Y SE VA...

Voy a comenzar con los agradecimientos a quienes siguen la lectura de esta locura desde su primer capítulo. Aquellas a quienes se fueron integrando en el camino, a las que con cada publicación dejaban sus comentarios, los que me animaban a seguir, a quienes hacían su lectura silenciosa...en fin. A todas ustedes mil mil gracias.

A mi Beta Paly que ha tenido una paciencia única y de quien estoy muy agradecida...

Y bueno, no me queda más que dejarlas con el último capítulo más el epílogo...y además un adelanto de la nueva historia que probablemente lance mañana, que se llamará "Cuerpo y Alma". Espero verlas por allí. Son siempre bienvenidas.

De momento es todo. A leer y una vez más, mil gracias por su compañía en este lindo periplo.

OS AMO, OS QUIERO OS ADORO!


Renée y Carlisle esperaban a Bella en el aeropuerto, quien llegó con dos horas de retraso. Cuando Bella vio a su mamá, corrió hasta ella y la abrazó, llorando en sus brazos. Había necesitado de ese calor que su madre le proporcionaba desde el día en que Sam murió.

-Dios mamá, te he echado tanto de menos… y estás…tan hermosa…-

-Oh cielito… también te extrañé… pero ya estás aquí- decía la mamá, mientras acariciaba la cabeza de su niñita.

-Yo también quiero mi abrazo- dijo Carlisle, haciendo que Bella se volteara hasta él y lo abrazara también.

-Bueno, vámonos que Alice y las chicas están ansiosas de verte. ¿Estás cansada?-

-Un poco, pero puedo aguantar algo de charlas femeninas. ¿Y cómo te has sentido mamá?-

-Oh, muy bien… a penas salgo de casa. Tengo que hacer reposo, ya sabes-

-Ya se te nota la barriga, te ves hermosa de verdad-

-¡Rose dice que el pelo se pone más brillante!-

-Bueno mujeres, andando- las animó Carlisle a seguir para ir a casa, donde las mujeres estaban alborotadas por la llegada de Bella.

Todas estaban lastimadas por la pérdida de Sam, y de alguna manera necesitaban ese relajo. Comenzaron a recordarlo, a recordar las vivencias con él, y antes de que todas las magdalenas se derrumbaran en llanto, Alice se puso a enumerar todo aquello que debían hacer, además del baby shower para Rose. Pero lo primero era la boda de sus hermanos.

-¡Dios! Tenemos tantas cosas que hacer… la prueba del vestido, debes darle un vistazo a la iglesia, al salón y los regalos que ya han llegado…- comentó Alice mientras comían algo, haciendo que el resto de las mujeres estallaran en algarabía. Pero el cambio de horario, las horas de vuelo más su "estado" la tenían a Bella algo "jodida" así cuando sintió que sus ojitos comenzaban a cerrarse, se disculpó y se retiró al cuarto que ya tenían preparado para ella.

Ni siquiera le habló a Edward… aunque no quiso ser desconsiderada, así que tecleó un rápido mensaje donde le decía que había llegado bien, pero que ahora mismo se estaba quedando dormida.

Cuando despertó al día siguiente, era cerca de medio día. Había dormido bien y se sentía descansada al menos. Aunque de sólo pensar en lo que le esperaba con Alice durante esos días… Uff.

A los únicos que encontró fue a Sue y a Carlisle tomándose un té en la cocina. Con ellos compartió durante un rato, mientras tomaba su leche y comía algo de fruta.

-¿Emocionada por la boda?- preguntó Sue, mientras le servía un vaso de jugo

-No he tenido tiempo de eso…aún. Pero tarde o temprano estaré paralítica de los nervios… Carlisle tendrá que arrastrarme por el altar…- dijo ella, riendo.

-Arrastrarte… no sé si a Alice le guste esa idea…pero puedo cargarte en brazos si no puedes caminar por el altar. Además, con esos tacones que ustedes usan…- comentó Carlisle. Terminando de tomar su café.

-¡Dios! Había olvidado eso…-

-Pero puedes usar tenis, ¿no? El vestido es largo y ni lo notarán…-

-Serás mi cómplice en eso, Carlisle. Emm, quería pedirte algo más…-

-Estoy para servirte-

-¿Puedes… puedes llevarme al cementerio? Quisiera llevarle flores a Sam-

-Acabemos el desayuno y nos vamos, ¿te parece?-

ooo

Después de ese relajante desayuno, Bella y Carlisle se fueron rumbo al camposanto. Afuera, compraron tres paquetes de flores, para Sam, Esme y los padres de Sam.

Cuando Bella se enfrentó a la lápida que llevaba el nombre de su amigo, no pudo evitar llorar. Acarició con sus dedos la inscripción de su nombre en relieve sobre una lámina de plata, y otra vez, como un viaje en segundos, recordó desde el día que lo conoció hasta la noche anterior de su muerte, cuando se despidió de él.

