Disclaimer: Si Soul Eater me perteneciera, Black Star dominaría el mundo y Excalibur saldría en más capítulos. Además de que habría mucho SoulxMaka y locura a gogó.

Gracias a Don Soy un pesado porque el mundo me hizo así, también llamado mi beta, Blaise Black, por insistirme en subir el fic. A sí mismo, agradecer a mi hermana Agrias-chan, por ayudarme con algunas ideas de este fic. ;D


Manzanas Podridas

"No creo en los secretos que guardas. Pero si quiero saber, como puedes dormir por las noches"

Sum 41

Capítulo I:Aburrimiento


-Cinco años antes-


"Y hasta aquí nuestro programa semanal, esperamos más cartas vuestras. Nos despedimos con una canción que os hará sacar una sonrisa tonta para el resto de la noche. ¿Qué que canción?Chicas impacientes, disfrutar de uno de los éxitos del momento:The adventures of Rain Dance Maggie de Red hot Chili Peppers. Hasta la semana que viene, ¡un beso Death City!"

Maka se acercó bailoteando hacia la radio, subiendo el volumen de ésta. Tsubaki entró en el cuarto con un bol lleno de galletas que puso encima de la mesa, mientras su amiga se subía encima de la cama a dar saltos.

—¿Te apetece que veamos una película, Maka?

Maka negó con la cabeza y se dejó caer en la cama de un salto. Se abrazó a la almohada, alargó el brazo y cogió una de las galletas recién hechas de Tsubaki. El chocolate de las pepitas que tenía la galleta le hizo cosquillas en la lengua.

—No tengo muchas ganas de ver una película, ¿tienes algún juego de cartas?

—¿Para?

—Podemos jugar al poker...

—¿Tú y yo? —Tsubaki rió y se sentó en el suelo, cruzándose de piernas—. No. No tiene gracia jugar las dos solas, Maka. Cuando está Black Star, en cambio...

Maka arqueó una ceja y se limpió el chocolate de la boca con la manga de su sudadera.

—¿Black Star?Últimamente te veo mucho con él...—susurró Maka, pensativa.

Tsubaki se ruborizó y desvío la mirada inmediatamente. Había disimulado demasiado mal, ya que Maka descubrió el sonrojo de sus mejillas en seguida.

—¿Te gusta? —Maka se incorporó en la cama y la miró sorprendida.

—No...no.

—¡Mentirosa! —Maka le tiró la almohada a la cara, riéndose.

Tsubaki cayó al suelo, uniéndose a las risas de su amiga. Su amiga tenía razón:últimamente pasaba demasiado tiempo con Black Star. Pero, no podía evitarlo:se sentía a gusto al lado del chico.

Maka se levantó de la cama y sacó un tablero de ajedrez que había detrás de la puerta de la habitación de Tsubaki. Después, vacío un vaso que estaba lleno de coca-cola(lo bebió de un tirón)y lo plantó boca abajo encima del tablero. Finalmente, escribió en un folio el abecedario completo y lo puso debajo del vaso de cristal.

Tsubaki dejó de reírse y observó con interés lo que hacía su amiga.

—¿Qué es eso? —Señaló Tsubaki.

Maka frunció el ceño, algo disgustada por como le había quedado el tablero.

—Pues esto es un intento de tablero de Ouija —dijo algo moleta Maka.

Tsubaki dejó de reír.

—¿Oui...ja?¿Pretendes que juguemos a eso?

—Bueno...—Maka se rascó la mejilla algo avergonzada—.Oí esta tarde a unas chicas del instituto hablando de este juego. Dijeron que habían visto al fantasma de la hija de la profesora de ciencias. Así que...me picó la curiosidad.

Tsubaki sabía porque quería jugar realmente su amiga. Lo había descubierto unos años atrás, cuando su amiga le presentó a su padre. Spirit Albarn tenía un hobby que sólo realizaba los fines de semana y que, sólo sus amigos más conocidos, sabían en que consistía:

"—Iré con Sid y los demás al bosque, volveremos dentro de dos horas —decía Spirit antes de irse."

