Título: Por los Médeci

Disclaimer/Renuncia: Meyer es la creativa dueña de los personajes de Crepúsculo, yo sólo soy una fan que se divierte poniendo a sus personajes en diversas facetas. No se pretende ninguna violación al derecho de autor con esto.

Summary/Resumen: Dos estudiosos de la antropología se ven enfrentados en una investigación que levanta pasiones y sentimientos desenfrenados que ninguno de los dos creyó poseer. El deseo y la pasión por el renacimiento italiano desencadenan la atracción inevitable de estos dos profesionales rivales.

Gracias a Ericastelo por editar este capítulo.

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"Cuando el pasado y el presente convergen, no siempre el resultado es el esperado, sobre todo si las emociones están vinculadas". Katlync.

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"Cuenta la leyenda que en Sienna la ciudad fundada por Rómulo y Remo existió una doncella que sufrió por amor y sus creencias. Vivió por amor y al expresarlo su padre la dejó a merced de sus hermanos de religión que la asesinaron, en el lugar de su muerte un rosal nació con un color rojo, tan rojo como la pasión misma que sintió la doncella por su frustrado amor, a la rosa se le conoce hoy día como Rosa Pasión".

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Esta hermosa y triste leyenda está inspirada en una de las más bellas narraciones de Bécquer y relata los amores de una judía, Sara, y de un caballero cristiano que tuvieron un final trágico. La historia transcurre, también, en una ciudad que durante muchos siglos tuvo una abundante población judía. Aunque hay versiones en diferentes regiones Italianas, sin embargo, el contexto es el mismo, un amor incomprendido y creencias arraigadas.

. "En una de las muchas callejas de la ciudad imperial vivía, míseramente, Daniel Leví. Aunque se decía que poseía una inmensa fortuna, su casa era paupérrima y, el día entero, lo pasaba trabajando en el portal de su casa arreglando objetos de metal, guarniciones, cinturones rotos, cadenillas...

Siempre estaba sonriendo y su trato con los demás era de servil y humilde, descubriéndose cuando, cerca de él, pasaba algún caballero importante o algún clérigo de la cercana catedral. La gente desconfiaba de su eterna sonrisa y los muchachos del barrio le hacían burla e incluso le tiraban piedras sin que jamás Daniel se defendiese. Trabajaba y trabajaba sobre su pequeño yunque, con esa sonrisa enigmática que ya formaba parte de su rostro, más como una mueca, que como un gesto de simpatía.

Sobre la puerta de la casa en la que trabajaba el judío, se abría un ajimez* árabe en cuyo interior se veían azulejos de colores y, alrededor de las caladas franjas del mismo, se enredaba una planta trepadora, llena de fuerza y una de las pocas muestras de vida que tenía aquel lugar. Allí se encontraban las habitaciones de Sara, la hija predilecta de Daniel. Era una jovencita de unos dieciséis años, hermosa como pocas y algunos que la habían visto a través de las celosías del ajimez, se preguntaban cómo de un hombre tan feo y ruin como Daniel, había podido nacer una mujer con tales perfecciones. La muchacha no salía nunca y su rostro se velaba, a menudo, por la tristeza... un rostro de blancura sin igual, en el que sobresalían unos ojos negros fascinantes y unos labios rojos que parecían dibujados por los pinceles de un maestro.

Los judíos más ricos y poderosos de Toledo la habían solicitado en matrimonio pero Sara se mostraba insensible a los halagos y regalos de sus pretendientes. Su padre le aconsejaba que tomase marido antes de que él falleciera, pues no es bueno que una mujer se quede sola en el mundo y más cuando se es tan bonita, pero la hebrea no respondía y se encerraba en un mutismo total, lo que Daniel interpretaba como un fuerte deseo, por parte de la muchacha, de ser libre, de no atarse, todavía, al yugo del matrimonio. Pero un día, otro muchacho judío, cansado de los desplantes de Sara, se dirigió a Daniel para hablarle de los rumores y comentarios que se hacían en la comunidad sobre su hija.

