I Just Came to Say Goodbye (aka Dramione a través de los tiempos)

Hermione se encontraba sentada a la mesa del parque, un bloque de piedra mayor que aquel en el que estaba sentada y que hacía de asiento, por supuesto, frente a la última persona, más o menos, con la que habría pensado estar sentada por voluntad propia a pesar del tiempo transcurrido de su época en Hogwarts.

Draco Malfoy… o, simplemente, Malfoy para ella pues nunca habían pasado de llamarse al otro nada más que por sus apellidos. Ni que fueran amigos o algo.

—Bueno, ya estoy aquí, ya estamos aquí, Malfoy. ¿Qué es lo que querías de mí?

Tenía que admitir que no sabía lo que la sorprendía más. Si el hecho de que fuera Malfoy el que hubiera concertado este… encuentro o el que ella hubiera aceptado venir. No que estuviera aún resentida con él por lo sucedido en sus años de estudios porque no importaba lo duros que hubieran sido. Ella no era de las que guardaban rencor a nadie, ni siquiera a alguien que se había dedicado seis años de su vida a disfrutar enormemente atormentándola que uno habría pensado que se trataba de una asignatura propia para Malfoy.

—Sólo he venido a decir adiós.

Okay… ¿esto va en serio?, ¿es real?

Hermione pareció estar vigilando sus alrededores a la espera de que alguien saliera para decirle que había picado, tal vez sus amigos, pero no sucedió nada más que la vida seguía su ritmo sin darle ningún tipo de importancia a su confusión. Muy bien, entonces significaba que esto iba en serio y le tocaba tener que encajarlo de alguna forma.

—Más bien a decir hola, Malfoy— le replicó Hermione tratando de suprimir su confusión con su habitual tono de sabelotodismo—. Que acabas de llegar.

Vale, ¿intento de humor para rebajar la tensión del encuentro entre dos personas que se han dedicado a la confrontación mutua? T. Y eso que a Hermione no le gustaba suspender en nada.

—¿Qué quieres decir entonces con eso de adiós, Malfoy?

—La misma palabra lo deja bien claro, Granger. Me voy; pero antes de hacerlo quería tener una conversación contigo o, más bien, quería decirte algo que lleva años intentando decirte.

Uh, genial. No podía irse sin antes soltarme uno de sus tan sonados, y repetitivos, comentarios vejatorios. ¡Huy, fíjate! Hemos vuelto al pasado. No tengo pecho, un arbusto en la cabeza y ante mí se encuentra un hurón imbécil.

—No hace falta, Malfoy. Puedo vivir sin tener que escucharte decirme que…

—Te quiero, Hermione— vale eso no era, ni por asomo, lo que se esperaba que le fuera a decir. Para hablar de comentarios vejatorios, ¿verdad?

—¿Qué?

¡Y aquí está la bruja de mayor talento de nuestros tiempos! Aunque no puedes culparla por reaccionar así ya que no todos los días la persona que se pasó años torturándote dialectalmente y degradándote por ser hija de padres no mágicos, muggles, va y te confiesa que te quiere. ¡A cuatro días de irte a casar! Estaba claro que no iba a decirle a Ron el tema de conversación que tuvo con Malfoy. Además estaba algo de lo más importante aquí, ¿me acaba de llamar por mi nombre? Bueno, sonaría de lo más impersonal eso de declararle el amor a alguien y llamarla por su apellido, ¿no?

—No, escuché lo que dijiste, Malfoy— le detuvo antes de que pudiera responder a su pregunta retórica y monosilábica—. Lo que quiero decir es que no puede ser cierto. Puede ser que llevemos años sin tirarnos los trastos a la cabeza pero eso significa solamente que hemos madurado— algo que nunca creyó posible por parte del Slytherin que estaba sentado ante ella pero la guerra, y su final, provocó muchos cambios a primera vista como en el fondo. Está claro—. Uno no puede llamar a alguien un día luego de varios años y espetarle de golpe que… que…

—¿La quieres?— le ayudó Malfoy con gesto controlado.

Fue como si Hermione se hubiera tragado una docena de limones por la cara que puso antes de señalarle con el dedo en gesto acusador.

—No digas eso, Malfoy. No sé que tipo de broma pesada te traes entre manos, a unos días de mi boda, pero deberías ir a San Mungo a que te examinen la cabeza porque debes haberla perdido. Sé quien eras antes y había llegado a pensar que ahora eras una persona totalmente diferente pero…

—Ninguna broma, Granger— por lo menos ya no la llamaba por su nombre porque eso había sido demasiado. ¿Y quién en su sano juicio puede decirle a una chica que la quiere llamándola por su nombre para acto seguido volver a referirse a ella con su apellido? Pues, obviamente, Draco Malfoy—. Y realmente dudo mucho que supieras quien era antes o quien soy ahora. Te quiero y no es algo de lo que me haya dado de cuenta ahora si no que es algo que maduró desde la primera vez que te vi cuando me preguntaste por el sapo perdido de Longbottom. Un tal Trevor si no me equivoco.

Esto era demasiado y Hermione tenía que salir de aquí cuanto antes porque estaba yendo demasiado lejos. ¡Si es que recordaba incluso el nombre del sapo de Neville! Lamentablemente su curiosidad, como siempre, le ganaba la mano en su necesidad de saber las respuestas. La Verdad, que V mayúscula.

—Tú me odiabas, Malfoy. Tal vez no en primer año, puesto que en ese momento estabas más ocupado en tratar de meter en problemas a Harry, pero tú me odiabas.

