En un rincón de la habitación, Shun de Andrómeda se abrazaba, en cuclillas, mientras sus ojos húmedos miraban a Hyoga con una expresión indefinible.

-Tú fuiste quien lo pidió – trataba de disculparse el rubio, sentado en la revuelta cama.

-Jamás pensé que lo harías de verdad. No quería que lo hicieras de verdad.

-Pues nunca me pediste que parara.

-¿Las palabras "detente" y "déjame" no significan nada para ti? – preguntó Shun, levantándose un poco, para apoyarse en la pared.

-Te reías tanto al decirlas, que no creí que hablaras en serio – respondió Hyoga, mirando con expresión culpable el rostro enojado de su amigo – No quise hacerte daño, Shun.

-Pues lo hiciste. Era algo muy preciado para mí, jamás pensé en dejar que me la quitaran. No te imaginas cuántas y cuántos me habían pedido que hiciera esto con ellos, y yo…

-Alguna vez tenías que hacerlo – lo interrumpió Hyoga con brusquedad - ¿o querías hacerlo solo?

-Alguna vez lo hice solo – respondió Shun con algo de vergüenza. Hyoga lo miró sorprendido.

-Jamás lo hubiera dicho; es que no se notan esas cosas. ¿Sabes que no es conveniente hacerlo solo, verdad? ¿Cómo limpiaste después?

-No hubo necesidad de limpiar, siempre me saqué muy poco. No quería que nadie se diera cuenta. Pero ahora… Yo no pienso limpiar esto, Hyoga. Tendrás que hacerlo tú.

-Sí, no hay problema – repuso el rubio distraídamente - ¿Y cómo es que se te ocurrió hacerlo solo?

-Lo necesitaba urgentemente y no quería pedírselo a nadie – dijo el santo de Andrómeda – porque no confiaba … y tenía razón, porque contigo pasó esto. ¡Eres un salvaje!

-Oh, vamos, no exageres – pidió Hyoga, acercándose a él con los brazos abiertos. Shun lo miró con el ceño fruncido.

-¿Crees que todo se arregla con un abrazo? ¿Aceptarías tú un simple abrazo a cambio de un daño tan grande, de una pérdida tan evidente?

-¡Oh, deja de hacerte la víctima! En el fondo te morías por hacerlo. Ahora pareces más hombre, Shun. Deberías agradecérmelo.

Shun esbozó una triste sonrisa.

-Me pregunto si Ikki pensará como tú. A él no le gustará lo que me hiciste.

Por primera vez, Hyoga mostró verdadera preocupación. Era verdad; Ikki no estaría de acuerdo con el nuevo look de su hermano. Todos sabían que el Fénix amaba esa cascada de cabellos verdes que se agitaba en la espalda de su hermano menor. Se rumoreaba que incluso le hacía trenzas en la noche.

-No creo que Ikki se lo tome a mal…- dijo, tomando una escoba y comenzando a barres las guedejas verdes esparcidas en el suelo - después de todo, hasta Saori pensaba que necesitabas un buen corte de pelo. ¡Tenías las puntas partidas, Shun!

-Sí, pero exageraste. Este es un corte militar, Hyoga. – dijo Shun, mirándose al espejo y tocándose la rala cabellera - Me da frío. ¿Te harías tú un corte militar?

Hyoga colocó una mano en el hombro del peliverde.

-Volverá a crecer, Shun; tu cabello crece muy de prisa.

Shun lo miró con lágrimas en los ojos. Hyoga, conmovido lo abrazó… y entonces sintió el tijeretazo en la mollera.

Se apartó prontamente y pudo ver a Shun que esgrimía triunfante un gran mechón rubio en una mano y una tijera en la otra.

-Ahora me toca a mí – dijo Shun con voz sombría, acercándose a Hyoga lentamente…

FIN

Nota de la autora: Hola! La idea era que pensaran mal. ¿Pensaron mal?

Gracias por leer!