-Todos lo extrañamos…- dijo Carlisle, acercándose a Bella y pasando un brazo sobre sus hombros.

-Es difícil no… verlo siempre…-

-Lo es-

-Será difícil para Kate, ¿Sabes?-

-Por supuesto que sí. Estaban comenzando una relación, ¿no? Es cruel…-

-Es cruel ahora más…cuando Kate está esperando un hijo suyo…-

-¡¿Qué has dicho Bella?-

-¿Lo dije en voz alta?-

Bella no quería ser entrometida. Ella no debía ser la que diera esa noticia, sino la misma Kate, a quien sintió traicionar.

-¿Es verdad, Bella?-

-Oye, se supone que ella lo contaría, no yo… no sé qué me pasó-

-¡Dios del cielo! Un hijo de Sam… ¡Que alegría!- exclamó Sam, secándose las lágrimas y abrazando a Bella.

-Es como un regalo, ¿verdad?-

-Lo es. Un hermoso regalo de Sam antes de marchar-

-¿Puedes guardar el secreto? Al menos hasta que ella decida contártelo…-

-Lo haré- prometió Carlisle, para luego él y Bella comenzar a arreglar los jarrones con las flores que habían comprado.

OOOO

-Oye, conozco ese tono de voz, qué sucede- preguntó Edward al teléfono, mientras se preparaba el desayuno antes de ir a la oficina en Madrid.

Bella estaba recostada sobre su cama, después de un ajetreado día. Aun así, la melancolía a esa hora pesaba más.

-A parte que te extraño… esta mañana fuimos a ver a Sam… a dejarle flores-

-Entiendo…-

-Y… y creo que cometí una indiscreción…-

-¿A qué te refieres?-

-No sé por qué lo hice… pero le dije a Carlisle lo de Kate y su embarazo… le pedí a él que guardara el secreto hasta que ella lo contara-

-Oh... bueno… no creo que haya problema. Creo que Sam no se hubiese molestado y que mi padre es discreto, así que no te preocupes…-

-Eso espero. Oye… te extraño-

-Y yo a ti amor…. ¿te has sentido bien?-

-Sí…aunque Alice no me ha dejado respirar. Apenas llevo un día aquí y ella me tuvo desde el medio día corriendo de arriba abajo…-

-Pobre mi niña…-

-Cuando te vienes…-

-Pronto amor, en cuanto termine aquí… Iré a tu rescate de las garras de mi hermanita, ya verás cariño-

Y como ella le había dicho a Edward en esa llamada, Alice no la dejaba respirar. Bella revisó los detalles de la ceremonia y la recepción, los que concluyó eran finalmente perfectos. Alice había hecho una maravilla ciñéndose a lo que ella le había pedido. Todo muy recatado, íntimo pero hermoso. Después vino las pruebas del vestido, del que Bella había recibido unas fotografías del diseño. En verdad, como había dicho Alice, era una "obra de arte". Y para su tranquilidad, quedó perfecto. Esperaba que en esos ocho días que faltaba para la boda, no engordara.

Además de todo eso, el pequeño remolino Steve, Kate, sus hermanos y Sammy. Ese día también llegó Paulina con sus padres, cuestión que Bella agradeció mucho.

Ahora sólo le faltaba Edward

OOOO

OO

-¿Estás apurado por irte, no?-

-Oh, sí- dijo Edward, cerrando su valija. Había terminado con los pendientes de los hoteles y de la viña, junto a Jasper. Ahora sólo quería ir hasta Seattle a ver a su futura esposa y a si hijo.

-¿Por qué no quisiste que avisara que fueran por nosotros hasta el aeropuerto?-

-¡Llegada sorpresa, Jasper! Además, por Antonella y Paz irá el chofer del hotel en el que se hospedarán. Nosotros tomaremos un taxi- explicó Edward.

Inicialmente ellos, además de Paz y Antonella, tenían fecha de viaje para dentro de dos días. Habían calculado que hasta ese día estarían cerrando tratos, pero gracias a los dioses del cielo y a los espíritus amistosos de Edward, lograron terminar el trabajo antes de tiempo. Por lo que Edward pagó una pequeña fortuna para que le adelantaran el vuelo.

-Ok Edward, movámonos que estamos en la hora justa para llegar al aeropuerto-

-Vámonos entonces- dijo Edward, terminando de colocarse su abrigo, agarrando su maleta y saliendo rumbo al aeropuerto junto a su cuñado.

El vuelo no tuvo retrasos, por lo que llegaron a las diez horas de vuelo, siendo las ocho de la mañana en Seattle. Como había solicitado Edward, a las damas las llevaron hasta el hotel para que descansaran. Las vería a la hora de almuerzo.

