DISCALIMER: la propiedad de Harry Potter no es mía es de la genio J.K Rowling, la mejor escritora del mundo, yo solo me entretengo escribiendo para los amantes de la pareja Harry y Ginny

Lo siento, lo siento, por la tardanza, pero estado ocupada todo el mes, ya que he entrado a trabajar y no tengo tanto tiempo como antes, solo tengo los sábados y domingos (cosa que no es mucho) para escribir y lo en suma es poco tiempo ya que comparto la compu con mis hermanos y encima cada dia llego de mi trabajo, cenó y me quedo dormida sin escribir una reverenda palabra del fic.

Encima yo escribo mis historia primero imaginándolas, capitulo por capitulo y donde debe terminar el capi, luego las escribo en un cuaderno y luego cuando pienso que está listo los paso en la compu, luego mientras escribo arreglo algunas palabras y al final es:

Un proceso largo y me toma tiempo, y como les dije: ¡No tengo tiempo!

Sin más y con muchas más disculpas el fic:

Ron Weasley y Cedric Diggory

Antes que el reloj marcara las siete de la mañana, Ginny Rivers, estaba duchada, vestida y lista para desayunar. Le dio algunos retoques a su cama ya tendida, acomodándola mejor y bajo a la Sala Común. Tal vez era, porque ayer tenía un humor de perros, porque no se había dado cuenta que la Sala Común de Gryffindor era una habitación de forma circular, abarrotada de mesas y sillones mullidos, e infinitamente cálida y acogedora. Ginny tomó asiento en un sillón cercano a la chimenea y se puso a leer el Libro reglamentario de hechizos, curso 3, esperando que algunos de sus amigos bajaran para desayunar juntos.

Estaba tan concentrada leyendo que no se percató que alguien bajaba de las escaleras de los chicos, bostezando y se sentaba frente suyo. Ensimismada, dio la vuelta a la página del libro y leyó interesada:

"El estudiante del tercer año de Hogwarts, debe saber dominar los hechizos más elementales de la magia, un ejemplo de ellos es el hechizo convocador…"

—Disculpa, —Ginny alzó la mirada, fastidiada por ser interrumpida en su lectura, para ver a un muchacho pelirrojo de unos catorce o quince años, ojos azules y pecas en la cara; parado frente a ella— pero estas pisando mi pluma.

— ¿Qué?— bajó la vista al suelo y efectivamente, estaba pisando una pluma—. Ah, lo siento —se inclinó y recogió la pluma—. Toma.

—Gracias —Ginny retorno a su lectura, pero al notar que el pelirrojo no se había movido, volvió a lazar la vista, contrariada.

— ¿Sucede algo? ¿Te rompí la pluma?

—No, no es nada de eso —la miro fijamente.

— ¿Y entonces?

—M e recuerdas a alguien —dijo lentamente, con una mirada llena de melancolía y tristeza.

— ¿A alguien?

—A mi hermanita menor. Se parecen físicamente —dio un suspiro— claro, si tuviera tu misma edad.

—Ah, ya —dijo Ginny dubitativa, sin comprender esta extraña conversación en la que se había visto envuelta— supongo, que extrañas a tu hermana— el pelirrojo asintió, sentándose en un sillón cercano— supongo que es muy pequeña para entrar a Hogwarts, ¿no?, pero si la extrañas tanto, deberías mandarle una carta.

—No puedo —dijo el pelirrojo pareciendo miserable.

— ¿Por qué no?

—Porque ella murió.

Ginny sintió la garganta seca y se sintió una estúpida por haber dicho eso, era obvio que al pelirrojo le dolía hablar de ello, pero él había sido el primero en hablar ese tema.

—Lo siento —dijo con torpeza— no fue mi intención.

—No importa, tú no sabias.

Se quedaron callados, Ginny se sentía horriblemente mal por el pelirrojo. Ella sabía cómo era perder a un ser querido y sentir la impotencia de no haber hecho nada por ayudarlos. Deseaba poder decir algo para animarlo, pero difícilmente sabía qué. No era muy buena expresando sentimientos de confort y alivio; porque nunca los había recibido.

