Todos nuestros personajes fueron creados por la Sra. Stephenie Meyer. Estos personajes son y seran nuestra fuente de inspiración para estas creaciones, pero cada trama es originalmente de nuestra autoría.-


CAP. 1 - FIEBRE

Chicago, 1918

Me sobresalte al sentir el contacto del paño frío sobre mi frente. Gire la cabeza, con la poca energía que me quedaba, y ahí me encontré con los ojos verdes más hermosos del mundo: los de mi madre. Estaban enmarcados en oscuras ojeras, vidriosos y aguados.

Sentía calor y frío al mismo tiempo, y la cama parecía un lugar irreal. Mis oídos escuchaban, aunque intermitentes, un confuso murmullo constante: gritos, quejidos y por supuesto, sollozos. Una mano temblorosa se apoyo en mi cabeza. Otra mano, pero esta vez helada, me tomaba la muñeca.

-Por favor, Sra. Masen... debe recostarse. Su condición se esta deteriorando. Mire sus pies: están muy oscuros. Le preparare el catre para que este junto a su hijo. Por favor! – la voz era calma y calida.

-Prométalo! ...por favor, prométalo! – sus sollozos eran lastimosos, y temblaba aun mas.

-Pero...

-Doctor, yo se que Ud. pude salvarlo! Prométalo! – y a continuación se hizo un silencio.

Mi cuerpo tembló y me sumí en la oscuridad de un profundo lago. Por momentos la sensación de estar bajo el agua era muy real: el pecho me ardía y aunque intentaba salir a respirar, no podía. De pronto, una fuerza interior me permitió dar la patada que me llevo a la superficie. Abrí los ojos y todo estaba en penumbras. Solo pude escuchar una voz en mi oído, tan suave que casi era imperceptible.

-Tus padres ya no están Edward... lo siento. Pero tratare de ayudarte. Por favor, mantente quieto.

A continuación me sentí flotar. No tenia fuerzas ni para mantener los ojos abiertos y estaba envuelto no se si en unas sabanas o una manta como si fuera nuevamente un niño pequeño. La sensación de viajar suspendido en el aire era agradable, especialmente porque no veía nada. Pero ya no importaba.

Sabía que esto era el final. Jamás cumpliría mis sueños: nunca seria un soldado en batalla, un hijo, un esposo, un padre...

Mi vida se perdía a cada segundo y aunque no podía ver la realidad que me rodeaba, sabía que se alejaba de mí. Tal vez, flotaba porque ya había muerto. Y tal vez, pronto podría encontrarme con mi madre, con mi padre y con mi Granny, la mama de mi papa, que se había ido al cielo cuando tenía 6 años.

Ahora bajo mi espalda parecía haber algo firme. Nuevamente la sensación de caer en el agua, pero esta vez sentía que me estaba ahogando. El agua entraba a borbotones por mi garganta y no podía respirar. Pataleaba y pataleaba y nada sucedía. Seguramente este era el fin.

Sorprendentemente, algo caliente corrió por mis venas. Era como regadero de pólvora encendida, que recorría mi cuerpo palmo a palmo.

La sensación del agua dio paso al fuego. Ahora no podía patalear sino que con todas mis fuerzas intentaba salir de donde estaba atrapado.

Creía que me había vuelto loco. Quien me había puesto sobre una hoguera? Por que debía ser alguien cruel conmigo como para quemarme?

Me queje y cuando trate de tomar mi cabeza entre las manos no pude. Estaba atado de pies y manos. Mi corazón latía tan fuerte que parecía que daba tumbos dentro de mi tórax golpeándose contra sus paredes.

Mi boca se abrió y dejo escapar un quejido primero y un gruñido después. Mi cerebro no dejaba de sentir dolor. Un dolor que jamás hubiera imaginado.

Mis músculos y tendones se retorcían y escocían hasta poder sentir su conexión con los huesos. La agitación y la agonía parecían no tener fin. El tiempo no existía y esto se repetía una y otra vez.

Mi boca solo emitía gemidos, graznidos y aspiraciones violentas y vacías, que no llegaban a mis pulmones. Trate de tirar de mis manos, de mis pies y nada. Parecía llevar un ancla en cada extremidad.

No quería abrir los ojos. Me negaba a ver la realidad que me hacia pasar por esta tortura, por este castigo. Dios , sin lugar a dudas, me estaba sometiendo al peor de los escarmientos e imagino que debía ser merecido.

Note que mi oído parecía estar mas agudo que de costumbre. Escuchaba la brisa pasando a través de cada hierba. Por un momento, sobre el dolor, me pareció que miles de patas marchaban entre esa hierba. El murmullo de un arroyo y pasos. Eran los pasos de un hombre seguramente: largos, pesados sobre el piso de madera e iban de un lado a otro.

Los olores también parecían ser diferentes: hierba, madera, moho, almidón de planchar, jabón, y otro aroma dulzón pero mezclado con algo mas.

Parecía que los leños se estaban terminando y la fogata sobre la que yacía se estaba apagando.

Sentí enfriarse los dedos de mis pies y los de mis manos. Mi corazón latía todavía más rápido. Parecía que tomaría su propio camino y saldría por mi garganta.

Paulatinamente el ardor y el dolor se fueron amortiguando aunque no mi corazón. Dios, ten misericordia de mí!

Todo el incendio se iba extinguiendo y parecía que era concéntrico: desde mis extremidades hacia mi pecho. Como quien tira una piedra en el agua y observa los círculos en onda que se forman.

Y mi corazón pareció tomar carrera hasta que dio un golpe tan fuerte que se detuvo. No lo escuche más. Lo peor había pasado? Ya no tenia mas fiebre?

-Edward, ya todo el proceso ha terminado. Abre los ojos y observa. Tranquilo! Yo estoy aquí para ayudarte. -La voz era calida y serena, y me sentí tranquilo - No tienes nada que temer... abre los ojos.

Y cuando lo hice, todo parecía nuevo. El cuarto donde me encontraba estaba en penumbras. Los olores se mantenían al igual que los sonidos.

Era extraño! Podía ver cada poro en la pared frente a mí, y escuchar los pasos de la araña que veía trabajar en su tela, en la lámpara del techo.

Gire mi cabeza y me encontré con un hombre joven, con una calida sonrisa, que apoyo sus manos en mi antebrazo para desatarme

Cuando mire, lo que sostenían mis brazos y mis pies eran cadenas tan gruesas como para amarrar un barco

-Bienvenido al mundo, Edward!