Presentación:

Hola a todos.

Este es una pequeña miniserie que se conforma de relatos cortos que giran alrededor de una misteriosa leyenda del Clan Ardley: el talismán de plata con forma de águila que, durante más de un siglo, se ha considerado emblema del jefe del clan.

Cada relato está compuesto de una o dos escenas mayores y una tercia de escenas breves escritas en cursiva (correspondientes al manga original en los primeros doce capítulos), que intentan dibujar un poco lo relacionado a esta leyenda. Las escenas de mayor extensión pueden ser relatos tanto en pasado, como en presente que intentan introducir y/o enriquecer los hechos mostrados en las escenas breves; mientras que las escenas breves utilizan el presente y son versiones libres basadas en fragmentos de la historia contada por el manga. El relato completo sigue un orden cronológico apoyándose en el manga; así que espero que no resulte demasiado confuso.

Sus alcances son cortos, puesto que originalmente es un guión que permitió visualizar parte de la historia del Clan Ardley, empleado como soporte para escribir fanfics más extensos y pulidos. Algunas de las escenas son base de otras mucho más complejas utilizadas en otras series. Sin embargo, creo que cumple el cometido de ofrecer una visión del pasado del Clan y de las misteriosas circunstancias que unieron las vidas de William y Candy. Espero que lo disfruten.

Reconozco que la idea central para esta historia la obtuve después de leer un fanfic titulado "El Águila y la Rosa", escrito por Leticia Funes. En esta historia, misma que está incompleta y que la autora todavía no retoma, el medallón del Príncipe, al cambiar de dueño en diferentes formas y circunstancias, va propiciando en cierta manera que las vidas de todos sus poseedores se entrelacen directamente con el clan Ardley y sean marcadas por un destino trágico.

No está de más puntualizar que lo expuesto en la presente historia es pura y llana ficción y, en manera alguna, guarda relación con mis creencias personales, ni mi visión de la realidad.

¡Gracias por leer!


Un talismán es un objeto al que la superstición atribuye alguno que otro poder. Se dice que si se lleva puesto, da suerte y protege del mal, además de ser como una compañía a la vez. Proveniente del griego talesma que significa "completo", hacía referencia a cualquier objeto o idea que completaba otra y la convertía en un todo. El elemento final. (fuente: Wikipedia)


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TALISMÁN
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La dama se tomó el tiempo necesario para descender la escalinata central con lentitud, marcando deliberadamente cada paso; como siguiendo una cadencia sólo escuchada en su mente, cadencia en la cual resonaban melancólicas notas marcando el ritmo de la muerte que, en ese día aciago, había llegado a la mansión para borrar de un soplo cualquier esperanza en una existencia cómoda y despreocupada, si bien no feliz.

─¿Han llegado? ─la mujer, de edad madura y porte impasible hizo un gesto incierto que al hombre le pareció innecesariamente afectado de indiferencia. No obstante, en realidad no le sorprendió que, aún en ese momento tan dramático de la historia familiar, ninguna emoción asomara a su rostro, siempre lejano, siempre correcto, infinitamente orgulloso; resultado del riguroso modelado aristocrático que siempre producía la pertenencia al clan Ardley, fuera por asociación o por nacimiento.

─No ha respondido, George ─el tono de censura siempre estaba presente, sin importar la ocasión. El aludido se preguntó, por enésima vez, si habría algo o alguien capaz de complacer a la inconforme señora Aloy.

─Disculpe, Madame ─se inclinó cortésmente, a sabiendas de que eso calmaría a la gobernanta de los Ardley. Cualquier actitud servil y respetuosa era útil, entre más natural, mejor. Nadie mejor que él lo sabía; ni siquiera un sirviente había experimentado los reproches en mayor medida que él. Sencillamente, sus hábitos y los cánones de corrección de madame Aloy no congeniaban. Nunca lo hicieron y, pese a ello, ahora estaban de nuevo frente a frente, unidos en una extraña tregua, intentando evitar una catástrofe mayor aún a la sucedida la semana anterior. No consiguió evitar que su expresión reflejara lo confundido que se sentía.

─Ya veo que Eldestone lo ha puesto al tanto, y supongo que Rosemary tampoco perdió tiempo en comunicarle las últimas noticias ─aseveró la matrona, si molestarse en dudarlo siquiera. Ciertamente podía ser irritante en cuanto a su esnobismo; pero detrás de su fachada de altivez y frialdad se escondía una mujer inteligente, suspicaz y de mente sagaz a quien resultaba imposible engañar.

─Así es ─afirmó el hombre, incapaz de mentir─. Y debo reconocer que no esperaba que usted apoyara esa decisión, Madame.

─¡Déjate de tonterías! ─espetó la mujer, confundiéndole aún más; tanto porque se dirigió a él tuteándolo, como por el tono exasperado que no se molestaba en disimular. Clavó su oscura mirada en la de él antes de proseguir─. Entre todos los miembros de esta familia, te aseguro que no podrás encontrar a alguien que esté más dispuesto que yo, a aceptar que tomes la responsabilidad de cuidar del heredero.