"—¿Qué va a hacer tu padre? —Preguntaba siempre Tsubaki a su amiga."

Maka siempre sonreía misteriosamente antes de decir:

"—Va a hacer justicia."

Esa justicia normalmente consistía en volarle la cabeza a un par de demonios que deambulaban por los bosques de Death City.

—Bueno, ¿jugamos? —Animó Maka.

—No sé...—algo en la mirada de su amiga le hizo cambiar de opinión, porque segundos después, Tsubaki se encontraba sentada en frente del tablero—. Manipuladora —le dijo a Maka en susurro.

Ella sonrió y puso un dedo encima del vaso. Tsubaki, algo dudosa, imitó a Maka y puso un dedo encima del vaso. Los ojos de Maka brillaron nerviosos.

—Y, ¿ahora qué? —Cuestionó Tsubaki.

—Emm, tenemos que llamar a un espíritu...—murmuró Maka. Carraspeó antes de poner una voz grave, que pretendía ser graciosa: —¡Oh~,seres del más allá, yo, Maka Albarn, os ordeno que aparezcáis ante nosotras!

Tsubaki soltó una risita.

—Vamos, Tsubaki, ayúdame.

—No, no —siguió riendo ella.

—Como quieras —Maka se encogió de hombros y siguió gritando— ¡Apareceros ante nosotras y os daremos lo que queráis!

Ambas rieron con más fuerza antes de que la bombilla empezara a parpadear con un brillo vacilante. Tsubaki levantó la vista al techo, algo incómoda. Que raro, si cambie la bombilla esta tarde, pensó para sus adentros.

El vaso se movió rápidamente sobre el abecedario, captando la atención de las dos chicas. Tsubaki soltó un grito al leer la frase que había formado los movimientos del vaso: "¿Lo que quiera?"

—Maka, esto no tiene gracia —le regañó Tsubaki.

—¿El qué?

—No muevas el vaso...

—Si yo no lo he movido...

—¿Qué...?

Maka negó con la cabeza e ignoró la cara de miedo de su amiga. Se quedó mirando el vaso, pensando en la forma en la que se había movido hasta que el vaso volvió a formar otra frase: "¿Qué me darás a cambio?". La música de la radio dejó de sonar inmediatamente.

¿A cambio de qué? Pensó Maka. No le había dado tiempo a razonar sobre esa pregunta, puesto que la luz del cuarto se apagó. Tsubaki soltó un chillido y ocultó su rostro entre sus manos, temblando de pies a cabeza.

Maka no se perturbó en lo más mínimo. Estaba algo acostumbrada a este tipo de cosas. Y sólo algo.

Alguien río detrás de ella. Una risa burlona que la hizo ponerse en guardia. Después, sintió un frío recorrerle el cuerpo y unos ojos clavados en su espalda. Maka titubeó antes de darse la vuelta. En la oscuridad de la habitación, vislumbró unos ojos rojizos que le observaban con una mezcla entre diversión y precaución.

Los ojos de un demonio.


-Cinco años después-


—Jacqueline... —maldijo por lo bajo.

El contestador de su hermana volvió a saltar en cuanto marcó su número otra vez. Frustrada, dejó de intentar contactar con ella y guardó su móvil en su bolso. ¿Dónde demonios te metes?.

Debía de darse prisa y llegar a casa de Jacqueline. Necesitaba hablar con ella...urgentemente.

Salió del pub, aferrando con manos temblorosas el bolso y echando disimulados vistazos a su alrededor, asegurándose de que nadie la siguiera.

Llevaba dos días sin saber de su hermana y empezaba a preocuparse. Había intentado llamar a sus padres, buscando la seguridad materna y la ayuda paterna para reconfortarse. Pero, ninguno de los dos contestaron sus llamadas y Kim sospechaba porque: ellos se habrían enterado en que estaba trabajando.

