.& cita: «no encuentres la culpa. encuentra un remedio.» —henry ford.


chapter two;
— un remedio.

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Sakura tuvo su periodo por primera vez cuando estaba en una misión, en medio del bosque

Desde que no tenía su propio equipo, había sido temporalmente incluida en Equipo Gai. Gracias a Dios no se sentía como una tercera rueda, como había pensado. Gai y Lee charlaban acerca de alguna competición/entrenamiento que iban a intentar, y Neji directamente no se molestó en hablar. Tenten parecía ser la única normal de todo el equipo, y le habló a través del viaje acerca de su entrenamiento con Tsunade y nuevos jutsu y temas femeninios que Neji intentó con fuerza no escuchar accidentalmente. Le dijo a la chica más joven que era un cambio agradable de hablarle a Neji, que hacía parecer que te hablabas a tí mismo.

Sakura conocía el sentimiento.

Habían parado por la noche a armar el campamento en el medio de la nada. Sakura iba a ir al baño en el bosque cuando notó algo alarmante en su ropa interior. Su corazón empezó a latir frenéticamente mientras se subía los pantalones y caminó de allá para acá un rato, decidiendo qué hacer.

—¿Tenten? —llamó, su voz sonando algo estrangulada—. ¿Puedes venir aquí por un momento?

Sakura escuchó la voz preocupada de Lee antes de que un smack resonara a través del claro.

—Idiota, me llamó a mí. Y si encuentro a alguno de ustedes espiando—¡eso incluye mirar con el Byakugan, Neji!—habrá un infierno que pagar —cuando Tenten la encontró, preguntó—, Sakura, ¿estás bien?

Con más que un toque de pánico en su voz, explicó la situación. Tenten, su cara seria todo el tiempo, asintió con entendimiento. Con un «vuelvo enseguida», regresó all claro, ignorando las preguntas de su equipo, y trajo de vuelta su mochila. Le tendió un tampón y un cambio de ropa interior y esperó a que la chica se cambiara. Pusieron la basura y sus bragas sucias dentro de una bolsa Ziploc y Tenten la escondió en el fondo de su mochila para poder lidiar con ello después.

Volvieron al campamento, y Gai fue el único que parecía saber lo que había sucedido. Incluso Neji lucía curioso.

—Ah, Tenten, qué buena persona eres por ayudar a Sakura-chan con—

Tenten lo fulminó con la mirada.

Di otra palabra y te cortaré en seis lugares diferentes.

Fue entonces que Tenten se volvió la segunda kunoichi viva más genial, después de Tsunade, por supuesto.


Sakura movió sus hombros en preparación a su entrenamiento con Tsunade. Por alguna razón, la mujer mayor le había pedido que se encontraran en la entrada principal en lugar de su lugar de entrenamiento usual.

—Sakura, como ninja médico, debes aprender a escapar y evadir al enemigo. —Se inclinó hacia la pared con los brazos cruzados mientras hablaba. —Si te hieren, el resto de tu equipo está jodido. Eso dicho, debes evadir largas distancias o por un largo periodo de tiempo. Así que hoy vamos a trabajar en tu resistencia. Por hoy, he enlistado algo de ayuda.

—¿Ayuda, Tsunade-shishō? —preguntó Sakura. Incluso los dos ninjas dentro de la caseta estaban escuchando intensamente.

Repentinamente, la cara de Sakura se llenó de pánico cuando se dio cuenta de la respuesta nanosegundos antes de escuchar la voz.

—Hokage-sama, ¡perdona mi tardanza! ¡Estaba disfrutando en la gloriosa juventud de la primavera!

Maito Gai.

Tsunade sonrió, a pesar de que se veía algo forzado. La sonrisa se iluminó cuando notó la mala fortuna de su estudiante.

Sadista, pensó Sakura, echando humo. Incluso los guardias se reían de ella.

—¡Diviértete, Sakura! —se despidió Tsunade con retintín antes de marcharse.

—Ah, Sakura, ¡apuesto a que podemos hacer cien vueltas alrededor de la villa antes del atardecer! —sus dientes brillaron.

Un ojo verde se movió nerviosamente.


Sakura golpeó la puerta de la oficina de su mentora, abriéndola cuando escuchó el brusco «¡Adelante!»

Tsunade estaba hablando con Shikamaru acerca de las estrategias sobre cómo lidiar con Kusagakure, que estaba creando tensión entre ambos países.

—¿Si, Sakura? —recordó el día anterior cuando había puesto maliciosamente a su estudiante bajo el cuidado de Maito Gai, y sonrió de lado.

—Ah, venía a reportarte acerca del shinobi en el hospital de Hierba. No está en riesgo de morir y está listo para interrogación.

—Bien. Hablaré con Ibiki inmediatamente.

—Y otra cosa, Tsunade-sama —dijo Sakura, viéndose tan inocente como podía—. Me crucé con algunos niños en el camino hacia aquí que dicen que tienen algo que les gustaría darte.