El pelirrojo alzó la vista y la miró otra vez con gesto torturoso.

—Lo siento, no sé por qué te dije esas cosas.

No sabía por qué, pero le había dolido ver al pelirrojo así, tan…tan abatido.

Con un extraño sentimiento, ella habló:

—Muchas veces suceden cosas que no podemos evitar, muchas veces nos causan dolor y dañan nuestros corazones, pero debemos seguir adelante y con la cabeza en alto… ¿Qué, qué dije? —Pregunto al ver una pequeña sonrisa en el rostro del pelirrojo.

—Puede ser que tú y mi hermana se parezcan físicamente, pero definitivamente su forma de de pensar es diferente —y agregó al ver la cara de confusión en la pelirroja—. Mi hermana me hubiera dado un golpe en la cabeza y me diría que dejara de comportarme como un idiota.

Ginny no supo si lo decía en serio o en broma. Aunque, notó que el pelirrojo parecía menos abatido que antes.

—A propósito, no me he presentado —le extendió la mano— soy Ronald Weasley, aunque mis amigos me dicen, Ron.

—Soy Ginny —respondió estrechándole la mano al pelirrojo, quien la miro mas fijamente— Ginny Rivers y sobre que me parezco a tu hermana tienes razón; usualmente, los pelirrojos nos parecemos mucho unos a otros: ojos claros, pecas en el rostro, piel muy clara, imperceptibles cejas; aunque, los irlandeses más bien, tienen las cejas más gruesas —dijo pensativamente— y los escoceses tienen el cabello pelirrojo más oscuro; ya que en Europa… ¿Qué? — se interrumpió por segunda vez, al notar a Ron con una sonrisa más amplia.

—Definitivamente, cuando hablas así, no te pareces a mi hermana, te pareces más a…—

—Ron —terció una tercera voz, interrumpiendo la conversación— me pareció extraño que no estuvieras en la habitación dormido, ¿Por qué te levantaste tan…—los ojos marrones de Ginny se encontraron con los brillantes ojos verdes de Harry Potter—…temprano?

A Harry Potter le pareció que la sala común empezaba a dar vueltas o ¿era que había dejado de respirar? Nunca en toda su vida había visto ojos más hermosos.

—No pude dormir bien —contestó Ron, sin darse cuenta de la profunda mirada que habían compartido los otros dos —y bajé y me encontré con Ginny y empezamos a conversar. ¡Ah, que tonto! Tú no la conoces, ella es la alumna nueva, su nombre es Ginny…—

— ¡Me voy! —Cortó Ginny, levantándose—. Fue un gusto conocerte, Ron —tomó su mochila y sin mirar a Harry se fue por el Hueco del Retrato, sin darse cuenta lo trastornado que había dejado a Harry Potter quien se quedó embelesado mirando el hueco del retrato, cerrarse.

—…No crees, Harry? ¿Harry? ¡¿Harry?

—Sí, Ron. Lo que tú digas —dijo totalmente ido.

— ¿En serio? Me regalas tu saeta de fuego.

— ¿Queeeeeé? —Dijo saliendo de su ensoñación.

Ron se desternilló de risa y Harry supo que solo le había tomado el pelo.

—Que cara —dijo Ron, aún riendo— era broma, lo dije porque no me prestabas atención, ¿en qué pensabas?

— ¡En nadie!—Ron alzó una ceja—. Quiero decir en nada —trató de rectificarse aunque su amigo lo miraba sospechosamente. Donde estaba Hermione cuando se le necesitaba.

Sí, era oficial. Estaba totalmente pérdida y todo por la culpa de Harry Potter. Pero, una vocecilla en su cabeza, le recordó que había sido ella la que casi salió corriendo de la Sala Común.

Es que los ojos verdes de Harry Potter, la habían inquietado…

Demasiado.

Ese pensamiento la molestó mucho, jamás en su vida se había sentido así de vulnerable, cuando sus ojos y los de Potter se encontraron. Meneó la cabeza, desechando esa idea de inmediato. Potter para ella, no significaba nada más que el culpable de la muerte de sus padres.