—No— le replicó calmadamente y con deje de rotundidad que dejó a Hermione sin oportunidad de defensa—. Teníamos once años, por lo menos yo los tenía— una forma de decir que Hermione le llevaba casi un año de diferencia—, y por eso lo que sentía entonces era más curiosidad que otra cosa pero el que estuvieras todo el tiempo con Potter y Weasley me refrenó a acercarme de otra manera que no fuera para enfrentarme.

—¿Curiosidad? Supongo que nunca antes habías visto a una hija de muggles pero habría preferido que no hubieras pasado de la curiosidad al asco— tal vez algo dura con sus palabras pero mucho peores fueron las que recibió por parte de Malfoy.

—Es más. Tu incipiente amistad con ellos me dio esperanzas de que en el futuro también pudiéramos ser amigos, a pesar de estar en Casas enfrentadas. Supongo que debí de tratar de acercarme antes de que te juntaras con ellos— y realmente Malfoy parecía dolido de no haberlo hecho.

Hermione negó con la cabeza. Se estaba dejando llevar por la confesión de Malfoy y no tenía que olvidar la manera en que la trató durante todos aquellos años. No lo haría y se encargaría de que él tampoco lo hiciera.

—Cierto, no hay mejor manera que acercarse a mí que llamarme sangre sucia— el sarcasmo se deslizaba por cada sílaba—. Me hizo sentir de lo más querida, Malfoy. Tienes que admitir que en todos esos años no hiciste nada más que hacerme daño.

La mirada de Malfoy no tembló en absoluto.

—Y lo volvería a repetir de tener que hacerlo.

Fue como si le hubiera clavado un puñal en su alma. ¿Cómo podía afirmar algo así con tanta rotundidad luego de haberle declarado esos sentimientos tan alienígenas para Malfoy con respecto a Hermione?

—Oh, sí. Es que puede verse que somos carne del salón de té de madame Pudipié— parecía ser que el modo sarcasmo seguía de lo más activo en Hermione—. ¿Cómo puedes decirme eso?

—Porque al final de todo sobreviviste y no estoy seguro de que lo hubieras hecho de haber estado a mi lado, Granger. A pesar de querer tenerte conmigo me di cuenta de que no era posible por lo que me conformé con tenerte aunque fuera tu odio y desprecio. Aún así hice todo lo que podía para ayudarte a seguir con vida.

No podía creérselo. Las ganas de darle un buen puñetazo y partirle la nariz eran casi imposibles de controlar. Olvídate de las bofetadas.

—Por eso dijiste en segundo año que esperabas que me matase el monstruo de la cámara secreta. Sí, sé que lo dijiste, Malfoy— añadió Hermione a pesar de no haber visto sorpresa en el rostro del Slytherin por su acusación.

—Y no me arrepiento de ello, Granger. Sabía que esos dos irían a contártelo una vez hubieran recuperado su aspecto y fue un buen extra luego de haberles dejado claro que yo no era el dichoso heredero de Slytherin.

Ahora fue el turno de Hermione para verse confundida. No, espera. Por ahora ha sido ella quien se ha mostrado todo el tiempo de lo más confundida.

—¿Sabías que eran Harry y Ron?

Malfoy rodó los ojos en una acción que le hizo rejuvenecer a ojos de Hermione.

—Conocía demasiado bien a Crabbe y Goyle para poder ser engañado por esos dos por muy bien que fuera la poción multijugos que preparaste, Granger. Además de que no eran capaces de mantenerse en sus personajes y saltaban a la mínima provocación que les lanzaba— negó Malfoy de manera condescendiente.

Confirmado. Hermione no entendía nada.

—¿Y por qué les dijiste que querías que fuera a mí a quien matara el monstruo? No es algo que se supone dirías sobre alguien por quien pudieras sentirte atraído— susurró sin poder encontrar una respuesta coherente.

—En principio pretendía que tomaras alguna que otra precaución pero también porque sabía que te molestaría tanto que te haría esforzarte como nunca para averiguar la identidad del monstruo y así poder detenerlo— confesó Malfoy con total tranquilidad pero que dejó a Hermione con la boca abierta. El muy… Slytherin la había manipulado con un descaro tan grande como sutil. Y no pudo evitar pensar que ella había caído sin mayores dificultades.

Ciertamente Malfoy estaba en la Casa correcta.

—Pues fue el hecho de que Harry pudiera escuchar una voz que nadie más podía lo que me hizo comprender la naturaleza del monstruo— dijo Hermione tratando de quitarle importancia a las acciones de Malfoy.

—Y a pesar de ello no evitaste el quedar petrificada aunque, sabiendo que la consecuencia natural habría sido el morirse, supongo que fue algo bueno. Aún así tuve unas horribles ganas de matarte allí mismo cuando te vi inmóvil en la cama de la enfermería porque por un instante pensé que te había perdido.

—¿Fuiste a verme al hospital?— Hermione casi no tuvo voz para preguntárselo.

—Antes de empezar el curso, durante las vacaciones de verano, pensé que ese nuevo curso trataría de acercarme a ti pero mi padre me llegó con la noticia, desagradable noticia según sus palabras, de que una hija de muggles resultaba ser el alumno más sobresaliente de nuestro curso. No podía comprender como era posible algo semejante pues todos los muggles que había visto hasta entonces resultaban ser unos bárbaros desagradables sin modales y un nulo conocimiento mágico.

¿Su padre le había mostrado a muggles? Pero, por supuesto, a los menos indicados para poder generalizarlos y poder lavarle la cabeza a Malfoy con toda esa patraña de la sangre.

—Menuda sorpresa te llevaste entonces cuando te enteraste de que yo era hija de muggles, ¿verdad, Malfoy?— le dijo con una media sonrisa.

