N.A: Esta historia va a ser una serie de diez drabbles, o viñetas, o one-shoots, como los queráis llamar, inconexos como un reto hecho por unas amigas. Probablemente va a haber mucho humor, crack y situaciones disparatadas y puede que en algún capítulo sexo, pero lo avisaré para mentes inocentes. Os dejo abajo la lista de personajes y... ¡que disfrutéis leyendo!

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Laura Gallego, yo sólo los utilizo con fines lúdicos y totalmente sin ánimo de lucro.


Personajes

1 Rando

2 Shail

3 Jack

4 Gerde

5 Kirtash

6 Kimara

7 Ashran

8 Kestra

9 Alsan

10 Victoria


5 (Kirtash) Va al supermercado.

La vida de Kirtash era un completo caos. Nunca había sido lo que se conoce como normal, y más teniendo en cuenta que ni siquiera era del todo humano, pero en las últimas semanas era aún más extraña.

Regresaban a casa.

No pudo evitar una media sonrisa muy humana cuando sintió abrirse el tejido interdimensional de la Tierra. Llevaba mucho tiempo sin ver a Victoria, algo más de un año, y su parte humana la añoraba con todas sus fuerzas.

Lo que no entendía era por qué sintió a cuatro personas cruzar la Puerta y materializarse en la Tierra. Había contado con Victoria y por supuesto con el pequeño Erik, con lo que Jack también iría pero ¿otra persona más?

Al shek sólo se le ocurrió que podrían haber traído a Shail el mago. Aunque le extrañaba que dejase a Zaisei en Idhún.

Por eso su cara de estupor fue auténtica cuando vio a Victoria con un bebé en brazos. Esta se le entregó con una sonrisa en los labios y Kirtash preparó una torpe cuna con sus brazos, sin poder pensar.

Justo al mismo tiempo que Victoria abría la boca para explicarlo, el bebé se despertó al sentir la fresca presencia del shek y abrió los ojos, mirándole fijamente.

Debería haberlo supuesto cuando sintió a una cuarta persona cruzar la Puerta, debería haberlo sabido cuando el bebé, la niña, no rompió a llorar nada más colocarla en sus brazos, debería haberlo sabido por la expresión burlona de Jack ante su cara.

Pero lo supo cuando sus ojos azul hielo se abrieron y se clavaron en los suyos.

– Es tu hija – dijo Victoria – Eva Luna.

Pero volviendo al tema que íbamos y obviando las burlas de Jack, secundadas por Erik, sobre la cara que puso en ese momento y cómo no podía evitar babear ante su pequeña, la vida de Kirtash había cambiado desde que la familia llegó. Ellos vivían en la casa de Allegra, la abuela de Victoria, que se había mantenido en pie aunque con mucho polvo durante los años que estuvo deshabitada y Allegra dejó en herencia a su nieta adoptiva. Kirtash normalmente vivía en su apartamento en Nueva York, pero no se había podido resistir a vivir esas semanas con Victoria y su pequeña, así que de momento era uno más de la familia. Por eso, tenían que repartirse las tareas del hogar.

A Kirtash le tocaba hoy ir a hacer la compra.

Kirtash nunca había ido al supermercado, simplemente compraba lo que necesitase, no iba con el carrito por un supermercado lleno de señoras que le miraban con una mezcla de curiosidad, extrañeza y deseo.

Pero eran órdenes del planning de reparto de tareas, órdenes de Victoria, a efectos prácticos, así que Kirtash, armado con una larguísima lista de la compra para una familia, conducía el carrito por los pasillos repletos de productos, muchos de ellos ni siquiera sabía para qué servían.

Lo primero de la lista, los cereales. El pequeño Eric desayunaba leche con cereales y Jack también se había aficionado a desayunarlos con él.

– "Chococrispis"... ¿Cuáles serán? – murmuraba Kirtash ante la enorme estantería de diferentes tipos de cereales. Encontró cereales de todo tipo, de miel, de copos de avena, de arroz inflado, para dieta... – All Bran... A Victoria no le vendrían mal estos...

Así que los echó al carro. Total, en el dibujo salía una mujer con el vientre totalmente plano y Victoria, después de los dos embarazos no había recuperado la figura de antes... Por fin encontró los cereales de chocolate, que no eran pocos, y los chococrispis en particular. Al momento entendió por qué Jack y Erik habían insistido tanto en que comprase esa marca, regalaban una figura de un dragón. Con un pensamiento maligno y un tanto infantil, dejó en su sitio la caja y cogió otra cualquiera de cereales de chocolate. Mucho mejor comprar Chocapic, regalaban una mini pistola de agua...

Y ahora lo más importante, los pañales. Por mucho que Eva fuera su hija era imposible que hubiera heredado de él esa increíble velocidad para manchar pañales, seguro que eso lo había sacado de Jack.

Pero había decenas de tipos de pañales diferentes: Huggies, Dodots, Pañalísimo, NoMásPipí... Gracias al Séptimo, o quizá por su maligna influencia una dependienta, que le vio muy perdido, se ofreció a ayudarle.

– ¿Puedo ayudarle en algo?

El instinto shek se activó para evitar una situación embarazosa.

– Quiero pañales.

– Eh... – la dependienta titubeó – ¿son para un bebé o son para... ¿usted?
– Son para mi hija.
– Bien, ¿y qué edad tiene?
– Pues... – y entonces fue cuando le tocó a Kirtash dudar. No se le había ocurrido preguntarle a Victoria cuánto tiempo tenía la pequeña – ¿y eso importa?

La dependienta parecía azorada.

– Claro, para saber qué tamaño elegir...

Kirtash se puso a echar cuentas con todos los datos que tenía. Un embarazo son nueve meses terráqueos, pero los meses en Idhún eran más largos, y los días también y no sabía cuánto tiempo había pasado en Idhún. La última vez que fue a ver a Victoria fue hace un año y un mes, claro que también podía haber estado embarazada antes y no haberlo sabido ninguno de los dos... Y aún así el tiempo seguía siendo diferente en los dos mundos... No tenía ni idea.

Entonces el instinto shek de Kirtash desapareció por completo para dar paso a la inmensa estupidez humana y, haciendo el gesto con las manos, dijo:

– Es una cosa así.

La dependienta no pudo evitar reírse. Cuando fue a ayudarle sabía que se trataba de un padre primerizo, pero que llegara a tanto...

– Pues la verdad es que no puedo decirle cuál llevarse...

El padre, enfadado, cargó el carro con un montón de paquetes de pañales diferentes al menos alguno servirá... y se marchó hacia la caja, dispuesto a no comprar nada más, cuando una vocecilla le dijo a la dependienta:

– Mi hermanita Eva tiene siete semanas.

Kirtash se giró y vio a Erik con la dependienta y el dragón, medio escondido tras la torre de potitos, riéndose a carcajadas.

– Maldito dragón...


¿Qué os ha parecido? Acepto todo tipo de críticas y elogios pero os pido que si habéis llegado leyendo hasta aquí, me dejéis un review.