Consultó su reloj de pulsera y se desesperó, había caminado por ese enorme Castillo por casi media hora y aún no podía encontrar el Gran Salón, para desayunar y lo peor era que llegaría tarde a su primera clase, ¡ en su primer día!

—No, no —trató de recordar el camino que había tomado ayer con sus amigos, pero era totalmente imposible, el Castillo era enorme.

Estaba por gritar de frustración, cuando escucho unas risas provenientes de un pasillo lejano.

—Estoy salvada —pensó, aliviada al ver a un grupo de tres chicos caminando tranquilamente, por el pasillo—. Disculpen —Grito, haciéndolos detener — estoy totalmente perdida —dijo un poco jadeante al alcanzarlos—, en este enorme Castillo, podrían decirme, ¿Cómo llegar al Gran Salón?

—Claro, por supuesto —respondió caballerosamente, un muchacho de cabello rubio y ojos celestes; muy atractivo— incluso, podemos acompañarte, ¿no, chicos?— los otros dos muchachos asintieron.

—Gracias —les sonrió agradecida y empezaron a caminar.

—Por cierto, soy Steve Colleman —se presento el rubio— y ellos son: Patrick News y Cedric Diggory.

Patrick News era un atractivo muchacho de 17 años, de cabello castaño clarísimo y unos impresionantes ojos azules; mientras que Cedric Diggory era un muchacho de cabellos y ojos negros increíbles, extremadamente guapo y de un físico aun más increíble y para aumentar su atractivo tenía una sonrisa sincera cuando Ginny giro para mirarlo. Ginny recordó vagamente que, Cedric Diggory había sido el muchacho que ella había estado mirando de soslayo en la Selección de las Casas. Las mejillas se le sonrosaron.

—Soy yo, Ginny Rivers…quiero decir, yo soy Ginny Rivers —se presentó con cierta torpeza— mucho gusto en conocerlos y gracias por ayudarme.

—No hay problema —dijo Patrick sin darle importancia —pero, ¿Cómo una alumna de Hogwarts no sabe llegar al Gran Salón? Porque, francamente, ¡Auch! Steve, ¿Por qué me pegas? —Pregunto adolorido frotándose la nuca, donde Steve le había pegado.

—Por idiota —respondió Steve, molesto— no te das cuenta que ella es la nueva alumna, que ingresó ayer. ¿Cómo va saber llegar al Gran Salón, en su primer día?

—Yo no sabía.

—Tú nunca sabes.

Y empezaron a discutir ante la atónita mirada de Ginny.

—Perdónalos —dijo Cedric Diggory con una sonrisa avergonzada, señalando a sus amigos con la cabeza— ellos, siempre discuten; no les prestes atención.

— ¿Siempre? No son amigos.

—Sí, pero eso no les impide pelear para tener la razón.

— ¿Y no te molesta? —Dijo Ginny al ver a Cedric, contemplar la discusión con gesto cansino.

—Ya sabes uno se acostumbra —le volvió a sonreír; haciendo que Ginny pestañeara más veces de lo normal y se dirigió a sus amigos— ¡eh, chicos! —Les llamó— ¿podrían calmarse? Tenemos que llevara Ginny al Gran Salón, no querrán que pierda su primer desayuno en Hogwarts.

—Tienes razón, Cedric —concedió Steve, mirando a Patrick de mala manera— prometimos ayudar a Ginny y lo haremos.

—Sí, —asintió Patrick, devolviéndole la mirada—, después de todo, un Hufflepuff tiene palabra.

Sin más los cuatro reanudaron su marcha en silencio, ya sea porque Patrick y Steve estaban enojados ó porque Cedric y Ginny eran lo suficientemente inteligentes para no iniciar otra conversación, donde podrían volver a enojarse.

Al fin llegaron al Gran Comedor, cuando Patrick y Steve llegaron, muchas Hufflepuff, los saludaron y les sonrieron. Pero, cuando Cedric llegó, Ginny notó que las Ravenclaw, las Gryffindor y algunas Slytherin lo miraron, embelesadas y con sonrisas tontas en el rostro.

