Stupid me says: Bueno, este es es el último capítulo de esta pequeño fic que sólo sirvió para satisfacer mi necesidad de lemon *su sinceridad*. Aún así quiero agradecer a todos los que se tomaron el tiempo de leer esto y además darme un review. Me hacen feliz y además me dan más ánimos de escribir. No me alcanzan las palabras para agradecerles, así que sólo haré algunas reverencias y ya.

Alguien me ha pedido un Crossover entre D Gray-man y No. 6, más específicamente, un fanfic con Yullen y Nezushi. Yo me apunto, por supuesto, pero no sabría muy bien cómo combinar dos universos que están a más de cien años de distancia, literalmente *risita*. ¿Alguna idea? Díganmela, por favor. En fin, disfruten este último capítulo que espero que no esté tan OOC y que nadie muera por shock diabético. Muchas gracias otra vez.

Advertencias: Aún más cursilerías. Mi headcanon insertado aquí como si no pasara nada, je. El uso de algunas frases de la novela porque yo lo valgo.

Rating: T

DISCLAIMER: No 6 no me pertenece, le pertece a esa diosa llamada Atsuko Asano. Yo sólo trato patéticamente de escribir.

Ventana abierta

Parte 3: Para siempre

Nezumi se había ido.

Prácticamente saltó de la cama a pesar de que el dolor le paralizó por unos segundos. Sabía que era extraño estar feliz por sentir ese dolor, sobre todo porque no había otra prueba de la presencia de Nezumi, de que tan siquiera hubiera estado ahí.

Incluso encontrarse sus sábanas manchadas de semen no eran de mucha ayuda más que para hacerle sonrojar. Bien podría ser su propio semen, derramado luego de complacerse a sí mismo, no sería la primera vez que se quedaba dormido después de eso, aunque usualmente prefería limpiarse. Incluso buscó alguna mancha de sangre, pero al parecer no había nada que corroborara su molestia.

Poco a poco empezó a sentirse más ansioso, desesperado porque no tenía idea de qué había pasado. Estaba seguro de que había visto a Nezumi la noche anterior. Lo había tocado, abrazado, besado, incluso se había entregado a él. Habían hecho el amor como lo había deseado desde hacía mucho tiempo. No podía ser que todo hubiera sido una alucinación, que el dolor físico no fuera sino un engaño de su propio cerebro para ayudar a engañarse a sí mismo. Conocía instancias en las que la mente podía hacer enfermar e incluso hacer sangrar a las personas si éstas creían de verdad las circunstancias que las vinculaban a ese sufrimiento personal. ¿Podría ser que a él también le estuviera pasando eso? Nunca se consideró fácilmente sugestionable, siempre había podido diferenciar bien la realidad de la fantasía, aún y cuando había pasado gran parte de estos últimos cuatro años soñando despierto. No podía ser que lo que había pasado anoche hubiera sido producto de su imaginación, de una mente al fin enloquecida por dedicar tanto tiempo de su vida a una causa que para cualquiera parecería perdida.

Pero tenía que recuperar la cordura, ponerse firme y analizar las cosas fríamente. Tenía que haber una explicación de lo que estaba pasando, otra que no fuera que había sido completamente abandonado otra vez. La tercera vez que Nezumi le dejaba, la segunda en la que ni siquiera se despedía.

Pasó por su mente ir a buscar su botiquín de primeros auxilios. Recordaba perfectamente que Nezumi se había llevado el botiquín cuando se había ido la primera vez, cuando tenían doce años. Pronto razonó que era una tontería pensar que Nezumi se robaría de nuevo algo como eso, considerando que ya no debía ser tan difícil para las personas que no vivían en No. 6 como antes. Después de todo, el muro ya no existía, los servicios médicos eran para todos, o al menos era parte de su trabajo que así fuera. Nezumi no había tomado nada más que su cuerpo.

Sin embargo, pronto recordó algo, sobresaltándose porque no se había percatado antes de esa ausencia.

- ¿Tsukiyo? - llamó al ratón, aunque con una voz tan baja que era probable que no le escuchara.

Estaba acostumbrado a que el pequeño ratoncito gris oscuro le despertara todas las mañanas cuando se le hacía tarde, así que no verlo a su lado le asustaba aún más. ¿Acaso se había ido también? ¿Acaso Nezumi se lo había llevado, quitándole lo único que tenía de él, reclamando lo que después de todo le pertenecía?

Su respiración empezó a agitarse, cada vez más cercano a un ataque de ansiedad como no lo había sentido en muchos años. Quería llamar a Tsukiyo en voz más alta, pero un nudo en la garganta le impedía incluso respirar con normalidad. Además, su cerebro aún se debatía entre creer si estaba soñando ahora mismo o si el sueño ocurrió por la noche.

Entonces se dio cuenta de que tenía puesta la ropa interior aún y cuando estaba seguro que se había quedado dormido totalmente desnudo. No solía dormir de ninguna de las dos formas. Procuraba siempre ponerse su pijama antes de dormir, pero muchas veces terminaba cayendo rendido con su ropa de trabajo. El caso era que ninguna de las dos estaba a la vista, ni siquiera porque recordaba que su ropa había terminado en el suelo, mojada, descartada porque no era necesaria en lo que vendría. Las cosas tenían cada vez menos sentido. Se llevó ambas manos a la cabeza, intentando una vez más poner sus pensamientos en orden.

Repentinamente escuchó un ruido.

Se sobresaltó tanto que estuvo a punto de gritar, pero la ansiedad y curiosidad era mucho más fuerte que el miedo que podría sentir por lo desconocido. Siempre había sido así, ignorando el peligro para satisfacer su necesidad de mirar de cerca todo lo que llamaba su atención. Aunque esta vez no era sólo el querer saber.

Bajó corriendo por las escaleras, sin importarle que no traía nada más que la ropa interior puesta. Le daba igual, podría andar desnudo para enfrentarse a aquello que le era desconocido. Porque tenía la esperanza. Una ligera esperanza. Tenía que ser él, por favor.

Casi se tropieza cuando vio a Tsukiyo corriendo hacia él. Por unos segundos pensó que iba a pisarlo, pero el ratón siempre había sido demasiado hábil para esquivar ese peligro constante. Se alegró de ver al ratoncito, sintiéndose un poco aliviado por saber que al menos tenía esa compañía y que no se había quedado solo por completo. Sin embargo, otra parte de él le hacía sufrir indescriptiblemente. Ese ruido que había escuchado pudo ser ocasionado por Tsukyo al corretear por ahí y tirar algo por accidente. La esperanza que había tenido se esfumó rápidamente, tanto que casi se puso a llorar.

