Disclamer: Los personajes de Naruto no me pertenecen le pertenecen ha Masashi Kishimoto yo solo los uso sin fines de lucro y solo para que pasen un agradable rato y salgan de la monotonia de sus vidas.

Aunque SasukeCubitodeHieloSexi-Kun no dijo lo mismo ayer mientras salia de la ventana de mi casa despues de pasar una de las mejores noches de sexo desemfrenado(babas)y mas ardientes de toda mi corta e inexperta vida OwO (HemorragiaNasal).•/•

El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece ha MeliPattz quien muy amablemente me permitio de la adaptación de su ficc enserio nena muchas gracias te quiero eres la mejor n_n

Enséñame a amar

Capitulo 1 :

Era de noche, bastante tarde como para que una chica caminara de vuelta a casa sola por las calles de Tokio. Pero eso a ella no le preocupaba mucho, tenía fe en que nunca le pasaría nada. Suspiro con pesadez al ver que de nuevo estaba lloviendo. Se puso los auriculares, la capucha, abrió el paraguas y salió del edificio donde una hora antes había estado posando en ropa interior.

Era un trabajo que le incomodaba un poco, pero lo único que había conseguido de acuerdo a su horario de estudio y al salario, demasiado para pagar el departamento donde vivía y le sobraba lo suficiente para pagar impuesto y otras cosas extras.

Por ropa interior y diaria no era un problema del cual tuviera que preocuparse. Las marcas a las cuales trabajaba le regalaban el atuendo que usaba para la foto o las fotos. Victoria´s Secret, Levis, Chanel, Dolce & Gabbana y otras veces había posado para Kelvi Clain en algunas fotos un poco comprometedoras, pero le habían pagado bien y casi en todas salió de espalda.

Muy pocas personas sabían de su trabajo, no era algo de lo que le gustara alardear, simplemente no lo comentaba a nadie. Otros la reconocían pero luego reían a carcajadas, pensado que estaban equivocados y ella se sentía bien al saber que, de cierto modo, pasaba desapercibida.

La lluvia golpeaba fuerte en su paraguas y la música golpeada fuerte en sus oídos, extrañamente las calles estaban vacías por lo que ni se fijo si algún auto venía cuando cruzo la calle sin prestar atención al semáforo. Cuando iba a mitad de la calle, le pareció haber escuchado un sonido por encima de la música, pero no le prestó atención, una luz la ilumino desde un costado, haciendo que su corazón dejara de latir por unos segundos para reanudar los latidos con mayor potencia.

Miro asustada el auto que se acercaba a gran velocidad, intento salir corriendo pero la falta de equilibrio hizo que su tobillo se torciera y cayera al asfalto, su teléfono y el paraguas volaron en direcciones diferentes, ahora la música pop había dejado de sonar para dar paso al estrepitoso y horrendo sonido de las ruedas rechinando en el mojado suelo.

Cerró los ojos y esperó a que el doloroso impacto llegara, el cual quizás le arrancara la vida y todo por ser tan descuidada al cruzar la calle, pero extrañamente… el golpe nunca llego y el sonido se detuvo…

-¡¿Estas demente?- grito una voz masculina- ¿Acaso no miras cuando cruzas la calle?

-Lo siento- susurro la muchacha rezando para que la tierra se abriera en ese momento y la tragara.

-Tus disculpas no me bastan- gruñó el extraño-. Te podría haber atropellado y la culpa iba a ser mía.

-Lo siento- volvió a disculparse como una tonta puesto que no sabía que otra cosa decir.

Eso pareció molestar aun más al tipo.

-No importa cuántas veces lo digas, no bastan- dijo ácidamente, estaba molesto y, ¿por qué no?, asustado-. Niña tonta- mascullo sin mirarla. Y eso molesto a la chica.

-¡Ya le dije que lo lamentaba!- grito molesta-. ¡No tiene por qué insultarme!

-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué te aplauda?- pregunto con ironía a la cabeza rosada de la muchacha

La joven no aguanto más mirar el suelo por la vergüenza por lo que irguió su cabeza para enfrentar al hombre. Al principio quedo maravillada con la primera impresión que le mostraba aquel desconocido. Era alto, de porte elegante y temerario, su cuerpo parecía haber sido hecho a base de las fantasías de las mujeres, era de contextura mediana pero bien proporcionado y musculoso, su cabello era azabache y parecía ser rebelde ya que estaba todo desordenado

Estaba parado frente a ella completamente empapado, la ropa se adhería a sus músculos. Su dedo pulgar e índice estaban apretando el puente de la nariz y el músculo de su ante brazo mostraba la fuerza que estaba ejerciendo, su pecho bajaba y subía rápidamente. Estaba intentando calmarse y ella esperaba que fuera pronto.

La chica intento ponerse en pie, porque no era muy cómodo el suelo y estaba frío, pero una vez que apoyo su pie derecho en el suelo y ejerció presión un agudo dolor le recorrió la pierna y volvió a tirarla al suelo quejándose de dolor. El desconocido la miro con curiosidad y se acerco a ver qué era lo que le pasaba.

-¿Te encuentras bien?- pregunto mientras se agachaba a la altura de la joven.

-No, creo que me quebré el tobillo- lloriqueó asustada.

-Déjame ver- pidió y sin que ella lo autorizara todo la pierna por la pantorrilla y levanto el mojado pantalón para ver el tobillo.

