N / A: siento mucho por el retraso en la actualización de esta historia! Fueron un par de semanas muy ocupadas, y el tiempo de alguna manera se alejó de mí. Espero que este capítulo valga la espera!

Gracias por leer y comentar!

No soy dueño del universo de Harry Potter.

Imperfección

Lily se acurrucó en su cama en el momento en que las otras chicas se dirigieron al dormitorio. Kathleen parecía aliviada de verla.

–Ahí estás–, dijo. –¿Dónde has estado?

–Aquí–, respondió Lily. Miró a Dana y Olivia miserablemente. –Seguí su consejo.

Dana y Olivia se miraron.

–¿Hablaste con Sirius?– Preguntó Olivia.

Lily asintió con la cabeza.

Kathleen miró a todos con el ceño fruncido. –¿Qué está pasando? ¿De qué están hablando?

–Lily tiene…– Dana comenzó.

–Yo le digo,– interrumpió Lily. –Tengo un amigo que es un Slytherin.

Los ojos de Kathleen se abrieron como platos.

–Olivia y Dana me dijeron que debía hablar con Sirius acerca de lo que significa.

–Y, ¿lo hiciste?– Kathleen preguntó, sentándose en la cama de Lily.

Lily asintió con la cabeza, lágrimas llenando sus ojos. Kathleen la abrazó, y Lily apoyó su cabeza en el hombro de su amiga, tratando de no llorar.

–¿Qué dijo Sirius, Lily?– Olivia preguntó, sentándose a su otro lado.

–Más o menos lo que has dicho… que eso es raro–, dijo Lily. –También...– Su voz se desvaneció, limpiándose una lágrima que se abrió camino por su mejilla. –Dijo que es como el racismo.

–Creo que es algo así–, dijo Kathleen en voz baja.

Olivia frunció el ceño, pero Dana movió la cabeza, desalentando la pregunta que Olivia estaba claramente a punto de preguntar.

–Mira, Lily, no todos los magos… incluso de Slytherin… piensan de esa manera–, dijo Dana.

–Pero tú dijiste... y Sirius dijo...

–Si Severus es tu amigo, entonces eso es todo–, dijo Dana. –No conviertan esto en algo que no es.

–Incluso si es mi amigo...– Lily tragó saliva. –Está mal odiar a la gente. Especialmente por cosas que no pueden controlar.

–Lo sé,– dijo Kathleen, abrazándola de nuevo.

–Pero...– Lily hundió su cara en el hombro de Kathleen. –¿Lo sabrá él?

Severus vio a Lily mientras ella y sus amigas cruzaban la Gran Sala después del desayuno la mañana siguiente. Con la esperanza de saludarla, se dirigió hacia ella, casi corriendo mientras trataba de cortar la distancia entre ellos.

–¡Lily!– llamó. –¡Oye, Lily, espera!

Ella siguió caminando.

Redujo la velocidad hasta detenerse, frunciendo el ceño ligeramente. –Supongo que no me escuchó–, murmuró.

Negando con la cabeza ligeramente, ajustó su mochila al hombro y cambió de dirección para ir a su clase de Historia de la Magia.

–Eso fue grosero–, dijo Olivia sin rodeos.

–¿Qué?– Preguntó Lily.

–Oíste que Severus te llamaba. Lo menos que podías haber hecho era decir hola.

–No quería hacerlo.

–Es de mala educación–, dijo Olivia de nuevo. –No es como si hubiera hecho algo para hacerte enojar. No es como si hubieran tenido una pelea. Lo estás ignorando por algo que no puede controlar... Precisamente por lo que estabas molesta anoche por lo que los de Slytherin hacían.

Lily la miró, sintiéndose de pronto terriblemente avergonzada.

–Tiene razón, Lil–, dijo Dana. –No es su culpa que el Sombrero Seleccionador lo haya puesto en Slytherin.

–Lo sé,– dijo Lily en voz baja. –Voy a hablar con él más tarde.

–¿Qué está pasando con Lily?– Preguntó James, mirando desde su escritorio mientras las chicas se abrieron camino en Transfiguración.

Peter se encogió de hombros. –Pensé que no te agradaba Lily.

–No estoy diciendo que me agrade–, dijo James rápidamente. –Ella sólo... parece molesta.

–¿Le has hecho algo?– Remus le preguntó a Sirius.

Sirius puso los ojos en blanco.–¿Siempre tienes que pensar lo peor de mí?

–Sí–, los otros tres muchachos respondieron a la vez.

