Disclaimer: Los personajes de Inazuma Eleven pertenecen a Level-5, yo sólo los uso para escribir, sin fines de lucro.

¡Hola a todo el mundo!

Hace tiempo que no me pasaba por aquí, pero qué más da...

Como se habrán dado cuenta, aparezco con una nueva historia. Sí, quizá se estarán preguntando: "¿Por qué estás escribiendo otro fic si ni siquiera tienes listo el próximo capítulo de Familia Disfuncional – FD, para acortar.-?" Bueno, eso se los aclararé en las notas finales.

Ahora, antes de dejarlas leer en paz, este fic va dedicado con mucho cariño para las integrantes del grupo 'Inazuma eleven Yaoi' de Facebook – digamos que lo escribí porque se supone que el yaoi de esta serie está bajando de manera considerable.- Así que espero les guste – aunque no sé si ellas lo irán a leer.-

Otra cosa: No está de más mencionar que el nombre real de Heat es Atsuishi Shigeto y que el de Nepper es Netsuha Natsuhiko... Además, también cabe destacar que Beluga es el portero de Diamond Dust...

¡Enjoy!


Se detuvo frente a la fachada de un bar de mala muerte, la cual examinó con atención excesiva. La pintura descascarada se caía a pedazos junto con parte de las murallas derruidas. Los ventanales de las vitrinas estaban polarizados, impidiendo cualquier posibilidad de saber que ocurría dentro, pero no había que ser un genio para suponerlo, más aún luego de contemplar el letrero de neón rojo brillando sobre la puerta, rezando el nombre de 'La línea roja'.

Suspiró con fuerza, cuestionándose el hecho de si realmente estaba seguro de su decisión. La respuesta a su duda fue un rotundo no, pero lo haría de todas formas. ¿Había más opción?

Se paró tras el último hombre de la fila para entrar. Nunca se imaginó que el lugar fuese tan popular, aunque así era mejor, después todo era el único bar de su tipo en toda la 'Zona roja'.

Muchas de las miradas de los hombres de la fila se colocaron avivadamente sobre él. Lo entendía. Ver a un menor de edad vestido con decencia era extraño en aquellos lugares, mucha más si esperaba para entrar a uno de los locales. Decidió, de todas maneras, hacerse el desentendido y restarle importancias al tema. Si estaba ahí no era para pedir servicio.

Lo primero que percibió al adentrarse en aquel local fue el sonido de la música ensordecedora, acompañada por el olor entre mezclado del alcohol, la droga, el sudor, el cigarrillo y, por sobre todo, el sexo. El ambiente era considerable más pesado de lo que había imaginado.

El calor y la sexualidad por poco se palpaban en el aire.

Se acercó a la barra del lugar, echa de botellas de distintas marcas y tipos de tragos, y se sentó sobre una de las sillas tipo 'asiento de batería' de cuero rojo frente a ella.

-El acceso está prohibido a los menores de edad – le dijo con monotonía el barman.- Será mejor que te vayas.

- Lo sé – respondió el chico con cierta inseguridad.- Pero no estoy aquí por el servicio.

-Entonces ¿Para qué? – inquirió el cantinero, apoyando uno de sus brazos sobre el vidrio que cubría la barra, acercándose al menor.

-Yo – el chico carraspeó un poco, victima del nerviosismo.- Quiero trabajar aquí.

El barman se inclinó ligeramente hacia atrás antes de levantarse. De no haber sido por la banda que cubría desde su nariz hasta su frente, podrías haber jurado que abrió sus ojos por la impresión.

-Por el pasillo, última puerta a la izquierda, suerte – le deseó, apuntando el camino con uno de sus dedos.

El chico se levantó de su asiento, para luego hacer una reverencia a modo de agradecimiento. Caminó en dirección al pasillo esquivando a todas las personas que se agolpaban alrededor del escenario del lugar. Al parecer, algo bueno estaba apunto de empezar. Fuese como fuere, continuó su rumbo hasta el lugar indicado. Una vez ahí, golpeó la puerta tres veces y esperó por una respuesta.

-Adelante.

Sujetó el pomo con una de sus manos temblorosas apenas escuchó aquella señal. Se adentró a la oficina hecho un manojo de nervios, tan asustado como un reo apunto de ser ejecutado. Se paró frente al escritorio, tras el cual reposaba una silla giratoria dándole el respaldo.

