14. ¿QUÉ ME PASA, DOCTORA?

Tras limar asperezas con el señor Weasley, Harry no sabía qué esperarse de la comida. El hermano mayor de Ginny había llegado, junto con toda su familia, y la excitación se respiraba por todos los rincones de la Madriguera. Incluso Ginny parecía haberse olvidado de él, entretenida con sus pequeñas sobrinas, dos muñequitas vivaces, y las risas inundaron el ambiente, haciéndolo sentir de alguna manera más cómodo al poder retirarse al papel de observador.

Ginny, estaba radiante. Se había apropiado del brazo de un altísimo hombre, que se presentó a sí mismo como Bill, y que desde entonces condujo la conversación con su carismática voz y sensatos proyectos.

-Esta es una gran oportunidad, papá. Hay mucha gente que ha hecho dinero con las industrias de guerra...

-Me parece lamentable que el gobierno haya permitido que se gane dinero cuando otros han sufrido tanto. - aseguró al señora Weasley mientras servía la sopa.

-Y a mí también, mamá, pero ahora tenemos la oportunidad de beneficiarnos con un negocio que no le va a hacer daño a nadie... Bueno, excepto a los Malfoy.

-¡Esos son los negocios que más me gustan, hermanito! - George había pasado parte de la mañana diseñando el castillo de fuegos artificiales, y su estado de ánimo parecía tan chispeante como las bengalas que habían comprado del día antes. - A ver, cuenta, cuenta qué podemos hacer para agriarles aún más el gesto a esos gil...

-George querido, cuida tu lenguaje mientras mis niñas estén presentes. - lo contuvo con una mirada directa la preciosa mujer que tenía sentada enfrente, y que le había sido presentada a Harry como Fleur, la esposa de Bill. George hizo ademán de morderse la lengua, pero le devolvió la sonrisa a su cuñada.

-Ya hemos hablado esto varias veces, Bill. - intervino Arthur Weasley. - No me empeñaré hasta las cejas para construir una embotelladora cuando hay una que funciona perfectamente en el valle.

-No decías que funcionaba perfectamente cuando Malfoy rechazó nuestro pedido hace dos años, y perdimos el contrato para vender nuestro vino en Kansas. - gruñó Ron.

-No se trata de empeñarnos, papá. – volvió a la carga Bill- Con la nueva situación, y todo lo que la familia de Fleur nos puede enseñar, ha llegado el momento de dar el salto y dejar de depender de los Malfoy. Además, estoy seguro de que otras bodegas se nos unirían. Apuesto a que la señora McGonagall está deseando que alguien la libre de tener que hacer tratos con esa gente.

-Además, así podríamos diversificar la producción, envasar conservas, vender al detalle,... ¡abrir nuestras propias sucursales! - se aceleró George - Inundaremos Estados Unidos de Weasley´s Spirits...

-¿Sólo Estados Unidos? ¡Europa es nuestra!- George y Bill entrechocaron sus copas con Fleur y Ginny, mientras la señora Weasley comenzaba a reír.

-Arthur, me parece que la nueva generación te va a quitar las bodegas de las manos de un momento a otro. - El tío Bilius se rió entre dientes mientras se mojaba el bigote con un oloroso vino dulce.

-Ya veo que todos tienen planes. - Arthur dirigió una mirada circular a su familia, reunida en torno a la mesa, serio como nunca. - Supongo que si pensáis llevarlos a cabo, estaréis rondando por aquí una buena temporada. No me opondré a eso.

Harry cruzó la mirada con Ginny, que se la devolvió, luminosa y esperanzada. Esa era la familia que siempre había querido tener, y estaba seguro de que cuando él se fuera y la farsa se descubriera, no dejarían que Ginny se sintiera desamparada ni despreciada. Aunque él ya no estuviera, ella estaría bien.

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A la mañana siguiente, la víspera del 4 de julio, Harry madrugó. Como siempre, las pesadillas lo habían asaltado durante la noche, pero por una vez consiguió no despertarse gritando, sino simplemente sobresaltado; sin embargo, no pudo pararse demasiado a pensar en ello porque al tomar conciencia de dónde estaba se encontró con que Ginny se le había echado encima. Literalmente.

La noche anterior la joven había insistido en que, al estar convaleciente, debía dormir en la cama y no en el suelo. A su vez, Harry se había negado a que ella, embarazada, durmiera en el suelo, de modo que volvieron a compartir la cama. Y a lo largo de la noche, la pelirroja había acabado aferrándose a él como la hiedra a la pared.

