Hateful Lemonade Contest 2.

Título: Por los Médeci

Rated: M

Penname: Katlync

Pareja: Edward & Bella

Palabras: 6,584.

Disclaimer/Renuncia: Meyer es la creativa dueña de los personajes de Crepúsculo, yo sólo soy una fan que se divierte poniendo a sus personajes en diversas facetas. No se pretende ninguna violación al derecho de autor con esto.

Summary/Resumen: HCL2 Dos estudiosos de la antropología se ven enfrentados en una investigación que levanta pasiones y sentimientos desenfrenados que ninguno de los dos creyó poseer. El deseo y la pasión por el renacimiento italiano desencadenan la atracción inevitable de estos dos profesionales rivales.

Gracias a Gine y Nayra de BetasFanfiction por la edición.

. . .

"Es imposible amar algo ni odiar algo, sin empezar a conocerlo." Leonardo Da Vinci.

. . .

El clima cálido del mediterráneo, balanceaba el cabello de Isabella Swan mientras conducía al museo estatal erigido sobre la capilla Médeci en la Basílica de San Lorenzo (1) en Florencia, Italia. Tenía ya dos años en el puesto de directora del museo, pese a ser americana y no italiana como se esperaría, sin embargo, su doctorado en antropología realizado en ese país la hicieron acreedora de los méritos y la experiencia requerida para erguirse con el puesto.

Mientras manejaba por la carretera desde su vieja y recién restaurada casa que emulaba el modelo renacentista de las casas de Toscana, sonó la alarma de su agenda en su i-phone, distrayéndola de la vista de la carretera por unos segundos. Fue en ese momento que escuchó un grito que le hizo volver la vista al frente y frenar su auto.

—¡Mire por donde va, es luz peatonal! — gritó un hombre que terminaba de cruzar la calle en ese momento. Mientras, Isabella caía en cuenta que la luz había cambiado y ella no se había detenido.

Ella miró al hombre de ojos verdes chispeantes, trató de sonreír y emitir una disculpa para que él la leyera de sus labios. Visibles desde la orilla de la calle ya que su auto descapotado, tenía la capota recogida para que los rayos del sol matutino le llegaran a su pálida piel. Pero no recibió del hombre el menor ademán de aceptación de disculpa, ya que el mismo se volteó todo enfurruñado en una letanía de improperios que ella no pudo escuchar.

Isabella dejó pasar el mal momento dándole finalizar a la alarma del i-phone que anunciaba la reunión con el jefe del patronato que financiaba parte de los estudios que se llevaban adelante en el museo. Veinte minutos después llego a su lugar de trabajo. Un palacio hermoso, construido hace tanto tiempo con enormes columnas en sus pasillos que coronan largos corredores internos y externos. Desde su vista frontal puede verse ante la plaza del mismo nombre y desde lo alto es coronado por una cúpula conocida como Capella dei Principi.

Luego de haberse detenido por gasolina y café, Entró en el vestíbulo de su oficina y saludó a Gianna su secretaria que le anunció que el señor Montesco ya se encontraba en la sala de juntas.

Isabella, dejo su bolso y se dirigió a la puerta de su despacho que comunicaba a la sala de juntas y en ese momento chocó con un mar glacial verde oscuro que la miraron con incredulidad.

Ella desvió la mirada para fijarse en Pietro Montesco que estaba sentado junto al hombre de ojos verdes y cabello cobrizo rebelde que... ¡Oh! por Dios santo, era el mismo hombre que ella estuvo a punto de atropellar a unas cuadras atrás.

Isabella Swan, haciendo alarde de su hidalguía y entereza se esforzó por recomponerse y buscar su voz donde se había escondido, pero el señor Montesco la salvó de la penosa situación, aún sin saberlo.

—Oh mi querida Bella, buongiorno belleza — dijo Montesco, en su acostumbrada mezcla de su idioma Italiano y el de Isabella.

— Buongiorno— contestó ella.

— Te presento a Edward Cullen, el patronato le ha contratado para que realice el estudio de las teorías del asesinato de la familia de Cosimo de Médeci.

— ¿Cullen, dijo? — cuestionó Isabella, con un alto grado de descortesía hacia su colega. Recordando que un Cullen era el responsable de la calamidad de la excavación hecha a la tumba de los Médecis en 1940.

—Sí, Cullen es mi apellido —, dijo el hasta ese momento el silencioso desconocido que ya no lo era tanto.

—Bella, el doctor Cullen es un gran especialista en el arte renacentista y tiene una especialidad en la familia Médeci —, dijo Montesco notando la tensión en el aire.

Isabella respiró hondo guardándose para sí sus opiniones acerca de los Cullen expertos en nada, que dañaron toda la excavación en los años cuarenta. Tomó un respiro y le tendió la mano, pidiendo al cielo que su excesivo rubor no estuviese subiendo para hacerle pasar vergüenza denotando algo de lo que en su interior sentía.

-Bienvenido a Italia- dijo ella sintiendo la mano de él envolver la suya, cubriéndola una extraña sensación en el roce de sus dedos contra las manos de ella.