Por suerte, Tsukiyo le distrajo al correr en círculos delante de él, como si le reclamara por no traer ropa por la cual poderse trepar. Se sintió avergonzado por primera vez, tanto que iba a pedirle disculpas al pequeño ratón, cosa que haría si es que su voz se decidiera a volver. Por eso se puso de cuclillas, levantando a Tsukiyo con las manos para tenerlo más cerca de él. No había sido abandonado.

Tsukiyo empezó a chillar. Ese tono lo conocía: era el que le decía que se apurara porque se había hecho tarde. Pero era obvio que ya se le había hecho demasiado tarde como para llegar a tiempo al trabajo, así que las advertencias del ratón realmente no servían de nada. Era raro encontrarse con que el más confiable despertador del mundo fallara. Tragó saliva, intentando aclararse la garganta para preguntarle al pequeño por qué se había tardado en llamarlo.

Escuchó otro ruido.

Se quedó paralizado, apenas dándose cuenta de que Tsukiyo había saltado de sus manos hacia el suelo, que le había llamado otra vez parándose en dos patitas, haciendo ese chii chii una y otra vez. Fue hasta que se decidió a dar unos cuantos pasos que Tsukiyo pareció darse por satisfecho, pues había echado a correr por donde había venido. Shion, en cambio, se estaba tomando su tiempo. Lento, cauteloso, algo que definitivamente no era mucho como él. No sabía por qué sentía tanto miedo de nuevo. Sin embargo, a pesar de que estaba temblando, no se detuvo hasta que estuvo en la cocina.

Un aroma dulzón le llenó por completo. Chocolate, olía a chocolate. Y a tarta de cerezas.

- Me sorprendes. Pensé que no podrías levantarte de la cama.

No se movió un un milimetro, intentando procesar lo que veía frente a él. A quien veía.

- Metí tu ropa y la mía a lavar, espero que no te moleste. No estoy muy habituado a aparatos tan modernos, así que si se arruina será culpa tuya por no despertarte cuando te llamé la primera vez.

Entreabrió los labios, pero fue incapaz de decir nada.

- Y, no me jodas, no tienes nada para comer aquí. Eso explica por qué sigues siendo tan flacucho - Shion parpadeó un par de veces, aún sin moverse -. Quizá ahora prefieras el café, pero el chocolate me pareció adecuado. Sigues siendo un niño, aún guardando chocolate pero sin preocuparte por comida de verdad. Parece que no has aprendido la lección.

Se sobresaltó cuando sintió que el otro se había acercado lo suficiente como para sentir su calor corporal.

- ¿Shion?

Al fin elevó la mirada, enfocándose en esos ojos grises que le veían con absoluta confusión. Nezumi traía el cabello recogido otra vez, pero no fue eso lo que más le llamó la atención. Era que la ropa que Nezumi traía puesta era la parte inferior de su pijama, uno que claramente le venía pequeño; y la bata que usaba para ir a trabajar, esa que de todas formas le quedaba grande y en Nezumi parecía casi perfecta. O quizá era tan sólo el morbo de saber que Nezumi estaba usando su ropa. Sólo que ni siquiera estaba teniendo pensamientos sucios. Nada más le seguía viendo, como si quisiera grabarse esta visión para siempre, asegurarse de que esto no era una alucinación.

- ¡Shion! - volvió a dar un pequeño brinco, aunque esta vez fue porque Nezumi le había tomado de uno de sus brazos - Se supone que ya pasamos por esto ayer. Empiezas a asustarme de verdad.

- Eres...

Guardó silencio por unos segundos más, los suficientes como para que Nezumi aflojara el agarre en su brazo.

- Eres muy atractivo, Nezumi.

Parpadeó notoriamente cuando el otro al fin lo soltó para echarse a reír, dejándole confundido porque no había dicho ninguna broma. Era toda la verdad. Sólo Nezumi podría lucir tan guapo con una bata y pijama, nada más él podían hacerlos lucir como si fueran el traje más elegante que pudieras encontrar.

- ¡Sigues siendo un buen comediante! Venga ya, Shion. Deja de presumir que aún tienes tan poco vocabulario y vamos a comer al-...

Se había alarmado tanto cuando Nezumi hizo el ademán de darle la espalda que prácticamente saltó sobre él, abrazándolo con fuerza. Era irónico que esta vez sí había logrado mandarlo al suelo, algo que no había hecho con ninguno de sus golpes. También él había terminado en el piso, sobre Nezumi, algo que al parecer había asustado tanto a los ratones porque podía escuchar sus chillidos a su alrededor a pesar de que tenía su rostro hundido en el pecho del más alto. Ahora debería de pedirle disculpas a Nezumi por tirarlo así, preguntarle si no se había lastimado, agradecer que no habían caído sobre una silla o la mesa porque podría haber sido peor. Pero sólo se quedó callado, oyendo a los ratones y, más importante, el latido del corazón de Nezumi.

Podía sentirlo también. Estaba vivo. Esta era la prueba de que de verdad estaba vivo.

Que estaba ahí con él.

- Mhm. Eres tan idiota, Shion.

Abrió los ojos, sorprendido, cuando sintió la mano de Nezumi acariciando su cabello. Pensaba que le iba a reclamar por haber hecho algo tan tonto y peligroso como eso. Tomó aire, esperando no hiperventilar porque quedaría aún más en ridículo por su comportamiento infantil.

- P-pensé que... que...

No había tenido éxito, evidentemente.

- ¿Que me había ido?

Pasaron unos segundos en silenio. Asintió. Quiso decir algo más, pero no salió ningún sonido de su boca.

- ¿Debería de golpearte para comprobar de una vez por todas que de verdad estoy aquí?

Por alguna razón esa pregunta le hizo sonreír. No había necesidad de la violencia. Ya había comprobado, así como cuando Nezumi le había hecho tocar su pecho para demostrarle lo único importante. Además, no es como si estuviera de humor para discutir o pelear, no cuando estaba tan cómodo en el pecho de Nezumi, con él aún acariciándole el cabello de una forma tan relajante que le invitaba a quedarse dormido otra vez.

Sin embargo no puede quedarse mucho tiempo ahí, no sólo porque seguro que estaba molestando a Nezumi, sino porque los ratones estaban haciendo cada vez más ruido. Se levantó poco a poco, quedándose sentado en el suelo, observando atentamente cómo Nezumi se ponía de pie luego de frotarse la cabeza, visiblemente adolorido. De nuevo estuvo dispuesto a disculparse, pero Hamlet, Cravat y Tsukiyo le habían rodeado, apoyando sus patitas en su piel desnuda. Recordándole que sólo llevaba ropa interior y nada más. No tuvo tiempo de sonrojarse hasta escuchar a Nezumi.

