ES MI PROMESA

Capitulo 1: El peso de una promesa

Por Okashira Janet

¿Y si me matan?. Sí alguien te asesina no descansare hasta matarlo, es una promesa. Pero nunca imaginó que sus palabras pesaran tanto.

Naruto y todos sus personajes pertenecen al buen Kishimoto que siempre me desilusiona con sus momentos NaruHina pero sigo teniendo fe. Escribo esta historia sin fines de lucro y con el simple afán de divertir.

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El viento mecía su cabello lentamente, iba descalza y con una simple yukata, todo su cuerpo pulsaba, sentía sus dedos húmedos, por primera vez en la vida sintió un miedo que rayaba en el pánico.

—Su-suelte a Hanabi-chan… —Intentó sonar firme pero lo único que logró fue un chillido angustiado, su hermana estaba llorando, tenía las muñecas sujetas a la espalda y lucía débil como nunca antes la había visto. El hombre que estaba frente a ella vestía una armadura que bajo la luz de la luna brillaba con tenue resplandor. Giró lentamente hacía ella, como si no estuviera del todo preocupado de que lo hubiesen descubierto.

—Suelte a Hanabi-chan. —Repitió esta vez con mayor firmeza, sentía que las piernas se le deshacían, aquel hombre era fuerte lo podía ver con su Byakugan, su chakra bullía dentro de él como un dragón que levantara el vuelo. Hinata se colocó en la posición de batalla propia de su familia, era fácil deducir que se trataba de un samurai, pero, ¿por qué querría un samurai secuestrar a una de las hijas de la familia principal?, ¿no se suponía que el país del hierro era una nación neutral?

—Es una lastima que me hayas visto. —El hombre habló, era una voz aún joven, un tanto fría, como si lo que estaba haciendo fuera ajeno a él.

—¡Suéltela! —Finalmente el miedo tomó un matiz diferente en sus venas, todo su cuerpo vibró con la adrenalina que precedía un combate, adelantó un pie descalzo sobre el pasto húmedo.

—No tengo tiempo para esto. —El hombre soltó a Hanabi apenas una décima de segundo, fue suficiente para que la menor tanteara con sus dedos en la cintura de su ofensor y tratara de alcanzar una de aquellas cuchillas, para Hinata todo pasó en un segundo. Lentamente como Hanabi intentaba defenderse aún con las manos atadas, la rápida reacción del hombre que le doblaba la muñeca y antes de darse cuenta los largos cabellos castaños de su hermana se esparcían en la tierra.

—¡Hanabi! —Chilló sintiendo que su estomago se torcía, la mancha de sangre empezó a crecer bajo su pequeño cuerpo de diez años—. ¡Hanabi! —Quiso correr hacía su hermana, el hombre la sujetó por atrás, le torció la muñeca.

—Tú me servirás.

—¡Suélteme! —Y era un dolor mezclado con miseria, con un esfuerzo sobrenatural intentó soltarse, tal vez había esperanza, Hanabi no podía estar muerta, no podía ser cierto, porque ella era la hermana mayor y los hermanos mayores siempre mueren antes que los pequeños, porque rompía con la ley de la vida que sucediera algo como eso.

Nuevamente sintió que la vida corría en cámara lenta, sintió un dolor apabullante en el brazo, dos fuerzas que traccionaron en sentidos diferentes y luego el "clac" que con una oleada de aturdimiento despertaba en su mente la chispa del pensamiento, de algo que irremediablemente se había roto.

Calló al suelo de rodillas, su brazo colgó inerte a su lado, incapaz de volver a obedecerle, sintió el frío metal rozando su nuca, por un escalofriante segundo pensó que iba a morir, lo siguiente que supo es que había caído al lado de Hanabi, la sangre de su hermana manchaba su ropa, podía ver sus ojos vacíos, su rostro eternizado en esa mueca de sorpresa y dolor.

Intentó boquear y decir algo, pero la mirada se le volvió borrosa, el samurai había perdido el casco, contra la luz de la luna vio su cabeza rapada, aquel dragón que brillaba resplandeciente casi como un embrujo, él la miraba fijamente y no había maldad en su mirada pero tampoco lastima, simplemente estaba ahí y ella sintió la agonía de estar bajo su pie, se ahogó de imaginar que su vida nuevamente no le pertenecía.