Sono nato in Inghilterra ma ho vissuto in Italia la maggior parte del tempo* —.dijo en un muy fluido Italiano.

Isabella sintió sus vísceras arder al ver el despliegue egocéntrico de Cullen.

Sono lieto di darvi il benvenuti al museo de Italia**— dijo ella en italiano a su vez, sin dejarse amedrentar.

— ¡Oh! pueden comunicarse en italiano o en inglés como se sientan cómodos—informó Montesco.

—Grazie—, dijeron ambos a la vez mirándose como midiéndose uno al otro. Luego de ello Montesco se dirigió a ella diciendo -: Bella, los dejo para que puedan hacer el plan de trabajo, requiero el informe en una semana para así dejárselo saber a los otros miembros en la reunión mensual del patronato.

—Lo tendrá sin falta— dijo Isabella observando como Pietro Montesco dejaba la sala de juntas y pensando cómo enfrentar al hombre que casi atropella que se encontraba en la misma habitación que ella dirigiéndose hacia una de las sillas de la mesa de reuniones.

—Disculpe por lo de esta maña... — no la dejó terminar interrumpiéndola.

—No le perdono nada senorita, *** usted es una irresponsable, que juega con su vida chateando por celular cuando maneja.

Isabella que había tomado asiento se removió incómoda en el mismo, mientras trataba de poner más distancia entre ese hombre imbécil y ella, desconociendo esa indescriptible sensación entre las ganas de matarlo o mirar cuan bien formado tenía el cuerpo que se reflejaba en el contorno del traje gris que vestía.

—¿Qué dice? —Preguntó ella incrédula.

—Que seguro usted Bella, tiene gente que la quiere y anda arriesgando su vida sin escarmentar o pensar en las consecuencias — terminó diciendo él.

Ella al escucharlo sintió que la juzgaba sin conocerla y sin bases y se sintió altamente humillada, ya que se había tomado el tiempo para intentar disculparse y él en cambio la agredía. Se armó de valor y le dijo:

—Doctor Cullen, soy una mujer adulta y no le permito que se exprese de esa manera de mí en mi presencia. Usted no me conoce.

—Se equivoca, conozco a las mujeres insensibles como usted, créame. Estaré fuera mientras se me asignan mis oficinas correspondientes, senorita Bella.

—Doctora Isabella para usted—, dijo ella mientras se levantaba dejándolo solo en la sala de juntas y ella se perdía por la puerta que comunicaba con su despacho.

Edward Cullen no sabía qué le había pasado con la doctora Bella Swan, pero había perdido los estribos como un adolescente. No entendía por qué le preocupó su poco interés y su irresponsabilidad al usar el celular mientras conducía, si hubiese estado en otra ciudad de Italia tal vez estaría herida. Alejó ese pensamiento de inmediato ya que la sola idea, hizo que lo invadiera una rara sensación pero fue tan fuerte y desoladora que ni siquiera sintió que tocaban la puerta de la sala de juntas y menos escuchó a la secretaria de la doctora Gianna, que abría la puerta de la sala de juntas.

Cuando Isabella Swan regresó a su oficina esa mañana, estaba furiosa con ese hombre mal educado y pretensioso. Le había hablado en italiano pensando que por ser americana no conocería el idioma ¿por quién la tomaba ese hombre? Ya le demostraría a ese estúpido quien estaba al mando en este museo. Seguramente era igual de irresponsable que su predecesor James Cullen que dirigió la excavación que casi hace que se perdieran los restos de la familia Médeci. Sí, seguramente era un profesional mediocre como su familiar.

Lo que Isabella Swan no sabía, era el efecto adicional que ese hombre tendría en ella. Desde el día que lo conoció hizo que en ella despertara el deseo de estar siempre presentable. Quería que él siempre la viera hermosa, combinada en vestuario. Se dio cuenta de ello cuando sin razón o necesidad de renovación de vestuario, justo el fin de semana siguiente a conocerlo terminó pasando la tarde en una renombrada tienda por departamento de la zona. No obstante, su coraza de moda, no servían de nada para identificar las reacciones de su cuerpo cuando por alguna razón coincidían en los pasillos del museo, o en el área del sótano donde estaban los laboratorios y las oficinas de investigación y clasificación.

. . .

La oficina que se le asignó a Cullen estaba precisamente ubicada al lado del laboratorio en la parte inferior del museo. Se comunicaba con los anaqueles que contenían los huesos de los Médeci que su tío hace más de sesenta años removió. El estigma de esa excavación lo había seguido durante años y esta era su oportunidad para reivindicar a la familia.

Su tío realizo una excavación descontrolada y los huesos fueron mal clasificados y dejados en cajas, sin ningún orden. Lo único positivo de esa exploración fue que las ropas que usaban los cuerpos, estaban ahora preservados en vitrinas del museo, lo que permitía a Edward ordenar pruebas científicas para demostrar la teoría de que Cosimo I de Médeci (2) no fue el asesino de su esposa e hijos pequeños.