Da igual, se dijo a sí misma, apretando el paso. La calle Simon estaba desierta a aquellas horas de la noche, lo que la hacía sentirse desprotegida y terriblemente asustada por cualquier sonido que interrumpiera el silencio que se había instalado en la calle.

Al torcer la esquina, una ventisca de frío sacudió su cuerpo. Segundos después, Kim Diehl sintió una mirada clavada en su espalda.

Se le erizó el vello de los brazos y el corazón le enmudeció del miedo.

—¿Hola?

Nadie contestó. Pero ella veía la sombra de una persona que proyectaba una de las farola en las paredes del callejón. Kim tuvo ganas de echarse a llorar. Sabía quien la estaba observando...

Jacqueline, Kim sacó su móvil rápidamente y echó a correr. La sombra se deslizó hasta desaparecer de la pared del edificio, pero Kim sabía que la estaba siguiendo de cerca. Oía sus pasos, su respiración entrecortada. La estaba pisando los talones.

Cerró los ojos y respiró profundamente, antes de enviar el mensaje al móvil de Jacqueline. Ojalá lolea, rezó para sus adentros.

Llegó al final del callejón y se dijo a sí misma que ya no había escapatoria posible. Que todo había terminado. No le daría ni tiempo para gritar, por no decir que no podría ni llamar a la policía. No hay nada que pueda hacer contra esa cosa...

Sin titubeos, se enfrentó a la persona que la había perseguido. Ella le regaló una sonrisa desagradable, exhibiendo unos dientes amarillos, podridos.

Jacqueline...Volvió a pensar la joven con una sonrisa triste que surcaba sus labios. Le habría gustado despedirse de su hermana...

—Adiós —le dijo a Kim.

Alzó un brazo que, como un rayo, atravesó el cuerpo de la joven en un segundo.

Hubo un pulso cada vez más lento que indicaba la muerte del corazón de Kim. Un segundo de tranquilidad que recorría todo su cuerpo, una sensación de despedida...

Luego, la nada.


Nada.

Estaba visto que esa noche no sacaría nada en limpio. Lo mejor que podría hacer sería apagar el ordenador y dar por imposible el caso. Con suerte, otro se encargaría por él de archivar los expedientes y llevar acabo el resto. Pero, estaba claro, que él no sería el que fuera hacer todo eso.

Al menos, no esa noche.

Death the Kid se reclinó sobre su silla, entre aburrido y cansado. Se desanudó la corbata y apagó la pantalla del ordenador. Aquella noche había tenido más que suficiente. Volvería a casa, con su esposa, y disfrutaría de alguna película en la que la protagonista se pasara media película llorando y la otra mitad peleando contra las injusticias de su triste vida. Ese tipo de películas que tanto amaba su esposa y que tanto odiaba él.

Chrona estaría, seguramente, esperándolo en el sofá de su casa, con un helado de chocolate entre las manos y ese pijama rosa pálido que le volvía loco. Se veía tan irresistible con él puesto...

Decidido, Kid se levantó y apagó la luz de su escritorio, mientras buscaba su chaqueta y la caja de tabaco que tanta falta le hacía en esos momentos. Condenado estrés.

Las agentes de policía Liz y Patty también seguían allí. Aunque, al contrario que Kid, ellas andaban hablando de cualquier chisme, con una buena taza de café humeante entre sus manos. Cuando le vieron levantarse, Liz esbozó una sonrisa e hizo un ademán de acercarse a él, pero su jefe fue mucho más rápido que ella:

—Death, a mi despacho.

Stein tenía cara de pocos amigos, las cejas fruncidas y ganas de descargar su malhumor sobre el primer individuo que se le osara acercarse. En este caso y sin tener nada de culpa, le había tocado a Kid.