La Godaime, pensando que iba a recibir algún tipo de regalo de agradecimiento, dejó que entraran. Esperaba un equipo de tres, y sin embargo quince estudiantes frescos de la Academia caminaron en su oficina, cada uno con un gigante pila de papel en sus manos. Tsunade se vio horrorizada ante el papeleo. La boca de Shikamaru se movió en una media sonrisa. Sakura sonrió a los Genin, pero había algo travieso brillando en sus ojos.

El grupo de Genin, inclinándose en respeto, salieron de la oficina luciendo complacidos consigo mismos por ayudar a la Hokage. Sakura salió detrás de ellos, pero se volvió, una astuta sonrisa en su cara.

—Que te diviertas, Hokage-sama.

Y se marchó, riéndose malvadamente.

Shikamaru tuvo que cambiar su risa en una tos cuando su jefa giró su acalorada mirada ámbar hacia él. Las mujeres son problemáticas... pero al menos son entretenidas.


—¡Feliz cumpleaños, Sakura!

Sakura miró arriba, sorprendida. Iba a entregar historias clínicas a la oficina de Tsunade cuando fue saludada por la mandona voz de nada menos que Ino. Un pastel se sentaba en el escritorio del Hokage, e Ino, Tsunade y Shizune—para no mencionar Tonton—le sonreían. Había catorce velas prendidas en la cobertura del pastel. ¿De verdad era su cumpleaños? Se había metido tanto en su entrenamiento que parecía que su cumpleaños todavía estuviera muy lejos.

—No puedo creer que tengas catorce antes que yo, no es justo... —Ino hizo un puchero, entonces se iluminó—. Pero Chōji se ofreció a hacer el pastel, ¿qué piensas?

Era un simple círculo de cobertura rosa, decorado con rosas blancas.

—Dile que dije que es precioso. —Pensó distraídamente en el presente de su equipo del año pasado.

¿Es tu cumpleaños, Sakura? Kakashi pensó profundamente por un segundo—. En ese caso, sólo tienes que hacer cuatro vueltas alrededor de la villa.

¿Qué hay de nosotros, Kakashi-sensei? gimoteó Naruto.

Las usuales diez vueltas para ustedes dos respondió Kakashi. Palmeó la cabeza de Sakura, por una vez sin mirar su libro—. ¿Trece ya? Yare, yare, crecen tan rápido...

Ése años, Naruto había vaciado su billetera entera para comprarle un tazón de ramen (y Ayame también le había preparado una magdalena con una sola vela en él). Sasuke no la había regañado o criticado en todo el día. Considerándolo todo, era como un milagro.

—¿No vas a soplar las velas? —preguntó Tsunade—. Tengo hambre.

Riéndose, Sakura caminó hasta el pastel, moviéndose sobre él por un segundo antes de decidir su deseo. Lo dijo en su cabeza al apagar las velas con un solo aliento.

Deseo por mis chicos.


La médico-en-entrenamiento de cabello rosa finalmente obtuvo la oportunidad de sentarse junto a sus padres a cenar. Era una ocasión que ocurría muy raramente esos días, qué con el extensivo entrenamiento bajo Tsunade, a pesar de que aún vivía con ellos. Sus padres eran civiles. No entendían la presión que tenía y a menudo reflexionaban que todo el asunto shinobi le causaría una tumba temprana a su hija. Intentaban apoyarla lo mejor que podían, pero Sakura había vuelto a casa con demasiados cortes y cardenales (sin mencionar el incidente de cortarse el cabello) para que fueran realmente felices con su profesión elegida.

—¿Cómo va tu entrenamiento con Hokage-sama? —preguntó la madre de Sakura educadamente.

—Bien —respondió Sakura con la boca llena de arroz—. Es una profesora realmente difícil, pero aprendo un montón.

—Suena como que hace un mejor trabajo que ese Ninja que Copia.

Sakura se vio ligeramente incómoda por un momento antes de deslizarse debajo de una máscara de calma.

—No es mejor... sólo diferente.

—Ya veo... —hubo una larga pausa—. Es probablemente para mejor que Naruto y Sasuke se marcharan, ¿no es verdad? De esta forma no pueden distraerte.

—Nunca me distrajeron. —Si algo me hicieron mejor, porque tenía que competir con ellos por la atención de Kakash-sensei.

—En cualquier caso, aún es bueno que estén lejos —habló su padre—. Ambos eran malas influencias si me preguntas.

—Correcto —dijo su madre—. Tienes que recordar que ambos vienen con una historia bastante pesada, Sakura.

—¿Y qué? —Sakura empezaba a enfadarse—. Todavía son mis amigos.

—Lo sé, querida, sólo estamos diciendo que es bueno que los veas menos. Quiero decir estaba naturalmente preocupada acerca de Naruto al principio. El chico es... un demonio, todos lo dicen. Y ese compañero traidor tuyo es—

—No insultes a mis compañeros de equipo —la chica de pelo rosa dijo rígidamente—. No sabes nada acerca de ellos.

