ES MI PROMESA

CAPITULO 13: PUENTE

Por Okashira Janet

Gracias por la espera, por los ánimos y la felicidad de leer conmigo.

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Naruto abrió los ojos con lentitud, le dolía la cabeza y tenía un brazo dormido (eso de tirarse en la cama de cualquier manera…), con pesadez buscó a su alrededor el reloj tanteando con una mano, pero no lo encontró.

—¿Qué hora es? —Se restregó un ojo notando que seguía siendo de noche, ¿desde cuándo Naruto Uzumaki se levantaba antes de que saliera el sol?—. ¡Ahh! —Él mismo se contestó la pregunta con un grito escandalizado—. ¡Sai! —Su ex compañero de equipo y ahora, nueva tropa ANBU, estaba frente a él con una expresión bastante hueca en sus ojos negros, mirándolo fijamente.

—Tenemos una misión.

—¿Y no me lo puedes decir normalmente? —Naruto jaló las cobijas contra su pecho en acto reflejo.

—Afuera en dos minutos. —Sai sentenció y salió de la pequeña habitación, el rubio refunfuño por lo bajo poniéndose a toda prisa el arrugado uniforme ANBU, estaba seguro de que era el primer ANBU en la historia que trataba tan mal su vestimenta, ¿no se veía la elite ninja siempre impecable?, a ese paso lo iban a sacar de la organización con una patada en el trasero por no cumplir los estándares.

Era una suerte que el uniforme ANBU fuera tan pegado como una segunda piel, las arrugas desaparecieron en contacto con sus músculos y la máscara cubrió sus ojos soñolientos y el rubio cabello desordenado que siempre se le pegoteaba a la frente por la mañana.

—Estoy. —Al salir su voz ya había cambiado, el uniforme ANBU era algo casi psicológico, como si al portarlo cambiara una parte de él, quizás no se volvía frío y serio como seguramente les pasaba a los demás, pero la seriedad también le llegaba en su dosis justa.

—Sígueme. —Sai saltó por los árboles y Naruto lo siguió con la precisión que le había dejado el final de la guerra, llegaron a las puertas de la aldea, dos personas esperaban ahí, una mujer preciosa con un cuerpo sensual y un hombre musculoso y atractivo, ambos con mascara y el cabello recogido en una coleta alta, Naruto supo que eran Hinata y Neji.

—La misión. —El castaño colocó una mano en el suelo, apareció un mapa—. Vamos a entrar a la zona cero. —Hinata y Sai asintieron con la cabeza, Naruto también aunque no sabía de qué iba la cosa, intuitivamente notó que Neji era el líder, no importaba, Naruto quería ser Hokage y todo eso, pero sabía que en equipos pequeños nunca era bueno liderando, aquel honor siempre se lo llevaba alguien más astuto como Sasuke o Shikamaru y estaba bien, ellos sabían sacar más jugo a sus habilidades y a las de sus compañeros.

—Una regla. —Neji alzó la vista, no que hiciera gran diferencia con la máscara que volvía un pozo negro sus ojos—. No se dejen morder.

—Hai. —Naruto se preguntó si acaso habría perros o algo parecido, de todas maneras ANBU no era un lugar donde pudiera ir por ahí chillando y cuestionando sus dudas. Echaron a andar, cuerpos agiles que se movían sin proyectar siquiera una sombra, como fantasmas del bosque, tan silenciosos como si nunca hubiesen existido. Naruto nunca había estado en un equipo así, cuatro compañeros que eran una sola unidad pero que al mismo tiempo no existían para el otro, era triste de alguna manera, sin venir a cuento pensó en Kakashi y en el tatuaje que llevaba en el hombro, habían dicho que paulatinamente él también lo tendría, aquel tatuaje que por el resto de su vida lo marcaría como la elite ninja… Naruto aún no sabía si lo quería sobre su piel o no.

—Viren treinta grados al noroeste. —Neji lo guiaba como si se trataran de alguna especie de barco con timón integrado, el rubio nunca había sido bueno con los grados así que solo seguía la dirección que marcaba Sai, aún era de noche y encima una noche fría, viajaban a una velocidad tan alarmante que el escaso sudor que perlaba su cuerpo se volvía frío sobre su piel.

Naruto supo que nunca había estado ahí antes cuando los cuatro se dejaron caer por un pozo en medio de la llanura, un pozo sin agua, de hecho, un pozo que no era otra cosa que un túnel.

—Llegando a la zona cero, alertas. —Neji les indicó con presteza, por instinto Naruto reforzó su estado de alerta, no era cosa que un perro le saltara encima mordiéndolo, iba a preguntarle a Hinata si es que los perros de por allí eran muy grandes y por qué estaban debajo de la tierra, pero notó que la muchacha apretaba una empuñadura en su cintura, no se había fijado pero Hinata llevaba una bonita espada, casi tan delgada y fina como ella.

—Alertas. —Hinata repitió el mandato de Neji y fue como si la temperatura descendiera diez grados, Naruto miró alrededor activando inconsciente los ojos del Kyuuby, no vio nada, pero sintió algo muy parecido a la desazón.

—¿Qué estamos haciendo aquí? —No se le había pasado por la cabeza que aquella misión no le había sido explicada y que fuera de la orden de no ser mordidos no tenía sentido, tampoco se le ocurrió que fuera una misión expresamente para probarlo.

—Ahora… —Sai se inclinó, sus manos se movieron con rapidez y una docena de ratones de tinta corrió por el piso.

—El plan es volver aquí dentro de una hora. —Neji hizo girar en sus manos dos espadas, Naruto no sabía que pudiera usarlas, es decir, Sasuke tenía una espada en la cintura para lucir muy chupiguay y eso, pero no era muy bueno en kenjutsu—. Naruto, tú serás solo un observador al inicio.

—En una hora y no hago nada, entendido. —El rubio pasó de decir lo mucho que aquello lo confundía. Los cuatro avanzaron sigilosos y pegados a la pared, Naruto iba en medio de Hinata y Sai, instintivamente se dio cuenta que avanzaba en la posición clásica de protección, le pareció un poco tonto (vamos, no es por nada pero era el hombre más poderoso sobre las naciones ninja), de cualquier manera no se quejó ni se puso ruidoso por consideración al silencio y prudencia de sus compañeros.

El largo cabello de Hinata le dio en la nariz, pero notó que no olía a nada, anteriormente no es que lo hubiera tomado en cuenta, pero Kyuuby era más ducho en olores y Hinata siempre olía bien, como un campo de lilas, puso aún más en alerta sus sentidos y descubrió que ningún olor se desprendía de sus compañeros, como si hubieran borrado su propio sudor y esencia humana, él en cambio despedía un tenue olor a sudor, a hombre y quizás lo que había cenado el día anterior.

De cualquier manera pocas personas tenían el olfato tan desarrollado como él y en cualquier caso su habilidad venía del hecho de que Kurama estaba en su interior, a menos que se enfrentaran a alguien del clan Inuzuka…

Una regla… no se dejen morder.

¡Mierda!, si iban a pelear contra perros era obvio que tendrían un buen olfato, Naruto se empezó a poner inquieto de sólo pensarlo.

Naruto. —Escuchó a Kyuuby llamarlo, pero no se podía dar el lujo de entrar a su mente y tener una charla.

¿Qué pasa?

Este lugar es peligroso, detecto energía elemental.

¿Elemental como el modo sabio?

Peor que eso. —Dentro de él Kurama se erizó como si estuviera en posición de defensa y ataque, Naruto actuó en consecuencia, sus ojos se pusieron rojos y miró en todas las direcciones, no podía ver emanaciones de chakra a excepción del chakra azul que envolvía gentilmente a Hinata delante de él, Hinata… tenía algo que decir, algo que era urgente, pero, ¿sería el mejor momento?, ¿podría hacerlo?

—Abajo. —Neji siseó y los cuatro se acuclillaron al mismo tiempo, Naruto rozó los dedos con el suelo, algo raspó bajo su piel y se permitió echarle una breve mirada, una máscara ANBU estaba ahí, quebrada y manchada de sangre.

—He encontrado un nido. —Sai murmuró—. Dirección oriente, deberíamos sortearlo. —Mientras el joven hablaba una niña apareció frente a ellos, dando vuelta a la esquina, era una chiquilla rubia y sucia, casi tan harapienta como los huérfanos del país de la lluvia. Al verla Naruto relajó ligeramente los hombros y alzó una mano en señal de saludo, era un acto reflejo, los niños de la aldea siempre se acercaban a pedirle un autógrafo. Quizás fue por eso que no pudo moverse, tal vez es que bajó la guardia o quizás es que dio por hecho algo que no podía calcular. Neji se movió tan rápido que no alcanzó a verlo, la siguiente imagen fue irreal, Neji estaba ahí, atravesando con su espada el estómago de la niña, ella tenía fijos los ojos enfrente en una mueca que era dolor, sorpresa y agonía.

—¿Qué…? —Naruto dio un paso al frente—. ¿Qué estas…? —Neji retiró la espada, la niña cayó en un charco de sangre, tosiendo, lagrimeando, acabando su vida entre estertores—. ¿Po-por qué? —Neji limpió la espada con una tela blanca que llevaba en el bolsillo, luego aventó la tela sobre la niña y siguió caminando.

—Avancen.

—¡Me vas a decir qué demonios pasó aquí! —Naruto rugió dando un amenazador paso adelante, pero fue rápidamente bloqueado por el brazo de Hinata que lo detuvo en seco.

—Él es tu capitán. —Había una orden ahí, él es tu capitán no cuestiones, es tu capitán no preguntes, es tu capitán, tu síguelo.

—¡No me importa si es el capitán! —Naruto bramó, el chakra se desprendió de su cuerpo creando una luminosidad roja, Sai se estremeció y el rubio supo que no fue porque le temiera a él precisamente.

