Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece son todo obra de la cabecita pensante de JK Rowling, aunque debería haberse centrado también en personajes molones como Fabian y Emmeline :)


El bullicio que se oía desde el gran comedor reverberaba por los pasillos del castillo. La celebración había comenzado en la sala común de Hufflepuff, pero la alegría se había extendido de tal forma por todas las casa –excepto Slytherin por su puesto- que se había unido un gran número de gente y por falta de espacio habían sacado en volandas a Emmeline y la habían llevado escaleras abajo donde habían organizado una reunión casi tan populosa como las fiestas que se organizaban habitualmente en fechas señaladas. Dumbledore no puso ninguna objeción e incluso les proveyó con comida y bebida, siempre y cuando no se quedasen hasta horas intempestuosas.

Fabian estaba en medio de todo el follón sintiéndose un poco fuera de lugar. Por supuesto que estaba muy contento de la victoria de Hufflepuff sobre Slytherin en Quidditch y no paraba de chocar manos y corear gritos de júbilo, pero la gente que conocía se había dispersado y ya se había cansado de oír cada jugada y pase detalle a detalle. Gideon estaba intentando atraer la atención de cualquier ente del sexo femenino y Marlene estaba revoloteando alrededor de Tiberius McLaggen. Negó con la cabeza exasperado, no tenía ni idea de que narices les veían todas las chicas a aquellos cretinos. Y hablando del diablo, allí estaba el cretino número dos, Luck, pavoneándose con su grupo de amigos con cerebro de primates. Una desgracia para la evolución

Luck estaba escuchando atentamente a uno de sus compañeros hablar de algo con gestos grandilocuentes hasta que se dio cuenta que su vaso estaba vacío y se acerco a uno de los recipientes con ponche. Fabian, tras debatirse entre ir allí y escupir en su bebida o irse, estaba a punto de tomar la segunda decisión cuando una inconfundible melena de color castaño entró en su campo de visión, pasando de largo sin percatarse de su presencia para dirigirse a la zona de comida y bebida. Haley parecía haber puesto el piloto automático porque no se paro ante nada ni nadie hasta que se plantó frente a su objetivo. El pelirrojo se quedó clavado en el sitió por la impresión ¡Por Merlin! ¿Qué estaba haciendo? Después de lo ocurrido en la fiesta de bienvenida donde había dejado en ridículo al Gryffindor lo único que ganaría acercándose a él sería una mirada de desprecio y un puñal lanzado con un comentario hiriente.

Y así fue exactamente como transcurrió. Desde la distancia Fabian fue testigo como tras un saludo él le lanzó semejante mirada que ella pareció encogerse perdiendo así la confianza. Luck volvió a la tarea de rellenarse el vaso ignorándola, pero ella volvió a armarse de valor e hizo otro intento aunque se notaba que sus manos temblaban al igual que el titubeo y nerviosismo en su voz. Finalmente, después de otra fría mirada, las palabras hirientes no salieron del propio McLaggen sino de uno de sus amigos de las cavernas que se unió a la escena haciendo que la Hufflepuff bajase la cabeza dolida- o avergonzada dependiendo de la puya- y se fuese de allí sin mediar más palabra.

Sin pensárselo mucho la siguió y casi se chocó con Vance y Sirius que estaban saliendo juntitos también del Gran Comedor. Aquello era de lo más interesante…, pero decidió que ya indagaría más tarde sobre el asunto, ahora lo importante era encontrar a aquella estúpida yankee antes de que hiciese cualquier otra tonterí le costó seguir sus pasos rápidos y los sollozos hasta el baño de las chicas donde la encontró encorvada sobre el lavabo mientras se echaba agua en la cara haciendo un cuenco con las manos. Tras repetir la operación un par de veces levanto la mirada para observarse en el espejo. No tenía los ojos hinchados pero la ligera rojez delataba que había estado llorando.

-No sé por qué te empeñas en intentar ligar con chicos tan tontos teniendo uno mucho mejor justo aquí delante.

