Capítulo VI
(Por Flor Guajira)

El dolor de cabeza ya había desaparecido por completo, pero se sentía algo mareado y con mucha sed. Después de lo que paso con Sanae, y de cómo se sentía hoy, no volvería a beber. Por lo que se vistió y salió de la habitación.

-Me puede llamar a un taxi por favor- Le dice a la recepcionista.

-Con mucho gusto señor- Toma el pequeño radio para llamar a la empresa de taxis a la cual el hotel estaba afiliado- Su taxi llegará en menos de 5 minutos- Le sonríe.

-Gracias- Sonríe

-Espero que haya pasado bien su noche- Al escuchar esto Tsubasa se pone tenso, pero sigue caminado hacia una silla para esperar a su transporte.

Esta era la primera vez en la que Tsubasa deseó no encontrar a Sanae junto a él después de pasar la noche junto a ella. Se sentía tan patético y tan mal por haberla dejado sola durante tanto tiempo.

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Después de haber dormido por un buen rato, Genzo se levanta para comer algo de fruta, ya que con su resaca no se le antojaba más nada. Por lo que toma la bandeja con algunas manzanas y enciende la televisión para comer y ver algún programa deportivo al mismo tiempo. Pero tan mala fue su suerte que al pelar una de las manzanas, se hace una fuerte pero no tan mortal cortada en el dedo pulgar.

-¡Diablos!- Grita el joven- Me corté- Toma con rápidez el teléfono y llama a la recepción para que le pidan un taxi, e ir al hospital ya que su cortada no se veía nada bonita.

Antes de bajar hacia la recepción, va al baño para quitarse un poco la sangre y enrollarse la mano con papel higiénico.

El teléfono suena, la recepcionista le avisa que ya su taxi ha llegado. Por lo que no pierde tiempo y baja como alma que lleva el diablo.

-Buenas tardes, Señor- Le saluda amablemente.

-Buenas tardes- Responde- Me lleva al hospital más cercano, por favor.

-Con gusto- El auto se pone en marcha.

Al llegar a su habitación, Tsubasa subió a su cuarto para tomar una ducha y comer algo en el restaurante del hotel. Él no quería que le subieran nada a su habitación, deseaba sentarse en la mesa y comer como alguien normal.

Al acomodarse en su silla, vio a Sanae a dos mesas de él despidiéndose de varios hombres, que por lo que él deducía podrían ser sus socios o clientes de la empresa. Y como la primera vez que la vio en este mismo restaurante, fue detrás de ella.

-Sanae- La toma del brazo- ¿Podemos hablar?

-¿Quieres hacerlo aquí?- Cruza los brazos molesta.

-Vamos a mi habitación- Esta fue una opción segura, ya que al ver la cara de Sanae, y conociéndola como la conoce no descartaría un escándalo de su parte.

Al estar ya seguros en la habitación, Tsubasa decide dar el primer paso.

-Sanae, yo quiero hablar cont… - Sanae lo interrumpe.

-¿Qué quieres hablar conmigo?- Sanae tenía el presentimiento que ya había llegado la hora de hablar- Quieres hablar acerca de lo que paso hace 5 años, ¿verdad?

-Pues si- Sanae le quitó las palabras de la boca- Creo ya es hora de ponernos serios- La mira fijamente.

Sanae mantenía la mirada fija y la mandíbula tensa. Quería demostrar firmeza ante él.

-Perfecto, hablemos- Se vuelve a cruzar de brazos- Cuéntame que se sintió haberme dejado después de haber abortado el bebé ambos- Sanae sintió como si el peso que llevaba consigo desde hace tiempo hubiera desaparecido.

Tsubasa no dijo nada, sólo guardo silencio.

-Por favor, cuéntame- Le da un leve golpe en el pecho- Cuéntame que se sintió haberme dejado cuando más te necesité- Inclina su cabeza hacia la derecha mientras se formaba en su rostro una sonrisa de triunfo.

-Yo… Lo lamento- Fue lo único que se le ocurrió.

-No puedo creer que eso sea todo lo que tengas que decirme- Toma su bolso, ya no quería hablar con él.

-Yo también sufrí con la pérdida- Se coloca detrás de ella y le toma el brazo suavemente.

-Y según tú yo soy de palo- Se zafa del brazo de Tsubasa bruscamente- ¿Tú crees que para mí fue fácil haber tenido un aborto a los tres meses de gestación?- La rabia desapareció, y ahora era tristeza.

-No fue fácil para mí, Sanae- Reconoce.

Sanae no aguantó escuchar cómo Tsubasa se hacia la víctima y lo abofeteó.

-¡Deja de hacerte la maldita víctima! ¡Me dejaste cuando más te necesité!- Tira su bolso al piso.

Tsubasa quedó estupefacto ante la reacción de Sanae, pero sabía que se merecía eso y hasta más.

