Cuento de verano

Eran más de las seis de la tarde y el sol comenzaba a esconderse, estaba fresco pero no llevaba abrigo.

_ ¿Porque no quieres volver?_

_ Porque nada bueno me espera allí_ contesto mientras sus ojos oscurecían por causa de las lágrimas que amenazaban con salir.

Se encontraba sola en la orilla admirando el mar, era una de las cosas que mas le gustaba hacer, en especial a esas horas del día, cuando la gente regresaba a sus casas y la playa se encontraba casi desierta. Era el momento en que su mente comenzaba a divagar y repasaba todas las cosas con las que imagino en su niñez y nunca consiguió. Tenía una buena vida, muy buena en realidad, padres que se preocupaban por ella, buena educación, amigas, nunca le falto nada, pero así y todo se sentía sola, sin nadie que la comprendiera verdaderamente.

Si había algo que le gustaba más que admirar el mar eran las novelas que leía con tanta devoción. Desde policiales a fantásticas, ningún género era descartado ante su apetito por la lectura. Pero definitivamente sus preferidas eran las románticas. Le encantaba considerarse un personaje de la novela e imaginar que vivía lo mismo que dicho personaje. Sentía así que vivía las aventuras que siempre soñó tener, pero nunca consiguió cumplir. Esas novelas eran su escape de la realidad.

El paso de los días marcaba el final de sus vacaciones, el momento donde leía tantos libros como su velocidad lectora se lo permitía y olvidaba todas las cosas que durante el año la agobiaban; pero ahora que debía regresar a la realidad, recordaba las cosas que tanto le molestaban y se deprimía. Abandonar aquel lugar cerca del mar que tanto la relajaba y alegraba era una tortura y no sabia si soportaría otro año mas así, siendo incomprendida, ocultando sus verdearos sentimientos bajo una mascara por miedo del que dirán, sintiéndose un completo extraño dentro de su propia familia. No quería regresar. Deseaba con toda su alma ser uno con el mar.

Siguió sentada allí por un buen rato. Calculaba que en cualquier momento tendría que regresar para la cena pero no quería hacerlo. Se levantó, dio media vuelta y observo los edificios que se alzaban a lo largo de la costa una vez mas, deteniéndose un poco mas en el que ella y su familia pasaban sus vacaciones hacia ya un par de años. Las lágrimas que ya rodaban por sus mejillas hacia un buen rato se intensificaron. Miro al mar, tan poderoso, dócil y perverso a la vez. Comenzó a caminar lentamente hacia el, el agua mojaba sus pies, a medida que se adentraba mas y mas las olas la golpeaban y amenazaban con devolverla a la orilla pero no se dejaría vencer, no esta vez, estaba decidida. Sus lágrimas y el agua del mar ya era la misma cosa. Poco a poco el agua la iba tapando, el peso en sus pies le impedían llegar a la superficie, hasta que una ola inmensa la tapo por completo y su cabeza nunca volvió a la superficie.

No tardaron mucho en encontrarla, un día quizás. Apareció a la orilla del mar, cerca de donde solía sentarse a meditar. Su cuerpo era mojado por las olas que iban y venían, pero ella ya no sentía nada, era tarde y al fin consiguió su tan buscado escape de la realidad.