Incomplete

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Capítulo Veintidós
Lo siento


Cuando Sasuke comenzó a recuperar lentamente la consciencia esa mañana, la primera cosa que notó fue que se sentía cálido—mucho más cálido de lo normal. Y era el tipo de calidez que ciertamente no venía de una sábana o de los intensos rayos de sol. Era una extraña especie de calidez, una que —concluyó en su estado medio adormilado— simplemente amaría tener a su lado por siempre. Simplemente se sentía bien, tenerle a su lado… y encima de él, si vamos al caso.

Dado que ellos estaban en la habitación de Sakura, no estaba puesta alarma alguna para despertarlos, pero el reloj interno de Sasuke tomó el cargo de todos modos; enviando impulsos a su cerebro indicando que ya era hora de que él abriera los ojos y encarara al día. Eso nunca antes le había molestado—en realidad, lo encontraba útil a veces. Pero a pesar de que ya estaba acostumbrado para ahora, por alguna razón u otra, despertarse esa mañana fue mucho más difícil de lo normal. El sentido común lo estaba jaloneando, diciéndole que llegaría tarde al trabajo si continuaba de vago, pero sus ojos no abrían y su cuerpo no se movía.

Al principio, no entendió lo que estaba sucediendo. Sin embargo, algo seguro se sintió mal. Algo hizo esa mañana diferente de otras y aunque no pudo estar absolutamente seguro, creyó que podía haber tenido algo que ver con la inusual calidez que lo envolvía. Pero a esas alturas, no pudo ni siquiera comenzar a importarle, lo que ya era raro en sí, ya que cada minúsculo detalle que lograba arruinar su rutina normalmente lo mosqueaba un sinfín hasta que él lo eliminara de alguna manera. No esta vez, por lo visto. Esta vez, ese minúsculo detalle se sintió bien y la parte sabia de él le dijo que simplemente lo dejara ir.

Así que lo hizo. Hasta que se dio cuenta que, sin importar qué, su mente se negó a sucumbir en la inconsciencia de nuevo y lentamente comenzó a volver en sí.

Abrió sus ojos carbón, pero de inmediato los volvió a cerrar fuertemente, estremeciéndose cuando la fuerte luz blanca los atacó. Con un ligero gruñido, tiró un brazo sobre sus ojos, preguntándose tan sólo qué exactamente había ocurrido la noche anterior como para que hubiera olvidado cerrar las cortinas. Nunca hacía eso—ni siquiera en invierno, cuando el sol ni siquiera salía para el tiempo en que él usualmente se despertaba.

Dejando que su brazo se desplomara en la almohada encima de su cabeza, Sasuke abrió los ojos una vez más, parpadeando rápidamente para ajustarlos a la luminosidad de la habitación, antes de comenzar a escanear lentamente los alrededores… y llegar a estar consciente de que esa ni siquiera era su habitación para comenzar.

Al principio, entró en pánico. Había estado con muchas mujeres en su vida, pero nunca antes había sido suficientemente estúpido como para pasar toda una noche con ellas, sin importar lo muy cansado o jodido que estuviera. Simplemente no era justo—aumentar las esperanzas de ellas al estar abrazados toda la noche y luego tener que lidiar con sus preguntas en la mañana, tener que explicar que la noche anterior sólo había sido tan sólo un polvo, una divertida distracción para un cretino como él. Por fortuna, nunca había tenido que lidiar con dichas situaciones, pero sabía que no podían ser agradables.

Esperando poder salir impune al menos esa única vez, trató de sentarse, totalmente planeando salirse antes de que la mujer (quien sea que ella fuera) se despertara, sólo para tener algo suave y sedoso atraparlo contra la cama. Un pequeño lloriqueo resonó a través del silencioso cuarto y un pequeño cuerpo se presionó más hacia su lado, un delgado brazo intensificándose alrededor de su cintura.

Bajó la mirada para ver a la misteriosa mujer entonces y todo comenzó a regresar lentamente a él. La paliza verbal que había recibido de su hermano, la molesta conversación que había escuchado por casualidad, la primera cena a la que había llevado a su esposa y la asombrosa cosa que ambos habían experimentado juntos luego de eso. No lo llamaría 'sexo' o simplemente 'un polvo', porque en definitiva había sido mucho más que eso. Todo había sido como una primera vez para él, desde las dulces caricias y los besos hasta la forma en que estaban ahora enredados, una sólida prueba de que ellos debieron haber estado abrazados toda la noche.

Pero a pesar de eso, tampoco lo llamaría 'hacer el amor', ya que él en definitiva no estaba en la posición para hacerlo. Después de todo, ¿qué sabía él de amor? Nada en realidad y aunque él ciertamente esperaba aprender más sobre ello, poco a poco (y con Sakura a su lado), no estaba tan entusiasta como para saltar a la primera a ello, cuando la posibilidad de joder todo era tan jodidamente alta. En definitiva no se quedaría parado a esperar que las cosas llegar a él por sí solas, como una vez había creído era la mejor opción, pero dedujo que llevar las cosas con lentitud sería lo mejor en esa situación, tanto para él como para su esposa.

Mirando hacia su lado, sin embargo, supo que haría las cosas como ella quisiera que las hiciera, independientemente de los miedos y preguntas de él, de su inseguridad y renuencia. Ella tan sólo era así de importante, tomando el mando de toda su vida luego de pasar tan sólo una noche juntos.

Ella estaba al momento acurrucada entre su cuerpo y el colchón, de una forma que le recordó mucho a la manera de enroscarse de un gato contra su dueño, uno de los brazos de ella cubriendo de forma posesiva el torneado estómago de él, las piernas de ambos enredadas de una forma que fue difícil para él discernir cuáles le pertenecían a él. La cabeza estaba yaciendo en su fuerte pecho, su alieno abanicando su piel y su cabello haciéndole cosquillas de una forma bastante agradable al subir y bajar con la propia respiración de él.