La tesis doctoral de Edward fue presentar una hipótesis de que ellos habían muerto de enfermedades endémicas y se basó en los diarios de Cosimo, donde se describen síntomas que bien podían explicar las muertes, pero pese a que su tesis fue un A más, la teoría no fue aceptada por los escépticos historiadores y menos por las mentes de la antropología y la arqueología moderna de la Italia científica.

Edward sabía que Bella Swan formaba parte de los profesionales que había hecho despliegues despectivos en el medio profesional en contra de su tío y eso lo enfurecía. Maldición, esa mujer lo llevaba a límites insospechados cada vez que estaba cerca, él sentía su temperamento subir a mil, era como si ella sacara su furia y a la vez lo calmase. Para colmo era tan atractiva que cuando no quería matarla por algún comentario, quería tocarla, besarla, abrazarla, todo lo que significara ponerlo tieso como una roca y eso lo hacía sentir como un pervertido.

Durante la primera semana se la pasaron antagonizando sobre los temas del informe; ahí descubrió cuan arraigada estaba ella a la tesis de que Cosimo era un asesino despiadado y por más que había tratado de hacerle ver la evidencia en contra de su posible participación en la muerte de sus hijos, ella le refutó cada una de sus hipótesis de manera tajante y grosera.

Ambos se reunieron con algunos miembros del patronato para presentar el plan de trabajo de las próximas cinco semanas, pero para el colmo de males de los dos, Pietro pidió que Swan supervisara el trabajo de Cullen ¿Cómo podría ella supervisar una teoría en la que no creía sin sabotearla? Fue la pregunta que se hizo Edward de inmediato y pronto supo la respuesta: entorpeciendo la investigación.

. . .

Y sí que lo hizo, Isabella Swan, se demoró en cada formulario o petición hecha por el Dr. Edward Cullen para su investigación por espacio de semana y media, luego de que se le asignó la supervisión del trabajo de él.

Lo que colmó el vaso y lo derramo fue cuando ella se fue de la oficina justo cuando él le dejaba a Gianna la reiteración número veinte de la solicitud de aprobación del examen de ADN del vestido con el que fue enterrado Giovani de Medici. Había un pedazo de tela fuera del vidrio de exhibición que estaba dentro de las cajas que la excavación de 1940 dejó. Lo habían restaurado pero al parecer el trozo que faltaba fue reproducido y el original se mantenía aún dentro de las cajas preservantes del museo, él lo había visto dentro de los inventarios y se tomó el tiempo de buscar la codificación precisa para que no hubiera demoras y pudiese hacerse la prueba.

Ese examen sería concluyente junto con sus otros hallazgos no compartidos aún y podría liberar a Cosimo del epíteto de asesino, mal endilgado. Edward estaba convencido de que Cosimo había sido un tirano en la política, pero no un parricida. (3). Edward la vio ignorarlo y no pudo dejarlo pasar. Que se creía esa mujer, lo había ignorado y había llevado su afrenta a límites personales y lo que era peor los había llevado a su vez al ámbito profesional. Por ello la increpó sumamente disgustado.

—¿Se va?

—Tengo una reunión y no veo porqué tenga que darle explicaciones, doctor Cullen.

—Pues claro que me las debe ¿sabe cuántas veces he solicitado estas pruebas y todas están en su despacho, sin que alguna haya sido siquiera revisada?

—¿Insinúa que no hago mi trabajo? —señaló ella visiblemente disgustada. Tanto que su rubor subió violentamente en cuestión de segundos. Pero lo que más le enojaba era que esa discusión le gustaba y su cuerpo se tornaba anhelante. Se colocó las manos en la cintura tratando de contenerse y calmarse a sí misma.

—No, al contrario creo que usted se está tomando el trabajo de sabotearme—. Le respondió algo sarcástico Edward. Mientras, Gianna observaba las chispas de rabia saltar de ambos. Uno frente al otro justo al lado del escritorio de la secretaria de Isabella.

—No le permito que me hable así —, reitero ella mientras se ajustaba la cartera sobre el hombro, en un gesto nervioso.

—Le dejaré de hablar así cuando usted me demuestre que es lo suficientemente madura para aceptar que hay divergencias personales que no deben llevarse al tema laboral o científico—.dijo Edward tan enfurecido que se encontraba rojo de ira. Él la miró con sus ojos tan oscuros que ella no sabía si era rabia o deseo y eso le asustó y mandó un mensaje directo a sus partes íntimas, largamente dormidas.

El Doctor Cullen dio media vuelta para retirarse a su despacho donde se quedó el resto de la tarde.

Isabella Swan revisó cada una de las solicitudes que había mantenido retenidas y las justificaciones de cada una estaban tan bien hechas que ella pudo darse cuenta que él era un profesional, pero su orgullo era demasiado para aceptarlo, sin embargo, le daría la oportunidad de realizar esa prueba más por curiosidad que porque aceptara la derrota del arrogante hombre en el sótano de abajo.