Para ser exactos, hace 5 años cuando Tsubasa y Sanae tenían 23, recibieron la noticia que iban hacer padres. A pesar de que ninguno de los dos estaba preparado para ser padres, decidieron hacerse responsables de sus actos y tener al bebé. Ambos estaban entusiasmados y muy felices, pero cuando Sanae cumplió su tercer mes de gestación tuvo un aborto espontáneo. Ante la terrible pérdida, Tsubasa descargó su ira con ella y la dejó sin darle explicación alguna.

-Me dejaste el mismo día que tuve el aborto- Se pasa las manos por el cabello- No esperaste ni dos días para irte- De su rostro comienzan a salir lágrimas- Sólo pensaste en ti, nunca te detuviste a pensar en lo que yo necesitaba- Se tono de voz se vuelve inaudible- Y ni hablar de cómo me echaste la culpa de todo- Baja el rostro.

-Tienes razón, nunca pensé en ti- Esta era la segunda vez que reconocía lo que ella decía- Pero tienes que entenderme, a mí también me dolió la pérdida del bebé- Se excusó.

-¿Sabes que es lo más curioso de todo?- Pareciere que no hubiera escuchado lo que Tsubasa dijo- Lo curioso es que después del aborto me concentré en trabajar, y así fue como ahora tengo mi empresa- Se limpia las lágrimas- Pero no hay un día que no deje de pensar en cómo hubiera sido mi vida si él o ella hubiera nacido- Sonríe- Y de cómo cambiaria mi estado corporativo, las reuniones, los premios y el dinero, por tenerlo o tenerla en mis brazos- Tsubasa no pudo evitar abrazarla.

Sanae, por favor, perdóname- La pega más a él- Sólo quiero que me permitas hacer parte de tu vida otra vez- Le acaricia el cabello- No hice lo correcto, no debí haberte abandonado.

Sanae se aparta de él y sale de la habitación sin decir nada. Después de hablar con Tsubasa sintió como su resentimiento creció aún más.

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Por su parte, Gabriela llevaba varias horas entre consulta y consulta atendiendo las citas programadas por su secretaria. Decidió tomarse un pequeño descanso aprovechando que uno de los pacientes no había llegado, y salió hacia la cafetería. En el camino se topó con una de sus amigas, Malka, una rusa que trabajaba como enfermera hacía varios años.

-¡Doctora! ¡Qué bueno verla por aquí!- Malka le dio un abrazo afectuoso a Gabriela, pues no esperaba encontrársela. Desde hacía un buen tiempo, ella simplemente se encerraba en su consultorio o permanecía en el área de Psiquiatría- ¿Cómo está?

-Hasta ahora sigo cuerda, querida, y ya eso es decir mucho.

Ambas mujeres rieron. La enfermera cambió su sonrisa sincera por una pícara, llena de complicidad.

-Por cierto, a que no adivina quién anda por los lados de Urgencias…

Gabriela se extrañó por la pregunta. ¿Qué podía saber ella? Se hizo a un lado del pasillo, cerca a la isla de la enfermera jefe y se apoyó en el mesón. Negó con la cabeza, esperando que la otra mujer le contestara.

-El señor Wakabayashi- le dijo en un susurro. Gabriela enarcó una ceja.

-¿Ah, sí? ¿Y eso porqué?- Trataba de parecer indiferente pero la curiosidad le ganaba. Odiaba admitirlo, pero sabía que no iría a la cafetería como lo había planeado. Ahora debía hacer otra parada.

-Hasta donde sé, llegó con una cortada bastante grave, creo que en una de sus manos. Lo está atendiendo el Dr. Fushida- la alarma de puesto de la enfermería sonó y Malka se apresuró a ver quién le necesitaba- Bueno, nos vemos después- Le sonrió a Gabriela y salió hacia la habitación de algún paciente.

Gabriela se quedó cruzada de brazos por un instante, pero se puso en marcha hacia Urgencias. Su curiosidad le había ganado.

Encontró al doctor Fushida escribiendo una historia clínica y se le acercó en silencio. No tenía pretexto alguno para estar en Urgencias. Sin embargo, se le ocurrió que podía pasar simplemente a saludar a su antiguo tutor de la universidad. El hombre la divisó a unos pasos y le regaló una sonrisa.

-Doctora Chams, es raro verla por aquí cuando su especialidad está en otra parte- Cerró el bolígrafo retráctil que sostenía en la mano.

-Lo sé, pero decidí pasar a saludarle- Le devolvió la sonrisa, aunque no notó que el doctor conocía sus motivos.

-Qué rápido vuelan los chismes por aquí, ¿verdad?

Gabriela quiso decir algo, pero prefirió callar. Fushida la observó y luego le señaló con la vista- Está por allí.

