Lo sé, lo sé... No tengo perdón de Dios por demorar tanto en subir un nuevo capítulo, pero es que mi vida esta hecha un real caos entre la práctica profesional y muchas otras cosas... Chicas de verdad lo siento.

Me costó un mundo sacar este capi a la luz, lo tenía listo hace ya unas semanas y por falta de tiempo no pude subirlo, hasta hoy...

De verdad muchas gracias por las que esperan está actu, muchas gracias por los reviews del capítulo anterior y a las nuevas lectoras =)

Muchos cariños y a leer!

Disclaimer: Los personajes perteneces a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía y está prohibida su reproducción parcial o total sin mi concentimiento.

Enjoy!


Capítulo XVIII

Si, esto era vida.

Una muy buena vida, por cierto…

Desde que Edward había regresado a sus brazos, desde que se había entregado a él, las cosas marchaban como miel sobre hojuelas. Nada podía ir mal para ella, era imposible.

La felicidad la rodeaba como un suave manto de seda que la acariciaba en su totalidad. Por fin, luego de tanto tiempo de no entender nada, de creer que todo era una locura, una cruel enfermedad mental, por fin, era consciente de todo lo que ocurría a su alrededor, por fin dejaba de estar ciega frente a un mundo que le era totalmente desconocido, pero a la vez, completamente perfecto. Edward.

Ahora que sabía cómo habían sucedido las cosas y el por qué de el actuar de su sexy vampiro…

"Vampiro… Edward es un vampiro… Es tan difícil de creer…"

Llevaba los pasados tres días pensando e intentando meterse la idea en la cabeza, pero era algo complicado de digerir. Trataba de hacer hasta lo imposible para que él no notara lo contrariada que estaba con todo lo que estaba ocurriendo, pero cada vez era más ardua la tarea.

Esme le había explicado la tarde anterior, que el vinculo que ahora compartía con Edward era tan fuerte que ambos podían sentir como estaba el otro, sus emociones, sus pensamientos; ya nada era perteneciente a uno de ellos, ambos se pertenecían por completo al otro, era como si fueran dos partes de un mismo organismo, como si fuesen un mismo ser separado en dos cuerpos.

En una primera instancia le había parecido imposible ¿Cómo era posible algo así? Pensaba que los Cullen estaba tomándole el pelo, que estaban riéndose de ella a sus espaldas, pero con el pasar de las horas pudo comprobar que nada era como ella lo pensaba.

Y sí que se llevó un susto memorable.

Esa mañana, Edward y sus hermanos habían salido a comprar unos artículos de jardinería para Esme. Estaba agregando más rosas a la parte frontal de la mansión y los chicos, amablemente (con la excepción de un rubio leonino de mal carácter) se habían ofrecido para ayudar con las compras, mientras que ella, Alice y Rose, le ayudaban a Esme a desmalezar entre risas y una amena plática de mujeres.

Se sentía realmente a gusto cerca de la madre de Edward. Esme la trataba como si ella fuese su hija, su cariño hacia ella era incondicional y eso la hacía sentirse en casa, acogida, segura.

Estaba lanzándole bolas de lodo a Alice cuando pasó.

-¿Bella?- La voz de Edward retumbó en su cabeza como si él le estuviese hablando a centímetros de los oídos. Instintivamente miró hacía todos lados, buscándolo, pero él no estaba por ninguna parte, por lo que pensó que estaba alucinando y continuó jugando con Alice, mientras que Esme y Rosalie se carcajeaban por la graciosa escena que estaban presenciando.

-Hey, cariño… - Dijo nuevamente la voz de Edward en su cabeza, haciendo que callera al suelo, mientras que escapa de su loca amiga que la estaba amenazando con la manguera. – Sé que te estás divirtiendo, pero necesito…

-¡Oh, por Dios! – Se quedó en el suelo, inmóvil y con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Se estaba volviendo loca ¿No es así? ¿Tanto le había afectado el abandono de Edward que ahora escuchaba su voz en todas partes? – ¿Esme?