Ella se sentía humillada, degradada y excitada. Estaba loca, sí, debía ser eso. ¿Cómo querer ahorcar a alguien y a su vez desear desnudarlo? Eso era risible, se dijo ella. Se encerró en su despacho el resto de la tarde, canceló la cita que tenía fuera y se quedó en su oficina. No tenía fuerzas luego de esa discusión. Su rabia era opacada por otra cosa que ella no quería reconocer y menos quería racionalizar.

. . .

Edward Cullen había estudiado tanto la historia de ese Médeci en particular que casi podía recrear cada triunfo o fracaso de la vida de ese hombre, pero la que importaba en su estudio era la parte privada de su vida. Cosimo de Médeci había desposado en el año 1539, a la edad de veinte años a Leonor de Toledo. La razón de esa unión fue que él buscaba una esposa que pudiera ayudarle a reforzar su posición política. A su vez el Emperador Carlos V había visto con buenos ojos una alianza con los Médeci que le permitiera mantener tropas españolas dentro de los territorios toscanos. Y tras un primer intento fallido de casarse con Margarita de la misma casa familiar que Leonor pero viuda; siguió en turno como candidata perfecta Leonor, hija del Virrey de Nápoles y nieta del segundo Duque de Alba. Leonor era una joven hermosa y provenía de uno de los linajes más importantes de España. Según algunos estudios hechos por el doctor Cullen, ellos habían tenido un primer encuentro en la villa di Poggioa Caino y luego de un corto cortejo celebraron con grandes fiestas la boda en la basílica de San Lorenzo de Florencia. Por la documentación de la vida de ellos y los once hijos que tuvieron, el retrato de Leonor que él personalmente encargó al famoso pintor Bronzino, actualmente en exhibición en el mismo museo. Aunque solo de paso ya que sería trasladado a Uffizi (4) luego de la investigación, donde estaría exhibido de forma permanente; No parecía ser sólo conveniencia.

Dentro del estudio que estaba redactando con tanta pasión por las últimas tres horas eran evidencia según su percepción de lo contrario. Aunque tampoco podía ocultarse que gracias a ese matrimonio, Cosimo accedió a la gran riqueza de su mujer y garantizó la alianza con el Virrey de Nápoles.

Pero ese dinero no fue utilizado en la política, no, por el contrario ellos lo utilizaron, sobre todo la dote de ella, para iniciar su colección de antigüedades etruscas y egipcias, ahora repartidas por el museo que precisamente dirigía la tirana de Isabella Swan. Una de las más grandes incrédulas del amor entre ellos y ferviente defensora de las teorías del asesinato.

Y aquí estaba él tratando de llevar el estudio adelante, contra todo pronóstico. Aunque ahora era más importante para él demostrarle a ella cuan equivocada estaba, que restaurar la reputación de su familia en la arqueología. Eso había pasado a segundo plano ya que ella era todo en lo que podía pensar.

Su inteligencia lo llamaba como moscas a la miel, pero su rebeldía e imposición y hasta su falta de interés en él, era lo que lo hacía querer tenerla a ella. No a su puesto renombrado en la comunidad científica, no, a ella.

Cuando discutieron más temprano él no sólo saco su frustración investigativa a flote, sino también la sexual, esa que estaba oculta bajo capas de mal humor y en ocasiones hasta recubierta de una falsa serenidad.

Había estado fantaseando con ella todos los días de esta semana y estaba a punto de tener que ir a calmarse él mismo. Verla hoy con su porte imperial americano y su esencia entre mujer indignada y seductora, siguió acrecentándose en cada letra que escribía en su ordenador y luego de darle punto final a sus conclusiones le dio imprimir al borrador del estudio, con prueba de ADN o no, él tenía suficiente para comprobar la inocencia de Cosimo en la muerte de su esposa e hijos.

Ciento veinte páginas impresas después, estaba el doctor Cullen ordenando las mismas cuando la puerta de su despacho se abrió. Él levanto la mirada y la vio. La misma ropa de horas atrás lo perturbo nuevamente. Ella llevaba un vestido de corte recto corto que dejaba ver sus largas piernas, enmarcadas por unos zapatos de punta en sus delicados pies. El saco del vestido era pequeño y estaba abierto dejando ver el corte en uve que bajaba hasta la comisura de los senos, dejando entrever que dentro se guardaba un tesoro para tocar y degustar, pero lo que realmente lo dejó totalmente a merced de su rabia pasional fue que ¡oh maldita sea! las medias. Sus medias llegaban a un liguero que las sostenía sobre sus muslos.

Edward se levantó un poco turbado y aunque no era lo que quería la recibió de mal talante.

La Regina di ghiaccio è degna di entrare in grotta del lupo—**** murmuro más para sí mismo que para ella y luego dijo —: ¿Qué se le ofrece, doctora Swan?

—Le traía la autorización para sus pruebas, doctor.

—¿Sabe cuánto espere por ellas? Acabo de dejar el maldito informe sin las pruebas porque usted simplemente optó por ignorarme los últimos veinte días —. Arremetió él totalmente iracundo.

