Título: Fases

Título del capítulo: Diversión

Disclaimer: ninguno de los personajes de la historia me pertenece para mi desgracia, si Kuroshitsuji me perteneciera las cosas serían muy diferentes.

Advertencias: ninguna.


Diversión

— No puede quedarse todo el día haciendo el vago —dijo Sebastian mostrando una expresión aburrida en su rostro a la vez que observaba al infante en la gigantesca cama de color blanco— ¡Levántese!

El adulto tiró de una de las sabanas que cubrían el pequeño cuerpo del niño mientras este mantenía agarrada la otra parte impidiendo que callera.

— ¡Pero no hay nada que hacer! —refunfuñó— ¡Todo es aburrido! ¡Solo jugamos al ajedrez día tras día!

— ¡Precisamente por eso debe levantarse! —continuó tirando de la colcha— Debe acostumbrarse a la rutina, ya le dije la inmortalidad es aburrida.

Ciel abandonó su lecho para encarar al demonio de ojos carmesís.

— ¿Aburrida? Es mucho más que aburrida…

Sebastian suspiró recordando los viejos tiempos en los que él no debía discutir día sí día también con un demonio adolescente que poseía un mar de hormonas y multitud de cambios de humor.

— Tal vez podríamos salir si promete no hacer mucho alboroto…

— ¿Salir? —Ciel abrió los ojos de una forma casi cómica por la impresión de la frase— No hemos salido desde que llegamos… Ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado.

Sebastian sonrió.

— Pues ya es hora de que lo comprobemos, ¿no cree? —dijo soltando una risita.

El pequeño demonio se apresuró colocándose sus mejores ropajes sin la ayuda de su mayordomo. Desde que la confianza había vuelto a su relación Ciel decidió no depender tanto de él, aprendió a vestirse solo adecuadamente y a realizar otras funciones que le favorecieran.

Una vez terminó Sebastian abrió el ventanal del dormitorio de par en par y llamó la atención del joven Conde, quien se posicionó a su lado.

— ¿Cómo vamos a ir? —preguntó curioso— ¿Está lejos?

— Estamos en un lugar entre el mundo humano y el infierno, así que tendremos que subir para llegar hasta él —Sebastian saltó hasta permanecer de pié en la baranda del pequeño balcón y le tendió la mano al más joven.

— ¿Cómo vamos a subir?

— Tomaremos impulso —respondió de nuevo—. Asegúrese de atender, esto le ayudará en su aprendizaje como demonio.

Sebastian tomó la mano del niño y lo apegó a él.

— Primero flexione las piernas hacia abajo, tome impulso —comenzó a explicar—. Estamos cerca del infierno, aunque no en él, esto nos facilitará la entrada al mundo humano.

— ¿Por qué?

— El mundo demoniaco emite una energía, digamos que esos elementos son parecidos a los atamos —continuó—. Esas partículas nos ayudarán a impulsarnos cuando saltemos de una dimensión a otra. Prepárese para saltar.

— Ciel tomó impulso sujetando firmemente la mano de Sebastian y sintiendo como lo sujetaba por la cintura.

— ¡Ahora! —gritó.

Ambos se impulsaron con rapidez hacia un cielo totalmente oscuro. Todo se volvió negro, no había aire, la sensación era pesada y Ciel dudó si podría aguantar mucho más las nauseas que le provocaba.

De pronto la sensación finalizó y el pequeño demonio pudo observar claramente una serie de tejados extraños.

— ¿Dónde estamos? —preguntó.

Sebastian tomó impulso y saltó de nuevo hacia uno de aquellos tejados llevando al conde con él.

— Según parece, estamos en París —le contestó una vez hubieron detenido su paso y observando una gigantesca torre ya conocida para ambos —. Es la Torre Eiffel.

— Todo está muy cambiado —dijo el de mirada azulina viendo pasear a mujeres, hombres y niños por las habitadas calles — Sus ropas han cambiado.

— Sí —Sebastian dirigió su mirada a los nuevos ropajes de aquellos humanos—, todo cambia joven amo.

Ciel avanzó por el tejado y observó otra de la calles.

— ¿Cuántos cambios has vivido? —preguntó inocentemente.

— Más de los que usted cree.

Sebastian sonrió al chocar su mirada carmesí con la azulina y observar la curiosidad en aquellos ojos.

Ciel tomó impulso, tal y como Sebastian le había enseñado anteriormente, y saltó hacia el siguiente tejado. Sebastian lo siguió y el joven demonio imitó de nuevo su acción con un gesto arrogante.

En menos tiempo de lo que ninguno de los dos imaginaron, ambos se encontraban saltando de un lado a otro con el fin de recorrer aquella gigantesca ciudad, compitiendo por ver quién de los dos era el más rápido.

Por supuesto Sebastian, debido a sus años de existencia y a su inigualable poder, podría haberle dejado atrás en cuestión de segundos.

Pero si lo hiciera… no sería tan divertido.


Esta vez tardé más de lo normal en actualizar, ¡lo siento!

Espero que les guste este capítulo tanto como los otros.

Para los que siguen Second Meeting, voy a continuarlo, tranquilos no está abandonado, pero aún tengo que pensar que rumbo debe tomar el fic. ¡Siento tanto la tardanza!

¡Muchísimas gracias por leer!