I

Jean Valjean asomó su cabeza por la ventana quedando atónito al no descubrir a Javert por ninguna parte.

¿Lo había dejado escapar? ¿Lo había perdonado? No, era imposible, el inspector Javert le había perseguido por casi media Francia por casi más de veinte años, era imposible que así como así le dejará libre… Y si… y si había ido por más hombres de la guardia para atraparle y si Javert creía que Valjean le engañaba ¡Si Javert regresaba a la calle del hombre armado con guardias de la policía no quería ni imaginar lo que le harían a Cosette!

Sin pensarlo por más tiempo se retiró de la ventana para al momento bajar velozmente las escaleras y salir a la solitaria calle. Debía encontrar a Javert, decirle que no era necesario ir por refuerzos, que se entregaba libremente que solamente por piedad no le hiciera daño a Cosette, su amada Cosette.

Por su parte, el inspector Javert sumido en profundas cavilaciones se dirigía de regreso al lugar que ocupara desde hacía una media hora en el puente del Chatelet, esa noche había cometido la peor infracción que nunca jamás hubiera imaginado en toda su vida.

¿Quién rayos era Jean Valjean? ¿Era un santo? ¿Era un convicto culpable? ¿Por qué actuaba de tal forma? ¿Y por qué, él, Javert había faltado a su compromiso y deber con la ley, con la autoridad?

No, no podía vivir en este mundo que ahora se mostraba como desconocido, no, no podía permanecer más tiempo viviendo este infierno…

La decisión había sido tomada.

El inspector se quitó su sombrero dejándolo en la barandilla…

Jean Valjean se dirigió hacia la plaza del Chatelet donde estaba el puesto de policía. Lo más probable era que Javert hubiera ido hasta ahí por otros hombres de la ley, debía darle alcance antes de que pudiera llevarles a la calle del hombre armado.

Estaba a punto de cruzar cuando escuchó algo caer a plomo en el Sena, el padre de Cosette giro su santo rostro hacia la barandilla del puente iluminada por la luz del farol. Sus ojos se abrieron al máximo por la sorpresa mientras llegaba de un solo salto a la orilla ¡Había reconocido el sombrero de Javert!

-¡Por Dios, Javert!

Aunque la intención de Javert era la de terminar con su vida, ese instinto de supervivencia que tiene todo hombre, mujer o niño se presentó en el momento en que cayó a plomo al agua.

Solamente estar en medio de esa completa oscuridad el inspector Javert no pudo evitar ser presa del pánico, pánico como nunca antes lo había sentido, semejante pánico hizo que dejara de respirar mientras sin poder evitarlo luchaba por salir a flote –olvidando de momento la razón por la que había saltado- mientras se agitaba violentamente.

Poco a poco la agitación fue desapareciendo mientras pequeñas cantidades de aire escapaban de sus pulmones dando paso a la aspiración de grandes cantidades de líquido al igual que al tragarlas.

Todo estaba perdido, Javert había dejado de luchar sucumbiendo a la corriente del agua, todo reflejo de su respiración se había agotado, el latir de su corazón lentamente se fue extinguiendo, finalmente todo fue oscuridad…

Jean Valjean seguía con la mirada perdida en las turbulentas aguas del Sena, era imposible que Javert hubiera sobrevivido.

Oh… Javert- musitó Jean Valjean.

Él no deseaba esto, no quería que Javert muriera solo para escapar del único hombre que lo había reconocido, él no deseaba este cargo de conciencia.

Dios…- Valjean cerró con fuerza los ojos.

Cuando los volvió a abrir descubrió algo una vez más en el Sena, sí, aun a esa distancia se veía claramente, el cuerpo de Javert había salido a flote.

¿Estaría vivo, estaría muerto? Jean Valjean dio unos cuantos pasos hacia atrás por el asombro. Una parte de su ser, el que siempre se había esforzado en ocultar, en no volver a hacerle caso nunca más desde que conoció las enseñanzas del buen obispo Myriel y su camino de salvación se presentaba de nuevo susurrando "Sí… esta muerto y si no lo estuviera deja que se ahogue… es la única forma de vivir feliz con Cosette… Así nadie más sabrá que Jean Valjean sigue vivo" pero al momento la voz de su conciencia que nunca le abandonaba en los momentos de debilidad gritó con imperante voz "¡Déjale morir y condénate! ¡Escupe a la cara del obispo Myriel dejando a la muerte a ese pobre infeliz! ¡Es tu obra, es tu responsabilidad y ahora que debes salvarle te das vuelta como un cobarde!"