Con unas sonrisas tímidas que querían decir "ánimo, estamos contigo", Liz y Patty le desearon buena suerte a su amigo, mientras éste iba al despacho de Stein.

—¿Quería verme, jefe?

Kid cerró la puerta para tener algo de intimidad, aunque sabía que no serviría de nada:Liz y Patty tendrían la oreja pegada contra la puerta y oirían todo. Y, sino, le preguntarían después como buenas cotillas que eran.

—Siéntate, por favor —gruñó Stein, quien daba sorbos profundos a su café.

Kid obedeció y se sentó en la primera silla libre de libros que encontró. Después, Stein le lanzó un periódico a las manos.

—Buitres, eso es lo que son los periodistas de hoy en día —escupió Stein.

Kid desplegó el periódico y se encontró, en la primera plana, una enorme fotografía en blanco y negro, junto a un título que pretendía llamar la atención de lector a primera vista: Asesinato brutal en la calle Hers.

—Eso está cerca de nuestra comisaría, señor —murmuró Kid, meditabundo.

—Exacto.

—Pero...no lo entiendo, señor...

—¿Qué no entiendes?

Kid titubeó.

—¿Por qué me ha llamado?

Stein soltó una risotada amarga.

—Te creía más listo, Kid —Stein se inclinó hacia adelante para quitarle el periódico de las manos—.La chica lleva muerta un día, ¡un día! Y ya tenemos a la prensa revoloteando a nuestro alrededor...

—Lo sé —asintió Kid. Había visto las noticias la noche anterior:habían hecho mención al asesinato, pero apenas le había dado importancia—. Creía que los agentes Kilik y Harvard se estaban encargando del caso...

—¿Creías? —Stein arqueó una ceja y soltó un prolongado bufido—. Panda de inútiles. Eso es lo que son esos dos.

—Con todo el respeto, señor, pero yo creo...

Stein no le dejó terminar la frase:

—Te diré lo vas a hacer, Kid:vas a levantar tu culo de mi asiento, vas a coger el coche y te vas a dirigir a la calle Simon.

—¿La calle Simon?Pero, ¿por qué...?

Stein se levantó de su asiento y Kid se encogió en el suyo. Su jefe tiró al cubo de basura el periódico y esbozó una enigmática sonrisa que puso los pelos de punta a Kid.

—Acabo de recibir una llamada de la central:han encontrado el cadáver de una prostituta en esa calle —explicó Stein, ajustándose las gafas—. Parece ser, que la chica muerta de la calle Hers y la prostituta de la calle Simon son hermanas.


Se balanceó sobre sus pies, en un claro gesto de impaciencia. Luego, apoyó todo el peso de su cuerpo sobre una pierna y, después, sobre la otra, repitiendo el movimiento varias veces.

—Vamos, vamos, que no tengo todo el día —gruñó ella, jugueteando con una de sus coletas.

Hero murmuró una palabrota en voz baja, para que ella no le escuchara.

—Me estoy dando toda la prisa del mundo —replicó él.

Finalmente, Hero consiguió abrir la puerta del laboratorio. Mostró una sonrisa victoriosa y besó varias veces su alfiler(lo que había utilizado para abrir la puerta del laboratorio). Gracias, películas policíacas, pensó Hero sin parar de sonreír.

Maka Albarn, en cambio, no se quedó para celebrarlo.

Entró como un huracán al laboratorio y, tras echar un rápido vistazo al aula, localizó el libro que estaba buscando. Con una sonrisa de alivio, lo recogió y lo guardó en su bolso.

—Ya que estamos aquí, podemos buscar los exámenes de Marie —sugirió Hero—. Creo que la profe los esconde en esos cajones de allí...

Maka bufó.

—Marie no es tan tonta como para dejar los exámenes en un cajón y sin vigilancia.

—¿No? —Hero alzó una ceja y abrió uno de los cajones: efectivamente, los exámenes estaban en el interior y sin vigilancia—. Qué hacemos, ¿nos los llevamos o los dejamos aquí?