Al parecer se decía que estaba enamorada de un caballero cristiano y él mismo les había sorprendido hablándose cuando Daniel, asistía, de forma clandestina, a las reuniones del sanedrín. Esta revelación no pareció afectar el ánimo de Daniel, que sin dejar de sonreír, le dijo al acusador que sabía bastante más que él. Sara, su hija adorada, la hermosa Sara, su honra y su gloria, el orgullo de su raza y de su tribu, no caería nunca en manos de un perro cristiano. Nadie se reiría de su condición de judío y de padre, y despidió a su interlocutor pidiéndole que reuniese a sus hermanos, cuanto antes, esa misma noche, que él acudiría a su lugar secreto de encuentro, dentro de un par de horas.

Daniel cerró la puerta de su casa y su negocio, pasando varios cerrojos y aldabas, lo que le impid oír cómo las celosías de la ventana caían de golpe. Sin duda, Sara había estado escuchando y su corazón se llenó de negros temores.

Era la noche de Viernes Santo, y los pueblerinos, después de asistir al oficio, se habían retirado a sus hogares. Algunos dormían ya, y otros, al lado de las chimeneas, contaban viejas historias sobre la ciudad o vidas ejemplares de santos. La ciudad estaba sumida en el silencio, sólo, de vez en cuando, interrumpido por el ladrido de algún perro y las voces de los turnos de guardia del lejano alcázar. En una de las orillas del Tajo, se encontraba un barquero que parecía estar esperando a alguien. Una sombra bajaba, trabajosamente, hasta el río... parecía tener prisa y también cierto temor. Cuando el barquero la vio, se dio cuenta de que era la persona que esperaba.

Andaba rumiando el barquero que aquella noche era extraña. Había pasado a muchos judíos de un lado a otro del río, y se preguntaba a qué podía venir todo aquel trasiego. Creía que iban a reunirse en alguna parte, lo que a juicio de este hombre, no auguraba nada bueno. Pero, bien le pagaban y eso, a fin de cuentas, era lo que a él le interesaba. Subió la sombra a la barca, que soltó amarras, y una voz femenina le preguntó a cuántos judíos había pasado y si sabía qué tramaban. No, el barquero no sabía nada ni había oído ningún comentario que pudiera darle alguna pista, aunque, eran tantos los hebreos que usaron su barca, que no los había podido contar.

Calló Sara, pues no era otra aquella mujer, que arrastrando cualquier peligro quería conocer qué se urdía. Ya no le cupo duda de que todo aquellos se debía a una venganza preparada por su padre. Sentía una gran angustia, con la mente extraviada en pensamientos dolorosos... un sudor frío la invadió cuando llegaron a la otra orilla.

El barquero le indicó que el camino que seguían venía a converger en la Cabeza del Moro para desaparecer detrás de aquel picacho. Hacia allí se dirigió Sara, decidida pero temblando, en la oscuridad de la noche, con la sola fuerza que le daba su amor y el miedo de que la venganza se cebase en él.

Donde hoy se encuentra la ermita de la Virgen de Valle, y muy cerca de la Cabeza del Moro, existían las ruinas de una iglesia bizantina. Apenas quedaban algunos muros exteriores y restos de algunos arcos. La maleza y la hiedra se enredaban entre ellos.

Sara avanzó hasta emboscarse entre la vegetación que rodeaba el lugar y vio, con espanto, que sus peores temores se confirmaban. Allí donde antaño había existido el atrio de la derruida la iglesia, se encontraban muchos de sus hermanos de religión bajo las órdenes de su padre. La sempiterna sonrisa de Daniel se había borrado y, ahora, convertido en un hombre enérgico, cuyos ojos brillaban con una luz maléfica, dirigía la operación de levantar una enorme cruz. La luz de una fogata iluminaba la terrible escena y la herniosa hebrea supo, al instante, de lo que se trataba. Se iba a realizar una crucifixión y la víctima sería su amante.

No pudo contenerse, y se presentó en medio de aquella asamblea de verdugos, ante la sorpresa de todos ellos. Llena de dolor e indignación, les dijo que no esperasen al cristiano que aguardaban. Ella le había prevenido. Se sentía avergonzada por su sed de sangre y ya no sentía judía ni se consideraba hija de aquel monstruo.