Su madre suspiró.

—Sabía que no debería haber dejado que te volvieras una ninja. La mala actitud de tu equipo se te está pegado, nunca nos replicaste antes de que te volvieras una... kunoichi —escupió la última palabra como si fuera ácido.

Demasiados insultos hacia el Equipo 7 tenía a Sakura estampando sus manos en la mesa y levantándose.

—No los va a insultar —se giró y empezó a caminar hacia la puerta.

—¿A dónde vas, señorita? —bramó su padre.

—Me voy.

—¡Somos tu familia!

—¡También ellos! —gritó Sakura de vuelta—. ¡No tienen derecho a hablar mal de mi equipo después de todo lo que han hecho! ¡No voy a aguantarlo más! —ignorando sus protestas y apartando la mano de su padre antes de que intentara detenerla físicamente, Sakura se acercó al único lugar al que podía ir. Naruto le había dado una llave extra a su departamento vía Tsunade antes de marcharse—sólo por si acaso—y le serviría hasta que pudiera encontrar algo permanente en la mañana.

Desafortunadamente cuando entró a su (sorprendentemente limpia) sala de estar, su esencia familiar y las memorias del Equipo 7 fueron suficientes para reducirla a lágrimas.


A menudo Sakura se encontraba envidiosa de otros equipos. Era más el hecho de que aún estuvieran juntos que otra cosa, pero también el trabajo en equipo que demostraban. Todos se completaban unos a otros, no podían ir más que unas cuantas horas sin pensar en sus compañeros de equipo. Comían almuerzo juntos los días que no entrenaban o no tenían misiones, sólo para... pasar el rato.

Equipo 7 nunca había sólo pasado el rato. Naruto estaba demasiado determinado en obtener la atención de Sakura, volviéndolo menos deseable para estar cerca, y Sasuke era un recluso. La única vez que recordaba que se hubieran reunido sin tener una sesión de entrenamiento, o una misión, o comiendo en Ichiraku después de uno de los anteriores, habían intentado ver debajo de la máscara de Kakashi. Pero incluso entonces ningún miembro se le había acercado en plan, «¿Quieres ir a algún lado?» Naruto siempre pedía citas. Sasuke nunca preguntaba en absoluto. Y pensándolo, ella nunca lo había pedido. Estaba demasiado ocupada intentando que Sasuke la llevara a casa y alejando a Naruto.

A pesar del hecho de que el Equipo 10 tenía la formación InoShikaCho, era el Equipo 8 del que Sakura estaba más envidioso. Hinata, Kiba y Shino se trataban unos a otros como familia. Nunca se excluían de nada. Su trabajo en equipo era tan perfecto porque se conocían demasiado bien. Eran familia. Y probablemente lo más importante, nunca siquiera considerarían dejar a un compañero detrás para entrenarse a sí mismos.

Cuando Sakura era admitida en un equipo, le disgustaba trabajar más con el Equipo 8, a pesar de lo amigables que eran todos—incluso Shino. Siempre se sentía como la tercera rueda, despedazando sus perfectas formaciones y rompiendo el balance. Se preguntaba qué hubiera sucedido diferente si el Equipo 7 fuera así, pero entonces se sacudía la noción de su cabeza tristemente. Ni siquiera podía imaginarla a ella, Naruto y Sasuke reuniéndose así. Como una familia.


La boca de Sakura podría atrapar moscas de lo abierta que estaba.

—Lo siento, ¿quieres que haga qué?

Aburrida, Tsunade apuntó con un dedo.

—Pesas con esa roca.

El peñasco era cerca de tres veces tan alto como Sakura y tal vez cuatro o cinco veces tan ancho. Con ese tipo de masa y el desarrollo de habilidades de Sakura, a la chica de pelo rosa no le gustaba el resultado. ¿Tal vez sólo tenía que hacerlo un par de veces...?

Sus esperanzas fueron desinfladas cuando Tsunade terminó su sentencia.

—... hasta que colapses —la Hokage caminó hasta el peñasco, levantándolo fácilmente con una mano—. Ahora recuéstate en tu espalda.

Sakura hizo lo que le ordenaron, ya sintiendo sus palmas empezando a sudar.

—Te voy a dar esto y vas a hacer pesas tantas veces como puedas. Tu meta es quinientas repeticiones, si te cansas, tíralo a un lado y empieza a contar otra vez. ¿Quedó claro?

—Sí, Tsunade-shishō.

La roca fue depositada entre sus manos separadas, y Sakura empujó chakra a través de ellos antes de que el peñasco cayera y la aplastara. No fue tan difícil al principio, pero mientras se acercaba a cincuenta podía sentir sus brazos cansándose un poco. Para ciento veinte estaba temblando por el esfuerzo, y tuvo que tirar a un lado la roca gigantezca antes de poder alcanzar la marca de doscientos. Sus brazos se sentían como jalea.