Con lentitud, llevó una mano para poner algunos mechones rosas detrás de su oreja, deteniéndose por un momento para acariciar su mejilla. Sakura suspiró e inconscientemente se apoyó en su roce, acercando la cabeza hasta su pecho y acurrucándose a su lado, exhalando de forma contenta una vez que encontró una posición más cómoda. Antes de que ella pudiera esconder la cabeza en la curvatura de su cuello, sin embargo, él consiguió tener una vista de su tranquila expresión y sus ojos involuntariamente se suavizaron al verla. Nunca antes la había visto tan relajada, tan contenta, tan… tan bien en donde debería estar.

Moviéndose un poco en un intento para ver el reloj en el buró, casi gruñó en voz alta al darse cuenta que ya era tiempo de que él se levantara y se fuera a trabajar. Siempre desde que se había casado con Sakura, nunca había encontrado molesta esa noción, pero ahora lo hacía y estuvo sorprendido por la poca atención que le podía dar a ese hecho. Todo lo que quería a esas alturas era pasar un poco más de tiempo con su esposa, dormir hasta tarde con ella, estar ahí cuando ella despertara… y fue el más extraño sentimiento, aunque fue uno que pareció llegar de forma natural, incluso a él.

Sin embargo, a pesar de eso, Sasuke supo que no podía simplemente saltarse el trabajo—las cosas no eran así de sencillas. Tenía sus negocios, cierto, pero eso no significaba que fuera libre de hacer lo que quisiera con ellos. Además, él no era alguien que actuara de forma irresponsable una vez y luego arriesgarse a perder todo por eso. Sakura entendería, eso era seguro—después de todo, ¿cuándo no lo hacía?

Con una casi dolorosa lentitud y gran cuidado, ya que odiaría despertarla tan temprano, Sasuke consiguió desenredarse de las extremidades que la pelirrosa tenía alrededor de él y salirse. Pasando una mano por su —sin duda aun más desordenado de lo normal— cabello, se puso de pie y superó una sonrisa arrogante cuando su mirada recayó en la ropa de ambos, esparcida por todo el piso, recuerdos de la noche anterior destellando frente a sus ojos. Negó con la cabeza para deshacerse de ellos, no queriendo retrasarse aun más y rápidamente localizando sus bóxers, poniéndoselos junto con sus pantalones tan pronto como los encontró.

Girándose para encarar la cama, una sonrisa amenazó con romper paso en su rostro ante la vista que lo encaró: Sakura había rodado en su ausencia y estaba ahora sobre su estómago en el lado de la cama de él, los mechones rosas esparcidos en su almohada. La sábana la cubría hasta la cintura y él se encontró una vez más sorprendiéndose a sí mismo cuando se movió para subirla hasta sus hombros, inclinándose para colocar un prolongado beso en su cabeza, inhalando el dulce aroma de su shampoo. No sabía en qué se estaba convirtiendo, pero la verdad era… bueno, no quería que ella se resfriara o algo así.

Con un suspiro de resignación, enderezó su espalda y escaneó la habitación por el resto de su ropa, sonriendo con socarronería una vez más cuando las encontró en el otro lado de la cama. Negando con la cabeza casi por diversión, se dirigió hasta ellas y las recogió, preparándose para salir silenciosamente de la habitación cuando, por el rabillo de su ojo, localizó algo que atrapó su atención.

Frunciendo el entrecejo, aventó su ropa a la cama e inclinándose, jaló la sábana ligeramente, al instante congelándose cuando su mirada recayó en la pequeña mota de sangre impregnada en las blancas sábanas.

Al principio, su mente no fue capaz de hacer conexiones. Sabía que simplemente de ninguna forma pudo haberla lastimado la noche anterior, así que la presencia de sangre en la superficie que debió haber estado de otro modo limpia se sintió inexplicable. La forma en que ella se había aferrado a él cuando entró en ella. La forma en que ella gimoteó y evitó verlo a los ojos.

La noche anterior… la noche anterior había sido la primera vez de ella. Y él… él había sido el primero.

Bajo circunstancias normales, ese hecho lo hubiera complacido, hubiera hecho que su ego se incrementara tanto que su cuerpo ya no pudiera contenerlo más. Pero esas no eran circunstancias normales, y fue en ese preciso momento que recordó todas las veces en que la llamó puta, todas las veces en que la acusó de estarlo engañando, todas las veces en que ella sólo estuvo ahí y tomar lo que le aventara.

De repente, se sintió mareado y tomó el pie de la cama en un esfuerzo por estabilizarse. Lentamente, su mirada caída se movió a la forma dormida de Sakura, abrazando la almohada de él con sus brazos mientras su espalda se alzaba y bajaba con su respiración regular.

¿Qué había hecho? ¿Qué clase de persona era él?

Pasando la mano a través de su cabello, juntó el resto de su ropa de forma distraída y abandonó la habitación, aturdido; suavemente cerrando la puerta detrás de él.

~•~

Ya era más de medio día cuando Sakura comenzó a despertarse, los cegadores rayos del sol volviéndose demasiado incómodos como para ignorar, incluso si estaba sucumbida en la inconsciencia. Frunciendo las cejas, para nada segura de lo que estaba ocurriendo, gruñó con ligereza y por instinto extendió su mano, buscando algo—ese fuerte pero aun así suave cuerpo que la había mantenido cálida toda la noche. Sin embargo, todo lo que encontró fue el borde de la cama y la fría madera del buró, lo que hizo que su ceño se intensificara más y su mente comenzara a estar completamente consciente de los alrededores.