-¿Estás bien, cariño? – Esme apareció a su lado en menos de un segundo y la ayudó a ponerse de pie. Con cuidado le quitó el barro de los jeans que traía puestos y la acercó a ella para que la mirara de frente. - ¿Qué ocurre, Bells?

-Me estoy volviendo loca. – Respondió sin más.

-Bella, no te estás volviendo loca, cariño…

-¿Loca? – Esme la miró totalmente preocupada. La cara de aflicción de Bella le mostraba lo asustada que estaba. - ¿Puedes explicarte un poco mejor?

-Esto es una estupidez, no estás volviendo loca – Dijo la voz en su cabeza, perdiendo un poco la paciencia. – Tenemos un vinculo ¿Lo recuerdas? Por eso puedes escucharme…

-Sí, definitivamente estoy volviéndome loca. – Miró a Esme y bajando la voz le dijo. – Esme, estoy escuchando a tú hijo en mi cabeza…

-¡Qué no te estás volviendo loca, mujer!

Esme le sonrió como si todo estuviese bien y la guió para que se sentara junto a Rose. Bella seguía mirándola como si de pronto le hubiesen aparecido unas cuantas cabezas y ojos de más, pero aún así Esme no borraba la sonrisa de sus labios.

-Tranquila, Bella. – Dijo mientras acariciaba su mejilla.

-Sí, tranquilízate, cariño. No es para que te dé un ataque o algo así.

-¡Sólo cállate, Edward!

Alice y Rosalie intentaron contener una carcajada, pero les fue imposible, por lo que terminaron carcajeándose a mandíbula batiente. Esme las miró con una mezcla de reproche y diversión, mientras que ella seguía sin entender absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo.

-Está bien, no es necesario reaccionar como un energúmeno, Te veo en casa.

-Niñas, dejen de reírse. Esto no es gracioso, al menos no para Bella. Respeten por favor, si no me equivoco las dos actuaron incluso peor que Bella cuando lo descubrieron. – Dijo Esme, sin poder contener ella misma una pequeña carcajada. Cuando Rose y Alice por fin pudieron controlar su histérico ataque de risotadas, se volvió a mirar a Bella, quien seguía en su lugar, mirándola mortificada. – Edward u tú aún no conversan a fondo ¿No? – Preguntó con el característico tono maternal tan arraigado en ella. – Sería bueno que tú y el necio de mi hijo se encerraran nuevamente en la biblioteca. ¿Cómo pudo olvidar mencionarte algo así? Mis pobres hijos son una manada de lobos…

"No… Son una manda de vampiros cabeza hueca y con un genio increíblemente explosivo… ¡Detestables!"

-Edward es un idiota… - Dijo ella con ganas de defenderse un poco más. Se suponía que él debía decirle todo acerca de su vampírica vida, pero, claro, a él se le olvidaba la parte más importante, como si nada. Ahora ella al parecer tenía poderes telepáticos para comunicarse con él, y definitivamente no era algo que debería habérsele pasado al idiota de su novio. ¡Por poco y muere de un ataque al corazón!

-No soy un idiota, sólo olvide los pequeños detalles. – Un molesto Edward hizo retumbar su voz en su cabeza nuevamente. – ¿Podrías ser un poco más cooperadora y ponerte en mi lugar? Esto también es difícil para mí.

-Te dije que te callaras, Edward. – Si, ahora sí que estaba molesta ¿No era que ya se había callado? Se sentía realmente como una enferma mental hablándole la nada. – Ya salte de mi cabeza de una vez por todas.

Y al parecer esta vez sí que hizo caso, porque no volvió a escucharlo en lo que quedaba de tarde. Esme, amablemente le explicó en qué consistía el vinculo que ahora compartían y respondió cada pregunta que ella tuvo en el lapsus de la conversación.

Así fue como se enteró que al entregarle su sangre por voluntad propia ahora ella era parte de él y gracias a eso, él podría comunicarse con ella, sentirla en cualquier lugar y protegerla si es que algún peligro estaba al asecho.

Eso la tranquilizó bastante. La verdad era que no quería volver a pasar nuevamente por la escenita de la neófita, a pesar de que gracias a eso ella sabía por fin toda la verdad, nunca en la vida había sentido tanto miedo como ese día y no quería volver a repetirlo por nada del mundo.

