Aclaraciones y demás en las notas bajo el fic...

Enjoy!


Nada más molesto que el estrepitoso sonido de la puerta un Sábado por la tarde.

Natsuhiko se incorporó con lentitud, restregándose los ojos con pereza. Miró a su alrededor, sintiéndose cegado por la luz que se colaba a través de la ventana. La habitación era un completo desastre – más de lo acostumbrado, en realidad.- La anterior sí que había sido una noche salvaje.

Se incorporó con cuidado. La cabeza le daba vueltas y las fuerzas le flaqueaban a ratos, impidiéndole caminar más de un par de pasos sin necesitar apoyo adicional. El cuerpo le dolía como los mil demonios, aunque resultaba insignificante comparado con la jaqueca que lo aquejaba.

La peor resaca de toda su vida.

Luego de un par de metros que se le antojaron a una marcha kilométrica, logró recuperar el pantalón de su pijama de la esquina más alejada de la habitación. Se lo puso tan rápido como su deplorable estado se lo permitió.

El golpetear de la puerta le destrozaba los oídos.

-¡Ya voy! – gritó, sintiendo su voz como un cañonazo en plena cara.

Apretó un poco los ojos, acongojado por el volumen de sus propias palabras, antes de sujetarse a la muralla y emprender camino a la sala.

En condiciones normales hubiese ignorado la llamada. Permanecer acurrucado entre los brazos de un desnudo Atsuishi le parecía muchísimo más atractivo. Pero, y en vista de las circunstancias, la seguridad de su cabeza dependía de ello.

Se asomó por la mirilla de la puerta y un gesto de fastidio se dibujó en sus facciones. Se apresuró a la cocina a buscar un cubo lleno de agua y, apenas abrió la puerta, se lo vació a la persona que osaba molestarlo.

El visitante, asustado y aturdido, atinó a largarse del lugar, tan raudo como sus pierna se lo permitieron. Natsuhiko se apresuró a su habitación, olvidándose completamente de la resaca que cargaba. Se encaramó a la cama de un salto y se asomó por la ventana con el balde aún en mano, ignorando totalmente el hecho de que Shigeto acababa de despertar.

Apenas vio al tipo escapar de los departamentos por la puerta principal, le lanzó el cubo con todas sus fuerzas, golpeándolo de lleno en la cabeza.

-¡Y para la próxima será gasolina y fuego, mal nacido! – gritó, antes de alejarse de la ventana.- Maldito hijo de puta.

-¿Quién era? – inquirió el rubio, más dormido que despierto, restregándose los ojos.

-Nadie importante, sólo un imbécil de una "organización de rehabilitación" – bufó, dibujando las comillas con los dedos.- ¡Bah! Rehabilitación y su madre. Yo no necesito ayuda de ellos ni de nadie.

El rubio se limitó a mirarlo con cierto deje de incredulidad, incorporándose en la cama.

-Claro, y yo llevo una semana quedándome contigo sólo por gusto – dijo, sarcástico.

Y es que sus palabras no eran ninguna exageración, ya llevaba una semana quedándose en el departamento de Natsuhiko, sólo porque éste "necesitaba atención especial a primera y última hora". Ciertamente, debía admitir que la vida con Netsuha era realmente conveniente, no había reglas ni limitaciones, mucho menos horarios y/o responsabilidades. Era libre de hacer y deshacer cuanto quisiese, siempre y cuando cumpliera los antojos sexuales de su compañeros y no se inmiscuyera en sus pertenencias. De ahí en adelante tenía total y completo libre albedrío.

Libertinaje en su máxima expresión.

Además, y como mejor parte, vivía gratis. Netsuha pagaba las cuentas y la comida – que ordenaban vía telefónica, puesto que ninguno sabía cocinar.-. Shigeto había insistido en costear sus gastos los primeros días. Pero Nepper se negó terminantemente a sus peticiones, ya tenía suficiente con que el rubio le calentara la cama apenas tuviese el antojo.

Fuese como fuere, Atsuishi no podía quejarse. El dinero que se ahorraba en aquellas cosas bien le serviría para enviárselo a su madre y a su abuela, como todo el resto, en realidad.