Quiso abrazar a Hanabi y morir con ella pero la consciencia empezó a perdérsele en un mar de oscuridad, como en una serie de fotografías superpuestas siguió viendo ese rostro que se recortaba contra la luz de la luna, el dragón que había presagiado la muerte, el dragón que había herido su corazón por siempre. Sus ojos se cerraron y para su mente empezó una serie de recuerdos sobrepuestos, imaginó que su corazón latía rápidamente, cada vez más fuerte hasta casi escapar de su pecho y mientras caía de rodillas con el brazo roto en medio del campo Hyuuga podía ver a Hanabi muerta a su lado y aquella sangre tibia y roja extendiéndose bajo ella, mojando sus rodillas, empapando su cabello.

Sintió que un abismo se abría bajo ella y una risa que no era la suya burlándose de su debilidad, de ser la espectadora de la muerte de su hermana, de la que había visto morir una parte de su alma sin mover siquiera un dedo. Despertó gritando y no fue el grito que precede una pesadilla, era el grito del que aún esta dentro de la pesadilla, del que nunca saldrá de ella, gritó tan fuerte que sintió que se le desgarraron los pulmones.

Se encontró en el hospital y fue consciente con dolorosa ansiedad de que nada de lo que había pasado era un mal sueño, Hanabi nunca jamás entrenaría en el dojo, nunca más sus manos de hermanas se entrelazarían con fraternidad mientras cenaban, no volvería a notar esos ojitos plateados que le preguntaban algo acerca de la academia, no habría más risas ni más juegos ni más recuerdos dolorosos que pudieran contarse bajo las sabanas intentando que el dolor de dos lo hiciera más llevadero.

Por una hora entera se quedo tiesa en la cama viendo el techo, los brazos inertes a los lados, pudo sentir dolor y supo que su brazo izquierdo no estaba perdido, lo habían vendado y enyesado, podía mover los dedos, ni siquiera había perdido eso, ¿pero Hanabi?, desde que se había despertado nadie había ido a verla, ni siquiera cuando había gritado, no debía asombrarse después de todo, múltiples veces había estado en el hospital sin que nadie se preocupara por visitarla, pero sentía que esta vez era diferente, ¿no iría nadie a decirle lo que estaba ocurriendo?

Cuando la noche empezó a caer su padre entró a la habitación sin anunciarse, sus labios rígidos.

—Enterramos a Hanabi ayer. —Hinata sintió que nuevamente el estomago se le retorcía, un jadeo escapó de su boca, su padre empezó a hablar con su voz fría de siempre, en un insulto que por el matiz plano de la voz era aún peor ¿cómo es que no había podido salvar a su hermana?, era una vergüenza para el clan. Hinata no lo escuchó en realidad, había vuelto a posar los ojos en el techo, las lágrimas surgían lentas perdiéndose en la almohada. Rememoró una conversación que de tan vieja ni siquiera tenía matices de color en su mente, había sido cuando Hanabi tenía seis años, en aquel entonces había entrado a la academia y un día cualquiera se había colado en su cuarto metiéndose bajo las sabanas, si cerraba los ojos aún podía recordar el cuerpo tembloroso a su lado, los ojillos asustados.

—Iruka-sensei ha dicho que los ninjas tienen enemigos, que esos enemigos pueden matarlos.

—Bueno… —Recordaba haber dudado un poco al contestar—. Es que ese es el camino de un ninja.

—Ah… —Pero había tenido tanto miedo, su pequeño cuerpo había convulsionado de tal forma que le fue imposible dejarla en ese estado de desazón, le explicó pacientemente el porque de las peleas, las causas de la guerra y la verdad oculta tras el orgullo shinobi, tratando de que fuera lo más fácil posible le hizo ver que en el mundo existían personas malas y buenas, había veces que las ideas colisionaban y no se podía hacer otra cosa más que defender los ideales aunque así se arriesgara la vida, en otras ocasiones la muerte llegaba sin avisar, ese era el camino del ninja. Para su sorpresa cuando terminó de hablar Hanabi estaba al punto de las lágrimas, con tristeza pensó que aquella información era demasiado densa para una niña tan pequeña, una niña que, de haber nacido en condiciones normales, solo habría tenido que oír hablar de amor y de protección. Fue entonces cuando unas palabras irreflexivas salieron de su boca, solo para calmarla, para que aquella noche durmiera tranquila como la nena que en realidad era.