—Idiota. —Neji habló con los dientes apretados, Hinata desenfundo su espada y Sai sacó su pergamino extendiéndolo frente a él, los tres rodeando a Naruto, dándole la espalda.

—Olviden lo de aguantar una hora, la misión ahora es salir. —Neji no dijo la siguiente palabra pero Naruto intuyó que era "vivos".

—El nido se acerca, han sentido el chakra que liberó Naruto. —Sai aflojó los hombros—. Lo he perdido. —Naruto notó la tensión en sus compañeros, esperando algo que no llegaba, no sentía ningún chakra, de hecho, cuando la niña había aparecido tampoco había sentido su chakra.

—Tratemos de desplazarnos… —Neji cortó en seco, movió las espadas adelante y bloqueó una espada ANBU, Naruto no pudo evitar abrir la boca, había un ANBU de Konoha ahí, pero tenía la máscara de lado sobre la cabeza, los ojos rojos y la piel gris, además no había chakra saliendo de él y sus pupilas no desprendían luz.

—¡Atrás! —Hinata alzó su espada y la clavó en el pecho del ninja, casi hasta la empuñadura, echando todo su peso hacia delante.

—Corazón, cerebro, pulmones. —Sai apareció dos espadas de tinta en sus manos—. Solo así puedes detenerlos.

—¿Detener? —El rubio no pudo cuestionar más, un niño cayó del techo sobre él, antes de que pudiera moverse Sai lo cortó en dos por la cintura, así, como si fuera un muñeco, Naruto lo vio con horror, su piel fresca y su sangre roja.

—¡Retirada! —Neji ordenó, Hinata desenterró su espada y echó a correr, Naruto no pudo evitar notar que seguían cubriéndolo, corriendo en perfecta sincronía formando un triángulo a su alrededor.

Hubo un rugido enfrente, por instinto Naruto elevó la mirada, en el techo había un escuadrón ANBU, pero… no sabía cómo decirlo, ¿estaban diferentes?, como si su uniforme fuera muy viejo, algunos tenían las máscaras puestas, pero la mayoría lo observaban con ojos rojos y piel gris, ¿por qué tenían los ojos rojos?, se suponía que eso era propio de los Uchiha, ¿dónde demonios estaban?, ¿quiénes eran ellos?, recibió un empellón que lo mando al suelo y solo así esquivo un kunai, no entendía, no podía sentir su presencia, su chakra o sus deseos.

—Re-ti-ra-da. —Neji boqueó, uno de ellos le había lanzado un shuriken con hilo invisible y estaba atrapado—. ¡Byakugan! —Rompió el hilo, Hinata se lanzó al suelo delante de él, la espada brilló en sus manos cuando la lanzó hacía delante, atravesó el ojo de uno de los ANBU y luego tiró de ella con hilo invisible, Naruto no sabía que Hinata pudiese hacer eso.

—He vuelto a encontrar el nido. —Sai habló estoicamente—. Si nos alcanzan estamos muertos.

—Naruto. —Neji se colocó en la pose para realizar la rotación celestial de los ocho trigramas—. Despabila o todos vamos a morir. —No es que no quisiera despabilar, pero cargar contra compañeros ANBU… ¿y que había de los niños?, los niños eran niños normales, no sentía su chakra pero su piel era normal, sus ojos eran normales.

—Yo… —El chakra del Kyuuby fluctuó a su alrededor confuso.

—No hagas técnicas cuerpo a cuerpo. —Hinata siseó—. Y no dejes que te muerdan.

—Tampoco que te toquen los objetos cortantes. —Sai avanzó dos pasos—. O no tendrás un brazo para que te tatúen esa marca tan bonita. —Pudiera ser su imaginación, pero notó una pizca de sarcasmo en el hombre que no sabía diferenciar sentimientos.

Por pura formalidad creó un rasengan, pero la masa de energía se quedó dando vueltas sobre su mano, sin una dirección, había un escuadrón ANBU observándolos y un par de chiquillos en las sombras, al final Naruto decidió cargar contra uno de los ANBU.

—¿Por qué nos están atacando? —Pero no tuvo contestación, en lugar de eso el ANBU se lanzó contra él, abrió la boca y el rubio notó con sorpresa colmillos largos y dientes podridos, no pudo evitarlo, sintió miedo, desde chico los fantasmas habían sido su punto débil.

—¡Te dije que no hicieras técnicas de cuerpo a cuerpo! —Hinata gritó y por primera vez desde que la había encontrado Naruto supo sin temor a dudas que estaba aterrorizada.

—¡Sáquenlo!

—¡El nido está aquí!

—¡Naruto! —No es que fuera muy pedante, sabía que como todos los hombres tenía sus limitaciones, pero no espero, nunca espero que lo acorralaran tan fácilmente, los ANBU que lo rodearon lo sujetaron de la ropa e intentaron morderlo, así, como si fuera una salchicha. Naruto le dio con el rasengan a uno en la cara, en la dosis justa para que saliera volando sin matarlo, nunca había sido partidario de matar, luego liberó chakra en grandes emanaciones para que se separaran de él, pero fue en vano, tuvo que patearlos y golpearlos.

Que no te muerdan.

Corazón, pulmones, cerebro.

No pelees cuerpo a cuerpo.

¿Por qué todos llevaban espadas y no habían intentado usar el Junken?, Naruto tuvo una momentánea respuesta absurda: es porque no había chakra, es porque estaban muertos.

Sai apareció a su lado, clavó una espada en el pecho de un ANBU y luego intentó hacer lo mismo con otro, pero aquel hombre, aquel ANBU activó el sharingan. Sai gritó, luego uno de ellos mordió sus dedos, Sai alcanzó a retirar la mano de su boca y tanto él como Naruto cayeron al suelo.

—¿Estas bien? —Naruto cuestionó, sintió que todo alrededor daba vueltas, Hinata lo apartó, sacó una daga de su espalda y sin siquiera un suspiro le cortó la mano a Sai.

Eso debía ser una pesadilla.

Rogó porque fuera una pesadilla. Neji le cubrió el muñón con un trapo, los cuatro echaron a correr, una niña los alcanzó, chilló, ojos lujuriosos, como si fuera un adulto, Naruto le lanzó un kunai que le dio en la frente, luego la niña cayó al suelo, inerte.

Neji se puso en la retaguardia, cada tres segundos.

Corran.

Cada tres segundos.

Un kunai que llegaba a algún lado, a algún cuerpo.

Cada tres segundos.

Rugidos y susurros.

Cada tres segundos.

Y la sangre de Sai caía y caía.

Naruto sintió, sin tener ninguna duda sintió, que había caído en la oscuridad.

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—Está bien. —Era de noche de nuevo, pero esta vez estaban en Konoha, con los uniformes deshechos, serios y pálidos, Sai sonrió, una sonrisa falsa—. Esta no era mi mano real después de todo.

—¿A qué te refieres? —Naruto no quería verlo, no cuando él había sido el causante de su perdida.

—Ya antes había perdido todo el brazo. —Sai se sujetó hasta por encima del hombro—. Deberías saber que Danzo-sama estaba muy avanzado en las técnicas que involucraban las células de Hashirama. —Naruto no entendió del todo, pero no fue necesario, Neji lo aventó por un hombro y Naruto supo que estaba tan enojado que estaba haciendo un esfuerzo constante para no soltar su ira.

—¿Siquiera sabes lo que significa ser un ANBU?

—No. —Naruto susurró despacio, la abuela Tsunade había tenido razón, él no valía para eso, nunca podría ser como Neji, nunca podría trabajar en las sombras como Itachi o avanzar sin cuestionar como Sai.

—Pusiste a todos en peligro. —Neji respiró hondo—. Hiciste que Sai perdiera su mano.

—¿Qué era eso? —Naruto lo interrumpió.

—Los deshechos de ANBU. —Hinata se quitó su máscara, lucía pálida—. Hace años los científicos desarrollaron un virus, se suponía que debía usarse en batalla, experimentaron con ANBU del más alto nivel, pero nada sucedió como se tenía planeado, los sujetos de prueba murieron.

—Pero luego despertaron en eso que viste. —Neji hablaba tan frío que cortaba—. Se reproducen y tienen niños aparentemente sanos, pero son la misma cosa, no tienen pensamiento propio, el virus se pasa por la saliva y se comen entre ellos.

—¿Son caníbales? —Naruto se estremeció.

—Se comen a sus niños y se comen a sus parejas y de vez en cuando nos comen a nosotros.

—Pero si no te alcanzan a comer, si solo te muerden. —Hinata giró a ver a Sai—. Te vuelves como ellos, por eso tienes que cortar la extremidad dañada antes de que la sangre se contamine.

—Me mordieron una vez cuando tenía once años. —Sai habló con su inexpresiva voz de siempre, Naruto no quiso pensar en lo que significaba ser un verdadero ANBU, en un niño que había estado ahí abajo, rodeado de ANBU del más alto nivel esperando comerlo—. Shion-niisan me cortó el brazo, luego me crearon uno nuevo con las células de Hashirama, lo llevas vendado un par de años, pero luego pasa.

—Te acompaño al hospital, esta misión acabo. —Neji se quitó la máscara y Naruto supo lo que iba a decirle—. Tú estás dado de baja, no formas parte de ANBU ya. —Hubiera podido gritar, pero solo inclinó la espalda en señal de respeto, Hinata, Neji y Sai desaparecieron en la noche, él se quedó ahí, aun con la espalda inclinada, el viento revolviendo con suavidad su cabello dorado.

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Esa debía ser la salida más rápida que el grupo ANBU hubiese experimentado jamás, Sasuke se iba a burlar bestial de él; en otro momento y lugar Naruto se hubiera tirado a mimar la melancolía y pena debajo de un futón, pero no era otro tiempo y lugar y Naruto había dejado de ser el niño que intentaba desesperadamente que lo reconocieran para salir de la oscuridad.