Maka se mordió el labio inferior.

Le gustaba estudiar y sacar la más alta de las calificaciones gracias a su esfuerzo. Pero, últimamente, el engreído de Ox era quien se llevaba la nota más alta. Si se llevaba esos exámenes, quizás, podría superar a Ox...

Meneó la cabeza e ignoró la sugerencia de Hero. Se negaba a copiar.

—Deja los exámenes en su sitio, Hero.

—Jo, pero... —Maka le fulminó con la mirada y Hero no hizo otra cosa que dejar los exámenes en su sitio—. Vale, pero, me debes una, ¿eh?

—Lo sé —sonrió Maka.

Los dos salieron apresuradamente del laboratorio, volviendo a cerrar la puerta con el alfiler de Hero. Tsubaki les esperaba en el pasillo, vigilando. Ella se aseguraba de que ningún profesor o alumno les pillara con las manos en la masa.

Cuando vio a sus dos amigos acercarse hacia ella, suspiró aliviada:

—Menos mal que ya habéis venido. No me gusta hacer este tipo de cosas...—confesó con una sonrisa tímida— ¿Has recuperado tu libro de bioquímica, Maka?

—Sí —asintió ella.

—¿Podemos irnos ya? —Preguntó Tsubaki, claramente nerviosa.

—Claro, vamos a por nuestras chaquetas y...—Maka se interrumpió a mitad de la frase cuando vio que su móvil vibraba tres veces. Tenía un mensaje: "Me aburro -Soul-".

Maka rechinó los dientes y volvió a guardar el móvil. Maldito idiota, pensó molesta.

—Oye, Tsubaki, ¿y Black Star? —Cuestionó Hero.

Un segundo mensaje llegó al móvil de Maka: "Me aburrooo demasiado -Soul-"

—Está trabajando, pero creo que ya habrá vuelto a casa —Tsubaki se sonrojó un poco y recogió su chaqueta, mientras se dirigía a la salida de la universidad—. Maka, ¿ocurre algo?

—¿Por qué lo preguntas? —Otro mensaje: "¿Quieres que vaya a recogerte? -Soul-".

—Tienes mala cara...—señaló Tsubaki.

—Ah, no es nada —dos mensajes más. Maka no se molesto en leerlos. Apretó el bolso contra su pecho y aceleró el paso.

Hero observó con curiosidad a su amiga y cuando oyó el móvil de Maka, alzó una ceja:

—¿Quién te está mandando tantos mensajes?¿Es tu novio? —Sonrió burlón.

Maka gruñó.

—¡No tengo novio!

—Entonces, ¿quién es? —Insistió Hero.

Tsubaki comprendió en seguida de quien se trataba al ver la cara de cansancio de Maka:Soul estaría en casa, aburrido y esperando a que ella apareciera. No sería su novio, pero él era una persona terriblemente posesiva. Sobre todo, si se trataba de Maka.

—Tsubaki, ¿te importa si cojo un taxi?Tengo algo de prisa —le preguntó Maka, ignorando a Hero.

—Claro, ¿mañana me prestas el libro de bioquímica para estudiar?

—Sí —Maka abrazó a su amiga y se despidió de los dos rápidamente, antes de echar a correr.

Hero soltó un bufido y se cruzó de brazos, mientras veía alejarse a Maka.

—¿Qué ocurre, Hero?

—Nada...sólo estaba pensando.

—¿En qué?

El chico se sonrojó y miró hacia otro lado, guardando sus manos en los bolsillos de su chaqueta.

—¿Seguro qué Maka no tiene novio? —Cuestionó, mirando el techo.

Tsubaki suspiró.

—No, no tiene. ¿Por qué lo preguntas?

—Por nada en particular —vaciló—; bueno, en realidad...estaba pensando que...¿tú crees que ella querría salir conmigo si se lo propusiera?