Al pasar por las mesas, acompañada por Cedric, pudo notar cómo muchas chicas, la miraban entre sorprendidas y envidiosas y luego, murmuraban a sus espaldas. No le dio importancia, tenía demasiada experiencia para ignorar malos comentarios acerca de ella.

—Bueno, Ginny —dijo Cedric al llegar a la mesa de Hufflepuff— debo ir a desayunar, nos vemos.

—Nos vemos —repitió Ginny y se dio cuenta porque las chicas la miraban mal. Cedric Diggory era una persona agradable y muy amable, pero sobre todo muy guapo.

Vislumbró a sus amigos en el centro de la mesa, se encaminó rápidamente hacia allí, ya que escuchaba los murmullos de la gente y al llegar, se dejo caer en una silla vacía, con un suspiro.

—Ginny, ¿me pareció, — pregunto Demelza calmadamente— o hablaste con Cedric Diggory, el chico más popular de Hogwarts?—termino de decir con emoción y un poco alocada. Ginny asintió, extrañada por el comportamiento de su amiga. — ¡No puedo creerlo! ¿Y qué te dijo?

—Bueno, la verdad…—

—No, eso no importa—la interrumpió— ¿Cómo te lo encontraste?

—Pues, en verdad… —

— ¡No puedo creerlo! —La volvió interrumpir— ¡Cedric Diggory! —esto último lo dijo casi en un grito haciendo que muchas cabezas giraran hacia ella.

—Demelza, no seas exagerada—dijo Colin exasperado por el comportamiento de su amiga, mientras Dennis reía divertido— apenas, es un chico.

—Sí, pero no cualquier chico, es el chico más guapo y popular de todo Hogwarts, ¿verdad, Ginny?

—Yo…—

— ¿Ves, Colin? Ginny piensa lo mismo.

—Ni siquiera la has dejado hablar. Además, Diggory apesta.

—Lo que pasa es que eres un envidioso.

— ¿Envidioso, yo? Por favor.

—Sí, tú. Además, que eres…—

Pero lo que era Colin, Ginny no lo supo porque en ese instante miles de lechuzas, aparecieron volando por todo el Gran Comedor, dejando paquetes o cartas a sus dueños. Ginny buscó, esperanzada, la lechuza gris de Bellatrix; sin embargo, una de color parda se detuvo frente a ella con una carta con su nombre.

Sorprendida, desató la carta que estaba atada a la pata del animal y leyó:

Ginny:

Espero que tus clases en Hogwarts vayan bien este día.

Asuntos me requerían ayer, por eso, no pude acompañarte.

Supongo que ya te enteraste del Torneo de los Tres magos que se realizara en Hogwarts este año, quiero que me mantengas informada de todo lo que suceda en el evento.

Atte, Bellatrix Lestrange

P.D. El búho que te trajo la carta es tuyo; con él me mandaras todos los mensajes necesarios.

Ginny miró la carta. Ningún ¿Cómo estás? ¿En qué casa quedaste? O algún sentimiento noble hacia ella. Guardó la carta en el bolsillo de su túnica, resignada.

Tal vez, Bellatrix no era la persona más cariñosa del mundo, pero al menos, era la única persona que se preocupaba por ella.

—Ginny —la llamó Demelza, preocupada al notar el gesto de tristeza en su amiga— ¿quién te escribió?

—Mi madre— suspiró resignada— y me regaló este búho. Bonito, ¿no?—acarició al búho, quien ululo, agradecido — ¿qué nombre puedo ponerle a un búho? — preguntó a sus amigos. Tratando de cambiar el tema

—Bueno, no sé. Nunca he tenido un búho ó lechuza —respondió Colin.

—Ni yo —dijo Demelza.

—Ni yo —dijo Dennis.

La pelirroja miró al búho: al inicio creyó que era de color pardo, pero si se le veía con atención era de un castaño claro y sus ojos eran de un verde clarísimo. Muy parecidos a…

— ¡Ginny! —La pelirroja pareció salir de un extraño trance y parpadeó confusa— esta es la tercera vez que te llamó, ¿en que piensas?