Sirius sonrió. –Eso duele un poco.

Remus puso los ojos en blanco. –Sabemos que hablaste con ella anoche. Ahora, ella está molesta.

–¿Coincidencia?– James continuó. –No lo creo.

Sirius negó con la cabeza. –Yo no le hice nada. Simplemente está molesta por el viscoso de su amigo de Slytherin.

–¿Quejicus?– Preguntó James.

–Sí, él.

James hizo una mueca. –¿Por qué le importa?

–Es su amigo,– respondió Remus. –Por supuesto que le importaría.

–Sí, pero…

–Buenos días, Gryffindor.

La conversación terminó cuando la profesora McGonagall se acercó a la parte delantera de la sala. A pesar de que su breve charla sobre el hechizo que iban a intentar le dio a James tiempo para reflexionar sobre la amistad extraña de Lily y Snape, su pensamiento se alejó por completo de su cabeza cuando la pluma que tenía que transfigurar aterrizó en su escritorio.

–Hola.

Severus levantó la vista de su libro de Pociones mientras Lily se sentó junto a él en la biblioteca. –Hola–, respondió.

–Lo siento, no pude hablar contigo esta mañana–, susurró. –Tenía miedo de llegar tarde a Transfiguración si me detenía.

Él frunció el ceño ligeramente. –Me di cuenta que no me escuchaste.

Ella inclinó la cabeza. –No, yo...– Exhaló. –¿Podemos ir a otro lugar a hablar?

Severus asintió y metió el libro en su bolsa. Siguió a Lily desde la biblioteca y por el pasillo hasta un aula vacía.

–¿Qué está pasando?–, preguntó.

–Yo... mentí–, dijo Lily, con las mejillas ruborizándose con una sombra profunda de rojo. –Lo siento por eso.

–¿Mentiste sobre qué?

–Yo te oí–, dijo. –Y sabía que no iba a llegar tarde a Transfiguración. Sólo... no quería hablar contigo. Y, eso fue grosero. Lo siento.

–¿Por qué no querías hablar conmigo?– preguntó, totalmente desconcertado.

–Yo... yo tengo amigos. En Gryffindor, ya sabes.

Severus asintió, todavía completamente perdido.

–No entienden por qué soy amigo tuya–, dijo. –O mejor dicho, por qué eres amigo mío.

–¿Por qué no querría ser tu amigo?– Preguntó Severus, aún más confundido que cuando había empezado a hablar. –Eres genial, Lily. Me encanta ser tu amigo.

Lily se permitió una pequeña sonrisa. –Es sólo que... estás en Slytherin, Severus. Y, yo... mis padres son muggles. Esas dos cosas no van juntas.

Los ojos de Severus se entrecerraron. –¿Quién te dijo eso? Yo no.

–No es como si estuviera en casa, Severus. No eres el único que me explica cosas sobre el mundo mágico.

–Me gustaría pensar que creerías lo que te digo–, dijo un poco tieso. –Te dije hace mucho tiempo que no me importaba…

–Y, me dijeron algo diferente,– dijo Lily, interrumpiéndolo. Sus ojos se entrecerraron. –Así que, realmente, me mentiste.

–Yo sólo estaba tratando de...– las mejillas de Severus se pusieron color escarlata. –¿Quién te dijo eso? ¿Esas chicas de Gryffindor?

–Sí,– dijo Lily lentamente.

–¡Pero no son las únicas!– Severus exclamó. –Dime quién, Lily, ¿quién te convenció de que no podemos ser amigos?

–¡Yo no he dicho eso!– Lily gritó. –¡Todavía quiero ser tu amiga! Es que... después de lo que Sirius me dijo, ¡me preocupé!

–¿Sirius Black?– Los ojos de Severus brillaron con enojo. –Está celoso, ¿verdad? Avergonzado, ¿ahora que él es el primero en su familia que no está en Slytherin?

–No, en absoluto–, dijo Lily. –No quiere tener nada que ver con la casa de Slytherin, o cualquier persona en ella.

–Y te dijo que esa es la mejor manera de pensar.

–Él me explicó que tu Casa se opone a... gente como yo.

–Eso no quiere decir que yo también.

El hecho de que ni siquiera pudo defender su Casa puso a Lily triste. Se mordió el labio.

–Lily, escucha,– dijo Severus. –No podemos hacer nada acerca de cómo estamos clasificados... Es el destino, supongo. ¿De verdad vas a estar enojada conmigo por algo que no puedo controlar?