La siguiente vez, apenas alcanzó a doscientos treinta y ocho.

¡Concéntrate! pensó Sakura mientras Tsunade le alcanzaba la gloriosa roca otra vez. Sasuke-kun y Naruto probablemente podrían hacer esto con una mano. ¡Rayos, Kakashi-sensei podría hacer esto, incluso en su avanzada edad!

Pero aún así sólo llegó a doscientos doce.

—Tsunade-shishō, con todo el respeto debido, no puedo—

Su voz se cortó abruptamente cuando una memoria avanzó en su mente.

Irritante...

Tuvo que parpadear de vuelta dolorosas lágrimas ante el recuerdo, no sólo porque era Sasuke-kun, sino porque no podría haberle dado otra impresión que esa. Dejó la villa pensando que todavía era una molestia, y se lo había dicho claramente. Sakura apretó sus puños.

—Dame la roca —dijo Sakura con determinación marcando su voz.

—Sakura, esto no tiene sentido. Obviamente no estás en este nivel de habilidad todavía. Lo intentaremos otro...

¡Dame la maldita roca! —una Sakura en un estado normal se hubiera horrorizado de hablarle de esa manera a sus superiores, pero Inner Sakura había salido y estaba determinada y furiosa. No sería débil. ¡Les enseñaría a todos!

Empezó con las repeticiones.

No soy irritante... Ni siquiera sé de dónde sacó eso... Te amo pero Naruto estaba en lo correcto cuando dijo que eres un dramático niño emo...

137.

no puedo creer ese pervertido de pelo blanco profesor. Probablemente es tan viejo como la tierra y todavía uno de los ninjas más fuertes... De verdad necesito averiguar qué hace para entrenar...

349.

torpe chico rubio... ¿Cómo diablos es tan fuerte? ¡Nunca entrena en serio y probablemente podría levantar este peñasco mucho más tiempo que yo y oh! Esta cosa se está volviendo pesada.

523.

En realidad, creo que perdí la cuenta. Oops. ¿En qué número voy? … Oh, ow... pesado... no puedo... ¡Ah!

Sakura lanzó la roca y se sentó jadeando y asquerosamente sudorosa. Esperaba que al menos hubiera llegado a quinientos, de otra manera iba a tener que idear monólogos más fuertes.

—Muy bien, Sakura. Quinientos cuarenta y siete.

—... ¿De verdad?

—Sí. Ahora ve a casa y descansa.

—Pero apenas es la mitad de la tarde.

—Lo sé, pero necesitarás todo el descanso que puedas obtener, porque mañana... —la rubia se rió con malicia—. ¡Harás lo mismo sobre el lago!

Sakura hizo un puchero.

—Eso es cruel, shishō.

—¿No es así? Ven, te invitaré a almorzar.

Sakura le dio una seca mirada a su profesora.

—No tienes dinero.

—Ah, cierto, cierto... ¡Supongo que tú invitas entonces!

Ahí estaba la única similaridad entre Kakashi-sensei y Tsunade, y era cómo se las ingeniaban para evitar pagar cualquier cosa. Pero Sakura había aprendido unas cuantas cosas observándolos en acción.

—¿Sakura? ¿Dónde fuiste?

Y una de ellas era desaparecer sin dejar rastro.

—¡Maldita sea, Sakura! ¡Quería una barbacoa!


Se suponía que sería una simple misión de acompañamiento con el Equipo 10. Shikamaru era el líder, y todo el propósito era darle un poco de experiencia como tal. Escortaban al asistente del Daimyo de fuego alrededor de unos acantilados cuando fueron emboscados por un montón de ninjas de Roca. Gracias a dios que apenas parecían ser de nivel Genin, o Chuunin realmente patéticos. Ino fue asignada para vigilar al asistente (lo que hizo que Sakura sonriera, porque ése era normalmente su trabajo, lo que significaba que Shikamaru pensaba que era lo suficientemente competente para pelear). Ino empezó a pelear a uno que había intentando atacar al asistente, pero tristemente, el asistente no era un ninja. Desde su punto de ventaja peleando con uno de los shinobi con una espada gigante, Sakura vio a su encargo temblando y alejándose del peligro. Lo hubiera fomentado en situaciones normales, pero si seguía moviéndose más lejos caería del acantilado.

Sakura estaba a punto de gritarle a Ino, pero entonces la roca debajo del asistente se despedazó y su encargo estaba cayendo antes de que alguien pudiera alcanzarlo.

Maldiciendo, la médico golpeó a su oponente y corrió pasada la pelea, saltando por encima de gente que intentaban tocarla para atacarla. Sin un segundo pensamiento—en realidad sin ningún pensamiento—Sakura saltó del acantilado y se movió en dirección a su encargo. Maniobró su cuerpo de modo que estuviera completamente vertical y así obtener más velocidad. El asistente del Daimyo de fuego estaba llorando y agitándose, y casi perdió su agarre en él una vez que se las arregló para tomar un puñado de la parte trasera de su túnica. Entonces, con algo más que un poco de pánico, Sakura pensó ¿ahora qué?