Jean Valjean tomó una decisión. Al momento bajó por la calzada para seguir el curso del Sena sin perder de vista el cuerpo flotante del inspector.

Al tenerlo al alcance, Valjean se lanzó al río, sabía que ya sus fuerzas no eran las de antes, y que el salto que había dado hacia años del Orión no se podría repetir, así que ahora solo se había limitado a un pequeño clavado al río para salvar o recuperar el cuerpo de Javert.

Solo fue cuestión de un par de braceos para alcanzar a Javert, al momento Valjean lo apresó con su poderoso brazo por el pecho para jalarlo de regreso a la orilla…

Jean Valjean salió chorreante y agotado del río junto con el cuerpo de Javert, al momento lo tiro de espaldas al suelo, ¿estaría muerto? ¿seguiría vivo? El cuerpo estaba helado, el mismo Valjean titiritaba de frío mientras intentaba hacer que sus dientes dejaran de chocar.

Sin importar el frío de la madrugada, Jean Valjean comenzó a tratar de reanimar a Javert, lo primero que hizo fue despojarlo del grueso abrigo y desabotonar su mojada camisa para sentir su corazón.

No lograba sentir el palpitar del corazón del inspector, aunque tal vez fuera por lo helado de la piel de Javert.

Lo más importante era que Javert escupiera toda el agua que había tragado en el Sena por lo que Valjean presionaba con fuerza el abdomen del inspector para hacerlo vomitarla, cuando parecía que solamente perdía su tiempo y que ya no había nada que hacer por el pobre diablo, éste comenzó a vomitar toda el agua que había tragado.

Jean Valjean celebró el momento agradeciendo infinitamente al cielo el haber salvado al inspector Javert.

Después de su silenciosa plegaria, Valjean volvió a colocar su mano sobre el pecho de Javert, sí, ya podía sentir el débil latido del corazón del inspector, ahora que Javert se aferraba a la vida lo más importante era calentarlo de alguna manera y para esto debía moverlo, no podía permitir que Javert continuara en la calle y al no saber dónde viviría lo primero que cruzo por su mente fue llevarlo al número siete de la calle del hombre armado, además si acudía a la estación de policía comenzarían a hacerle muchas preguntas que él no podría contestar…

Lamentablemente la soledad de la noche no le permitió encontrar un solo cabriole o coche de alquiler que le pudiera llevar a casa por lo que paso a paso tuvo que transportar al inspector inconsciente.

Javert aun llevaba las ropas mojadas encima lo mismo que Jean Valjean, si hubiera tenido algo seco a la mano lo hubiera utilizado para cambiar al inspector, pero al no contar con nada Valjean esperaba que al menos un poco del calor de su cuerpo pudiera transmitirse a los helados miembros de Javert mientras lo transportaba apoyado sobre sus anchos hombros.

La dulce Cosette había escuchado a su padre llegar hacia horas solamente para volver a escuchar el abrir y cerrar de la puerta, la joven saltó del lecho para encontrarlo pero solamente se encontró a la tía Santos, la buena mujer no supo darle noticias sobre el señor de la casa por lo que Cosette pensando que su padre habría salido en uno de sus extravagantes paseos o viajes y que le vería a la mañana siguiente como siempre regresó a su habitación.

No habrían pasado más que una hora o un poco más cuando volvió a escuchar ruido, ahora sobresaltada se levantó ¡Alguien golpeaba con fuerza la puerta principal! Mientras se ponía una bata encima para el frío escuchó los tartamudeos de la tía Santo al ir a abrir, después y un grito de la buena mujer y la voz de su padre.

Si su padre había regresado entonces no había nada que temer. Cosette abrió la puerta de su habitación y corrió hacia las escaleras solo para ver a su padre llegar con un muerto a sus espaldas.