Excitado a su pesar, se desanudó de los brazos de la joven, y sigilosamente se deslizó fuera de la cama y de la habitación. Las primeras luces del alba lo atrajeron hacia uno de los balconcitos del pasillo. Apartó las cortinas y entreabrió las contraventanas, desde donde observó la llegada del camión con los trabajadores. Mientras la aún fresca brisa lo relajaba, volvió a quedar sobrecogido por la belleza del amanecer sobre el viñedo, los tonos verdoso y dorados superponiéndose. Tan absorto estaba, que no notó que unas voces se acercaban por el pasillo, y sin saber muy bien por qué, se escondió entre las cortinas.

-...quieres que entremos? - una voz melosa e insinuante que no identificó.

-Ahora no, tengo que hacer... ¡Por Dios, mis padres duermen al final del pasillo! - sí reconoció a Ron, siseando nerviosamente. Sus palabras quedaron ahogadas por un forcejeo, y Harry no pudo evitar asomarse a los cortinajes, para ver cómo la puerta del dormitorio de Ron se cerraba entre un revoloteo de faldas.

Mirando a lado y lado, Harry bajó las escaleras, divertido por la escena de la que acababa de ser testigo involuntario. Al salir, se topó con Hermione, cargada con su eterno maletín. La doctora le sonrió, para enseguida ponerse seria.

-Harry, ¿te apetece dar un paseo? Me gustaría hablar contigo. No, aquí no.- respondió la joven ante el ademán de él. - Creo que necesitamos un lugar más privado.

Y agarrándolo de la mano, tiró de él hacia el edificio de su derecha, que era la bodega.

Desde la ventana de su habitación, George observó extrañado la escena. ¿Qué hacía su muy formal amiga Hermione agarrando de esa forma al marido de su hermana, corriendo a esconderse? Harry le había caído extraordinariamente bien, pero que le dieran de tortas si él no era capaz de oler una intriga a millas de distancia. Y no sería la primera vez que la bodega se utilizaba para citas clandestinas... recordaba aquella vez que Fred y él habían citado al mismo tiempo a sus respectivas citas, y habían terminado escondidos dentro de uno de los toneles.

Definitivamente, aquello olía raro. Mejor averiguar algo antes de que Ginny tuviera que llevarse una sorpresa. Sin pensarlo mucho, sin pedir la ayuda que normalmente exigía, se desplazó con su silla de ruedas hasta la puerta, y al salir coincidió con su hermano Ron, que se sobresaltó al oírlo llamar.

-¿Se te han pegado las sábanas, hermanito? ¿Es que no has aprendido a vestirte tú solito?- Ron enrojeció hasta que sus mejillas igualaron el color de su pelo mientras se remetía apresuradamente la camisa por dentro de los pantalones, rezando mentalmente para que su hermano no notara el olor que Lavender había dejado en su ropa y en su piel. - Tengo que contarte algo para que me ayudes antes de que Ginny se dé cuenta.

-¿Se dé cuenta de qué? - Ron intentó concentrarse en lo que su hermano le decía, pero no podía dejar de pensar en cómo iba a sacar a la fogosa rubia de su dormitorio.

-De que Harry y Hermione se están viendo a escondidas en la bodega. Los acabo de ver entrando allí, agarrados de la mano.

El rostro de Ron pasó sucesivamente del sonrojo a la palidez por las implicaciones de lo que le decía su hermano, y de nuevo al rojo más iracundo de pensar que un extraño pudiera estar jugando a la vez con su hermana y con su... con Hermione. Un sudor frío le empezó a empapar la camisa a la vez que, aturdido, apenas seguía escuchando las palabras de George.

-Probablemente sea una tontería, pero me gustaría saber de qué va todo esto antes de que Ginny, o lo que es aún peor, papá, se huelan algo. ¿Por qué no me ayudas a bajar, y aparecemos como quien no quiere la cosa? Harry dijo que me ayudaría con los cohetes, y mientras tú puedes hablar con Hermione...

¡Oh, desde luego! Hermione y él iban a tener unas palabras.

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-Dime la verdad, Harry.