—Veinte días. ¿De qué habla usted? está delirando— dijo ella a la defensiva, mientras buscaba en su mente registro de lo que él señalaba.

Él se acercó a ella como el lobo que en su murmullo había descrito, encarándola muy cerca de su rostro, violando el espacio corporal entre ellos totalmente. Ella se movió un poco incómoda chocando fuertemente con la pared cercana a la puerta. El dolor del golpe sólo hizo que se sintiera más aturdida por las emociones. Mientras él tiraba las páginas que aún sostenía en su mano derecha, para poder utilizarla para aprisionarla contra la pared.

Ella no supo como quedó entre dos paredes. Una de carne firme y músculos perteneciente a Edward Cullen y la pared de arcilla y piedra que dividía el despacho de él, con el pasillo que llevaba al laboratorio del museo y los archivos artísticos del mismo. Pero una fuerza mayor que ella que se combinaba con las chispas en los ojos verdes de él la mantuvo allí quieta, expectante y de alguna manera sumisa.

—Dígame ahora, doctora ¿qué más desea del solícito, doctor Cullen? —Preguntó despectivamente él, aprisionándola con su cuerpo y permitiendo que ella sintiera su masculinidad dentro de esa presión. Isabella jadeó un poco por la impresión lo que él aprovechó para golpear ferozmente su boca con sus labios, abriéndose paso en ella, inundándola con su sabor.

Él sabía a menta y algo más que no podía determinar, ella no sólo le correspondió con sus labios, sino que arremetió contra la lengua de él. Envolviéndola y punzando como lo hacía la de él en la suya. Lo deseaba, lo quería, le necesitaba y esta revelación la hizo sentirse extremadamente mojada y esencialmente mujer. No una doctora con especialidades antropológicas. Mujer pura y esencialmente. Una mujer que quería que ese hombre que la estaba besando despiadadamente le devolviera esa femineidad escondida tras la imagen de mujer científica y reservada. Ésta era la verdadera razón por la que lo agredía, porque desde que lo conoció estaba pendiente de su vestir, de su apariencia y de estar siempre presentable y antagónicamente entonces le evitaba cada vez que podía, pero ahora no lo haría por Dios, él era todo sensualidad y poder envolviéndola y tocándola.

Las manos de Edward viajaron hasta el borde de su vestido y fueron subiendo con él acariciando sus piernas cubiertas por las medias hasta llegar al punto en que su piel quedaba descubierta. El toque de esa piel le quemó y esto hizo que se dedicara a seguir acariciando la piel tersa de ella hasta llegar a sus bragas.

—Eres preciosa—. Le dijo él en un murmullo junto a su oído mientras sus manos arrancaban la diminuta prenda negra que llevaba ella bajo el liguero, dejando el espacio libre para poder tocar sus pliegues suaves y cálidos, chorreados de humedad y su esencia femenina.

Ella gimió cerrando sus ojos y sintiendo que todo aquí era desproporcionado él la estaba tocando en sus partes íntimas deliciosamente, pero él aún seguía vestido.

—Y tú un ingrato que está demasiado vestido— dijo ella con voz delirante de deseo, mientras sin ninguna advertencia le desanudaba la corbata e introducía sus dedos apartando sin delicadeza la camisa hasta encontrar la piel del pecho de él. Ahora el turno de gemir fue de él que con un movimiento se separó un poco de ella en su parte superior para deshacerse del saco y la camisa. Mientras ella le ayudaba con la correa de su pantalón. Cediendo cansada de huir de lo nuevo. De las sensaciones que él hizo surgir en ella, de todas sus dudas y ninguna de sus relaciones efímeras y cortas la prepararon para las avasalladores sensaciones que estaba experimentando y trataría de vivirlas al máximo sólo por esta vez.

Las prendas de ambos se encontraron rápidamente entrelazadas también en el suelo. Pero cuando ella se iba a despojar de su liguero él la detuvo.

-No, eso se queda Dijo él mientras con sus ojos recorría el cuerpo desnudo de ella, solo vestido con las medias, el liguero y los zapatos.

—Esta es la visión más sensual de una mujer que he tenido jamás— dijo Edward con voz ronca, acercándose de nuevo a ella mientras la volvía aprisionar contra la pared y la besaba hambrienta y seductoramente.

—Ahora necesito que te abras para mí —, dijo. Emitiendo la orden de tal manera que ella no sintió que fuese una imposición, sino más bien una sugestiva sugerencia; y así lo hizo. Abrió las piernas mientras él se deslizaba hacia abajo dejando tras sí, una línea de besos hasta llegar a sus pliegues y con sus dedos índice y pulgar los separaba para poder tener un mejor acceso a su centro.

