Disclamer: Los personajes de Naruto no me pertenecen yo solo los uso sin fines de lucro y solo para que pasen un agradable rato y salgan de la monotonia de sus vidas.

El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece ha CrisDonoso95 quien muy amablemente me permitio la adaptacion de su ficc enserio nena eres la mejor :)

Summary:Tres hermanas y una promesa: vengase, ser las chicas más calientes sin revelar su identidad hasta la graduación. ¿Que sucederá cuando los Uchiha aparezcan? ¿Romper la promesa y ser felices? o ¿Cumplir su promesa y sufrir? ¿Y cuando se sepa la verdad?

Capítulo 2

Fiesta en casa de Nishimo

...

Las fiestas en Konoha eran como cualquier otra fiesta, excepto que a veces había un motivo o se tenía que vestir de cierta manera. La fiesta de hoy noche sería la primera del verano, por lo cual habría que ir con un vestido corto, muy corto y picante… una difícil decisión para mí y mis hermanas, ya que las tres poseíamos vestidos demasiado… um, cortos y especiales ya que eran los típicos vestidos que te ponías para una fiesta importante y no una cualquiera, como esta.

Ino, Hinata y yo poseíamos cierta cantidad de vestidos iguales con una pequeña diferencia de color. Por lo general los colores de Ino eran el rosa, el negro y el rojo; los de Hinata, morado, amarillo, verde y alguno que otro en color rosa; y los míos solían ser azules, negros y blancos con algunas excepciones de color verde. Pero muchas veces ninguno llevaba el color que la correspondía.

Nos vestimos entre risas mientras Ino imitaba a las tontas de Ume y Akiko y describía al mismo tiempo como eran nuestros nuevos vecinos.

-Uno de ellos es rubio y se llama Naruto –dijo imitando la voz nasal de Ume-. Es algo callado, lo analiza todo, pero en realidad es un chico súper-divertido y listo y guapo…. ¡Oh, está extremadamente bueno! Es rubio y de ojos azules, tiene un cuerpo muy musculoso, no tanto como su hermano mayor... pero, uff –dijo mientras se abanicaba con la mano-. Por Dios, es que son tontas –añadió.

-Sigue, sigue, Ino. ¿Qué más oíste, sobre ese tal Naruto? –dijo Hinata repentinamente interesada mientras yo me retorcía de risa en el suelo del armario mientras escogía una de las tres vestidos que nos exponíamos a nosotras mismas para, más tarde, escoger uno de ellos y ponernos las tres el mismo solo que en distinto color.

-¿Qué pasa Hinata? ¿Ya presientes algo sobre estos chicos? –preguntó Ino sería, los presentimientos o corazonadas de mi hermana solían ser siempre verdad.

-Um, siento una corazonada de que va a pasar algo… um, no sé, algo que tiene que ver con esos chicos… Pero, dijiste que eran tres ¿no? Te falta uno –dijo mirándome de reojo.

-Es verdad –dijo Ino, se acaró la garganta y se preparó para imitar la voz de Ume o Akiko -. Pero el tercero es lo más, sí, sí, te lo digo yo, se llama Sasuke. Es una mezcla de los tres, es negro azulado, y es musculoso, no tanto como sus hermanos pero te juro que podría cogernos a ti y a mí en brazos. He oído que se dedica al basketball. Y por lo que he visto tiene un cuerpo tremendo, una sonrisa increíble y sus ojos son de un azabache profundo. –finalizó.

Después de un segundo en silencio nos caímos al suelo y no paramos de reír por un buen rato, hasta que decidimos que ya era hora de terminar de peinarnos y de escoger los vestidos.

Para esta noche habíamos decidido vestirnos con unos preciosos vestidos ajustados en el pecho, con brillantes, con escote en "V", una cinta debajo del pecho en un tono algo más oscuro y dejando que la suave y fina tela cayera sobre el satén en un tono ni muy oscuro ni muy claro que caía libre hasta el medio muslo. Ino se puso sus sandalias de tacón negras a juego con el color negro-grisáceo de su vestido que resaltaba su rubio y largo cabello, sus ojos azules y su belleza de modelo. Hinata cogió sus sandalias moradas con un tacón enorme que la hacía tener la misma altura que yo y que hacía juego con su vestido en tonos morados que resaltaba su oscura cabellera y al igual que mi hermana: sus ojos azules y su belleza de hada. Por el contrario, yo me calcé mis cómodas manoletinas azules, el mismo color de mi vestido, un color que, según mis hermanas, resaltaba el color de mis ojos y me hacía ver más guapa de lo que ya era.

Y finalmente, lo más importante de todo: nuestro antifaz. Siempre llevábamos antifaces, nos prometimos no revelar nuestra verdadera identidad hasta que terminásemos el instituto, es decir, este era nuestro último verano como "las estrellas de la noche" o "Las tres Miss", debido a que siempre éramos tres, ni una más ni una menos, si una no podía ir a alguna fiesta, no iba ninguna. Aunque lo de Miss lo veía un poco exagerado: a mi no se me ocurriría presentarme como Miss Konoha o Miss Japón ni nada parecido.