—Cierto, una sorpresa pero, sobre todo, me aclaró mucho acerca de tu comportamiento, tu actitud— Hermione frunció el ceño ante estas palabras—. Explicaba tu constante sorpresa por todo lo referido a temas mágicos, incluso lo más simple como los cuadros o las escaleras móviles. O como aparecía la comida en el Gran Comedor y su techo mágico. Tanta sorpresa solamente podía deberse a un total desconocimiento. A no haber nacido en el mundo mágico. Y también explicaba tu constante afán de superación. Tus intentos por demostrar que, a pesar de no haber nacido en este mundo, perteneces aquí con el resto de nosotros.

Muy bien. Hermione estaba segura de que era imposible que Malfoy supiera legeremancia a esa edad pero, entonces, quería decir que resultaba muy sencilla de leer y comprender pero, de ser cierto, ¿por qué sus amigos no la comprendían en aquellos momentos?

—¿Por qué, entonces, me llamaste sangre sucia, Malfoy? ¿Por las apariencias?— más que enfadada Hermione buscaba comprender. Tanto las acciones de Malfoy como al propio Malfoy.

—Porque te explicarían su significado y sería algo que te alentase con tus afanes de superación, Granger. No hay mejor manera de lograr un objetivo que tener un claro y palpable antagonista. En este caso se trataba de mí como representante de todos aquellos que se oponían y menospreciaban a los hijos de muggles— una rápida sonrisa cruzó los labios de Malfoy—. ¿O no te esforzaste aún más luego de ese encuentro en el campo de quidditch, Granger? ¿Qué te llevó a tratar de realizar una poción tan complicada como la multijugos que es de nivel de TIMOS si no para dejar claro que merecías estar aquí? Ambos sabemos que podríais haber encontrado una manera mucho más sencilla para averiguar si era o no el heredero de Slytherin.

Ciertamente demasiado fácil de leer.

—Pero eso sigue sin explicar tu desagradable comportamiento durante los años siguientes— farfulló cruzándose de brazos, y si no fuera una mujer adulta habría puesto un puchero en sus labios.

—Todo fue para ayudarte. Habría dicho para mantenerte a salvo pero eso no habría podido darse sin hacer desaparecer a Potter ya que fue él quien siempre te arrastró a todas esas situaciones peligrosas.

A Hermione no le gustó, por muy ciertas que fueran, las acusaciones de Malfoy.

—Es mi amigo y por supuesto que trataría de ayudarle siempre que me fuera posible hacerlo— se sentía ofendida de que pensase que no lo haría.

—Y por eso cuando supe de la fuga de Sirius Black comprendí que ese año no sería diferente a los previos y que Potter, tarde o temprano, te arrastraría con él.

Fue tan claro como si lo hubiera escuchado esta mañana.

—Por eso le pinchaste a Harry con lo de ir a por Sirius por cuenta propia. Lo que dijiste acerca de que tú ya habrías hecho algo… pero que tú, en su caso, habrías buscado venganza. Que le cazarías tu mismo.

Hermione sabía lo que le obligó Voldemort en sexto curso bajo amenaza de muerte propia y de su familia. Y hasta donde fue capaz de llegar. No le resultaba muy difícil imaginarse a Malfoy en una posición como en la que se había encontrado Harry teniendo cerca al, supuesto pero al final falso, asesino de sus padres. Sabía que Malfoy daba una suma importancia a la familia y que aquel que le hiciera daño, o matase, no tendría ningún futuro.

—Pensé que sería mejor la situación os explotase estando todos juntos porque con Potter por su cuenta no haría si no ponerte en mayor peligro.

—¿Cómo sabías acerca de Sirius? Sé que era un familiar tuyo, primo de tu madre, pero… cierto, los contactos de tu padre en el ministerio.

—En parte, Granger. También estaba el hecho de que mi padre era un mortífago y Sirius Black fue condenado con penas de ser uno de ellos. Algo que mi padre estaba cierto que no lo era. Me extraña que el hecho de que no tuviera la marca tenebrosa les indicase el error— añadió encogiéndose de hombros—. Uno no cumple una misión para Voldemort sin haber sido marcado como ganado primero.

—Te conformaste con tener mi odio y desprecio— repitió Hermione—. ¿Es por eso que te burlaste de Hagrid cuando fueron a ejecutar a Buckbeak?

—No, me burlé de Hagrid cuando fueron a ejecutar a… Buckbeak— estaba claro que, a pesar del tiempo, aún no había perdonado la agresión sufrida por el hipogrifo— porque te estaba afectando demasiado.

Hermione saltó toda indignada.

—¡Pues claro que me afectó, Malfoy! Iban a matarlo por tu culpa y estupidez para luego encontrarte riéndote del dolor de Hagrid.

—Y yo lo que veía era que ese dolor te estaba distrayendo mientras te colocaste ante Potter y un peligroso asesino que quería acabar lo empezado al ayudar a matar a sus padres— replicó sin alterarse—. Eso sí, me sorprendí por la manera en que llegaste a reaccionar. Totalmente inesperado pero que forjó una parte de tu personalidad aguerrida, Granger.

En verdad luego de abofetear a Malfoy, y amenazarle con su varita, Hermione, a pesar de la, supuesta, ejecución de Buckbeak, había madurado de golpe, y no era ningún juego de palabras. Era cierto que la acción de Malfoy lo había logrado pero hasta ahora, escuchándoselo al propio Malfoy, creyó que había sido una casualidad por los sucesos ocurridos cuando la realidad era que fue todo planeado por el Slytherin.

—No puede ser que hicieras que Buckbeak te atacara para que lo sentenciaran a muerte y poder así burlarte de Hagrid para hacerme saltar de aquella manera. Es imposible planear algo así.

—Cierto. Yo solamente me adapté a las circunstancias que se dieron— confirmó Malfoy—. El hipogrifo me atacó… bueno, él sabrá por qué lo hizo.

