El y Ella

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Un suave gemido lleno la habitación.

-No te quejes.- Regaño Hue.

El americano entrecerró su ojo izquierdo, resistiendo el ardor del alcohol sobre sus heridas frescas.

-Eres un verdadero idiota.- Volvió a hablar la asiática.-¿Cómo se te ocurre iniciar una pelea? ¡Y en medio de una junta!-

El americano guardaba silencio. Y la vietnamita no podía notar como sus ojos azules evitaban sus irises ámbar. Suspiro.

-Enserio, ¿En que estabas pensando?- Pregunto.

Debía admitir que estaba curiosa de saber la verdad de por qué el rubio había peleado con el ruso.

-Ha estado metiéndose en mis asuntos personales.- Respondió secamente.

Hue medito las palabras ¿Asuntos personales? A que se podía estar refiriendo; era obvio que en este momento, las dos potencias mundiales tenían roces notorios, pero, ¿Acaso eso podía ser catalogado como personal? Hue, frunció los labios. No, eso no podía hacer. Entonces…

De inmediato la castaña ser sonrojo ¿Sería por ella, acaso Alfred le había defendido de Ivan? En su país había guerra, estaba dividida entre el bando comunista y el capitalista…Así que quizá, Alfred había tomado la cuestión en sus propias manos.

-¿Y cuáles son esos asuntos personales?- Cuestiono lentamente la fémina.

Alfred siguió sin observarla, sus ojos clavadas en algún punto fijo de la pared.

-No te concierne.-Le respondió secamente.

Hue presiono el algodón contra su herida, el americano siseo adolorido.

-¿Qué rayos, Hue?- Su voz estaba cargada de dolor.

Los ojos de Hue le miraron violentamente.

-Estas en una relación conmigo. Lo que te suceda, me concierne.- Su voz era dura, pero Alfred podría notar el cariño en ellas.

Aquel gesto fue como una apuñalada en su corazón. Sus ojos azules la miraron con compasión.

-No podemos seguir así, Hue.- Pronuncio solemnemente el americano.

Hue le miro rápidamente, sus ojos inundados en preocupación.

-¿A que te refieres?- Inconscientemente la castaña trago.

Alfred la miro, la vietnamita noto en aquellos ojos azules la culpa.

-¿Qué has hecho, Alfred?- Su voz trataba de mantenerse firme.

Los ojos de Alfred se inundaron de culpa.

-Te he lastimado.-

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Isabel miraba distraída por la ventana, sus brazos cruzados y, de vez en cuando, un suspiro escapaba sus labios.

-Algo le sucede.-Se comentó en la habitación.- ¿Creen que haya tenido que ver con la pelea entre Rusia y Estados Unidos?-

Arthur se mantenía al margen de la conversación, y mantenía la calma con la sencilla actividad de acomodar los papeles, que durante la pequeña pelea entre las potencias, habían sido dispersadas.

-¿Qué crees que haya causado tal arrebato violento, mon Anglaterre?- Arthur miro a la derecha para encontrarse con el rubio francés.

Encogiéndose de hombros, Arthur le restó importancia al evento.

-No lo sé.- Respondió.-Seguramente al tensión entre ellos ya era demasiado. Agradezco, de cierta forma este arrebato. Es mil veces mejor a que se golpeen a que varias y letales bombas acaben con todos nosotros.-

Francis asintió.

-Por otra parte, la linda Isabel se ve distraída.- Dijo con cierta preocupación.-¿Crees que estará bien?-

Arthur miro a la mexicana, se veía tan sola.

-Es normal que este así…- Explico el inglés.- No es justificable lo que le acaba de suceder, sin embargo, sigue siendo duro.-

El francés suspiro. Arthur también parecía fuera de lugar.

-Estas Olimpiadas, serán muy interesantes.-

Arthur asintió, su mirada aun puesta en la morena.

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Todo había sido censurado, su jefe se había encargado de todo. Los cuerpos, la sangre, los medios habían desaparecido en el aire.

Como si nada jamás hubiese sucedido.

Pero ella sabía que el mundo lo sabía; podía sentir la mirada de todos sobre ella. No había tratado justificarse, no había dicho nada acerca del tema. Ella también había sido censurada, pero ¿Para qué? Todos lo sabían. Podía imaginarse lo que habría de estar diciendo a sus espaldas.

Quizá fingir y callarse, era lo mejor.

Frunció sus ojos en desagrado, como últimamente había sucedido, la voz de Rusia broto. Sin embargo, ahora no era una tentador, era un recuerdo…Unas palabras que no hacía más de una hora el ruso le había dedicado.

¿Dejas que los demás peleen tus batallas, México?

Rusia lo sabía, él sabía todo. El conocía la verdadera razón por la que Alfred le había golpeado, conocía el porqué de Tlatelolco…Quizá lo único que el ruso desconocía era lo que había sucedido anoche.

Un suspiro escapo de sus labios, quería convencerse que lo que había sucedido había sido un terrible error. Se lo había dicho a Alfred. Pero no lograba convencerse. Aquello que había sucedido tarde o temprano iba a suceder…Y ella lo había deseado. Lo que había sucedido, si bien no fue premeditado, era algo que ella quería.

Y ahora, con sus ojos cerrado y una de sus manos sobre su pecho, podía recordar perfectamente las caricias de Alfred…Su calor…Era tan claro en su mente.

-Para Isabel.- Se regañó.-Lo que paso…Lo que paso no debía suceder….No debía….El tiene a Hue.-

Sus ojos morenos se abrieron tan rápido que un ligero mareo le amenazo. Sus labios se fruncieron. Si, Alfred estaba con Hue.