Recuerdos de la noche anterior fluyeron en su mente, haciéndola sonrojarse y sonreír al mismo tiempo y abrió los ojos, entrecerrándolos ligeramente a causa de la radiante luz. Parpadeando rápidamente para aclarar su visión, lentamente comenzó a moverse para quedar sentada, sosteniendo la sábana cerca de su pecho desnudo al comenzar a escanear con cuidado la habitación, buscando algún rastro de su esposo. Cuando no encontró nada, esforzó sus oídos con la esperanza de escuchar algo, lo que sea que le mostrara que él estaba al menos en casa en algún lugar dentro de la casa.

Pero no había nada. Cada artículo de ropa que una vez estuvo tirada en el piso ya no estaba ahora y de no haber sido por el aroma único que él había dejado atrás, impregnado en la almohada en la que ella se encontró durmiendo, hubiera sido como si él nunca hubiera estado ahí, en primer lugar.

Sakura estuvo sorprendida de lo mucho que esa pieza de información le molestó. Debió haber sabido que él tendría que irse a trabajar, independientemente de lo que hubiera ocurrido la noche anterior entre ellos dos. Esa era simplemente la forma en que Sasuke era—siempre poniendo los negocios primero, sin importar las circunstancias. Pero a pesar de eso, encontró bastante difícil el deshacerse de la decepción que siguió su temprana partida.

A decir verdad, en el fondo de su mente y corazón, realmente había esperado que la noche anterior hubiera significado más para él—al menos lo suficiente como para que él estuviera ahí, sosteniéndola entre sus brazos, cuando ella despertara en la mañana. No había porqué negar que dolió darse cuenta que ella probablemente había sido la única que engrandeció las cosas.

Pero una vez más, eso tan sólo era normal, ¿cierto? Ciertamente no había sido la primera vez de él, después de todo.

Negando con la cabeza para deshacerse de esos pensamientos, la pelirrosa balanceó las piernas sobre el borde de la cama y se levantó, tomando una sábana con ella y envolverla a fin de tenerla envuelta de forma apropiada. Hizo una ligera mueca de dolor al dar unos pasos y registrar el leve dolor entre sus piernas, haciendo una pequeña nota mental de tomarse una pastilla después. Realmente no quería estar caminando todo el día con el constante recuerdo de lo que había ocurrido la noche anterior.

No lo malinterpreten, ella en definitiva no se arrepentía. Había estado muy consciente de lo que estaba haciendo cuando le dijo a Sasuke que llevara las cosas más lejos y en verdad dudaba que esto pudiera causar algún daño en su relación. Había una parte de ella que todavía creía que había sido demasiado pronto para que ellos tomaran semejante paso importante, que ella había estado severamente equivocada al escoger el momento 'correcto' (y el hombre 'correcto', si vamos al caso): una parte cual ego se incrementó de forma dramática al despertarse sola esa mañana, la habitación teniendo a penas rastro alguno de la presencia de su esposo.

Sin embargo, se negó a permitir sombras de duda arrastrarse hasta su corazón. Fue inútil, se dijo a sí misma. Después de todo, realmente había ocurrido. ¿Cuál era el punto en pensar eso al momento?

Con un suspiro y una ligera negación de cabeza, llevó esos pensamientos una vez más hasta el fondo de su mente y comenzar a dirigirse hasta el baño, cuidadosa de no tropezarse sobre sus pies o la larga sábana que los cubría. Llegó hasta ahí a salvo y luego de haber lavado su rostro y dientes, tiró las sábanas al suelo, saltando al instante a la regadera.

Se tomó el tiempo, dejando que el agua caliente mitigara su dolorido cuerpo, pero luchó para mantener su mente relativamente vacía en el transcurso del tiempo. Siempre le había gustado pensar mientras se duchaba —o tomar un baño, si vamos al caso— porque usualmente tendía a estar más relajada y abierta de mente, pero no esa vez. En esa situación en particular, tenía el presentimiento de que cualquiera que fuera la conclusión a la que llegara para el momento en que se terminara de bañar no sería agradable y eso era lo último que necesitaba a esas alturas.

Fue casi media hora después que apagó el agua y salió, agarrando una afelpada toalla de la repisa y envolviéndola a su alrededor. Descuidadamente omitiendo la sábana tirada en el piso, salió del baño, suspirando silenciosamente al entrar de nuevo a su vacía habitación.

Inclinándose, recolectó las pocas prendas que faltaban, tratando de reprimir el flujo de recuerdos que amenazaron con invadir su mente al hacer eso. Las tiró todas sobre la cama, excepto por los zapatos, los cuales regresó a su vestidor, intercambiándolos por un sencillo par de sandalias negras. Brevemente escaneando las perchas, tomó el primer vestido que fuera a juego con estas —el cual terminó siendo un simple vestido negro con flores grises— y luego de tirar la toalla y ponerse un juego de ropa interior, se lo puso por encima de la cabeza y se metió las sandalias.

Entrando de nuevo a la habitación, tiró la toalla en la cama, cerca de su ropa y luego procedió a cambiar la ropa de cama por completo. Usualmente, haría que Yuki lo hiciera, ya que nunca había sido su actividad de pasatiempo favorita, pero no podía hacerlo ahora sin tener a la chica notando qué exactamente había ocurrido la noche anterior. Y enserio, lo último que necesitaba a esas alturas era que ella enviara miradas furtivas en su dirección o escuchara detrás de puertas en un intento por recoger algo de información. La agradaba Yuki —enserio que sí— pero algunas veces, su inocente curiosidad rayaba en lo molesto.