Cuando Edward por fin volvió a casa ya estaba mucho más calmada. No montó un espectáculo ni nada por el estilo, al contrario, corrió a sus brazos y se encerró con él hasta el día siguiente en su habitación, donde claramente dormir fue lo menos que hicieron.

En esos momentos, mientras paseaba por el jardín de la mansión Cullen, decidió que ya no era necesario darle tantas vueltas al asunto. Las cosas eran lo que eran y no haría nada por cambiarlas.

Estaba buscando a Edward cuando Emmett la tomó por sorpresa y comenzó a dar vueltas con ella a una velocidad que claramente no era muy humana, haciendo que Bella comenzara a reír y luego a marearse. Si jugar con un vampiro era mucho más peligroso que ir con tus amigas a un parque de diversiones, jugar con Emmett era tres veces peor, su gigante profesor de Literatura no era capaz de controlar su fuerza y, al parecer, tampoco su velocidad…

-Ya detente, Em. – Dijo Edward a la distancia. – Estás logrando que Bella se ponga verde.

El "gran oso" como ella lo había apodad, se detuvo en el acto y la dejó sobre sus pies en el suelo, pero su estabilidad no era la mejor en esos momentos por lo que cayó sentada en el piso, logrando las carcajadas por parte de los dos vampiros.

-Ups, Bella, lo siento de verdad. – Dijo el grandulón sin dejar de reírse de ella. Edward se acercó y la tomó en brazos con delicadeza para evitar marearla aún más de lo que y estaba.

-¿Te encuentras bien? – Preguntó preocupado y a la vez divertido. – Prometo no dejar que Em haga esto otra vez.

-No… Creo que voy a devolver la cena…

-Deberías tener más cuidado Emmett. – Lo reprendió. – Vamos a ver si te gusta cuando agarre a tu "osita" y le haga lo mismo. – Amenazó. – Aunque considerando la falta hacía mi mujer, podría hacerlo diez mil veces peor…

-Está bien, lo siento. – Dijo sin dejar de reír. – Pero tienes que reconocer que fue gracioso. Y mantente alejado de Rose, idiota.

Edward negó con la cabeza y comenzó a caminar hacia la mansión, ya vería como vengarse del simpático de su hermano.

Bella se apoyaba en su pecho mientras que mantenía los ojos cerrados.

-¿Te sientes bien, pequeña? – Le susurró al oído mientras ella seguía quietecita entre sus brazos.

-Sigo un poco mareada.

Edward acercó su rostro a su frente y dejó un tierno beso en ella. – Tranquila. Voy a llevarte a nuestra habitación para que te repongas. – Ella solo asintió ante sus palabras y se aferró a él con mayor fuerza. - ¿Quieres que me quede contigo?

Ella levantó un poco la cabeza para poder mirarlo y sonrió. Aún se veía un poco pálida por el susto, pero para él seguía siendo una apreciación divina. – Siempre quiero que te quedes conmigo, Edward.

Se acercó a sus labios y dejó un casto beso en ellos, mientras que subía las escaleras lentamente. Al llegar a la habitación la recostó en la cama con sumo cuidado y luego se recostó a su lado, observando cómo su pecho subía y bajaba con su lenta respiración. Tenía los ojos cerrados y una pequeña sonrisa en sus labios; él pasó sus fríos dedos por su rostro haciendo que ella se estremeciera por el contacto.

-Te amo, Edward. – Dijo bajito, mientras que él seguía acariciándola.

-Como yo te amo a ti, pequeña.

La acercó a su cuerpo y la abrazó, enterrando su cabeza en su cuello para inhalar su delicado perfume. La felicidad de los últimos días era algo que él no cambiaría por nada del mundo, estar con Bella, sentirla suya por completo, era más de lo que cualquier hombre podía llegar a pedirle a la vida y él se sentía como el ser más afortunado por tenerla.

Las horas pasaron en esa habitación, mientras que él la observaba dormir. Era la experiencia más relajante el tenerla entre sus brazos con su calor llenándolo por completo.