Sólo había una técnica en la que podía pensar ahora, y nunca la había intentando antes. Pero esperaba que sus días idolatrando a Sasuke le hubieran servido para recoger uno o dos trucos... y rápido.

No todos los ninjas podían manejar un hilo de chakra decente, pero no todos tenían el control que Sakura exhibía. Sacó su chakra y lo pegó y lo enrolló alrededor de una rama perdida en el lado de la montaña. Lo sintió volverse tirante, y ambos—shinobi y carga—recibieron un desagradable latigazo, sin mencionar que Sakura sentía que ambos brazos se sentían como si estuvieran siendo arrancados de sus lugares. Lentamente, Sakura los bajó el resto de los treinta pies, y creyó ver al hombre literalmente besar el suelo una vez que llegaron abajo. El corazón de Sakura corría a toda velocidad y sus rodillas estaban débiles.

—Oh gracias, gracias, gracias...

—¡Sakura!

Dicha chica miró hacia arriba para encontrar al resto de su equipo corriendo montañana abajo con pies inundados de chakra. Ino la alcanzó primero y la tacleó con un abrazo.

—¿En qué estabas pensando, Frente? ¡Te podrías haber matado!

Shikamaru, manos en los bolsillos, le dio una mirada al histérico hombre en el suelo.

—Buen trabajo, Haruno. Continuemos.

Sakura sonrió. Ése era el tipo de atención que quería. Como si hiciera este tipo de cosas todos los días. Como si fuera su igual.

—¡Shikamaru! —gritó Ino mientras Sakura caminaba junto a su compañero, que se alejaba cada vez más. Chōji fue forzado a cargar al asistente porque el hombre se rehusaba a levantare del suelo—. ¡Al menos muestras un poco de compasión, podría haber muerto! ¡Shikamaru!


Para el segundo examen Chuunin de Sakura, fue puesta en un equipo con Ino y Chōji, quienes estaban sin un compañero debido al ascenso de Shikamaru el año anterior. Estaba exitada, porque pensaba que podría probar sus nuevas habilidades (gracias a Tsunade.)

El examen escrito fue fácil, pero sabía que iba a ser el Bosque de la Muerte lo que la desafiaría.

Y desafiarla lo hizo.

Casi la primera cosa que ocurrió fue un grupo de ninjas de Humo intentando quitarles su pergamino de Cielo y Chōji fue envenenado con una aguja senbon. Ladrando a Ino para que distrajera al enemigo, Sakura arrastró al inconsciente Choji a un punto relativamente secluido. Tomó un vial de su bolso médico, que era muy grande y aún se estaba acostumbrando a su peso, y puso un generoso montón (probablemente bastante más de lo que necesitaba) en la herida. El color púrpura empezó a desaparecer y—

—¡Sakura, detrás de ti!

La susodicha giró en sus rodillas y paró un ataque. Intentó darle una patada pero él saltó antes de que poder hacerlo posible. Cuando volvió, Sakura lanzó una shuriken gigante. Él la evadió y soltó una granada de humo.

Sakura tosió pero eventualmente encontró a Ino. Se pararon dándose la espalda y Sakura escuchó por movimiento. Había algo, pero no podría decir qué.

El humo se aclaró y los tres ninjas de Humo agarraron a Chōji, que estaba demasaido atontado para pelear de vuelta. Sakura, viendo su oportunidad, le dijo su plan a Ino en un bajo murmullo, e Ino asintió.

Ino usó sus habilidades mentales para tomar control del tipo sosteniendo a Chōji. Sakura pisó fuerte.

—Aw, mira. La pequeña nena está teniendo una rabieta.

El cuerpo que Ino estaba comandando empujó a Chōji a un lado justo antes de que se formara una grieta desde el tacón de la sandalia de Sakura hacia los tres enemigos. Apenas tuvieron un segundo para lucir sorprendidos antes de que el suelo se los tragara por completo.

Ino, de vuelta en su cuerpo, estaba revisando a Chōji. No se movía.

—¿Está inconsciente otra vez?

Ino se rió.

—Algo así. Se desmayó.


En las pre-eliminares, Sakura había ganado su pelea fácilmente contra el ninja de Cascada sin siquiera usar su fuerza monstruosa. Estaba sorprendida de ver a Kakashi allí, observándola, desde que no se lo había encontrado en absoluto en el último medio año. Le dijeron las parejas para la primera ronda de las semi-finales. Sakura estaba contra Rock Lee. Se miraron el uno al otro por un momento y luego apartaron los ojos. Podían no querer luchar contra el otro, pero ninguno planeaba perder.

Ésa era la razón por la que Sakura estaba siendo apaleada a puré por la Hokage misma.

—Lee va ser muchísimo más rápido que esto, Sakura. ¿Qué harás entonces?

Sakura, cara hacia la tierra, escupió una roca de su boca y murmuró «buena pregunta».