Con un suspiro, entró al baño y tiró todo en un cesto; girando para observar el espejo, rápidamente se inclinó para recuperar su secadora de cabello de uno de los gabinetes, antes de enchufarla y comenzar a secarse el cabello. No se molestó en estilizarlo, ya que de momento no tenía planes de abandonar la casa, así que cuando terminó, lo recogió en una desordenada coleta. Lo mismo fue para su maquillaje—sólo se aplicó lo esencial, como base y rimel y luego salió tanto del baño como de la habitación, lentamente dirigiéndose al primer piso.

Estuvo bastante sorprendida al entrar a la cocina y no encontrar a Yuki ahí, pero asumió que estaba de compras, ya que el refrigerador estaba relativamente vacío. Había café hecho, por suerte, así que se sirvió un poco, esperando que la ayudara a salir de su estado de zombie. Sosteniendo la taza en una mano, salió de la cocina y se dirigió hasta la biblioteca. Estaba cálido y soleado afuera, el tipo de clima que ella adoraba, pero todo lo que quería a esas alturas era hacerse un ovillo con un libro sobre el cómodo sofá, en frente de la enorme ventana que conformaba toda la pared.

Aunque toda la casa era hermosa, la biblioteca era por mucho su lugar favorito. Estante tras estante de libros cubrían las paredes, libros que habían sido su pequeño refugio a través de los años. Siempre que se sentía triste, sola o simplemente cansada de todo lo que significaba su vida, iba a ese lugar; se haría una ovillo con un libro y una taza de chocolate caliente y se perdería por completo en el mundo que leía, olvidando todos sus problemas, toda su jodida vida, todos los errores que había cometido en el pasado y las consecuencias que habían traído al presente.

Y eso era exactamente lo que ella planeaba hacer ese día. Eligiendo un libro, se estiró en uno de los afelpados sofás y colocar los pies en la mesa de la sala frente a ella, poniéndose cómoda.

Por un largo rato, sólo estuvo sentada ahí, repitiendo el proceso que se había vuelto una parte de su rutina en los últimos dos años, por ende exitosamente consiguiendo mantener cualquier pensamiento de su esposo y de lo eventos que habían tenido lugar la noche anterior fuera de su mente. Eso hasta que un suave sonido mudo del pasillo arruinó su concentración, trayéndola de regreso a la realidad.

Para el tiempo en que alzó la mirada, una ligera mirada fruncida adornando su rostro, él ya estaba ahí—en el marco de la puerta, observándola de forma intensa. Levantándose para quedar sentada, puso los pies sobre el suelo con cuidado y colocó su libro sobre la mesa, moviéndose lentamente, ya que no estaba nada segura de lo que estaba sucediendo, de porqué él estaban en casa tan temprano por segunda vez consecutiva.

No podía estar enojada con él por lo que había hecho esa mañana ni gritarle sobre eso—especialmente no ahora, cuando él la estaba mirando así, como si ella fuera la única persona en el mundo, la única que en verdad le importara a él. Además, estaba muy segura que si traía eso a conversación, él le echaría la culpa a su inexperiencia con las relaciones amorosas, así que de alguna forma no tenía sentido de todos modos.

Poniéndose de pie, ella comenzó a dar lentos pasos precavidos hacia él, confundida del porqué él tan sólo estaba parado ahí, no haciendo nada. Justo cuando abrió la boca para preguntarle, él de repente se movió, cerrando la distancia entre ellos en un destello y tomándola abruptamente del rostro con ambas manos, el cuerpo de ella acercándose con la fuerza de la acción. Sakura ahogó un grito y sus manos se dispararon hacia arriba para envolverlas alrededor de las muñecas de él, pero todas las palabras de protesta murieron en su garganta cuando miró sus deslumbrantes ojos ónices.

Tragando duramente, trató de hablar una vez más, preguntarle tan sólo qué demonios estaba ocurriendo, pero él la interrumpió antes de que algún sonido pudiera salir de su boca.

—Lo siento —susurró, su voz dolorida, al cerrar sus ojos y descansar su frente con la de ella.

Sakura frunció el entrecejo al escucharlo, no sabiendo porqué se estaba disculpando él. ¿Estaba disculpándose por haberse ido tan temprano en la mañana? ¿O se arrepentía de lo que había ocurrido la noche anterior? Antes de que pudiera comenzar a interrogarlo en el tema, sin embargo, él cubrió sus labios con los de él, besándola con tanta pasión que la mareó.

Fue sólo cuestión de segundos antes de que todos los pensamientos y preguntas abandonaran su mente por completo y comenzara a responder el beso, serpenteando los brazos hasta su cuello, sus manos enredadas en su cabello azabache.

Gruñendo suavemente contra sus labios, él la levantó con prisa, obligándola a envolver sus piernas alrededor de su cintura, en ningún momento separando sus labios de los de ella; la subió hasta su habitación y la dejó gentilmente sobre la cama, la colcha amortiguando su caída. En casi un instante, él estuvo encima de ella, su fuerte cuerpo atrapándola contra la cama mientras sus labios atacaban su cuello.

Sorprendentemente, sin embargo, dada a la aparente urgencia de él, él fue mucho, mucho más gentil de lo que fue la noche anterior. Una vez que estuvieron en la cama, él comenzó a alentar las cosas de forma gradual. Sus besos se volvieron más frenéticos y mucho más suaves, sus caricias volviéndose menos toscas y mucho más gentiles. Todo pareció ganar un propósito de repente y a pesar de que ella no tenía idea de cuál podía ser el propósito, Sakura decidió cerrar los ojos y enviar todos los pensamientos coherentes hasta el fondo de su mente, no queriendo nada más que perderse en las sensaciones que él estaba evocando dentro de ella. Y perderse fue lo que hizo.