Edward, lamió, probó y degustó toda la húmeda cavidad de ella, mientras Isabella gemía y se contorsionaba del placer que ese hombre le estaba prodigando. Pero abruptamente él detuvo sus atenciones a su clítoris y ella casi llora y suplica por más. Pero esto no fue necesario debido a que Edward se detuvo sólo para poder posicionarse en su entrada. Para ello la levantó un poco haciendo que sus nalgas quedaran pegadas a la pared y sus piernas le rodearan. Quedando su centro expuesto en línea recta hacia su miembro totalmente erguido, chorreante, anhelante.

Ellos se miraron directamente a los ojos ella dando un permiso implícito y él aceptando el regalo. Dura y rápidamente él se introdujo en ella, una sola estocada fuerte y vigorosa que los estremeció a ambos. Iniciando una danza, rítmica, mutua y con cadencia. La música que sus cuerpos describían era descomunal. Sonido de cuerpos chocando, de labios buscándose y de piel estrechándose en cálidos y sudorosos roces. Caricias sensitivas que los llevaban a experimentar sensaciones dormidas. Ambos estaban disfrutando del placer de una entrega llena de rabia, placer prohibido y algo más que ninguno de los dos iba a analizar ahora que sus mentes vagaban por el limbo del placer.

Los movimientos de ambos se hicieron más acelerados hasta que ella sucumbió a un clímax explosivo y seductor. Su vientre se contrajo alrededor de él, oprimiéndolo y ordeñándolo por completo haciendo que él terminara derramando su semilla en ella.

Sus respiraciones aceleradas por el momento compartido fueron lentamente disminuyendo y luego de la pasión pasada, ambos tomaban cuenta de lo sucedido entre ellos.

Ella lo empujó un poco para hacerse espacio entre la pared y él. Edward le permitió moverse mientras ella recogía su vestido para ponérselo, rápidamente y no sin desconcierto él siguiendo su ejemplo buscó algunas de sus prendas de vestir. El silencio reinaba en la habitación haciéndose pesado. En un momento en que Edward se volteó en busca de su correa escuchó la puerta cerrarse tras la voluptuosa y seductora mujer que hasta hace unos minutos él poseía.

Al terminar de vestirse vio en el suelo las prendas íntimas de la doctora Swan. Tomó el brasiere del suelo y las bragas destrozadas y las metió en su bolsillo dejando las páginas de su estudio regadas en el suelo. Necesitaba salir de allí donde el olor de ella imperaba mezclado con el olor a sexo y deseo.

. . .

Los días subsiguientes el doctor Cullen no coincidió ni una vez con la doctora Swan, pero contradictoriamente todas sus peticiones fueron aprobadas y su estudio finalizó a tiempo para la presentación ante la comunidad científica en la materia y varios estudiosos del arte renacentista.

El día de la exposición Edward se encontraba en extremo nervioso, espero por este momento tanto tiempo, pero le molestaba ella.

La doctora Swan había sido un fantasma, su oficina estuvo vacía por días y luego de su candente encuentro, él no había conversado con ella. No estaba seguro de que ella sentía respecto a ese día y menos cómo reaccionaría cuando estuviesen en una habitación rodeados de gente, porque de estar solos él no dudaba en su decisión. Iría por ella porque cada día luego de ese encuentro la había anhelado. Una Diosa del sexo era esa mujer y él daría lo que fuera por volverla a tener tal y como lo había hecho aquella noche.

Sin embargo, ella no estaba a la vista cuando se subió al pódium frente a sus espectadores. Su discurso inició y como siempre sucedía se perdió a sí mismo en la elocuencia de su defensa hacia ese tirano, político enamorado, como veía él a Cosimo I de Médeci. En su alocución mostró los hechos tal cual sucedieron; Cosimo pese a los consejos que recibió llevo a su esposa, quien sufría de Tuberculosis (5) a la costa para que se sanase, no obstante, en la costa la malaria había proliferado y lejos de encontrar salud, los hijos pequeños de ambos fallecieron a causa de ésta enfermedad. (6)

La frágil salud de Leonor no aguantó tan duro golpe y falleció poco después. Se dice que ellos contrajeron la enfermedad durante un viaje a Pisa, donde esperaban curarse de la tuberculosis que proliferaba por las condiciones de insalubridad, de la que Leonor quiso refugiarse en el Palazzo Pitti de Oltrarno. (7)

—Muchos triunfos y conquistas se le atribuyen a Cosimo I de Médeci—, decía Edward Cullen en su discurso—, apenas fue investido emitió un decreto en el que excluía a Lorenzino y a sus descendientes de cualquier derecho de sucesión, desautorizó al Consejo y asumió la autoridad absoluta. Restauró la dinastía de los Médici, que gobernó Florencia hasta el mandato del último Gran Duque, Juan Gastón de Médici. Las estructuras gubernamentales que promovió permanecieron vigentes incluso hasta su absorción por el Imperio austrohúngaro y hasta que se proclamó el Reino de Italia.