- Te lo dije, intenté despertarte. Pero estabas dormido tan profundamente que ni siquiera te inmutaste cuando te limpié para ponerte algo encima. Asumo que esa es tu manera de decir que estuve perfecto anoche.

Eso sí que le había hecho sonrojar. No podía ser que no se hubiera despertado con todo ese movimiento. Se había acostumbrado a tener el sueño más o menos ligero; por algo Tsukiyo era capaz de despertarlo. No sabía qué le había pasado. Además, en lo único que podía pensar era que, si hubiera despertado pronto, no hubiera pasado por esos minutos de angustia inútiles.

- ¿Cuánto tiempo has estado sin dormir, Shion?

¿Cuánto tiempo? Se llevó una mano al mentón, preguntándose cómo responder a esa pregunta adecudamente. Luego se dedicó a

acariciar un mechón de su cabello entre dos dedos como solía hacerlo cuando de verdad quería concentrarse. No, realmente no recordaba cuándo había sido la última vez que había dormido tan bien, sin preocupaciones, tan relajado como para sentirse recuperado por la mañana y no más cansado como solía pasarle. ¿Podía ser que el sexo de verdad tuviera este efecto relajante?

No, lo más probable es que fuera porque la razón de su insomnio estaba ahí para curarlo.

- ¿Podemos comer en mi habitación?

Nezumi le había sonreído.

Cuando estuvieron en su cuarto al fin pudo ponerse algo encima, todo mientras el otro chico se seguía metiendo con él por bajar en esas condiciones sin saber cuál era el verdadero origen de esos ruidos. Que era descuidado e ingenuo, que había pensado que quizá había madurado un poco luego de cuatro años. Nezumi estaba riendo otra vez.

Shion se limitó a tratar de vestirse sin hacer demasiados gestos de molestia, por primera vez aceptando que había sido una tontería alegrarse por sentirse adolorido. Sobre todo porque iba a ser todo un problema sentarse cómodamente. Aún así lo intentó, ganándose una risa más fuerte por parte de Nezumi.

- Es tu culpa. Te dije que yo podía hacerlo - dijo Nezumi cuando pudo controlar su risa.

No contestó, sólo se puso lo más confortable que pudo antes de tomar su trozo de tarta y empezar a comerlo. Nezumi lo había calentado un poco, así que sabía delicioso a pesar de no estar recién hecho; esa era parte de la habilidad de su madre. Pero tal vez el más alto tenía razón: debería de tener más comida en su casa. De hecho, no tendría ninguna de no ser porque su mamá había insistido en que se llevara el resto del postre o no tendría nada para ofrecerle a Nezumi. Mordió su tenedor distraídamente, pensando en que tendría que salir de compras para surtir la alacena después de todo. Aunque también tendría que llamar a su trabajo para informar que no podría ir. A una parte de él le molestaba ser tan irresponsable, pero realmente no podría trabajar en condiciones si apenas podía caminar con normalidad. Sin embargo, esperaba poder hacerlo mañana. Le emocionaba la idea de llevar a Nezumi con él y mostrarle todo lo que había hecho para facilitar la vida de todos en esta nueva ciudad. Para hacerlos felices a todos, una felicidad verdadera, no como la falsedad que era No. 6.

Quería que Nezumi se sintiera orgulloso de él.

- Parece que los roles se han invertido después de todo.

Sacó el tenedor de su boca, mirando a Nezumi con curiosidad por esas palabras que no tenían sentido para él.

- ¿Qué dices?

- Yo soy el que habla tonterías sin parar, algo que se suponía que era tu característica más molesta.

Y seguía sin entender. Es decir, sabía que Nezumi se enfadaba con él porque hacía demasiadas preguntas cuando estaban en el Distrito Oeste, que incluso hablaba demasiado como para que el otro se sintiera cómodo con su presencia. Lo que no entendía era por qué decía que el que hablaba tonterías era él. Nada de lo que decía Nezumi le parecía tonto. Es más, escuchar su voz era una de las más grandes alegrías que había sentido en muchísimo tiempo. Tan elegante, melodiosa, fuerte y clara, aún y cuando se burlaba de él. Era simplemente hermosa.

- De nuevo lo haces. ¡Deja de pensar! ¡Habla, maldición!

Se sobresaltó notoriamente, asustado por el grito repentino. Seguía siendo preciosa, sí, pero la voz de Nezumi podía llegar a ser tan intimidante como su mirada cuando estaba enfadado.

Entonces se dio cuenta. Cierto: no hablaba tanto como antes. Casi todo lo terminaba analizando en su cabeza, no pensando en voz alta como solía hacerlo antes. La soledad, ¿tanto le había afectado la soledad como para dejar de hablar? Al principio le hablaba mucho a Tsukiyo, pero al parecer había dejado de hacerlo poco a poco, sin darse cuenta. Por eso ahora le costaba tanto ponerse a hablar, por eso ahora era Nezumi quien tenía que iniciar conversaciones que no iban a ningún lado porque él no contestaba con palabras audibles sino con pensamientos. Era perturbador.

- Tengo que acostumbrarme a Nezumi.

Esta vez lo había dicho sólo para él mismo, sólo que estaba seguro que Nezumi le había escuchado porque éste había resoplado. Cuando al fin se decidió a mirarle se percató de que Nezumi parecía muy interesado en el exterior. La ventana mostraba el cielo azul, uno completamente despejado que no daba pista alguna de la tormenta que hubo por la noche. Si no fuera por los rastros húmedos que había en su balcón, ni siquiera parecería que había llovido.

- ¿Cómo está tu fiebre?

- Se fue. Te dije que no necesitaba medicamentos.

Asintió muy despacio, sin poder rebatirle eso porque cuando estuvo sobre él en la cocina no lo sintió caliente en lo absoluto. Nezumi tenía una asombrosa habilidad para recuperarse. Suspiró, pensando en qué debía de decir para romper esos silencios incómodos como podía hacerlo antes naturalmente y sin darse cuenta. Se perdió unos segundos en los ratoncitos, quienes comían vivazmente del trozo de tarta que quedaba para ellos. Tsukiyo se veía realmente feliz rodeado de sus dos compañeros, tanto que le había sentir un poco culpable el haberse asustado tanto por haberlo perdido cuando era obvio que su ratoncito gris estaría feliz con sus otros amigos. Pero eso ahora no importaba mucho.

Nezumi estaba con él. Le hablaba, le miraba, le besaba. Y le amaba.