Sakura no pudo decir que la noche anterior hubiera estado acelerada. De alguna forma, había sido perfecta. Pero hoy, Sasuke realmente hizo las cosas con lentitud. Le quitó cada pieza de ropa, una a la vez y de una forma increíblemente gentil, como si tuviera miedo de que ella pudiera romperse si él lo hacía de una forma más tosca. Él besó cada centímetro de piel revelada, sus manos acariciando todo lo que podían tocar. Se tomó el tiempo en excitarla, tanto que cuando él finalmente se adentró en ella, de forma lenta y gentil, ella se corrió al instante, ojos cerrados fuertemente, cabeza echada hacia atrás con placer y boca abierta para dejar salir un jadeante gemido.

Él permaneció perfectamente inmóvil por un rato, besándola con gentileza, pero aun así con pasión, sus dedos yendo de arriba hacia abajo como el patrón de una araña. Luego de un rato, él comenzó a moverse con lentitud, ni un sola vez acelerando o siendo más duro, sus labios atados a los de ella en lo que pronto se volvió un largo beso que tragó sus suspiros y gemidos de placer.

Sakura no estuvo segura cuánto duró. Para todo lo que sabía, pudieron haber sido horas, justo como pudieron haber sido minutos. Ella estuvo suspendida en algún lugar más allá de la realidad, en un lugar donde ambos eran los únicos que existían. Él era de lo único que ella estaba consciente y estuvo muy segura que el sentimiento era recíproco.

Cuando el éxtasis de los dos finalmente llegó a la cumbre, ambos cayeron sobre el borde juntos, sus manos agarradas fuertemente sobre la cabeza de ella y sus labios encerrados en un beso apasionado.

Por un largo tiempo, ninguno se movió ni habló. Permanecieron envueltos el uno en el otro. Él manteniéndose encima de ella sobre los codos, su cabeza escondida en la curvatura de su cuello, donde él colocó besos de mariposa de tiempo a tiempo, mientras los brazos de Sakura serpenteaban su cuello y comenzaba a correr sus manos con gentileza a través de su cabello azabache, sus labios rozando la cien de Sasuke.

—Lo siento —susurró después de lo que pareció una eternidad, su aliento chocando contra la oreja de ella.

Sakura sobrepasó un temblor ante la sensación, pero frunció el entrecejo al escucharlo, de repente recordando el contexto de esto. Jalando ligeramente su cabello azabache, lo obligó a alzar la cabeza y mirarla. —¿De qué rayos estás hablando, Sasuke? —preguntó, sus ojos jade atravesando los de él.

Al escuchar eso, el Uchiha suspiró y finalmente se quitó de encima de ella de a poco, desplomándose en el otro lado de la cama. La mirada fruncida de Sakura se intensificó con la acción, su confusión creciendo. Sentándose, agarró la sábana que colgaba del poste de la cama y se cubrió con ella, metiéndola bajo sus brazos y girando el rostro hacia su esposo una vez más.

Sasuke había tirado un brazo sobre sus ojos mientras tanto y sus labios estaban ahora firmemente presionados, como usualmente lo estaban cuando estaba molesto sobre algo. Créanlo o no, eso en realidad hizo que una sonrisa se extendiera en su rostro—él era increíblemente adorable y totalmente inconsciente de ello.

Envolviendo la sábana aun más fuerte a su alrededor, ella se subió sobre él para que ahora estuviera sentada a horcajadas en su regazo, haciéndolo quitar el brazo de sus ojos y mirarla, sorprendido de su acción. Acercándose a él y colocar los codos en cada lado de su cabeza, presionó sus labios a los de él de una reconfortante forma alentadora, sabiendo lo difícil que era para él abrirse y darle explicaciones.

Sasuke suspiró en silencio cuando ella hizo eso y se movió para poner algo de cabello rosa detrás de su oreja, deteniéndose un momento para acariciar su mejilla con gentileza. Era casi increíble, el efecto que esa chica tenía en él—un simple beso de ella y todas sus preocupaciones de repente desaparecían, no viéndose cerca. A decir verdad, no estuvo totalmente seguro hasta que punto no le gustaba eso.

Se había sentido tan jodidamente mal luego de haber dejado la casa… millones de molestos pensamientos nublaron su mente y trató de matarlos al esconderse bajo una montaña de papeleo, pero pronto descubrió que eso era básicamente imposible. Todo en lo que él podía pensar era Sakura y por primera vez en un largo tiempo, sintió que en serio podía golpearse en el rostro por lo que le había hecho a ella.

Antes, hubiera sido más fácil lidiar con el concepto de que él había sido un mamón con ella, ya que él creyó que ella tampoco había sido una santa, independientemente de que ella nunca lo hubiera lastimado en verdad. Pero ahora… ahora se daba cuenta que el único que había cometido errores era él, que él había lastimado e insultado a una criatura que, no sólo no tenía culpa de lo que estaba ocurriendo, sino que aparte nunca, nunca había arremetido contra él más que con las palabras. Ella nunca se había rebajado hasta su nivel, sólo había mentido para hacerle creer que sí lo había hecho.

De ellos dos, ella tenía más dignidad de lo que él alguna vez podría aspirar a conseguir. Y eso dolía—hacía que su corazón se estrujara de esta chistosa y dolorosa forma totalmente desconocida. Por primera vez en su vida, realmente sintió que odiaba su ser impulsivo y eso era mucho decir, ya que su arrogancia en verdad nunca lo había dejado sentir algo así.

Él quería cambiar; lo quería más que nunca. Y el saber que tomaría un rato hasta que consiguiera hacer eso lo enojaba más allá de lo que las palabras podían describir.

Pasó un rato hasta que él se hartó, finalmente siendo incapaz de seguirse controlando. Se había largado de la compañía antes de que alguien pudiera preguntarle algo y correr hasta su coche, acelerando por la avenida que dirigía a la casa de ambos. Cuando llegó, algo lo empujó hasta la biblioteca y continuó sin dudar, una completa variedad de sentimientos chocando contra él tan pronto como sus ojos recayeron en ella.

