Hola a todos!

Bueno, vengo con otro fic de los mios. Hay, ¿qué sería yo sin mis JackxGlen?

Este fic salió de mi cabeza una tarde de verano en la que me aburría demasiado pensando en teorías del manga. ¿Quién no tuvo una de esas?.

Es mi primer fic que no sea un one-shot, por lo que espero cumplir con los tiempos y poder escribir seguido, así no las tendré a la espera tanto tiempo (que sé por experiencia propia que es horrible). Como ya tengo dos capítulos terminados los subo juntos, así los voy publicando a la par aquí y en un foro que tengo de PH por la gran internet. Si quieren saber cual es me mandan un MP.

Espero que a todas/os les guste...

Nos leemos en el próximo ;D

Disclaimer: PH ni ninguno de sus personajes me pertenece. Son de la gran mangaka Jun Mochizuki-san.


Ambos venían dando tumbos por el pasillo entre risitas y besos de pared en pared. No es que estuvieran borrachos sino todo lo contrario, solo que no podían separar sus labios de los de el otro. Entraron rápidamente, casi sin hacer ruido y la puerta de su habitación se cerró de un portazo. Todo lo que las mujeres decían de Jack Vessalius era verdad, aunque a él le diera igual su reputación. Suponía que ellas lo decían por despecho o celos, después de todo, el era un lobo vestido de cordero.

Un lobo que había capturado a su presa de esa noche...

Sonrió a la vez que giró el pomo de la puerta para trabarla y tomó la mano de la muchacha delicadamente, adentrándola en aquel mundo de colores cálidos y luz tenue. Toda aquella cortesía y caballerosidad que había aparentado por un momento, se esfumó en cuanto la tiró sobre su cama, y lo mejor de todo era que la muchacha no se oponía a lo que hacía, es más, ella también dejó de aparentar aquella frágil personalidad. Ambos sabían para que estaban allí, y en ese momento predominaba la pasión a el sentimentalismo.

Pero todo esto no quiere decir que Jack fuera una persona fría, solo que si no pensaba con claridad sería imposible acercarse a una mujer en su vida. Él generalmente se dejaba llevar por sus sentimientos y esa era su debilidad: nunca se callaba lo que pensaba., preguntaba todo lo que no entendía y cuestionaba lo que le parecía injusto. Por ello se llevó la desaprobación de muchos nobles y se ganó la confianza de muchos otros, solo por ser "diferente" de los demás.

Pero su verdadero problema eran las mujeres. Algo raro le pasaba cuando se acercaba a alguna muchacha. Sentía como la sangre se le agolpaba en las mejillas y perdía el sentido de algún modo. El "Gen Vessalius" decía su tío entre risas. Pero esta vez se creía un hombre afortunado: era una de las pocas veces en la que su suerte con las damiselas era buena, y debía aprovecharla al máximo esta noche -a la suerte, claro está-.

Jack miró a Mery a los ojos, esos ojos chocolate en los que veía a aquella persona que le quería más allá de su dinero o su posición social. La invitada miró a su alrededor, haciendo un rápido reconocimiento del lugar que terminó en la cama en la cual se encontraba. Esta tenía sabanas de seda, de un azul marino precioso. Por un momento su corazón paró de latir al verlo tan cerca suyo, besando y mordiendo su cuello de aquella forma. Por un momento dudó en saber en lo que se estaba metiendo, pero en cuanto volvió a besar los suaves labios del joven cayó en la trampa. Jack sonrió entre dientes al darse cuenta.

Por un momento se sintió volar. La abrumadora sensación de sentirse querido por alguien de esa forma inundó su corazón, haciendo que fuera imposible parar en cualquier momento. Disfrutó cada caricia por parte de su acompañante como si fuera la última, cada beso como si fuera el primero y cada mirada como si fuera efímera. Pero lo que más disfrutó fue desvestirle, quitarle todo aquel adorno en su piel para dejarla expuesta solo para él. Le quitó el corsé despacio, sabiendo como sufre una mujer al ponerse aquella atrocidad de prenda. Lo mismo que con el corsé hizo con las demás prendas, acariciando cada parte de piel descubierta. Ella, en cambio, ignoraba toda delicadeza al quitarle la ropa. Parecía desesperarse por momentos, pero todo ello le gustaba a el chico.

Todo iba muy bien, pero un capricho del destino haría que las cosas se dieran vuelta en esta historia. El tiempo pasó rápido entre aquellas cuatro paredes. Cuando se dieron cuenta se encontraban en un momento crucial. Sus caras estaban rojas y sudaban mucho, pero todo ello no se comparaba con el placer que sentían. El rubio ya no contenía lo que sentía, aquel deseo podía con él. Gimió quedo, pero lo suficientemente claro como para que la chica lo ollera. En cuanto ella escuchó las palabras de los labios de Jack no dio crédito a lo que había escuchado, y el pobre sintió que su mundo se venía abajo. Todo lo que le había costado estar con ella para arruinarlo con una sola palabra. Su rostro se volvió con una mueca de preocupación mientras el de la joven comenzaba a tornarse con una expresión colérica.

-¡¿Quien es Gwen?- gritó, dejando que su voz se ollera hasta el extremo del pasillo. Mery comenzó a murmurar insultos entre grito y grito mientras se vestía ella sola, o eso intentaba. Jack suspiró aliviado de que no hubiera escuchado lo que en realidad dijo, pero por otra parte no tenía idea de lo que debía hacer. Su cabeza era un hervidero de pensamientos que se entrecruzaban mientras seguía sentado en el borde del camastro. Entonces se decidió a ayudarla, extendiéndole su mano.

-¿Quieres que te ayude?- preguntó temeroso de su respuesta.

-¡ Dejame, idiota!... tendría que haberle hecho caso a mi prima, tu no eres un buen hombre. ¡¿Me engañas con esa tal Gwen?. No hace falta que me respondas, digas lo que digas se que es así, eres un idiota, un idiota, un idiota... - Y así seguía su sátira de insultos hasta que salió de la habitación dando un portazo, sin siquiera un "adiós". Jack se tiró sobre la cama, suspirando y dándolo todo por perdido.