Tsubaki dejó de sonreír.

—No sé, Hero...— Tsubaki le miró atentamente y esbozó una sonrisa amistosa—. Conozco a una persona que se enfadaría mucho si lo hicieras y te cortaría la cabeza.

Hero río.

— ¿Cortarme la cabeza?¿Estás de coña?

—Oh, sí. Sólo bromeaba.

Por el tono de voz de Tsubaki, Hero dudó: ¿le estaría tomando el pelo realmente, o, lo decía en serio?Hero se estremeció sólo de pensarlo.


Death the Kid apagó el motor del coche y apoyó su cara contra el volante del coche. Bien, calma. Respiró profundamente antes de abrir la puerta del coche y salir luciendo un rostro serio y frío, digno de su trabajo.

En la calle Simon, una serie de vecinos se asomaban por la ventana curioseando el alboroto que había debajo de sus casas. La calle pertenecía a los suburbios de la ciudad, en uno de los distritos menos seguros de toda Death City. Por lo que era de lo más normal que la policía recibiera alguna llamada de la central, informando sobre alguna pelea o algún asesinato.

Como el de Kim Diehl.

La prostituta Kim permanecía boca abajo, rodeada por los cordones policiales. Ya había varios agentes de la misma comisaría de Kid, que rodeaban a la mujer y la fotografiaban una y otra vez.

Flash. Y otro flash cegó a Kid, mientras se acercaba al cadáver.

—Buenas noches, agente Kid —saludó uno de los policías.

—Kilik —Kid le sonrió y le palmeó el hombro— ¿Qué tenemos aquí?

—A una chica de veintitrés años con las carótidas seccionadas y serios hematomas en la cara, el pecho y los brazos, por no decir este feo corte en su estómago —explicó de un tirón Kilik, sonriendo apenado. Parecía que había estado memorizando cada uno de los síntomas y los había retenido en su cabeza, esperando a que alguien le preguntara.

—Ya veo —Kid se arrodilló junto a la chica y tuvo que sofocar un gemido de dolor:la chica tenía una triste sonrisa en sus labios pintados de carmín.

Tan joven.

Aunque los ojos de la chica ya no tenían brillo, la sonrisa melancólica de Kim Diehl lo decía todo:sólo era una chica que había pasado por el sitio equivocado a la hora equivocada. Cualquier desgraciado la habría matado a sangre fría.

Kid se levantó del suelo y desvío la mirada incómodo.

Habían matado a Kim un día después que a su hermana, Jacqueline. No podía ser más que una coincidencia, ¿no?

Suspiró cansado, mientras se pellizcaba el puente de la nariz. Odio esta parte de mi trabajo...

Kid iba a decirle a Kilik que si le acompañaba a tomar un café, cuando sus ojos se fijaron de nuevo en el cuerpo de Kim. Había visto algo en la muñeca de la chica.

Kid se agachó de nuevo y sacó unos guantes de plástico del bolsillo de su chaqueta. Tomó el brazo de la chica y lo examinó detenidamente, fijándose ,en especial, en la muñeca.

Se le escapó una palabrota al ver lo que tenía tatuado a fuego en la muñeca:una estrella de cinco puntas rodeada de un circulo de la propia sangre de Kim.

Mierda.


Maka Albarn entró en su apartamento y se encontró solamente con la oscuridad.

—¿Soul?

Se quitó la chaqueta y la tiró al suelo, al igual que sus zapatillas. No había ni rastro de Soul, aunque tenía veinte mensajes suyos en su móvil diciendo que se aburría(y mucho).

Bostezó agotada mientras se dirigía a la nevera a satisfacer su gusa. En la puerta de ésta, una hoja rosa y rota de un cuaderno(Maka rechinó los dientes al ver que era una hoja de su diario)se encontraba pegada con un imán:

"He ido a dar una vuelta. -Soul-"

—Idiota —siseó Maka.