Tenía tantas cosa que decirle, pero todo eso salió como susurrados 'Lo siento' y alabantes —casi amorosas— caricias. Él no pudo evitarlo. No era un hombre de palabras, sino de acciones.

Incluso mientras yacía ahí ahora, besándola y sabiendo que simplemente de ninguna forma podía no mencionarle esto a ella, no tuvo idea de cómo iniciar la conversación, de cómo abordar el tema sin joder todo.

Luego de un rato, ella se alejó y descansó su frente con la de él, mirándolo con una suave mirada en sus ojos jade. —Puedes confiar en mí, ¿sabes? —susurró con suavidad, su aliento abanicando la mejilla de él. —Soy tu esposa e incluso si no he actuado como una hasta ahora, prometo que… lo que sea que sea, trataré de entender. Nunca te juzgaré.

Sasuke sabía eso, por supuesto. Ella había sido tan dulce e indulgente, que la idea de ella juzgándolo —por lo que sea— rayaba en lo chistoso. Lo había aceptado de regreso después de todas las cosas que él le había hecho y eso significaba demasiado para él, ya que sabía que muy pocas personas tenían la capacidad de hacer algo así.

El problema era que no tenía idea de cómo traer este asunto a conversación. Su mente pesimista sólo pudo llegar con dos escenarios: uno —en donde él haría un completo ridículo de sí mismo y luego espetarle a ella por ninguna razón aparente—, o dos —en donde ese tema le recordaría ella toda la mierda por la que él la hizo pasar y enojarse, aventarle todo sus errores en la cara y por ende comenzar una pelea.

Ambas posibilidades podían tener desastrosas consecuencias sobre su todavía frágil relación y si había una cosa en el mundo de la cual estaba seguro Sasuke a esas alturas, era que no quería eso—al menos no al momento. La cosas simplemente estaban tan jodidamente bien al momento y con brevedad contempló no traerlo a conversación en lo absoluto. Pero luego recordó la conversación que escuchó por casualidad y la mirada dolida en los ojos de ella cuando rechazó el intento de ella para prepararle algo de comer. Ella tenía razón—una relación no podía funcionar tan sólo con las cosas físicas, las palabras también eran necesarias.

Con ese pensamiento en mente, él suspiró y rápidamente se levantó para quedar sentado, manteniendo sus manos colocadas firmemente en sus caderas para estabilizarla y detenerla de quitarse de encima de él. Apoyándose contra la cabecera, trajo su mirada a la de ella, observando la sorpresa en sus ojos jade moldearse lentamente en confusión.

Justo cuando ella abrió la boca para hablar, él desembuchó lo primero que le llegó a la mente, en la única forma que él conocía—tajante y dura, corta y compleja. —¿Por qué me mentiste?

Sakura parpadeó al escucharlo y sus cejas se enarcaron con shock. —¿Disculpa? —balbuceó, ahora frunciendo profundamente.

—Me mentiste —repitió. —Todo este tiempo.

—¿De qué estás hablando? —preguntó, negando con la cabeza.

Sasuke rodó los ojos, la molestia comenzando a filtrarse en su sistema. —Solías decirme que te acostabas con otros hombres —casi espetó, su temperamento sacando lo mejor de él, pero luego se detuvo abruptamente al ver el miedo cruzar en los ojos de ella por un momento. Trayendo la mano para acariciar con gentileza su mejilla, su voz ganó un tono mucho más suave al continuar, —Cuando ayer fue claramente tu primera vez.

La pelirrosa ahogó un grito y se congeló al escuchar eso, su mente tornándose en blanco por un momento. ¿Cómo lo había descubierto? ¿Y por qué estaba siquiera trayéndolo a conversación? Rápidamente desviando la mirada, ella hizo un movimiento para quitarse de encima de él, no queriendo pasar otro segundo envuelta en sus brazos, pero las manos de él la agarraron de las caderas, manteniéndola en su lugar.

—¡Oye! —exclamó, sorprendido por la reacción. A decir verdad, había esperado algo más maduro que un intento de escaparse, especialmente de ella y especialmente en una situación como esa. Era claro para él al momento—por alguna razón u otra, ella realmente no había querido que él se enterara de eso. La única pregunta que permaneció fue… ¿por qué? —¿A dónde crees que vas? ¿Vamos a resolver esto como dos adultos, o qué? —preguntó, doblando la cabeza un poco en un esfuerzo por atrapar la mirada de ella. Sin embargo, ella se negó a hacerle el trabajo más fácil, ya que neciamente continuó desviando la mirada.

Luego de unos minutos de silencio, ella habló con un tono bastante frío e indiferente, —Lo siento.

Su esposo simplemente parpadeó, todavía incapaz de entender el comportamiento de ella. —Disculparse no es suficiente —le dijo con calma.

—Bueno, es todo lo que puedo darte —dijo con desdén y enojo, finalmente alzando la cabeza para fulminarlo.

Las cejas de Sasuke se enarcaron por su repentino arrebato, su expresión de shock y mirada intensa haciendo que ella desviara los ojos de él una vez más, sus confianza pareciendo desaparecer en un instante.

—Sakura… —murmuró, frunciendo y negando con la cabeza. —Sakura, ¿qué está sucediendo? —preguntó al levantar con gentileza la barbilla de ella para que pudiera verlo.

Con un suspiro, la pelirrosa accedió a su petición y encerró la mirada con la de él, sus ojos verde manzana al instante suavizándose al encontrar la combinación de confusión y preocupación en sus orbes negros. Y fue en ese preciso momento que ella deseó ser más fuerte, deseó tener las explicaciones que él le estaba pidiendo. Pero no lo era y no podía, todo tenía sentido en su mente, pero cuando se trataba de poner en palabras todo lo que estaba sintiendo… era imposible, especialmente cuando su relación todavía seguía siendo tan jodidamente frágil a esas alturas.