Haley dio un pequeño respingo y se volvió hacia él con una mano en el pecho.

-¡Joder Fabian! ¡Menudo susto me has dado!- pero poco le costó mirarlo inquisitiva ante su comentario anterior- ¿Lo has visto verdad? ¿Has visto lo que ha pasado con McLaggen?

¿Se podía saber porque aquella chica nunca se alegraba de verlo? Siempre que se la encontraba estaba de un pésimo humor…Fabian pensó en negar todo y hacerse loco, pero ante semejante mirada le era imposible, así que se limito a asentir. Lo que hizo enfurecer a la castaña.

- No necesito tu compasión, ¡te enteras!- le espetó antes de salir con pasos airosas del baño.

- ¡Haley! ¡Haley, espera! No quería compadecerte, solo quiero ayudarte. Yo sé cómo piensan esa clase de chicos- le gritó siguiéndola de nueva al pasillo.

-¡Claro que sí! Porque tú tienes tanta experiencia con las chicas ¿verdad?- respondió Haley tras parar en seco y volver atrás para encarársele.

Aquello había sido un golpe bajo, muy bajo. Era injusto que focalizase su rabia sobre él, siendo que no había hecho nada. De hecho era el único que la había seguido para ver si estaba bien.

- Puede que no, pero tú tampoco pareces tener mucho éxito.-ante aquella puya la Hufflepuff se dio la vuelta con un bufido sulfurado dispuesta a largarse, pero Fabian la agarró del brazo- Y la diferencia es que yo soy un tío, sé cómo funciona su mente. Sabía exactamente lo que iba a pasar cuando has ido a decirle algo y puedo darte consejos para que esa situación no se repita.

- ¿Ah sí? Fabian Prewett, el señor sabelotodo, sabe perfectamente lo que ha pasado. Pues adelante señor Prewett ilústreme- lo desafió Haley zafándose de su agarre para después cruzarse de brazos.

- Como quieras- quién se creía que era, se iba enterar aquella yankee del tres al cuarto, la iba a dejar anonadada- cuando has ido a decirle lo que fuese él te ha ignorado, pero tú has insistido hasta que el te ha escupido con la mirada y su amigote te ha hecho un comentario hiriente tipo: "no sé cómo se te ocurre acercarte siendo que no nos llegas ni a la punta de los zapatos". ¿Me equivoco?

Haley tenía los ojos muy abiertos y los labios fruncidos, por un momento pareció que se iba a desmoronar e iba a comenzar a llorar de nuevo. Pero consiguió mantener la compostura.

- Estrecha- susurró quedamente

- ¿Qué?

- Me llamó estrecha- dijo sentándose con un suspiro en el suelo- yo solo quería aclarar las cosas con Luck, disculparme por lo sucedido… pero me ignoró y luego su estúpido amigo me dijo que las estrechas bien que nos hacíamos las duras, pero luego siempre volvíamos arrastrándonos, suplicando por más, porque nos quedábamos con las ganas.

Fabian se sentó junto a ella lentamente preparado para parar cualquier golpe furioso, pero la Hufflepuff prosiguió dejándolo ileso.

- Al principio quería arreglar las cosas, pero ahora solo siento rabia. Rabia y decepción. ¿Qué se creé ese pretencioso? Lo único que deseo ahora es que se dé cuenta de que paso de él. Porque eso es lo que le da ese aire de superioridad, que se piensa que voy babeando tras él.

- Pues sabes, estas de suerte, porque eso es bastante más fácil que arreglar las cosas con esa clase de gente- le dijo Fabian con una sonrisa a la sorprendida chica- lo único que tienes que hacer es ignorarlo y, para mayor efecto, encontrar a otro chico con el que parezca que estas feliz. Que vea que ya no lo necesitas, que ya no piensas en él, que es aire.

La carcajada que salió lo más profundo de la chica lo sobresaltó. ¿Pero qué era tan gracioso? Allí estaba él, compartiendo su conocimiento cósmico con aquella alelada que hace unos minutos estaba deshaciéndose los ojos en lágrimas y ahora iba y se reía de su consejo.