Cerca de las diez de la noche ella abrió sus ojos y al verlo acurrucado junto a ella la hizo sonreír. Se acercó a sus labios y lo besó con fervor, con pasión.

Edward no hizo más que recibirla gustoso ante su voraz ataque, abrazándola con fuerza y comenzando a quitarle lentamente la ropa para unirse nuevamente en un solo ser.

Ella no opuso resistencia, no se negó a nada. Solamente se entregó al placer que su vampiro le ofrecía y gritó en sus brazos en el momento en el que su orgasmo y una mordida en su cuello la golpearon haciendo que una feroz ola de placer atravesara por su cuerpo.

Sí, no había duda, estaba en la gloria y esto era vida.

En ese momento se juro así mismo que haría hasta lo imposible por tenerla para toda la eternidad junto a él. Estarían juntos por siempre costara lo que costara.

En la oscuridad de la noche, en la oscuridad de un gran despacho, él se encontraba mirando como la quietud de la noche envolvía todo a su alrededor. Las cosas no estaban saliendo como lo había planeado y eso lo tenía realmente nervioso, ansioso.

Sus compañeros de armas estaban cada vez más molestos y gracias a la molestia de uno en particular es que todo había salido mal la última vez, por poco y la matan…

Tenía que tener sumo cuidado desde ahora en adelante. Su "plan perfecto" solo había logrado unir más al vampiro con Isabella y él no podía permitir eso… Lo había prometido.

Si algo le pasaba a la chica, estaba seguro que ella lo mataría por eso. Isabella debía estar junto a ellos sana y salva, pero sabía que los planes de su querido amigo no eran esos, él quería dañar a los Cullen lo más que pudiera y matar a la chica sería solo el comienzo. Tenía que deshacerse de él antes de que las cosas se pusieran aún peor de lo que ya estaban.

Nunca debió aliarse con James. Ahora sabía eso y mucho más. Odiaba la idea de matar al vampiro que lo había acompañado por tantos años y que se había convertido en un amigo incondicional para él, pero a estas alturas no tenía más remedio.

Haría cualquier cosa con tal de no dañarla a ella…

Suspirando con pesar se alejó de la ventana y se sentó sobre su escritorio. Su corazón y su cabeza se encontraban divididos en una batalla que no parecía tener fin, y dolía; dolía como nunca imaginó que lo haría.

¿Qué era más importante en ese momento de su vida? ¿El amor incondicional por la mujer que nunca pensó encontrar en su eterna vida, pero que aún así ahora lo acompañaba como su fiel compañera hasta el final de los tiempos? ¿O era más importante la amistad incondicional e inquebrantable de su hermano de armas que por tanto tiempo cultivó con esmero y cariño?

¿Qué valía más?

Tapó su rostro con sus manos, desesperado. Él debía encontrar una solución al problema antes de que fuese demasiado tarde. No podía permitir que el tiempo siguiese avanzando, que el lazo entre Edward e Isabella siguiese creciendo, y a estas alturas estaba seguro de que él por lo menos ya había probado su sangre…

No faltaba mucho para que la pequeña Isabella se transformara en un vampiro.

Volvió a ponerse de pie y como un animal enjaulado se paseó por toda la oficina, esperando que su cabeza comenzara a trabajar más rápido. A cada minuto que pasaba se volvía más y más loco pensando en una solución que no dañara a ninguna de las partes, pero siempre regresaba a la más confiable de todas.

Matar a James.

Se odiaba por ello, pero no veía ninguna escapatoria ante esto. Era él o ella y fuese como fuese la elegiría a ella, por sobre todas las cosas. No estaba dispuesto a vivir una vida miserable como la de James, no podía perderla por nada del mundo, antes preferiría morir y ella solo le había pedido algo tan sencillo, si él hubiese actuado rápido Isabella jamás hubiese conocido a Cullen, jamás.

"Devuélvemela, tráela a mis brazos por favor, ella es lo único que me falta para ser completamente feliz… completamente feliz a tu lado…"

Y él no había podido negárselo, ya que había sido él el que la había alejado de ella, el que le había impedido verla crecer, disfrutarla…

No. No podía volver a defraudarla de esa manera. La había visto sufrir por demasiados años, mi entras que esperaba por ella.