Ahora él era lo suficientemente fuerte para pelear contra la oscuridad, era lo suficientemente brillante para darse cuenta que no encajaba y nunca encajaría en un mundo oscuro, no había podido tocar la oscuridad por Sasuke que por años había sido su meta más fuerte, sabía que no iba a tocarla por nadie más, porque Naruto era como una luz y quizás era arrogante pensar así de uno mismo, pero ese era el destino que habían escrito para él su padre y Jiraiya.

—Tsunade-obachan. —Con descaro, con una sonrisa, como si no hubieran peleado hasta morir antes Naruto se presentó en la oficina de su dirigente causando sorpresa en la rubia, casi como si esperara otro espectáculo, uno que incluyera gritos y recriminaciones.

—Tu capitán me informó de tu baja. —No quería empezar tan pronto las agresiones, pero no había otra manera de suavizar aquello.

—Sí. —Naruto se sentó frente a ella, honestos y grandes ojos azules—. Tsunade-obachan quiero ser Hokage y creo que ahora puedo serlo. —Aquello fue tan repentino que Tsunade tuvo que verlo de nuevo, cerciorándose de su autenticidad y sus palabras.

—¿Qué estás?

—Sigo pensando que voy a cambiar ANBU. —El rubio entrelazó los dedos—. Pero estaba en el sitio equivocado para hacerlo.

—No será tan fácil. —La mujer sonrió tristemente—. A pesar de todos mis esfuerzos no he logrado cambiarlo, ni un poco.

—Tsunade-bachan. —Naruto se rio, una risa que espantaba cualquier temor—. ¿Salvaste o no la vida de Hinata-chan? —Y Tsunade supo que algún día, no muy cercano, eso seguro, aquel hombre dirigiría Konoha y lo haría bien.

—¿Sabes cuantos papeles vas a tener que firmar? —Arrogante alzó una ceja.

—Pues podría ir aprendiendo. —Y aquella sonrisa confiada iba en serio.

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Hinata y Neji estaban sentados en el borde de la cama, lejos de ahí a Sai le acoplaban una mano nueva, ambos llevaban la ropa propia de su clan, ropa suelta, perfecta para el Junken, pero ninguno de los dos estaba por la labor de entrenar.

—Lo siento. —Neji apretó las manos, sus hombros se tensaron—. Yo no debí haberlo expulsado, no estaba justificado. —No, no lo estaba, Hinata no necesito girar a verlo para darse cuenta de la verdad, numerosos shinobis tenían la misma reacción cuando entraban a la oscuridad de ANBU, la verdadera prueba consistía en volver de aquel lugar, no importaba si se regresaba incompleto, el asunto era salir vivo, si alguno de ellos se infectaba lo dejaban, esa era la regla, la crudeza de aquella prueba. Pero con Naruto todo se había salido de control, Sai, Neji, ella misma… estaban demasiado pendientes de él, tratando de que no fuera infectado, protegiendo al alma shinobi que había ganado la cuarta guerra para ellos, sabiendo que un genio como ese no podía desperdiciarse en semejante lugar, no, desde que entraron supieron que iban a sacar a Naruto de ahí, vivo y sin rasguños, aun a costa de la vida de cualquiera de los tres.

La mano de Sai era insignificante, cuando Hinata había entrado a ANBU había perdido un compañero, no se lo había dicho a Naruto, lo asustada, frustrada y rabiosa que estaba y no, ninguno quería que esa expresión se dibujara en el rostro de él.

Tú estás dado de baja, no formas parte de ANBU ya. Era una decisión egoísta, como amigos, como compañeros y fieles peones reconocían a Naruto como el hombre que los llevaría más allá, el hombre que dirigiría con su luz a la aldea. Y esa luz no podía contaminarse, no podía ponerse en riesgo. Era tonto, Naruto era más fuerte, mentalmente más poderoso que ellos tres juntos, pero aun así, si podían, aunque sea un poco protegerlo…

—Se suponía que en ANBU había apagado mis sentimientos. —Neji hundió la cabeza entre sus manos, quieto como una estatua—. Pero él sigue afectándome.

—Nos afecta a todos. —Hinata soltó con sequedad, el niño que había sido su inspiración de pequeña, el muchachito que le había enseñado a Neji que el destino se escribe con tus propias manos, el adolescente que le había enseñado a sonreír de verdad a Sai.

—Nunca me había pasado esto antes. —Neji abrió y cerró la mano, como para asegurarse que todo en él seguía funcionando como se suponía debía ser.

—Está bien. —Hinata se puso de pie, la batalla contra sus sentimientos estaba perdida, Naruto era más importante que ANBU, eso había quedado bien claro para todos, quizás no fueran tan perfectos como la asociación proclamaba.

—Debo irme. —Neji también se levantó, lucía cansado—. Tengo que escribir un informe… Tsunade-sama probablemente entienda pero el concejo no.

—Naruto les sirve más como un ninja regular que como un ANBU. —Hinata no se despidió de él y él tampoco espero que lo hiciera, salió de la pequeña estancia con un click de la puerta al cerrarse. Ella se quedó ahí, en su agujero (así lo llamaba Sai), fue a tomar agua y sintió unos pasitos tras ella, no le prestó atención, tomó agua, uno, dos, tres tragos grandes, Hanabi frente a ella se balanceó de adelante atrás en sus pies, parecía muy entretenida, a Hinata todo aquello no le habría sabido tan mal de no ser por los huecos en donde se suponía debía haber ojos.

—¿Sucede algo? —Sabía que era una alucinación, eso le decía siempre el psiquiatra, pero no pudo evitar conversar con ella.

No puedes intentar alejarlo. —La niña siguió meciéndose lentamente, ya poniéndose de puntillas, ya de talones—. Yo te lo envié.

—¿Qué enviaste? —Hinata la observó con los últimos resquicios de tranquilidad de ese día.

A él. —Hanabi parecía confundida con la poca perspicacia de su hermana—. Todo el tiempo desde que pusiste el primer pie fuera para encontrarme.

—Nadie estuvo conmigo cuando… —Hinata guardo silencio recordando repentinamente a Suigetsu, evidentemente su hermana no hablaba del chico de la Niebla, pero Hinata no pudo evitar dar marcha atrás a su cuarto y arrodillarse bajo la cama, de un accesorio secreto extrajo una pequeña cajita, había pergaminos con contraseñas y sellos allí, activo uno que al instante se pintó con algo parecido al agua.

Karin está conmigo, suerte muñeca. Hinata miró el mensaje sin que se expresara ninguna emoción en su rostro, el día anterior le había llegado esa pequeña nota, así, sin remitente, pero Hinata sabía que solo había una persona en el mundo que la llamaba así. Debía admitir que quizás tuviera un poco de celos, apenas para que fuera un puntillo molesto en el pecho, no tenía sentido, ella misma le había pedido a Sai que le indicara a Karin cuando salir de la aldea, a donde dirigirse.

Suigetsu era como un amigo pero no lo era, era como un amor secreto pero no lo era, era como un hermano pero no lo era, Hinata no estaba segura de qué exactamente era, solo estaba segura de que enviarle a Karin había sido como un pago por todo lo que habían pasado juntos, porque él amaba a Karin y, bueno, no sabía muy bien como sentirse al respecto, pero Karin lo amaba a él.

Me gustaba. —Hanabi comentó al descuido, las manos tras la cintura y el cuerpo inclinado al frente, al hacerlo tiró un poco de sangre al piso, Hinata no le dijo nada, volvió a sellar el pergamino y lo guardo en su cajita, a ella también le gustaba y a veces se arrepentía un poco de no haberse ido con él, traicionar la aldea que la usaba como una herramienta y la escondía como una rata, pero solo eran pensamientos vagos, Hinata sabía que no tenía la fuerza para irse, nunca la había tenido.

—Voy a dormir. —Se lo anunció a la alucinación de Hanabi a ver si se iba, pero no lo hizo, se echó a su lado en la cama, Hinata se tendió con los ojos fijos en el techo y su ojo castaño empezó a llorar, a veces le pasaba.

Shh, shhh. —Hanabi le susurró, Hinata quiso que le acariciara el cabello, como cuando estaba viva, aunque fuera una imaginación suya, quiso tocarla, pero en lugar de eso le dio la espalda y soltó un quejido. De pronto todo alrededor era oscuridad.

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Sai abrió los ojos cuando ya el sol le daba en la cara, dio un pequeño pestañeo y luego abrió completamente los ojos, sin pasar por la modorra que era común en cualquier otro humano normal, es que quizás Sai no aplicaba para la normalidad.

Notó que alguien había dejado la cortina abierta y le estaba dando el sol de frente, intentó moverse pero la mano le dolió horrores y volteo a vérsela con pesimismo, al hacerlo notó un cabello muy rubio regado sobre su cama y parcialmente sobre su brazo.

Era curioso porque ya con esa iban tres ocasiones que al despertar se encontraba con la misma imagen.

—Ino. —Le anunció despacio, sin querer despertarla de golpe, pero de todas maneras ella despertó un poco asustada.

—¿Sai?, —se frotó un ojo azul como el cielo—, ¿estás bien?

—Me duele mucho la mano. —Porque Sai aún no se sabía esa regla de etiqueta que mencionaba que uno debía decir "estoy bien" aunque no fuera cierto.

—Será así por un tiempo. —Ino apretó sus propias manos, como sin tener idea de lo que decir a continuación.

—Lo sé. —Sai movió sus nuevos dedos sintiéndolos ajenos, tan diferentes a los anteriores que era como si se pudieran rebelar contra su persona—. Ya había pasado por esto antes.

—Pero estas bien, quiero decir… —Ino miró sus bonitas rodillas, Sai también lo hizo, solo para preguntarse qué era lo que había dentro de esa cabecita de cabello dorado como el sol.

—¿Por qué estás aquí? —No era su intención ser grosero, pero también era cierto que no había un lazo que los uniera.

