Disclaimer: Los personajes y escenarios no me pertenecen en absoluto, son propiedad de una encantadora mujer que todos adoramos, por tanto no tengo ningún ánimo de lucro al hacer esto.

N.A: Cuarto mini-capítulo de la serie de retos, dejaré el reto al final para no desvelar el misterio del capítulo ahora. Aviso, es lo más absurdo que he escrito nunca y acaba de salir de mi mente como quien casca un huevo, así que disculpad si daña vuestras mentes.

−Resulta, Alexander, que estoy embarazada.

−Vas a tener −dice él despacio, como si las palabras tardaran en llegar a su cabeza− un hijo… un bebé. Es hijo de Jack, ¿no?

Ella se ruboriza levemente y baja la cabeza.

−Bueno, la verdad es que… No sé muy bien quién es el… de quién es el niño. –responde sonrojada, con una mano sobre su vientre. Aunque estaba mintiendo. Sabía perfectamente quién era el padre de la criatura que estaba esperando, pero no era algo que Alexander pudiera asimilar.

Todo venía de una muy larga historia días atrás.

En la época de oscuridad que pasó tras la muerte de Jack sólo había una persona que había podido entender parte de la desolación que ella sentía. Esa persona no había perdido a su pareja, había perdido todo lo que tenía, salvo a sí misma, pero había cambiado tanto que ya ni utilizaba su anterior nombre. Había perdido su hogar, su familia, sus suntuosos vestidos y sus uñas perfectas, su tez pálida de noble y su dignidad. Había perdido las fuerzas, la esperanza y el único apoyo que le quedaba, la única persona en la que podía confiar había sido convertida en un monstruo que había intentado matarla.

Ahora sólo tenía fuerzas para alzar el vuelo y luchar, intentando llevar a otros la esperanza que ella había perdido, convirtiendo el odio en el principal motivo de su existencia.

En cierto modo ambas se parecían bastante. Por eso, antes de partir en busca del asesino de Jack habían pasado tiempo juntas, conociéndose, intercambiando algunas palabras o, casi siempre, contemplando la nada, sumidos en sus pensamientos.

Cuánta pena y desolación en tan sólo dos jóvenes, ¿verdad? Pero dejemos a un lado la tragedia, porque había un pequeño problema que solucionar.

−Victoria, ¿quién es el padre? –las facciones de Alexander, ya alteradas a la titilante luz del báculo parecieron volverse aún menos humanas de lo que eran al descubrir que la chica unicornio mentía− ¿No será la serpiente? ¡Ha matado a Jack, Victoria!

−¿Ese bastardo? No, a Kirtash lo mató Ashran antes de que pudiera acercarme a él, Jack ya ha sido vengado –la sencillez con la que dijo eso debía haber alertado al antiguo príncipe de que sucedía algo raro, pero parecía no enterarse, quizá el encierro en las montañas lo estaba dejando alelado−. Resulta que el bebé es de una persona que… bueno, ahora está muerta. Pero la conocías.

−¿Alguien que conozco? – preguntó extrañado− ¿No será hijo de Shail? No, eso no puede ser… Shail está enamorado de Zaisei –se sumió en profundas reflexiones, rumiando palabras sueltas mientras se mordisqueaba los dedos que le quedaban hasta que levantó la cabeza, mirando con horror la ya prominente barriga de Victoria−. ¡Es hijo de Qaydar!

A Victoria aquella afirmación la dejó simplemente planchada, incapaz de responder, pero no hizo falta porque Alsan se había levantado y caminaba en círculos en el interior de la cueva, furioso.

−¡Lo sabía, lo sabía! No paraba de decir que había que controlar al unicornio, que había que atar la magia. Que la magia no se podía poseer pero que eras el último unicornio. Todos le decían que tenías que ser libre pero no ha parado, no ha parado, Y no ha parado hasta que ha conseguido lo que quería ¡poseer al unicornio!

A lo lejos se escuchan unas carcajadas que, por el sonido, parecían pertenecer a un mago cojo nacido en Nanetten.

−No, no es de Qaydar. ¡Por favor, Alexander! Jamás caería tan bajo. El caso es que… te va a chocar un poco, pero el bebé es de Asdfghjk.

−¿Perdón?

No debía haber escuchado bien, seguro que pasar tanto tiempo solo le había hecho perder algo de audición.

Asdfghjk.

No, debía ser un error.

−Victoria, ¿quieres hablar claro de una vez?

−Voy a tener un bebé de Kestra, Alexander, ella es el padre.

Transcurrió un minuto de completo silencio en la cueva.

−No lo entiendo.

−Ya, bueno− intentó explicarse Victoria−, yo tampoco lo entendía al principio. Ya sabes que ella era la princesa Reesa de Shia y su hermana Alae sufrió un experimento de nigromancia por Elrion− el lobo no tan interior de Alexander movió el rabo ante la mención de su antiguo dueño−. Pues también experimentó con ella aunque fue… diferente. Verás, en la Tierra eso es algo más común y la gente lo contrata en una clínica de cirugía estética. Kestra tenía pene –se sonrojó al decir la palabra−, no desde que nació, sino como parte de un experimento de magia oscura.

Victoria se mantuvo alerta ante la mirada perdida y un tanto enloquecida de su amigo

−Dices que Reesa de Shía… la princesa Reesa de Shia… tenía pene. Te ha dejado embarazada… Que los dioses nos amparen –ella se calmó un poco al ver su abatimiento, señal de que no iba a atacarla, pero levantó la mirada, con una extraña sonrisa ladina−. Así que ella, también es él… Curioso. Parece, Victoria, que te van los híbridos más de lo que pensábamos, ¿no?

Había pocas cosas capaces de aterrorizar de esa manera a un unicornio, al último unicornio. Victoria vio esa sonrisa lobuna, enseñando los dientes, los dedos como garras, los ojos amarillentos… y echó a correr.

Echó a correr apenas unos instantes antes de que el que ya no sería nunca príncipe de Vanisar se lanzara en pos de ella, sonriendo, preso de la locura del lobo, de la magia negra o tan sólo de su propia mente. Ella corría gritando, pidiendo ayuda, tratando de llamar la atención de cierto mago cojo procedente de Nanetten que se hallaba en el exterior de la cueva.

−¡SHAAAIIIL! ¡AYUDA! ¡ALSAN QUIERE PROFANARME EL JUJU!


Segundos después fue como si un cubo de agua fría le cayera encima, despejándole.

−¡Alexander! ¿Estás ahí?− él tan sólo respondió con un gruñido a la llamada del que fuera su mejor y único amigo en los años de exilio− ¡Soy Shail! ¡He vuelto, como te prometí! ¡Y he traído conmigo a Jack!

−¡Lárgate de una vez! ¡Estoy harto de que me tortures con mentiras y falsas esperanzas!− gritó él.

Hubo un momento de pausa, entonces apareció una luz titilante, como de una antorcha, sólo que procedía de una espada... una espada que portaba un muchacho que se parecía demasiado a Jack.

Otra vez habían comenzado las alucinaciones.


4. 10(Victoria) se queda embarazada de 8 (Kestra) y 9 (Alsan) se entera.

Bien, esto ha sido todo. Sé que es muy muy extraño, por eso quiero que me deis vuestra opinión. ¿Trato? Nos leemos en un review.