- Oh vamos Fabian, la primera parte de ignorarlo como si fuese aire y todo eso esta genial, ¿pero de dónde pretendes que saque un chico que quiera salir conmigo?- preguntó Haley tras dejar de reír ante su expresión.

- Pues de cualquier sitio, no fastidies, que no eres un ogro de las cavernas Graham. Excepto quizás cuando gritas como una loca con los ojos enrojecidos… ¡Au!-exclamó ante el calmante de ella, pero por lo menos esbozaba una pequeña sonrisa- Seguro que hay muchos chicos que están deseando ser tu pareja.

- ¿De verdad? Nómbrame uno, solo uno, que estuviese dispuesto a fingir que es mi novio solo para fastidiar al estúpido de Luck McLaggen.

- Sin ir más lejos yo mismo. Oye, ¿te crees que no me gustaría darle al idiota de ese algo de su propia medicina?- tercio ante la atónita mirada de Haley- Mejor sería si fastidiásemos a su hermano, pero eso para otro día.

Aquella declaración fue recibida con otra estrepitosa carcajada de la Hufflepuff cuyo humor parecía haber mejorado visiblemente.

- Eres un follonero maquinador Prewett.

- ¿Follonero? ¿Follonero yo?-exclamó el pelirrojo- La única follonera aquí eres tú. Para empezar, si no hubieses montado semejante escena con Luck no estaríamos en esta situación… Lo que no quiere decir que no esté contento de estar aquí- añadió rápidamente al ver que la sonrisa de la chica se congelaba.

- Tienes razón- suspiró Haley rodeándose las piernas con los brazos y apoyando la barbilla sobre las rodillas- parece que allá donde voy no hago más que atraer problemas. Yo en verdad estaba encantada de se interesase por mí…

Fabian puso los ojos en blanco. Igual que, inexplicablemente, todas las alumnas de este colegio y probablemente alguna profesora

- Pero luego me entró pánico- finalizó la frase ella.

- ¿Pánico? ¿Pánico de qué?-preguntó sorprendido él- ¿De que su aliento a Whisky de fuego hiciese que te desmayases?

- No estúpido-rió ella dándole un empujón amistoso con el hombro- tenía miedo de que resultase ser como…, como…, él.

Aquella última sílaba pronunciada tras un par de titubeos en voz muy baja pareció resonar en el pasillo vacio. Fabian no sabía de qué persona estaba hablando, y la verdad se moría de ganas de saberlo, pero Haley parecía estar perdida en los recuerdos que tenían que ver con él.

-¿Qué paso?- preguntó cuidadosamente a la chica que estaba mirando al suelo absorta.

Haley permaneció unos segundos en silencio como sopesando decírselo al chico o no. Finalmente se decidió a hablar.

Haley perdió a su madre cuando tenía cinco años. Solo tenía vagos recuerdos de ella, como que siempre llevaba naranja y su casa siempre olía a flores silvestres. Cuando fue mayor para preguntar y entender la respuesta, su padre le contó que su madre había muerto. Ella no le dio más vueltas al asunto y ni siquiera se preguntó porque nunca iban a visitar su tumba, simplemente supuso que para su padre era demasiado doloroso. Además, en cuanto aquello ocurrió se fueron ambos a California. Así que ella vivió una tranquila vida rodeada de muchos muggles y poca magia hasta que unas navidades hacía tres años que bajó a ver a la familia de su padre en Inglaterra sucedió. Ella estaba haciendo compras navideñas cuando a una mujer que paseaba con su bicicleta se le calló el monedero en la calle. Como buena ciudadana que era decidió devolverle a su dueña lo que pertenecía, además la nieve era algo de que lo que no podía disfrutar en California y no le importaba pasearse. Pero cuando sacó el DNI para saber dónde vivía le dio un vuelco al corazón. Primero pensó que era una coincidencia, pero cuanto más miraba aquella identificación más segura estaba. Pensando que se estaba volviendo loca corrió a la primera tienda que vendía las páginas amarillas y miró el nombre, lo que solo le confirmo lo que sospechaba. Aquella mujer era su madre.