"La tiranía de Cosimo I causó el exilio voluntario de varios notables de la ciudad. Ellos obtuvieron el apoyo de Francia para derribar a Cosimo. A finales de julio de 1537 incursionaron en Toscana comandados por Piero Strozzi, quien era esposo de una Médici de la rama de Lorenzino e hijo de una Médici. Cosimo reunió sus mejores tropas, al mando de Alessandro Vitelli y enfrentó a sus enemigos en Montemurlo el 1 de agosto de 1537, donde cercó el castillo en que se refugiaban. El asedio duró pocas horas y terminó con la captura de los asediados. Toda su vida Cosme demostró crueldad contra quienes se rebelaron contra su dominio. Creía además necesario hacer ver que su despotismo se ejercía principalmente contra los nobles y los ricos burgueses florentinos y no contra el pueblo. — Explicaba Cullen —. Pero su mayor conquista fue Leonor de Toledo, ya que a pesar de haber comenzado como un matrimonio por conveniencia política y económica, el amor de Cosimo y Leonor llegó a ser evidente y él no pudo recuperarse de la pena por el fallecimiento de ella. Por eso señores, es inaceptable la tesis acerca del asesinato de Cosimo a su mujer e hijos…"

El doctor Cullen prosiguió con su discurso dando los resultados de sus investigaciones, mientras en las cercanías del pódium una hermosa mujer escuchaba con atención toda su alocución. Cada palabra que ese hombre profería echaba por tierra cada una de las teorías que ella misma había apoyado, cegada por la rabia en contra de alguien que jamás conoció. Por ello había desconocido las reacciones de su cuerpo. Había saboteado a un colega en un afán de hacerlo fracasar en su proyecto, sólo porque ella no concebía que un Médeci pudiese tener un lado amable. Su miedo a sentir y dejarse llevar también colaboró a semejante exabrupto. Edward Cullen le había enseñado en unas semanas, sobre humildad, deseo de superación y dedicación y, todo eso lo había hecho por Los Médeci. Una familia famosa por sus crueldades pero también ahora famosa por la unidad en el amor. Por los Médeci, quien lo diría.

Fin

. . .

Sono nato in Inghilterra ma ho vissuto in Italia la maggior parte del tempo * Nací en Inglaterra pero he vivido en Italia la mayor parte del tiempo.

Sono lieto di darvi il benvenuti al museo de Italia ** Me complace darle la bienvenida al museo de Italia.

Senorita *** señorita.

La Regina di ghiaccio è degna di entrare in grotta del lupo **** La reina del hielo se digna a entrar en la cueva del lobo.

. . .

1. La Capilla de los Médici (Cappelle medicee en italiano) en la Basílica de San Lorenzo de Florencia comprende dos estructuras añadidas al diseño original de Brunelleschi, actualmente es un museo estatal de Florencia y lugar de sepultura de la familia Medici, celebrando además el poder de los Médici como Grandes Duques de Toscana. La Sagrestia Nuova (Sacristía Nueva) fue diseñada por Miguel Ángel. La Capella dei Principi (Capilla de los Príncipes) de los siglos XVI y XVII, está totalmente cubierta con un revestimiento de mármol coloreado incrustado con pietra dura.

2. Cosme I de Médici (Cosimo en italiano) hijo del comandante Giovanni dalle Bande Nere y de Maria Salviati, llegó al poder el año 1537, con sólo 17 años, después del asesinato del duque de FlorenciaAlessandro de Médici. El crimen fue ordenado por Lorenzino de Médici, primo lejano del duque, quien quiso aprovechar la ocasión para sustituir a su pariente y adquirir el poder en Florencia.

Ninguna de las familias más importantes estaba en condiciones de pretender el puesto de los Médici; ninguna parecía oponerse a la fagocitación del imperio de Carlos V o, eventualmente, a la restauración de la República Florentina, cuando Cosme, un perfecto desconocido, apareció en la ciudad, seguido de unos pocos siervos. Ellos venían de Mugello, donde había crecido después de la muerte de su padre y pretendió hacerse nombrar Duque, no obstante de pertenecer a una rama secundaria de la familia. En efecto, vista su juventud y su apariencia modesta, muchos personajes influyentes de la Florencia de la época, esperaban encontrar a un joven débil, distraído, atraído solamente por la caza y las mujeres; una persona fácil de influenciar. Cosme, fue entonces, nombrado jefe de gobierno con una cláusula según la cual, el poder sería ejercido por el Consejo de los 48. Pero Cosme había heredado por entero el espíritu batallador y, a veces cruel, de su abuela Caterina Sforza. Apenas fue investido emitió un decreto en el que excluía a Lorenzino y a sus descendientes de cualquier derecho de sucesión, desautorizo al Consejo y asumió la autoridad absoluta. Restauró la dinastía de los Médici, que gobernó Florencia hasta el mandato del último Gran Duque, Juan Gastón de Médici (1671-1737). Las estructuras gubernamentales que promovió permanecieron vigentes incluso hasta su absorción por el Imperio austrohúngaro y hasta que se proclamó el Reino de Italia.

