Damon corría por el pasillo sin hacer mucho ruido, no quería que su padre se despertase y le encontrase a esas horas andando a oscuras por el palazzo. Tampoco quería que oyese a su hermanito y se enfadase con Stefan como se enfadaba con él cuando era un niño malo y se portaba mal. En cuanto llegó a la puerta, la abrió y se introdujo dentro del cuarto y, acercándose a la cunita, por entre los barrotes metió la mano y acarició suavemente la carita de su hermano.

-No te preocupes, Stefan. Estoy aquí y no voy a dejar que nada ni nadie te haga daño. Se lo prometí a mamá antes de que se fuera. Soy tu hermano mayor y nunca dejaré que te ocurra nada malo.

Stefan dejó de llorar en cuanto vio a su hermano y se durmió con el dedo de Damon cogido en su manita.

Al día siguiente, la doncella que se ocupaba de la crianza del pequeño Stefan, se encontró con los dos hermanos durmiendo juntos; el mayor de mala postura en el frío suelo de mármol empotrado en la cuna del bebé y este último con la mano de su hermano entre las suyas.

Benigna se sorprendió al ver a los dos niños dormidos y juntos, pero se alegraba que por fin Damon quisiese a su hermanito, el pobre lo había pasado muy mal con la muerte de su madre y, por lo menos los primeros meses le había echado la culpa de todo a Stefan. Se acercó al mayor para despertarle suavemente, no quería asustar al niño, aún estaba emocionalmente herido, pero el padre de ambos niños se le adelantó cuando entró él también en el cuarto del bebé.

-Benigna, ¿se puede saber qué está haciendo mi hijo en el suelo?

-Mi señor, creo que el bebé se despertó y el señorito Damon vino a calmarle.

-Eso me da igual -le contestó él de mala manera girándose hacia el niño y dándole una patada le despertó a la vez que le gritaba-. ¡Levántate, chico! ¡Eres un Salvatore, ¿qué clase de Conde vas a ser si duermes en el suelo como los sirvientes?!

-Pero, padre, Stefan tenía miedo y yo...

-¡Tú nada! ¡Levántate que pareces un sirviente y no un noble! ¡O quieres que te levante yo de las orejas!

El niño se levantó del suelo lo más deprisa que su pequeño cuerpo le permitió. Justo cuando pasaba por al lado de su padre, éste le dio una torta en la cara.

-Au -se quejó Damon-, pero si te he obedecido, padre.

-Para que me obedezcas a la primera y sin rechistar -le respondió Giusseppe antes de marcharse detrás de su primogénito dejando sola a la criada con el menor de los Salvatore.


Stefan se despertó de repente encontrándose con la negra y burlona mirada de su hermano.

-Vaya -le dijo Damon con una sonrisa torcida en los labios-, ¿se puede saber qué te pasa, hermano? Has estado dando más patadas que un jugador de fútbol en un partido.

-He tenido un sueño, aunque, ahora que lo pienso, era un recuerdo. ¿Por qué estoy recordando cosas buenas que has hecho por mí?

-¿Estás seguro que no era un sueño? Porque, sinceramente, eso es imposible.

-No -le replicó el menor-, cada vez tengo más recuerdos, es como si algo los hubiese hecho esfumar, y de repente volviesen todos a mí.

-Y, si puedo preguntar, ¿desde cuándo tienes esos supuestos recuerdos? ¿No crees que pueda ser algún demonio o simplemente que estés perdiendo la cabeza? Más.

-No, Damon. Me pasa desde que volvimos de la Dimensión Oscura... Desde que tú moriste... -Damon se le quedó mirando fijamente a los ojos con cara rara, como si su hermano le hubiese pillado in fraganti en algún tema serio y turbio-. ¡Me borraste mis recuerdos!

-¡¿Qué?! -exclamó el mayor haciéndose el ofendido.