La fecha de nacimiento, la peca justo al lado del rabillo del ojo, pero sobretodo el nombre. ¿Cuántas mujeres en Londres podían tener una madre loca por Sudamérica que les pusiese el nombre de Lucinda Amankai? Pues según las páginas amarillas exactamente solo una que tenía una floristería tres calles más abajo.

Con el corazón martilleándole el pecho recorrió el camino hasta la pequeña tienda de flores. Abrió la puerta y allí estaba ella regando un bonsái mientras entonaba una cancioncilla. Estaba exactamente igual que las fotos que su padre guardaba bajo llave en su despacho. Quizás con alguna arruga más por aquí o por allá, pero no había ninguna duda. Se acercó lentamente al mostrador, ella se giró con una sonrisa en la cara, miró a la hufflepuff a los ojos y después… nada. No la reconoció. Haley había esperado fuegos artificiales, música de fondo, lágrimas, abrazos, pero solo se quedaron allí mirándose hasta que la mujer preguntó amablemente qué quería. Ella sin poder mediar palabra le tendió la cartera y se marchó corriendo.

Después de muchos gritos y acusaciones, su padre por fin le contó que él y su madre se conocieron en uno de los primeros campamentos hippies de la época. Él ya estaba muy interesado en el comportamiento muggle y estaba allí en calidad de observador, pero no se pudo resistir a los encantos de Lucinda involucrándose demasiado. Tras aquellas semanas sus caminos se separaron sin que él sospechase que ella estaba embarazada. Nunca volvieron a saber el uno del otro hasta que el bebe mostró signos de ser mago y el ministerio investigó el asunto hasta descubrir quién era el padre. Así que cuando Haley a los cinco años hizo volar el tarro de las galletas alrededor de la casa en una rabieta su padre tuvo que entrar en escena. La madre de Haley se lo tomó tan mal que el ministerio no tuvo más remedio que embrujarla para que ella, los vecinos y los familiares olvidasen que alguna vez había tenido una niña. Lucinda se marchó a encontrarse a si misma a Sudamérica y Haley y su padre se mudaron a California.

Tras descubrir la verdad la castaña dio un giro de 180 grados. No quería tener nada que ver con la gente que la había conocido hasta ese momento porque comenzaron a hacerle preguntas que no podía ni quería contestar. Se empezó a juntar con malas compañías, a meterse en peleas, a frecuentar carreras clandestinas e ir a fiestas ilegales para su edad. Así conoció a Tuck, un chico camorrista y misterioso que la empezó a engatusar para meterse más en el lado oscuro. Siguió a aquellos ojos y verdes y pelo alborotado a los suburbios de su ciudad, juntándose con la gente de peor calaña. Aún no podía creer que hubiese salido de allí sin ningún hueso roto. Todo aquello duró hasta que Tuck quiso algo que ella no le quiso dar y el declaró que solo la había estado engatusando por qué era la nueva, carne fresca, y estaba aburrido de lo demás que ya lo conocía todo. Así que la castaña escapó de allí y en venganza le robó su BMX que fue lo mejor que podía haber hecho porque toda esa rabia y decepción que llevaba dentro la saco en el parque de skate cerca de su casa. Allí encontró a Patrick, su mejor amigo, que ya conocía de la escuela pero con el que nunca había tenido mucha relación. Pero las largas horas en aquel parque, haciendo piruetas en piscinas a medio hacer, rondar por las calles y beber alcohol barato en los techos de las casas en construcción creó entre ellos estrechos lazos que aún duraban hasta hoy. Respecto a Tuck, nunca lo volvió a ver, pero la dejo marcada de por vida y por ello decidió que ella solo tendría relaciones con el sexo masculino como amiga. Con el tiempo, rodeada de hombres en aquel ambiente, simplemente se convirtió en uno de ellos y así había vivido feliz hasta ahora.