─Gracias ─fue el único comentario de George, quien sin más palabras que añadir, se limitó a seguir a la única superviviente de la duodécima generación de la familia Ardley principal, hacia la biblioteca de la mansión ancestral y hacia su nueva vida.

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Talismán
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─¿Y bien? ─inquirió Aloy, al observar la expresión perpleja de George ─¿No vas a decir nada?

─Madame Aloy... ─El guardián dudó como jamás había dudado, inseguro hasta el extremo; no por la petición tan especial de la anciana, sino porque su mente ya conjuraba imágenes de tragedias inexplicables; imposibles al mismo tiempo que inevitables.

─La oportunidad que la directiva ha concedido a William es extraordinaria, no puedes rechazarla, como yo tampoco puedo permitir que lo hagas. Sé que él estará bien contigo, y los chicos tendrán un ambiente mucho más tranquilo que les ayudará a superar esta nueva tragedia ─la expresión de la mujer mayor se ensombreció, sin embargo, su resolución permaneció─. Además, si existe quien pueda enfrentar este reto, son ustedes dos. Lo sé.

─No estoy seguro de que sea la decisión correcta ─respondió George muy a su pesar, contemplando con expresión pensativa y tremendamente melancólica la insignia de fina plata que reposaba en el centro del estuche de terciopelo. El águila de alas extendidas, lista para emprender el vuelo, parecía retarlo a dejarla en su sitio, amenazándolo con maldiciones centenarias que hablaban de tragedia, horror, desolación y muerte. Cualquier cosa menos la inmutabilidad, expresaba el símbolo, resumiendo la historia familiar de manera efectiva.

─Lo será ─replicó Aloy, sin mucha emoción─. Los Ardley han sobrevivido a tantas cosas, que esto casi parece un juego. El heredero debe asumir sus responsabilidades; y la decisión de la directiva es apenas un simple paso en el prolongado y arduo recorrido que debe realizar.

─William dará problemas... ─aventuró George, plenamente seguro de la cuestión.

─No lo hará ─dijo Aloy, y sus ojos encontraron los del guardián: los de él acusadores, los de ella determinados─. El muchacho podrá evolucionar de miles de formas distintas, incluso convertirse en un perfecto desconocido para los demás; pero jamás dejará de ser un verdadero Ardley.

─No puede saberlo ─replicó George, sintiendo cómo el último recurso para conseguir la capitulación de Aloy se desvanecía.

─Tú eres mi garantía, Johnson ─explicó Aloy, con una inusual sonrisa no exenta de cinismo─: si existe una persona que puede formar a un verdadero Ardley, eres tú. William estuvo ahí para ti, y ahora es tiempo de que devuelvas el favor a su único hijo ─la mirada oscura de la anciana se posó sobre él, transmitiéndole la convicción necesaria para olvidar sus recelos─. No es tiempo de dudar, sino de actuar. No sólo por los Ardley, sino sobre todo, por William.

─De acuerdo ─aceptó George, y sus fuertes dedos deslizaron la tapadera del estuche, ocultando el águila de ojos profanos. No podía saber que la majestuosa ave había tomado ya una decisión, y que el destino comenzaba a escribirse.

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Talismán
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¡Oye! ¡Se te cayó esto! ─grita la pequeña; pero, al alzar la mirada en busca de su nuevo amigo, lo descubre ausente.

Entre sus tiernas manos, el broche resplandece. La imponente águila de alas desplegadas dominándolo todo; brillando con la magia del reciente encuentro.

¡Qué hermoso broche! ─exclama la niña, oprimiéndolo entre sus pequeños dedos mientras la ilusión se instala en su pecho de forma irrevocable:

¡Él es mi Príncipe!...

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La adolescente escapa, el broche de la discordia seguro entre sus delicadas manos. Sus pies llevándola muy lejos, hasta que el llanto la domina y cae al suelo, inconsolable al comprender que sus sueños de tener una familia se despedazan irremediablemente.

Entonces escucha su voz, y contempla de nuevo su hermosa sonrisa y su tierna mirada; pero es una ilusión simple y vana, porque él no es él, sino aquel que no es.

Una ingenua súplica surge de sus labios, tan candorosa como ninguna:

No lloraré, pero vuelve aquí para que pueda verte...

*.*.*.Talismán.*.*.*

La caída del árbol es el preludio al encuentro con el águila, que aparece de nuevo, esta vez custodiando la entrada a un mundo que se le antoja repleto de maravillas.

El recuerdo largo tiempo silenciado surge con fuerza en su memoria, transmitiéndole la misma alegría que aquel lejano momento en la colina.

La certeza de estar cerca de su sueño invadiéndola, convirtiendo sus deseos en promesa:

¡Espérame, mi Príncipe!