Luego ambos se fueron a casa.

Allí Carlisle, Renée y Sue estaban despiertas. El resto dormía. Habían estado hasta muy tarde en el baby shower de Rosalie. Edward después de saludarlos, se fue hasta el cuarto de su Bella, quien dormida profundamente con el entrecejo un poco fruncido.

Edward estiró su mano y ligeramente acarició su ceño, haciendo que ella se removiera y abriera un poco los ojos. Volvió a cerrarlos y sonrió. "¡Mi sueño hermoso…!" pensó ella.

-No soy un sueño. Estoy aquí- le susurró en respuesta como si leyese su pensamiento.

Ella sonrió aún más y abrió de par en par los ojos. Se incorporó y abrazó a su novio por el cuello atrayéndolo a ella.

-Claro que eres mi sueño… que bueno que estás aquí…te extrañaba… te extrañábamos…- dijo ella besándolo de bienvenida. Lentamente ella se fue haciendo hacia su espalda, sin apartar sus labios mientras él se situaba sobre ella con cuidado, no dejando que el peso de su cuerpo la aplastara.

-También las extrañé. Por eso estoy aquí. Hice trabajar a todo mundo como si fuese un tirano para acabar rápido…-

-Eres malvado…- le susurró ella, mirando los verdes y oscuros ojos de Edward, removiéndose bajo las sábanas, deseando la fricción de su cuerpo con el de él.

-Lo soy…- respondió él con un beso abrazador. Dos labios, choque de dientes, saliva, lenguas. Todo conjugándose en uno.

Edward estaba dispuesto a olvidar el cansancio de diez horas de vuelo para adorar el cuerpo de Bella. Sí, demonios, como extrañaba a su mujer. Estaba listo y dispuesto para desnudarse y meterse bajo sus sábanas, cuando…

-¡¿Bella? ¡Bella, es hora de levantarse! Hay mil cosas que hacer- Alice golpeaba la puerta a punto de echarla abajo. Había saludado a Jasper y eso hizo que se sintiera más animada, no teniendo ellos los mismos planes de Bella y Edward en ese momento.

-¡Bella!- volvió a gritar Alice, haciendo que Edward cerrara los ojos y se pusiera a bufar sonoramente, a punto de acribillarse con su "hermanita".

-Dios del cielo, es tan pequeña y tan fastidiosa…- alegó él mirando hacia la puerta.

-Lo siento… podría decirte que no le hagamos caso, pero sabemos que ella entrará…-

-¡Bella! Voy a entrar…- amenazó Alice

-Ya voy Alice- le dijo ahora Bella.

-Y sé que Edward está ahí… no hay tiempo para cochinada ahora Edward-

-¡Fastidiosa!- gritó su hermano de regreso.

Bella se levantó, dejando a Edward ahí para que descansara. Solo. De cualquier modo se desquitaría esa noche y si era necesario darle de tragar somníferos a todos los de la casa, lo haría.

OOO

A los cinco días faltantes, Edward y todos los hombres de la familia debían probarse sus esmoquin. Y ellos, para desquitarse, irían junto a Edward a celebrar una especie de despedida de soltero.

-¡Si veo fotos de mujeres desnudas Emmett, considérate muerto…!- lo amenazó Rose. Y es que esa noche también tenían preparado algo para la novia.

La vendaron y la llevaron a dar vueltas por Seattle, para llevarla después a un antro, donde se celebraría una "candente" despedida de soltero, contrastando con la aburrida despedida que los varones habían planeado para Edward, bebiendo tragos en un bar del centro.

Paulina, Alice, Rose con su barriga gigante, Renée con sus diez semanas de embarazo, Antonella a quien se le estaban soltando las trenzas y estaba aprendiendo a sonreír, Paz y sus deseos de hacer locuras, Kate, su hermana Anni, Leah y Eleonor la francesa amiga de Edward que había llegado ese día, además de la novia por supuesto, llegaron hasta el bar.

Bella no podía creerlo.

Brindis, para ella y el resto de las embarazadas con jugo, aunque Bella tuvo que inventar que su estómago no estaba apto para alcohol.

Fue muy entretenido. Todas rieron y se la pasaron muy bien. Incluso bailaron… hasta que el sueño erótico de varias de las que estaba allí apareció.

Un oficial de policía llego pidiendo que bajaran la música, pues había protestas de los vecinos… claro, era un bar, allí no había vecinos. Y Bella sabía eso. "Dios, no pueden hacerme eso".

Cuando el policía preguntó quién era la novia, Bella quiso meterse bajo la mesa. Sabía lo que venía.

Y claro, cuando la música sensual comenzó a sonar y el poli se subió sobre la mesa a bailar mientras se quitaba la ropa, Bella tuvo razón en su suposición. Aquel lugar parecía casa de locas con todos los gritos. Y a pesar de todas las veces que ella sintió su cara ponerse de todos los tonos carmesí posibles por la vergüenza, lo pasó muy bien.