—Sasuke, mira —comenzó luego de unos momentos de pesado silencio, su voz suave y callada. —No estoy… no estoy totalmente cómoda con este tema, así que podrías por favor… ¿podrías por favor tan sólo olvidarlo?

—No —respondió al instante, de un forma bastante cortante, a pesar del tono de súplica en la voz de ella. Sakura cerró los ojos al escuchar eso, mordiéndose la lengua en un esfuerzo para frenarse de espetarle. —Mentiste y puedo entender eso hasta cierto punto —continuó. —Pero, ¿por qué no me dijiste ayer en la noche? Joder, pude haberte lastimado, ¿lo sabías?

—Pero no lo hiciste —respondió con simpleza.

—¡Pero pude haberlo hecho! —contestó con brusquedad, su temperamento estallando al verla rodar los ojos. —¿Por qué no querías que yo supiera? —exigió, ahora claramente molesto y sin paciencia.

—No estoy exactamente orgullosa de haberte dado mi virginidad, ¿de acuerdo? —gritó antes de que pudiera detenerse, sus ojos brillando con enojo. —Te he dado otra oportunidad y estaba siendo completamente honesta cuando dije que estaba dispuesta a dejar el pasado atrás y perdonarte —lo cual ya hice— pero luego de todo lo que has hecho, realmente no te lo merecías. ¿No estás de acuerdo conmigo?

Tan pronto como esas palabras salieron de su boca, sin embargo, comenzó a arrepentirse de haberlas dicho. Sasuke pareció estar en shock ante el ataque, pero eso sólo duró un segundo, antes de que desviara sus ojos de los de ella, finalmente soltando sus caderas. Su mandíbula estaba tensa y sus manos estaban ahora apretadas, así que ella pudo decir lo difícil que estaba siendo para él intentarle no gritarle en respuesta.

Considerando lo impulsivo que él era usualmente, la única razón por la que él se estaba aguantado en ese instante era porque sabía que ella tenía razón. Y eso fue todo lo que tomó para que esa determinación se derrumbara en miles de pedacitos. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué le estaba espetando de esta forma? No era culpa de él que ella hubiera decidido no decirle, justo como no era culpa de él que ahora quisiera saber porqué.

Dejando salir un suave suspiro, cerró los ojos por un breve momento y luego colocó las manos en sus omóplatos e inclinarse en un esfuerzo para atrapar su mirada una vez más. —No me arrepiento de anoche, Sasuke —murmuró cuando sus miradas se encontraron, negando la cabeza con ligereza. —Admito que, de alguna forma, se sintió bien. Pero no te lo merecías —repitió, sabiendo que más mentiras los llevaría a ningún lugar. —Y eso es algo con lo que tendrás que aprender a lidiar. Justo como yo lo he hecho.

—Bueno, ciertamente no dudaste la noche anterior —le disparó, cruzando los brazos sobre el pecho y fulminándola.

—No —admitió, su voz suave. —Porque desde hace mucho he aceptado que algunas personas tiene mucho, mucho más de lo que se merecen o necesitan. Tú eres una de esas personas. Y estoy dispuesta a que este matrimonio funcione, independientemente de eso. Pero hubo algo dentro de mí que se revolvió cuando me desperté esta mañana, una parte que todavía cree que he sido una enorme idiota al darte… todo.

—Y quita esa mirada de tu rostro, ¿de acuerdo? —rodó los ojos ante el ligero mohín que él estaba usando y el molesto brillo en sus ojos ónices. —Ya es tiempo que conozcas a la verdadera yo. La que no tiene miedo de decirte lo que piensa, lo que siente. No soy una de esas chicas, Sasuke; No aceptaré ninguna de tus sandeces. Soy paciente y amable y comprensiva y todo lo que quieras, pero te estoy dando todo de mí justo ahorita y debes saber que no me conformaré con nada menos de regreso —le dijo, mirando con cuidado la expresión de él cambiar de la molestia, al arrepentimiento y luego a la ligera confusión.

—Yo… —comenzó luego de unos momentos de silencio, rompiendo el contacto visual. —No pensé que te molestaría tanto.

Sakura frunció el entrecejo. —¿No pensaste qué me molestaría tanto? ¿el que hubieras traído esto a conversación?

—No —respondió, negando con la cabeza. —El que me hubiera ido antes de que despertaras.

Ella bufó ligeramente. —Por supuesto que lo hizo —dijo. —Es decir, entiendo que tienes que ir a trabajar y todo eso, pero aun así… ¿cómo te digo esto? —se detuvo un momento, buscando las palabras adecuadas. —No sólo duermes con una mujer por primera vez y luego dejarla sola en la mañana. Ella se enojará sin importar las circunstancias. Se sentirá usada, traicionada, como si no significara nada para ti.

—¿Eso fue… —hizo un pausa, tragando con pesadez cuando su casi mirada horrorizada se encontró con la de ella una vez más. —¿Eso fue lo que sentiste?

—Por un momento, sí —admitió con un suave suspiro, luego continuó en un tono más ligero, —Tienes suerte de que te conozca lo suficientemente bien para entender que no lo hiciste a propósito.

Sasuke, sin embargo, no pareció haber captado los indicios de broma en su voz o en el sutil brillo de sus ojos jade. Frunció el entrecejo, pareciendo como si estuviera pensando en algo por un momento y luego enarcar una ceja, observándola con escepticismo. —Entonces, ¿doy por hecho que me tenga que quedar en la cama hasta que te despiertes todas las mañanas? —preguntó, con sólo un toque de sarcasmo.