Hermione no podía creerse el descaro de Malfoy para rehuir de sus responsabilidades con dicho suceso.

—No hiciste caso de las explicaciones de Hagrid. Toda la culpa fue tuya, Malfoy— le acusó, o recordó, Hermione.

—Me dejó acercarme y acariciarle porque cumplí con la absurda exigencia de tener que ofrecerle una reverencia que me devolvió.

—Y luego le llamaste bestia asquerosa— continuó Hermione.

—Cierto. Pero en ningún lugar se dice que los hipogrifos puedan comprender el lenguaje humano, Granger. Mi tono de voz era el habitual en mí o sea lento, arrastrando las palabras y en ningún momento reflejando el verdadero significado de las mismas.

Era cierto. Los hipogrifos no pueden comprender el lenguaje humano. Una cosa es enseñarle trucos como a otros animales pero eso no quiere decir que comprendan el significado de dichas palabras.

—Pero es algo impropio haber reaccionado de semejante manera sin ningún tipo de provocación previa, Malfoy.

—Tú estabas allí y sabes que no la hubo, Granger— le replicó Malfoy arrastrando sus palabras una vez más.

Será… el muy sierpe.

Y entonces llegó a la única y posible conclusión correcta para justificar el ataque de Buckbeak sin ningún tipo de provocación de por medio. Aunque eso era erróneo porque en realidad sí que hubo una provocación.

—¡Arrastraste las palabras al dirigirte a Buckbeak!

Por supuesto que esto no le aclaró mucho a Malfoy.

—¿Sí?— inquirió arrastrando el sí de una manera siseante. Hermione vio la comprensión en aquellos ojos grises y admitiría que se sintió decepcionada que Malfoy no se hubiera golpeado el rostro con la mano.

—Te tomó por una serpiente, Malfoy. Y no en el buen sentido de un Slytherin— añadió con cierto humor.

—Dejando bien clara su nula inteligencia pues cómo pudo confundirme con una serpiente solamente por mi manera de hablar— se suponía que estaba molesto pero en apariencia seguía igual que antes. Realmente Malfoy no era tan sencillo de leer como parecía serlo la propia Hermione.

—Seguro que luego pensó que había atacado a una chica por los gritos que pegaste— se burló Hermione tratando de recolocar toda esta conversación en términos más comprensibles para ella.

—Me dijeron que te asustaste por mi estado, Granger.

Hermione sintió sus mejillas ruborizarse recordando que, realmente, se había asustado mucho por Malfoy pero también recordó que había preguntado a Harry y Ron si Malfoy estaría bien de camino a la Torre de Gryffindor pero, entonces, ¿quién le pudo haber dicho a Malfoy? Sus dos amigos no, de eso estaba segura.

—La Dama Gris— le aclaró Malfoy como si le hubiera leído la mente. Algo que Hermione no creía posible puesto que no notó ningún tipo de intrusión en ella.

—Sí, bueno, ¿por dónde ibas en tu historia?— mejor volver al tema que les trajo aquí, aunque también resultaba algo preocupante para Hermione futura Weasley estar hablando de esto con Malfoy.

Se fijó en que Malfoy no tenía que hacer memoria de ningún tipo como si todo lo que tuviera para contarle se encontrase al alcance a pesar de los años transcurridos. Eso o es que pasaba mucho tiempo rememorando dichos sucesos.

—¿Los incidentes ocurridos tras la final del Mundial de quidditch?

Recordaba los gritos, la ansiedad y necesidad de ponerse a salvo, incluso su idiotez por no usar el lumos cuando lo necesitaba, pero también recordaba la súbita aparición de Malfoy y como les explicó el peligro en el que se encontraba Hermione de quedarse allí. Por supuesto que usó su habitual acercamiento llegando a llamarla sangre sucia y burlándose de ella. Ciertamente el amor estaba en el aire, pensó Hermione ruborizándose por culpa de haber recordado la sugerencia por parte de Malfoy de que se quedase porque de esa manera terminaría siendo levitada boca abajo de manera que mostraría sus bragas al estar llevando camisón.

—Puedo aceptarlo al hacer lo propio con lo de que tu menosprecio era forzado como tu única manera de entablar cualquier tipo de conversación conmigo o sobre mí.

¿Y todo esto para qué servía? Podía acabar con ello aceptando que Malfoy siempre tuvo este tipo de sentimientos por ella y no tendría que seguir aquí con él escuchándole relatarlos y así regresar a asuntos más acuciantes como su cercana boda. Y, a pesar de ello, aquí seguía escuchándole. ¿Qué le pasaba?

—Pero no hubo nada más durante ese año— dijo Hermione sintiéndose victoriosa por eliminar de golpe el cuarto curso.

—Si no cuentas el que tuviera que hablarle Skeeter justo bajo la ventana donde te encontrabas porque no te dabas de cuenta de sus acciones— Hermione, adorable ella, infló los carrillos.

—Y ahora me dirás que me hiciste crecer los incisivos no para burlarte si no para ayudarme con mi complejo— Hermione se quedó en silencio observando como la atención de Malfoy se centró en sus labios o, seguramente, en los incisivos bajo ellos—. ¿Qué?

—A mí me gustaban tus incisivos, Granger— y allá fueron los ojos de Hermione rodando por el suelo al salírseles de sus cuencas—. ¿Piensas realmente que podría haber preparado la colisión entre mi hechizo y el de Potter para que rebotase y te diera precisamente en tus incisivos?

Hermione se sintió ruborizarse ante semejante suposición.

—Bueno, es que como has estado diciendo que…

—Lo hice— confesó Malfoy con total tranquilidad que exasperó a Hermione.