Eso sí. Ese era un secreto que quedaba en el círculo de las damas.

-¿Estuvo buena la despedida de soltera?- preguntó Edward a la mañana siguiente a Bella. Ella carraspeó y respondió despreocupadamente

-See…-

-Mmm- respondió él escépticamente –La nuestra también-

-¿Muchas mujeres desnudas?-

-Uff! Hasta perdí la cuenta- bromeó él, haciendo que su prometida le diera un golpe en el brazo.

-Oye, antes que lo olvide, Alice preguntó por los anillos, ¿Los trajiste, verdad?-

-Por supuesto. El dvd con las imágenes está listo también-

-¿Me las mostraras?-

-Sí, pero tendremos que esperar a tener un minuto a solas… o hacer que Alice desaparezca, por Dios-

-Buscaremos el momento- dijo ella, mientras se colgaba por su cuello para besarle.

OOOO

Trece de Febrero. Ocho de la mañana y la casa de los Cullen era como un manicomio. Alice, Renée y la novia había dormido en el resort donde Edward y Bella se habían conocido. Ese día habían preparado para ella un día de relajación. El resto estaba en casa corriendo de arriba abajo, preparando los últimos detalles.

Masajes, spa, baño de tina con sales aromáticas, almuerzo liviano y sesión de belleza, para cerca de las seis de la tarde comenzar con el peinado. Su pelo de grandes ondas fue tomado sobre su nuca de forma perfecta y desordenada en un medio moño, el que iba adornado con pequeñas flores blancas, haciendo caer su cabellera sobre sus hombros de forma irregular. El maquillaje era una delicada capa de base, un sutil delineado de ojos, muy poco colorete para sus pómulos pues ya era suficiente con el color natural que Bella les proporcionaba dándole el tono perfecto, y sus labios rosa natural bajo un brillo labial. Para terminar con el vestido: una exquisita obra de arte de ceda, color marfil, ceñido perfectamente a su cuerpo, dejando al descubierto la clavícula y parte de sus hombros, cubriendo sus brazos y cayendo a sus pies majestuosamente en capas, ornamentado con piedrecillas tornasol.

-¡Estas perfecta!- exclamó Alice –Bueno, ahora las dejo para ir a ponerme el vestido y para que tengan la conversación previa madre-hija. ¡No te despeines y no lloren que se les correrá el maquillaje, a las dos! Regreso enseguida- dijo Alice, saliendo del cuarto.

Renée observó a su hija, quien estaba muda de los nervios y se acercó a ella luego para abrazarle.

-Mi nena, mi princesita, mi bebé…-

-Mamá, por favor…-

-Otro paso importante en tu vida, quizás el más importante. La felicidad se te refleja en los ojos brillantes, y eso me hace estar tranquila de que tomas la mejor decisión-

-¿No crees que soy muy joven?-

-Claro que no cielo. Todas las decisiones que has tomado han sido con tanta madurez… además, Edward y tú se aman, de eso no hay duda. Y esto es para toda la vida-

-Soy feliz sabiendo que pasaré con Edward el resto de mi vida, mamá-

-Hija, estoy orgullosa de ti y te deseo la más profunda de las felicidades. Te amo mi Bella-

-Y yo a ti mamá…- le dijo, volviendo a abrazarla y pasando por alto las advertencias de Alice sobre no llorar. Ambas ya lo estaban haciendo.

OOOO

-Parezco pingüino…- dijo Steve, mirándose al espejo, haciendo que su abuelo y su padre carcajearan de la risa -¿Puede ir Sammy a la boda?-

-¿Y hacer que a tu tía Alice le dé un ataque al corazón…? No lo sé- dijo Edward, acabando de ponerse el dichoso corbatín gris.

-A los perritos no les gusta ir a las bodas- acotó Carlisle

-Iré a decirle entonces que puede quedarse- dijo el niño

-No te ensucies- gritó el padre al su hijo, antes que el pequeño saliera corriendo.

Carlisle se acercó a su hijo y lo ayudó con la corbata. Luego le alcanzó el chaleco de tres botones también gris, al igual que el resto del traje.

-Vaya… ya eres todo un hombre…-

-Muy gracioso-

-Kate me contó hoy sobre su embarazo… ya sabes que no soy bueno actuando, así que me costó hacerme el sorprendido. Jamás pensé que Sam nos dejase legado tan importante-

-Siempre queriendo sorprender. A Steve se le hizo algo difícil entender, pero está feliz sobre la idea de ser el hermano mayor- le contó Edward, dándose el ultimo vistazo en el espejo.