Le amaba.

Parpadeó, luciendo más confundido de lo que debería. En ese entonces no había cuestionado las palabras de Nezumi. Había estado tan enfadado y confundido que no se había puesto a analizar exactamente lo que había dicho Nezumi. Qué tonto había sido. Esto era de lo más importante. ¿No era eso lo que había querido escuchar desde hacía mucho?

La persona que él amaba correspondiéndole. Y con palabras. Era demasiado significativo, Nezumi no solía expresarse así con sus sentimientos. En eso era demasiado reservado, aún ahora. No parecía como él en lo absoluto decir algo como eso, tal vez por eso se había negado a creer que era Nezumi y no un fragmento de su imaginación e incluso una alucinación.

Tomó un sorbo de su chocolate, saboreando con cuidado esa dulce bebida. Hacía tanto que no tomaba chocolate que no sabía que tenía. Aunque se alegraba, por supuesto. No sólo porque era delicioso, sin importar qué edad tenía ahora, sino porque Nezumi lo había hecho. Sí, definitivamente prefería el chocolate al café, o al menos el que era hecho por él. A Nezumi también le quedaba mucho mejor.

Suspiró, sabiendo que se estaba perdiendo en eso porque se sentía algo nervioso. Sin embargo, no iba a dar ni un paso atrás. Realmente quería saber esto. Era algo demasiado importante como para dejar que el temor se apoderara de él.

- Eso que dijiste...

- ¿Qué dije? - preguntó Nezumi, comiendo distraídamente de su tarta, también mirando a los ratones comer como él lo había estado haciendo hasta hace unos momentos.

Shion dudó en preguntar a pesar de su propia resolución a hacerlo. Había pasado ayer pero sentía que había sido hace mucho tiempo. ¿Era porque estaban comportándose con normalidad, como si nada hubiera pasado a pesar de lo que hicieron anoche? Tragó saliva.

- Cuando llegaste. Las palabras que dijiste. ¿Es verdad?

El otro chico se quedó quieto un instante.

- Oh.

Le miró, nervioso, mientras dejaba del plato en la mesa. Nezumi no le estaba viendo, sino que se había enfocado en la ventana de nuevo. Cuando el otro al fin se decidió a hablar seguía sin mirarle, cosa que le hacía sentir cada vez más incómodo.

- Soy demasiado melodramático, mucho más de lo que creías, ¿cierto?

- Eso no contesta mi p-...

Lo silenció con un beso, cosa que no le hubiera molestado si no fuera porque realmente quería saber. Otra vez estaba jugando a eso, a no contestarle preguntas a pesar de que ahora eran iguales. Y tal vez Nezumi se dio cuenta de que estaba enfadado porque no se atrevió a profundizar el beso, apartándose casi de inmediato mientras sonreía altaneramente.

- Sigues siendo un niño, aún después de cuatro años.

- ¡Nezumi!

Estaba riendo otra vez, burlándose, haciéndole enfurecer. Esto era importante, ¿qué no se daba cuenta? Para Shion esto era lo más importante de todo, saber que era correspondido luego de todo ese tiempo en el que él también tuvo que poner en orden sus sentimientos para darse cuenta de lo que le pasaba en realidad. No había sido fácil. Como Nezumi, tampoco él era bueno con los sentimientos, sólo que su impedimento era que no podía expresarlos bien porque no tenía palabras o experiencia para demostrarlos. No quería que Nezumi se riera de algo tan importante para él. Se mordió el labio inferior, cosa que al parecer había provocado que Nezumi resoplara.

- Shion.

Parpadeó un par de veces, reconociendo ese tono de voz en el chico más alto. Cuando le hablaba así era cuando se ponía serio. Así que, o estaba a punto de amenazarlo con un cuchillo por ser cabeza hueca o estaba a punto de decirle algo de vida o muerte. Así que puso toda su atención en él, aún si no era como si algo pudiera distraerle de escuchar esa voz otra vez.

- Cuando me fui no te mentí. Tú y yo no somos iguales. Eres mucho más intimidante de lo que crees - otra vez le escuchó reír, como si no quisiera admitir que, de hecho, se sentía amenazado por Shion -. Habías crecido demasiado, habías madurado rápidamente.

Entreabrió los labios, queriendo decirle que eso no era verdad. Tal vez había madurado, pero Nezumi también. Si no fuera por él, no habría podido hacer nada. No hubiera podido escapar de No. 6. No sabría absolutamente nada de estos sentimientos. Sería un adulto conformista como lo eran todos en la ciudad antes de que juntos lograron destruirla. Pensaba que ya le había dicho muchas de esas cosas antes de ese beso de despedida mal disfrazado de beso de buenas noches. Pero como se percató de que Nezumi iba a seguir hablando prefirió no interrumpirlo.

- Tú, con tu vocabulario limitado y diciendo tantas tonterías idealistas todo el tiempo. Tan molesto e ingenuo. Queriendo salirte con la tuya con tu tercera opción.

Al parecer lo que quería hacer tan sólo era recriminarle, como si no hubiera escuchado estas palabras antes. Por eso no le afectaba tanto las cosas que le decía. Lo realmente extraño era el tono de voz que estaba usando. Tan suave, muy lejana a la enfadada y dura que solía usar antes cuando le regañaba por exactamente las mismas cosas.

- Al final lo hice. Salirme con la mía.

Nezumi se quedó callado un instante para luego reírse. Sonrió con suavidad. Al parecer era verdad, era un comediante a pesar de que no tenía idea de por qué sus palabras le hacían tanta gracia a su compañero.

- Exacto. Eras inalcanzable, Shion.

Inalcanzable. ¿De verdad Nezumi le veía de esa forma? Era tan tonto con este tipo de cosas. Si Nezumi se lo hubiera pedido, Shion habría abandonado absolutamente todo. ¿No había sido eso mismo lo que le había dicho cuando se fue? Lo hubiera dejado todo atrás con tan sólo una petición. ¿Cómo eso lo hacía inalcanzable? El otro pareció notar su gesto de enfado ante esa revelación, porque de nuevo estaba acariciando la cicatriz que tenía en su mejilla, como una manera de disculparse en silencio a pesar de que probablemente no lo sentía en lo absoluto. Al final se decidió a hablar, sin quitar el ceño fruncido aunque sabía que no lucía muy intimidante.

- ¿Qué tiene que ver todo esto con mi pregunta?

- ¿Ah? Pensé que te gustaría una pequeña introducción, un prólogo si gustas, de nuestra situación.

- ¿Nuestra situación?

