Disclamer: El trama de la historia le pertenece a SisterCullen y solo unos leves cambios a mí. Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto, solo los uso sin fines de lucro y solo para que pasen un agradable rato y salgan de la monotonía de sus vidas.

N/A: ¡Hello! Bueno eso se escucho muy fresa. Lamento mi demora y no la justificare ya que ya la mayoría sabe mis respuesta así que no las diré, ¿Para qué? Creo fervientemente que eso está de más. Bueno realmente les agradezco su infinito apoyo prestado, ustedes han estado en las buena, en las malas y en las peores conmigo realmente y se los digo de todo corazón gracias, por todo su tiempo, su comprensión. Les diré, oficialmente me retiraré de Fanfiction con esta cuenta, pero que quede claro antes de que eso suceda terminare cada una de las historias ya sea con la ayuda de sus respectivas autoras o sola como lo hice con Esta vez sí. Bueno sin nada más que agregar me retiro que pasen un excelente día.


CAPITULO 4

-Ya está.- entró la madre diciendo en el salón.

Sasuke se había olvidado en aquel instante de sus ansiosas clases de alemán, y por supuesto de Sakura.

Pensaba que iba a salir tan pronto pudiese, pues tenía una enorme juerga con unos amigos.

Tampoco le dio importancia al timbre del teléfono, ni oyó la conversación telefónica que su madre sostenía desde una salita continua al salón.

-Me miras como si no me comprendieras.-Le dijo Mikoto a su hijo.

-Y no te comprendo mama.

-Me refiero a tus clases de alemán.

-Ah.

Y Sasuke se levantó de un salto.

La madre le miró una vez más.

-Hijo, que manchas tienes en el pantalón.

-Una majadera, pasó hoy junto a mi, conduciendo una chevy del año catapún y me salpicó de barro.

-¡Que descuidadas! Como te decía…

-¿Cuándo empiezo?

-Mañana.

-Eres un sol, mamá.

-Pero tendrás que ir tú a su casa.

-¿Si?

-Sakura no puede venir aquí y me temo que si accede es por la amistad que nos une a Akémi y a mi.

-Claro.

-De modo que ya sabes. No te comprometas a nada a las nueve y media de la noche. Te dará una hora de clase diaria, salvo domingos y jueves.

-¿Y porque no el jueves?

-Todo el mundo tiene derecho a un dia de descanso, Sasuke-chan.

-Perdona, claro.- mojó los labios con su lengua.-Supongo que accedería por ser tú amiga de su madre…

-Eso ya no importa. El caso es que te has salido con la suya y que en realidad necesitas mucho esas clases. Ten presente que te vas a enfrentar con unos socios que casi desconoces y si empezáis a colaborar con los alemanes, si tú conoces el idioma, sabrás a ciencia cierta que movimientos se realizan en la sociedad.

Cierto, él era un buen ingeniero. O pensaba llegar a serlo. No estudió por deporte, si no para defender sus intereses, pero aparte de ingeniero y socio de una compañía, era también hombre y el hombre era quien pensaba en aquel momento.

El hombre que pensaba en Sakura, que casi parecía tenerla delante. Que la llevaba en la mente, desde que un día, no sabía cuando, no demasiado, la vio en una sala de fiestas bailando con aquel hombre llamada Keita Sumione, muy atractivo, pero que a él, particularmente le resultaba un gilipollas.

Después fue fácil enterarse de quien era Sakura y las relaciones que la unían a Sumione.

Lo demás ya fue cosa de convencer a su madre, sin decirle por supuesto, que además de la bonita profesora, le interesaba también la mujer, que era aquella profesora.

-Desde luego mamá.- dijo para terminar.- Me interesa no sabes cómo, estudiar alemán.

-¿A dónde vas?.- preguntó la dama al verlo tomar dirección hacia la puerta.

-A la cama. Tengo un sueño atroz. Por favor mamá, no pases para mi cuarto como haces otras veces. Me despiertas y luego pillo un insomnio insoportable.

-Buenas noches hijo. Así me gusta que no trasnoches. El día que tengas una novia, ya me apresuraré yo en decirle el tipo honesto que eres.

-Gilipolleces, mamá. No creo que salir por la noche haga que un hombre deje de ser honesto.

-Pero hijo, tus costumbres..Tus sanas costumbres me maravillan.

-Gracias mamá.

El muy mentiroso salió, subió las escaleras que le conducían a su cuarto, y con las mismas bajó sin hacer ruido.

En el vestíbulo, casi junto a la puerta, se tropezó con la doncella.

-Señorito Sasuke.- siseó esta.

Sasuke le tapó la boca.

-O te callas o te…

-Señori..