La "caridad" de Natsuhiko resultaba especialmente oportuna y conveniente.

Quizá lo único que le pesaba del asunto era que, para el horror de sus bolsillos, estaba pagando un departamento que no utilizaba. Claro, sabedor era de que no podría quedarse con Netsuha para siempre. Pero, y de haberlo conocido con antelación, se hubiese ahorrado unos cuantos días de renta.

Suspiró con cierta resignación, paseando las manos por sobre las sábanas rojizas. El castaño le dedicó un atisbo curioso, vislumbrando la preocupación dibujada en su blanco semblante.

-Tranquilo – le dijo, sin darle demasiada importancia.- El balde era liviano, es seguro que, además del susto, no le hice ni un rasguño... Aunque me hubiese encantado hacérselo – terminó por murmurar, notoriamente enojado.

-No es eso – replicó el rubio, tamborileando los dedos sobre la tela de algodón.- Es sólo que ya es hora de que vaya regresando a mi departamento.

Hizo un ademán de levantarse de la cama; pero, para su sorpresa, Netsuha lo detuvo.

-Ni hablar, Shigeto – y lo fulminó con la mirada, apretándole más el cuerpo.- No estoy dispuesto a renunciar al sexo apenas despertar ni al de antes de dormir sólo porque tienes un contrato de renta con alguna vieja amargada. Te vas a quedar conmigo, te guste a no.

Atsuishi apartó la mirada, con las mejillas indudablemente sonrojadas.

A decir verdad, no todo en la convivencia con Natsuhiko era maravilloso, aún más tomando en cuenta lo agitada de la "rutina". Mantener relaciones sexuales con el castaño, en la frecuencia en que lo hacían, no era tarea fácil, y mucho menos para alguien tan nuevo en la materia como Heat.

La Satiriasis de Netsuha superaba los límites especulados.

Aunque tampoco era como si pudiese objetar algo, no después de lo que Natsuhiko había hecho por él.

Arrebató su muñeca de las manos de Netsuha en un solo tirón, observándolo con cierto grado de reproche infantil.

Quedarse no era mala opción; pero tenía un contrato de renta con el cual cumplir.

-No soy un juguete ¿Sabes? – inquirió Shigeto, apartando el rostro con enojo.- Por mucho que haya pactado sexo contigo, eso no significa que puedas tratarme como se te dé la gana.

-¿Y cómo quieres que te trate? – le devolvió Nepper, exasperado.- Que yo sepa no somos amigos, ni amantes, ni novios, ni parecido... Con mucha suerte diría que somos conocidos... Lo nuestro no va más allá de una relación de cama, Atsuishi. Yo te enseño a bailar, y a cambio tú abres las piernas cada vez que quiera... Eres mi prostituta personal, y así es como te trato. Quizá hasta un poco mejor...

Atsuishi abrió los ojos de par en par, sin creer del todo las palabras que el castaño acababa de dedicarle. Claro que sabía que lo suyo no era más que sexo por placer y conveniencia. No obstante, jamás esperó significar tan poco para Nepper.

-Eres increíble – articuló, empujándolo de la cama.

Natsuhiko cayó sentado al piso, mientras observaba como Shigeto se levantaba y comenzaba a vestir.

-Lo sé, no tienes que recordármelo– articuló en son de burla el castaño, sobándose el trasero luego de ponerse de pie.- De hecho, soy tan "increíble" que te llevaré a ese lugarsucho donde vives.

-No es necesario, yo puedo llegar solo – bufó Atsuishi, sin siquiera volverse a mirarlo, mientras terminaba de calzarse las botas.

-¿Y se podría saber cómo? – Natsuhiko se sentó en el borde de la cama, sonriendo como si del gato Chesire se tratase.- Estoy seguro que ni siquiera te sabes el camino hasta allá.

-Pediré indicaciones y tomaré el transporte público, no es difícil.