-¿Qué se te ofrece? – le preguntó el tipo del asiento, al tiempo que se volteaba para verle la cara. El chico no pudo menos que extrañarse al descubrir a un anciano de baja estatura sentado ahí.- ¿Y bien?

-¡Ah! – exclamó, espabilándose.- Bueno, verá – empezó, tartamudeando levemente.- Estoy buscando trabajo aquí.

-¿Tienes experiencia?

-No – bajó los ojos. Seguro no lo contrataría.- Pero...

-Tranquilo – lo interrumpió el anciano.- No pasa nada si no sabes, tus nuevos compañeros ya te enseñarán todo lo necesario, en el entretiempo, ¿Por qué no vas a conocer el lugar?

-¿En serio? – preguntó el chico con el rostro iluminado, a lo que recibió un sonrisa de afirmación.- Muchas gracias, señor...

-Seijirou, Kira Seijirou, pero puedes llamarme Oto-san.

-Entonces, muchísimas gracias, Oto-san – dijo.- Con su permiso – y se retiró sin más.

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De regreso en la sala principal del bar, se sentó frente a la barra como al principio, donde el cantinero lo recibió con alegría.

-¿Y? ¿Qué tal te fue? – preguntó, mientras secaba uno de los tantos vasos que acababa de lavar.

-Me aceptaron – respondió con simpleza el chico.

El barman abrió la boca para articular palabra, pero se interrumpió cuando las luces se apagaron de improviso. La música también se cortó de golpe. ¿Qué ocurría?

De pronto, el bar se iluminó de rojo y el ritmo marcado y pegajoso de una canción pop llenó todo el lugar, acompañada de los silbidos y vítores del público alrededor del escenario.

El chico se volteó hacia atrás entonces, preguntándose qué estaba pasando.

Las luces se fueron de nuevo y retornaron a los segundos, revelando a un joven parado sobre el escenario, dándole la espalda al auditorio, en un pose bastante sugerente. El bailarín comenzó a mover sus caderas al compás de la canción, con sensualidad marcada, rompiendo su pose inicial. Se volteó hacia el público y caminó con elegancia seductora por la pasarela del escenario, en dirección a un tubo metálico que se conectaba desde ésta hasta el techo.

El joven de la barra observaba totalmente embobado, hipnotizado por el lento vaivén de las caderas del danzarín.

-Baila genial ¿Verdad? – le preguntó el cantinero, con cierta picardía, apoyándose sobre el cristal de la barra. A lo que recibió un asentimiento mecánico.

El artista sostuvo el tubo con ambas manos y , luego de hacer unos cuantos movimientos, escaló por éste con maestría y agilidad. Una vez en la cima se quitó el Baby doll que vestía, quedando exclusivamente con sus zapatos de tacón aguja y su ropa interior minúscula, la cual impedía dejar libre la imaginación. Miró a todos los presentes con una sonrisa lujuriosa en el rostro, deteniendo sus ojos sobre el chico que lo miraba desde la barra. Aprovechando que tenía las manos libres – su destreza en la materia era tal que sus piernas eran suficientes para sujetarlo en las alturas.- le lanzó un beso indisimulado, acompañado de un coqueto guiño de ojo. Inmediatamente después llevó su espalda con suavidad hacia atrás, apoyándola en el caño, para luego deslizarse hacia abajo.

El chico de la barra tenía las mejillas tan rojas como las luces del lugar. No podía creerlo. ¡Aquel hermoso bailarín acababa de coquetear con él!. Por un momento, la fugaz idea de que era para alguien más surcó su alterado cerebro, pero la descartó apenas se percató de que era el único ahí, el cantinero lo había abandonado tiempo atrás.

El danzarín se separó del tubo sin dejar de mirarle, como si estuviese bailando sólo para él. Finalmente, el artista terminó por romper el contacto visual entre ellos, apartando la mirada en una especie de 'desprecio tierno', similar al usado por las súper modelos sobre la pasarela. Aunque también era posible compararlos de muchas más maneras, pero había que admitir que aquel joven bailarín le parecía mucho más sensual y atractivo que cualquiera de las modelos que hubiese visto – y hasta quizá que las que futuramente vería.-

Él siempre pensó que la vida de un striper debía de ser triste, dura y solitaria – como la de cualquier persona socialmente rechazada.-, pero el aura que emanaba de aquel joven daba a entender una realidad contraria. El bailarín sonreía y se divertía, como un niño en navidad, aunque no distaba de serlo: Era un adolescente 'jugando' a ser adulto, un niño ataviado de una sexualidad inapropiada para su edad, pero, a pesar de ello, parecía que hubiese nacido con ella, como si hubiese merecido obtenerla por adelantado.