Se echó el pelo hacia atrás y devoró los restos de un sándwich de pavo que había al fondo de la nevera. Después, en calcetines fue directa a su habitación para cambiarse de ropa. Unos leggins y una camiseta vieja de deporte fue lo más cómodo que encontró.

Bueno, al menos, podré disfrutar de unos minutos de tranquilidad sin tener a Soul revoloteando a mi alrededor.

Aquel pensamiento la hizo sonreír.

Durante unos minutos, permaneció sentada en frente de la pantalla de su ordenador, con la página de word abierta y mirando pensativa la wikipedia. El libro de bioquímica que había rescatado del laboratorio estaba abierto, encima de su regazo.

Tenía que acabar su ensayo de bioquímica para el viernes, pero...

...tenía la mente en blanco.

Mordisqueó su bolígrafo y empezó a hacer una búsqueda exhaustiva en varias páginas de internet, mientras intentaba escribir algo en la página de word. Cualquier cosa.

Veinte minutos después, abandonó sus intentos de concentrarse en su trabajo. Había dejado de buscar información y estaba jugando a una partida de mahjong, mientras se mordía las uñas.

Gruñendo, se apartó del ordenador y fue directa hacia la televisión, apropiándose del mando. Ya lo haré mañana. Tengo tiempo de sobra.

Estuvo haciendo zapping durante un rato, molesta consigo misma. Finalmente, se tumbó en el sofá y cerró los ojos hasta quedarse totalmente dormida.

Algo le rozó las mejillas, algo cálido. Ella apretó los párpados, queriendo dormir un poco más, pero empezó a sentir varios pellizcos en su mejillas hasta que, al final, soltó un grito de desagrado.

Una risa suave le hizo cosquillas en los oídos.

—¿Estás despierta?

—No, déjame en paz...

Oyó un bufido y otra vez sintió los dedos de Soul pellizcándola las mejillas.

—Estás despierta —afirmó él.

Maka abrió los ojos de golpe y le envió una mirada asesina a Soul, quien estaba encima de ella con una ceja alzada y los ojos entrecerrados. Había una chispa burlona en sus ojos carmesís.

Maka apretó los puños. Contó hasta diez para tranquilizarse.

Uno...

—Llevas un rato dormida, me estaba preguntando cuando te despertarías...

Dos...

—...así que, te pinté un poco la cara con un rotulador, pero parece que no ha servido de nada—murmuró Soul.

Tres...

—Además, creo que dormida estás más mona. Y desprotegida —ronroneó él.

Cuatro, cinco, seis, siete, ¡al infierno con contar!

Maka le dio una patada a Soul en la tripa y lo tiró del sofá. Ella se puso en pie y se apartó de él, sin dejar de insultarlo. Soul alzó la vista del suelo y la miró enfadado.

—Que bruta eres.

—Cállate, Soul —siseó Maka, acariciándose las sienes—¿Dónde estabas?

—Ah, fui a dar una vuelta...

—¿No me digas?—Dijo Maka con sarcasmo—.Pero, ¿a dónde?

Soul esbozó una sonrisa burlona. Antes de que Maka volviera a preguntarle, su móvil empezó a sonar. Maka lo tomó rápidamente y bostezó:

—¿Diga...?

—¿Maka?

Ella se sobresaltó al oír esa voz.

—¿Kid? —Dijo confusa.

Kid rió al otro lado de la señal.

—Hola, Maka. Siento molestarte a estas horas —se disculpó el policía con voz suave— ¿Te pillo en mal momento?

—No, tranquilo...

Los ojos de Soul la escrutaron de arriba a abajo, con curiosidad. Maka se apartó un poco más de él y se acarició la mejilla.

—¿Pasa algo, Kid?

El policía parecía realmente nervioso antes de contestar:

—Tengo un problema...¿podemos vernos en tu casa?

Maka buscó con la mirada los ojos de Soul:tenía un mal presentimiento.