Daniel no podía creer lo que oía. ¡Su propia hija le había traicionado! Ciego de ira, la arrastró por los cabellos hasta los pies de la cruz, mientras se la entregaba al resto de la asamblea para que hiciesen con ella lo que quisieran. Esta infame había deshonrado a su religión y a sus hermanos.

Al día siguiente, mientras las campanas de todas las iglesias tocaban a gloria, Daniel abrió, como siempre, la puerta de su casa y se sentó a trabajar en su yunque, sonriendo y saludando a los que pasaban. Nada parecía haber cambiado, pero las celosías del ajimez no volvieron abrirse. La hermosa Sara no apareció ya más recostada en aquella ventana.

Pasó el tiempo y unos años después, un pastor le llevó al arzobispo una flor desconocida hasta entonces, que parecía reproducir los atributos de la pasión de Cristo. La había encontrado mientras apacentaba a su rebaño entre los restos de la derruida iglesia, enredada entre los muros decrépitos.

Tratando de descubrir aquel misterio, se trasladaron al lugar y cavaron para encontrar el origen de la extraña planta. Y lo que apareció fue el cadáver de una mujer y junto a él, los elementos que mostraba la flor y que correspondían a la agonía del Crucificado. Nunca se supo a quién correspondía aquel cuerpo, pero, durante muchos años, reposó y se le veneró en la ermita de San Pedro el Verde. A la flor, que ahora es bastante común, se la llamó, y aún se la llama, Rosa de Pasión".

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—Sinceramente no comprendo lo que quieres decir—dijo Edward totalmente perdido y cuando ella habló quedó más confuso aún.

—¿Conoces algo de las leyendas de Sienna?

—Algunas, realmente Sienna no despertó mi interés tanto como Florencia, mi pasión siempre fue la historia renacentista alrededor de Los Médeci, y eso ya los sabes —, dijo Edward, acariciándole el rostro No podía dejar de tocarla y continuó—: Así que sigo sin comprender lo que me dices.

—Hay una relación Médeci – Sienna, Edward.

—Creo que no te comprendo, yo lo sabría, no descarto así por así las leyendas antiguas que se entrelazan, ciertas o no con la familia.

—¡Oh! Edward, creo que lo que sucedió es que está en un contexto diferente, escúchame con atención. En Sienna vivió un tiempo Averardo de Médici, de joven, poco se conoce de su linaje pero se sabe que fue el padre de Giovanni di Bicci de' Médici.

—El creador de la influencia y linaje Médeci. Sí, no fue relevante como los sucesores pero no vi una relación nunca con Sienna, por lo que sigo sin comprender. —Volvió a señalar Edward, manteniendo aún contacto visual y corporal con ella acariciándole el cuello con su dorso de la mano.

Era la primera vez que eran capaces de conversar de un tema relacionado a los Médeci, sin pelear. También era la primera vez que Edward podía tocarla a su antojo y recibir los escalofríos de placer que su tacto le prodigaba a ella y, la sensación era tan grata que no podía alejarse. Aunque pronto habría que vestirse y regresar para no exponerse a ser sorprendidos.

—En Sienna —, continuó Isabella. —Hay una leyenda que habla de una joven doncella que se enamoró de un joven mozo sin dinero, en esa época las doncellas no elegían con quien casarse, como bien lo sabes. La doncella fue prometida a Averardo cuando ambos eran unos críos. Las familias pensaban que podría ser beneficioso la unión, pero los chicos al crecer no podían ser más dispares. Rosa, la doncella, se enamoró de un trabajador de la herrería. Aunque ella no era noble, su familia empezaba a tener algo de influencia ya que se dedicaban al área agrícola. Cuando cumplió trece años ya estaba en la flor de la pubertad por lo que se dispuso que se realizaría el matrimonio. Pero ella se fugó con su amante. Sin embargo, no llegaron muy lejos el padre de Rosa los persiguió y dijo que su hija se había fugado seducida por un demonio. Recordarás que en esa época las creencias religiosas y el oscurantismo imperaban.