El sonrojo no se hizo esperar en ella y bajó la mirada. Susurró un casi inaudible "Gracias" y caminó hacia el reducido cuartito, separado de los demás por algunos biombos.

Entró en silencio. Genzo no la notó; por el contrario, estaba muy entretenido observando su herida. Intentaba cerrar la mano, pero dejaba escapar un quejido en el intento. Al fin levantó la vista y se encontró con la mirada de Gabriela. La miró extrañado, como si el que ella estuviese ahí no fuera real.

-¿Qué haces aquí?- Le dijo aún incrédulo.

-Realmente no lo sé. Pasé por aquí a saludar a un antiguo profesor y me dijo que viniera- mintió. Si ya se sentía derrotada por la curiosidad, no quería que él se enterara.

-Pues dile a tu profesor que tendrá un obsequio de parte mía- Genzo sonrió y volvió su mirada a la herida. Estaba sentado en la camilla y tenía el teléfono en la mano sana- Estaba por llamarte, ¿sabes? No sé, de pronto me acordé de aquellas épocas en las que eras tú la que te encargabas de estas cosas- Le mostró su mano y la bajó enseguida.

Gabriela que había permanecido de pie, se acercó a su lado y le tomó la mano para mirar la herida. Había sido una cortaba un poco profunda, entre el dedo pulgar hasta la parte inferior de la palma de la mano. Sin embargo, no era nada que no pudiera curarse con un poco de cuidado. Era evidente que Malka le había mentido.

-Eres un llorón, esto no es nada- le dijo soltándole- No sé para qué vienes, como si no supieras que Urgencias es para cosas precisamente "urgentes"

-¿Y te parece que esto no es urgente? ¡Es mi mano, Gabriela! Es con lo que trabajo. Si esto no sana de aquí al inicio de la próxima Bundesliga, puedo darme por muerto, ¿entiendes?

-Deja el escándalo, que bien sabes que eso no tardará ni dos semanas en curar. Ahora, deberías regresar a tu hotel y ponerte a hacer algo productivo- Dio media vuelta para salir, pero Genzo le hizo detenerse.

-Okey, te haré caso menos en eso de irme al hotel. Y como quieres que haga algo productivo, y ya que estamos aquí, ¿qué te parece si arreglamos la cuenta pendiente que tenemos?- Genzo bajó de la camilla y se acercó a Gabriela que se había cruzado de brazos.

-Ya todo está dicho entre nosotros, Genzo. No sé de qué querrás hablar- Le respondió con fastidio. Lo miró a los ojos, y luego desvió la mirada hacia la enfermera que había acabado de entrar con los vendajes para terminar la curación.- ¡Ah, mira qué bien! Ya van a terminar de atenderte y luego te podrás ir- le sonrió falsamente y caminó hacia la salida.

-¡Doctora Chams!- Genzo le hizo detenerse nuevamente. Gabriela le miró con rabia y con un gesto le indicó que continuara hablando- ¿Entonces para cuándo me programa la cita? Sabe que necesito un tratamiento urgente- En el rostro de Genzo se formó una sonrisa cínica. La enfermera los miraba sin comprender nada.

-Pásese por mi consultorio, señor Wakabayashi- Tengo una cita que no asistió y puedo atenderle- Gabriela hablaba forzadamente, sintiéndose usada. No quería hablar con él, simplemente porque sabía que había llegado la hora de enfrentar el pasado para solucionar el presente y decidir el futuro. Y le temía más que nada a eso: al futuro.

-¿Me atenderá con gusto?- La sonrisa aún no se borraba del rostro de Genzo quien se divertía con la expresión de Gabriela.

-Por supuesto- le sonrió fingidamente y salió del lugar.

Caminó rápidamente por los pasillos del hospital hasta encontrarse nuevamente en su consultorio. Su secretaria le preguntó algo, pero ella no le contestó, entrando a su oficina aún ensimismada en sus pensamientos.

Se sentó frente al escritorio y se cruzó de brazos. Lo esperaría. La charla que venía era necesaria. Cuando Genzo se fue sin avisar, habían quedado muchas dudas sin resolver, y aquel era el momento perfecto para ello. Además, estaba "en su terreno" y eso le hacía sentir segura.

Después de algunos minutos, diez aproximadamente, la secretaria le anunció que Genzo esperaba afuera. Respiró profundo y presionó el botón de la contestadora.

-Házle pasar.

En menos de nada ya estaba él ahí. Notó que su mano estaba envuelta con vendas y le pareció que aún eso le hacía ver endemoniadamente sexy.

Genzo la miraba curioso. Creyó encontrarla enfadada por lo de hacía un rato, pero por el contrario la encontró muy tranquila, más bien profesional, y eso no le agradó del todo. Sentía que estaba delante de la doctora, y no delante de la mujer con quien quería arreglar sus líos.