La decisión estaba tomada. Le dolía. Sí, lo hacía y era horrible el sentimiento, pero lo que sentía por ella era mucho más fuerte.

Lentamente se acercó al teléfono que estaba en su escritorio, temiendo que el aparato dictara su sentencia de muerte y en este caso la sensación que tubo al levantar el auricular y comenzara a marcar, se acercaba mucho a eso.

Los segundos avanzaron lentamente mientras que solo escuchaba el pitido del teléfono al intentar establecer conexión. Si él fuese humano, juraría que en esos instantes estaría sudando o llorando, pero su condición de inmortal le impedía a su cuerpo demostrar su angustia y su dolor de manera física.

En el momento en que descolgaron desde el otro lado su cuerpo se tensó por completo.

-¡Hey jefe! – Saludó la voz masculina desde el otro lado de la línea. – Es un poco tarde para llamar ¿No cree?

-Lo sé y lo siento, pero necesito tu ayuda.

-No suenas bien ¿Ocurre algo malo?

Dejó escapar un tormentoso suspiro antes de volver a hablar. Esas serían las palabras que más le costaría pronunciar en lo que llevaba de vida.

-Necesito que estés a primera hora en mi oficina, Jacob.

-Claro, no hay problema en eso… - Jacob sabía desde el momento en el que descolgó el teléfono que las cosas no estaban bien y eso lo puso nervioso al instante ¿Le habría pasado algo a Isabella? - ¿Vas a contarme que sucedió?

-Es hora de deshacerse de James, Jacob. Lo siento. – Sin esperar respuesta alguna, trancó la llamada y se dejó caer al suelo.

"Perdóname… Lo siento, de verdad que lo hago"

Por su cabeza pasaron todos los recuerdos de los años que habían compartido, todos los sacrificios que tuvo que hacer para sacarlo del estado catatónico en el que lo encontró luego de perder a Victoria. Las imágenes de todas las veces en las que disfrutaron de la matanza indiscriminada de jóvenes y deliciosas humanas que no dudaban en ofrecer sus cuerpos y sus vidas ante ellos. Todo.

Pero él había cambiado en el momento en el que ella llegó a su vida como un huracán derrumbando todo a su paso, llenándolo por completo e impidiendo que algo o alguien más ocupasen su vida. Ella lo era todo, ella lo abarcaba todo y no había nada malditamente en el mundo más importante que ella y su hermosa sonrisa…

Tenía que planearlo todo de la mejor manera posible. Si algo llegaba a salir mal, no sólo podría perder la v ida de Bella, sino que también la de la mujer más amaba en el mundo.

Comenzó a caminar por su despacho, pensando en cómo actuar desde ahora en adelante. James no podía notar nada extraño y además, debía cuidar de que él no volviese a acercarse a Isabella a como diera lugar.

Se apresuró nuevamente hacía el teléfono con la intención de hacer una llamada que quizás le costaría muy caro, pero que sabía que sería la única esperanza que tenía, la única manera de que James no sospechara absolutamente nada de lo que estaba pasando, o más bien, de lo que pasaría con él dentro de poco tiempo.

Comenzaba a marcar el número cuando sintió una presencia demasiado conocida para él, la cual hizo que cada célula de su cuerpo reaccionara instintivamente.

La puerta de su despacho se abrió, dejando ver a una hermosa mujer que no aparentaba más de veintiséis años. Su pálida piel contrastaba con su delicada vestimenta invernal.

Sus ojos azules chocaron con los de él y una preciosa sonrisa iluminó el rostro de la mujer, haciendo que se viera aún más perfecta de lo que ya era para él.

-Te extrañé, cariño. – Dijo ella con una melodiosa voz, rompiendo el silencio en aquel frío despacho.

Él se acercó a ella lentamente para así poder rodear su cintura con sus brazos y atraerla hacía su cuerpo para devorarla con un apasionado beso.

