recuperar los archivos hasta hace poco que fui allí donde vivía.