La conversación no estaba marchando nada bien. Hermione no se había creído en lo más mínimo las explicaciones que Ginny le diera el día anterior, y así se lo había manifestado. Harry se había puesto nervioso nada más sentir la franca mirada de la joven sobre sí. Intentó disimular limpiándose las gafas, pero ni siquiera en la penumbra de la bodega podía esquivar los inquisitivos ojos castaños que parecían penetrar en sus pensamientos, no dejando ningún rincón de su mente sin conocer.

-Nunca pensé en volver a verte, Harry, pero tú y yo nos llegamos a apreciar, ¿verdad? En el hospital no se finge, las heridas del cuerpo solo son la excusa para tener los sentimientos a flor de piel. Yo te conozco, Harry, y también conozco a Ginny, y sé que hay algo que no nos estáis contando. ¿Por qué? Los Weasley ya han sufrido demasiado para encajar otra decepción...- Hermione le acarició la mandíbula, crispada, con sus finos dedos, y Harry no pudo seguir evitando sus ojos. Decidió afrontarlos, aunque Dios era testigo de que él no podía revelar secretos que no le pertenecían.

-Hermione, yo también te tengo cariño. Nunca se me olvidará cómo me trataste cuando yo necesitaba tanto el afecto y el cuidado de una mano amiga. Pero en nombre de ese cariño, no me pidas por favor que te dé unas explicaciones que no me corresponde a mí dar. Te suplico que, de momento, aceptes mi palabra de que quiero a Ginny y de que deseo lo mejor para ella y su familia. Te prometo que más adelante lo entenderás todo, pero por favor, ahora déjalo estar, ¿de acuerdo? - Harry apretó firmemente las manos dela doctora entre las suyas, intentando transmitirle toda la urgencia que sentía para que no siguiera haciendo preguntas que incomodaran a Ginny.

Y así, tomados de las manos y mirándose fijamente desde una distancia muy escasa, se los encontró Ron cuando llegó a la bodega siguiendo las instrucciones de George y su propio pulso desbocado.

-¿Se puede saber qué hacéis aquí? - si hubiera tenido un bate de beisbol a mano, Ron lo hubiera utilizado para reventarle la cabeza a Harry. Había mañanas que era mejor no levantarse de la cama. Primero Lavender se le había tirado literalmente encima, y de acuerdo, no es que en otra ocasión él no lo hubiera agradecido, pero desde que su descarada ex-compañera de clase había empezado a trabajar en La Madriguera él se había prometido no meterse de nuevo en líos con ella, más que nada por no escuchar la exigencia de su padre de que respetaran el techo familiar.

Cuando por fin había conseguido zafarse de la chica sin más consecuencias que el exceso de temperatura y la ropa desarreglada, George le había empezado a aturdir con sus sospechas. ¿Harry? Bueno, desde luego su entrada en La Madriguera no había sido la más afortunada, pero en realidad él no había visto otra cosa que buena sintonía entre Ginny y él. Le estaba dando una oportunidad para que le cayera bien, y desde luego la forma en que había salvado al pequeño Teddy le había ganado unos cuantos puntos. Sin embargo, que hubiera conocido al difunto profesor Lupin y a Hermione ya empezaba a ser demasiada coincidencia, pero el que mantuviera reuniones secretas con ella definitivamente le molestaba. Ya era bastante frustrante ver cómo Hermione dedicaba sus atenciones su hermano mientras a él lo ignoraba del todo... como lo llevaba ignorando cuatro años, desde la desdichada noche de su graduación.

Pero encontrarlos haciendo manitas ante sus propias narices, bajo el mismo techo que albergaba a su hermana, a sus padres,... era demasiado. Lo iba a aplastar como a un insecto.

La cara de culpabilidad de Harry no ayudó en absoluto a enfriar los ánimos del menor de los varones Weasley. Hermione, aún sin saber los motivos, percibió enseguida la agresividad de Ron, fue la única que supo mantener la calma y, convencida de la sinceridad de Harry, tomó la decisión de darle un margen de tiempo hasta que el secreto que ya estaba segura de que ocultaban Ginny y él pudiera salir a la luz. De modo que se separó del exsoldado y se interpuso en el camino de Ron con su mejor sonrisa.

-¡Ron!, contigo quería yo hablar. - Aún no sabía de qué, así que para ganar tiempo lo saludó con un beso en la mejilla. La mente del pelirrojo, ya de por sí bastante alterada por el torbellino de acontecimientos de la mañana, cortocircuitó y acabó por entrar en fallo total. Su furia quedó suspendida mientras miraba alternativamente a Hermione y Harry como si fueran dos visitantes del espacio exterior.

