Poké Wars: El deseo de Lugia

"Lugia" Dijo la voz serena

"¿Si me señor?" Contestó el pokemon legendario con la cabeza gacha.

"A ti igual te hago entrega de seis de mis Orbes de la Creación" Le contestó la voz.

Seis orbes brillantes de color plateado se materializaron frente a Lugia, ubicando el espacio entre los dos pokemon. El otro, era Arceus, el pokemon origen.

"Úsalas sabiamente, como ya se lo he dicho a tus otros hermanos, como a Ho-Oh, a Reggigas, entre otros. Recuerda que tienen un gran poder, cada uno es capaz de cumplir un deseo, son capaces de cambiar algo en otra cosa totalmente distinta e incluso crear algo de la nada misma, tal como te he creado a ti a este mundo. Recuerda, que en cualquier momento puedes recuperar alguno de los orbes que has ocupado destruyendo lo que has creado con él, pero de todas formas, no vayas a crear algo que luego te arrepientas de haber hecho ¿lo has entendido?"

"Por supuesto mi señor…" Contestó con tranquilidad, seguro que no decepcionaría a su señor.

Han pasado muchos años desde ese día, el día en que fue creado en el génesis del mundo, los pokemon y en el que el universo le fue dado su orden actual. Lugia, el pokemon Guardián del Mar había ocupado tres de sus orbes para crear un trío de aves legendarias: Articuno, el ave de escarcha, Zapdos, el ave del trueno y a Molares, el ave llameante.

Pasaron los siglos y milenios sin que Lugia encontrara una utilidad para los tres orbes que le quedaban a su disposición. Pero, en algún momento, algo dentro de él comenzó a crecer. Una emoción que al principio no sabía que era, tras largos siglos y con la sabiduría de los años, se dio cuenta que era: soledad.

Lugia, junto con los demás legendarios, eran únicos: eran poderosos y tenían grandes responsabilidades. Pero con el tiempo, Lugia comenzó a sentir envidia de los pokemon comunes y de los humanos, tenían algo que él no tenía: una familia.

Un día, Lugia tocó con el morro de su nariz uno de los Orbes de la Creación, deseó algo que quería con ansias.

"Deseo tener un hermano que me acompañe en esta vida…"

El orbe resplandeció con un destello blanquecino, comenzó a moldearse y cambiar de forma, la figura comenzó a tomar forma, una forma igual a la de Lugia. Finalmente, parado frente a él, apareció otro Lugia, uno que sería su hermano.

"¿Sabes quien soy?" Preguntó Lugia.

"Si, tu eres mi hermano" Contestó el hermano con una sonrisa.

Ambos hermanos volaron juntos por el cielo y bajo las aguas por siglos, compartieron grandes momentos juntos, se tenían el uno al otro, no iban a estar solos jamás. Para el hermano de Lugia, nada podía ser mejor que vivir para siempre con su hermano.

Pero Lugia, a pesar de los grandes momentos que vivía con su creación, no se sentía feliz. ¿Qué había faltado? ¿Qué tenían los otros pokemon que a él le faltaba? ¿Por qué sentía una sensación de vacío dentro de su corazón a pesar de que tenía un hermano, una familia?

Lugia, contemplando a los demás pokemon, se dio cuenta de que era: se sentía solo porque deseaba una pareja, igual como la tenían los demás pokemon. Lugia se dio cuenta que a pesar de tener un hermano en quien confiar, su corazón deseaba tener una hembra a quien amar y que esta lo amara a él. Con el tiempo, la obsesión creció dentro de él: la veía en sueños, lo llamaba, le pedía que estuviese con ella, que la amara, que no se separara de ella, que ella lo amaría por siempre, que vivirían felices, juntos por siempre…

Lugia se decidió, una noche, mientras su hermano dormía, tocó con su morro el penúltimo orbe que le quedaba.

"Deseo una compañera… Una compañera de por vida que me ame… Una compañera como la que vive en mis sueños… Deseo que sea real, que la pueda ver, sentir, tocar, tener cerca… Una compañera que me ame y que amaré hasta la muerte…"

El orbe, cumpliendo las órdenes de su dueño, brilló con un nuevo destello blanco, cobró forma, otra forma similar a la de Lugia, aunque era esta vez un poco más baja que él. Lugia quedó mudo frente a ella: era una hembra hermosa, grácil y elegante. Era tal cual como la había soñado, era la compañera que su corazón necesitaba.

"¿Por qué me miras de esa forma?" Preguntó mientras veía la cara de estupefacción de Lugia con una risita "¿Acaso soy demasiado hermosa para ti, querido…?

La compañera de sus sueños se había materializado al mundo real.

El hermano de Lugia aceptó a la nueva miembro de la familia, los tres aprendieron a vivir juntos, navegando permanentemente tanto en el cielo como en el mar. Lugia no podía ser más feliz, tenía la compañera que siempre había deseado. Pero con el paso del tiempo el hermano de Lugia se dio cuenta de cómo Lugia le prestaba cada vez menos atención, su atención era y sólo para ella, la compañera de Lugia. El hermano comenzó a sentirse triste y envidioso del amor que ambos se expresaban ¿Por qué Lugia podía tener una compañera de ensueño cuando aun le quedaba un Orbe de la Creación? ¿Por qué no podía utilizar el último orbe para crearle una compañera a él también? Soñaba con cuatro Lugias: dos machos y dos hembras surcando los cielos.