—¡Malfoy!

Pero se encogió de hombros despreocupadamente.

—No fue nada sencillo, Granger. Eso puedo asegurártelo. Pero no podía dejar que continuases pensando tan poco de ti misma por su causa y como no podía acercarme y decirte que a mí me gustaban, porque eso habría hecho que los hubieras reducido allí mismo por tu propia cuenta, tuve que ser… creativo.

Hermione apoyó la frente contra la mesa de piedra tratando de controlarse. A ella misma y a su rubor pero también, y esperaba que no se notase tanto, la sonrisa que formaron sus labios.

Confiar en un Slytherin para ser creativo.

—¿Y crear esa odiosa canción para meterte con Ron también era parte de tu elaborado plan, Malfoy?

—No, eso solamente era por el quidditch, Granger. Ya sabes, ese deporte del que cuanto menos se entrometa en tu vida mejor estás pero que, a pesar de admitir que Krum no era para tanto y que toda su persona se regía por ser famoso, no dudaste en aceptar acompañarle al Baile. Y lo de la canción es de quinto año y estamos hablando de cuarto curso— le recordó Malfoy.

—Vale lo de los años pero qué iba a hacer con la invitación de Krum, ¿negarme? ¡Merlín! ¿Eso pretendías que hubiera hecho?— dijo al ver la cara que puso Malfoy—. Pues, como le dije a Ron entonces, si querías llevarme al Baile habérmelo pedido primero.

—¿Sabes de quién estás hablando y de cuándo, Granger?

El enfado se le pasó de golpe a Hermione y sus labios formaron una perfecta "oh" que sonó muda.

—Cierto. Me parece que me he dejado llevar por el momento. ¿Me lo habrías pedido de haber podido, Malfoy?— la intensa mirada del rubio solamente ofrecía una respuesta a esa pregunta. Una pregunta que una mujer a punto de casarse no debería estar haciéndole a otro hombre.

—Ambos sabemos que te habrías negado luego de llegar a las lágrimas de la risa, Granger— Hermione estuvo a punto de recriminarle esas palabras pero, siendo sinceros, era algo de lo más plausible en aquellos momentos aunque, por eso mismo, fue algo que nunca se llegó a dar.

—Gracias, Malfoy— ahora fue el turno de Malfoy para mostrarse confuso—. La intención es lo que cuenta y, además, no te burlaste de mí en el Baile.

—Me resultó imposible hacerlo puesto que me dejaste sin palabras cuando apareciste, Granger.

Iba a casarse. Iba a casarse. Tenía que dirigir la conversación hacia un tema nada controvertido para una futura mujer casada.

—¿Y lo de ser convertido en hurón también fue por mi bien, Malfoy?

—No, pero si el que me rompiera un par de costillas te resultó de ayuda pues bienvenido sea, Granger.

Por la manera en que Hermione testó si sus ojos se caerían de sus cuencas abriéndolos aún más que antes quedó claro que nunca se había llegado a enterar de las consecuencias que tuvo el que Ojoloco Moody, en realidad Barty Crouch Jr., lo transformara en hurón y lo golpease contra el suelo con violencia. Tanta que lo hizo llegar a rebotar.

—Lo siento mucho, Malfoy. No lo sabía.

—Da igual. Eso en realidad me enseñó que para ayudarte podría tener que llegar a sufrir y me preparó para todo lo que estaba aún por llegar.

—¿De qué estás hablando?— le preguntó a pesar de que temía cual pudiera llegar a ser la respuesta de Malfoy.

—Puse a la Casa de Slytherin apoyando a Diggory para que Potter se viera con menos apoyos. Para que toda la situación se le hiciera más cuesta arriba. Para que tuvieras que ayudarle bajo una enorme presión. Práctica para lo que estaba a punto de llegar con los años— Voldemort. Pero si aún no había recuperado su cuerpo, algo que logró al final de cuarto curso, ¿cómo es que Malfoy la estaba preparando para dicha situación?—. Potter no fue el único que escuchó la profecía que Trelawney le dijo al final del tercer curso, Granger. Las serpientes solemos deslizarnos por cualquier parte sin que nadie llegue a percatarse de ello.

A pesar de todo el estudio que vivió en Hogwarts era ahora cuando Hermione sentía punzadas en su cabeza tratando de asimilar toda esta información por parte de Malfoy. Alguien que estaba a su lado a pesar de encontrarse frente a ella vejándola cuando en realidad la estaba a retar para ser mejor bruja. Mejor persona que el monstruo que se burlaba de ella. Un monstruo creado para que ella tuviera un enemigo visible en el que descargar sus frustraciones.

—Pero no hay nada que te pueda preparar para enfrentarte cara a cara con la muerte, y menos de la de alguien con la que has compartido tu vida durante casi cuatro años— la muerte de Cedric Diggory—. No solamente eras tú la que sufría por ello si no que Potter se estaba dejando arrastrar por el sentimiento de culpa— Hermione se llevó las manos a la boca para ahogar un quejido que Malfoy respondió con una mueca de resignación y un encogimiento de hombros. Gestos tan poco dados a su carácter y que, por ello mismo, representaban tanto para Hermione—. Ya te lo he dicho. Es más sencillo tener algo a mano con el que desahogarse y no había nadie mejor para dicho papel que yo mismo.

—¿Y por eso fuiste a que pudiéramos llegar a mutilarte?— Hermione no podía creérselo—. ¿Es qué perdiste la cabeza?

—En mi defensa no me esperaba que también se sumasen a la fiesta los gemelos Weasley— cuatro años eran suficientes para ser consciente del peligro que esos dos entrañaban con una varita en sus manos—. Pero funcionó para enfocaros en el peligro que estaba para llegar.