Sin poder evitarlo ella también gritó presa del miedo.

¡Cosette, mi amor!- le llamó su padre para tranquilizarla mientras avanzaba por las escaleras con Javert a cuestas- Calienta agua, ayuda a la tía Santos.

Cosette obedeció al momento dando espacio a su padre y su pesada cruz.

Jean Valjean abrió de un golpe la puerta de su propia habitación, cuidando no golpear la cabeza del inspector lo depositó en la cama, la altura de Javert no ayudaba, ya que su cabeza tocaba prácticamente la cabecera de madera.

Al momento comenzó a desnudar al inspector, no tenía tiempo que perder tenía que cambiarle las ropas mojadas. Aunque Javert seguía inconsciente y el único signo de que estaba vivo era el leve vaivén de su pecho desnudo al respirar Jean Valjean no dejaba de hablarle como si tratara de darle confianza.

Tranquilo, Javert, va a recuperarse- le repetía mientras cubría su desnudez con las mantas.

Solo abrigar al inspector, Valjean empujó la ropa mojada junto a las patas de la cama para dirigirse a la chimenea y encenderla. Después de arrojar un tercer leño a la chimenea, Jean Valjean pareció satisfecho, la habitación ya no estaba helada y a pesar de eso Javert parecía continuar respirando con dificultad.

¿Inspector?- le llamó Jean Valjean al regresar a su lado.

El padre de Cosette colocó su mano sobre la frente de Javert para tomar su temperatura. Seguía helado.

Jean Valjean se alejó del lecho para ir a su humilde armario, no, nada de lo que había en el interior podría quedarle a Javert, el buen hombre regresó a la cama y solo atinó a arroparlo hasta el cuello mientras el inspector continuaba helado y esforzándose por respirar.

En el momento en que Jean Valjean volvía a tomar la temperatura del inspector y pensando dónde podría encontrar a un médico para que lo revisara llamaron a la puerta. Se giro inmediatamente, había dejado la puerta abierta y la tía Santos estaba ahí evitando mirar al interior de la habitación mientras con sumo esfuerzo intentaba mantener el equilibrio tocando la puerta de madera con una mano y llevando una palangana llena de agua prácticamente hirviendo en la otra.

En menos de un segundo Valjean ya le había retirado la palangana de agua a la buena mujer poniéndola encima de la mesilla de noche junto a la cama donde reposaba el inspector.

Tía Santos, busqué paños secos, por favor- ordenó Valjean mientras tomaba una toallita de un cajón y comenzaba a humedecerlo y estrujarlo entre sus manos.

La buena mujer obedeció.

Cuando la tía Santos abandonó la habitación cerrando la puerta, Jean Valjean colocó la compresa caliente sobre la frente de Javert.

Descuide inspector, todo estará bien- continuaba hablándole.

Unos leves golpecillos se escucharon en la puerta.

Pase- habló Valjean mientras seguía con las compresas de agua caliente.

La delicada figura de Cosette entró a la habitación llevando los paños que su padre había pedido a la tía Santos.

Le pedí a la tía Santos que calentara más agua, padre- habló la joven- te he traído más paños…

Cosette no era tonta y al momento su atención se centró en el hombre inconsciente en la cama de su padre. Los pies desnudos de Javert sobresalían del colchón, en verdad era muy alto.

Su padre tomó los lienzos de tela.

¿Quién es, padre?- preguntó con curiosidad la joven.

¿Qué contestar? ¿Mentirle? No, Jean Valjean nunca le mentiría a su hija, además solo había algo que tenía que ocultar a Cosette…

El inspector Javert- contestó su padre- necesitaba de mi ayuda…

Esa era toda la respuesta que Cosette necesitaba, además en ese momento el nombre no le dijo nada, no recordaba en ese momento cuando escapando de la casa de Gorbeau fue el inspector Javert quién les persiguió obligándoles a pasar tanto tiempo entre los benditos y protectores muros del convento del pequeño Piptus. ¿O debería agradecerle por esos benditos años entre las monjas, los jardines, el tío Fauchulevent y su amado padre?