—Yo solo… —Ino enrojeció, no enrojecía tanto como Hinata, pero lo hacía, unas mejillas suaves, Sai quiso dibujarlas, si tan solo pudiera recordar la manera en que brillaban sus ojos y el color de su piel en ese instante.

—No soy Sasuke. —No había ninguna clase de reproche en su voz, solo la verdad.

—Sé que no eres Sasuke-kun. —Por un momento Ino lució enfadada, solo un instante, luego volvió a removerse en sí misma—. Yo no vendría a ver a Sasuke-kun.

—¿Porque los sentimientos de Sakura son más fuertes que los tuyos? —Sai notó un leve quiebre en ella, quizás por lo que había dicho o quizás no, sus pestañas temblaron, como si quisiera tomar fuerza donde no la había.

—Eres muy duro Sai-kun. —Y sonrió, pero las mujeres eran buenas, Sai no sabía si era una sonrisa falsa o una de verdad.

Sai giró la mirada al frente e intentó volver a mover los dedos, le dolió y pensó en Naruto, luego pensó en Hinata en el fondo de su cuarto, una mujer oscura y fría, como un tempano de hielo, besarla era como besar un vacío.

Ino tomó su mano, él no se movió, sintió sus dedos calientes intentando aferrarse a algo, como si él fuera importante o solo como si él fuera alguien que mereciera aquel gesto.

Ino era tibia como una tarde de verano y sus ojos eran luminosos como los de Naruto, Ino chillaba y berreaba cuando algo no le salía bien y cuando daba vuelta a su diminuta cintura y su largo cabello de princesa todos los hombres giraban a verla, a Sai le gustaba pintarla porque estaba llena de vida y Hinata se quedaba viendo las imágenes de ella más de la cuenta.

¿Te gusta Ino, eh? —Pero sus gustos eran artísticos o en cualquier caso algo que no iba de la mano con un romance convencional, quiso decírselo, que él no era lo que estaba buscando, que solo funcionaba como regalo de compensación por no alcanzar el juguete que había querido y que en todo caso su corazón nunca había aprendido del todo a querer.

Ino se inclinó sobre él, siempre había sido una chica audaz, Sai la tomó de la nuca y la besó, la beso como en las misiones y se sintió casi igual, le metió la lengua y tocó donde se suponía tenía que tocar y la escuchó gemir, de verdad y no como Hinata, pero él seguía siendo igual de malo que siempre así que supo que la que era suave y vibrante era ella.

—Sai-kun. —Nunca había imaginado que su nombre pudiera sonar así, con la mano que no le dolía tanteó por debajo de la blusa, acariciando su ombligo, subiendo hasta su pecho y sintiendo como ella contenía un jadeo.

—No soy Sasuke. —Solo se lo estaba aclarando, por si se estaba dejando llevar, no le gustaba cuando después las mujeres lloraban.

—Sai… —Atrevida como lo había sido siempre se inclinó contra él presionando sus senos contra su pecho, Sai miró la puerta de su habitación que podía abrirse en cualquier momento y le pasó una mano por el rubio cabello para esconder que todo aquello no le había excitado, pero podía fingir que sí, en las misiones siempre podía hacerlo.

—Te quiero. —Ino le susurró haciéndose un ovillo contra él, la verdad es que Sai no, no la quería, su corazón no latía desmesuradamente cuando la tenía cerca, ni siquiera podía entenderla, pero le gustaba acariciar su cabello rubio y le gustaba pintarla más que a cualquier otra persona en el mundo y si Ino viviera para ser su modelo él pintaría todos los días sin parar.

—Hay una chica que me necesita, me va a necesitar hasta que se muera. —Sai no dejo de acariciar su cabello—. Si puedes con eso…

—Puedo con eso. —Porque si había algo que era Ino Yamanaka era valiente.

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El trino del diablo de Tartini era una melodía con la que una vez había matado a una pareja de ancianos, Hinata no se olvidaba de los ojos castaños de la mujer al morir angustiosamente, ahorcada entre sus manos porque no podía dejar sangre y no podía dejarla gritar.

Era una canción increíblemente malvada a pesar de su hermosura, Hinata a veces la ponía solo para deleitarse en su miedo y en los pasos lentos de un asesino caminando por un corredor precioso en una noche de luna menguante.

Aquella canción que se decía, había sido escrita por el diablo, era perfecta para ANBU y todo lo que eso significaba, sí, asesinar por tu aldea y dejar atrás tu identidad era hermoso de alguna manera, pero eso no dejaba de lado la oscuridad que envolvía.

Hinata echó la cabeza hacía atrás cerrando los ojos, sintiendo escalofríos con los violines y pensando si Sai ya se encontraría bien. Neji tenía una misión en solitario, estaría sola ahí hasta pasada una semana, generalmente así se movían las misiones ANBU.

Abrió los ojos porque un viento de extraña procedencia se coló debajo de la puerta, Hinata tomó una notita pequeña y perfectamente recortada.

"Mansión Hyuuga patio sur. 12 de la noche" aquello tenía el sello de ANBU impreso y por un instante Hinata tuvo el deseo egoísta de rechazar aquello, patrañas, ningún ninja podía rechazar una misión, ni siquiera los niños de la academia se salvaban de atrapar gatos.

Con parsimonia se puso el uniforme completo y tomó una de sus máscaras, se trataba de una máscara blanca con un signo de agua alrededor de un ojo, nada más, era una careta muy simple y por lo mismo difícil de reconocer. A continuación cargó su espada, sus kunais y multiples shuriken y sellos explosivos, por lo general no la usaban para las misiones dentro de la aldea por el riesgo de que alguien la reconociera, esta era, por alguna razón, una excepción.

Los violines empezaron un éxtasis cadencioso, llegando a su final, sin venir a cuento Hinata pensó en Itachi Uchiha y la misión rango S que había llevado a cabo cuando apenas era un adolescente.

Mansión Hyuuga patio sur. 12 de la noche.

No pensó en eso, ni en las implicaciones que podría tener para ella una misión en tal lugar, una herramienta, un perro furioso, una venganza agazapada, eso era todo lo que había quedado donde antes había un corazón.

Recogiéndose el cabello en una coleta alta se sentó en el filo de su cama completamente vestida, esperando que los minutos pasaran, con los violines entonando aquella canción maldita que Tartini nunca había logrado interpretar tan bien como el diablo.

Faltando cinco minutos y no antes se puso de pie, se acomodó las guanteletas y salió al exterior, su piel se erizó ante el contacto con el viento, no era común que caminara libre por Konoha… pero no estaba libre y nunca lo estaría.

Sus pies la llevaron al sitio marcado sin que nadie la notara, doce de la noche, patio sur, mansión Hyuuga. Con lentitud observó alrededor, esperando un indicio de la misión que debía llevar a cabo, las luciérnagas volaron lentamente a su alrededor, casi como si las arrastraran con una brisa dulce.

Un dejavu le obligó a girar la vista hacía el pasto, ahí donde Hanabi había muerto la naturaleza se había negado en redondo a crecer, como si la sangre de su hermana hubiese maldecido el lugar, con cuidado se agachó y las yemas de sus dedos rozaron el suelo de tierra roja, recordó que en ese lugar había empezado todo, ahí habían asesinado a su hermana, en ese lugar su padre la había despreciado por última vez y ella le había dicho adiós, ahí había empezado el destino oscuro que por siempre gobernaría su vida y quizás ahí era el sitio dónde todo debía acabar.

No lo pensó, sacó la delgada y fina espada y la dirigió contra su garganta, sin temor ni temblores, estaba cansada de ver a Hanabi con dos cuencos vacíos ahí donde debía haber ojos, estaba cansada del vacío en su interior y de una luna y una vida que ya no le decían nada. Era justo que todo terminara ahí, cualquiera que fuera la misión.

—Espera… —Sin mover un ápice la espada Hinata desvió fríamente los ojos a donde su padre se acercaba, un bastón en las manos y los ojos severos de siempre.

—¿Sí? —Por la fuerza de la costumbre enfundo la espada y lo miró fijo e inexpresivamente a los ojos, como el sirviente en espera de órdenes que se suponía que era.

—Si es lo que quieres hacer adelante, —Hiashi se detuvo a pocos pasos de ella, el viento le revolvió el largo cabello castaño—, pero primero debes saber algo.

—Vine aquí por una misión. —Hinata contestó mecánicamente, Hiashi observó su figura preciosa bajo el cielo y aquella máscara que le impedía hablar con su hija y solo le entregaba una herramienta cansada que no obstante iba a seguir funcionando para la aldea hasta que se rompiera.

—Tu misión es escucharme. —Hiashi clavó el bastón en el suelo, autoritario, porque de cualquier manera nunca había sabido hablar de otra manera, ella no se movió, como una helada estatua de marfil, apenas respirando—. Viniste aquí a escucharme. —Ella asintió con el gesto firme de los ANBU y en su postura hubo algo que solo podía leerse como obligación.

Hiashi había perdido la oportunidad de tener una hija, había perdido la oportunidad de tener un heredero y de tener una familia, su hija menor, quien era un verdadero genio del clan estaba muerta, su hija mayor, quien jamás había podido cumplir sus expectativas también estaba muerta y su sobrino, quien era el más brillante genio que el clan Hyuuga hubiese dado en generaciones no le pertenecía a él si no a ANBU, jamás dirigiría a los Hyuuga, jamás sería el líder del clan que soñaba, se había quedado solo y cuando muriera alguien, quien fuera, pasaría a ser el nuevo dirigente de los ojos blancos.

Se lo ruego, ayúdeme a traer de regreso a Hinata-chan.

Pero el héroe de todas las naciones ninja se lo había pedido, que le dijera la verdad, que recuperara a la hija que había perdido, a la que había muerto sin morir, era en vano, nunca volvería, Hiashi nunca tendría a su hija de regreso, pero podía decirle la verdad, eso era preferible a caminar en sombras y si después de todo ella volvía a dirigir su espada contra sí misma él no diría nada, había perdido el derecho a hacerlo hace mucho.

