HECHIZO FELINO

CAPITULO 1.- "empezando con problemas, confidencias y malas bromas"

Una joven rubia, daba vueltas en su habitación sujetando con fuerzas el auricular de su teléfono – Ya te lo he dicho miles de veces Phoebe, ¡NO VOY A IR A ESA ESTUPIDA FIESTA DE DISFRACES! ¡Criminal! – bufó antes de sentarse de golpe en su cama.

La joven oriental con la que mantenía la plática, trato de convencerla – pero Helga, la semana pasada prometiste acompañarme…

– si… como bien lo dijiste, LA SEMANA PASADA – Helga hizo énfasis en las últimas palabras, se puso de nuevo de pie y comenzó a caminar en círculos – Pero ya se me quitaron las ganas de ir, mas aun por ese tonto disfraz que quieres que use – dijo aun molesta.

¡vamos Helga! no será tan malo, además solo es un disfraz de gatita.

– sí, un tonto disfraz que incluye tacones, mini falda, una camisa que ni a un niño de 9 años le quedaría, un par de estúpidas orejas y una cola falsa, ¡Eso es ridículo…! No PHOEBE, no me rebajare a usar la estúpida ropa que elegiste.

Oh bueno, si es por esa razón… supongo que te comprendo, aunque es una lástima sabes, les comente a Arnold y a Gerald que nos disfrazaríamos de gatitas y Arnold se veía bastante interesado por ver cómo nos veríamos… y su interés se centraba más en ver cómo te quedaría a ti, Helga – siendo su mejor amiga por tantos años, Phoebe conocía lo suficientemente bien a Helga para saber que tan solo mencionar al "mantecado", Helga accedería a ir a la fiesta de Rhonda Wellington Lloyd aun vistiendo el más ridículo de los disfraces.

– ¿d-de verdad dijo que quería ver nuestros disfraces? ¿Ese tonto cabeza de balón quiere verme a mí, Helga G. Pataki, en un estúpido disfraz de gato? – pregunto una muy ilusionada rubia.

¡claro que sí!, entonces… ¿irás no es así? – pregunto la pelinegra, con una sonrisa bastante maquiavélica.

– mmmh está bien Phoebe, iré a la estúpida fiesta, pero solo para ayudarte con el cabeza de cepillo, estarías perdida si no voy para animarte y darte el coraje para que lo invites a bailar o lo que sea que quieras hacer con él – menciono en un tono bastante sugerente y dejando soltar una pequeña risita

¿q-qué dices Helga? No sé qué es lo que estas pensando pero… te aseguro que mis intenciones con nuestro compañero y amigo, Gerald Johanssen, son meramente amistosas – mientras decía eso sus mejillas se tornaban de un suave tono carmesí.

– ¡Ay por favor Pheb's! ¿Acaso crees que me vas a engañar a mi?, Se que ese tarado te gusta, siempre lo he sabido. No tienes porque fingir conmigo y descuida, me asegurare que en la fiesta pases el mayor tiempo posible con él, tú sabes, a solas y sin ninguna clase de interrupciones y tal vez ese retardado finalmente se anime a pedirte que seas su novia – dijo con una sonrisa de oreja a oreja y con un tono de complicidad, mientras su única ceja se movía de arriba a abajo.

Al otro lado de la línea, Phoebe que estaba recostada en su cama estilo oriental, se incorporo de golpe, boquiabierta y sorprendida de que Helga de comentara todo eso – ¿dijiste NOVIOS?, ¿a-acaso sabes algo que yo no Helga?, porque ya te lo dije muchas veces Gerald y yo solo somos buenos amigos ¡y nada más!... bueno es decir, ¿de verdad crees que le pueda gustar a Gerald?

por supuesto que sí hermana, cualquier tarado sabe que entre ustedes dos hay algo más que solo "amistad" ¿O acaso no recuerdas aquella vez en la feria del queso cuando ustedes dos se estaban…?

– ¡Helga por favor basta! –Interrumpió Phoebe bastante apenada – ¿podemos cambiar de tema por favor?

jajajaja ¡te tengo! – Piensa la pelirrubia, sonriendo con malicia – Está bien Pheb's no te torturare más, me guardare mis comentarios para la fiesta jejeje. Y a todo esto dime ¿Por qué escogiste esos tontos disfraces?

bueno Helga en un principio creí que serían unos disfraces muy originales, puesto que están basados en la cultura japonesa del manga, además que yo recuerde nadie ha ido vestido de gato a una fiesta de Rhonda en mucho tiempo… y a Gerald le gustó la idea de vernos como gatitas – admitió abochornada y enredando su dedo insistentemente en el cable del teléfono

– así que el pelos de borrego tiene que ver con tu decisión ¿eh?... mmmh… Eso lo explica todo, supongo que ya no puedes insistir que no hay nada entre ustedes; prepárate porque mañana en la noche sacaré mis mejores burlas solo para ti, ¿Qué te parece?

bueno, me parece que este juego lo podemos jugar las dos, Helga.