-Querremos mucho a ese niño-

-Te juro que lo cuidaré y lo querré como si fuera mi propio hijo, como Sam quiso a Steve-

-¿Edward, sabes que tu madre estaría muy orgullosa de ti verdad? Tan orgullosa como lo estoy yo hijo-

-Eres parte de quien soy, papá. Has sido mi ejemplo de vida, no aprendí esto de nadie más-

-Sé muy feliz, hijo-

-Gracias papá-

El padre y su hijo se fundieron en un abrazo paternal, ambos evitando derramar lágrimas. Antes que eso sucediera, Carlisle habló:

-Ahora, es momento de que se vayan a la iglesia, yo iré por Bella-

-OK…- asintió Edward, dando un suspiro.

OOOOO

La iglesia era mediana y allí estaban justo las personas adecuadas. Familia y amigos de toda la vida de ambos novios.

En el altar, Edward y Emmett el padrino, esperaban la llegada de la novia, quien arribaría en minutos, según las señas de Alice, quien había llegado junto a Renée hacía unos momentos.

Cuando la marcha nupcial comenzó a sonar, Edward fijó su vista en la entrada y vio la imagen de un ángel que venia del brazo de su padre. La imagen para él era celestial, haciéndolo sentir el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra.

Cuando por fin su ángel llegó hasta él, tomó sus delicadas manos, llevándolas a su boca y besando sus nudillos con idolatría, para enseguida girarse y quedar junto al Padre que presidiría la ceremonia.

-Estás hermosa- le susurró Edward al oído, haciendo que ella lo mirara y le diera una sonrisa.

Palabras bíblicas que hablaban sobre la preeminencia del amor y canticos que hacían que a Bella le fuese imposible aguantar las lágrimas, dejando que Edward las secase con sus dedos. Esa fue la tónica de la boda.

"He aquí, tu eres hermosa, amiga, amada mía. He aquí eres bella, tus ojos son como palomas. Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa mía. Cuan hermosos son tus amores

¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.

He aquí, tú eres hermoso, amado mío, y dulce

Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo;

Porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el sepulcro los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.

Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán las aguas…"

(Cantar de los Cantares de Salomón)

Cuando fue el momento, el pequeño Steve se acercó a los novios, cargando una almohadita blanca en donde reposaban las alianzas que Bella y Edward habían comprado. Ambos tomaron los anillos e hicieron sus votos de amor eterno frente a los testigos, finalizando en un beso, haciendo que por segundos ambos olvidasen donde y con quienes estaban los estallidos de aplausos los devolvió a la realidad.

OOO

Edward y Bella perdieron la cuenta de todos los abrazos que recibieron y de todos los flashes de las miles de fotografías que se tomaron.

Además del primer y famoso vals de los novios, el que inauguraron y al que supieron llevar bastante bien, se sumaron todas las otras piensas suaves típicas, en donde se cruzaron las parejas.

Después vino la elegante cena y múltiples brindis, haciendo emocionarse con algunos y reírse con otros.

Cuando la cena iba acabando, Edward rodeó a su esposa por la cintura y le susurró al oído:

-Soy un feliz hombre casado-

-Me alegra mucho, esposo mío…- respondió ella, acariciándole la mejilla.

-Me gusta como suena eso- le dijo, besándola suavemente.

-¿Crees que es el momento ahora?-

-Sí, creo que es un buen momento- dijo él, poniéndose de pie, y extendiéndole una mano a ella para que también se levantara, para ir hasta el podio que habían levantado en el lugar y hablar Edward por el micrófono:

-Bueno, queremos ahora nosotros brindar por ustedes. Porque de alguna u otra forma son importantes para nosotros y han sido testigos del amor que Bella y yo nos tenemos. Gracias a todos por acompañarnos. No queremos olvidar tampoco a tres personas importantes, las que nos acompañan con su recuerdo y de quienes sentimos su presencia. Brindamos por mi madre, Esme, por Charly Swan- dijo, mirando a su esposa, quien le devolvió una sonrisa –y por nuestro amigo y hermano Sam… a quien sentimos cada día junto a nosotros. Salud también por ellos- dijo Edward, alzando su copa de champaña y oyendo como el resto decía "Salud" a coro.

-Ahora, hay algo que queremos compartir con ustedes- agregó Edward, dándole una seña a Jasper, quien se preocupó de proyectar las imágenes sobre una pantalla. Bella y Edward habían recopilado fotos de sus vidas armando un hermoso collage, con música de John Lennon, Love.

Las primeras imágenes eran de Charly Swan sosteniendo a su pequeña hija indicándole que mirara hacia la cámara.

La siguiente era de Esme recostada sobre un césped verde con Edward cuando tenía dos años. Luego en algún lugar de Forks la pequeña de ocho años Bella disfrazada de Caperucita mirando muy enojada a la cámara.