—¿Y si alguien me mata?

—No te preocupes Hanabi-chan, —pegándola contra su cuerpo en un abrazo dejo que se acurrucara contra ella—, si alguien llegará a matarte yo no descansaría hasta asesinar a esa persona.

—¿En serio?

—De verdad… —Y aunque su voz era un murmullo Hanabi quiso creerle, de verdad creyó en esas palabras.

—¿Me lo prometes?

—Es una promesa. —Y sonriendo volvió a repetirla—. Si alguien alguna vez le hace daño a Hanabi-chan yo no descansare hasta matarlo, es mi camino del ninja.

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Hinata pudo salir del hospital una semana después, fuera de aquella visita de su padre no había recibido más visitas en toda su estancia hospitalaria, una parte de su cuerpo dolió con aquello, pero no era nada en comparación con el sentimiento de nulidad, el no valer para nada. Cada que cerraba los ojos se imaginaba a Hanabi sonriéndole tímidamente desde el otro lado de la mesa, porque para los Hyuuga mostrar los sentimientos estaba prohibido, por eso las señales de afecto y apoyo tenían que buscarse, tenían que encontrarse en un roce suave, en una sonrisa apurada, en una taza de té dejada sobre la barra de la mesa, en una flor colocada junto a la ventana.

Salió del hospital con el paso ligeramente tambaleante, con el brazo pegado a su tronco debido al yeso, al estar fuera la luz del sol le hizo daño en los ojos, caminó lentamente sintiendo que con cada paso algo dentro de ella se fracturaba sin posibilidad para volver a unirse, ¿quién que no tuviera hermanos podía describir ese cruel sentimiento?, ese dolor que no se iba con nada, que acechaba y mordía y se reía desde las sombras, fue consciente de que bajo sus orbes había ojeras, que cada paso era como un grito ahogado.

¡Patética, patética, patética!

Sus sentidos se trastornaron a tal grado que quiso reír de rabia y sonreír de dolor, de pronto todo empezaba a perder sentido, el sol sobre su cabeza, los pájaros que volaban por debajo de las nubes, la gente a su alrededor. Sintió como si toda su vida no fuera más que una película muda donde el protagonista fuera ajeno a ella y Hinata Hyuuga solo fuera una mera decoración.

Trastabilló presa del dolor y emprendió el camino hacía donde las voces no pudieron alcanzarla, atravesó los campos de entrenamiento de los gennin y después de un largo caminar sin rumbo fijo se encontró repentinamente frente al campo de entrenamiento número 44, mejor conocido como el bosque de la muerte. Su pálida mano derecha acarició las rejas que la separaban de aquel lugar, del otro lado había bestias feroces y peligros infernales, sin meditarlo demasiado saltó y se encontró parada en el borde de la reja, pasarse del otro lado fue apenas un suspiro.

Se preguntó si lo que deseaba era morir, sí, si que lo deseaba aunque no se lo admitiera a si misma, caminó lentamente, adentrándose en aquel mundo oscuro, en aquel paisaje húmedo y letal. Varios recuerdos la recorrieron como una ráfaga, había sido en ese lugar donde Shino, Kiba y ella habían llevado a cabo la segunda parte del examen para Chunnin, los únicos miembros de Konoha que habían logrado acabar el reto en un día sin sufrir daños.

Por un momento odio a su Byakugan, esa línea sucesoria que le avisaba del peligro, que le susurraba que un chakra poderoso se acercaba, que la mantenía a salvo a pesar de esperar a que la muerte llegara por ella y arrancara de cuajo aquello que nunca había sido suyo en realidad. Una serpiente empezó a acercarse, a pesar de que sus sentidos le gritaron que saltara se obligó a si misma a permanecer en aquel lugar, solo sería un momento y entonces todo aquel dolor desaparecería, su padre no tendría que avergonzarse de nuevo, sus amigos no tendrían que preocuparse más por ella.

¿Y si alguien me mata?

No te preocupes Hanabi-chan, si alguien llegará a matarte yo no descansaría hasta asesinar a esa persona.