–No,– dijo Lily. –Eso es lo que las chicas me dijeron que estaba haciendo y por eso vine a disculparme, lamento haberte ignorado. Y lamento estar molesta por la Casa en la que estás. Tienes razón... Es nuestro destino. ¿No es así?

Él asintió con la cabeza. –Si. Así es.

Lily asintió. –Está bien, entonces.

–Entonces,– dijo Severus lentamente –¿amigos?– Le tendió la mano.

Lily sonrió y le tomó la mano y la utilizó para darle un abrazo. –Amigos.

Severus la abrazó con fuerza, con una sonrisa que ella no podía ver e iluminaba la habitación.

–Entonces, ¿arreglaste todo con Severus?– Kathleen le preguntó mientras ella y Dana se unieron a Lily y Olivia en la mesa de Gryffindor para el desayuno.

–Sí,– respondió Lily, sonriendo. –Todo está bien ahora.

–Bien,– dijo Olivia con una risita. –Puede volver a ser tu novio.

–Él no es mi…

–Por supuesto, no lo es.

Lily negó con la cabeza. –Eres tan molesta. Eres tan mala como Sirius.

Olivia sonrió y se sirvió otro pedazo de pan tostado. –Es bueno que todo vuelva a la normalidad.

En el otro extremo de la mesa, James observó a las chicas hablando. Perdido en pensamientos dispersos, pasó un momento antes de que registrara la pregunta de Sirius.

–¿Cómo vas con el ensayo de Flitwick?

–Terminado–, respondió Remus. -Lo terminé ayer por la noche.

James lucía escandalizado. –¡Lo tenemos que entregar en dos días! ¿Por qué hacerlo tan pronto?

–¿Por qué esperar hasta el último minuto?– Remus replicó.

–¡James!– Peter se dejó caer junto a James. Su respiración era dificultosa, como si acabara de correr hacia el Gran Comedor. –¡Las lecciones de vuelo son hoy!

–¿En serio?– James sonrió. –¡Excelente!

–¿Y me ayudarás a aprender a volar?

–Por supuesto–, dijo James. –Dije que lo haría, ¿no es así? ¿Cuándo son las lecciones?

–Después de almuerzo. Estamos con los Slytherins.

Sirius se rió. –¡Brillante! Ya veremos cómo es el torpe de Snape en una escoba. Espero que sus manos grasientas puedan aguantar.

James se rió con él. –Oh, esto podría ser más divertido de lo que pensaba.

Remus frunció el ceño. –¿Qué les ha hecho Snape?

–¿Lo conoces?– Preguntó James.

–Sí...

–No hay más que decir,– Sirius sonrió.

Peter se echó a reír, pero Remus frunció el ceño de nuevo. Apartó la mirada de sus amigos, estudiando su libro de Transfiguración abierto sin realmente verlo. Si James, Sirius y Peter eran tan crueles con Snape sin ninguna buena razón, ¿qué dirían si se enteraran de él? Eso nunca podría suceder. Nunca diría una palabra.

–No nos mires así–, dijo James. –No somos malas personas, Remus. Te lo juro.

Remus intentó hacer una débil sonrisa.

–Está bien, Remus, mira,– dijo Sirius. –Es... es un Slytherin, ¿sabes? Es que no puede agradar nadie de esa Casa.

Remus asintió lentamente. Al menos esa explicación tenía algo detrás de ella. Conociendo el tipo de familia de la que venía Sirius, tenía todo el sentido del mundo.

Adam se acercó a ellos con una sonrisa. –Hola, chicos.

–Hola, Adam.

–¿Cómo va todo por aquí?

–Genial–, sonrió James.

–Perfecto–, sonrió Sirius.

–Es bueno saberlo–, respondió Adam. –Mira, Remus, Dumbledore quiere verte durante el almuerzo de hoy.

–¿Por qué?– Preguntó Sirius.

Adam frunció el ceño. –No recuerdo que tu nombre sea Remus. Estoy seguro de que no es asunto nuestro.– Se volvió hacia Remus. –De todos modos, Remus, McGonagall me dijo que te lo hiciera saber.

–Gracias,– dijo Remus con voz débil. Estaba seguro de que sabía de qué se trataba, pero no había manera de que le dijera a sus nuevos amigos. Suspiró suavemente. La luna llena…su primera luna llena en Hogwarts… estaba sólo a tres días de distancia.

Remus se negó a ir a la mesa de Gryffindor con los otros niños para el almuerzo. En vez de eso, fue a la mesa de los profesores, donde la profesora McGonagall estaba sentada sola.