3. Se llama parricidio al homicidio cometido en la persona de un ascendiente, descendiente o cónyuge, conociendo esa calidad de la víctima (Soler). En el derecho antiguo y moderno, se da el nombre de parricidio a la muerte del padre, del hijo, del cónyuge, del hermano o del pariente comprendido en determinado grado de parentesco. (Ramos) Comete el delito de parricidio la persona que prive de la vida a cualquier ascendiente en línea recta, teniendo conocimiento de parentesco (padre, madre, abuelos). Se equipara al parricidio al que prive de la vida al cónyuge o a cualquier descendiente consanguíneo en línea recta, sea legítimo o natural.

4. La Galería Uffizi (Galleria degli Uffizi, en italiano) que se traduce como Galería de los Oficios, es un palacio de Florencia que contiene una de las más antiguas y famosas colecciones de arte del mundo. La construcción del palacio de los Uffizi fue comenzada en 1560 por Giorgio Vasari, siguiendo órdenes de Cosme I de Médicis. Su finalidad inicial era albergar las oficinas de las magistraturas florentinas, una vez que se quedó pequeño el Palazzo Vecchio. De esta función deriva su nombre de «Galería de los Oficios». Las obras terminaron en 1581. Durante años, partes del palacio sirvieron para almacenar las piezas de arte de la magnífica colección de la familia Médicis.

Ante la extinción de la dinastía Médicis en el siglo XVIII, las obras de arte corrieron el riesgo de ser transferidas a Viena, ya que el ducado de Florenciapasó a ser dominio austríaco. Por suerte para los florentinos, la última duquesa Ana María había decretado la permanencia de la colección en Florencia al donárselas en su testamento al pueblo de Florencia, siendo el embrión de unos de los primeros museos modernos del mundo. La galería era abierta a los visitantes que lo solicitaban durante el siglo XVI y en 1765 abrió oficialmente al público como museo.

5. La tuberculosis (abreviada TBC o TB), llamada antiguamente tisis (del griego φθίσις a través del latín phthisis), es una infección bacteriana contagiosa que compromete principalmente los pulmones, pero puede propagarse a otros órganos. Mycobacterium, todas ellas pertenecientes al Complejo Mycobacterium tuberculosis. La especie más importante y representativa, causante de tuberculosis es el Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch.1 La TBC es posiblemente la enfermedad infecciosa más prevalente en el mundo. La tuberculosis se transmite por el aire, cuando el enfermo estornuda, tose o escupe. En 1999 la OMS cifró en 3.689.833 los nuevos casos de tuberculosis en el mundo, y en 8.500.000 los casos totales, con una tasa global de 141/100.000 habitantes. En el informe OMS de 2003, se estima en 8 millones (140/100.000) los nuevos casos de TBC, de los cuales 3,9 millones (62/100.000) son bacilíferos y 674.000 (11/100.000) están coinfectados con VIH. La tuberculosis mantiene una prevalencia de 245/100.000 habitantes, y una tasa de mortalidad de 28/100.000. En el informe OMS de 20063 Se calcula que 1,6 millones de personas murieron por tuberculosis en 2005. La tendencia epidemiológica de la incidencia de TBC sigue aumentando en el mundo, pero la tasa de mortalidad y prevalencia están disminuyendo (OMS-2003).

6. La malaria es una enfermedad producida por parásitos del género Plasmodium, que es probable que se haya transmitido al ser humano por los gorilas occidentales.1 Es la primera en importancia de entre las enfermedades debilitantes, con más de 210 millones de casos cada año en todo el mundo. El término malaria proviene del italiano medieval mala aria (mal aire); en español se le llama también paludismo, del latín palus, «pantano». El día africano de lucha contra el paludismo se celebra el 25 de abril,2 ya que es en este continente donde más común es esta enfermedad puede ser causada por una o varias de las diferentes especies de Plasmodium: Plasmodium falciparum, Plasmodium vivax, Plasmodium malariae, Plasmodium ovale o Plasmodium knowlesi, siendo las tres primeras reportadas en el continente americano. Los vectores de esta enfermedad son diversas especies del género Anopheles. Como es sabido, tan sólo las hembras de mosquitos son las que se alimentan de sangre para poder madurar los huevos, y por tanto los machos no pican y no pueden transmitir enfermedades ya que únicamente se alimentan de néctares y jugos vegetales.

7. El Palazzo Pitti es un gigantesco palacio renacentista en Florencia, Italia. Está situado en la ribera sur del Arno, a muy corta distancia del Ponte Vecchio. El aspecto del actual palacio data de 1458 y era originalmente la residencia urbana de Luca Pitti, un banquero florentino. Fue comprado por la familia Médicis en 1549 como residencia oficial de los Grandes Duques de la Toscana.

. . .

Espero les haya gustado, la teoría de Edward es real se realizó un estudio sobre ese tema. Los Médeci siempre me han fascinado y aquí se metieron entre ceja y ceja, espero disculpen tanta lata sobre ellos.

Gracias a mis betas bellas que me apoyaron, a Betza que siempre está ahí cuando me enredo y algo no quiere salir y a mi amiga que no puedo mencionar, pero que me apoyo y ánimo a escribir y participar.

Kisses Katlync.