Edward y sus hermanos con sus trajes de ovejas blancas. Fotografías de ambos de sus graduaciones de primaria y secundaria.

Luego toda la familia en la boda de Carlisle y Esme.

Después una emotiva foto de Sam abrazando a Edward y Bella, sonriendo ampliamente los tres a la cámara, en uno de los paseos en Madrid.

Después una hermosa fotografía de los novios, con sus frentes y narices juntas, durante un atardecer con el Mediterraneo de fondo, aquel día que estuvieron en Granada.

Enseguida apareció Steve en brazos de su padre mientras le daba un jugoso beso en la mejilla, cosa muy característica de él y luego otra cargando a su amiga Lina.

Cada una de las imágenes que se había proyectado en la pantalla, había sacado exclamaciones de los allí presentes.

La penúltima foto fue de la última navidad que pasaron juntos, hace solo algo más que un mes. Bajo la fotografía una leyenda que decía:

"Gracias por ser la mejor de las familias… una gran familia".

Y luego una lámina negra que decía:

"Una gran familia, que dentro de los próximos siete y medio meses, recibirá a una nueva integrante…"

Enseguida y como final, se proyectó la primera ecografía de Bella donde se notaba un pequeño bultito, que no necesitó más explicación, porque todos saltaron emocionados entendiendo perfectamente que aquella era la ecografía de Bella, lo que quería decir que ella estaba embarazada.

Renée llegó a los brazos de su hija y la abrazó mientras lloraba de la emoción, al igual que Carlisle.

-¡iDios, voy a ser abuela… y madre casi al mismo tiempo!- lloraba Renée

-¡Me voy a llenar de nietos! Esto va a ser maravilloso- le decía Carlisle a su hijo.

Y así, otra vez, Bella y Edward recibieron innumerables abrazos de felicitaciones por el pequeño que venía en camino.

-Bueno, creo que es hora de irnos- dijo Edward, alzándole sugestivamente los ojos a su esposa.

-Sí… estoy muerta y necesito dormir…-

-¿Dormir? Olvídalo. Podrás dormir mientras nos vamos de viaje a…-

-¿A…?-

-¡El sol de Brasil te espera, nena!-

-¡Dios, Brasil! Es fabuloso- exclamó ella con mucha felicidad -Ok señor Cullen… vámonos ya que le daré su premio por tan increíble lugar al que me llevarás- le susurró al oído, mordiendo luego su lóbulo.

-Estoy listo para que me hagas feliz, mujer…-

-Viviré para eso, esposo mío-

-Te amo-

-Te amo Edward- respondió Bella, tomando la cara resplandeciente de su marido y besándolo con adoración, de la misma manera en que siempre lo habían hecho.

Es así como empieza este joven matrimonio otra etapa en su vida, en la que juraron que el amor sería hasta que la muerte los separe, la base de toda la vida que les quedaba juntos.

"El amor es real, si es real es amor

El amor es sentir, sentir amor

El amor es esperar ser amado

El amor es pedir ser amado

el amor eres tú, tú y yo,

el amor es saber que podemos ser amados.

El amor es vivir, vivir el amor

El amor es necesitar ser amado"

(Love, John Lennon)

Epílogo

-Dios, soy una bola…- decía Bella, pensativa en la sala de espera del hospital

-No digas eso, tienes a mi hija dentro…- le reclamó Edward junto a ella.

-Aun así soy una pelota…- protestó en respuesta.

-Una hermosa bolita de dulce chocolate-dijo él, acercando su rostro a ella y besándole en la mejilla

-¡Tonto!-

-¿Ya tienen el nombre?- preguntó Emmett, que cargaba unas ojeras gigantes, pues su pequeño Emmett Primero lloraba como un barraco por las noches, manteniéndolo en vela gran parte de esta.

-Emma Elizabeth- contestó enseguida Bella, acariciándose la barriga

-Es un lindo nombre-

-Leonard también el lindo- dijo Bella, haciendo alusión al hijo de Emmett

-Yo quería Emmett Primero-

-No seas bobo…- le dijo Edward, negando la cabeza.

-¡Ya nació, ya nació!- llegó Alice gritando a la sala de espera -¡Francis ya nació!-

-¿Mamá cómo está?-

-Según dijo la enfermera muy bien. Papá casi se desmaya. Pero dijo que nuestro hermano era un hermoso y robusto varoncito… ¡Dios, ya quiero cargarlo!-

Cuando les fue posible, los hijos entraron a ver al pequeño Francis a la sala de cunitas donde ponían a los recién nacidos. Realmente era un niño lindo.

Luego fueron a ver a Renée, quien dormía después de la cesárea que la dejó muy adolorida. Y Carlisle les relataba paso a paso cómo había estado el procedimiento.

-¡Es igualito a mí!- exclamó muy orgulloso.