Hermione había saltado ya al quinto curso para tratar de buscar en sus encuentros con Malfoy su ayuda velada. No tardó mucho en encontrar dicha ayuda.

—Sabías que era Sirius el perro que nos acompañó a la estación de King's Cross— y que les sirvió para advertirle a Sirius de que no se dejase ver por el peligro— y que Hagrid había ido a hablar con los gigantes. Aunque en esto último podías haber sido algo más claro.

Malfoy enarcó una ceja.

—¿Qué querías que dijera, Granger?— el fantasma de una sonrisa cruzó los labios de Malfoy—. ¿Que le estaban haciendo sombra pero no de la manera en que me gustaría hacértela a ti?

La insinuación resultaba tan flagrante que la sangre no le llegó a su rostro teniendo un lugar mucho más húmedo y cálido para dirigirse llegando solamente a dejarse entrever en su cuello.

—Muy bien, ¿y en qué ayudaba la degradante canción que creaste para Ron?— Hermione no podía creerse cuantas veces más iba a tener que cambiar de tema.

—Eso era quidditch, Granger— admitió sin ningún tipo de vergüenza—. Cierto que me pude pasar pero no te olvides que el año anterior Potter se burló de mi madre y yo no olvido. ¿No es tu lema, Granger? ¿"Aprender todo, no olvidar jamás"?

No sabía si lo decía en serio o se estaba burlando de ella a pesar de la media sonrisa o, justamente, por causa de la misma.

—¿Algo más?— farfulló Hermione para ver como Malfoy parecía debatir consigo mismo sobre algo para dejarlo aparcado a un lado e ir por otro suceso.

—Atrapé a Potter cuando os reventamos la reunión del E.D. en la Sala de los Menesteres— no lo mejor para decir por la cara que puso Hermione—. Sabía que se culparía de haber sido a otro al que llevasen, sobre todo si se trataba de Weasley o de ti, Granger. Y no estábamos para caer en la culpabilidad tan propia de Potter.

—No me estás diciendo algo, Malfoy.

—Dirigí la trampa que os atrapó a todos en el despacho de Umbridge pero también fui el que la hizo creer que era mejor que fuera sola para ver esa arma vuestra para poder dejarnos a solas con tus amiguitos y poder ser, digamos que, superados por ellos de manera que se liberaron y pudieron ir en vuestra ayuda— la mirada de Malfoy se endureció como un diamante—. Potter había dejado claro que había que ayudar a Sirius, porque estaba claro que se trataba de él de quien hablaba, por lo menos para los que tuvieran alguna noción al respecto, e iría aunque fuera solo pero tú no lo permitirías. El ir solo, me refiero. Por lo que no iba a dejar que fueras sola junto a un suicida como era Potter en esos momentos.

—Y dejaste que Ginny te lanzase su mocomurciélagos— el asombro de Hermione batallaba con gratitud. Habrían muerto de no haber tenido la ayuda de los demás—. Pero hay algo más que no me estás contando, Malfoy.

No sabía como se lo tomaría Hermione y por eso Malfoy era tan reacio a contárselo pero también era consciente de lo tozuda que era ella y que no le dejaría pasar esto por alto.

—Dobby murió por mi culpa.

¿Es qué nunca sabría lo que iban a decir aquellos labios de Malfoy? Porque esto no era lo esperado por Hermione. Además de que ella estuvo presente en el momento de la muerte de Dobby y Malfoy no había tenido culpa alguna. Y era algo ocurrido en séptimo año de manera que se saltó incluso el sexto curso.

—¿A qué te refieres con eso, Malfoy?— le preguntó—. Yo estaba presente y no fue por tu culpa. Dobby era un elfo libre y decidió ayudarnos por decisión propia.

Pero el rostro de Malfoy mostraba angustia y culpa de una manera tan clara como nunca antes pudo verse.

—La muerte de Sirius, luego de la de Diggory el año anterior, iba a resultarle demasiado pesada a Potter por lo que usé el mismo método que el de ese año en el Expreso— Malfoy le ofreció una mueca más que una sonrisa—. Ni yo soy tan descuidado para montar una emboscada frente a los miembros del E.D. para que pudieran saltar en defensa de su lider.

Era algo que Hermione ya había dado por supuesto y que no la iba a distraer sobre lo que en realidad quería saber acerca de la, supuesta, implicación de Malfoy en la muerte de Dobby.

—Puedes decírmelo, Malfoy.

—No tiene que ver contigo, Granger— le replicó recordándole por qué le estaba contando todo esto.

—Dobby era mi amigo. Por supuesto que tiene que ver conmigo— le aclaró empezando a indignarse con él—. Tienes que decírmelo, Malfoy. Debes decírmelo.

—Cuando digo que murió por mi culpa me refiero a que lo manipulé para que escuchara los planes que tenía mi padre en nuestro segundo año. De manera que eso le llevó a tratar de avisar a Potter lo mejor posible dada su situación. ¿Y todo para qué?

—Para ser libre, Malfoy— le recordó Hermione.

—Para morir— fue el turno de Malfoy para recordarle a Hermione.

Ella negó con la cabeza.

—Tal vez le hubieras manipulado en un principio pero lo que hiciste fue poner la primera piedra para su vida en libertad. Una vida que, una vez lograda, todas sus decisiones fueron elegidas por Dobby libremente.

Malfoy apretaba tanto los puños que blanquecía sus nudillos y clavaba sus uñas en las palmas de sus manos.

—Tengo mucha sangre en mis manos. De muchos que murieron por culpa de mis acciones y decisiones pero, mientras ya no llego a sentirme responsable de la muerte de Dumbledore— Hermione no pudo negar sentirse impactada ante semejante afirmación por parte de Malfoy—, sí lo hago aún, y lo haré hasta el último segundo de mi vida, por la muerte de Dobby.