—En nada, Demelza —respondió tomándose un lado de la cabeza— ¿Qué había sido aquello? Sera mejor, que tomemos rápido el desayuno, para llegar a las clases —miró al búho—. Ve a la lechuceria, cuando tenga un nombre para ti, te buscare para decírtelo.

El búho ululo conforme con lo dicho por la pelirroja y retomo su vuelo hacia la lechuceria.

—Ha sido una clase estupenda —comentaba Ginny al final de su día, acompañada por Colin y Dennis, a quien habían recogido de su clase— la profesora McGonagall es estupenda como animaga.

—Con todo lo que me han contado de su clase, ya no puedo esperar a conocer a la profesora McGonagall —declaró Dennis feliz —además que es nuestra jefa de casa…—

—Al que yo quiero conocer —repuso Colin— es al profesor Moddy, escuché a los de séptimo que fue una clase increíble.

—El profesor Moddy, ¿es el hombre que llego ayer a mitad de la cena? —Preguntó Ginny— ¿el del ojo mágico?

—Sí y un gran auror —afirmó Colin— cazó a muchos mortífagos después de Quien-Tú-sabes; cayó del poder. La mitad de las celdas de Azkaban están llenas, gracias a él.

—Sí, pero ahora está retirado —añadió Dennis— y dicen que es muy paranoico.

—Bueno, sí —admitió Colin— pero sigue siendo igual de genial, ¿no?

Dennis asintió de acuerdo con su hermano.

"Así que el profesor Moddy había atrapado a muchos mortífagos— pensó Ginny, conforme avanzaban por los pasillos de la Escuela, buscando la clase de segundo año, donde se estaba Demelza — suena interesante: cazador de magos oscuros".

—Demelza, ¡al fin! —Exclamó Colin, al ver a su amiga salir de las mazmorras— tengo tanta hambre que me comería un hipogrifo.

—A mí también me da gusto verte, Colin —dijo Demelza con sarcasmo— y yo no tengo la culpa de salir tan tarde, el profesor Snape me retuvo haciéndome limpiar las mazmorras.

— ¿El profesor Snape? —Inquirió Ginny, que aún no había tenido clases con él— ¿el profesor de pociones?

—Él mismo —confirmó Colin— ¿y por qué te retuvo?

Demelza miro un hilillo de su túnica y no contestó.

—Demelza, ¿Qué hiciste? —dijo Colin, mirando a su amiga; Ginny también la miro, curiosa.

—Yo, pues…eh… Digamos que de alguna forma…hice explotar el caldero de Romilda Vane —dijo Demelza con una sonrisa inocente ante la ceñuda mirada de Colin— y le explotó en la cara y les salieron unos furúnculos gigantes y…y…—

— ¡Demelza! —le regaño Colin; mientras, Ginny y Dennis se partían de la risa. Colin resopló disgustado, aunque a Ginny le pareció detectar una pequeña sonrisa en su rostro—. No entiendo la rivalidad que existe entre ustedes, ¿Por qué siempre se pelean?

—Ella tiene la culpa —dijo Demelza mientras partían hacia el Gran Comedor— es fastidiosa, se cree la reina de segundo año y yo no soporto a la gente engreída, me revienta. Además, que no le agrada nada que yo siempre le gane en los duelos y tenga amigos en las diferentes casas.

—Esa no es justificación para hacerle explotar el caldero.

—Para mí sí —murmuro Demelza muy bajito para que solo Ginny la escuchara.

Doblaron en un pasillo y vieron a muchos estudiantes que abarrotaban el vestíbulo y miraban al profesor Moddy haciendo rebotar a un hurón blanco en el suelo de piedra. A su lado se encontraban Ron Weasley, una castaña y (frunció el ceño) Harry Potter, riendo. Por la caras que tenian parecía que a los chicos les había llegado la Navidad dos mese antes, mientras la castaña miraba entre reprobación por la actitud del profesor Moddy y diversión porque el hurón parecía rebotar mucho más alto.