Sus ojos se abrieron con sorpresa al momento de esquivar el ataque de la serpiente gigante y saltar hasta un árbol, ¿qué estaba haciendo?, no podía morir no aún. La serpiente volvió a atacar, sus colmillos eran del tamaño de un brazo, sus ojos afilados presagiaban muerte, ella volvió a desviar el ataque y echó a correr y en aquel instante de adrenalina olvidó sus problemas, olvidó su dolor y el miedo y todo aquello que se atoraba en su cuerpo y estremecía su mente, sólo pensó en vivir, hacerlo por algo que era primitivo dentro de ella y que no obedecía sus deseos egoístas de cerrar para siempre sus ojos.

Corrió con el corazón desbocado y saltó la barda de un solo impulso sin siquiera pensar en concentrar chakra en el lugar indicado, una vez Neji le había dicho que el miedo era un potente catalizador de la energía solo hasta ese momento comprobó que tan cierta era aquella afirmación.

—Hanabi. —Gimoteó dejándose caer de rodillas al suelo cuando estuvo a salvo del otro lado y lloró lo que no había llorado, vomito el dolor sobre la tierra suave de Konoha, crispó su mano blanca sobre el suelo mientras su otro brazo continuaba pegado a su torso como un pequeño extra sin valor. No, no podía morir, porque tenía algo que debía cumplir antes y esta vez lo cumpliría, porque esta vez no podía hacer oídos sordos a sus palabras, había hecho una promesa y un ninja no retiraba sus palabras, eso era lo que había aprendido de Naruto.

—Naruto-kun… —Sus ojos se cristalizaron, hacía exactamente un año que había terminado la gran guerra ninja que había vuelto aliadas a todas las naciones, hacía exactamente un año que el corazón del rubio había logrado cambiar la oscuridad que habitaba dentro de Sasuke. La aldea había empezado su lenta reconstrucción desde aquel entonces, muchos habían muerto y todavía se les lloraba, pero en la mayoría de los corazones la esperanza había resurgido con mayor fuerza, por Naruto, por aquel héroe que había llevado pasión a todos los corazones.

¿Qué haría Naruto en la presente situación?, lentamente la joven negó con la cabeza, no podía saberlo y de cualquier manera ella era ella y Naruto era Naruto y pensar en situaciones como aquella no le haría ningún bien porque no eran posibles.

Con lentitud se levantó cuando la oscuridad a su alrededor era completa, los rugidos de las bestias del otro lado de la reja le estremecían el corazón. Lo había decidido, sería la última vez que lloraría como una tonta, sería la última vez que se estremecería de miedo y de dolor como la pusilánime Hinata, había algo que tenía que hacer, se lo había prometido a Hanabi, se lo había prometido a su sangre y a la sangre no se le negaba.

Tenía miedo, tenía tanto miedo que sentía que volvería a vomitar, pero tenía que hacerlo, tenía que matar al samurai con un dragón tatuado en la cabeza, no podía descansar hasta que la sangre de aquel hombre corriera tibia por el piso como había corrido la de Hanabi manchando su ropa.

Echó a andar con los ojos desenfocados, siendo peligrosamente consciente de cada movimiento que hacía su cuerpo, cada bocanada de aire que entraba en sus pulmones, la orden que tenía que darle a sus piernas para que caminaran, el punzar de su brazo herido. ¿Qué era el dolor a fin de cuentas?, si el miedo era un propulsor el dolor lo era también y ella tenía suficiente dolor dentro como para no volver la vista de nuevo atrás.

Los pensamientos se arremolinaron en su mente mientras entraba silenciosamente a la mansión Hyuuga, no había nadie para recibirla, tampoco había signos de luto por la muerte de Hanabi, vagamente comprendió que la muerte de su hermana había sido algo que nunca había pasado, porque ella lo había gritado.

—¡Fue un samurai! —Pero se suponía que había una alianza, se suponía que el país del Hierro era neutral, como siempre Konoha había tenido que ver por sus intereses en general, como siempre la muerte de un solo individuo podía minimizarse si era por el bien de todos.

El fin justifica los medios.

Y aquello era tan triste, tan brutalmente miserable. Sintió que era un fantasma que caminaba apenas pisando los tablones de madera, si Konoha había decidido que podía pasar de la muerte de Hanabi ella no se lo echaría en cara, después de todo los ninjas eran meras armas, pero había algo diferente en esa ecuación, porque la unión que la volvía una con Hanabi no era el ser kunoichis de Konoha, lo que la hacía uno con Hanabi era algo que nadie que no hubiera vivido podía entender.

HERMANA.

