La Elección de Bella

Capitulo 1º Rota.

Bella miró de nuevo el papel que sostenía entre sus manos, pero no leyó lo que ponía en él, lo sabía perfectamente. Podría recitarlo una y otra vez sin necesidad de mirarlo, levantó la vista, frente a ella, el reloj marcaba las seis de la mañana, y ella, seguía ahí, como hipnotizada, perdida en su mente, luchando por pensar de forma racional.

Dobló la hoja con cuidado y la guardó en un pequeño cofre, seguía sin poder comprender como había llegado hasta ese extremo, a aquel límite, a aquella situación. Se levantó acercándose a la ventana, bajó la persiana con fuerza, con rabia, la luz de la mañana empezaba a iluminar la fría estancia y ella estaba agotada, a pesar de que el sueño aún no la había vencido. Se sentó sobre la cama y encendió el último cigarrillo que había en el paquete, saboreando cada gota de su esencia, se dejó caer en la cama, con desesperación, tratando de conciliar el sueño nuevamente, pero fue inútil. Sentía como la pesadez se apoderaba de ella cada instante, cada segundo, cerró los ojos y trató de olvidar todo lo ocurrido, todo lo que había pasado, pero sólo consiguió hacerlo volver con más fuerza, apoderándose aquella sensación de todos los poros de su piel.

Dejo reposar la cabeza sobre la suave almohada de plumas, dejándose llevar por sus pensamientos, vagando por cada rincón de su mente, sin olvidar un solo detalle de lo ocurrido el día anterior, pensaba en él como un Dios, no podía desprenderse de su imagen, por más que lo había intentado no podía hacerlo, pensó en como se había sentido, sometida, entregada, y se sentía bien. Le hubiese gustado que nunca terminase, seguir así, para siempre, pero también sabía que no podía hacerlo, que había algo que se lo impedía, algo más fuerte que su pasión hacía él.

El teléfono la arrancó de sus pensamientos, sonaba casi frenético en la mesilla, giro el cuerpo y lo cogió.

- Diga- respondió malhumorada.

- Hola Bella- era Jacob, su mejor amigo desde la infancia- ¿Te he despertado?.

- No, no la has hecho Jake, estaba pensando.- respondió con voz queda.

- ¿Cómo estás?- preguntó.

- Bien, cansada, sólo eso, pero no pasa nada, ya sabes que últimamente no levanto cabeza, supongo que saldré de esta- confesó de forma monótona.

- Te veo decaída Bella, ¿pasa algo?- insistió él.

- No, ya te he dicho que no pasa nada. – Finalizó ella, cortante, de modo frío.

- Bella, nos conocemos, y algo pasa, lo notó en tu tono de voz- prosiguió.

- ¡Déjalo!- replicó furiosa y colgó el auricular.

Se sentía rabiosa consigo misma, debía haberle contado a Jacob lo sucedido, el siempre la apoyaría, y al menos, no se sentiría tan sola. Devastada por haberle quitado la confianza que tenía en él, apagó el cigarrillo con rabia en el cenicero y con el dorso de la mano limpió las lágrimas que empezaban a aflorar de sus marrones ojos, luchó en vano con la pesadez que la embargaba, y finalmente se dejó vencer por el sueño.

Apenas eran las 10 de la mañana cuando escuchó pasos en el pasillo, se incorporó y vio a Jacob en el umbral de la puerta, sonriente como siempre, sin prestarle atención alguna, se volvió a esconder entre las sabanas, esperando que sólo se tratara de un sueño, no le apetecía ver a nadie, y menos que a nadie a Jacob.

- Despierta bella durmiente- espetó él desde la puerta. – Son las diez- apuntilló.

- Estoy cansada, déjame dormir- rogó ella entre las sabanas.

- Venga, te invito a desayunar- insistió él, mientras se dejaba caer junto a ella en la cama.

- Jacob, necesito dormir, de verdad- prosiguió ella, mimosa.

- Anoche estuviste fuera. Te llamé un millón de veces- dijo.

- Si, estuve fuera. – Concluyó ella mientras se levantaba.

Se puso unas zapatillas y se dirigió a la cocina, miró inquisitiva a su amigo que le tendió el paquete de Marlboro, ella sacó un cigarrillo y lo prendió con un mechero, después puso la cafetera en el fuego y preparó dos tazas, al sentarse se dio cuenta de que estaba más dolorida de lo que esperaba, no pudiendo evitar hacer una mueca de dolor y sorpresa que no pasó desapercibida a los ojos de él, que la observó detenidamente, esperando una respuesta aunque no la necesitaba, esperaba al menos una explicación, por lealtad, simplemente por eso.

Observó la silueta de su amiga, sus piernas que se dibujaban preciosas bajo aquellos pantalones de pijama, su contorno bajo una camiseta ajustada de tirantes, y su pelo castaño y liso cayendo sobre sus finos y delicados hombros. Pero a pesar de todo, de lo bien que la conocía, no era capaz de averiguar lo que se escondía bajo sus ojos marrón chocolate, estaban turbios, y no recordaba haber visto nunca aquella expresión en ella. Se acercó hasta la silla donde ella estaba sentada y puso sus manos sobre los hombros de ella, dándola un breve masaje.

- ¿Dónde estuviste anoche Bella?- preguntó sin dar más rodeos.

- Ya lo sabes, no preguntes más- pidió ella, suplicante, no quería dar explicaciones, de lo sucedido a nadie.

- Bien, como quieras- aceptó él- pero sabes que sólo trato de ayudarte.

- Si quieres ayudarme, no me presiones, por favor- musitó mientras giraba la cabeza para mirarlo a la cara. – Sólo apóyame.

- ¿Cómo puedo apoyarte en tú locura?- Bella, un día de estos te matarás y no podré evitarlo. – Sólo hago esto por ti.

- No eres mi padre Jacob, sólo pido que me dejes seguir con ello, que no te interpongas entre esto o yo, puedes salir perdiendo- advirtió mirándole duramente.

- Renunciarías a una amistad de veinte años por ello.

- No me pongas a prueba- concluyó- podría sorprenderte.

Se levantó con fuerza y recogió las cosas que había sobre la mesa, dando la espalda a Jacob, no tardó en escuchar como caían unas llaves sobre la mesa de la cocina y la puerta se cerraba a sus espaldas, apoyó las manos sobre la encimera e inclinó la cabeza, presa del llanto, se había ido, ella había hecho que se fuera, notó como los sollozos la acongojaban y el pecho le latía con fuerza, como si el corazón se le fuese a escapar de un momento a otro, prácticamente había echado a Jacob de su vida, las fuerzas le fallaron y se deslizó hasta el suelo, hundida, desesperada.