— ¡Profesor Moddy! —exclamo una voz horrorizada, a sus espaldas.

Ginny se dio vuelta y se dio cuenta que la persona que había hablado era la profesora Mc Gonagall, que bajaba por una escalinata de mármol, cargada de libros.

—Hola, profesora McGonagall —respondió Moddy con toda tranquilidad, haciendo rebotar aún más alto al hurón.

—¿Qué…qué está usted haciendo?—Pregunto la profesora McGonagall, siguiendo con los ojos la trayectoria aérea del hurón, mientras se abría paso entre los estudiantes.

—Enseñar —explico Moddy.

—Ens…Moddy, ¿ese es un alumno?—grito la profesora McGonagall, al tiempo que dejaba caer todos los libros que traía consigo.

—Sí —contestó Moddy.

— ¡No!—vociferó la profesora McGonagall, sacando la varita. Al momento siguiente reapareció Malfoy con un ruido seco, hecho un ovillo en el suelo con el pelo lacio y rubio caído sobre la cara, que en ese momento tenía un color rosa muy vivo. Haciendo un gesto de dolor se puso de pie.

Ginny miro con sorpresa a su rubio primo y tuvo que taparse la boca con una mano para no dejar que la risa escapara de sus labios. Malfoy siempre había tenido un extraño cuidado con su cabello y ahora estaba más revuelto que si una bandada de lechuzas lo hubieran atacado.

— ¡Moddy, nosotros jamás usamos la transformación como castigo! —Dijo con voz débil la profesora McGonagall—. Supongo que el profesor Dumbledore se lo ha explicado.

—Puede que lo haya mencionado, sí —respondió Moddy, rascándose la barbilla muy tranquilo—, pero pensé que un buen susto…

— ¡Lo que hacemos es dejarlos sin salir, Moddy! ¡O hablamos con el jefe de la casa a la que pertenece el infractor…!

—Entonces haré eso —contestó Moddy, mirando a Malfoy con desagrado.

Malfoy, que aún tenía los ojos llenos de lagrimas a causa del dolor y la humillación, miró a Moddy con odio y murmuró una frase de la que, se pudieron entender claramente las palabras "mi padre".

—¿AH, sí? Dijo Moddy en voz baja, acercándose con su cojera unos pocos pasos. Los golpes de su pata de palo contra el suelo retumbaron en todo el vestibulo—. Bien, conozco a tu padre desde hace mucho, chaval. Dile que Moddy vigilara a su hijo muy de cerca…dile eso de mi parte…bueno, supongo que el jefe de tu casa es Snape, ¿no?

—Sí —respondió Malfoy, con resentimiento.

—Otro viejo amigo —gruño Moddy—. Hace mucho que tengo ganas de charlar con el viejo Snape…vamos, adelante…—y agarró a Malfoy del brazo para conducirlo de camino a las mazmorras. Al pasar por entre la multitud, se encontró con Ginny, quien al descubrir quién era el hurón le sonrió burlonamente y éste paso derrotado, a su lado para dirigirse a las mazmorras.

—Viste la cara de Malfoy —dijo Colin riendo, entrando al Gran Salón— creo que guardare este día como un recuerdo.

Ginny no era vengativa, pero recordó todas las humillaciones que había recibido de Malfoy.

Sí, la imagen de Draco Malfoy con la apariencia de un hurón saltarín, jamás se le iría de la cabeza y con una gran sonrisa se fue a cenar con sus amigos.

Supongo, que algunos se habrán dado cuenta de los similares que son algunos caracteres con nuestros personajes principales, pero si no, creo que deberían volver a leerlo.

Lo de Malfoy no me pude resistir, ya verán en un recuerdo como molestaba a Ginny de pequeña y creo que es una pequeña venganza a todos los abusadores que existen en las escuelas, aunque jamás estoy de acuerdo con las revanchas y la venganza.

Las actualizaciones serán cada mes.

Siguiente capítulo: Beauxbatons y Durmstrang.

Hasta pronto,

SOLE.