Abrió sus ojos lentamente, un ligero malestar en el estomago le había despertado. Todo el cuarto estaba tan cálido o sólo era él, al recapacitar de donde estaba, se encontraba en los brazos de su casero.

Ya debía ser de noche, de nuevo sintió ese malestar, ahora que lo recordaba no había comido nada. Con dificultad se libró de los brazos del mayor.

Antes de salir del cuarto para ver qué comer recordó que el escritor tampoco había comido. Volvió con él para sacudirlo ligeramente.

―Usagi-san… Usagi-san.. Despierta ¡Despierta!

―¿Hum? ¿Qué pasa?―Se incorporó en la cama cansinamente pasando una mano en su cabellera plateada.

―Sé que es de noche pero tengo hambre… Y como tú tampoco has comido nada ¿No quieres comer algo?

Los ojos violetas de su casero le miraron con intensidad todavía aturdido por apenas despertar, le tomó uno de los brazos del menor y lo jalo para abrazarlo.

―Uhm… ¿Usagi-san?

―¿Ir a comer?

―Si, algo ligero supongo para volver a dormir.

―Está bien―Susurró dejando libre al castaño.

Salieron del cuarto para percatarse que habían dejado algunas luces encendidas. Miró el reloj para ver que ya era de madrugada.

"3:42"

El menor fue a la barra de la cocina, quizás unos panqueques y leche sería lo mejor para el momento. Aun seguía pensativo con lo que leyó en la tarde. Es decir, generalmente el escritor al menos en las novelas BL era más cariñoso, quizás algo estaba pasando con él.

―¿Se estará cansando de mi?―Pensó el universitario mientras batía la mezcla―Pero ¿No hice nada malo o diferente? Bueno, puede que ese haya sido el problema... Pero.. Pero se mira feliz hace unos momentos… No sé…

Dio un respingo al sentir la mano fría de su amante en su cabellera, no se había percatado que estaba justo a su lado.

―¿Algo te preocupa?

―¿P..Por qué lo dices?

―Bueno, te miras deprimido y en la tarde estabas llorando.

―¡N..No estaba llorando!

―Si claro Misaki―Menciona sarcásticamente volviendo a acariciar los mechones cafés de su pequeño.

Ignorándolo calentó el sartén para cocinar. Podía sentir la mirada penetrante de su acompañante, misma que le advertía que empezara a hablar por las buenas.

―¿P..Pero que puedo decirle..?―Pensó confuso―¿Es que estaba triste por lo que leí en tu computadora que tu personaje no quería al mío? ¡Dios eso es tonto!

Terminó de hacer la cena, sirvió la leche para comenzar a comer, al terminar de acomodar los platillos sintió como le sujetaban con unos fuertes brazos.

―Misaki, dime qué te pasa―Le susurró en el oído causando un escalofrío al muchacho por la seriedad de sus palabras.

―Humm… No es nada importante, en serio―Sonó conciliador, lo menos que quería hacer era que se preocupara el mayor, lamentablemente parecía que pasaba exactamente lo contrario.

―Misaki..―Le volteó con cuidado para posar sus labios con los del ojiverde, muy sutilmente, sólo reconfortantemente.

―C..Comamos..―Musitó avergonzado sentándose en una de las sillas del comedor.

Sin embargo, el peliplata fue hacía la puerta y apagó la luz de la sala de estar que era la única fuente de luz, dejando el departamento en la oscuridad.

―¿Usagi-san?

Esté sacó su celular para alumbrar su recorrido hasta llegar a la mesa, sólo que en vez de sentarse en frente de su novio como usualmente lo hacía se sentó a su costado.

―Supongo que hay que aprovechar que es de noche―Dijo haciendo un ademán para referirse a las luces de la cuidad nocturnas. Era verdad, se miraba hermoso con la altura de ese edificio. El castaño tenía un poco de miedo, el departamento con tan poca luz podía llegar a verse aterrador. Quizás ese fue el motivo por el cual Usagi se había cambiado de puesto.

Se dedicaron a comer, el castaño seguía pensativo, tenía que decírselo o no estaría seguro. Pero ¿Cómo decirlo? Esa era la pregunta del castaño.

―Hum.. Usagi-san―Dijo débilmente llamando la atención del mayor agradeciendo que apagó las luces para que no viera con facilidad su sonrojo.

Podía mirar con suma facilidad sus ojos violetas por las luces de la ciudad, eso le hizo sonrojar todavía más, al mirar como su pequeño se cohibía con su rostro completamente sonrojado le hizo sonreír plenamente. Se acercó para darle un pequeño beso en su frente.

Al sentir los labios del mayor se aparto lo que la silla y la mesa lo permitieron.

―¿¡Que haces? ¡Y..Yo trato de decir algo!―Le gritó inmediatamente sintió uno de los dedos del mayor en sus labios.

―No grites es de noche.

―¿Y..Y de quien es la culpa?―Miró para su comida para dar un bocado―Bueno… Sólo quería preguntarte… Que… Si ya habías acabado tu trabajo..

―Ehm.. Si, hace unas horas, antes de caer desmayado.

―Hum… ¿Y está bien? ―Dijo intentado llegar al punto en el que le interesaba.

―¿Bien?

―¡Digo ¿T..tú la consideras buena!

Se quedó mirando a Misaki unos segundos.

―¿La leíste? ¿Por eso llorabas?

Un enorme sonrojo se subió en el cuerpo del universitario, al verse descubierto hasta el habla se le iba.

―¡N..NO! ¡POR QUÉ LEERIA ALGO BL!―gritó después de encontrar su aliento.

Envolvió al muchacho con suma facilidad para recargarlo en su pecho.

―Qué lindo, eres muy lindo―Le susurró apretándolo más contra sí.

―¡Cállate!

―No sabía que eso te afectaría, bueno… Te mentiría sí te dijera que fue fácil escribir eso.

―¿Entonc..es?

―Supongo que no siempre tengo que escribir lo que me gusta, el demonio de Aikawa me dice algunas tramas que tengo que seguir para que la trama siga interesante.

―Ah…―Sintió como un peso se le quitaba de encima, bueno.. Quizás lo habían descubierto, pero le importaba más que todo estuviera bien.

―Recuerda Misaki, te amo y siempre estaremos juntos―El menor se aferro a la camisa del peliplata deseando que no acabará ese momento.

Después de estar en esa posición unos minutos, el mayor acaricio con suma delicadeza la espalda de su pequeño amante, le extasiaba tenerlo tan cerca y aún más que este le hubiera importado lo que había escrito.

Escribir casi 5 capítulos de puras amarguras, era deprimente. Lo bueno es que sabía que eso era pura mentira y jamás se acercaría a la verdad.

―Misaki.

Al no escuchar respuesta, aflojó el agarre para notar cómo se encontraba completamente dormido.

Notó que aun quedaba comida del menor, pero ya no importaba. Se levantó con cuidado agarrándolo en sus brazos para llevarlo de nuevo a su cuarto y dormir el resto de la noche y si se podía también la mañana.