Y aquella palabra lo era todo y no era nada y dolía y ardía y aquella larga noche también fue la única palabra que pudo decir. Era una promesa y aunque ella no fuera la indicada para llevarla a cabo lo haría, cumpliría su palabra. Por un momento fue consciente de que nadie le ayudaría, quiso descubrir los motivos por los que sus compañeros no la habían visitado en el hospital pero no hallo nada que la convenciera de otra cosa:

Estaba sola.

Y había estado sola tanto tiempo que fue como volver al pasado cuando todos la odiaban y no era más que un parasito que respiraba, quizás lo siguiera siendo, de hecho lo seguía siendo. Pero aquella batalla que iniciaba no era para probarse a si misma, ni siquiera era para sentir que podía ser mejor o cambiar o hacerse un poco más fuerte ni ninguna de esas tonterías sentimentalistas que había creído.

La batalla que empezaba en ese momento era una batalla de venganza, era una batalla que se había desencadenado desde que había hecho una promesa y sabía que Hanabi estaba ahí con ella, con aquel cabello castaño y largo, a veces un poco húmedo por el entrenamiento, con aquellos ojos que podían ser duros o suaves, con aquel piecito que se escurría bajo la mesa para rozarla aunque su rostro no dijera nada, porque los Hyuuga eran así, porque el amor en la familia se negaba aunque existiera.

Se acostó pero supo que si cerraba los ojos y dormía todas las emociones que la embargaban desaparecerían, si esperaba a volver a despertar sobre la cama de su cuarto perdería la fuerza, se recordaría que era tímida y dulce y demasiado débil, pensaría más veces lo que había estado meditando y se diría a si misma que era una promesa tonta que no podría cumplir. Aún cuando en esos momentos fuera el único eje de su vida.

No hubo muchas cosas que guardar en su mochila, no quería recuerdos que le entorpecieran el camino, todo el dinero que había ahorrado, pergaminos, armas y una determinación que en aquel momento nacía del dolor y de algo más que lastimaba y que se parecía mucho a una noche de sangre en donde la debilidad era la pieza principal de un juego de ajedrez donde el jaque mate había sido en su contra.

Su brazo dolía cuando le quito el yeso dejando solo las vendas, quería que doliera, solo con el dolor no podría abandonar, solo con el dolor podría seguir adelante, porque ella no tenía la determinación de Naruto, porque por instantes quería esconderse en un rincón de su cuarto y pedirle perdón a Hanabi por no cumplir sus palabras, porque sentía que su corazón no podía odiar aunque lo intentara, porque sus propia promesa se repetía vacilante en su mente.

Salió con su ropa ninja de siempre, el pantalón y la chamarra, pero había algo que había cambiado y era el sufrimiento, ese que pesaba en su espalda y le aplastaba la sonrisa, que volvía todo sombrío y quemaba como el fuego. Echó a andar despidiéndose con la vista de los jardines, sin ser consciente caminó hasta el mismo lugar donde todo había ocurrido, la luna no era llena así que no fue lo mismo, pero pudo imaginarse nuevamente aquella escena que parecía sacada de una película de terror. Las luciérnagas estaban volando, se mecían como puntitos fugaces en torno al pasto que no había vuelto a crecer, como si la sangre de Hanabi lo hubiera secado.

Estuvo parada ahí el tiempo suficiente para que el dolor llegara a un punto donde era imposible olvidarlo, entonces supo que no habría vuelta atrás, no por su propia decisión (fugaz y tambaleante) sino porque el espíritu de Hanabi se lo exigía, no podía morir, ni aunque lo deseara, ni aunque lo quisiera, no hasta vengar a su sangre.

—¿A dónde vas? —Justo cuando iba a echar a andar de nuevo escuchó la voz de su padre a sus espaldas y era la misma voz fría y dura que había escuchado desde que tenía consciencia, no le respondió sin embargo, echó a andar lentamente—. Sé lo que estas planeando, no lo vas a conseguir. —Hasta el último instante era una basura para él, algo que no merecía la pena—. Si te vas Konoha te tratara como una desertora, no me tentare el corazón. —Nunca se lo había tentado de cualquier manera.

—Adiós. —Fue lo único que dijo y él tampoco agrego nada más, ella se fue sin girar ni una sola vez la cabeza, sintiendo que toda la vergüenza que le causaba a su padre caía sobre ella, se acumulaba en su espalda. Pero aquel no era un viaje de autosuperación y mucho menos para demostrarle a su padre su fuerza, de hecho todo aquello carecía de sentido a esas alturas.