En lugar de aclararle las cosas, Nezumi no hacía sino confundirlo cada vez más. Pero esta vez no se mostró enfadado, tan sólo permitió que Nezumi le siguiera tocando el rostro, preguntándose si debería entender mejor las cosas de lo que lo hacía.

- Tenía que poner en orden las cosas. Mis cosas. Y tú tenías que hacer lo mismo con las tuyas. Veo que tuviste mucho éxito, la gente parece satisfecha con tu trabajo.

- Aún falta mucho - admitió Shion, aunque sintiéndose sonrojar por el reconocimiento que Nezumi le había hecho.

Después de todo, en gran parte todo el trabajo que había hecho por esas personas también había sido por Nezumi. Quería demostrarle lo fuerte que era, reconstruyendo un lugar que ambos habían llegado a detestar tanto para convertirlo en algo hermoso. Saber que iba por buen camino y que era aprobado por la persona que más le importaba le hacía sentirse cálido y satisfecho.

- Precisamente. Falta mucho. Y, aún así...

Se quedó callado otra vez, esperando a que el otro terminara con su oración. Pero pasaron los segundos y Nezumi seguía en silencio. Volvía a sentirse nervioso.

- ¿Nezumi?

- ¿Aún así te irías conmigo? ¿Aún sabiendo que te falta mucho camino por recorrer?

Irse con Nezumi había sido la primera opción, la mejor, eso se había dicho en ese entonces cuando se despidió de él. Ahora, a pesar de que estaba seguro de que quería permanecer al lado de Nezumi pasara lo que pasara, también sabía que tenía obligaciones. Que muchas personas tenían fe en él. Además, ¿sería capaz de dejar atrás a Karan otra vez? Se mordió con fuerza el labio inferior, dándose de nuevo el coraje para hablar, otra vez lamentando no poder hacerlo tan naturalmente como antes.

- Pensé que te quedarías aquí. Vivo solo, así que no tienes de qué preocuparte por que esté alguien más. Aunque podemos visitar a mamá de vez en cuando. Si te gustó su tarta, te encantará comerla recién hecha. Además, a Tsukiyo le fascina el pan con queso, ¿no es así?

El ratón le apoyó en su propuesta, emitiendo un chillido de felicidad que fue secundado por Cravat. Cierto, el ratón café también había probado de ese pan en especial, así que seguro que lo extrañaba. No tenía idea si Hamlet también se había deleitado con las exquisiteces de su madre fuera de esta tarta de cerezas, pero estaba seguro que las amaría como todo quien lo probaba. Sólo que Nezumi no parecía tan complacido como los pequeños roedores.

- Ahí estás de nuevo con tu tercera opción. Lo quieres tener todo, no quieres sacrificar absolutamente nada.

- Pues la tercera opción resultó bastante bien con No. 6. ¿Por qué no puede resultar en algo mucho más sencillo como esto?

De nuevo estaba haciéndole sentir molesto. Decirle que no quería sacrificar nada era cierto, ¿quién querría hacerlo? Pero Nezumi estaba siendo injusto: Shion había sacrificado muchas cosas a lo largo de estos ocho años, desde el momento en que lo conoció. No se lo recriminaba, por supuesto. No se arrepentía de absolutamente nada de lo que había pasado. Nunca por su mente se le pasó maldecir la hora en la que conoció a Nezumi. Había sacrificado mucho y podía volver a hacerlo.

- No puedo quedarme.

- ¿Por qué no?

- ¿Qué? ¿De verdad pensabas que podríamos jugar a la casita con tu madre y con Safu?

Safu.

Repentinamente, todas las energías renovadas que había sentido con esta pequeña discusión que estaba tan dispuesto a ganar se habían esfumado. Ahora miraba la taza con chocolate como si fuera el objeto más interesante del mundo, intentando calmarse. Fue hasta que Nezumi habló que al fin se decidió a verle otra vez, aún y cuando seguía con ese gesto de tristeza que nunca lograba disimular cada vez que alguien hablaba de su mejor amiga.

- Lo siento, no debí decir eso.

Esta vez sí pudo notar que lo sentía. Era extraño ver en Nezumi una disculpa tan sincera que no podía sino sentir una intensa necesidad de abrazarle. Protegerlo, cuidar de él; así era como se había dado cuenta de que estaba enamorado. No quería que nada lo lastimara, ni siquiera sus propias palabras o los recuerdos.

Por su parte, recordaba a su amiga todos los días. Aún y cuando no creía en dios alguno, no podía sino pedir en silencio por la persona que había hecho tanto por él tan sólo por amor a pesar de que éste no fuera correspondido de la misma manera. Era a quien más le debía. Gracias a su querida amiga ahora podía estar al lado de Nezumi.

Dejó la taza que tenía en las manos sobre la mesa para luego ponerse de pie. Nezumi no estaba mirándole, así que esperaba sorprenderle un poco cuando se acercó más a él para abrazarlo. Esta era su manera de decirle que estaba bien, que no estaba enfadado, que no se sintiera mal porque eso era lo último que quería que pasara. De verdad esperaba haber mejorado en la forma de expresarse corporalmente, sobre todo ahora que le fallaban tanto las palabras.

Nezumi no se movió, así que no supo si lo que hacía estaba bien o no. De todas formas tomó pro buena señal no haber sido apartado de inmediato.

- Eres un idiota.

Otra vez un insulto. ¿Significaba que lo estaba haciendo mal o que Nezumi era demasiado orgulloso como para admitir que se sentía bien ser abrazado? Los abrazos podían tener efectos terapéuticos, aún si no estaba totalmente comprobado. Lo único real era que eran relajantes y que era una muestra de cariño que estaba dispuesto a darle a Nezumi cada vez que pudiera por más que el otro le pudiera resultar empalagoso. Por eso, en lugar de sentirse mal por ese "eres un idiota", lo único que hizo fue sonreír y hundir su rostro en el cabello oscuro de Nezumi.

Cuando al fin se decidió a separarse, algo decepcionado porque Nezumi no había hecho ni el intento de corresponderle, fue que el otro chico le tomó del brazo para que no se alejara. De hecho, fue obligado a acercarse de nuevo. Ahora era Nezumi quien le estaba abrazando y no sabía exactamente qué hacer. ¿Así era como había hecho sentir al otro al abrazarlo repentinamente? Era ciertamente vergonzoso.

- Me fui porque quería ver en qué tipo de persona te convertirías. Y también porque quería saber qué tipo de persona era yo.

- ¿Y pudiste averiguarlo, Nezumi?