-¿Trasporte público? – inquirió entonces Nepper, riendo levemente.- Esa cosa no pasa por aquí hace un par de años. Estas calles son tan peligrosas que el gobierno decidió suspender el servicio, y como la mayoría de los residentes del sector son trabajadores sexuales, ladrones y drogadictos, a la gente le importa una mierda lo que digamos.

-Entonces caminaré, no queda tan lejos – el rubio le dedicó una mirada de determinación bastante curiosa, al tiempo que alzaba la maleta con sus pertenencias.

-Es una buena idea, claro, sólo si quieres llegar hasta la esquina – dijo con cinismo.- Créeme, vestido como vas y siendo tan lindo como eres, es seguro que te violan, o mínimo te asaltan... Mejor ven conmigo y ahórrate el mal rato, lo más terrible que podría pasarte sería que murieras de placer en mi cama... ¿Qué me dices, pequeña sabandija mal agradecida?

Atsuishi apartó la mirada notoriamente sonrojado, sintiendo el aliento de Natsuhiko sobre su oído. Y es que el castaño había tenido el descaro de levantarse en medio de su discurso y acorralarlo contra uno de los muros sin el menor esfuerzo. Dio un respingo a penas los labios del castaño se posaron sobre su cuello, y no pudo evitar soltar un gemido ahogado al percatarse de las manos frías que se escurrían por debajo de su camisa.

-Nepper, de verdad tengo que irme – articuló con nerviosismo, tratando de quitarse al aludido de encima.- Si quieres puedo venir de visita mañana y lo hacemos, o lo dejamos para esta noche en el bar, pero ahora no.

-Bien, entonces no lo hagamos ahora

-Eh...

Shigeto lo miró realmente sorprendido por unos segundos, antes de caer en una especie trance hipnótico. Se quedó en su lugar semi-paralizado, mientras Netsuha se alejaba y tomaba su maleta.

¿De verdad Nepper estaba desaprovechando una oportunidad de tirárselo? No, definitivamente algo raro estaba pasando ahí

-¡¿Quién eres tú y que le hiciste a Nepper?! – inquirió al tiempo que lo apuntaba, volviendo en sí.

-¿Qué? – Natsuhiko se volteó hacia él, haciendo una mueca extraña con el rostro.- No soy tan sexo-dependiente como la mayoría cree – espetó, relajándose un poco.- Puedo pasar uno o dos días sin masturbarme, tener sexo, leer novelas eróticas, ver películas o revistas porno o ir al trabajo. Un poco de "sobriedad sexual" no es malo de vez en cuando... Es eso y el dolor de cabeza que me está matando

Shigeto esbozó una sonrisa de "¡No!¿En serio?" mientras lo contemplaba con reproche. La noche anterior le había repetido hasta el cansancio que mezclar tantos tragos era una pésima idea, pero Natsuhiko no quiso escucharlo. A penas llegaron al departamento el castaño se tomó un par de latas de cerveza y la mitad de una botella de pisco que tenía escondida debajo de su cama, y si a eso se le sumaban los vasos de vodka y ron que había bebido en el cabaret, nada bueno podía resultar.

De todas formas, le sorprendió bastante que luego de tanto alcohol su compañero no hubiese caído en alguna especie de coma etílico o por el estilo. Simplemente se quedó dormido en el sillón con la botella medio vacía en la mano, mientras balbuceaba algunas cosas imposibles de comprender. Shigeto trató de despertarlo un par de veces para que fuese a dormir a su alcoba; pero, cuando lo logró, se dio cuenta que Natsuhiko tenía demasiado alcohol en la sangre como para poder caminar solo. Lo cargó entre sus brazos hasta la cama y, una vez allí, Netsuha se las ingenió para quitarle la ropa y enredarse con él en las sábanas.

Atsuishi no llegó a comprender en ese momento – ni en el actual.- como fue que Nepper logró dominarlo estando tan ebrio, ni mucho menos como pudo mantener una erección con la sangre tan contaminada. Pero lo había hecho... Aunque se quedó dormido a la mitad del acto.

El rubio ensanchó un poco más su sonrisa, cerrando los ojos suavemente. Había días en lo que sinceramente pensaba que Natsuhiko no era humano.