–Profesora, busco al profesor Dumbledore,– dijo.

McGonagall lo miró por encima de sus gafas cuadradas. –Bien, Lupin. Lo llevaré a su oficina.

Remus asintió y la siguió fuera del Gran Salón.

–Sabe, he estado muy contenta con su progreso este año–, dijo.

Remus sonrió débilmente. –Gracias.

–Va a ser un mago excelente–, continuó. –Siempre y cuando pueda hacer frente a ciertas presiones, le irá muy bien.

Remus asintió en silencio. Había estado lidiando con "ciertas presiones" desde los seis años.

Llegaron a la entrada de la oficina de Dumbledore. McGonagall le dio la contraseña, y la gárgola guardiana cobró vida, revelando una escalera en movimiento. McGonagall guió a Remus, y luego subió detrás de él. Por fin, llegaron a la puerta de la oficina de Dumbledore, que estaba abierta.

–Ah, señor Lupin,– dijo Dumbledore con una sonrisa, dejando a su asiento detrás de su escritorio para saludar a sus invitados.

–Hola, Profesor,– dijo Remus.

–Por favor, siéntese. Usted, también, Minerva–. Dumbledore acercó una silla para él, y se sentó al otro lado de Remus.

Fue de alguna manera reconfortante sentarse con Dumbledore sin el escritorio entre ellos. Le recordó de la visita que habían tenido ese verano… del momento más feliz de su memoria jóven.

–Remus, esta es Madam Pomfrey,– dijo Dumbledore, indicando una cuarta ocupante de la habitación. –Ella es la enfermera de la escuela.

Remus asintió cortésmente. Había visto a Madam Pomfrey antes, pero no sabía su nombre o posición.

–Estoy seguro de que sabe por qué está aquí,– dijo Dumbledore, apoyando sus largos dedos juntos.

Remus asintió de nuevo. –Sólo faltan unos días para que sea luna llena.

–Correcto,– dijo Dumbledore. –Ahora, como le dije a usted y a sus padres durante nuestra reunión en el verano, ciertas precauciones se deben tomar para garantizar la seguridad de los otros estudiantes.

La expresión de Remus se volvió triste. Odiaba que todo el mundo pensara que era un peligro para los demás, y odiaba aún más tener que admitir que sí era verdad.

–Hemos tomado medidas para asegurarnos de que usted y los demás estarán a salvo–, continuó Dumbledore, mirándolo de cerca. Se puso de pie. –Ven aquí.

Remus siguió a Dumbledore a la ventana. Dumbledore señaló un árbol un poco lejos del castillo.

–¿Ve ese árbol?

–Sí, señor.

"Se llama el Sauce Boxeador. Sus ramas se moverán para atacar a cualquiera que se acerque lo suficiente como para hacer que se sienta amenazado. Lo hemos plantado este año para proteger el túnel secreto que conduce a un edificio donde se puede transformar. El edificio está aislado, y usted va a estar solo, así que no debería haber ningún peligro.

–¿Cómo voy a lograr ir más allá de las ramas?

–Hay un nudo en la base del árbol. Si lo pulsas, las ramas se congelan.

–Ya veo.

–La profesora McGonagall irá a la torre de Gryffindor para recogerlo en la noche de la luna llena de cada mes a las cinco en punto. Ella lo acompañará afuera, donde Madame Pomfrey lo estará esperando. Ella lo acompañará hasta el Sauce, y lo llevará de vuelta al castillo por la mañana. Usted, por supuesto, puede ser excusado de sus clases el día después de la luna llena.

–Sólo la profesora McGonagall, Madam Pomfrey, y yo sabemos todo el plan. Los otros profesores saben de su desafío particular, por supuesto, y que se trata de forma segura. No quiero que la gente sepa más de lo necesario.

Remus asintió. –No le voy a decir a nadie, profesor.

–Me diste tu palabra durante el verano, Remus. Confío en ti.

Remus se permitió una pequeña sonrisa.

Dumbledore sonrió. –La profesora McGonagall me dice que le está llendo muy bien en sus clases.

–Estoy tratando, señor.

–Sus esfuerzos sin duda lo llevarán al éxito. Le pido que muestre el mismo tipo de dedicación en el trato de sus circunstancias. Usted ha recibido una maldición, que debe superar. Su mente es sin duda lo suficientemente fuerte.

Hizo una pausa y estudió al joven sobre sus gafas de media luna. Cuando volvió a hablar, fue suavemente, con compasión y preocupación en su voz. –Buena suerte, Remus.