-¿No te digo que te calles?.- bajó la voz.- Estoy en mi cuarto ¿te enteras? Durmiendo ¿te enteras?.

-Sí. Si… señorito.

-Pues andando.

Y le propinó una palmada en las posaderas.

-¡Señorito!

-Hala, a callarse.

Después salió disparado.

Tenía el auto junto a la cochera, pensó en cogerlo, pero se abstuvo aquella noche, su madre podía oírlo.

No es que su madre se opusiese a que él saliese, pero prefería que desconociese sus evoluciones nocturnas.

-Pescaré un taxi ahí cerca.- farfulló entre dientes.

Saltó la verja sin abrirla, porque chirriaban sus goznes y se lanzó a la calle.

No había taxis por allí y a grandes zancadas, dentro de sus ropas negras nada elegantes, con aquella desenvoltura suya y aquella delgada silueta, se encaminó al bar donde, en la trastienda, con unas chicas lo esperaban sus amigos.

El no era totalmente un golfo¡que disparate! Pero le gustaba vivir…

Empezó a vivir…como decía él, muy joven, ya antes de morir su padre; él ya hacia sus pinitos sexuales sin ninguna dificultad; se le daba bien las chicas…muy, muy bien.

Tenía sus amigas particulares con derecho a roce, pero jamás pensó en el matrimonio.

Pero un día conoció a Sakura.

Sí, sí, al ver a Sakura uno pensaba en el matrimonio. En una sola mujer para toda la vida. Aunque él era del tipo de hombres que se acostaba con una mujer que fuera una belleza y se le insinuara… y se le insinuaban muchas.

Se había acostado con muchas, a sus 25 años… para pasar con ellas un día, una hora o doce minutos en el lavabo de una discoteca. Pero no para pedirle matrimonio a alguna de ellas.

En cambio con aquella chica llamada Sakura…todo era distinto.

Por eso intentaba por todos los medios conocerla más. La primera vez que habló con ella, fue cuando le salpicó, no hacia ni cuatro horas.

Le gustó más.

Le gustó su voz, su forma de mirar, las manos delgadas, personales, el pelo de un tono rosado, no común y eso le encantaba, su aroma a cerezas, y el acento de su voz que era distinto.

Distinto para él.

No sé explicaba por que razón aquel novio no la había hecho suya y se había casado con ella.

Porque en el pequeño pueblo de Konoha, todo se sabe; y él sabía que Sakura seguía siendo virgen en manos del bastardo aquel… que más sino le debía un enorme favor.. la había estado conservando para él. Para tenerla él en sus brazos y no su actual novio. El mojigato.

O quizás era Sakura la que no había querido entregarse.

Apareció en el bar y uno de sus amigos se le abalanzó encima.

-Diablos, Sasuke, mucho has tardado.- lo asió por el cogote.- Vamos, vamos. Veras que plan. Te van a gustar todas. Hay seis.

-¿Y nosotros cuántos somos?

-Siete.

-Nos falta una.

-Qué más da. Tenemos una para dos y en paz. Vamos pasa. La juerga empieza.

En aquel instante Sasuke se olvidó de Sakura y de que al dia siguiente, empezaría a conocerla mejor. O por lo menos conocería algo.

Es lo malo que tenia Sasuke. Por una cosa, casi siempre olvidaba otra, aunque luego al pasar la primera, olvidara la segunda..

-Vamos.- masculló.- Tengo ganas de pasarlo bien.

Sakura volvió a mirar el reloj

-¿Por qué tienes tanta prisa?

-Empieza hoy una clases. Es decir, empieza por que la doy en mi casa.

Keita tenía ganas de enfadarse.

Ya se había enfadado con su madre nada más llegar de viaje.

Él tenía unas ganas horribles de casarse con Sakura y hacerla suya, una vez cumplido el pacto que hizo con su madre, años después que se enterara que su padre, había dejado embarazada a una chica antes de casarse y Keita tenía un hermano bastardo que se llevó media fortuna heredada, cuando su padre murió.

Se casaría primero con ella y luego la haría suya; lo estaba deseando.

Pero su madre siempre le daba largas al compromiso, nunca tenía tiempo suficiente para ir a casa de Akemi.

Siempre ponía algún tipo de obstáculo. Su madre no tenía ni un domingo libre y ciertamente ella misma lo lamentaba.

No obstante, aquel día, es decir, aquella misma tarde, se enfadó mucho con su madre. Sin motivos; lo reconocía.

Trabajaba mucho en la tienda de deportes. Dos dependientas y un cajero, pero al cajero aquel día , le dio por pillar la gripe y él llegó deseoso de ver a Sakura y correr a su lado, hala, su madre le pide que haga caja.