Ninguno de los dos decía nada. Genzo se tomó su tiempo para sentarse y observaba todos los objetos del escritorio con viva curiosidad. Repasó con la vista las fotografías colocadas a un lado del monitor del computador.

-Tu hermano, tus padres, Vicky y Kojiro, Kiara… ¿Y dónde está mi foto? Creo que tendré que sacarme una en ropa interior para que la exhibas… ¿Recuerdas la de aquella vez? Todavía me acuerdo de tu cara cuando te la…

-Así que necesita tratamiento, señor Wakabayashi- Gabriela le interrumpió. Sabía por dónde iban las ideas de Genzo y no quería llegar a esos puntos.

-Sí, es que verás, estoy muy enamorado.- Se recostó en el respaldo de la silla, y esperó que sus palabras tuvieran algún efecto.

-Conozco su caso perfectamente. Lo mejor que puede hacer es olvidar.

-No me digas eso, ¡maldición! ¡Llevo cinco años intentándolo y no he podido!- Genzo ya se sentía irritado por el modo en que Gabriela le hablaba. Ella permaneció inmutable, aunque por dentro estuviera a punto de llorar. Se puso de pie y permaneció así, apoyada en el respaldo de su silla- No sé qué clase de karma estoy pagando, pero estoy cansado. De verdad quiero que esto se solucione de la mejor forma para ambos- Lo último lo dijo en un tono más suave. Tomó aire y la miró fijamente de arriba hasta abajo.

Siempre le había parecido que la bata blanca la hacía ver muy bien, aún cuando la prefiriera sin ella. Le parecía increíble lo mucho que había cambiado. Había dejado de ser la chica suave y cándida, de un cuerpo sencillo y atractivo, a ser toda una mujer imponente, con "curvas bien definidas" (según él), aún cuando sabía que ella lo negaba rotundamente.

-No es el "karma", Genzo. Es la consecuencia de todas tus estupideces. No pretendas querer arreglarlo todo con un "paz y amor" después de todo el daño que hiciste. Sería muy infantil de tu parte pensarlo, aunque por ser tú no me sorprendería- La forma en la que le contestó fue fría y distante. Caminó alrededor de su escritorio, hasta quedar frente a Genzo.

-No me tomes por un tonto, Gabriela.

-¿Y cómo quieres que piense en ti de otra forma después de las cosas que dices y haces?- Mantuvo su voz en el tono normal, aunque Genzo la elevaba cada vez más.

-¡Bien! Entonces hablemos "a tu altura". ¿Qué fue lo que le molestó, Madame?- A este punto, el sarcasmo había tardado mucho en aparecer. Genzo también se puso de pie, y la miró con el ceño fruncido.

-¿"Lo que me molestó", dices? ¡Lo que me destruyó, querrás decir! La bajeza que me hiciste, porque no hay otra forma de definirlo. ¿Te parece poco irte sin decirme nada, como si lo nuestro no hubiera sucedido jamás, y aparte de todo, presumir de nuestra vida sexual como si mi reputación fuera la de cualquier estrella porno mal pagada? ¿Es eso poco?- La firmeza que Gabriela había aparentado unos instantes atrás se había derrumbado. Ahora le quedaba expuesta la parte vulnerable que tanto se había esforzado en ocultar.

Genzo permanecía en silencio con la vista fija en ella. En la forma en la que lo decía, todo sonaba bastante doloroso. Decidió bajar la guardía. No podía ponerse a la defensiva, siendo ella la lastimada.

-No tienes nada para decir, ¿verdad?- continuó ella- Y aunque lo tuvieras igual no serviría de nada.

-Quizá no tenga nada qué decirte, pero seguro que algo tengo por hacer- Se acercó a ella, y le tomó el rostro, dándole un beso inesperado. Gabriela se resistía, no podía permitirle pisotear su dignidad más de lo que ya lo había hecho. Le empujó lo que pudo, y él se separó sonriente.

-¿Por qué tan arisca, gitanita?- le pasó el pulgar por la mejilla y volvió a besarle. Gabriela ésta vez no se opuso.

Una vez Genzo terminó el beso, Gabriela le dio una cachetada.

-Ésta, por atrevido- Él aún no se reponía del anterior golpe cuando recibió otro más- Y ésta, por no haberme besado antes.

A pesar del escozor de las bofetadas, Genzo sonrió. Por primera vez desde que estaba de vuelta, sintió que había una luz para los dos. Entre tanto, ella había decidido ceder. Pero a Genzo aún le faltaba pagar un precio un poco más alto.

Ese día tanto para Sanae y Gabriela había sido pésimo. Ambas se habían enfrentado a los hombres que amaban y detestaban. Lágrimas y rencores habían hecho aparición. Nada estaba dicho aún, ya que Gabriela tendría un plan para hacerles saber cómo se sentía el abandono.

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Victoria y Kiara Hyuga pertenecen a Aster125.