-¡Me los borraste! Y no te atrevas a mentirme, lo acabo de recordar. Tú... has permitido que durante 500 años te odiase y te creyese un monstruo, cuando eres todo lo contrario. ¿Por qué, Damon, por qué?

-De acuerdo, lo confieso. Te borré los buenos recuerdos que tenías de mí para que no me siguieses y fueses feliz sin mí.

-¿Feliz? ¡No tenías ningún derecho! ¡Eran mis recuerdos!

-¿Que no tenía derecho? Soy tu hermano mayor, le prometí a nuestra madre antes de que se pusiese de parto que te protegería de todo mal, que no dejaría que nada malo te ocurriese. Y entonces te maté. Rompí mi promesa, pero por lo menos te pude proteger de mí mismo y para ello te tenía que borrar todo lo bueno de mí que recordabas.

-Damon, yo te maté a ti primero, no debí de ir a por las espadas. Yo... lo siento mucho, hermano.

-¿Qué te dije el otro día de los momentos pastelones?

-Me da igual, Damon. Me acabo de recordar cómo te rompiste la pierna y el brazo con 10 años. También fue mi culpa. Lo siento.

-¿De qué hablas ahora, si se puede saber?

-Me refiero a cuando me subí a un árbol del jardín del palazzo y tú subiste a por mí. Sólo un buen hermano con un gran corazón haría eso.

-Al final te quito la tontería con una ostia.

-¿Por qué? ¿Por decir que quiero a mi hermano, por decir que fuiste un héroe para mí aunque haya tardado 5 siglos en recordarlo?

Entonces Damon fingió que se atragantaba y vomitaba en dirección a Stefan antes de que Elena llegase al sofá en el que estaban los hermanos sentados.

-¿Qué te ocurre, Damon? -preguntó asustada poniéndole las manos en las mejillas.

-Nada, princesa. Sólo que mi hermano me va a provocar una subida de azúcar.

-No le hagas caso, Elena. Ya sabes cómo se pone cuando se le dice lo mucho que se le quiere. Le estaba comentando que me acababa de acordar que se rompió un brazo y una pierna por culpa mía.

-¿Por culpa tuya? -preguntó Elena sentándose en el regazo de Damon, mientras este le besaba suavemente el cuello-. Damon, cielo, para.

-Mmm. No quiero parar, amore.

-Damon, quiero escuchar lo que me va a decir tu hermano pero no puedo si tú me está comiendo el cuello mientras.

-Tú te lo pierdes, princesa.

Elena por toda respuesta, cogión entre sus manos la cabeza de Damon y le dio un casto beso en los labios.

-Stefan, por favor, cuéntamelo.

-Sí, Elena. Si quieres saberlo... Yo tenía sólo dos años pero no paraba quieto, siempre detrás de mi hermano...


Damon estaba yendo a su cuarto después de la última paliza que le había dado su padre para tumbarse un poco y descansar. No iba a llorar, no. Llorar era sólo de cobardes y si su padre le veía así, llorando sentado en el lecho con los brazos abrazando las piernas. Además, si su padre le encontraba llorando le volvería a pegar, y esta vez más fuerte.

Estaba perdido en sus pensamientos cuando oyó todo el jaleo en el jardín. Fue hasta la ventana y se llevó el susto más grande de su corta vida. Stefan estaba subido en un árbol. Damon bajó corriendo sin importarle molestar a su padre. Una vez abajo le dijo tranquilamente a su hermano subido en el dicho árbol intentando bajar un gato.

-Stefan, bájate del árbol ahora mismo.

El pequeño se negó y a Damon no le quedó más remerio que escalr el árbol hasta llegar a él. Cuando lo consiguió, cogió a Stefan en brazos y empezó a bajar mientras el pequeño se retorcía.

-Si no -le riñó Damon- te estás quieto nos caeremos al suelo.

Ya estaba casi en el suelo cuando la rama en la que estaba Damon cedió bajo y, tras pasar al criado que lo había visto y se precipitó al suelo rompiéndose el brazo y la pierna izquierdos.

CONTINUARÁ...