—Sí, ciertamente una afirmación como esa en aquellos tiempos era un pasaporte a la muerte, pero sigo sin comprender, ¿qué tiene que ver contigo, con nosotros, Isabella?—, señaló Edward sin comprender el porqué de la historia y mucho menos en qué se relacionaba con ellos.

—Lo entenderás, ya verás, como te decía, el padre de la joven buscó una cuadrilla de fanáticos y fue tras ellos y los encontraron a dos días de viaje fuera de Sienna. Rosa fue ultrajada de la peor manera y en nombre del Señor, atada a una cruz para que muriese junto a su joven amante del cual se le desconoce el nombre. La madre al enterarse de tal acción fue por ella y la encontró muerta y debajo de ella un charco de sangre yacía. Todos los años subsiguientes la madre iba al lugar de muerte de su hija y justo donde encontró su sangre un rosal creció con rosas muy rojas como la sangre de la pasión de los dos amantes.

—Esa historia es parecida a una leyenda religiosa española, he escuchado algo sobre la rosa pasión, pero no sabía de la de Italia, Isabella—dijo Edward sorprendido por el sincretismo( 1) entre los países confluyentes de la Europa Occidental.

—Ciertamente hay una historia parecida en España y creo que hasta en América, entre México y América Central, pero sé que es real porque mi descendencia proviene de la familia de Rosa, asumo que el sincretismo religioso se dio no solo en dioses y santos, sino también en leyendas y creencias.

—Ciertamente, tienes razón en lo del sincretismo, pero…. sigo sin comprender que tiene que ver con nosotros.

—Edward, uno de los hombres que violó y mató a Rosa fue Averardo, su prometido, bajo la consigna de salvar su honor. Ella sufrió muchísimo, la familia de su madre mató al padre de Rosa y protegieron a la madre y su hermana. Mi bisabuela era la última heredera en línea directa de Rosa, su hermana se casó y tuvo varios hijos. Es relevante porque Rosa era una Pazzi.

—¿Bromeas?–preguntó sorprendido, casi paralizado por su revelación.

—Eso quisiera, pero no–respondió ella, bajando la mirada y tomando su mano para entrelazarla con la suya, que se había apartado ligeramente al hacer la pregunta.

—Dios, Isabella esto que me dices puede que cambie la historia entre las dos familias para siempre. La tesis que se maneja es que el ataque contra los Médici en la Catedral de Santa María de Fiore fue por motivos totalmente pecuniarios y producto quizás de la intervención del entonces papa, ya que cuando Sixto IV subió al trono de San Pedro, acudió a los Pazzi. Sus competidores. Quienes urdieron un ataque con el apoyo del papa que había quitado a los Médici las finanzas vaticanas y del rey Ferrante de Nápoles. El 26 de abril de 1478, en la catedral de Florencia. Julián de Médeci recibe diecinueve puñaladas y muere al instante. En la confusión, su hermano Lorenzo no aparece a la vista de los asesinos y se hace fuerte en la sacristía. El pueblo se entera y toma partido por los Médici. Lorenzo vence y la represión es feroz. El joven banquero y amante de las artes retoma las riendas y, de "primer ciudadano", se transforma en "Señor".

—Exacto, había otro motivo, los Pazzi tenían un motivo oculto más allá del dinero y era la venganza por Rosa Pazzi.

La mente de Edward empezó a hacerse una idea del porqué de las fuerza en el empeño de ella en desacreditar una familia que causó terror en la suya, pero aun así deseaba que ella lo dijera por lo que la instó a seguir con su relato.

—¿Qué tiene que ver con nosotros, sigo sin entender?— Volvió a reiterar Edward.

—Toda mi vida, Edward, he odiado a los Médeci y a cualquiera que los defienda, fue algo inculcado en mi familia. Tú eres su más ferviente defensor contemporáneo y todo esto chocaba con mis creencias... y mis sentimientos hacia ti… todo aquello que me hacías sentir me ponía entre la espada y la pared —dijo ella con lagrimas en los ojos volviendo a sentir esa incertidumbre entre el deber y el sentimiento.

Edward ya podía entender todo lo que sintió cuando por primera vez fue llamado al proyecto inicial, aquel que empezó todo, pero sabía que ella debía sacar todo eso de dentro por lo que la tomó en brazos y la instó a seguir.