-¡Claro que sí papá, es muy guapo!- dijo Alice, abrazando a su papá

OOO

Diez de septiembre, clínica de Seattle, y la pequeña Emma Elizabeth acababa de nacer, después de ocho horas de dolor por parte de su madre, Bella, para traer a luz a su hija mediante parto normal.

Edward, su marido, la acompañó en todo momento, sujetó su mano, besó su frente, dejó que ella estrujara sus dedos por el dolor y limpio sus lágrimas de dolor y luego de la emoción.

Mientras Bella dormía, Steve miraba a la pequeña bebita en la cunita, que alzaba sus manitos abriendo y cerrando sus puños. Luego miraba a su mamá junto a él, con una barriga tan grande como la que Bella había tenido.

-¿Ella es Emma?-

-Lo es…tu hermanita- respondió Kate, que también miraba a la hermosa niña.

A Steve le costaba entender aquello.

-Es hija de Bella y Edward, ¿recuerdas que lo hablamos?- le recordó su mamá, que intuyó la confusión de su hijo

-Si… pero ahí está mi hermanito…- dijo el niño, indicando la barriga de su mamá.

-Aquí está tu otro hermanito que nacerá pronto- respondió ella, acariciando su barriga.

-¿Serán dos hermanitos?-

-Serás el mayor de dos hermanitos, sí-

-¿Y Francis?-

-Él es tu tío…-

-¿Tendré que decirle tío?-

-No…claro que no cielo...- respondió su madre, desordenando la rubia cabellera de su hijo.

-¿Y crecerá rápido? Porque Leonard se lo pasa llorando y aun no puede jugar conmigo…- protestó él, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos como un adulto en miniatura, haciendo que su madre carcajeara de la risa al verlo y lo apretara contra sí en un abrazo.

Steve era como el príncipe de la nueva generación, sintiéndose orgulloso de ser el mayor, aunque le aburría que Leonard aun no pudiera jugar con él. Ahora debía esperar que Leonard y Francis crecieran un poco. Emma se podía demorar un poco más porque era niñita y no jugaría con ella al futbol.

OOO

-¿Has dormido?- preguntó Edward a su esposa, después que él fuera a casa para cambiarse de ropa y descansar un poco. Bella aún estaba en la clínica y su hija dormía plácidamente en una cuna junto a su madre.

-Sí, ya he descansado y alimenté a tu hija. Steve le contó un cuento de lo más entretenido y le dijo que le enseñaría a jugar a la pelota-

-¡Qué niño ese! Quien será su padre…- le dijo Edward, besando la frente de su esposa

-¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí? Digo, tendremos que regresarnos a Madrid, eventualmente-

-Lo hablaremos luego. Si quieres que nos quedemos aquí, lo haremos, no hay problema-

-¿Quieres quedarte?-

-Bella, el lugar da lo mismo mientras esté contigo y con mis hijos…-

-Te amo, esposo Edward- le dijo ella, sonriendo.

-Te amo, esposa Bella- respondió él de regreso.

-Dime una cosa, ¿qué se siente tener tres hijos en dos años, eh?- preguntó Bella a su marido, quien se acomodó junto a ella en la cama, abrazándola con cuidado

-Tres hijos… ni que fuera tan viejo. Steve fue una sorpresa maravillosa, Emma es la luz de mi ojos y Sam… él será como si fuera parte de mí también, lo amaré como si fuese sangre de mi sangre- meditó Edward en voz alta, pensando en este último niño que faltaba por llegar.

En cuando Kate supo que sería niñito, no dudó en que su nombre sería Sam, como el de su padre. Edward estaba intentando convencerla de que lo dejara reconocer como hijo suyo, pero ella decía que era demasiado. Vería la posibilidad de conservar el apellido de Sam y si no, lo reconocería con el suyo. Pero Edward ya había hecho demasiado y había comprometido demasiado también.

Con ese pensamiento, Edward se quedó dormido en el pecho de su esposa.

OOOOO

OO

Estaba boteando la pelota de basketball sobre el cemento, listo para lanzar el balón al aro que se levantaba a unos tres metros de distancia y dos de alto.

Debía concentrarse…

-¡Demoras demasiado!- le gritó una voz masculina detrás de él.

Él giró su cabeza sin dejar de botear y vio a su amigo, vestido de deporte, frunciendo la boca y con sus manos sobre sus caderas, esperando su turno para lanzar.

-No fastidies-

-¡Vamos Cullen, lanza de una vez! No tengo todo el día-

Edward apuntó, lanzó y le acertó, escuchando los aplausos de Sam detrás de él.

Sam fue a alcanzar el balón y comenzó a botearlo, mientras Edward se iba a un costado de la cancha de cemento a tirarse sobre el césped a descansar. En un segundo, Sam estuvo junto a él.