El bailarín daba pasos ligeros y elegantes por la pasarela, mezclando el sonido de sus tacones con el golpe incesante del bombo de la batería. El ambiente aparentaba calentarse por cada movimiento de caderas que daba, llegando a una temperatura difícil de soportar.

Quizá fueron las hormonas, el calor o posiblemente la excitación lo que llevó a uno de los clientes a cometer uno de los peores errores de su miserable vida: Darle un agarrón descarado al chico. El danzarín se detuvo de golpe y se volteó a mirarlo, con una sonrisa traviesa dibujada en los labios. Inclinó su torso hacia delante y tomó al sujeto por el cuello de la camisa permitiéndose, sólo entonces, acercar sus rostro hasta casi juntar sus bocas. El hombre cerró los ojos en espera de aquel deseado contacto, pero el bailarín terminó por soltarlo y propinarle un fuerte patada en toda la barbilla, botándolo de la silla. Todos los presentes comenzaron a reírse, al tiempo que el bailarín le hacía gesto de burla desde la pasarela. Era sabido absolutamente por todos los concurrentes de aquel barrio que dentro de los bares no estaba prohibido tocar a los stripers, pero era mucho más sabido aún que ese bailarín en particular tenía bastante carácter, nadie podía manosearlo a menos que él diera el primer paso o se le pagara con alguna compensación monetaria generosa por adelantado.

El artista continuó con su danza exótica por un tiempo más hasta que, cuando la canción se acercaba a su fin, se arrodilló y comenzó a gatear por el filo de la pasarela. Los espectadores comenzaron a depositar billetes dentro de su ropa interior sin pena alguna, a lo que el chico les dirigía una mirada seductora en signo de agradecimiento. Una vez recaudado el dinero, el danzarín aprovechó los últimos segundos de música para hacer unos cuantos pasos más con el tubo, finalizando su actuación en la cima de éste.

Las luces se apagaron dejando todo en penumbra, al tiempo que los gritos y las alabanzas sustituían a la música. Cuando los focos volvieron a encenderse no había más rastro de aquel hermoso bailarín que el Baby doll que había utilizado, perdido en algún lugar desconocido del bar.

-¿Te gustó? – preguntó el cantinero de la nada, asustando a su nuevo compañero de trabajo.

-Esto... – articuló el joven, volviéndose en dirección a la barra. Se mantuvo callado por unos momentos mientras que, tras él, un nuevo espectáculo con otro bailarín comenzaba.- Jamás había visto algo así – dijo simplemente.

-¿Algún comentario más decidor? – inquirió el barman, sonriéndole.

-Es que... No tengo palabras para describirlo – suspiró, con una expresión un tanto boba en el rostro.- No sé... Fue algo asombroso, bailaba excelente, sin mencionar que también era muy lindo.

-Gracias.

El chico se paralizó al escuchar aquella voz a sus espaldas, pero cuando quiso voltearse el desconocido ya se había sentado a su lado, bastante cerca de él.

-Oye, Beluga – canturreó.- Sírveme un Vodka, y tú... –dijo, mirando al joven a su lado.- ¿Quieres algo? Yo invito.

El chico se sobresaltó ¿Estaba hablando con él?.

-No, gracias – contestó con la voz temblorosa, rehuyendo de sus ojos.

-¡Oh, vamos! ¡no seas tímido!– y le dio una palmada en la espalda.- Estabas practicante desvistiéndome con la mirada cuando bailaba, no me vengas con ese pudor ahora.

-Nepper – suspiró el cantinero, dejando el pedido frente a él.- No seas tan brusco con él, ya sabes lo que dijo Oto-san, tienes que ser amable con tus compañeros de trabajo.

El aludido lo observó por escasos segundos, mientras procesaba la información. Finalmente, desvió sus ojos hacia el chico a su costado y le dedicó una sonrisa que no logró descifrar.

-Wow – exclamó, acortando la distancia entre ellos.- Creo que me ha surgido competencia. ¿Cómo te llamas, lindo?.

-Atsuishi Shigeto – se presentó aún más nervioso, sin dignarse a dirigirle la mirada.