—Debes recordar lo que paso aquí.

—Todos los días. —La voz que le devolvió el ANBU fue fría y cortante, como si quisiera lastimarlo, pero hacía falta un poco más que eso para quebrar al líder del clan más poderoso de Konoha.

—El día que perdiste el conocimiento te encontré aquí, Hanabi ya no estaba, pero sabía que había muerto porque tú lo dijiste y también supe que conocía al hombre que la había asesinado. —Hiashi levantó la mirada al cielo, guardó ambas manos en las mangas de su yukata entrelazando los brazos sobre su pecho—. Y sabía que no podría hacer nada para lavar la afrenta recibida.

El ANBU no lo estaba viendo, permanecía con la mirada en los árboles que se mecían en el viento, su imagen de perfil le hizo recordar a Hiashi, lejanamente, a su esposa, también le hizo recordar cosas que no quería.

—Los frágiles lazos y asociaciones entre aldeas no podían romperse, no por una niña. Hace tiempo entregamos el cadáver de mi hermano para proteger la paz de Konoha. —A Hiashi le hubiera gustado ver su rostro, si es que escondía pena o malestar por aquel incidente que la había atormentado tanto siendo niña, por aquel evento que era la causa del odio de Neji—. Y porque yo era un líder joven e inexperto no pude proteger la vida de mi hermano, no supe cómo hacerlo, porque yo también deseaba la paz y no quería arrastrar a Konoha a una guerra yo no defendí la vida que era tan preciada para mí. Me arrepentí toda mi vida de la sensatez que demostré ese día. Si yo hubiese sido menos responsable, si hubiera escuchado más mis sentimientos, si lo hubiera meditado con el corazón… la verdad es que yo amaba más a mi hermano de lo que amaba la aldea, yo amaba más a mi hermano de lo que amaba la paz y probablemente lo amaba más de lo que amaba mi propia vida. —El viento aulló a su alrededor, Hiashi miró la luna porque eso daba más fuerza que mirar a la hija que no lo veía porque no era su hija si no un ANBU en misión.

—Yo quería, si era posible, que tú, con el corazón suave y amable que tenías…

—Está hablando de otra persona. —El ANBU le aclaró, Hiashi asintió en silencio.

—Yo quería que si era posible mi hija no cometiera los mismos errores que yo, no por proteger el secreto del ojo blanco, ni siquiera por recuperar el cadáver tan amado, yo quería que no se arrepintiera, que no viviera toda su existencia mirando atrás, preguntándose, torturándose… —Hiashi guardó silencio—. Pero no podía decírselo, no con tantos ojos observándonos, no cuando quizás buscaba redimirme en ella, así que la presione, la herí, creo que fue aquí donde me dijo adiós. —Hiashi miró alrededor a las luciérnagas que brillaban como lucecitas tintineantes en la noche—. Le facilite la huida, mande a su guardián con ella sabiendo que el muchacho la preferiría a ella antes que a la aldea o que al clan y espere, espere que regresara.

—¿Regresó? —El ANBU preguntó sin interés.

—No. —Hiashi cerró los ojos—. No, no volvió. —Quizás es que se estaba poniendo viejo, pero le pareció que el mundo se empañaba un poco alrededor—. Volvieron dos cadáveres a Konoha, mis dos hijas, ya no tengo un heredero y mi sangre muere conmigo. El muchacho que era su guardián, quien posee la sangre de mi hermano ha repudiado el clan.

—¿Se arrepiente? —El ANBU siguió sin mirarlo, con los ojos al frente, en las ramas crujiendo oscuras en la noche.

—No. —Hiashi soltó sus manos que cayeron inertes a sus lados—. Y si ella volviera aquí a decirme adiós de la manera en que lo hizo volvería a hacer todo de nuevo, porque ella no se arrepiente, hay quien dice que las promesas significan el valor de la palabra de un hombre, pero no hay promesa más fuerte que una promesa dictada por el amor, ese tipo de juramento no puede romperse. —Hubo un silencio, cantaron las cigarras.

—¿Debe decirme algo más?

—No. —Hiashi volvió a apoyarse en su bastón—. Tú misión se ha terminado. —Y porque sabía que ya no tenía hijos ni sobrino ni heredero ni familia, porque los caminos de ambos terminaban en soledad. El ANBU se inclinó respetuosamente en la pose de sumisión que era tan común en un ninja que terminaba una misión o recibía instrucciones, espalda muy firme y pose digna, luego volvió a poner derecha la espalda, dio media vuelta y se fue, Hiashi la miró hasta que su espalda empezó a perderse en la noche.

Nadie había dicho que en la vida existieran caminos que fueran perfectamente buenos, nadie había dicho que el amor no podía ser pesado y cruel, nadie había dicho que una hija no podría morir aun estando viva.

Había cumplido con Naruto, si había una luz para su hija, si aún existía algo en esa alma perdida que se pudiera rescatar entonces aquello ya no estaba en sus manos, él ya no tenía nada. Quizás nunca lo había tenido a ser sincero.

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Hinata llegó a su casa, se inclinó sobre el lavabo y vomitó, vomito lo que no tenía en el estómago, la máscara ANBU quedo olvidada en el suelo, vomitó el dolor que la había acompañado desde que había iniciado su venganza, vomitó el miedo y el fracaso, vomitó el rencor y su existencia.

¿Quién era el padre de Hinata Hyuuga?, ¿por qué no le había podido decir la verdad a su hija mientras había estado viva?, ahora ya era muy tarde, esa niña dulce estaba muerta, la habían matado entre todos, la había matado la aldea y sus dirigentes, la había matado la oscuridad dentro de ella.

Ya no había un lugar bonito al cual regresar, había aceptado ser una herramienta para la aldea y eso nunca cambiaría, ya no podía soñar con una familia bonita y un niño en los brazos, ya nunca sería la hija del clan de los ojos blancos ni la familia que Hiashi esperaba.

—Estoy… cansada… —Lentamente se escurrió hasta sentarse en el piso del baño, se llevó una mano a su ojo castaño, el ojo que había conseguido en la isla de los perros y que era la prueba viviente de lo bajo que había caído por su venganza, un gemido ahogado brotó de su garganta y se dio cuenta de que ya no tenía fuerzas para seguir adelante y continuar caminando.

Hanabi estaba sentada a su lado, los brazos rodeando sus rodillas, pero sin hablar, Hinata quería ir con ella, su padre había dicho que sus dos hijas habían muerto, bien, que así fuera, sería fácil, un kunai en el corazón, una espada en la garganta, rápido, indoloro.

—Quiero ir contigo. —Se lo dijo a Hanabi porque por alguna razón parecía que debía hacerlo, su hermana giró como si intentara verla, pero no tenía ojos para hacerlo a Hinata le pareció que su expresión era de resignación.

No te voy a obligar a hacer algo Nee-san, porque te amo y siempre te amare, hagas lo que hagas. —Hiciera lo que hiciera, sí, ella también amaría a Hanabi por encima de todas las cosas, incluso muerta era su persona más importante, por la que se había perdido a sí misma y por la que vivir ya no le importaba tampoco.

Tuvo un vago pensamiento hacía Neji, pero a pesar de que sabía que su primo recibiría aquello como un golpe directo no le quedaban fuerzas para intentarlo, ni siquiera por él. Sai no lo entendería, pero tampoco le afectaría, Sai sabía llevar la muerte mejor que cualquier otro humano sobre la Tierra, seguro Sai le llevaría flores y seguiría viviendo. Kiba lloraría, rabiaría y la maldeciría, pero aquello ya no podría alcanzarla.

—¿Vas a estar conmigo? —Con una mano tomó su espada y con la otra tanteó para tomar la mano de Hanabi, por primera vez la alucinación que estaba a su lado se convirtió en algo físico y pudo sujetar su mano fría, casi como un hielo, pero aun así lo único que necesitaba para seguir adelante.

Siempre voy a estar contigo Nee-san. —Hanabi empezó a llorar, lento, despacio, unas gotitas de sangre que corrieron por su rostro de niña, pero luego se detuvo, acarició con su pulgar el dorso de su mano—. Tanto si quieres quedarte como si no. —No quería quedarse, ya no había nada para ella, no le tenía miedo al dolor de la muerte, era momentáneo y se acababa, si ella se iba Hanabi también se iría, ya no estaría anclada a la Tierra, irían a otro lado, quién sabe dónde, lejos, un lugar donde no habría clanes ni técnicas oculares, un lugar donde podrían ser hermanas que no necesitaban esconderse para demostrarse amor.

Apretó más fuerte la mano de Hanabi y luego puso su espada en posición vertical debajo de su barbilla, cerró los ojos, no le hubiera gustado darle tantos problemas a los que iban a limpiar.

Un movimiento, rápido, preciso.

Pero no alcanzó a llevarlo a cabo, una mano detuvo su intento sujetando la empuñadura de su espada, Hinata abrió los ojos con pesadez al darse cuenta de que lo estaba esperando, que una parte de sí misma sabía que no podría irse sin antes librar un último y agotador encuentro, su vida nunca había sido fácil después de todo, tampoco lo sería su muerte.

Los ojos azules de él la observaron fijo, sintió rabia en ellos, sintió impotencia y algo que se parecía mucho a la desesperación, pero no vio tristeza en ningún lado.

—¿Qué estás haciendo? —Nunca había oído rugir a Naruto de esa manera, violento e impreciso.

—Estoy cansada. —Era la verdad, tan cansada que no tenía fuerzas para decirle que no era su asunto, que no tenía por qué estar ahí, que hablar con su padre solo había terminado de echar a perder todo.

—¡La gente no renuncia solo porque está cansada! —Naruto le arrebató la espada y la mandó a volar, su pecho subía y bajaba por la rabia que lo recorría.