-Que comience la fiesta –dije mientras arrancaba mi precioso Audi.

En pocos minutos llegamos a Konoha, y en muchos menos a la casa de Sora. La música se oía desde fuera junto al sonido de la multitud mientras aparcaba junto a un mercedes que nunca antes había visto en Konoha.

-¿Estarán nuestros nuevos vecinos en la fiesta? –preguntó Ino.

-Sí –dijo Hinata sin dudar ni siquiera una pizca.

Me adentré entre la multitud, tenía sed, así que caminé hasta llegar a la cocina, nunca bebía nada que estuviera en la mesa de bebidas ya que eso significaba beber alcohol, algo que nunca haría, o al menos, no hoy. Me serví un vaso de agua, que rápidamente dejé después de beber su contenido.

Me adentré en la pista de baile y al poco rato me encontré con Sora.

-Habéis venido –dijo por encima de la música de los Black Eye Peas.

-Sabes perfectamente que si hay una fiesta siempre venimos –dije seria, hacía mucho que no tonteaba con Sora, con Sora era mejor mantener la distancia.

-¿Y cuando te vas a quitar esa máscara para poder saber quién eres realmente? –dijo acercando su mano a mi cara.

-No te atrevas a tocarme –dije sonriendo inocentemente después de pegarle un rodillazo en sus partes bajas y provocar con eso que se quedase paralizado, con los ojos muy abiertos y con su mano en el aire-. Adiós Sora.

Busqué a mis hermanas y nada más encontrarlas, las arrastré conmigo al centro del salón que se había convertido en una pista de baile. Bailamos juntas, pegadas y de manera provocativa la canción de Kesha, Tik Tok. Sentíamos las miradas de todos encima de nosotros. Los chicos se intentaban acercar pero nuestras miradas de superioridad les hacían echarse atrás.

La canción cambió a Sexy Bitch de David Guetta y Akon, y nosotras continuamos bailando hasta que unos brazos nos separaron y de repente nos encontramos bailando frente a unos tíos increíblemente buenos que reconocí como nuestros nuevos vecinos ya que no recordaba haberlos visto antes por Konoha o en el instituto o en cualquier otro sitio.

Sonreí maliciosa al chico de ojos azabaches y pelo color azabaches con destellos azulados que bailaba junto a mi de manera muy sensual. Si pensaba que iba a conquistarme o que me iba a llevar a la cama, lo llevaba claro, no lo conseguiría. Me giré y pegué mi culo a su entrepierna y empecé a bailar o, para ser más concreta, a frotarme contra él.

-Ni se te ocurra hacer un solo movimiento –dijo con voz ronca en mi oído mientras sus manos bajaban a mis caderas para pararme y acercarme más a él.

Gemí al sentir su cálido aliento en mi oreja y su duro miembro clavarse en mi culo. Me arrastró, sin separarme ni un milímetro de él, hasta la cocina, cerró la puerta y finalmente me separó de él. Me giró, me puso contra la puerta y empezamos a besarnos apasionadamente. Mis manos en sus cabellos, las suyas en mi cintura. Elevé mi pierna hasta rodear su cintura ambos gemimos, cuando nuestros sexos se rozaron, con la única barrera de nuestras ropas.

Su mano cogió mi otra pierna para poder cargarme en brazos. Sentí una superficie lisa: la mesa. En cuestión de segundos ambos nos encontrábamos sobre la mesa de la cocina de Sora, él encima de mí, besándonos apasionadamente.

-Me estás volviendo loco –dijo en mí oído con la voz ronca y entrecortada.

-¿Le dices eso a todas? –pregunté sería pero con la voz entrecortada.

-No –dijo mirándome seriamente a los ojos.

Y no sé porqué, le creí, le creí y le besé apasionadamente.

-Tú también me estás volviendo loca –aseguré.

-¿Se lo dices a todos? –preguntó sonriente.

Le miré fijamente a los ojos y respondí:

-No, eres el primero –dije sinceramente, y era verdad, nunca había pasado de más de unos simples besos, en parte era porque yo no era una chica cualquiera, no me iba a follar con el primer estúpido que se me pusiera por delante; y en parte porque no podíamos dejar que nos descubrieran, pero eso era lo de menos, nuca había estado en una situación como esta, nunca y algo dentro de mí me decía que él tampoco.

Yo y mis hermanas llevábamos en Konoha casi tres años y no nos habíamos acostado con nadie de aquí. Sí, yo, Sakura Haruno, era virgen. No me había acostado con nadie en mi vida y creo que mis hermanas también, aunque pasando los veranos en playas tropicales justo a nuestros padres que nos dejaban hacer los que quisiéramos mientras ellos se lo pasaban genial en su habitación de hotel… Cada una tenía su propia habitación y lo que hacía en ella mientras no estaba junto a las demás era asunto suyo.

No me di cuenta de que alguien había entrado a la cocina hasta que la oí hablar.

-¿Se pude saber que estás haciendo, querida H?