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No entiendo. Jamás lo he entendido.

A él, a ella, a nosotros.

Jamás he logrado descifrar, saber qué es lo que piensa, saber lo que sus ojos querían decir. O quizá, si lo sé. Seguramente, lo he entendido desde el inicio.

Entendí que el la ama, que ella lo ama. Y que "nosotros" jamás existió. Pero, ¿Por qué? Si sabía esto desde el inicio ¿Por qué di pie a que esto sucediera?

Eso lo entiendo. Sé por qué lo hice; porque le ame, y lo amo. Desde el inicio lo hice.

Fue un suicidio, desde el momento en que lo vi a los ojos…Caí en un barranco. Por amor.

-¿Qué hiciste?- Cuestione.

Sus ojos, esos ojos que siempre entendí y que simplemente ignore ahora me miran. Con culpa.

-Le hice el amor a Isabel.-

Quería llorar. Gritarle. Maldecirlo hasta que mi voz se agotara. Pero no lo hice. Y no fue porque lo amaba, o porque estaba furiosa. No. No fue por eso.

"Le hice el amor a Isabel."

Amor. Habían hecho el amor, no había sido solamente sexo. Ellos se habían conectado en un ámbito tan astral y mágico. Lleno de amor y sentimientos.

"Le hice el amor a Isabel."

Entre él y yo…Solamente había sido sexo. Jamás hubo amor…O al menos, nunca fue correspondido.

Y siempre lo supe. Siempre lo entendí.

-No tienes que perdonarme.- Lo escuche en silencio.- Te he lastimado, no mereces todo esto Hue.-

El tenía razón, no lo merecía…

-Te perdono.- Murmure.

No lo merecía, pero lo seguía amando.

-Te perdono.- Repetí, ahora más fuerte.

Siempre había pensado que llorar era un signo de debilidad. Nunca antes me había permitido derramar lágrimas frente alguien más.

Pero ahora, entendía. Llorar no era debilidad. Llorar era demostrar cuanto te importa algo.

-Te perdono.- Las lágrimas corrían por mis mejillas, me sentía herida, pero no podía dejarlo ir.-Prometo perdonarte esto, olvidare lo que sea…Pero por favor…Por favor, prométeme que me amaras...-

No quería entender. No quería saber. Y el solamente guardaba silencio.

-Prométeme que me amaras como la amas a ella. A Isabel.- Me sentía patética.-Y te perdonare.-

Lo mire, sabía que mis ojos eran suplicantes. Y los suyos, seguían llenos de arrepentimiento.

-¿Lo harás? ¿Me amaras como la amas a ella?-

Me miro. Y yo lo entendí.

-Lo siento. Pero jamás te amare como amo a Isabel.-

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Seguía habiendo una incómoda atmósfera en la sala. La comunicación era por medio de susurros y las miradas volaban por todo el lugar.

-¡JAMAS TE PERDONARE!- Un alarido altero a todos.

Las miradas rápidamente se dijeron a la puerta cerrada. Se escuchaban pasos rápidos acercarse.

-Eres un bastardo… ¡Te odio! ¡Te odio!¡Te odio!- Los gritos se escuchaban cargados de tristeza.

Isabel miraba seriamente la puerta. Cuando esta se abrió violentamente, ella fue la único que no se alteró por el chirriante sonido.

-¡TU!- Hue le apuntaba, sus mejillas llenas de lágrimas y sus ojos cargados de tristeza.-¡Eres una maldita perra!-

Isabel escuchaba pasivamente todo el vietnamita que Hue le lanzaba sin compasión.

Una vez que la asiática estuvo frente a ella, Isabel sintió su cuello dolerá ante tan violenta bofetada. Sin reclamar o decir algo, Isabel espero los siguientes golpes. Sin embargo, estos nunca llegaron.

-¡Joder! Suéltame…Suéltame ¡No me toques!- Exclama Hue, entre sollozos.

-Stop!- Alfred mantenía a Hue entre sus brazos, deteniéndola. La asiática tiraba patadas, sus ojos cerrados.

Podía odiarla, pero Isabel sintió verdadero pesar por Hue. Quería decirle algo para consolarle ¿Pero qué podría decirle en esta situación?

-¡Suéltame!- Hue exclamaba, poco a poco iba perdiendo fuerzas en brazos del norteamericano.

Y finalmente se detuvo, jadeante.

-Los odios…A él, a ella, a nosotros.- Su voz era débil.- Suéltame.-

Sin esperar algo del americano, Hue se soltó. Proporcionándole una última mirada a la mexicana, se volteo hacia el rubio.

-No te quiero en mi país, no te quiero en mi mar ¡No te quiero cerca de mí! Sacare a tus jodidas tropas de mi país, y hare lo que me venga en gana con mi gobierno. Maldito cerdo capitalista.-

La sala miraba en silencio.

-Te metiste con la nación y mujer equivocada, Estados Unidos.- A pesar de ser jadeante, su voz estaba cargada de veneno.

Y entonces, Hue desapareció de la habitación.

Ella y él se miraron.

-We need to talk.- Pronuncio el, extendiéndole la mano.

-De acuerdo.- Respondió ella.

Y cuando las puertas se cerraron tras ellos. El solo pronuncio.

No fue un error.


Me disculpo por mi tardanza, pero la escuela simplemente no me deja vivir. Este capitulo lo llevo haciendo desde hace dos semana y hasta ahorita que tuve la tarde libre lo pude terminar. Siento mucho mi tardanza.

También me disculpo por el florido lenguaje de Hue.

Y espero, sinceramente, que el capitulo haya sido de su agrado. Y les agradezco por siempre seguir fieles a este fanfic, gracias.