Tener a aquel bailarín tan cerca lo perturbaba un poco. Quizá no era sólo porque el chico fuese realmente atractivo, sino porque uno de los rasgos más destacables de su personalidad era su timidez con los extraños. Eso y que el danzarín estaba casi desnudo a su lado; El joven no se había molestado en ponerse algo más de ropa tras el acto, de hecho, ni siquiera se había detenido a sacarse los billetes que llevaba dentro de la ropa interior.

La temperatura del cuerpo de Atsuishi comenzó a subir, y tener los insistentes ojos de Nepper sobre él no hacía mucho para facilitarle las cosas. Eso estaba mal y de continuar así su cuerpo empezaría a tener 'reacciones vergonzosas'.

Todos sus pensamientos se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos cuando el bailarín lo sujetó por la mandíbula y lo obligó a mirarlo.

-Cabello rubio, casi blanco, natural – pronunció, enredando sus dedos en él.- Unos preciosos ojos verde azules, piel blanca y suave, cicatriz en la mejilla derecha, con algo de base no se notará – inmediatamente le metió los dedos a la boca y le separó los labios. ¿Qué se suponía que estaba haciendo?- Tienes lo dientes ligeramente amarillos ¿Has pensado en blanqueártelos? ¿No? No importa, tus labios se ven tan apetecibles que nadie se fijará en tus dientes – le soltó la cara y no perdió tiempo en levantarle la polera. El pobre Atsuishi estaba tan shockeado que no atinó a reaccionar.- Delgado, bonita figura, la piel también está suave aquí – se alejó un poco y sonrió de manera macabra – Y ahora mi parte favorita...

Acercó sus manos a la cremallera del pantalón del rubio, pero, antes de poder dar por concretada su acción, el cantinero le dio un golpe bien merecido en la cabeza.

-¡Ah!¡¿Por qué me golpeas? – le gritó, acariciándose el sector dañado, pero cambió la expresión de inmediato por una sonrisa lasciva.- ¡No me digas que te pusiste celoso! – se levantó de su asiento y se apoyó sobre la barra para acortar distancia.- Puedes estar tranquilo, hay mucho Nepper para amar...

El joven siguió acercándose con clara intención de besarlo, pero su plan se vio frustrado cuando Beluga volvió a golpearlo.

-Perdónalo – le pidió a Atsuishi, despertándolo de su trance.- Él siempre es así, se cree que tiene el derecho de manosear a la gente sin su permiso. – y le dedicó una mirada de hielo, escondida bajo su banda azul.

-¡Yo no lo estaba manoseando! – se defendió Nepper.- Sólo estaba 'examinándolo'... Aunque, si quieres que lo 'examine' más a fondo– y se volvió hacia Atsuishi, sonriéndole con travesura. El rubio se echó un poco para atrás, sin mover el asiento de su sitio, mientras sus mejillas adquirían un leve tono carmín.- ¡Era broma! – rió entonces, pero cambió su expresión al instante por una marcadamente lujuriosa.- Pero si tú quieres 'examinarme' no me molestaría... ¿Te gustaría?

-No, gracias - ¡Qué tipo de proposición era esa! Claro que no aceptaría.

-¡Que aburrido eres! – bufó Nepper.- Y yo que vine sólo para hablar contigo

Atsuishi abrió los ojos de par en par. ¿Única y especialmente para hablar con él? Bueno, tampoco era para hacerse ilusiones al respecto, después de todo él destacaba bastante entre el público: Era el único adolescente, el resto eran sólo cuarentones con cara de pervertidos. Quizá por eso mismo Nepper había ido para charlar con él, nada más que mera curiosidad.

-Nepper, ya déjalo, lo estás incomodando – le regañó Beluga.- ¿Por qué no mejor te dedicas a algo útil y cuentas lo que ganaste?.

-Cállate, no eres mi jefe como para decirme que debo o no debo hacer – y lo fulminó con la mirada.- Además ¿Tú no deberías estar trabajando? Veo muchos viejos esperándote.

El cantinero quiso responderle, pero prefirió retirarse sin más. Nepper siempre había sido un insolente, pelear con él no sería más que un pérdida de tiempo, tal, él jamás cambiaría.

-Detesto cuando me dicen lo que debo hacer – refunfuñó para él mismo, mientras se sacaba los billetes de la ropa, para comenzar a contarlos.