Una venda fue puesta sobre sus ojos.

—Te dije que sintieras. Estás usando demasiado tus ojos.

Fue difícil por los primeros entrenamientos, no ser capaz de ver, pero eventualmente Sakura encontró el truco a sentir el ritmo de la tierra y las interrupciones cuando alguien se movía a través de ella. Por primera vez, Sakura bloqueó un golpe hacia su estómago y sonrió de lado en triunfo. Fue recompensada con una inesperada patada por su arrogancia.

Así que cuando finalmente llegó el día de su encuentro, ambos peleadores estaban entendiblemente nerviosos, pero se enfrentaron de todos modos. Lee acabó por darle el primer golpe a la mandíbula, y desapareció después de eso, acertando un golpe en el centro de su espalda, enviándola desmadejada hacia delante. Podría haber jurado que escuchó a Tsunade gruñir desde la plataforma del Hokage.

Rock Lee estaba en alguna parte entre los árboles, esperando para hacer un ataque sorpresa. No tenía chakra para sentir, así que Sakura no sabía dónde estaba. Para la sorpresa de toda la multitud, Sakura empujó su protector sobre sus ojos. Los murmullos («¿Te puedes creer lo engreída que es?» «¡Ni siquiera lo ha golpeado una vez!» «¡Lee! ¡Ahora mientras está descuidada! ¡YOSH!») eran distrayentes, pero los ignoró y se concentró en la tierra. Escuchó el familiar ritmo calmante... ¡justo ahí!

Sakura movió su cuerpo, agarró el puño que se acercaba, y golpeó a la Bestia Verde tan fuerte que navegó a través del campo y chocó contra la enorme pared de concreto.

El estadio entero se sumió en un silencio sepulcral.


A pesar de que Sakura perdió en la cuarta ronda contra Gaara, fue promovida a Chuunin. Hubo una fiesta de celebración para ella y para los otros cuatro ninjas de Konoha que habían sido promovidos (Tenten, Lee, Ino y Kiba). Neji lo había logrado seis meses atrás cuando Sakura aún estaba entrenando. Hinata, Shino y Chōji todavía trabajaban en sus títulos de Chuunin, y probablemente lo lograrían en el siguiente examen en seis meses. Los Hermanos de la Arena, que eran todos Chuunin para entonces, también atendieron. Hubo unos pocos civiles, muchos familiares, y bastante otros ninjas. El único sensei que no vio en la fiesta fue el suyo. El Ninja que Copia estaba en una misión de rango S, y no había visto su encuentro en la semi-final. Le había deseado suerte antes de irse, pero eso no suavizó el impacto.

—Fue una demostración bastante impresionante, Haruno —dijo Temari posicionándose junto a la chica de pelo rosa en el buffet. No estaba cargando su abanico.

—Gracias, Temari-san.

—Debo admitir que incluso perdiste hermosamente. No sabía que algo aparte de tu cabello pudiera volverse esa sombra de rosa.

Pensar acerca de modo en que Sakura había perdido la hizo sonrojar otra vez. Por alguna razón que sería por siempre desconocida para ella, Gaara había abandonado sus ataques y elegido ir por combate a corta distancia. Sakura pensó que tenía ventaja a este punto, y puso un infierno de pelea, pero Gaara eventualmente los maniobró de modo que estaba completamente presionando a Sakura contra el suelo del estadio. Estaba a horcajadas sobre sus caderas y manteniendo sus piernas abajo con sus pantorillas. Sabía que no podría sostenerla con una mano, así que mantenía sus muñecas a cada lado de su cabeza. Para mejorar la imagen, estaba tan cerca, desafiándola a que se moviera, que sus narices estaban prácticamente tocándose. Sakura sólo lo había fulminado con la mirada a pesar de que estaba segura de que se estaba ruborizando. No lo malinterpretes, intentó forcejear, pero el pelirrojo era inmovible. Sin mencionar que sus hormonas se estaban agitando por su proximidad. Si sus abdominales eran para nada como los de Naruto o Sasuke... el pensamiento la hizo querer temblar.

—Pero no te sientas mal. Quiero decir que es mi hermano, así que naturalmente es sorprendentemente atractivo. Sin mencionar que será el futuro Godaime Kazekage.

—De verdad tienes una boca grande, hermana —dijo Kankuro mientras caminaba, Gaara a su lado—. Se supone que es una sorpresa.

—Estoy sorprendida, si eso ayuda —ofreció Sakura.

—Eres toda una deportista, Sakura —comentó el marionetista deslizando un brazo alrededor de sus hombros. Gaara fue el único que notó sus hombros tensarse una fracción—. Pero no le digas a nadie, ¿vale? Aún tenemos que sorprender a alguien.

—Por supuesto que no. —Cómo logró mantener su voz nivelada era un misterio, porque estaba de pie entre tres ninjas muy poderosos, uno de los cuáles la miraba fijamente con penetrantes ojos verde jade.