-George... necesita tu ayuda, Harry... te espera en el cobertizo...-acertó a balbucear, quedando inmóvil mientras Harry, tras intercambiar una mirada con Hermione, se dirigía al exterior. La muchacha lo encaró sin saber muy bien lo que decir, así que recurrió al tema de conversación más recurrente entre ellos.

-Ron, quiero hablarte de tu hermano. Tienes que hablar con él, porque está a punto...

-¡Basta! - la maraña de sentimientos, dudas y tensión que había ido acumulándose sobre los hombros de Ron acabó por explotar.- ¡No quiero volver a hablar de mis hermanos! ¡De ninguno de ellos! ¡Estoy harto de que todo el mundo me cuente sus problemas! ¿Y mis problemas? ¿Quién me escucha a mí? - agitado, el joven empezó a dar largas zancadas a un lado y a otro, intentando sacar toda la frustración acumulada durante años.

Hermione, aunque alguna vez había llegado a intuir el volcán de emociones que Ron albergaba y que había ido reprimiendo para no dejar sin sostén al resto de su familia, nunca lo había visto así... al menos, no desde la infausta noche de la graduación. Queriendo calmarlo como se calma a un potro a medio domar, se acercó suavemente a él.

-¿Qué te pasa, Ron?

-¿Que qué me pasa? ¡Nada, hombre, a mí no me pasa nada! Al bueno de Ron nunca le pasa nada, él siempre está ahí para que le gasten bromas y encima ponga buena cara, y siga trabajando como un burro. Ron aguanta lo que le echen. - Furioso y amargado, el joven plantó toda su alta figura justo ante Hermione. - Por no pasarme, hace años que ni siquiera pillo un resfriado para que por lo menos tú vengas a verme ¡a mí!, sólo a mí, para darme un jarabe. A mí nunca me pasa nada.

El punto de orgullo de Hermione se revolvió ante las acusaciones de Ron. Ella siempre se había preocupado mucho por él, solo es que no era fácil tratarlo.

-Ron, creo que te estás alterando demasiado. Si tienes algun problema, me gustaría que me lo dijeras. Yo soy tu amiga...

Ron la miró, desafiante.

-Mi amiga. Claro. Eres mi amiga. Pues bien, amiga mía, te voy a contar lo que me pasa. Me pasa que Ginny está rara, mi padre está insoportable desde que apareció Harry, Bill no quiere saber nada de volver a Las Nubes, y el tío Bilius dice que le duele la rodilla y que va a caer una helada. Me pasa que estoy harto de tener que fingir que no me importa que mamá tenga una foto de todos sus hijos uniformados sobre la chimenea; de todos sus hijos, menos yo, por supuesto, porque yo fui el único al que rechazaron por inútil. Me pasa que si vuelvo a cruzarme en el pueblo con Malfoy y me vuelve a mirar riéndose, le parto la boca. Me pasa que Lavender se mete en mi cuarto cada vez que me descuido, y me pasa que George y tú hacéis muy buena pareja. Me pasa que llevo toda la vida queriendo saber de qué color son tus ojos de verdad, porque yo los veo del mismo color que la miel de caña y el chocolate, pero a lo mejor los veo así porque soy un maldito cegato que no ve nada y que no sabe nada. Y me pasa que a veces creo que los ciegos son los demás, y que no son capaces de verme en absoluto, como si no fuera una persona, sino solo una pieza de un decorado.- La intensidad de sus palabras habían hecho que Ron se acercara cada vez más a Hermione, hasta que solo unos centímetros separaban sus rostros. La respiración agitada de él se superponía a la contenida de ella. Por un momento, se miraron muy fijamente, diciéndolo todo con los ojos Ron, entendiéndolo todo con una mirada Hermione. Y tras unos segundos que parecieron larguísimos, Ron pareció recuperar la tranquilidad, se irguió en toda su altura, y se retiró de la muchacha.

-Eso es lo que me pasa, Hermione.- le dijo, se dio media vuelta y se fue dejándola temblorosa y sonrojada.

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No pediré más disculpas por mis retrasos al actualizar... la vida a veces se vuelve más interesante que la ficción, pero al final una siempre vuelve a esos paraísos donde las historias siempre acaban como las planeamos. Gracias a todos los que siguen pasándose por esta historia.