-Donde vivo ahora, necesitan un jugador, Edward, ¿te animas a venir?- dijo Sam

-Vives malditamente lejos, Sam. No puedo irme, tengo tres hijos y una esposa que cuidar –

-Dime una cosa Edward, ¿eres feliz aquí?-

-Yo nunca creí que un hombre pudiese experimentar semejante grado de felicidad Sam, pese a que he sentido profundo dolor también… sabes de lo que hablo-

-Lo sé. Demonios Cullen, extrañaba estos partidos de basket- asumió Sam, mirando la cancha de cemento.

-Te extrañamos Sam…- dijo entonces Edward, muy emocionado.

-Estoy contigo, lo sabes… Pero aun así, vine sólo a pedirte una cosa Edward. Cuida a mi hijo y no olvides hablarle de mí y de lo mucho que lo amo aunque él no pueda verme. Procura que sea un niño feliz y un hombre de bien en el futuro-

El tono de voz de Sam era serio, buscando el compromiso de mantener esa promesa vigente por parte de Edward.

-No tienes que pedirlo. Velaré por él como si fuera mío- respondió Edward sin titubear.

-Y… y cuida también a Kate-

-Claro que sí-

-Oye- dijo Sam, volviendo a usar su tan característico tono de "medio en broma, medio en serio" –Creo que una buena opción que tu mi hijo y tu hija se casen en el futuro, ¿no?-

-¡No me hagas reír, Ulley! Mi hija será monja, ningún hombre será digno de ella…-

-Ya quiero verte muerto de los celos cuando lleve a casa a su primer novio- se burlaba Sam de su amigo, alejándose de él.

-¡Cállate Sam!-

-¡Entonces levántate de ahí, Cullen, no seas flojo!-

Edward se levantó y salió persiguiendo a su amigo, dispuesto a quitarle el balón y ganar el maldito juego.

Se quedaron jugando toda la tarde, entre carcajadas, como si fuesen los dos adolecentes que años antes, después de la escuela, se arrancaban hasta la cancha de balón sesto a jugar, sin preocupaciones, penas, remordimientos, ni nada de eso.

Dos adolecentes felices de ser quienes eran.

Amigos y hermanos del alma.

Edward, al día siguiente, no supo si eso había sido un sueño o una especie de realidad paralela, cuando se despertó de madrugada, junto a su mujer quien aún dormía y a su pequeña y hermosa Emma que descansaba en su cunita.

"Y es que fue tan real…"

Tan real como el balón de basket que vio en la sala de la casa, el que no recordó haber dejado ahí

No quiso cuestionarse nada. Sólo sonrió meneando la cabeza.

Es así como Isabella y Edward Cullen comenzaban su vida familiar, procurando cada día salir airosos de los desafíos que la vida les presentaba, procurando construir día a día su felicidad y la de sus hijos, en la fuerza que les daba el poder de su amor.

FIN.


"Cuerpo y alma"

(Próximo Fanfic.)

Adelantito:

"¿Quién podría imaginar que en pleno año 2012, una chica profesional, de 27 años de edad, para nada fea... (Quizás un poco hippy, pero no fea), independiente, responsable y sociable fuese virgen?

Sí, virgen. Ningún tipo de actividad sexual "real" durante su vida, fuera de algunas masturbaciones por ahí…

Dos novios y cero actividad sexual.

Para su primer novio, Matt Clark, ella era una quinceañera ilusa que en lo único que pensaba era en dibujar cosas lindas, crear, diseñar. Por eso quizás eligió su carrera de Diseño.

Su segundo novio... con él simplemente no se atrevió. 21 años y no dejaba que Mike Newton la tocara más allá de lo "aceptable". Cuando él lo intentaba, ella lo atacaba. Una vez incluso lo golpeó, la última vez que él lo intentó, le dio un certero golpe en un ojo. Porque claro, el hombre se aburrió. él estaba candente por meterse a la cama con su novia y hacer "cochinaditas", pero ella simplemente no quería.

Para el colmo de su mala suerte, o no tan mala suerte (no podía ser desagradecida), terminó trabajando en una empresa de renombre en el área de la arquitectura y el diseño "Art&Design", donde el arquitecto con quien trabajaba, se había convertido en un infante, con quien fantaseaba de día y de noche. Un hombre ideal, el hombre diez, su príncipe azul… y su amigo de siete años, Edward Masen, de 30 años, por quienes casi el 90% de las mujeres de la empresa suspiraban, pese a estar comprometido con Victoria Rossel , la bruja de su cuento.

¿Logrará Bella Swan cambiar su título de "Virgen" antes de pasar la barrera de los 27?¿Logrará disfrutar de los "cochinos deseos de la carne", como dice su abuelita, con su príncipe azul... o quien sea?"

BESOS A TODAS Y ESPERO SUS COMENTARIOS!