Disclamer: Los personajes no me pertenecen le pertenecen ha Masashi Kishimoto yo solo los sin fines de lucro y solo para que pasen un agradable rato y salgan de la monotonia de sus vidas.

Aunque SasukeCubiitoDeHieloSexii-Kun no dijo lo mismo anoche cuando pasamos una de mas mejores veladas de sexo desenfrenado y mas exitantes de mi corta e inexperta vida(Hemorragia Nasal O/O)

El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece ha Gegargas quien muy amablemente me permitio la adaptacion de su ficc. Muchas Gracias nena eres la mejor espero y te guste como quedo .

CAPITULO 1

- Sakura…sabes que te vamos a echar de menos ¿verdad?- me dijo Sora emocionado.

- Igual que yo a vosotros chicos, además… aún faltan varios días para irme- reía ante tamaño espectáculo. Los trabajadores y mejores amigos de mi padre estaban más afectados que mi propio padre.

- No les eches cuenta princesa, esto es lo mejor para ti- a pesar de que a mi padre, Souta, le costaba muchísimo separarse de mi, él entendía que no podía pasar toda mi vida rodeada de chicos maduros, ladrillos y material de construcción.

Mi nombre es Sakura Haruno y a continuación os voy a contar mi historia.

Éramos una familia como otra cualquiera, mis padres Souta y Akemi vivían en una continua luna de miel, solo tenéis que ver el resultado de ese amor, cuatro hijos, uno seguido del otro. Yo era la menor y única chica.

Mi padre tenía una pequeña empresa constructora, que sobre todo se encargaba a reformar viviendas. Con él trabajaban, entre otros, sus mejores amigos, Sora, y Kuno, que eran como otros padres para mí sobre todo desde que el destino, quiso quitarnos al ser más valioso del mundo, mi madre.

Mi madre enfermó, y cuando yo solo contaba con ocho años de edad, se marchó en un viaje sin retorno. Mi padre me contaba para aliviar mi dolor que, un ángel del cielo la había llamado para cuidar de todos nosotros desde otro lugar pero, a pesar de intentar dulcificar la noticia, yo sabía que mi madre había muerto.

Ésta nueva situación cambió mucho las cosas.

Mi padre estaba solo para cuidar a cuatro niños de 11, 10, 9 y 8 años (Itachi, Naruto, Keita y yo) por lo que los amigos de mi padre, se fueron convirtiendo en nuevos miembros de mi familia.

A medida que nos fuimos haciendo mayores, mis hermanos se fueron marchando a la universidad de Tokio, donde tenían becas para estudiar, quedándome cada año un poquito más sola.

Mi padre quería para nosotros un futuro mejor del que él tuvo, aunque repetía una y otra vez que no cambiaría su vida por nada en el mundo. Había tenido a la mejor mujer, hijos y amigos del mundo, y eso lo valía todo.

Mi hermano Itachi fue el primero que se marchó. Iba a estudiar arquitectura, su gran pasión después de los coches. Itachi en la actualidad tiene 22 años y está en su cuarto año de carrera.

Cuando hablaba con él apenas me contaba de su vida universitaria, por lo que supuse que era para no relatarme sus escándalos amorosos, entre otras cosas.

Itachi levantaba pasiones por donde iba y no era para menos. Es un chico fuerte, moreno, con los ojos azabaches y lo mejor de todo era su enorme corazón.

El siguiente fue Naruto. Él eligió ingeniería técnica. Le encantaba las nuevas fuentes de energía y quería especializarse en ello.

A diferencia de Itachi, Naruto era un rubio de ojos azules, y al igual que nuestro hermano mayor no pasaba desapercibido entre las chicas.

El siguiente fue Keita, que se marchó el año anterior. Él al contrario que mis hermanos, rehuía estudiar todo lo que tuviera que ver con construcción, obras y demás, matriculándose en fisioterapia. Le encantaban los deportes.

Keita y yo éramos muy parecidos, excepto por el color de piel que él era muy moreno y mi extraño matiz de cabello el mio era rosado ._. si como chicle y el de el era negros. Ambos teniamos los ojos verde jade.

Por último llegamos a mí.

Era una princesa entre tanto sexo masculino o eso decía mi padre. Por suerte, me enseñaron a valerme por mí misma y nunca me sobreprotegieron.

Los días libres, para sacarme un dinerito extra, trabajaba como mis hermanos, cuando vivían en casa, en la mini empresa familiar.

Venía bien tener a una mujer entre sus filas para hacer las terminaciones de los trabajos que para nada eran fáciles.