—Yo sí. —Sus ojos opacos giraron a verlo, dándose cuenta de que ya no sentía nada, ni siquiera un temblor al verlo, aun lo reconocía como el hombre que guiaría a la aldea a la luz, aun lo reconocía como la chispa brillante que no podía mezclarse con la oscuridad, pero ya era bastante para ella, ya no quería más obstáculos en el camino.

—¡Escúchame! —Naruto la sujetó de los hombros y la zarandeó furiosamente ante él—. ¿Cómo sabes que hay más allá de la muerte?, ¿cómo sabes que no desaparecerás simplemente?, ¿cómo te atreves a dejar atrás a los que te aman?, ¿es que tienes el corazón de piedra?

—Ya morí una vez Naruto y nadie se suicidó por eso. —Intentó apartarlo con una mano porque a destiempo le molestó su cercanía, pero Naruto clavó más fuerte los dedos en sus hombros.

—¡Me morí en vida por ti!, —sus ojos fluctuaban en tonos rojos y supo que realmente estaba enfadado—, perdí mi risa, perdí mi brillo, me perdí a mi mismo, ¿es que quieres que vuelva a eso?

—¿Entonces no debería hacerlo solo por ti?, —Hinata lo miró fija y duramente—. Que egoísta.

—Llámame egoísta. —Naruto siseó—. Si tengo que encadenarte a la pared, si tengo que alimentarte en la boca, si tengo que atarte a mí, ¡no me importa!, no voy a dejar que te vayas de nuevo.

—¿Por qué haces esto?, —era cansado, todo aquello era cansado—, déjame irme.

—No. —La sujetó de las muñecas y le colocó las manos por encima de su cabeza, como una muñeca dócil y sumisa, porque podía ser que ella fuera un ANBU, pero él era el hombre más fuerte del mundo.

—¿Por qué?

—Porque te amo. —Naruto chirrió, sus ojos azules decayeron, como si una parte de sí mismo doliera con eso—. Me faltaste desde el primer momento, ese día cuando te fuiste algo me empezó a doler en el pecho y te busque, te busque pero no estabas, si me lo hubieras contado, si hubieras confiado en mí…

"—¿Qué enviaste?

A él. Todo el tiempo desde que pusiste el primer pie fuera para encontrarme". Hinata recordó las palabras de Hanabi, se dio cuenta de que era él, siempre había sido él, giró a ver a su hermana, pero ella ya no estaba ahí.

—Todo el tiempo te seguí sin saber por qué me dolía el corazón, te seguí sin saber que te amaba y cuando te encontré me tarde en aceptarlo, pero te amo, te amo como no voy a volver a amar a nadie.

—Es demasiado tarde. —Hinata habló lento, sabiendo que el aliento de sus palabras lo golpeaba a él en la cara—. Ya no hay un puente que pueda conectar algo entre tú y yo, estas demasiado lejos y yo no quiero ir a tu orilla.

—No es tarde, nunca es tarde. —Naruto forzó, como forzaba todo para que coincidiera con lo que quería, como había forzado a Sasuke a ser su amigo y a Sakura a aceptarlo.

—Lo es para mí. —Quería que la soltara, quería que se fuera para poder terminar su vida en paz o que se quedara y que la ayudara a despedirse, que sostuviera su cuerpo cuando la vida se le escapara, si decía que la amaba debía hacerlo, ese último regalo.

—¡No lo es! —Para su sorpresa la azotó contra la pared, como si la violencia fuera a hacerla entrar en razón, pero ella no era un chico que pudiera cambiar su mente con un buen encontronazo de puños, ella no era Sasuke para modificar el tono de sus pensamientos después de una violenta y épica batalla, era una mujer y más importante aún, era una mujer que ya no tenía nada que ganar.

—¿Quieres llevarme a la luz Naruto?, —se le escapó una sonrisa que era tan fría como las de Neji—, si tanto me amas por qué no bajas tu aquí. —Con un movimiento de sus ojos abarcó el pequeño lavabo, el piso donde se encontraban, la oscuridad del subterráneo—, ¿por qué no cruzas a mi lado?, avanza sobre ese puente inexistente.

—Si no hay un puente voy a hacerlo. —Naruto aflojó ligeramente el agarre en sus muñecas, Hinata soltó un suspiro cansado.

—Pero no vas a cruzar aquí. —No eran simples palabras, sabía que no lo haría, no tanto porque no quisiera como porque no podía, la oscuridad no estaba en su naturaleza, no podía darle la mano en la violencia en la que ella vivía.

—Quizás no. —Naruto tembló sincero, porque ya no era ese niño que veía todo con optimismo sin importar el qué—. Pero podríamos quedarnos en el puente, sin cruzar a ninguna orilla, solo en el puente.

—¿Vivir en el gris? —Hinata lo observó con un deje de pena, por lo que pudo haber sido pero al final no fue—. No puedes Naruto. —Y cuando ella lo dijo supo que era verdad, que se le escapaban las leyes, que lo agobiaban las normas, que ella estaba oficialmente muerta y no había un cuento de hadas para ellos en ningún lado.

—Tal vez yo no pueda, pero voy a hacer un puente para ti, un puente tan brillante que nunca más querrás sentirte cansada.

—Algo así no existe.

—Existe. —Naruto expresó con aplomo, pero sus manos temblaron cuando la puso de pie, tenía tanto miedo que sabía que no debía pararse a pensar mucho, se concentró en la rabia que había devorado su cuerpo al ver como ella intentaba irse de ese mundo, como intentaba borrar de Konoha sus mejillas frescas y su piel tan blanca.

La sujetó contra él, haciéndose un poco de daño con los huesos de su cadera, estaba delgada, estaba tan delgada que levantarla no le provocaba ningún problema, ella no se resistió, tenía la expresión de alguien que sabe que tiene que pasar por un momento desagradable para llegar a su meta.

Naruto no podía detenerse a titubear, porque sabía que en cuanto pensara concienzudamente en lo que estaba intentando hacer daría marcha atrás a sus pies, y no podía hacerlo, no cuando era la única manera de retenerla.

—Tsunade-obachan me ha dado libre una semana. —Naruto susurró, Hinata se preguntó porque hacía el comentario tan de repente, sin ninguna conexión con lo que estaba sucediendo, tal vez solo quería cambiar de tema, tal vez creía que si cerraba los ojos todo eso pasaría.

—Naruto… quiero irme… —Irse en todo sentido, irse para siempre, tomar la mano de Hanabi y alejarse de aquellas paredes de las que no podía escapar, de la sangre que tenía que derramar en cada misión, de una existencia que nunca sería verdadera.

—No. —Naruto replicó tozudo, finalmente la deposito en la cama, despacio la recostó con la cabeza apoyada en la almohada, Hinata lo miró fijo, si creía que podían conversar tranquilamente, si creía que por recostarse lado a lado podría cambiar su decisión estaba muy equivocado, él no tenía idea, él no sabía lo que había llorado, lo que había sufrido y lo que su alma se había manchado, la Hinata que quería no regresaría nunca, no podía hacerlo, no tenía sitio donde llegar.

—Estás perdiendo tu tiempo. —Le soltó con frialdad, pero Naruto se acostó lentamente encima de ella, aplastándola un poco con el peso de su cuerpo de hombre, sintió su barbilla acomodarse en el hueco de su hombro y sin poder evitarlo su cuerpo se tensó—. ¿Qué estás haciendo?

—Un puente. —Naruto contestó con simpleza, luego ninguno de los dos habló, Hinata sentía su pecho aplastándola, el olor que despedía su cabello y el perfume que se había echado en la camisa, recordó lo que había sucedido en la última misión, la manera en la que él había reaccionado a sus caricias y supo que estaba en peligro.

—Naruto… —Pero él no contestó, Hinata casi quería que no lo hiciera, que se quedaran así, simplemente así, un rato, recordándole lo que la vida quizás le hubiera ofrecido en otro tiempo y lugar, no ahí, nunca ahí.

—Un puente. —Naruto volvió a musitar y Hinata supo lo que planeaba hacer.

—No. —El pensamiento la horrorizo, débilmente intentó quitárselo de encima, pero él beso su cuello, beso su barbilla y cuando sintió sus fuerzas menguar besó también su boca—. No… —Pero él no la escuchó, sus manos se movían acariciando, tocando, degustando, ojos azules decididos aunque su cuerpo temblaba un poco.

—Te amo… —Pero Hinata ya no estaba tan segura de amarlo, ya no quería amarlo, solo quería cerrar los ojos, ¿acaso no podía?, ¿ni siquiera eso le permitiría su vida?

—No… —Pero él entrelazó sus manos y la contagió de su calor, no quería, no quería y sin embargo sujetó su cabello dorado contra ella cuando él le dio un uso más adecuado a su lengua—. No… —Pero lo había querido por tanto tiempo, había sido su sueño tantos años, lo había amado en silencio tanto…

—Por favor… —Quiso negarse con convicción, pero sus muslos eran dóciles al tacto y su cuerpo era barro que se moldeaba bajo sus manos, quiso odiarlo, con todo su ser quiso rechazarlo, a él que no la dejaba partir, que nunca la había dejado partir desde que eran niños, pero en lugar de eso lo dejo ser, lo dejo estar, que se deshiciera de lo que estorbaba entre los dos, que quitara las barreras que le impedían sentirlo.

—Te amo. —Pero él no sabía lo que estaba desencadenando.

—No, yo no te amo.

—Que mal mientes. —En su rostro se pintó una sonrisa arrogante, una que jamás había estado en su rostro antes y que le daba a sus ojos azules un aire oscuro, Hinata intentó huir, se debatió entre sus brazos, pero fue en vano, él la retuvo, la volvió cera derretida en sus manos, quebró en dos sus defensas y besó su boca ante el grito inocente que dejo escapar ante su intromisión.