Porque él no estaba seguro aún. Ni siquiera estaba seguro de que se pudiera describir tan fácilmente a una persona. No creía que existieran las palabras exactas, aún en todas las obras de Shakespeare. Sin embargo, no creía poder convertirse en una persona completa si no podía estar con Nezumi. Ya lo había pensado antes: un mundo sin Nezumi no tenía sentido para él. Por eso había esperado tanto tiempo. ¿Por qué Nezumi tenía que ver las cosas así, tan complicadas? Esto tenía una solución muy sencilla: si de verdad quería sabe qué tipo de persona podía ser lo mejor era mantenerse juntos. El abrazo se estrechó repentinamente.

- Te dije que eras un monstruo, Shion. Uno peligroso y voraz del que no había posibilidad de escapar.

Quiso verlo a los ojos mientras le decía eso, recordando lo atractivo que había lucido al decirle algo que a cualquier otra persona le debería de parecer horrible e hiriente. Shion sólo se había perdido en esa mirada y en esos labios, no había dudado en cuidar de Nezumi aún y cuando esas palabras parecían demasiado serias como para tratarse de una broma. Que Nezumi lo confirmara al traerlo a colación quería decir que todo era verdad. Y, aún así, no se sentía mal en lo absoluto por oírlo. De hecho, lo único que le molestaba de nuevo era no poder mirar su rostro, aunque sentirlo en su pecho era un excelente premio de consolación.

- Caí en tus garras.

Un monstruo peligroso y voraz con garras. Eso era para Nezumi. Qué definición más terrible. Y, aún así, ¿por qué le parecía tan romántico? Seguía siendo una persona de lo más extraña, algo que siempre había sido aún de pequeño. Así que no le importaba ser llamado de cualquier forma si era Nezumi quien lo hacía.

Además, esa manera de llamarlo no estaba tan alejada de la realidad.

- Quería que Shion siguiera siendo Shion. Pero al parecer este es el verdadero Shion. Siempre ha sido así.

Tomó un mechón del cabello de Nezumi, sin tirar de él, tan sólo acariciándolo con sus dedos, al fin decidiéndose a corresponder el abrazo de cierta forma.

- ¿Decepcionado?

¿Decepcionado de que no era un ángel? ¿De que no tenía el corazón puro? ¿Que no era tan inocente? Nezumi no se había dado cuenta antes y al fin parecía ir por el camino correcto. Era verdad: siempre había sido así. Esos sentimientos ya existían en su corazón aún antes de conocerlo.

Rómpelo.

Destrózalo.

¿Destrozar qué?

Todo.

¿Todo?

Sonrió amargamente.

Nezumi no era el culpable. Esperaba que luego de esos cuatro años se hubiera dado cuenta de una vez por todas de que las cosas que había hecho habían sido por decisión propia y no por coacción de nadie. Había sido sólo Shion tratando de proteger lo más querido por él, aún si eso significaba corromper su alma.

Oyó un sonido muy ligero proveniente de Nezumi, sólo que no pudo identificar si se trataba de una risa o de un chasquido de lengua.

- No puedo decir que me desagrade.

Volvió a sonreír, aunque esta vez más alegremente. Tal vez esto era lo más sincero que obtendría de Nezumi después de todo. Se sintió un poco decepcionado cuando el otro se separó, obligándole a soltarle también. Esperaba encontrarse con otro tipo de mirada, pero Nezumi tan sólo le correspondió viéndole con seriedad, como si todo lo que hubieran hablado no le afectara en realidad.

No, él se había dado cuenta. Aunque Nezumi fuera un excelente actor a la hora de enfrentarlo, había notado el pequeño temblor en su cuerpo al tenerlo tan cercano. No había manera en que pudiera engañarlo ahora.

Nezumi se acomodó mejor en su silla, cosa que él no tenía intención de hacer. De verdad esperaba poder sentarse normalmente mañana.

- Nezumi.

- ¿Mhm?

Ahora fue su turno de no mirarle. De verdad que hacía un bonito día afuera.

- Cuando te fuiste, yo también hice una promesa.

- ¿Cuál?

- Que si volvía a verte nunca más iba a dejarte ir.

También pensaba cumplirla, así como Nezumi lo había hecho con la suya. Se habían vuelto a encontrar. Y Shion no pensaba dejarlo ir. Nezumi empezó a reír de nuevo, aunque en un tono mucho más suave de lo que hubiera esperado tras esa confesión.

- ¿Cómo harás para evitar que me vaya? ¿Piensas atarme a la cama, pervertido?

En cualquier otra circunstancia aquello le hubiera hecho sonrojar, especialmente después de lo que había pasado entre ellos. Pero en esta ocasión sólo negó con la cabeza, restándole importancia al asunto.

- Si no puedo evitar que te marches, la única manera es seguirte.

Hasta el fin del mundo si era necesario.

El otro muchacho le miró con seriedad, borrando todo rastro de esa sonrisa burlona.

- ¿Estás seguro, Shion? Aunque el Distrito Oeste ya no exista como tal no puedo prometerte las comodidades y la vida que tienes aquí.

Soltó una risita.

- ¿Esta es tu principal excusa para no llevarme? Tienes que estar bromeando, Nezumi.

¿Que no habían vivido juntos? ¿Qué no habían pasado hambre algunas veces? ¿Frío? ¿Incomodidad? ¿Miedo incluso? No se había convertido de pronto en una muñeca delicada o en un mocoso malcriado. No lo había sido antes y no lo era ahora. Así que Nezumi tendría que buscar algo mucho mejor que eso para disuadirlo.

- Puede que sea peor que antes. Normalmente no tengo un lugar establecido dónde quedarme.

- No importa.

- ¿No dijiste que tenías muchas cosas que hacer aquí?

- Nezumi, ¿aún no te enteras? Te seguiré a donde quiera que vayas.

Y no iba a hacerle cambiar de opinión. Si Nezumi insistía en que no podía quedarse, entonces la única manera era seguirlo. Era cierto, aún tenía muchas responsabilidades, personas que contaban con él. A su mamá. Sin embargo, ya les había dado las bases, había buenas personas en su equipo de trabajo, personas dedicadas e inteligentes. Podía confiar en ellos. En cuanto a Karan...

- ¿Estás dispuesto a abandonarlos a todos por mí?

- Sí.

Miró al suelo por unos segundos antes de elevar la mirada.

Karan lo entendería. Estaba completamente seguro de eso. Iba a echarla mucho de menos aún así. A Inukashi, al señor Rikiga, a Lili, al pequeño Shion. Pero sabía que si no se iba no podría alcanzar su verdadero desarrollo como persona. Había crecido mucho estos cuatro años siendo la persona responsable que todos esperaban que fuera. Ahora quería ser la persona que él deseaba ser.