—Yo creía que… bueno, que tú a Dobby— la dura mirada de Malfoy la retaba a que continuase y así lo hizo a pesar del nudo en su garganta—. Dobby nos dijo que tú…

—¿Yo, qué, Granger?

—Nos dijo que no te portabas bien con los elfos domésticos. Nos dijo que eras un niño malo.

—Y lo era Granger, no mintió sobre ello ¿o te has olvidado de ello?

Bueno, tenía que empezar a admitir que con todo lo que le estaba contando ahora, no contando si no revelando, pensaba que era menos malo de lo que siempre había pensado que era.

—¿Por qué dijo Dobby que no te portabas bien con los elfos domésticos?

—Porque no lo hacía— le respondió Malfoy con naturalidad y sin inmutarse ante la manera en que se tensó Hermione—. Los trataba como siempre se me había enseñado a tratarlos… por lo menos por parte de mi padre. No es que los tratase mal si no que no los trataba bien— una vez más se encogió de hombros—. No es que los torturase o que disfrutase viendo como sufrían al tratar de cumplir una orden imposible que fuera en contra de sus amos. Simplemente eran elfos domésticos que estaban ahí para atender a mis peticiones y órdenes. Por eso me aproveché de Dobby con tanta facilidad. Porque haría lo que me apeteciera que hiciese.

—Pero fue él quien tomó control de su nueva vida como elfo libre, Malfoy.

—La magia de los elfos es muy poderosa y queda constancia de ello al ser capaz de aparecerse en Hogwarts cuando para nosotros nos resulta imposible pero, al mismo tiempo, igual de imposible le resulta a un elfo doméstico poder aparecerse en la casa de sus antiguos amos luego de haber perdido el favor de la familia— le explicó Malfoy—. Y puedes creerme cuando te digo que Dobby perdió el favor de los Malfoy por medio de mi padre.

—¿Entonces cómo hizo Dobby para aparecerse?

La culpa que había remitido levemente en los ojos de Malfoy regresó con fuerza.

—Cuando os trajeron acusándoos de ser vosotros supe que lo erais sin necesidad de tener que miraros. Solamente a Potter se le ocurriría decir el nombre de Voldemort cuando lo habían convertido en tabú— Malfoy puso una mueca de desagrado en ese punto dejando constancia de lo que pensaba de Harry en ese momento—. Sabiendo como le había manipulado para ayudarle en segundo año y como luego siguió ayudándole durante los años siguientes, incluso siguiéndome en sexto curso…

—¿Sabías que Dobby te estaba espiando?— no pudo evitar interrumpirle.

—Estaba demasiado paranoico con la misión encomendada, dada la importancia de lo que estaba en juego— la vida de Malfoy y la de su familia—, para permitir que Potter siguiera espiándome. Claro que me sorprendí de que mis protecciones me revelasen que era Potter y Kreacher, de todo el mundo, los que me seguían y por ello les dejé hacer.

—¿Por qué?

—Soy yo, Granger. ¿Por qué va a ser si no que por motivos egoístas?— le dijo solamente para dejarla aún más confundida—. Pero, a pesar de que sería ese sexto año del que debería estar hablándote, será mejor que termine con lo que te estaba contando. Como te decía sabía que Dobby podría llegar a ayudaros porque parecía ser lo único que contaba realmente ahora para él. Ayudar a Harry Potter. En un momento en el que di la espalda a todos mirando para la chimenea usé mi varita para eliminar, de manera temporal, lo que supuse que seguiríais con vida, la barrera que impediría a Dobby poder aparecerse dentro de Malfoy Manor— podía uno darse cuenta por lo que mostraban los ojos de Malfoy que estaba rememorando todo lo allí sucedido—. No sabes cuantas veces me recriminé por no haberte ayudado en ese momento más allá de no reconoceros pero sabía que de haberlo hecho todo habría ido a peor. Porque no habría más tortura si no que pasaría directamente a mataros. Te habría obligado a mirar como acababa con Weasley y el resto de los cautivos. Potter quedaría para Voldemort, por supuesto. Habrías acabado como los padres de Longbottom de haberle propuesto usar la legeremancia para buscar las respuestas en tu mente. Así hubiera sabido que no habíais entrado en su cámara de Gringotts si no que, realmente, encontrasteis la espada en el fondo de un lago helado— Hermione pareció sorprenderse por esta revelación—. Buscaba algo con lo que lograr apaciguar a mi tía pero con ella la cura suele ser peor que la enfermedad. ¿Por qué, si teníais pensado realizar un viaje tan peligroso, no os preparasteis mejor para enfrentaros a sus peligros?

—¿Qué defensa hay para el cruciatus, Malfoy?— le preguntó retóricamente.

—¿Crees qué todo está inventado, Granger? ¿Qué no hay margen de mejora? Deberías saber que no es así con lo sucedido en sexto curso con Potter en Pociones. No sabes como deseé ganar el Felix Felicis pero también supe que no era yo quien debía tener suerte. Creo que todo habría acabado igual tuviera quien tuviera la suerte líquida.

¿Esa había sido su ayuda en sexto año? Si ni siquiera su poción había logrado ganar a la realizada por Harry, ¿cómo iba la de Malfoy a lograrlo entonces?

—Porque yo sabía realizarla igual de bien que Potter ya que Snape me enseñó su método. Por eso redoblé mi desconfianza con él. Me parecía mucha coincidencia que precisamente Potter tuviera en su poder el libro de Pociones de Snape— Malfoy negó con la cabeza—. Y realmente fue eso, ¿verdad? Una simple y llana coincidencia.