Hinata quería arañarlo, lastimarlo, herirlo, pero las lágrimas que surcaban su cara eran de ella, Naruto las besaba, cada una, acariciando su rostro y haciendo que las sabanas bajo ellos temblaran, se arrugaran, se agitaran inconexas.

El mundo se volvió caliente, su cuerpo se cimbró y tuvo que aferrarse a él, aunque hubiese querido no hacerlo sus manos se apretaron a su espalda y sus piernas se enredaron en su cadera, él había dejado de ser lo que era y ahora era puro sudor y olor a hombre. Hinata nunca se imaginó que algo así pudiera suceder, lo soltó débilmente avergonzada de sus reacciones, humillada de saberse descubierta en el amor que aun poseía por él.

—No. —Pero Naruto se sentó con ella encima, fuerte, preciso, como si aquello no fuera a terminar jamás, hebras doradas en sus manos, ojos cerrados, cuerpo tembloroso, apretándolo a pesar de no querer hacerlo, liquido caliente que se volvía uno con su interior.

—Basta. —Pero temblaba de anticipación y deseo, Naruto la leyó como un libro abierto, dejó sus labios inflamados de tanto besarlos, a veces lento, a veces rápido, a veces cariñoso y a veces salvaje, dejo salir toda su frustración con ella, todo el amor reprimido, todos sus deseos, buscando crear un puente, esperando crear un puente, deseando con toda su alma aquel puente.

Ella se revolvía, a veces como una fiera intentaba lastimarlo, arañarlo, herirlo, golpearlo, pero siempre terminaba sucumbiendo a sus caricias, a los susurros en su oreja a la veneración de su cuerpo a la intensidad de sus profundos ojos azules cuando depositaba en ella el clímax de su excitación.

No comían, no bebían y cuando dormían Naruto la envolvía con los dos brazos, presionándola contra él, temiendo despertar sin ella, temiendo abrir los ojos y encontrar un sombrío espectáculo en el sitio triste y oscuro donde había conocido el amor. Apenas abrir los ojos Naruto se introducía en ella, con o sin permiso, con o sin un recibimiento apropiado, a pesar de que ella se revolvía y en sus ojos brillaba a veces un destello de rencor, la amaba en la mañana, en la tarde y en la noche, la amaba hasta dejarla dormida, la amaba al despertar, la amaba en la cama, en la bañera y a veces en el piso.

Un puente, solo un puente, para que ella nunca se fuera de su lado, para que la vida tuviera un sentido, para que nunca tuviera que temer que quisiera morir de nuevo. Un puente, un puente más brillante que él, más flexible, más, inmensamente más maravilloso.

Hinata no hablaba, rara vez lo hacía, pero gemía, ¡sí que sabía hacerlo! Y sus mejillas enrojecían en el punto exacto antes de que su cuerpo revolucionara en una marea de color, a veces Naruto pensaba en Neji, pensaba en Sai y en el padre de Hinata, pero eran apenas algo molesto que no importaba, no cuando tenía que recuperar el alma que le era tan amada, no cuando a veces se perdía en su piel y se ahogaba en su aroma.

—Te amo. —Y no importaba que no se lo dijera de regreso porque su cuerpo se lo decía por ella.

—Te amo. —Y ella apretaba su cabeza de cabellos de oro contra su pecho, buscando saciarse de él, aunque aquello era imposible, no sabía quién era el que sucumbía más ante el otro, solo sabía que mientras viviera no podría separarse de ella.

Creando poco a poco su puente, dándole forma, amándolo desde antes de que apareciera, amando sus cimientos, su material y la belleza de su construcción.

La noche del ultimo día los encontró bajo la regadera, dejando que el agua corriera por sus cuerpos desnudos, temblando de pasión desatada, aun unidos en un abrazo amante, por última vez Naruto lo deseó resistiéndose a soltarla, un puente, construir un puente, crear un puente.

—Siempre has sido una mujer fuerte Hinata. —Se lo susurró bajo el cabello mojado, acariciando con su aliento caliente su oreja—. Pero siempre has pensado en los otros por encima de ti misma, por eso… —Apretarla, abrazarla fuerte para toda la vida—. Cuida de mí, cuida de… —Dejó la frase en el aire, acarició su mejilla, ella lo miró con fijeza, un ojo claro y otro café, pero a Naruto nunca le había parecido más bonita.

Hoy te busque en la rima que duerme

Con todas las palabras

Si algo callé es porque entendí todo

Menos la distancia

—¡Niño! —El chico rubio de ojos azules y ropa clara sacó la lengua y corrió como endemoniado por toda la calle—. ¡Le diré a tu padre! —El vendedor de jitomates berreó con una voz cascada por los años, pero el niño ya había desaparecido al final del callejón.

—Es igualito que su padre. —Una mujer vieja susurró poniendo cara de circunstancias, el hombre de los jitomates soltó un suspiro.

—También su padre me hacía travesuras cuando era niño.

—Como pasan los años, ¿ah? —Pero aquel niño rubio ya no estaba ahí para escucharlo, corría a toda velocidad con tres jitomates en las bolsas de los pantalones y dos en las manos, como arma arrojadiza.

—¡Piensa rápido Sarada! —Pero evidentemente la pequeña de gafas no había pensado lo suficientemente rápido porque termino con un jitomate estampado en su cara, al instante su rostro se volvió rojo y peligroso.

—¡Espera que te ponga las manos encima!

—¡Eso si me atrapas!

Desordene átomos tuyos

Para hacerte aparecer

Un día más, un día más.

—Bolt. —Un niño de cabello rubio como el suyo y pálido como un muerto lo miró a los ojos sin expresión—. No deberías ir por ahí tirando tomates, he escuchado decir que eso solo se hace en un día festivo de cierto país.

—¡Callate! —Bolt le lanzó un tomate también a él, en su linda y espigada naricita que era igual de fina y blanca que la de su padre, el padre de aquel niño era Sai y hacía unos dibujos chulísimos, Bolt lo conocía porque… bueno era una misión rango S, el caso es que lo conocía. Por alguna razón Sai tenía una misión de rango S más importante que cualquier otra cosa en la vida y por alguna razón desde que había nacido Bolt también formaba parte de esa misión rango S.

—Mi madre se va a molestar. —El pálido niño rubio se quitó los restos de jitomate de la cara sin inmutarse.

Arriba el sol, abajo el reflejo

De cómo estalla mi alma

Ya estás aquí

Y el paso que dimos

Es causa y es efecto.

—Es una suerte no tener madre. —Bolt sonrió con unos dientes hermosos y blancos y los bigotes de zorro en sus mejillas se movieron de un lado a otro traviesamente.

—No estoy seguro… —El pálido niño pareció pensarlo—. A veces cuando padre se va a su misión secreta madre llora.

—Mi padre nunca llora. —Bolt se cruzó de brazos ufano—. Porque no hay nadie que pueda hacerlo llorar.

—Si tuvieras madre quizás lloraría, las madres lo hacen.

—Pero no tengo. —Bolt se pasó las manos tras la cabeza empezando a aburrirse de la conversación—. Solo tengo a Tou-chan.

—Bueno, el Hokage no puede llorar, supongo… —El pálido niño rubio meditó un momento—. Aunque tampoco he visto llorar nunca a padre.

—Las madres son una molestia, es bueno no tener una. —Bolt soltó un bufido.

—¡BOLT! —A lo lejos se escuchó el grito de Sarada y sin despedirse de su amigo Bolt echó a correr de nuevo.

Cruza el amor

Yo cruzare los dedos

Corrió lo suficientemente rápido como para que Sarada no lo alcanzara, lo cierto es que Sarada era increíblemente buena, era la niña más hábil de la academia, a veces su padre le contaba historias de Sakura-chan y Sasuke-teme, los padres de Sarada que habían sido sus amigos cuando jóvenes, a Sakura-san la veía de vez en cuando, era una mujer triste con cara de ser la misma mamá llorona de todos sus amigos, a Sasuke no lo había visto nunca y Sarada tampoco así que se llevaban más o menos bien porque ella no tenía padre y él no tenía madre.

De todas maneras tan solo con su padre le bastaba.

Su padre era el Hokage y era la persona más guay sobre la faz de la tierra, en las mañanas él tenía que despertarlo porque nunca era muy bueno para pararse temprano y aunque se la pasaba en la oficina siempre hacía un clon de sombras para que cuidara de él y jugaran juntos, a pesar de que Shikamaru, su asistente, solía reñirlo por distraerlo.

A las ocho de la noche su padre dejaba la oficina, hacía un montón de clones de sombra y se separaban por toda la aldea para asegurarse de que todo estaba bien. A las diez de la noche desaparecían todos los clones y Naruto regresaba a casa, con él.

Siempre llevaba un bento delicioso con cosas nutritivas, Bolt amaba esas cenas, no que el ramen de Ichiraku no estuviera mal…

Cenaban juntos, jugueteaban como ositos traviesos y luego se dormían en la misma cama, ambos con las piernas abiertas, la playera subida dejando ver su barriguita y la boca abierta como un animal salvaje respirando profundamente y babeando.

Y gracias por venir

Gracias por venir

—¡Ottou-chan! —Bolt irrumpió en la oficina del Hokage, justo su padre terminaba de hablar con un ANBU quien giró hacía él su estética figura con una máscara de halcón.

—¿Qué te he dicho de entrar así? —Naruto cerró los ojos suspirando hacía su hijo.

—Le hace falta disciplina. —El ANBU declaró con su voz sin emociones.

—¿A ti quien te ha dicho que puedes decirme como criar niños? —Naruto lo señaló fijamente, pero Bolt estaba más ocupado observando su largo cabello castaño y su porte elegante, tenía más o menos la idea de quién era aquel ANBU, a veces lo veía a lo lejos y en ocasiones, como fingiendo que no lo hacía a propósito le acariciaba la cabeza o le llevaba regalos de lugares lejanos (siempre los dejaba en su ventana, sin notas ni dedicatorias), aunque le causaba curiosidad Bolt nunca había intentado saber más acerca de él, sobre todo porque su padre se tensaba siempre que tocaba el tema.