-Oye, Heat, piensa rápido – el aludido no alcanzo a reaccionar cuando su maleta le golpeó de lleno en el estómago, para luego caerle sobre un pie.- Te dije que pensaras rápido – Natsuhiko se cruzó los brazos tras la cabeza mientras le daba la espalda, terminando de acomodarse la ropa recién puesta.- Recoge tus cosas de una puta vez, que se nos hace tarde y tengo hambre... Apenas lleguemos a tu departamento ordenaré comida mexicana, se me antojan unos tacos.

Shigeto se quedó estático en su lugar, sobándose el estómago, al tiempo que observaba como Natsuhiko se alejaba por el pasillo.

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El camino hasta el hogar de Shigeto, para suerte de éste, fue mucho más relajado y expedito de lo que cualquiera hubiese podido esperar. Los semáforos parecieron coordinarse para darles la luz verde, y no vieron ni una sola alma en los cruces de peatones.

Una vez Netsuha detuvo su motocicleta en uno de los lugares del estacionamiento, Heat no pudo menos que bajarse de inmediato, agradecido de que sus pies al fin tocasen tierra firme. El castaño era un verdadero psicópata al volante, y si bien Shigeto nunca miró el indicador de velocidad, estaba totalmente seguro de que no habían bajado de los 100 Km/h.

-¿En cuál piso me dijiste que vivías? – inquirió Nepper, luego de bajarse de su vehículo.

-En el décimo, apartamento 103 – masculló el chico ,aguantándose las ganas de lanzar su maleta lejos y besar el suelo.

-¡¿Décimo, dices?! – la mirada que Nepper le dedicó en ese momento fue bastante graciosa, pareciera ser que la idea lo tomó demasiado por sorpresa.- Vives muy arriba... Espero que haya elevador en alguna parte, porque no pienso subir tantas escaleras.

Ciertamente lo había, era un ascensor amplio y elegante, de esos que se esperaría ver en algún barrio de gente millonaria. Natsuhiko se entretuvo mirando a través del cristal que daba a la parte exterior, entregando una vista maravillosa de las casas cercanas de la ciudad. Se mantuvo expectante a los autos, la personas y las enormes construcciones, incluso a los árboles y los animales – muchos de los cuales parecían simples hormigas.

Una vez el suave pitido del elevador anunció que habían llegado a su destino, Shigeto tuvo que sostener la mano de Nepper y jalarlo hacia fuera, guiándolo por el gigantesco pasillo frente a ellos.

Una encantadora sonrisa se posó en los labios del mayor de los jóvenes, mientras contemplaba el semblante de su compañero, Natsuhiko parecía un niño en una juguetería. Aunque, en realidad, tampoco le resultaba extraño. Netsuha era particularmente curioso y dado a la investigación. Cualquier cosa que despertara su interés, por mínima que fuere, terminaba entre sus ávidas manos, para ser examinada de punta a punta. El castaño lo indagaba todo y jamás dejaba que algo se le pasara por alto.

- ¿No que eras pobre, Shigeto? – inquirió Nepper de repente, sacando al rubio de su ensimismamiento.- Digo, nunca pensé que te alcanzara el dinero para vivir en un lugar así.

-Y estás en lo correcto, no me alcanza... Al menos, no para pagar la cuota original; pero sí para costearme lo que me cobran – fue su respuesta. Abrió la puesta de su apartamento y se adentró en él, con el castaño siguiéndolo muy de cerca.- El edificio es de una amiga de infancia, quien lo heredó de su madre cuando falleció... Apenas le comenté que buscaba donde vivir, ella me ofreció este sitio. Claro, la renta es espantosamente cara; pero ella me cobra la décima parte de lo que oficialmente vale.

Natsuhiko simplemente le dedicó una mirada de fastidio, poco y nada le importaba de quien fuese el departamento ni cuanto lo cobraran a Atsuishi por él. No obstante, debía admitir que le aliviaba saber que el descuento era por una amistad con la dueña, y no porque se acostara con ella.

