Disclaimer: Todo de Jotaká, nada mío, lalalá.


— Esas noches —

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Esas noches, las que sucedieron a la última batalla, resultaron ser más fastidiosas, que las que durmieron bajo el cobijo de la tienda de campaña unos meses atrás. Pero Ron tenía a Hermione y Hermione tenía a su amigo pelirrojo. Sí, así como se lo planteaba sonaba raro, pero es que desde ese beso en medio de locura los unió hasta límites insospechados y ya no eran más Ron y Hermione, los amigos, sino que la palabra n-o-v-i-o-s venía después de juntar sus nombres y él, Harry el-niño-que-venció-al-señor-tenebroso Potter era el mejor amigo de ambos, seguramente futuro padrino de bodas y nada más ya no se sentía cómodo cuando ese par rozaban sus manos muy sutilmente, para que no se diera cuenta.

Un rostro cadavérico, la risa cuajada de susurros metálicos, los murmullos de los muros crujiendo, la sangre derramándose por los pisos lo perseguían aún en los sueños. Y las noches, que es cuando se suponía tenía para descansar, se convirtieron en verdaderos infiernos tratando de bloquear las dolorosas imágenes.

Por eso adquirieron la costumbre de dormir los tres juntos en la enorme cama de Ron, en la madriguera. Por supuesto que el pelirrojo iba en medio de él y Hermione, mientras la castaña dormía de cara a la pared y él, con la vista a la ventana que dejaba pasar la luz mortecina de luna. Fue la única excusa que les permitió Molly para hacerlo; si dormían separados, a los tres acudían pesadillas que les impedían descansar, pero estando juntos, de alguna forma lograba superar esa barrera para llegar a los brazos de Morfeo.

Y por otro lado estaba la pelirroja. La pelirroja Ginny, hermana de uno de los tantos héroes que perecieron en la batalla; Ginny, hija de unos padres que perdieron a su hijo; Ginny, la niña que siempre lo quiso; Ginny, la novia que dejó atrás por correr para ganarle la partida a un loco de remate; Ginny, la mujer que él amaba y que no se atrevía a buscar por su maldito sentimiento de culpa.

Ella estaba en la misma casa de él, y solamente con su mirada castaña buscaba la cetrina de él. Ella, que entendía de esas cosas raras del corazón y no lo atormentaba con preguntas tontas de ¿estas bien?, como si fuera él al que se le murió un hermano; ella, que aunque respirando el mismo aire de Ottery St. Catchpole, la extrañaba infinitamente, sintiéndola lejana en cada ocasión que tenían para hablar. Porque a diferencia de sus dos amigos, la guerra no los había unido.

Ginny, Ginny, Ginny. Ginny en el aire, Ginny con su esencia por doquier. Y él, allí, acostado al lado de la espalda de Ron, con la misma mirada perdida de todas las noches en la infinitud que la noche dejaba traspasar por la ventana semiabierta, sintiendo una necesidad imperiosa de dejarles su mundo a la pareja que dormía cerca de él, para buscar el suyo propio unas puertas más al fondo del pasillo, pero no haciendo nada para remediarlo, como siempre.

Hasta hoy.

Que fue esa noche cálida, pero con tanto frío por dentro, cuando descalzo y sin la menor preocupación por no despertar a alguien de los moradores de la casa, recorrió el largo camino hasta el otro extremo del pasillo, y sin tocar a la puerta, giró el pomo y sorprendiéndose porque no tenía llave se coló a la habitación, observó a la persona tendida en la cama subir y bajar su pecho en una lenta respiración, para después hacer un lado las sábanas y meterse entre ellas.

—Tardaste mucho ¿eh? — Le dijo Ginny, con una sonrisa alargándose perezosamente sobre sus labios al sentir los de Harry sobre su frente.

—Pero al final llegué — Contestó el ojiverde al atraerla hacia su regazo.

—Si, al fin llegaste a casa.


¿reviews? Gracias :D

Madame.