Si hubiese sido un poco más fuerte antes Hanabi seguiría viva, aquel viaje era un autocastigo, uno por no proteger lo que mas quería en el mundo. Fugazmente pensó en Naruto pero luego sacudió la cabeza, desde que pusiera un pie fuera de Konoha no podía esperar que el rubio la entendiera, ¿cómo?, Naruto era demasiado fuerte, él no comprendería sus motivos, él no entendería que hubiera personas tan débiles que tenían que usar el dolor para seguir adelante.

Atravesó lentamente la aldea, a cada paso quería en realidad regresar, pero no había manera, no después de lo que había ocurrido con su padre, aquel era un viaje sin retorno, dejaría atrás lo que había querido en aquel lugar no por decisión propia sino porque sus propias palabras la habían obligado a ello.

Cuando su pie cruzó los arcos de Konoha algo irremediablemente se quebró, pero había demasiado cosas rotas dentro de ella para darle importancia a algo más que se destruía, aquel quizás no volvería a ser su hogar, pero no quería pensar en eso, de hecho no quería pensar en nada, sólo en un dragón.

—Adiós. —Y dejando que el flequillo le cubriera los ojos siguió su camino, uno que sin saberlo apuntaba a la oscuridad.

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Naruto se levantó con una enorme sonrisa en la cara, el día anterior había llegado de una pesada misión con Neji y daba gracias a los cielos estar en su apartamento y no con el genio Hyuuga que a pesar de ser su amigo se la pasaba llamándolo cabezota.

Ese Neji si que era todo un caso perdido. Bostezando el rubio se frotó un ojo y miró su reloj, pasaban de las nueve de la mañana así que con pereza se levantó apartando las sabanas con las piernas, los días estaban frescos últimamente.

Se metió a bañar mientras cantaba voz en cuello y salió silbando y poniéndose al mismo tiempo los pantalones. Tenía su plan de acción bien trazado, primero iría por Sakura al hospital, de ahí se pasarían a ver a Sasuke y en la noche irían a tomar con los demás en el bar de la hoja.

Sintiéndose feliz por sus planes inmediatos se calzó a toda prisa los tenis y salió con un aventón de puertas, la aldea estaba completamente reconstruida y se veía tan hermosa como siempre, por el camino la gente lo saludó con grandes muestras de entusiasmo, ¡era la onda ser el héroe del lugar!, aunque cuando los chicos le pedían autógrafos había un momento que llegaba a ser fastidioso, bueno, gajes del oficio.

Metiendo ambas manos en las bolsas de su pantalón comenzó a silbar una alegre melodía que había escuchado en un disco de música clásica en casa de Sai mientras éste pintaba un retrato de unas sandias, ¿por qué Sai tenía gustos tan raros?, en fin.

Parándose en sus talones y manteniendo el equilibrio en esa posición esperó fuera del hospital a que Sakura saliera, finalmente la vio, los cabellos rosas y los ojos verdes un poco cansados.

—¡Ey, Sakura-chan! —gritó con energía y ella simplemente alzó una mano en respuesta.

—Naruto.

—¿Cómo estas?

—Tuve guardia nocturna. —La chica bostezó y se tapó la boca con una mano—. Fue un poco ajetreado así que tengo sueño.

—No te preocupes, —Naruto le guiñó un ojo—, te duermes donde el Teme.

—Claro. —Sakura le sonrió brevemente en respuesta, desde que Sasuke había vuelto a la aldea ellos dos lo visitaban todos los días sin falta y para gran horror del vengador. De cualquier manera los tiempos oscuros donde Sasuke les gruñía que los mataría estaban empezando a pasar, para gran alivio de Sakura que a veces recordaba con un escalofrío la ocasión en que ambos habían estado a punto de matarse el uno al otro después de que Sasuke se enfrentara a los cinco Kages.

Con la algarabía propia de Naruto llegaron a la zona Uchiha, no estaba muy bien cuidada y se sentía bastante fría y sola, pero era de esperarse cuando los primeros seis meses Sasuke había tenido que ejercer misiones la mar de tontas para ganarse la confianza de la aldea y aunque la mayoría estaban prestos a perdonarlo, en gran parte debido a los discursos de Naruto, el enfrentarse con él era algo que nadie desearía.

