DISCLAIMER: Soul Eater no me pertenece. Es la obra de arte escrita y dibujada por Atsushi Ohkubo. Tampoco sus personajes me pertenecen.

ADVERTENCIA: Este fic contendrá capítulos completamente Lemons, es decir, con alto contenido sexual explicito. Menores de edad por favor absténganse de leer o bien, leer bajo su propia responsabilidad. A quienes el Lemons no les guste, pues queda criterio de cada uno la lectura de este tipo de fic.

Por eso mismo tendrá Rating "M".

Espero puedan dejar reviews. El apoyo y las críticas solo hacen de nosotros mejores escritores. ¡Besos a todos!

Incubo

"Íncubo (del latínIncubus, in, 'sobre' y cubare, 'yacer') Elemento o espíritu demoníaco de sexo masculino que, según la tradición popular y la demonología, se posa sobre su víctima mientras esta duerme para mantener relaciones sexuales con ella."

PROLOGO

"Pesadilla"

Dirigió sus cristalinos ojos verdes hacia el cielo un poco preocupada mientras una mano gentil se posaba en su hombro.

-Es la tercera vez en esta semana…-murmuro la recién llegada también con su mirada azul vuelta hacia el cielo.

-Si… asusta un poco ¿no?

Tsubaki asintió sin despegar sus ojos del cielo, donde millones de luces brillantes lo surcaban de par en par-mamá dice que son los indicios del cielo, de que el mundo está llegando a su fin-se sonrió-claro, son solo supersticiones.

-Mamá es Católica ferviente, cree que el día del advenimiento ya está llegando, está abocada a orar el rosario todas las noches, ha intentado convencerme, pero creo que si antes no me acerque a Dios no creo que la hipocresía del miedo me haga hacerlo ahora.

-Creo lo mismo-le corroboro su amiga-mamá insiste que los Dioses están exaltados, los astros se han alineado en perfecta comunión con el Dios del caos y el sufrimiento, cree que algo grande se avecina.

-Bueno no se la puede culpar por creer en eso ¿no? Después de todas las muertes que han ocurrido.

-Si eso me sorprende…-agacho la cabeza con tristeza-supiste que cerca de mi casa un hombre mato a toda su familia, mamá no me dejo ver los noticiarios y escuchar los chismes de las señoras.

-Si lo supe…-suspiro-el hombre decía que una voz lo había obligado a hacer esas atrocidades.

-Bueno-murmuro Tsubaki mirando el cielo nuevamente-si ha llegado el fin del mundo y he de morir, lo voy hacer sabiendo que mi corta vida fue buena y fui muy amada.

-Lo mismo digo.

Ambas se sonrieron. Tsubaki Nakatsukasa, era la mejor amiga que Maka Albarn podía tener. Era una joven de espíritu suave y delicada personalidad, amable con todos y muy tolerante. Tenía siempre una palabra de ánimo y una sonrisa de consuelo en sus labios, Maka no tenía nada de qué quejarse con respecto a ella. El destino las había unido el primer día de clases en Shibusen, un internado mixto donde los primeros dos años pasaban enclaustradas en las habitaciones compartidas, por suerte para ambas les había tocado compartir un cuarto juntas y desde allí se habían hecho muy amigas.

Ahora dos años después, desde los últimos incidentes y debido al aumento progresivo de la delincuencia y homicidios en Death City, habían regresado a sus casas por órdenes directas de sus familias.

El miedo era respirable y casi se podía tocar. Parecía suspendido en el aire como un virus a punto de colapsarlo todo.

-Mamá me trajo-le comunico Tsubaki cerrando la ventana-le da miedo que ande caminando sola por las calles a pesar de que no vivimos tan lejos.

-Mamá habría hecho lo mismo, está muy asustada, hace unas horas hablo con mi padre por teléfono, eso la puso muy intranquila.

-¿Tu padre trabaja con Shinigami-sama? ¿No es el supervisor del profesorado?

-Así es, le tiene un respeto supremo al director, casi lo cree un Dios.

-Mi madre también lo respeta mucho, una vez que le pregunte ¿Por qué? Me respondió que hay cosas que es mejor no saber.

-Sí, lo he notado, hay mucho secretismo rondando al director.

-Bueno…-volteo observando el colchón preparado en el suelo donde siempre dormía cuando se iba a quedar en casa de su amiga-será mejor dormir.

-No tengo sueño.

Tsubaki la observo detenidamente. Desde hace unos días notaba a su amiga mas pálida y reservada de lo normal, claro que ella sabía que se debía a los constantes sueños que estaba teniendo-¿Sigues soñando?

-Si-contesto-esos sueños no se detienen, no he podido dejar de pensar en ellos, Tsubaki-escondió su rostro entre las manos. Las ojeras marcadas de sus ojos le daban un aspecto enfermizo y preocupado.

-Son solo sueños Maka.

-Lo sé, por eso mismo pienso que tal vez tengo un problema psicológico. No he querido decirle a mama, no quiero preocuparla.

-No creo que sea eso-le sonrió-tranquila, todo estará bien.

Se recostó tapada con sus sabanas hasta el cuello, cerró los ojos levemente y los volvió a abrir intentando no dormirse, pero luego se rindió. Tsubaki tenía razón, eran solo pesadillas, y las pesadillas no se cumplen.

Despertó agitada, un poco sorprendida y hasta algo molesta consigo misma. Volvía a tener aquella pesadilla. Si su sueño fuera normal, donde no tuviera que sentir vergüenza al despertar se sentiría mucho mejor, sin embargo no era así. Estaba avergonzada de no poder controlarse.