—Yo hace algunos años heredé la fortuna de lo que queda de los Pazzi. Unas cuantas propiedades no confiscadas por los Médeci en el medioevo, la casa donde vivo y algunas reliquias renacentistas. Los Médeci, afectaron a mi familia de muchas maneras, pero la peor fue que tuve que crecer con odio y el odio no es una buena manera de vivir.

Edward comprendió al fin cuanto importaba aquella historia recién contada a ellos y una futura relación, si decidían darle rienda suelta a sus sentimientos tendrían que luchar con algo más que sus sentimientos, tendrían que lidiar con el odio que desde siglos acompañó a la familia de Isabella y que fue enseñada a sentir y que ahora estaba en contra posición con lo que había nacido entre ellos, ante él, "su enemigo".

—¿Dónde dejaste al niño?

—Con su nana en el hotel.

—Vamos, vistámonos y vayamos al hotel, deseo que veas algo.

Se vistieron en silencio e Isabella estaba aterrorizada de la no reacción hasta el momento de Edward. No era conocido por su paciencia, sino todo lo contrario, pero más le sorprendió que al estar vestidos le tomara la mano, le sonriera e iniciara el andar, cuesta abajo, juntos de regreso.

Al llegar al hotel, el pequeño Nico se encontraba con su nana jugando en el área social del hotel que tenía un área una zona pequeña con juegos infantiles.

Al verlos, Nico el niño corrió hacia su madre que lo tomó en brazos y sonriente extendió su pequeña manita hacia Edward que la tomó gustoso y dijo—: Míralo Isabella, ¿ves odio en este pequeño? Porque yo no. Llevo dos años esperando algo que no sabía que era y mucho menos que existía. Si tú puedes hacer un espacio para mí en la vida de ambos yo estaré allí para ustedes. Sé que debemos terminar de conocernos y que todo lo hicimos al revés, pero deseo intentarlo. No me importan los Médeci, los Pazzi, ni nuestro último proyecto con los Borgia. No me importa nada más que Nico y lo que tú y yo podemos construir. Por primera vez entiendo tu actitud hacia mí y ahora creo que comprendiéndola tenemos un futuro. Tienes en tus brazos un amor sublime, ningún odio o venganza cambiara eso.—Terminando de decir esto, tomó al niño de los brazos de ella para sostenerlo, mientras la acercaba hacia sí para besarla.

Cuando sus labios se encontraron ella se derritió en sus brazos dejándose llevar por ese exquisito gesto de amor, sin odios, solamente la creciente pasión y las ilusiones fundidas en ese beso que abrazaba sus labios.

Al separarse, Isabella con lágrimas en los ojos miró a su hijo en brazos de su padre y sin poder evitarlo entre lágrimas y risas los fundió a los tres en un largo abrazo suspirando y dejando por primera vez todos los resentimientos inculcados durante su vida en manos del perdón y la posibilidad de que el amor renaciese.

El pequeño Nico no pudiendo estarse quieto dentro de ese abrazo empezó a revolverse por lo que su padre le dejó en el suelo y éste corrió por el lobby del hotel con su nana tras él. Mientras sus padres renovaban una promesa de amor, más allá de los estudios renacentistas, historias de amor fallidos y familias simbólicas del medioevo. Simplemente eran dos jóvenes profesionales que se besaban sellando con su beso el inicio de un nuevo comienzo y de una vida juntos.

FIN

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Sincretismo: Un sincretismo es un intento de conciliar doctrinas distintas. Comúnmente se entiende que estas uniones no guardan una coherencia sustancial. También se utiliza en alusión a la cultura o la religión para resaltar su carácter de fusión y asimilación de elementos diferentes.

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Hola Chicas,no voy a disculparme porque sé que me he tomado casi un sabático este año y volver a escribir me ha tomado mucha organización, simplemente no tengo tiempo, pero aquí estoy y les prometo un regalito para Navidad. En enero como ya les he dicho a algunas de mis lectoras retorna SecondLife y el agente Masen al ataque.

Gracias Betzacosta por el apoyo mientras me acoplaba a mi musa perdida.

En twitter Katlync por si quieren contactarme.