Gracias a los conocimientos de su padre él sabía diferenciar entre torcedura y quebradura. Tocó la hinchada piel ejerciendo un poco de presión y suspiro aliviado al reconocer que solo era una torcedura.

-Solo te lo has torcido, no tienes que preocuparte- le dijo y bajo el pantalón para que no tomara más frío del que ya debía de tener-. Te llevaré a mi casa para ponerte un des inflamatorio.

Otra vez sin importarle lo que ella le dijera, la tomó en brazos y la llevo a la puerta del copiloto.

-¡Alto!- grito la chica desesperada- ¡Bájeme, ahora mismo!- ordenó pero el tipo ni se preocupó en siquiera mirarla.

El hombre abrió la puerta y sentó a la joven en el asiento. Intentaba ignorar los insultos y gritos de la chica, pero su voz desesperada le estaba comenzando a molestar y perder su poca paciencia.

-Deberías de estar agradecida por querer curar tu tobillo. Cállate- le ordenó dejando a la joven completamente muda.

Cerró la puerta y camino hacia su asiento, en el camino se topo con el teléfono y el paraguas, los tomó a ambos y los dejó en el asiento de atrás. Se puso el cinturón de seguridad y emprendió marcha a su departamento.

-Podría denunciarlo por secuestro- murmuro la chica, no muy convencida de sus propias palabras.

-Hazlo si quieres. Solo te llevo a mi casa para curarte, de nada- la miro por el rabillo del ojo y le pareció cómico la imagen.

Ella iba sentada con los brazos cruzados a la altura del pecho, mirando por la ventana con un puchero en los labios. Parecía una niña pequeña a quien la acababan de regañar.

-No es necesario- contestó ella derrotada.

-Si no lo hago tendré cargo de conciencia- el tipo se encogió de hombros y volvió a mirarla-. No te haré nada, no te preocupes.- le aseguro.

Esas palabras parecieron calmarla un poco ya que sus hombros se bajaron por lo tensos que estaban. Miró por la ventanilla el paisaje y tratar de reconocer a donde vivía el hombre, se sorprendió un poco al notar que estaban en la recepción de los edificios más caros de la cuidad. El auto entró en un edificio lujoso, escuchó al hombre saludar al guardia y aparco dentro del edificio

Ambos desabrocharon sus cinturones. El hombre abrió su puerta y le indico que esperara a que él le abriera la puerta y la ayudara a bajar, ella tuvo que obedecer enfurruñada. Se sintió peor cuando él la volvió a tomar en brazos y la llevo todo el camino hacia el ascensor. Él presionó el botón para ir al piso número diez.

-Puedes bajarme, debo serte pesada- dijo ella un poco avergonzada, sintiendo como sus mejillas tomaban temperatura.

-De hecho estaba por preguntarte si te alimentas bien- la miro a los ojos y ella se perdió en el mar azabache-. Eres demasiado liviana, es como si llevara una caja vacía- bromeó aligerando el ambiente.

-¿Me estas llamando hueca?- pregunto ella con indignación.

-No, solo sugiero que comas más- desvió la mirada cuando la campanita aviso que ya habían llegado a destino.

Caminó un par de metros y saco las llaves de su bolsillo. Metió la llave y entro la penumbra de su apartamento.

-Prende las luces, están a tu derecha- pidió

-Abriste la puerta, ¿y no puedes encender la luz?-le preguntó divertida.

-Solo prende la luz- le ordenó también divertido.

Tanteo la pared hasta chocar contra el interruptor, lo presionó y la estancia se ilumino. Un pasillo quedó a la vista, mientras caminaban pasaron por un baño de servicio y la cocina, hasta llegar a una enorme sala, muy bien equipada.

La sala era hermosa, tanto que la dejó sin aliento. El sillón de cuero negro era de una sola pieza y estaba eso para ser ocupado por unos seis cuerpos, quizás más. Estaba situado como en un contra suelo, era redondo y estaba en la esquina, perfectamente alineado con el televisor plasma que estaba en frente, con un completo equipo de sonido.

La pared de enfrente había sido sustituía por un ventanal, desde el techo hasta el suelo. Y en un rincón se encontraba un hermoso piano de cola negra, completamente tapado por una espesa capa de tierra. Eso le llamó la curiosidad, el resto de la sala estaba impecable, menos ese piano.

Sus ideas volvieron a la realidad cuando el hombre bajó unos escalones y la depositó en el sillón, luego se perdió por una de las puertas que había detrás de ella. Al cabo de unos minutos volvió con un botiquín de primeros auxilios.

-Quítate la zapatilla- le ordenó mientras abría el botiquín.

Con lentitud se sacó el calzado ya que su tobillo le dolía demasiado. Dejó la zapatilla a un costado y observó su pie, estaba rojo e hinchado.

-¿Seguro que no está quebrado?-le preguntó asustada sin dejar de mirar.

-Seguro- afirmó el mayor mientras tomaba el pié y lo apoyaba en su rodilla-. Si estuvieras quebrada ahora estaría gritando como una loca- le sonrió mientras tomaba una pomada y una gasa.

Con suavidad le colocó la pomada para bajar la hinchazón y luego una gaza apretada a la zona para que la crema no se esparciera.

-Listo- anunció orgulloso depositando el pie en el suelo-¿Duele?

-No tanto. Gracias…- se detuvo al saber que no sabía su nombre.

-Sasuke- se presentó estirando su mano.

-Sakura- la estrechó.

Y algo les recorrió a ambos con ese simple toque, como una corriente eléctrica, que les agitó a ambos sus estómagos.

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