Los sueños comenzaron una noche como cualquier otra, se había sentido de pronto muy cansada he ido a acostar más temprano de lo normal, su madre pensó que tal vez estaba enferma, así que no se lo impidió, paso a verla una hora después y ella dormía tapada hasta el cuello con un sueño tranquilo. Ya de madrugada abrió los ojos en un estado de semi conciencia y se volvió a dormir.

En su sueño, ella caminaba por un campo dorado de trigo maduro, brillaba rojizo ante la luz del atardecer, sabía que iba tarde a su casa, pero no le importo. De pronto en medio del trigal apareció la sombra de un hombre, no lo pudo distinguir aun estando a unos pasos de él.

Sabía que era alto, que tenía el cabello muy largo y se mecía por la briza nocturna, también sabía que tenía el cuerpo formado y estaba desnudo.

El sonrojo no se hizo esperar.

De pronto se sintió terriblemente asustada al verlo avanzar hacia ella y sentir el golpe contra la tierra dura y recalentada. Las semillas de trigo volaron a su alrededor brillando como pequeñas luciérnagas. Intentó gritar, sacudirse y retorcerse, pero no pudo hacerlo, estaba paralizada en su sitio sin poder mover un solo musculo, siendo salvajemente violada por el desconocido.

Esa situación debería haberla aterrado, pero si tenía que ser sincera, lo disfrutaba, sentía placer y cosas que jamás pensó que sentiría en su vida.

El sueño era el mismo siempre, a veces cambiaba de escenario, un bosque siempre verde, un lago de aguas cristalinas iluminadas por la Luna, una casa antigua abandonada, un parque al amanecer y una vez, un cementerio a medianoche, bañado de plata, tan lúgubre que aun ahora le daba terror recordar las escenas de aquel sueño. Daba lo mismo donde fuera, la sombra del hombre era siempre la misma, así que pensaba que se trataba de una misma persona, nada cambiaba, él la sometía lo que parecían horas y luego se despertada agitada mientras la vergüenza se apoderaba de ella.

Ella por supuesto era virgen. No conocía los placeres de la carne porque no le interesaban y porque también no tenía novio.

Entonces ¿Por qué soñaba esas cosas?

No se consideraba la típica chica tonta de 15 años que conversaba con sus amigas de sexo como si fueran expertas, de hecho, en su grupo de amistades la única que sabía lo había hecho era Liz y ella tampoco les hablaba de eso.

"Son muy jóvenes aun para interesarse por el sexo" Les decía siempre protegiéndolas de los chicos que al fin y al cabo no eran más que niños jugando a ser hombres.

Trato de controlar aquella sensación palpitante en su entrepierna convenciéndose a sí misma de que aun no estaba preparada para tener sexo y si alguna vez lo tenía, seria con alguien a quien amara. Bueno también tenía que admitir que ese era el sueño de toda chica de su edad y la realidad dictaba mucho de parecerse a ella.

Miro la hora en su reloj de mesa, la pantallita brillaba tenuemente en la oscuridad haciéndole saber que eran las 03:00 AM. No se sorprendió esta vez, todas las noches desde que venía soñando aquellas cosas se despertaba a esa hora.

Bajo su cama, en el colchón, Tsubaki parecía dormida, pero solo le bastó un pequeño movimiento para saber que en realidad estaba despierta.

-¿Otra vez ese sueño?

-Si-dijo simplemente con congoja-no quiero tenerlos, estoy asustada.

-Ya verás que con los días se detienen, es natural que algunas veces soñemos ese tipo de cosas, está en nuestra naturaleza-le sonrió consolándola-somos adolescentes y las hormonas nos juegan malas pasadas, ya verás como dejaras de soñar y regresaras a la normalidad en poco tiempo.

-Ojala sea así.

-Tranquila Maka…

Tsubaki se sonrió y luego recostando su cabeza en la almohada se durmió casi enseguida, pero Maka no podía dormir, algo le decía que aquellos sueños no eran normales y que su enfermiza fijación en ellos era producto de algo más.

Tal vez estaba enloqueciendo y tenía una de esas enfermedades psiquiátricas de la que su madre, que era Psiquiatra, siempre hablaba. Cerró los ojos conteniendo un gemido de frustración para luego quedarse profundamente dormida.

En medio de la noche, él caminaba por las calles vacías y algo húmedas producto del rocío de madrugada, sus pasos avanzaban amortiguados por una cadencia exasperante de alguien que confía plenamente en todo lo que lo rodea. Se detuvo observando la fachada de una casa de dos pisos, un bonito balcón daba a la calle y se iluminaba tenuemente por una lamparilla de vela que se consumía con gran parsimonia.

Se sonrió curvando sus labios en una mueca de lado, algo burlesca y dejaba a la vista un juego de blancos y puntiagudos dientes de tiburón. Para quien lo viera, enfundado en una capa de viaje negra con capucha, diría que era algún delincuente renegado, algún prófugo de la justicia que venía a hacer de Death City su nuevo hogar, sin embargo, su porte elegante con las manos descansando en los bolsillos de la chaqueta que escondía bajo la capa, su físico hechizante, bastante alto, de manos largas y pálidas, refutaba drásticamente la idea de un delincuente.

Aspiro el aire con fuerza, llenando sus pulmones en todo su ancho.

-Ya casi…-murmuró con voz ronroneante, muy poco apropiada para alguien que observa la fachada de una casa a las afuera de la ciudad. Volteo caminando hacia una niebla espesa y blanquecina que se levantaba durante la madrugada, se perdió en la noche mientras tarareaba una melodía desconocida y una sonrisa sincera surcaba sus finos labios.