—Kankuro —dijo el barítono de Gaara—. Apartarás tu brazo de ella ahora.

Kankuro chasqueó la lengua.

—¡Tan sensible! ¡Nunca vamos a casarte, hermano pequeño! —y juguetonamente se fue pisando fuerte. Gaara se inclinó y lo siguió, pero no antes de que Sakura pudiera decir:

—Felicidades, Kazekage-sama.

Sakura preguntó a Temari:

—¿Qué fue eso?

La otra chica se rió.

—Creo que Gaara estaba intentando decir que si alguna vez necesitas ayuda, Haruno Sakura, Suna cubrirá tu espalda.

Sakura se marchó más tarde esa noche sintiéndose muy halagada.


Sakura estaba empezando a recoger un poco del humor enfermizo de su mentora. En el exterior era dulce, inocente Sakura, pero Inner Sakura había escogido alguno de los más finos detalles. Era una misión hacia alguna remota villa, donde un ninja de bajo calibre seguía violando a chicas adolescentes. Sakura hizo un poco de asesoramiento, y entonces fue hacia la fuente del problema.

Se paró frente al escritorio de Tsunade después del hecho, entregando su reporte de misión.

—¿Te encargaste del problema?

—Sí, shishō. Te garantizo que ése hombre nunca tocará a una mujer de nuevo.

Tsunade le dio una mirada sospechosa.

—No lo mataste... ¿cierto?

—No, por supuesto que no —y entonces fue obvio que Inner Sakura se adelantó sólo un poquito, cuando una sonrisa maliciosa se esparció por la boca de inocente Sakura—. Le corté la polla.

Tsunade echó la cabeza hacia atrás y se rió, lágrimas apareciendo en sus ojos. El ANBU en la habitación, obviamente un hombre, se removió y presionó sus piernas un poco más cerca. Sakura era una fuerza a tomar en cuenta.


Su cabello era largo otra vez.

Como un hecho, decidió que le gustaba más corto. Se metía menos en el camino cuando peleaba, y había sido objeto de más que un golpe porque sedosos mechones rosa oscurecían su visión. Ahora sabía por qué a Sasuke le gustaban las chicas de cabello largo. Era un sádico.

Además, tener el cabello corto le recordaba a la kunoichi acerca del Equipo 7. Se lo había cortado en un esfuerzo para salvarlos. Era su momento de gloria en un tiempo cuando no tenía demasiados. Con eso dicho, sonrió al barbero mientras éste ataba la tela alrededor de sus hombros.

—¿Qué será esta vez, Sakura? ¿Un recorte como de costumbre?

Sakura sonrió más y acercó su mano hasta su hombro.

—La verdad, quiero que lo cortes hasta como por aquí.


—Feliz cumpleaños número quince, Frente —Ino sonrió a Sakura, entregándole un pequeño paquete.

—¿Me trajiste algo? —preguntó Sakura. Las misiones estaban siendo apiladas en los shinobis últimamente. Rara vez le había hablado a alguien que no fuera un médico-ninja en las últimas semanas. Claro que Sakura casi no iba en misiones, desde que permanecía demasiado tiempo sanando a ninjas en el hospital así podrían ser enviados de vuelta al campo otra vez.

—Sí, aunque no es mucho.

Lo que sea que fuera, estaba envuelto en papel de seda y nada más. Era ligero también. Sakura rompió el envoltorio, lo que reveló dos guantes blancos. Se giró a la rubia, un poco confundida.

—Siempre estás rompiendo cosas y arruinando tus manos, así que de esta manera no vas a tener que curar tus nudillos todo el tiempo.

Sakura sonrió.

—Gracias, Ino. Esto de verdad va a ser útil.


—Así que, Minako-san, ¿entiendo que esta es la quinta vez que has fallado en completar tu trabajo...?

Sakura hablaba a una enfermera relativamente nueva, que era apenas unos cuantos años mayor que ella. Estaba aspirando para volverse una médico, aunque ésa meta parecía risible con su ética de trabajo.

La mujer se removió nerviosamente en su asiento.

—Lo siento, Haruno-sempai, pero el trabajo ha sido abrumador estas últimas semanas.

Oh, Sakura sabía esto muy bien, considerando que las misiones estaban siendo dadas a los equipos casi tan pronto como volvían de otra. Sakura había estado sanando gente sin muchos descansos, incluso quedándose después de horas. La enfermera frente a ella se marchaba a las cinco, estuviera su trabajo hecho por el día o no.

—Dice aquí —Sakura pasó unas cuantas páginas de las quejas del personal médico— que has sido vista enrollándote con tu novio... repetidamente.

Minako se sonrojó.

—Yo... sólo durante mis recesos...

—¿Y por qué te tomas tantos recesos cuando aún tienes trabajo que hacer?

—Bueno... eso es...

—Me temo que voy a tener que dejarte ir. Por favor inténtalo de nuevo cuando tengas un mejor entendimiento de la palabra «responsabilidad».