La paciencia era una de mis cualidades, aunque tengo mucho carácter. Odio la moda, los vestidos y me encantan los deportes y verlos con mi familia.

Como veis para nada soy una chica típica.

Cada año que uno de mis hermanos se marchaba a la universidad, era más costoso para mi padre. Aunque todos íbamos con becas, ésta solo cubría el pago de la matrícula del año correspondiente y un tercio del pago de la residencia de estudiantes, por tanto el resto corría a cargo de mi padre.

Cuando Keita se marchó, mis hermanos alquilaron un pequeño apartamento en el campus para que fuera más liviana la carga económica.

Aunque mi padre, me ofreció que yo fuera a vivir a una residencia de estudiantes, lo rechacé. Por fin tenía la oportunidad de reunirme con mis hermanos, vivir con ellos como siempre, y no lo iba a desperdiciar.

A mis hermanos también les pareció una buena idea el ir con ellos, supongo que pensarían que así cuidarían de mí, sabiendo perfectamente que finalmente tendría yo que cuidar de ellos.

En pocos días empezaría una nueva vida, y para cuando regresase a casa, cosa que mi padre deseaba con todas sus fuerzas, ya sería toda una abogada.

Un día antes de partir, hice mi maleta. Apenas llevaría una maleta con ropa de diario, algunos libros releídos, pero demasiados importante en mi vida, como "Sentido y Sensibilidad", mi reproductor de música y la foto de mi familia al completo.

Mi padre y los chicos, habían preparado una cena de despedida.

Les pedí que no lo hicieran, odiaba las despedidas aunque se tratasen de pocos días. No cabía duda que los echaría muchísimo de menos.

Cada uno tenía una cualidad diferente: Sora era muy buen consejero, Kuno sabía escuchar, Jiro era capaz de convertir tu peor día en un día normal y por último mi padre… él… era todo amor.

La cena, más que una cena de despedida era una comida de entierro. Todos estaban con las caras largas, ojos tristes e inconscientes pucheros en sus bocas.

- Bueno…al parecer… me vais a hacer irme triste- susurré aunque todos me oyeron.

- No cariño, todos estamos muy contentos por ti, ¿verdad chicos?- intentó simular mi padre, obligándolos a todos a colocar una triste sonrisa en sus bocas- solo que… bueno te vamos a echar mucho de menos

- Voy a estar bien, voy a estar con mis hermanos- dije incrédula por aquel espectáculo- ellos se fueron y no hubo tanta tristeza.

- Ya pero ellos no son nuestra princesa- sonrió Sora.

- Venga chicos, ya está bien de tristeza- mi padre empezó a levantarlos de la silla, si seguían así se llevarían toda la noche auto compadeciéndose- mi niña tiene que descansar, tiene un largo viaje por delante así que…

Por suerte las despedidas fueron rápidas, aunque no menos cargada de sentimientos.

Les prometí que, a pesar de la distancia, nuestra relación seguiría siendo igual, y que hablaríamos por teléfono, ya que ellos las nuevas tecnologías como Internet, no lo manejaban del todo.

Esa noche apenas dormí. Estaba nerviosa, para que nos íbamos a engañar. En pocas horas mi vida cambiaría completamente.

Decían que la mayor permuta que se producía en la vida de una persona, se originaba en el cambio del instituto a la universidad, y sobre todo, cuando tenías que cambiar de residencia. Yo llevaba el pack completo.

En cuanto amaneció me levanté, me di una ducha rápida y bajé a desayunar.

Era el último desayuno antes de mi partida y quería aprovecharlo con mi padre.

Lo hicimos en un silencio cómodo.

Una vez acabado, me ayudó a bajar mi maleta. Él se encargaría de llevarme al aeropuerto de Konoha.

Advirtió a los chicos que no se presentaran para despedirse, con la noche anterior habíamos tenido suficiente. Cumplieron a medias. Pude verlos escondidos esperando a que la camioneta de mi padre desapareciese.

Una vez en el aeropuerto, nos despedimos, aunque ésta vez no pude evitar emocionarme, producto de los nervios y de la melancolía.

- Llámame si me necesitas princesa, y… cuida de esos holgazanes- sonrió con los ojos vidriosos.

- Tranquilo, todo irá bien. Nos vemos en Navidades.-

Tras cruzar la puerta de embarque sentí como una nueva etapa se abría en mi camino. Atrás quedaba la niña para convertirme en mujer. Era ley de vida.

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