Por eso se enfadó y por eso llegó a la cita con Sakura cuando ésta ya estaba desesperada y estaba a punto de marcharse.

-¿Otra más?.- chilló Keita deteniendo el caudal que tenía en el cerebro.

-¿Qué pasa? ¿Qué tienes tu en contra de mis clases?

-Son mi mayor enemigo.- volvió a enfurecerse Keita.

Sakura lo miró con calma.

Se hallaban en una cafetería, al fonfo, ante una apartada mesa, donde se veían todos los días cuando él salía de la oficina y Sakura terminaba sus clases.

-NO digas tonterías, Keita. Tu mayor enemigo eres tú mismo. En realidad.- mostró el reloj.- mira hoy te he esperado casi una hora. Estaba a punto de marcharme cuando apareciste.

-Tenemos al cajero enfermo.

-Ah…¿eres tú cajero?

-Sakura, no uses conmigo esa guasa, no soy cajero, pero si es preciso y se me necesita lo soy. Y también dependiente.

-Claro.

-¿Qué significa ese claro?

-Mira, Keita, a mi tus problemas internos, no me interesan en absoluto. Si estas de mal humor para venir a mi lado, métetelo en la manga. Yo también estoy cansada y me aguanto.

-Cada día tú y yo andamos peor. Precisamente hoy he hablado yo con mi madre, de nosotros dos.

-Ah.- le miraba con una ingenuidad burlona.- tienes que tratarlo con mama…

-Sakura, esa burla.

-Es que me descompones, Keita. Hablar con tu madre ¿de qué?

Keita dominó su ira.

Porque él amaba a Sakura.

La amaba bien.

Sakura era para él, la novia pura de cinco años antes. Con Sakura no servían ni pasiones ni tentaciones. Las dominaba todas… hasta la noche de bodas.

Aunque le hubiera gustado que fuese más apasionada. Era fría. A veces lo impresionaba lo tremendamente fría que era.

-La petición de mano.- dijo al fin.

Sakura sonrió.

Mil veces anunció Keita, aquella petición de mano. Mil veces en los cinco años de relación. Ya era una guasa.

Una guasa que la hería y la dejaba más fría cada día.

-Está bien.- decidió terminar, porque estaban llegando las manecillas de su reloj a las nueve y media.-Manda a tu madre a mi casa cuando gustes. Siempre será bienvenida

-¿Qué supones que es mi madre la que tiene la culpa?

-¿No crees que eso lo hemos tratado ya?

-Pero es que mamá no tiene la culpa te digo. Tengo que hacértelo comprender.

-Dejalo, Sumione. De momento no puedo quedarme a discutir. Mira el reloj.

-¿Es primero tu alumno que yo?

Sakura se puso en pie con mucha calma.

-Tengo que irme Keita, si quieres, mañana, aquí mismo, y hablamos de eso otra vez.

Keita pagó y salieron juntos.

-Vas muy callada, Sakura.

Nunca la conocería bien.

Nunca sabía Keita cuando ella estaba harta y cuando deseaba un beso.

Al principio Keita la conocía mejor y empezaba a pensar que ello se debía a que ella misma no se conocía nada, a que era ingenua como una niñita.

-En realidad me duele un poco la cabeza.- dijo para evitar la conversación.

Keita la sujetó del brazo y la apretó contra si.

-El domingo iremos mi madre y yo a tu casa.

¿Para qué demostrarle su duda?

-Bien.- dijo.

-Yo te quiero Sakura, te quiero y te deseo como nunca he querido desear a nadie.

Ya lo sabía.

Pero tampoco se lo dijo.

-Tengo muchas ganas de hacerte el amor Sakura

Al llegar hasta la verja, Keita no la soltó.

Al contrario la apretó más contra si.

-Sakura…

-Para Keita.

-Hace días que venimos enfadados, ni siquiera nos besamos.

Sakura se dejó besar y después metió la mano en el pecho de ambos.

-Buenas noches, Keita.

-Oye Sakura esta helada. De un tiempo a esta parte…

-Tengo que irme Keita…

-Nunca hablamos de nosotros dos.

-¿No?

-Bueno, quiero decir, de nuestro amor. Tú…no me haces ningún caso.

Le haría cada día menos.

Keita era el hombre, que ni pintado, para ser hijo único célibe.

Y ella presentía que así se quedaría. Célibe, lo cual, dicho en verdad, la hería, y no por ella, si no porque Keita tenía madera de buen marido y amante, pero la madre de Keita no tenia madera de suegra…

-Hasta mañana Keita.- dijo sin responder.- Nos vemos en el sitio de siempre.

Continuará…