Lugia también tenía sus propias preocupaciones, el amaba a su compañera y esta lo amaba a él. Pero ambos se dieron cuenta de algo, algo que se había olvidado especificar en el momento que Lugia había pedido su deseo: su compañera era estéril.

Ambos deseaban tener un hijo propio, uno que simbolizara su amor eterno. Un hijo al que pudiesen querer y mimar ambos, pero los deseos del orbe tenían que ser lo más específicos posible y a Lugia se le había olvidado mencionar en su deseo que su compañero pudiese reproducirse.

Lugia y su compañera le contaron este al hermano, la única forma de volver a la compañera de Lugia fértil era utilizar el último orbe. El hermano se preocupó ¿usarían el último orbe para volverla fértil sin considerar su propia soledad? El ya había mencionado la soledad que sentía pero la pareja no le había prestado mucha atención a sus deseos.

Un día, al atardecer, la pesadilla del hermano se cumplió. Mientras volaba al refugio en el que los tres dormían, vio a lo lejos a su hermano tocando con el morro el último orbe y vio horrorizado como este brillaba, se deshacía en una explosión de luz y partículas luminosas bañaron a la compañera de Lugia. Cuando el hermano pisó tierra, los dos amantes abrazaban sus cuellos como solían hacerlo siempre para mostrar afecto.

"Hermano…" Dijo estupefacto "¿Qué es los que has hecho?" Preguntó

"¡Hermano! ¡No sabes cuanto te esperábamos! ¡Hemos decidido usar el Orbe de la Creación! ¡Ahora podremos engendrar un hijo!"

La noticia cayó como un yunque sobre el hermano, habían tomado la decisión sin consultarle primero y sin tomar en cuenta sus preocupaciones.

"No…" Dijo con una voz quebradiza.

"¿Qué pasa?" Preguntó Lugia.

"¡No!" Grito esta vez con furia "¡¿Qué es lo que acabas de hacer? ¡Usaste el último orbe sin pensar que yo igual me sentía sólo! ¡Y es más! ¡Se los había dicho constantemente! ¿Cómo pudieron hacerme esto?"

La noticia cayó sobre la pareja como un balde de agua fría. Era cierto, el hermano había dicho con anterioridad que también se sentía sólo y que le gustaba la idea de tener igual una compañera. Pero ambos, en su desesperación de poder formar una familia, se habían precipitado sin considerarlo a él.

"Hermano yo…" Trató de justificarse, aunque sabía que su hermano no le perdonaría lo que ambos acababan de hacer.

"¡No! ¡Nada puede remediar ahora lo que has hecho! ¡Me han condenado a vivir para siempre en la soledad mientras ustedes se regodearán jugando a tener una familia! ¡Tú no eres mi hermano! ¡Mi hermano no habría hecho algo así!"

Unas lágrimas rodaron por lo que podrían llamarse las mejillas del hermano de Lugia.

"¡Los odio!" Gritó con una ira demencial y partió. Lugia no volvería a verlo en muchos años más, esta vez en una situación muy distinta. Lugia se dio cuenta que había perdido para siempre a su hermano.

"¡Hermano!" Gritó Lugia desesperado antes de que su hermano se perdiera en el horizonte.

"¡Papá! ¡Papá!"

Una voz joven le gritaba para despertarle. Lugia abrió los ojos y vio el rostro de Silver, su hijo. Su compañera y madre de su hijo se encontraba a un lado de él.

"Querido, anoche dormiste mal ¿Tenías alguna pesadilla?"

Lugia recordó lo soñado anoche, había soñado extrañamente con su vida pasada, recordando momentos tanto buenos como malos.

"Si… Anoche no dormí del todo bien… Quizas se debe a que Darkrai se encuentra por aquí"

"No lo creo" Le contestó su compañera "Por algún motivo es que Darkrai duerme lo más alejado de los demás legendarios para no causarles pesadillas"

Se encontraba en Kanto, exactamente, en el Árbol del Comienzo. Un refugio a salvo de de Ho-Oh y su bando de legendarios. En algún punto de este árbol, un humano y su leal Lucario se encontraban preservados en una tumba de cristal.

Lugia se acercó al lugar de la reunión, contempló a los miembros de la reunión. Eran todos los legendarios en contra de Oh-Ho y su decisión de usar uno de sus Orbes de la Creación para remover los limitadores de todos los pokemon del mundo y declarar un genocidio a la humanidad. Lugia sabía que los humanos habían causado muchos problemas en el mundo pero incluso ha habido humanos de corazón puro que lo habían ayudado en su momento en que estos habían deseado raptar a sus creaciones y a su propio hijo. Los humanos a lo mejor debían de ser castigados pero no de la forma que había hecho Oh-Ho.

Estaban presentes aparte de su compañera y su hijo Silver sus tres creaciones: Articuno, Zapdos y Moltres, Mew, Latias, Groudon. Regigigas y sus tres regis, Darkrai, Cresselia y Mesprit. Los otros legendarios o estaban unidos a Oh-Ho, eran neutrales o eran imposibles de contactar. Al centro de ellos, se encontraba el último Orbe de la Creación disponible hasta el momento, había tenido que sacrificar bastante para conseguirlo.

"¿Qué haremos con el orbe?" Preguntó otra vez Lugia.

Llevaban casi una semana que estaban reunidos discutiendo que hacer con él para poner la balaza a su favor, probablemente aún no se decidiría nada hoy, pero algo era seguro, no permitirían que Ho-Oh haga lo que le plazca sin consultar y no permitirían que la humanidad sea destruida.