Esta vez, Minako enrojeció en enojo.

—¿Siquiera tienes la autoridad?

—Sí.

—De verdad lo dudo. Tienes—qué—¿quince?

—Por favor no vengas al trabajo mañana. —O nunca, Sakura quiso decir, pero ató su lengua.

—¡Esto es ridículo! ¿Crees que puedes ser tan arrogante sólo porque no tienes compañeros de equipo que te roben la gloria? —se rió cruelmente—. Correcto. Lo sé todo sobre tu equipo. ¡Te dejaron porque les estorbabas!

—Tienes cinco minutos para irte del hospital antes de que llame a seguridad. —Mantén la calma, Sakura, pensó, ahora no es el momento para perder la paciencia.

—No te atreverías. Eres demasiado débil para hacer algo como...

Súbitamente se encontró a sí misma apretada contra la pared con shuriken.

—No creo que entiendas tu posición —dijo Sakura, su voz saliendo como un siseo malvado—. En realidad iba a reconsiderar contratarte si completabas el entrenamiento otra vez, pero no ahora. Ahora, si dices otra palabra en contra de mis compañeros, te pondré en la lista negra. Nunca te volverás un médico, y nunca conseguirás otro trabajo aquí —los ojos de Sakura eran fríos—. Saca tu trasero del hospital antes de que te patee yo misma.

La mujer removió cuidadosamente las shuriken y se fue llorando pasillo abajo. Una divertida enfermera caminó en la oficina—que en realidad era de Tsunade, Sakura sólo la había pedido prestada—a tiempo para ver a Sakura golpear un agujero en la pared.

—Um... ¿Haruno-sempai?

Sakura abrió una ventana y se paró en el borde.

—Cúbreme por un rato, ¿podrías? Necesito ir a quebrar algo.

Y desapareció.


El primer asesinado de Sakura no fue muy personal. Siempre había fantaseado que tendría que mirar en los ojos de la víctima y... apuñalar. Finalizaba sus pensamientos ahí, porque de verdad no podía imaginar matar a alguien. Conocía a Jonin que todavía tenían pesadillas de su primera matanza, cazándolos dormidos y despiertos. Contaban historias de que se darían la vuelta en un rincón afilado en calles ocupadas y ahí estaban. Tsunade recordaba su primera muerte. Un ninja exiliado de Roca. Sus ojos eran azules.

La médico estaba en un equipo para proteger un convoy para el Daimyo de Fuego. Se las arregló para atrapar un vistazo en los largos vagones, y dentro estaba el usual oro y pergaminos. Sakura pensó, «Nunca nos dan algo interesante para proteger, como vagones llenos de chocolate o champán caro.»

El convoy pasó a través del bosque, en un camino que parecía sereno hasta que escuchó a través del cable que estaban rodeandos. Shinobi de Hierba. A lo menos diez de ellos, ninguno más alto que nivel Chuunin. Sakura estaba al frente del convoy, caminando junto al hijo del Daimyo de Fuego a su insistencia. Sus compañeros de equipos —una mezcla de equipos con ella, Kiba, Neji y Tenten—habían rodado sus ojos ante esto.

Se abalanzaron al chico de diecisiete años, y nada entró en la cabeza de Sakura excepto por bloquea, pelea, lanza, esquiva la kunai, protege. Era un frenesí. Los ataques eran pura locura. No tenía tiempo para pensar en sentencias, olvídate de una estrategia.

En el renadío, iban alrededor recolectando información de sus atacantes. Sakura vio a un hombre con una kunai hundida en su garganta, y no había pensado nada acerca de ello hasta que se dio cuenta; «Oh, ésa es mi kunai».

Acababa de matar a un hombre y no estaba segura de cómo sentirse.


Entre el entrenamiento de Tsunade, algo de resistencia y taijutsu con Gai, y trabajando en el hospital, Sakura estaba un estado en el que permanecía la mayor parte del tiempo. De hecho, si no lo estaba, lo tomaba como un signo de que no estaba entrenando lo suficiente. Llegaba a casa y tomaba baños hirviendo para aliviar el dolor, incluso si estaba cansada como una muerta. Más de una vez, se durmió en el tubo, y pensó que era sorprendente el que nunca se hubiera ahogado.

Pero lo valía, pensó, porque un día estaría a la par con su equipo. Se pararía a su lado y pelearían contra el enemigo, en lugar de estar en un rincón y verse preocupada.

Iba a ser útil.

Iba a ser fuerte.


Kakashi se desvaneció.

¿Derecha...? ¿Arriba...? ¿Izquierda...? ¿Detrás...?

Sakura sonrió de lado.

—¡Abajo!

Dos años y medio de horrible entrenamiento valían la pena si sólo por ése momento. Vio la cara sorprendida de Naruto en el rabillo del ojo, y el único ojo visible de Kakashi era amplio en cómico pavor y clara sorpresa.

Perra, por favor.

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to be continued.