-¿Quieres llamar rápido al restaurante de comida mexicana? – murmuró, lanzándose al sofá sin cuidado alguno.- Muero de hambre.

Shigeto suspiró por lo bajo y se fue a la cocina, donde estaba instalado el teléfono. En el entre tiempo, Netsuha se dedicaba a mirar toda la estancia desde su asiento.

La alcoba en cuestión era bastante grande para ser residencia para una sola persona, aunque quizá se debía a que no habían demasiados mubles más allá del sofá y una mesita de centro. No había inmobiliario de comedor, ni televisión y las paredes estaba completamente vacía. Pudo divisar un pequeña planta semi escondida tras la cortina del balcón y una alfombra de pésimo gusto bajo sus pies. El muro frente a él ostentaba una abertura considerable que daba a la cocina, constituida por un pasillo angosto y unos cuantos electrodomésticos. Atsuishi se encontraba sentado en el hueco de la muralla, sobre la pequeña tabla que hacía de reposera adicional, anotando el número con el auricular en el oído.

Un par de segundos después de ello – y cuando el dueño del restaurante se dignó a atender la llamada.- alguien llamó a la puerta.

-¿Podrías abrir por favor, Natsuhiko? – pidió amablemente el rubio, separando el aparatejo de su cuerpo unos centímetros.

El aludido hizo un gesto de molestia y se levantó sin más, refunfuñando algo sobre lo mucho que odiaba las visitas inesperadas. Se acercó a la puerta y la abrió de un tirón, asustando a la chica que esperaba del otro lado.

-¿Qué quieres? – escupió Netsuha, con el ceño fruncido.

-¿Shi-Shigeto se encuentra en ca-casa? – le devolvió ella, temblando ligeramente. Natsuhiko la miró de pies a cabeza por un rato, haciéndola sonrojar aún más.- Necesito ha-hablar algo con él.

-¡Shigeto, te buscan!

-¡Dile que pase, estoy ocupado! – anunció escuetamente el chico, volviendo a su orden.

El sonido de la lengua de Netsuha al chasquear con desgano llenó los oídos de la joven, quien se adentró tímidamente a la estancia, seguida por éste. Podía sentir la penetrante mirada azulada del castaño perforándole la espalda, como si, de un segundo al otro, fuese a saltarle encima. Su corazón comenzó a latir desbocado, y ella simplemente rogaba porque Natsuhiko no pudiese escuchar sus lunáticas palpitaciones.

Ambos se detuvieron en la mitad de la sala, esperando en silencio a que Atsuishi terminara de pedir el almuerzo. Una vez Heat colgó el auricular, se volvió con una enorme sonrisa hacia su amiga.

- ¡Hola, Rhionne! ¿Qué te trae por aquí? – la saludó con un abrazo, cosa que molestó de sobremanera a Netsuha

-¿Tú que crees? Te desapareciste una semana sin dar aviso, pensé que te había ocurrido algo – bufó la pelirroja en un puchero.- Así que apenas escuché movimiento aquí, vine a ver qué había ocurrido... Ya estaba pensando en llamar a la policía, Shigeto. No vuelvas a irte así como así...

- Tranquila ¿Sí? – rió él, acariciándole el cabello con cuidado, ignorando la mirada de odio que Natsuhiko le dedicaba.- Me surgió un asunto algo... "Inesperado", y tuve que quedarme en casa de un compañero de trabajo. Lamento no haberte llamado, pero he tenido demasiadas cosas que hacer y...

La absurda palabrería de Heat se vio bruscamente interrumpida por el carraspeo que emitió el castaño. Ambos amigos se voltearon hacia él, sin comprender del todo la causa de su falta de modales, y si bien una extensa lista de probabilidades surcó sus mentes, ninguna estuvo siquiera cerca de la verdad: Nepper estaba hirviendo en rabia, aunque lo disimulaba bien, había que decirlo.

-¿No vas a presentarme a tu amiga, Heat? – inquirió, forzando una sonrisa perfecta, a lo que la chica se sonrojó.

-¡Ah, sí! Nepper, ella es Kurione Yuki, la dueña del edificio – la presentó, haciendo uno que otro gesto con las manos.- Y Rhionne, él es Netsuha Natsuhiko, un compañero de trabajo.