Como todos los días Naruto llegó anunciándose:

—¡Teme que ya llegamos! —Y como todos los días Sasuke les respondió amigablemente.

—Tienen tres segundos para sacar su culo de mi casa. —Pero tanto Sakura como el rubio lo ignoraron, Naruto se dirigió a picar lo que sea que su amigo se hubiese hecho para desayunar y Sakura se tendió en un sillón y al poco rato ya dormitaba tranquila, Sasuke la observó arqueando una ceja, pocos eran tan valientes para dormirse en presencia del demonio, solo por esa valentía le permitía seguir con vida a pesar de la falta de respeto a sus dominios.

—Oye teme, —con la boca llena de arroz Naruto se dirigió a su amigo quien compuso una mueca en su perfecto rostro—, ¿vas a venir con nosotros por la noche?

—Ni aunque me encerraran en genjutsu.

—Que bueno porque van a ir todos nuestros amigos, te alegraras de verlos.

—He dicho que no voy a ir. —Sus ojos negros tenían una particular manera de volverse fríos cuando estaba negando algo así que Naruto permitió que el rostro se le llenara de sudor mientras tragaba grueso el arroz que tenía en la boca.

—Vamos no seas amargado, yo pago dattebayo.

—Debes estar desesperado por compañía. —El Uchiha arqueó una ceja y se sentó en la silla más cercana.

—Es que la última misión fue una porquería. —El rubio echó la cabeza para atrás—. Teníamos que trabajar en una tienda de lana mientras reuníamos información, esas cosas no van conmigo.

—Eres demasiado escandaloso. —Sasuke le dio la razón sin cambiar un ápice su rostro.

—Y quería salir a divertirme con ustedes ahora que todo ha acabado y es bastante raro pescar a Sakura-chan en un día libre.

—Escuché que va a ser nombrada jefa del hospital. —Sasuke arqueó una ceja mirándola de reojo, Sakura destacaba en cosas que ellos dos no podrían, ¿usar el chakra de manera correcta y perfecta?, ni en sus mas grandes sueños.

—¡Sakura-chan es tan genial! —Naruto canturreo metiéndose otra bola de arroz en la boca, ¿de verdad había crecido?, porque había veces que no lo parecía ni por asomo, echando ligeramente la silla hacía atrás Sasuke cerró los ojos, aunque Naruto siguiera siendo el mismo torpe y bocazas lo cierto es que le debía mucho, casi morir a sus manos por ejemplo, pero en resumen había sido por causa del rubio que había vuelto a encontrar un hogar.

Y ciertamente Konoha le seguía pareciendo una porquería donde todos reían a costa de la vida de Itachi, pero bueno, también él podía reír de vez en cuando y no es como si Itachi se lo echara en cara.

Tonto hermano menor

Dale, por fin lo había entendido pero no por eso le iba a hacer una estatua a Naruto y tampoco iba a glorificar la aldea de la noche a la mañana, aún le gustaba que le temieran, aún le gustaba sonreír macabramente y sembrar terror, no era algo que pudiera cambiar así como así.

Naruto empezó a juguetear con los palillos y él le dio un zape en la cabeza (oh grandes enseñanzas de Suigetsu), debatieron, rugieron y se enzarzaron en una serie de insultos hasta que Sakura despertó y con toda la mala leche que podía tener alguien que no hubiera dormido en toda la noche les arrojó un puñetazo que él pudo esquivar por los pelos pero que a Naruto lo mando a volar hasta el patio, de verdad que esa chica…

El resto de la tarde Sakura se la pasó leyendo uno de esos pesados libros de los que ni él ni Naruto entendían nada y para distraerse ellos hicieron un ligero entrenamiento, haciendo énfasis en ligero, era una suerte que Kyuubi curara tan pronto a Naruto y que tuvieran a un medic-nin al lado para Sasuke.

Cansados se echaron a dormir un rato y cuando despertaron había anochecido y Sakura los picaba con el pie en el costado.

—Que ya es hora. —Apenas medio se acomodaron el cabello y partieron al bar, Sasuke con su mal humor congénito y Naruto tan animado como si lo hubiesen mandado a una misión rango súper A.

Cuando entraron al bar Shino y Kiba ya se encontraban ahí y al parecer discutían algo porque el domador de insectos acomodaba sus lentes cada dos por tres signo irrevocable de que estaba defendiendo su punto.