Sus manos se perdieron por las hebras de su largo pelo castaño claro, aferrándose a ella como si su vida se fuera en un instante. La mujer gimió en sus labios y lentamente sus manos viajaron a los botones de su camisa para desabrocharlos sin prisas.

Él se separó de sus labios y la miró con hambre. Había pasado casi un mes lejos de ella y no había día en que no le doliera el cuerpo por la lejanía. Su sola presencia hacía que él volviera a respirar normalmente y sin sufrimiento.

Pero la distancia era necesaria entre ellos si querían conseguir a Isabella y ambos lo sabían.

Ella le sonrió con picardía y se aferró a su cuerpo con fuerza, como si temiera que algo lo alejaría de ella nuevamente.

-Sé que no debí venir, pero ya no podía soportarlo más… - Susurró contra su pecho. – Estar separados no nos hace bien. Duele.

Él acarició su cabello con cariño y devoción. Enterró su nariz en él y aspiró con fuerza. Si. Dolía tenerla lejos, pero ahora que estaba nuevamente entre sus brazos era como volver a renacer de entre las llamas del infierno.

-Sabes que es peligroso que estés aquí. – Dijo él alejándose un poco para poder mirarla. – Si James lo sabe yo…

Ella puso su dedo índice sobre sus labios para callarlo.

-Lo sé.

Su mirada se dulcificó en ese instante. ¿Qué importaba James ahora? Nada. En este momento solo ella era importante. Sabía que por la mañana debería dejarla ir de nuevo y aprovecharía cada momento de esa larga noche para embriagarse con su perfume y perderse en su piel.

Besó su frente y volvió a abrazarla.

-¿Dónde está ella?

Se congeló en su lugar. No podía decirle las cosas que habían pasado durante todo este tiempo. Si se enteraba que ella estaba con un vampiro… No, no podía decírselo, pero sabía que ella insistiría hasta el último momento.

-¿Ella?

La mujer levantó una perfecta ceja, mientras que sus dulces facciones se tornaban duras y lo miraba con recriminación.

-Quiero verla. Ahora. – Demandó.

Él no pudo hacer nada más que suspirar. Sabía que más temprano que tarde tendría que pasar por esto, y que luego de soltarle toda la verdad se vería a si mismo en medio de fuego cruzado.

Pero era algo que debía hacer a pesar de lo que él considerara correcto. No podía negarle nada.

-Ella está en la mansión Cullen, cariño. – Dijo sin dejar de mirarla. – Ella está con Edward Cullen.

-¿Cómo pudiste permitirlo? – Gritó la mujer. No podía ser, Isabella no podía estar con un vampiro. – Dijiste que no dejarías que eso pasara… Tú lo prometiste.

La desesperación marcaba su hermoso rostro y él no pudo hacer nada. Sabía que si se acercaba a ella en este instante lo desmembraría de la manera más dolorosa que encontrara.

-Lo siento. De verdad lo siento, pero no puede hacer nada para evitarlo. – Contestó. – Ella lo ama…

-¿Qué ella lo ama? – Se lanzó contra él y comenzó a golpear su pecho con fuerza. Si él fuese humano de seguro su corazón ya se habría detenido con la rudeza de sus puñetazos. - ¿Por qué no la alejaste de él? ¿Por qué dejaste que esto pasara?... ¿Por qué?

Él la abrazo nuevamente, esperando que su abrazo la calmara un poco.

-Lo siento… - No quedaba nada más que decir, el daño ya estaba hecho, sólo quedaba buscar una solución para que su mujer volviese a sonreír de nuevo. – Te prometo que haré hasta lo imposible por recuperarla, te lo prometo.

Ella levantó su mirada hacía él. Su pena era claramente visible y eso lo desgarraba por dentro.

-Tranquila. Isabella volverá junto a ti, junto a nosotros. – Besó nuevamente su frente y le sonrió, intentando darle ánimos. – Te lo juro por mi vida… Renné.


Simplemente gracias por leer! Nos vemos en la próxima actu, la cual espero que sea pronto... Haré hasta lo imposible por encontrar tiempito para escribir...

Muchos cariños!

Nos leemos en los reviews =)