– ¿disculpa? ¿De qué juego me estás hablando?-dijo confundida

– ¿qué hay con Arn…es decir, "mantecado"?

– ¿Qué hay con el idiota cabeza de balón?

– ¿acaso mañana será el día que confieses tu amor por…los productos lácteos?

– ¡¿QUÉ? ¿Acaso estás demente?, ¡Rayos Phoebe! tu sí que sabes tomar revancha, demonios ¡POR SUPUESTO QUE NO! Ni siquiera pienso acercarme un solo centímetro a él.

– Vamos Helga, mañana en esa fiesta será un buen momento para pasar más tiempo con "mantecado", ¿te imaginas cuando te vea con tu disfraz? ¡No lo podrá creer! Nadie esperaría verte vestida como una linda gatita, ¡Arnold estará más que sorprendido! – dijo muy entusiasmada y con ojos llenos de ilusión, por la posibilidad de que su mejor amiga consiguiera lo que siempre había deseado: a Arnold

– Escucha bien esto chica lista, solo iré a esa dichosa fiesta para ayudarte con el cabeza de estropajo, no por… ¡un momento!, ¿dijiste que Arnold estará sorprendido con mi disfraz? Creí que habías dicho que sabía que disfraz usaré y que desea verme en la fiesta…– el silencio reino en la llamada telefónica, por lo que Helga se percató del inteligente plan de Phoebe, lamentablemente (o afortunadamente) no lo hizo a tiempo. Había caído en una trampa, ya se había comprometido a ir a la fiesta.

Después de ese inesperado descubrimiento, la pelirrubia retomo la charla – Phoebe… ¿acaso me engañaste para ir contigo a la fiesta, usando a Arnoldo como chantaje?

– Aprendí de la mejor – dijo conteniendo pequeñas risitas, las cuales se alcanzaron a escuchar al otro lado de la línea.

– demonios, a buena hora decides tomar mi ejemplo, ¡no puedo creer que cayera en ese viejo truco!, definitivamente soy una mala influencia para ti Pheb's.

– estás molesta Helga?

– supongo que fue mi culpa por tragarme esa idea de que Arnold de verdad quería verme, es decir, ¿porqué querría verme a mí, a Helga G. Pataki? Soy la última persona que desea ver, En fin…aun así iré a esa fiesta… – dijo permitiendo salir un suspiro y con un tono verdaderamente melancólico, incluso Phoebe podría jurar que había escuchado claramente como Helga trataba de contenerse para llorar

– L-lo siento mucho Helga, debí pensar que podría lastimar tus sentimientos de verdad lo lamento tanto, no tienes por qué ir a la fiesta si no quie…

– JAJAJAJA, rayos Pheb's, solo jugaba contigo, nunca podrás ganarle a la maestra en su propio juego, ya deberías saberlo, jajaja no estoy molesta, solo quería fastidiarte – dijo pegando fuertes risas en el teléfono.

– ¡pues lo has logrado Helga!, por poco creí que te había hecho llorar – menciono la oriental, un poco molesta.

– Tómalo con calma hermana, solo te devolví la jugarreta, nos veremos mañana a las 5 p.m. en tu casa para ponernos los tontos disfraces y de allí a la casa de la princesa.

– de acuerdo Helga.

– por cierto, ¿Phoebe?-

– sí, ¿qué pasa Helga?

– esta conversación, nunca sucedió…

– ¡olvidando!

Las dos adolescentes colgaron el teléfono y cada una tenía diferentes expectativas acerca de la fiesta que se llevaría a cabo en la residencia Lloyd. Phoebe por un lado estaba más que entusiasmada por lo que les esperaría el día de mañana, en la fiesta de la que toda la escuela había estado hablando por semanas; y por sobre todo, deseaba que por fin Helga tuviera esa oportunidad que durante años había estado esperando con su adorado "mantecado". Helga en cambio, no compartía el mismo entusiasmo que su mejor amiga, realmente no deseaba ver a Arnold, en una fiesta más, bailando, platicando y hasta coqueteando con todas, menos con ella.

– creo que la única forma en la que me pondrías atención, sería si me vistiera de un enorme queso, con sombrero mexicano y falda escocesa… – de entre sus ropas, saca su ya famoso relicario – oh mi amado, mi dulce y amargo tormento, aquel al que teniéndolo tan cerca de mi corazón, se encuentre tan lejos de mi persona… si tan solo una noche pudieras prestarme atención; si tan solo una velada, pudiera robarte el corazón; si tan solo mañana, me viera en tu mirada y me abrazaras con pasión…oh Arnold, ¡oye esto es bueno! Tengo que escribirlo.

Sin más, la rubia tomo su libro rosa y escribió el pequeño poema. Una vez terminado, se cambió y se dispuso a dormir, sin saber que el día de mañana las cosas saldrían un poco fuera de la rutina.

FIN DEL 1er CAPITULO