—Para no tener madre lo has hecho más o menos decente. —El ANBU se cruzó de brazos, era uno de los pocos ninjas que podía tratar de esa manera a su padre, a Bolt siempre le había parecido que trataba al Hokage como a un molesto y querido hermanito menor.

—¡Ottou-chan! —Bolt recordó su motivo principal para ir a aquel lugar—. ¡Piensa rápido! —Con una agilidad impropia de un niño de once años le lanzó el jitomate a su padre a la cara, para su completo fastidio el ANBU intercepto el jitomate al aire y lo pulverizó en su puño.

—¡Bolt! —Naruto lo reprendió, pero Bolt hizo morros viendo de mala manera al ANBU.

—Fue acto reflejo. —El ANBU se encogió de hombros y se fue. Eso, que se largara, había echado a perder su broma.

—Bolt. —Naruto miró con los ojos entrecerrados a su hijo, pero el niño simplemente se giró hacía él con una sonrisa grandotota y cerró los ojos, como un hermoso gatito usando todas sus artimañas para no resultar reprendido.

Adorable puente

Se ha creado entre los dos.

—Sé que voy a tener un montón de gente quejándose de ti mañana. —Naruto soltó un suspiro, Bolt no se ocupó de eso, miró alrededor, había un cartel de "Se busca" pegado en la oficina, en él aparecía un hombre de cabello blanco y dientes puntiagudos, un criminal de libro Bingo, por alguna razón cuando le preguntaba a su padre por qué no lo atrapaba él solo se reía.

—Solo le di a Sarada. —Bolt refunfuño, el hijo de Sai no contaba porque él nunca se quejaba—. ¡Ottou-chan, hoy es fin de mes!

—Lo es… —Naruto giró a ver el calendario, era el último día de Agosto.

—¿Voy a hacer la ronda nocturna contigo, verdad? —Sus ojos se iluminaron, pequeñas motas de luz en pupilas azules.

—Como todos los fines de mes. —Naruto tomó su capa de Hokage, se la puso y luego fue a acomodarse el cabello enfrente del espejo, siempre hacía eso los fines de mes y se ponía perfume y una pose chula.

—¿Ya? —Bolt rodó los ojos—. Tú haces las rondas nocturnas todos los días, ¿por qué solo te pones nervioso cuando es fin de mes?

—Porque vas conmigo. —Naruto contestó con simpleza—. Tengo que resaltar más, ¿no? —Bolt se río.

Adorable puente

Cruza el amor, cruza el amor

Por el puente

Ya para las ocho de la noche Konoha empezaba a oscurecer, nadie se sorprendió de ver que el Hokage hacía múltiples clones y se repartía por toda la aldea saludando y revisando todo, uno de ellos, sin embargo, caminó con su hijo en dirección a las afueras, en dirección al lago, Bolt se sabía el camino de memoria, lo hacía todos los meses, una vez al mes y en ocasiones en días importantes, como su cumpleaños o navidad.

No podía ir todos los días porque aún no era tan hábil y podían descubrirlo, su padre iba todos los días porque hacía esos jutsus tan exagerados y brutales como el cuerpo parpadeante con el que podía desplazarse a gran velocidad sin que nadie lo viera, él en cambio tenía que cruzar el lago acumulando chakra en los pies.

—Vamos Bolt. —Su padre lo jaló de la mano y supo que si por él fuera lo llevaría cargado, como una princesa, como cuando era bebe.

—Ya voy. —Dentro de poco no necesitaría de su padre para todo eso. Con rapidez ambos entraron por un túnel, llegaron a un subterráneo, tocaron en el ladrillo de siempre, en el sitio de siempre.

Usa el amor, usa el amor

Como un puente.

No importaba a qué hora llegara, no importaba como lo planeara ni que intentara sorprenderla o asustarla, siempre terminaba en los brazos de su madre apenas dar el primer paso dentro.

—Hola Bolt. —Y siempre le decía lo mismo.

—Hola Oka-san. —Y él contestaba lo mismo, desde que tenía dos años y los habían separado porque ella quería que conociera el mundo a pesar de que él no quería hacerlo, desde que su padre lo había presentado como el hijo que había tenido con una mujer desconocida, desde cuando Naruto Uzumaki se convirtió en padre soltero y no hubo poder humano que le hiciera interesarse en una mujer.

—¿Estas comiendo adecuadamente?

—Ottou-chan quiere que viva a base de ramen, pero me gustan tus bentos, es lo que hace que no nos dé escorbuto.

—¡Ey!, —a lo lejos se escuchó la voz de Naruto—, yo soy el que le trae a tu madre los ingredientes, ¿sabes? —Pero no le hizo caso, cuando estaba ahí abajo solo era de ella y ella solo era de él, a veces, muy raras ocasiones, la veía en su trabajo de ANBU, con el ANBU de la máscara de halcón y con Sai, pero cuando se veían de esa manera no se conocían, no se dirigían la mirada, la palabra ni el corazón, pero ahí abajo era suya, solo suya.

Su padre le había dicho que él era el puente maravilloso, luminoso y fuerte que lo unía con su madre, que era por él que ambos se habían salvado de la oscuridad y que era por él que continuarían viviendo, viviendo con energía y sin ver atrás.

Bolt sabía que había muchas cosas que no comprendía aún y que aquella misión que lo dejaba huérfano ante Konoha tenía tintes oscuros que aún no podían explicarse, sabía que su madre tenía que ver con el clan Hyuuga, tenía un ojo Hyuuga, pero solo uno… Y sabía que su madre se lo contaría algún día, porque cuando lo abrazaba sus ojos eran dulces como los de las madres cuando recogían a los chicos de la academia.

Adorable puente

Se ha creado entre los dos

—Oka-san. —Y esperaría porque tenía eso de ella, la paciencia—. Te traje unos jitomates. —Con delicadeza le dio los jitomates que le quedaban.

—Que atento eres. —Ella le sonrió, dulce y suave.

—¡A mí me los aventó a la cara! —Naruto lo señaló con el dedo como quien ve a un enemigo.

—¡Ah, Oka-san!, —emocionado él empezó a narrar—, el otro día el hijo de Kurenai-sensei, creo que se llama Asuma… —Siguió hablando mientras Naruto se sentaba a un lado de él y Hinata lo hacía del otro lado, a sus espaldas se tomaron de la mano, por aquel puente que era más fuerte de lo que cualquiera de los dos hubiera esperado, por el puente que borraba el pasado, pintaba de luz el futuro y los salvaba de las tinieblas.

El puente que dejaba a Hanabi descansar en paz y le devolvía a ella las ganas de vivir.

—Te amo Hinata. —Naruto interrumpió a su hijo acariciando su mejilla.

—Te amo Naruto. —Porque le había dado lo que creyó que ya nunca tendría.

—¿Me van a prestar atención? —Bolt puso morros y los dos se echaron encima de él besándolo, el niño se río debatiéndose entre sus cosquillas y pensó que algún día, cuando fuera grande, se volvería Hokage, daría de baja a su madre de ANBU y los enviaría a los dos a vivir lejos, en una casita junto al mar, seguro que al travieso de su padre le encantaba la idea. Y volvió a reírse.

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Ultimas notas de Okashira janet: Pues bien, se acabó éste fanfic, lamento la demora pero ya saben los imprevistos del internado, además, tuve tantas ideas para este capítulo final que ya casi parecía uno de esos juegos donde eliges la ruta y llegas a finales cada vez más macabros, creo que tomando en cuenta los demás desenlaces este me parece el más adecuado.

El inicio tiene un guiño a The Walking dead que aunque no he visto más que un par de capítulos mi hermana se la ha pasado bomba con la serie en estos días y no para de contármela entre grititos. La canción "Puente" estaba en mi cabeza desde que empecé a escribir, pero no me imagine que fuera ese tipo de Puente (risas), al final creo que el amor por un hijo vence todo lo demás, incluso el amor por un hermano o un amante.

Y nada, espero les haya gustado y perdón por la espera, éste fic termina así que seguimos con "Te guardo un beso" y "El viaje de Canuto", espero que este año ambos terminen, pero no prometo mucho.

Agradezco a:

Le Sofia quien se ganó el oneshot de premio del capítulo pasado, "Base secreta" que espero les haya gustado.

Jan-di-chan

Lilipili

X Berling x

Ridesh

LightDanica

Ro0w'z

Larareshiram 97

Yuri Chan43

Annie Thompson

Naruhina 22

Noelialuna

Jime otakuHime

Coni Hyuga

Nana-chan53

Gaby L

Mitth

S blanco

Valentina londono 3597

Kary Landero 3

Alabdiel

Hinaruhy

Sams Brok

Aaron strones

Mailing

LittleRock17

HoshiNoTsuya

Jesus MSV

Cat

Hinamy

Akeminakajima

Hyuga-Princess

Nali-neechan

Anacar

Uchiha de Taisho

Akemy

Aracely

FlorItachiUchiha

Wichipown

Marrana

Lunavap

Blue-Azul-acero

Alma

Eliuska20

Brighit-mayorga 1

Fuegoenelmundo

V de venganza

Hinarely

Sabaku

Miirellinu

AcidESP

A todos muchas gracias por leer, me he tardado un año y cacho en actualizar y muchas cosas han pasado en ese tiempo, el NaruHina es canon (ea, ea, ea, ea), ni me había fijado, pero me di cuenta de que algunos de los reviews que recibí en el capítulo pasado decían que el NaruHina nunca sería posible porque iba a acabar NaruSaku, pero que aun así les gustaba la historia, pues mira que sorpresa, acabo NaruHina pese a nuestros resquemores, jajajaja.

Un beso y gracias por leer.

29 de Agosto del 2015 Sábado.