-Así que tú eres la dueña de este lugar – murmuró el menor del grupo, sonriendo maliciosamente entre dientes.- Es una placer conocerte.

-A-al contrario, el placer es todo mío, Netsuha-kun – logró articular tímidamente Yuki.

Los tres se acomodaron en la estancia a conversar mientras esperaban que el repartidor arribara. Atsuishi y Kurione no tardaron demasiado en comenzar a rememorar viejos tiempos e ilustrar a Natsuhiko acerca de las jugarretas que obraron cuando apenas eran unos niños. Ambos reían a carcajada limpia, sin siquiera intuir la desgracia que se avecinaba presurosa.

Netsuha planeaba venganza, eso estaba claro.

No fue hasta que el golpetear de la puerta volvió a llenar la estancia que el castaño se decidió a poner en marcha su estrategia. Atsuishi se levantó del sofá sin prisa, antes de desvanecerse tras la puerta, dejando a Nepper a solas con su victima.

Yuki se removió con nerviosismo sobre el inmueble. Aquel joven le parecía irrealmente atractivo. Desde que sus ojos – escondidos tras una máscara gélida y nívea.- se posaron sobre los de Netsuha, esa molesta sensación de nauseas le revolvían el estómago. No quería pensar que estaba enamorada, aunque tampoco deseaba creer lo contrario. Bien sabía que Shigeto era homosexual, y le dolía imaginar que su compañero también lo fuera. Pero Natsuhiko había respondido sutilmente a cada uno de sus discretos coqueteos, esperanzándola mucho más de lo debido.

- Netsuha-kun, yo quería saber si tal vez... si es que tienes tiempo... o nada mejor que hacer – comenzó a hablar, sin poder mirarlo a los ojos.- Ya sabes, quizá podríamos...

-¿Tener una cita? – completó él, a lo que la chica asintió avergonzada. Natsuhiko le sonrió con ternura, antes de estallar en carcajadas.- Tú y yo ¿Una cita? Debes estar de broma.

-Pero yo creí que...

-Pues creíste mal, tarada... Jamás podría fijarme en alguien tan desaliñada como tú. Es decir ¿Quién en su sano juicio podría usar una máscara tan horrenda? Aunque supongo que debes verte aún peor sin ella... De verdad no entiendo como alguien del talle de Heat puede ser tu amigo – espetó Natsuhiko sin inmutarse, cruzando los brazos con desinterés tras su cabeza. Yuki simplemente lo observaba absorta, paralizada por las atrocidades que manaban tan frívolamente de su boca.- Estoy seguro que ni siquiera le agradas; pero te trata bien porque necesita el apartamento...

-¡Eso no es verdad! – gritó la joven, en un hilo de voz.- Shigeto es mi mejor amigo, nunca me haría algo así...

-¿Mejor amigo?... ¿En serio? –Netsuha esbozó una sonrisa tétrica en su faz, todo iba de acuerdo al plan.- ¿Y no que hace años que no hablaban ni se veían? Porque, hasta donde yo sé, Heat ni siquiera vivía cerca de esta ciudad... Si fuese el "mejor amigo" del que te jactas ¿Por qué no te contactó antes?

-Pero...

-Acéptalo, querida... Él me prefiere a mí

-De verdad ya basta, Netsuha – trató de ordenar ella, con la voz quebrada.- Si realmente te quisiera más a ti, se hubiese mudado a tu casa.

-Créeme, ya lo hubiese hecho... De no ser por ese estúpido contrato de renta que firmó. Cada vez que recuerda que tiene que pagarte esa maldita multa le da dolor de estómago, aunque yo me encargaré de remediar eso – y se acercó peligrosamente a Yuki, enseñando sus dientes con malicia.

Rhionne se apartó tanto como su terror se lo permitió. Sin embargo, y cuando quiso darse por enterada, pudo sentir las manos de Netsuha levantándole la polera sin la más mínima pizca de vergüenza. Intentó defenderse, mas fue imposible. El chico le apresó las muñecas por sobre la cabeza con una mano, mientras que, con la otra, le rellenaba el sujetador con billetes.