—¡Que hay chicos! —Naruto se sentó en medio de los dos, Sakura y Sasuke también hicieron lo propio.

—Nada. —Kiba se echó hacía atrás con fastidio—. Sólo le decía a Shino lo detestables que son en la familia Hyuuga.

—¿Lo dices por mí? —Neji que iba entrando arqueó una ceja, Lee que iba a sus espaldas murmuró algo de rivalidad intensa.

—Podría, pero no. —Kiba se encogió de hombros—. Es que anteayer que volví de mi misión, quería darle a Hinata algo que compré para ella pero cuando fui a los terrenos Hyuuga Hiashi me ha dado la patada de mala manera.

—A mí también me comunico que Hinata no estaba disponible. —Shino volvió a acomodarse las gafas.

—Si esta en una misión podría haberlo dicho de mejor forma. —Kiba se cruzó de brazos molesto—. Que venga de un clan que maneje a los perros no quiere decir que me pueda tratar como a uno callejero.

—Ahora que lo pienso. —Neji frunció un poco el ceño—. Desde que llegue ayer a la mansión no he visto a Hinata-sama.

—Debe estar en una misión entonces. —Shino se cruzó de brazos.

—No puede ser. —Sakura ladeó un poco la cabeza—. He estado con Tsunade-sama últimamente y la tarjeta de Hinata permanecía libre de misión, incluso ayer que fui a recoger unos papeles…

—Entonces tal vez esta en la mansión y no me di cuenta. —Neji se encogió de hombros interrumpiendo a Sakura—. Después de todo los terrenos Hyuuga son muy grandes.

—Ay sí, —Kiba meneó los hombros en el aire—, soy del magnifico clan Hyuuga y me creo mucho. —Todos estallaron en risas, Ino llegó con gran menear de caderas y la conversación derivó en otras cosas, Naruto sin embargo no fue participe de la algarabía general, se encontraba observando insistentemente la puerta de entrada, Sai había mandado conejos mensajeros para avisarles a todos que se reunirían en el bar esa noche, uno por uno fueron llegando sin falta, pero por más que su corazón le decía que ella iba a entrar al final la noche pasó sin que Hinata Hyuuga se apareciera por ahí.

Bueno, suponía que tenía cosas que hacer, después de todo el clan Hyuuga era muy importante y ella era la heredera, era solo que últimamente le gustaba estar junto a ella aunque no se dijeran nada. Desde aquella lejana declaración en medio de la pelea con Pain había sentido que su corazón daba un bote alegre, no podía decir que la amara de regreso porque a decir verdad no entendía del todo aquello que los demás llamaban amor, había creído que sentía eso por Sakura pero ya no estaba tan seguro.

Quería verla y cuando no estaba a pesar de estársela pasando bien tenía la sensación de que algo faltaba. Cuando al final de la velada todos empezaron a despedirse él fue el último en pararse de la mesa, Sasuke lo esperaba en la entrada.

—¿Estabas esperando a esa chica?

—¿Cuál chica? —Y había tal grado de ingenuidad en sus ojos azules que Sasuke estuvo tentado de rodar los ojos, había idiotas que nunca dejarían de ser idiotas, ni siquiera valía la pena intentar fastidiarlos.

—Olvídalo. —Y metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones ambos emprendieron el camino a casa.

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Notas de Okashira Janet: Sé que tengo un reto que cumplir y todo eso pero me he aventado el súper maratón de Naruto y he recordado cuanto amaba al rubio, además empiezo a tener un poco de fe en que Kishi termine todo en NaruHina —aun lo dudo.

Pero en sí este fic tiene dos razones, la primera se debe a la violencia que estamos viviendo en mi país, las continuas muertes que nos tienen a todos en el limbo estremecieron a una persona especial para mí y en la inconsciencia de una noche fría le prometí algo que espero jamás tener que enfrentar.

La segunda es debido a un review que me dejaron en mi fic "Dueño de nada" alguien comentó que le gustaría ver a una Hinata oscura, cuando lo leí pensé, "Bah, Hinata no puede ser así", pero luego lo medité detenidamente, "bueno, ¿y por que no?" empiezo a darme cuenta de que soy débil ante los retos.

Un beso a todos y gracias por leer. Ciao

12 de octubre del 2011 miércoles