La pelirrosa no pudo resistir una risa entre dientes. Era obvio para ella que él no haría algo así incluso si su respuesta resultaba ser afirmativa, pero él en verdad lo había considerad y el que él realmente se hubiera tomado el tiempo para preguntárselo pareció significar mucho para ella, especialmente viniendo de una persona tan autónoma como él.

Algo estaba… diferente. De repente, él pareció más abierto, más relajado en su presencia. Ya fuera por lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior o porque había descubierto su pequeño secreto, no pudo estar segura. Y lo conocía tan bien como para preguntarle, especialmente desde que dudaba que él siquiera percibiera el sutil cambio.

Sin embargo, a pesar de todo, se sintió bien. Por primera vez en todos los tiempos, ella realmente sintió que había una verdadera oportunidad para que ellos funcionaran. No era sólo un truco de su imaginación, no era sólo una oración sin significado que se mantuviera repitiéndose una y otra vez, como un mantra. Era real—y lo sintió en cada fibra de su ser.

Rió fuertemente ante la noción, genuina felicidad burbujeando dentro de ella. —No, sabelotodo —respondió al inclinar su cabeza para que así su frente estuviera descansando sobre la de él, sus narices rozándose. Sasuke alzó la mirada y parpadeó, ligeramente sorprendido con su cambio de comportamiento. —Pero realmente apreciaría si lo hicieras en fines de semana —agregó, sonriendo dulcemente.

Al escuchar eso, el Uchiha no pudo evitar rodar los ojos, bufando con diversión. Debió haber sabido que habría un 'pero' en algún lugar de la oración. Pero una vez más, no era como que a él le importara esa pequeña petición de ella. En realidad, estuvo bastante sorprendido de encontrar que, de hecho, ya estaba comenzando a tener ganas de obedecerla.

Pasando sus dedos a través del sedoso cabello rosa, alzó la cabeza y tocó sus labios con los de ella, besándola con suavidad, de forma casta. Sakura respondió con avidez, sonriendo ligeramente y presionando su parte superior con la de él. Luego de tan sólo un momento, ella se separó y abrió los ojos, mirándolo cariñosamente.

—Ahora —comenzó, queriendo poner un fin a esa conversación, —¿Podemos por favor continuar y pretender que esto nunca ocurrió? —rogó con suavidad, sintiéndose ligeramente avergonzada de que ella hubiera sido obligada a hablar tan abiertamente sobre algo tan íntimo, ahora que su abotargamiento de molestia inducido se había desvanecido.

Sin embargo, la respuesta de Sasuke no fue algo que ella hubiera esperado escuchar. —No —respondió de forma seca.

—¿Y por qué demonios no? —espetó, enarcando una ceja y ladeando la cabeza.

Él se encogió de hombros. —Porque significa mucho para mí —respondió con simpleza.

Sakura bufó. —Para tu ego, querrás decir —corrigió con una ligera rodada de ojos.

Molesto con su respuesta, Sasuke le entrecerró los ojos y soltó abruptamente su cintura, cruzando los brazos sobre su pecho una vez más. La pelirrosa lo observó en silencio por un momento, antes de reventar a carcajadas bruscamente, su comportamiento infantil de repente siendo demasiado de soportar.

Sus ojos se entrecerraron aun más ante su reacción y antes de que ella pudiera siquiera saber qué ocurrió, estuvo de espaldas con él encima de ella, su cuerpo presionado contra el de ella. —¿Crees que esto es chistoso? —gruñó, su nariz chocando con la de ella y su aliento abanicando los labios de ella.

—¿Honestamente? —preguntó, sonriendo con vergüenza y ganándose una ligera mirada fulminante por parte de él en respuesta. —Bueno, sí.

Tan pronto como ella consiguió dejar salir las palabras, las manos de su esposo se movieron de forma inesperada hasta su cintura y comenzaron a hacerle cosquillas, haciéndola gritar ante el repentino asalto.

—¡Detente! —rió, tratando lo mejor que pudo para salir de debajo de él, pero no siendo capaz de hacerlo, ya que él era demasiado fuerte y estaba sosteniéndola muy fuerte.

—Discúlpate —exigió de forma ronca en su oreja, cesando su asalto por un momento.

—¿Por qué? —preguntó Sakura, respirando con pesadez, una sonrisa todavía presente en su rostro.

—Por reírte de mí —respondió con simpleza.

—Oh, por favor —bufó, sólo para gritar un momento después cuando él comenzó a hacerle cosquillas de nuevo. —¡De acuerdo, de acuerdo! —exclamó, retorciéndose para alejarse. —¡Simplemente fuiste muy adorable para tu propio bien!

Sasuke rodó los ojos, gruñendo con ligereza al escuchar la confesión y al mismo tiempo, preparándose para dejarla ir.

—…¡pero sigo sin disculparme!

Sin embargo, al escuchar eso, gruñó de nuevo, de forma juguetona esta vez y besarla de forma apasionada, una sonrisa casi apareciéndose en su rostro cuando ella rió una vez más contra sus labios.

Y por primera vez en un largo tiempo, Sasuke pudo haber jurado que sintió la felicidad burbujear dentro de él.


Bueno, al menos no fueron tres meses como la vez pasada. XD

Yo, a mí haberme gustado este capítulo. Se puede notar un claro cambio en el ambiente entre Sakura y Sasuke. Haha. Lol.

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A mí gustarme Usui Takumi. (Aunque me sorprende que lo llamen Usui viendo que su nombre en realidad es Takumi. Adorable nombre por cierto. Parce tan de niño pequeño... como lo es él). XD

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Muchas gracias a todas las chicas hermosas por leer la historia, los reviews y las alertas. ¡Todas son unos chocolates! (:

En fin, ¿Alguien quiere una sasugalleta o un sasupeluche/usuipeluche?

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Sasuke-glamour off!