Unos segundos después, Shigeto regresó a la habitación.

El escándalo no se hizo esperar. Heat lanzó la bolsa del almuerzo hacia una dirección desconocida, antes de separar violentamente a sus compañeros entre arañazos, mordidas y jalones de cabello. Inclusive los vecinos de las estancias contiguas – acostumbrados a la tranquilidad que se respiraba por esos lares.- se agolparon a la salida del apartamento de Atsuishi, alarmados por el jaleo que vino a formarse de la nada. La pelea cesó cuando Shigeto – haciendo acopio de una fuerza que no se conocía.- logró arrojar a Natsuhiko fuera del sofá.

-¿Estás bien, Rhionne? – atinó a preguntar, olvidándose por un momento del dolor que le provocaban sus "heridas de guerra de gatas". Como respuesta recibió un bofetada seca en la mejilla derecha.

-Vete de aquí, Shigeto.

-Pero...

-¡Qué te vayas de una puta vez! – gritó Kurione, completamente fuera de sus casilla, lanzándole los billetes y cuanta cosa tuviera a la mano.- ¡No quiero volver a verte!

Ambos strippers salieron huyendo del edificio, evadiendo a los vecinos y la vajilla que volaba tras sus pasos – que, no está de más mencionar, hirió a unos cuantos inocentes en el camino.-. Se subieron a la motocicleta en apenas un parpadeo y se alejaron con la velocidad al máximo. No se apartaron más de dos calles cuando Natsuhiko comenzó a reírse.

-¿Qué diantres estabas tratando de hacer? - vociferó Heat, notoriamente colérico.- ¡Gracias a ti ya no tengo donde vivir!

-No es para tanto ¿Sabes? Sólo quise hacerme cargo del costo de la multa por incumplimiento de contrato – respondió el castaño, levantando los hombros con simpleza.- Tómalo por el lado bueno, ya no tienes que gastar tu dinero en renta y viviremos juntos, así que no tendrás que pagar nada.

-¿Qué?¿Acaso estás loco? No pienso volver contigo después de esto...

-¿Tienes otra opción?

Shigeto se detuvo en seco, antes de soltar un "maldición" desde el fondo de su alma. Se acomodó entre los brazos de Netsuha, mientras susurraba algunas oraciones verdaderamente aberrantes, con la fuerte convicción de borrar la sonrisa que adornaba la faz de su compañero.

Natsuhiko no podía ser más desgraciado.

Aunque, bueno, tras eso – y de alguna extraña manera.- ambos terminaron viviendo juntos.


Owari!

De verdad, mil disculpas por la enorme demora. Estoy segura que quieren asesinarme por esos ¿4 meses? de espera, sobre todo por la rareza absurda con la que aparecí. Les seré sincera, el capítulo se me escapó de las manos, ni siquiera ahora estoy muy segura de qué fue lo que exactamente pasó en el transcurso de esta continuaciones. Fue extraña, estúpida y demás...

De todas formas, espero la hayan disfrutado... Aunque me saliera de todos los esquemas que tenía presupuestados. Pero, compréndanme, cada vez que trato de ir enserio con esta historia no puedo. Incluso juraría que la convertí en una especie de comedia sin mucha gracia.

Espero no les moleste la manera en la que estoy llevando a Natsuhiko. Desde el principio estaba pensado como un estereotipo de "todo lo que no es correcto" - Ya saben, prostituirse, jugar con los sentimientos de la gente, etc" - ... Pero no puedo evitar pensar que me estoy propasando un poco con él ú.u – aunque admito que es bastante divertido... sobre en todo en capítulos como éste, y es que tenía que escribir algo lo suficientemente "grave" como para que Rhionne perdiera los estribos y echara a Heat del edificio.-

Como sea, tengo muchas ideas para el próximo capítulo, así que no dejaré adelanto.

Muchísimas gracias por darse el tiempo de leer – si es que alguien sigue leyendo a estas alturas.-

Bye!