- Es como si la historia se estuviese repitiendo otra vez. Pero mucho peor….- Haley dejó la frase a medio terminar, como si no se atreviese a pensar en las consecuencias que todo aquel embrollo podían hacer estallar.

Fabian observó a la hufflepuff con tristeza, toda aquella experiencia traumática había dejado una profunda cicatriz que ella intentaba esconder por todos los medios pero que irremediablemente salía a la luz de vez en cuando. Ahora lo entendía todo. Quiso abrazarla, acariciarle el pelo y decirle que todo iba a salir bien, y quizás aquello habría funcionado con otra persona pero lo que Haley necesitaba no era compasión. Lo que necesitaba era un plan que la hiciese volver a ganar confianza, que la volviese a convertir en borde y brusca, el pelirrojo quería que su yankee volviese. Se había acostumbrado demasiado a su forma de ser para dejar que se empequeñeciera ante un idiota de pelo perfecto.

- ¡Graham deja de lamentarte por dios, que vas a hacerle competencia a Myrtel la llorona!- exclamó Fabian con el tono más autoritario que pudo encontrar, que resultó ser algo titubeante y chillón pero que dio el resultado esperado.

- ¡Pero qué te pasa Fabian! Te cuento todo y ¿eso es todo lo que tienes que decirme?- gritó Haley furibunda-¡Eres un mandito insensible!

El Ravenclaw tragó saliva tratando de no dejarse amedrentar por la peligrosa chica gritona que lo podía dejar seco de un derechazo e intentó proseguir con el plan.

- Ya habrá momento para lamentarse, ¡pero ahora es tiempo de luchar! ¿Quieres humillarle como él te ha humillado a ti?- preguntó a la chica que comenzaba a mirarlo como si estuviese loco.

- ¿Cuántas películas de marines has…- comenzó a preguntar Haley

- ¿Quieres venganza sí o no cadete?- gritó tan fuerte que un par de fantasmas se asomaron de sus cuadros para ver que diantres pasaba. Internamente dio gracias a Arthur por las interminables horas y ejemplos de las películas del mundo muggle.

- Señor, sí señor- gritó la morena entusiasmada llevándose una mano a la frente en señal de saludo militar.

- En ese caso en pie, hay una misión que cumplir- ordeno el chico poniéndose en pie y extendiendo la mano para ayudarla. Una vez habían levantado las posaderas del frio suelo del pasillo, le ofreció el brazo y con un "My lady" de lo más caballeroso espero a que ella lo tomase para comenzar a encaminarse de nuevo al Gran Comedor.

- ¿Cuál es exactamente tu plan maestro?- preguntó Haley en un susurro antes de entrar.

Fabian esbozó una sonrisa maliciosa.

- Te acuerdas todo de lo que hemos hablado antes de que te pusiste a vagar por los recuerdos de tus años mozos y salvajes. Pues ese es el plan. Así que compórtate como si tu cantante favorito te estuviese llevando a una fiesta y prepárate para la mejor velada de tu vida.

- ¿Eso quiere decir que tengo que revolotear a tu alrededor y dar pequeños chillidos, poner cara de alegría cada vez que me miras y desmayarme gritando "¡Me ha hablado!"- sonrió la hufflepuff.

"Eso es lo que quería ver" pensó Fabian contento de ver que su plan dentro de otro plan había surtido efecto.

- Bueno rebajémoslo al hermano guapo de tu amiga te ha invitado a una fiesta, ¿vale? Pero cuenta con que nos daremos de comer mutuamente como unos bebes alelados.

Y con la castaña agarrada a su brazo y riéndose como si acabasen de oír el mejor chiste del mundo, hicieron su entrada en el gran comedor dispuestos a interpretar su papel la mejor posible y, como no, a pasarlo en grande mientras pateaban un par de egos.


Nota de la autora: Si como Fabian queréis enteraros de a dónde van Sirusin y Emme no os perdáis el siguiente capítulo :D