—¿Hay defensa para el cruciatus?— preguntó Hermione no más retóricamente.

—Hay una manera de sufrirlo sin que te llegue a afectar con toda su intensidad, Granger. Pregunta de DCAO, Granger, ¿qué es lo que te provoca la maldición cruciatus?

—Dolor.

—Exacto. Realmente llegamos a complicarnos las cosas por ponerlas siempre en una posición más alta de lo que realmente merecen a pesar de toda su historia— Hermione no parecía comprender a donde quería llegar Malfoy—. ¿Cómo logras que no te duela, por ejemplo, una luxación de muñeca?

—Hay diferentes pomadas o pociones para el dolor. También un hechizo que… ¿no es así?— preguntó al ver negar a Malfoy—. ¿Entonces cómo?

—Una luxación de muñeca te deja de doler si te dislocas un hombro, Granger. Un dolor deja de afectarte cuando uno mayor lo hace.

Hermione empezó a comprender por donde iba Malfoy.

—Pero, para que no te duela un cruciatus

—¿Cómo se logra realizar un patronus, Granger?

Entonces supo cual era la respuesta.

—Tu recuerdo más doloroso— murmuró Hermione.

—¿En serio? ¿Y logras realizar tu patronus con eso?— se burló Malfoy tratando de aliviar una más que seria situación provocada por él mismo.

—Claro que no— protestó totalmente indignada—. El patronus se realiza concentrándose en el suceso o acontecimiento más feliz que te haya ocurrido mientras que, según lo que insinúas, para soportar el cruciatus debes pensar en el acontecimiento o suceso más doloroso que te haya ocurrido.

—Cierto pero en muchas ocasiones no es suficiente porque la contabilización del dolor es demasiado personal y puede ser que tu dolor no sea suficiente para sobrepasar al provocado por la maldición— la mirada de Malfoy se oscureció—. Entonces lo que uno debe hacer es imaginarse en su propia mente el suceso que más dolor pueda llegarte a causar. Algo que llegue a retorcer tu propia alma. Créeme que la mente es capaz de todo. Incluso de hacerte más daño que el peor de los cruciatus.

Hermione se quedó allí sentada en silencio sopesando las palabras de Malfoy y ninguno habló hasta el paso de los minutos.

—Lamento no haberte podido ayudar en sexto curso pero en asuntos del corazón, sobre todo en los que a concierne a los demás, y a ti en particular, deben ser tratados por cada uno. Para bien o para mal.

Hermione le ofreció una mueca contenida.

—Gracias pero, por muy veladas que fueran tus acciones, me habría sentido de lo más rara teniéndote como vigilante de mi vida amorosa. Sobre todo cuando acabas de confirmarme que formas parte de ella, aunque yo no lo he sabido hasta ahora— añadió con cierta timidez—. Trataste de ayudarnos en la sala de los menesteres porque sabías lo que estábamos buscando y que podríamos acabar con Voldemort— la sonrisa ahora era más maliciosa—. Un verdadero alumno de la Casa de Slytherin, Malfoy.

—No estoy muy seguro de que un Slytherin que se enamora de una hija de muggles de Gryffindor pueda llamarse así, Granger.

—Severus Snape puede hacerlo y tú también, Malfoy.

Demasiados paralelismos con su antiguo profesor en los que pensó durante mucho tiempo Malfoy para llegar a la conclusión de que, realmente, la historia tiende a repetirse.

—Y yo, como antes le ocurrió a Snape, no me quedaré con la chica— con estas palabras Malfoy se puso en pie—. Muchos dirían que nacimos bajo la estrella equivocada, si es que creen en esas patrañas— añadió dedicándole un guiño cómplice a Hermione—. Nos creen fríos como las serpientes que nos representan pero se equivocan del todo— la mirada de Malfoy consumía a Hermione con todo el fuego presente en su interior—. Cuando encontramos a la persona correcta llegamos a amar con tal intensidad que ya no hay nadie más para nosotros.

Lo que le estaba diciendo a Hermione era que la amaba y que no habría nadie más para él. Ella se casaría en menos de una semana con Ron y mientras tanto Malfoy la amaría sin tener ninguna posibilidad de encontrar la felicidad puesto que la perdió ante dicho matrimonio.

—Malfoy yo…

—No te preocupes que no me volveré un huraño amargado como Snape— le aseguró sonriéndole—. Yo, mientras seas feliz, también lo seré.

¿Y puedes considerar eso como suficiente, Malfoy?, pensó Hermione sintiendo como la angustia la iba devorando por dentro.

—¿Mientras estés en este mundo siendo feliz?— lo vio levantarse ante ella con una cálida sonrisa en su rostro. Una sonrisa real nacida de su corazón—. Por supuesto, Hermione. Porque te amo.

La última estocada fue el escuchar nuevamente su nombre de sus labios con una promesa de amor eterno para luego darle la espalda y alejarse de su lado creciendo la distancia entre ellos mucho más que con la distancia física que se formaba.

Hermione se sorprendió a sí misma al ver su mano alzada en dirección al Slytherin ¡y temblándole! Quería decirle algo pero solamente estaba allí viendo como se alejaba mientras boqueaba cual pez fuera del agua. Su ceño se fruncía a causa de su confusión y toda esta marea de sensaciones. Iba a casarse en menos de una semana y se trataba de Draco Malfoy, ¿cómo iba a poder estar de esta manera simplemente a causa de lo que le había llegado a contar? Era imposible que fuera solamente por eso porque dejaría en muy mal lugar sus sentimientos por Ron para verse afectada así por Malfoy.

Y entonces Malfoy ya no estaba más.

En silencio y sin entenderlo del todo Hermione se puso a llorar.

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Finalizará
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