- Tan tonto. Cuando te arrepientas volverás llorando con tu mami.

- No lo haré.

Siguió a Nezumi con la mirada cuando éste se levantó de la silla. Por unos segundos pensó que iba a golpearlo. En lugar de eso, tan sólo le devolvió el gesto, observándole intensamente.

- Karan.

- ¿Huh?

- Ella vino a verte temprano por la mañana.

¿Su mamá había venido? Bueno, después de todo no era tan raro. Ella siempre iba a visitarlo después de alguna tormenta, o en los días de invierno, porque sabía que muchas veces dormía con la ventana abierta sin importar qué. Seguro que estaría preocupada. Y se había encontrado a Nezumi.

Le hubiera gustado ver ese encuentro, aunque no estaba muy seguro de querer que su madre se enterara de lo que había pasado entre Nezumi y él. Aunque seguro que lo habría imaginado. Su mamá no era nada tonta. Se sonrojó levemente.

- Me abrazó otra vez. Y me pidió que cuidara de ti.

Sintió la mano de Nezumi en su mejilla, apartando algo del cabello blanco a un lado para poder tocarle la piel por completo.

Tenía toda la razón: su mamá lo sabía. Ella sabía que tomaría la decisión de seguir a Nezumi aún si no le había dicho absolutamente nada al respecto. ¿Esto era el instinto materno? Tan poderoso y tan difícil de explicar científicamente a pesar de que existía.

- Al parecer tu madre nos ha dado su bendición.

Rio con suavidad, divertido.

- Suena como si le hubieras pedido mi mano en matrimonio.

- ¿Qué te hace pensar que no lo hice?

- ¡Nezumi!

Esta vez fue el más alto quien se puso a reír. Se sintió avergonzado, no por la broma de Nezumi, sino que secretamente le hubiera dado gusto que eso fuera verdad.

Era tonto, lo sabía, pero simplemente no podía evitarlo. A pesar de que sabía que era imposible, la idea de Nezumi y él viviendo tranquilamente el resto de sus días unidos de una manera tan significativa, aunque fuera socialmente, era demasiado tentadora, aún si estaba sólo en sus fantasías.

- Entonces, Shion, si ya has tomado tu decisión...

Nezumi se había alejado un poco, lo suficiente para extender su mano hacia a él de forma natural y sin forzarse mucho.

- Sígueme.

Parpadeó, mirando la mano que Nezumi le ofrecía, pensando que parecía más una invitación para bailar que algo más serio. Tan propio de Nezumi. Tan melodramático.

Tomó esa mano áspera sin dudar unos segundos más, aunque no se esperaba ser jalado con tanta fuerza a los brazos de Nezumi para luego ser besado. "Sígueme" le había dicho. "Hasta el fin del mundo" había respondido mentalmente.

Fue un beso rápido pero lleno de significado. Era un nuevo comienzo. Algo que parecía un digno final en este capítulo de sus vidas. Pero Shion no había olvidado algo.

- ¡Aún no respondes a mi pregunta!

- Demonios, Shion. ¿Nunca lo vas a olvidar?

- ¡Por supuesto que no! ¡Quiero saber si es cierto!

Por esas palabras habían iniciado esta conversación, ¿no era así? Quería saber si tenían un significado más que ser una entrada teatral por parte de Nezumi o si era su recurso para causar una impresión más duradera en él. Como si lo necesitara.

- ¿Aún después de todo lo que hemos hecho y hablado dudas que sea verdad lo que dije?

Su pulso se aceleró tanto que podía escuchar los latidos de su corazón perfectamente bien. Tragó saliva.

- Entonces vuelve a decirlo.

- No.

- ¿¡Por qué! ¡Nezumi! ¡Dilo!

- Sigues siendo un mocoso malcriado por más que lo niegues.

Esta vez Nezumi tenía razón. Se estaba comportando infantilmente, tanto que hasta había cruzado los brazos dispuesto a hacer berrinche por una tontería como esta. Era sólo que de verdad quería oírlo. Anoche había sido tanto el impacto de verlo que no había reparado exactamente en el significado de esa frase que pudiera ser de lo más genérica. Al demonio con las apariencias. De verdad quería tener esto a pesar de que fuera un capricho. Sólo que Nezumi no estaba de acuerdo con complacerlo.

- Pensé que la habías disfrutado. Si no lo hiciste, qué lástima, porque no lo volveré a decir.

- No es justo.

- La vida no es justa.

Resopló, contrariado. Nezumi podía decir las frases más hermosas jamás escritas por el hombre pero era incapaz de de complacerlo con tres simples palabras. Era para sentirse decepcionado. Por eso ni siquiera porque Nezumi colocó una mano en su hombro para luego acercarse a él lo suficiente como para sentir su respiración no le pareció tan intimidante como lo hubiera esperado.

- No pongas ese gesto de derrota, Shion. ¿Quién sabe? Tal vez puedas volver a oírlo dentro de cuatro años.

- ¿Cuatro años?

¿Qué obsesión tenía Nezumi con los períodos de cuatro años? Giró los ojos, no muy seguro de creerle del todo.

- ¿Eso es una promesa también? - preguntó, aunque con aire aburrido, ya prácticamente habiendo sin interés en una causa perdida como esta.

Cuando Nezumi volvió a besarlo al fin comprendió lo que significaba. Cuatro años no era mucho tiempo, pero saber que Nezumi consideraba que lo suyo duraría mucho más que unos cuantos meses era esperanzador a pesar de que sabía que Nezumi sólo se lo decía por molestarlo. Aunque si las burlas tenían como consecuencia más besos entonces no le importaba ser la víctima en lo absoluto.

- ¿Otro beso de promesa? - preguntó, él mismo soportando las ganas de reírse.

Nezumi no le respondió. Lo único que hizo fue volver a tomarlo de la mano y acercarse a su oído para hablarle con esa voz sensual que tenía.

- Feliz cumpleaños, Shion.

Sintió un ligero escalofrío, aunque no por eso no dejó de recordarle la verdad.

- Mi cumpleaños fue ayer.

- Lo sé, pero no te lo había dicho - dijo Nezumi, restándole importancia a sus palabras a pesar de que parecía que había esperado el momento idóneo para decírselo -. ¿No te gustó mi regalo?

Su regalo.

Una tormenta. Muchos besos. Muchos abrazos. Haber hecho el amor por primera vez en su vida. Tenerlo a su lado. Habían sido tantos presentes y tan sólo porque cumplía años. ¿Cuál de todos era el regalo que Nezumi había pensado? Todos, todos ellos.