Al tiempo que Nepper hacía lo suyo, Atsuishi se dedicó a contemplarlo. Ya lo había pensado antes, ese bailarín era muy atractivo. Tenía el cabello castaño y largo, peinado hacia un costado. Dos grandes e hipnotizantes ojos azules, sobre los cuales figuraba una banda blanca con dibujos de llamas rojas. Tenía la piel alba y bien cuidada, parecía suave. Su cuerpo era esbelto y apolíneo, como los de los modelos de catálogo, pero en versión adolescente.

Una vez contó las ganancias, Nepper dejó los billetes a un lado y se tomó todo el Vodka de su vaso en una pasada. Dejó la copa sobre la mesa mientas suspiraba con alivio, para luego recostarse sobre la barra y girarse hacia Atsuishi, quien seguía mirándolo.

-Atsuishi Shigeto ¿Verdad? – le preguntó, con expresión neutra.

-Sí

-Si vienes a trabajar aquí supongo que tendrás experiencia ¿No?

-Yo... – el rubio guardó silencio al tiempo que apartaba los ojos.

-Un novato – el castaño se estiró un poco en la barra y se volvió a sentar derecho.- ¿Cuántos años tienes?

-Quince, pero me falta poco para cumplir los dieciséis.

-¿Eres virgen?

Esa pregunta no se la esperaba. A Atsuishi se le subieron los colores a la cara. ¿Era necesario preguntarlo?

-Sí – respondió un tanto apenado.

Nepper sonrió de manera macabra al escuchar aquellas palabras. Así que el nuevo no sólo era lindo, sino que también era virgen. Si jugaba bien sus cartas podría sacarle mucho provecho a aquella situación, aunque, bueno, era más que seguro que lo lograría, él siempre hacía buenas jugadas.

-¿Enserio? – inquirió, acercándose más a él.- ¿Y qué planeas hacer entonces?

-¿A qué te refieres? – le devolvió la interrogante. De verdad que no comprendía.

-¿No es obvio? – acortó más la distancia entre ellos, hasta que podían sentir el aliento del otro mezclándose con el suyo.- No puedes pretender vivir de la industria del sexo si ni siquiera has tenido sexo, es como querer vivir del dibujo sin saber dibujar – se alejó de nuevo y se apoyó sobre la barra, sin romper el contacto visual.- Pero tranquilo, es fácil encontrar sexo en estos lugares, sobre todo si se trata de chicos como tú. De hecho, cualquiera de los hombres de aquí estaría feliz y dispuesto a comprar tu virginidad, pero no te lo recomendaría, el sexo con extraños es peligroso para los principiantes, nunca saben que hacer y es fácil que se enfermen de SIDA o algo... – Nepper se interrumpió por unos segundos, mientras contemplaba el rostro levemente asustado de Atsuishi. Al parecer, todo estaba saliendo según su plan.- Aunque...

-¿Aunque qué?

-No, nada, no te interesará – se volteó y le dio la espalda, impidiéndole ver la sonrisa malvada en su rostro.

-Claro que me interesa – soltó Atsuishi, inclinándose hacia él.- Haré lo que sea, de verdad que necesito este trabajo...

-¿En serio? – lo miró por sobre su hombro y se giró otra vez, con una sonrisa aún más grande en los labios. El rubio asintió, a pesar de que un mal presentimientos le recorrió todo el cuerpo.- En ese caso... Yo compraré tu virginidad...


Primer capítulo listo... ¿Muy terrible?

Bueno, como mencioné al principio, daré las explicaciones de porqué aún no tengo el próximo cap. de FD: Últimamente he estado teniendo mucho problemas en casa – mis padres van a separarse.- y cuando pienso en continuar la historia, no sé, es como si algo me lo impidiera – supongo que será porque complica escribir de familias hechas pedazos cuando la tuya no está mejor.-. Así que voy a tomar un receso hasta que las cosas se arreglen – o hasta que me sienta mejor.-, pero no sé cuando será eso. De todas formas, la continuaré algún día... En el entretiempo trabajaré en esto, como para distraerme un poco del asunto – y para aminorar la falta de yaoi.-

Cabe destacar también, que las demás parejas irán apareciendo de a poco... Pero desde ya les aseguro que habrá Burn x Gazelle, Hiroto x Midorikawa y Fudou x Kidou... Habrá más, también...

Espero este primer capítulo haya sido de su agradado. Muchísimas gracias por darse el tiempo de leer...

¡Bye!