No, además su padre era el hombre más bueno de toda la tierra, si había ayudado a un hombre en desgracia eso solamente lo elevaba más ante los ojos de Cosette.

Padre- reparó de pronto la joven- ¡Estáis todo mojado!

Jean Valjean se había preocupado más por ayudar a Javert que en su propia persona.

No es nada- mintió aunque sentía el frío calarle hasta lo más profundo de los huesos.

Por favor, padre- pidió Cosette tomando los paños de las fuertes manos de su padre- cambiaros de ropa… Yo os ayudaré.

Y dándole la espalda a su amado padre Cosette regresó al lecho para cambiar la compresa de la frente de Javert. Jean Valjean agradeció la bondad de su hija mientras aprovechaba para cambiarse rápidamente la ropa mojada pegada al cuerpo por algo más abrigador.

Una vez listo regresó al lado de Cosette.

Está helado, padre- informó la joven al retirar otra compresa más del agua ahora tibia.

Lo sé… él está muy mal… necesita al doctor- reconoció Valjean mientras el inspector continuaba respirando con dificultad.

Jean Valjean colocó su mano en la frente de Javert ahora húmeda por las compresas. Su piel seguía muy fría.

Cosette, ve por más agua, por favor- pidió Valjean.

Su amada hija asintió saliendo en silencio de la habitación.

No se rinda, Javert- volvió a hablarle Valjean una vez más al verse solos- a pesar de todo… usted es un buen hombre… no merece morir…

Los párpados de Javert temblaron levemente por un instante como si hubiera reaccionado a la voz de Jean Valjean después no volvió a mostrar ninguna otra señal de vida más que el lento subir y bajar de su pecho.

Cosette regresó unos minutos después.

Mande a la tía Santos por el doctor- explicó la joven- vive a la entrada de la calle, siempre pasa por las mañanas…

Jean Valjean le ayudó a cambiar el agua de la palangana y continuar poniendo compresas calientes sobre la frente de Javert.

Padre e hija trabajaban arduamente para mantener caliente al inspector.

Cuando la negrura de la noche comenzó a perder intensidad llegó la tía Santos acompañada de un soñoliento doctor a la casa del número siete de la calle del hombre armado.

¿Señor Fauchulevent?- el médico lo miraba con una ceja levantada.

Cosette y la tía Santos abandonaron la habitación dejando a los dos hombres solos con el inspector inconsciente.

Jean Valjean explicó todo cuidándose de delatarse él mismo y el intento de suicidio de Javert, sí el médico le creyó o no, no era de importancia en ese momento, ya que lo más importante era salvar la vida de ese hombre que respiraba con dificultad.

Lo ha hecho bien, señor Fauchulevent- hablaba el médico mientras revisaba al inspector.

Está muy frío aunque le hemos abrigado, doctor- habló Valjean visiblemente preocupado.

Es por la frialdad del agua, si lo hubiera dejado en la calle hubiera muerto helado- el doctor seguía revisando la condición del inspector- El río no lo mato, gracias al cielo, su cuerpo y su mente necesitarán descansar para recuperarse… Debe seguir manteniéndolo caliente, lo sé, lo sé, aun es preocupante sentir su cuerpo helado pero créame, lo ha hecho muy bien. Señor Fauchulevent, esta noche ha salvado la vida de un hombre.

Valjean se sonrió tristemente.

El doctor se retiró no sin antes dejar indicaciones de mantener caliente al inspector en todo momento y no retirarse de su lecho hasta que recobrara el conocimiento. Las compresas tibias debían seguir siendo aplicadas tanto en su frente, cuello, pecho e ingle para que recuperara más rápidamente el calor de su cuerpo y en caso de que despertara y continuara temblando de frío hacerlo beber líquidos calientes pero no vino.

Valjean le había dado las gracias prometiendo obedecer todas sus indicaciones.

No fue hasta que amaneció completamente que Javert comenzó a respirar acompasadamente mientras su piel se sentía una vez más tibia gracias a las compresas aplicadas por todo su cuerpo. En todo ese tiempo, Jean Valjean no se había retirado del lecho del inspector velando su sueño y cuidándole con las atenciones que hasta ese momento solamente había dedicado a su amada Cosette…

Continuara…