- Es el mejor regalo que he recibido.

Y la sonrisa de Nezumi también contaba como uno.

No dejó de pensar cosas empalagosas, de hacer planes ridículos, mientras recogía las cosas y ponía todo en orden con ayuda de Nezumi. Ninguno dijo palabra alguna durante esos momentos, ni siquiera cuando Shion tomó la mochila que usaba para ir a trabajar. Sacó todo lo que había en su interior, acomodándolo perfectamente en la mesa de su habitación, escribiendo notas e indicaciones sobre cada montón de hojas para que supieran que hacer con cada una de ellas. Por algunos segundos pensó que Nezumi volvería a preguntarle si estaba seguro, si de verdad quería abandonar esa vida luego de todo lo que había hecho para progresar o a intentar persuadirlo a que se quedara. O que simplemente abriría esa ventana y se escaparía otra vez. Pero Nezumi sólo lo observó en silencio mientras terminaba sus notas. Había nombrado a cada encargado de las secciones de las que era responsable, todos personas que él creía capaces. Claro que todo terminaba siendo una sugerencia.

Estaba siendo egoísta, lo sabía perfectamente. Abandonarlo todo por satisfacer sus caprichos. Debería de sentirlo. Y, por supuesto, no debería de estar sonriendo alegremente mientras escribía.

La última carta fue para Karan.

No era una nota demasiado larga, mucho menos en el lenguaje técnico que había usado para las otras personas. Escribirle a su madre fue la única ocasión en la que estuvo tentado a ponerse a llorar. De nuevo creyó que Nezumi lo molestaría como solía hacerlo Inukashi por ser un "hijito de mami", pero Nezumi seguía sin decir palabra. Cuando desvió la mirada se dio cuenta de que Nezumi se estaba cambiando de ropa. Se sonrojó, aunque no por pensamientos pervertidos específicamente. Era porque estaba ansioso. De nuevo podría estar con esa persona. Tenerlo sólo para él.

Cuanto terminó la carta para su madre se dio cuenta de que era mucho más corta de lo que hubiera esperado. Al final había sido incapaz de expresar con letras todo lo que quería decir. Era sólo que estaba seguro que muchas palabras no bastarían y sobrarían al mismo tiempo. Si lo que Nezumi decía era verdad, su mamá ya debía de saber absolutamente todo lo que sentía, así que recordárselo en papel sería, no sólo completamente inútil, sino insultante. Aún así dobló cuidadosamente el trozo de papel, dispuesto a dejarlo en la mesa del comedor. Ahí lo vería su mamá y ella se encargaría de que los instrucciones fueran entregadas. Contaba con Karan para eso. Porque, aunque se sentía algo mal por dejar atrás a su madre, también sabía que ella estaba contenta por él. Sería completamente desagradecido de su parte no disfrutar con lo que había decidido. Porque no sabía si otras personas estarían de acuerdo, pero saber que su mamá le apoyaba le llenaba de una cálida felicidad.

- ¿Ya terminaste? - preguntó Nezumi, acomodando la capa alrededor del cuello.

Shion asintió alegremente, sintiéndose tan emocionado como cuando abrió la ventana por primera vez hace ocho años para gritarle a la tormenta. Era por lo desconocido, la curiosidad por explorar. Y qué mejor si era acompañado de Nezumi. Se echó la mochila al hombro, lo único que llevaría al irse, a pesar de que estaba prácticamente vacía. Un par de cambios de ropa, un poco de dinero, algunos objetos personales. Los libros que había tomado de la casa de Nezumi, quien se encargó de molestarle un poco por el hecho de haber asaltado su casa con un tono de voz mucho más cariñoso de lo que hubiera esperado. Esto era todo lo que necesitaba.

Dejó con mucho cuidado la carta a su madre en la mesa. La miró amorosamente por unos segundos, sólo interrumpiéndose cuando sintió a Tsukiyo llamándole para que se apurara. Seguía tomándose tan en serio el ser el encargado de cuidarle que probablemente no iba a dejar de vigilarlo tan sólo porque habían cambiado de hogar.

El sonido de la puerta al cerrarse fue tan fuerte que cerró los ojos por un instante.

Sólo que, cuando abrió los ojos se dio cuenta de lo luminoso que era todo, lo vívido que eran las cosas a su alrededor. Tan colorido. ¿Por qué de pronto todo se veía tan diferente? Ah, por supuesto.

- Date prisa o no podremos encontrar un lugar cómodo para repetir lo de anoche.

- ¿Repetir? - se sonrojó al instante, preguntándose cómo Nezumi podía cambiar tan fácil su humor - ¡Apenas puedo caminar!

- Puedo ayudarle con eso, Su Majestad.

Otra vez había tomado su mano.

No sabía qué tanto de ayuda sería ir de la mano de Nezumi, sobre todo considerando que sabía que así llamaba aún más la atención que por tener su cabello blanco. Pero, ¿de verdad le importaba que la gente cuchicheara por ver dos hombres tomados de la mano? De por sí le parecía increíble que Nezumi lo estuviera haciendo sin pena alguna. Le hizo recordar cuando salió por primera vez al mercado en el Distrito Oeste; Nezumi se había ofrecido a llevarle de la mano y Shion se había negado. Había sido un idiota. Esto se sentía muy bien. Por eso ignoró a las personas, tan sólo lamentando el no poder caminar normalmente para disfrutarlo por completo.

Sólo volvió la mirada cuando estuvieron lo suficientemente lejos, viendo su casa cada vez más pequeña en el horizonte.

Sonrió.

No. 6.

Hubo una vez una ciudad que existió en este lugar.

Una ciudad de ensueño que maravilló a la humanidad una vez existió aquí.

Y estaba Shion.

Un chico que una vez soportó, amó, odió y reconstruyó esta ciudad.

Un chico que ahora abandonaba esta tierra para hacer su propio viaje personal.

Al lado de la persona la persona más importante para él.

Al lado de Nezumi.

Como siempre debió hacer sido.

OWARI

Notas finales: La cusilería, it hurts, my precious~. Pero no me arrepiento de nada. Bueno, tal vez que no haya más lemon (por ahora). Adoré escribir de esa pareja, espero que no haya estado excesivamente OOC *suspiro*. De todas formas me quedo más o menos satisfecha. Tal vez escriba más de Shion y de Nezumi después, pero por ahora me concentraré en el Yullen. Sí. La lluvia de ideas de cómo hacer un crossover está abierta de todas formas. Muchas, muchas gracias por leer. ¡Nos vemos pronto! Espero. Bye bye!