Hola denuevo!

Aquí les dejo el segundo capítulo. ¿A que tienen curiosidad de saber qué le va a pasar a Jack ahora? XD

Advertencia: este capítulo contiene lemon (claramente uno de todos tenía que ser)


Últimamente, todo le parecía demasiado aburrido. Había llegado a la mansión, citado por su amigo a la hora acordada. La noche ya se había hecho presente mientras viajaba desde su palacio hasta la mansión Vessalius. Bajó del carruaje y se dirigió a la entrada, caminando con su pesadez característica. Cuando estuvo a punto de llamar a la puerta, esta se abrió automáticamente, surgiendo un séquito de criadas del lugar que salían corriendo. Glen se quedó extrañado ante la primera impresión. Meditando sobre ello, pasó hacia el recibidor, y sin que nadie le hiciera caso, subió las escaleras que conducían a la habitación de Jack. Ya había estado allí en algunas fiestas y conocía el lugar. Llegó a la habitación y golpeó la puerta, sin rastro de vacilación en sus gestos. Se quedó allí, esperando alguna respuesta, pero todo hacía parecer que no había nadie. Volvió a insistir. Entonces escuchó con claridad su voz, desde el otro lado.

-No quiero hablar ahora- dijo, con aire pesimista. Glen se apoyó sobre la puerta, tratando de escuchar algo más desde donde se encontraba.

-Soy yo- Cuando Jack escuchó la voz se estremeció. Podía esperarse a cualquier persona tratando de curiosear en su intimidad, pero había olvidado completamente que Glen vendría esa noche.

Envuelto en una sábana se levantó de la cama hasta llegar a la puerta, abriéndola. -Pasa... - dijo débilmente. Glen entró despacio, cerrando la puerta detrás de si y apoyándose en esta.

-¿Qué pasó?- preguntó. Jack suspiró, observando la ventana con el rabillo del ojo.

-Lo de siempre. Siempre termino por espantarlas. No lo entiendo...

Glen no dijo nada, estaba distraído, observando el desorden de la habitación y la ropa en el suelo. Su amigo recordó lo sucedido, aquel error horrible, y su corazón dio un vuelco. Qué ironía más grande. Entendió que su silencio era una clara petición de que continuara, y así lo hizo.

-Iba todo bien, solo que mencioné el nombre de alguien más y ella se enfadó conmigo- Glen comenzaba a creer que aquel ser estaba condenado a arruinarlo todo con solo pequeñas cosas. Le buscó para darle una mirada de reproche, pero no estaba allí. Le encontró frente al gran ventanal de su habitación, observando hacia afuera solo para evitar aquellos ojos violáceos.

Jack parecía un ángel. Su cabello caía suelto por su espalda mientras hilos de oro se colaban hacia adelante, apoyándose en sus hombros desnudos. Su piel parecía de mármol blanco, aunque reflejaba una calidez extraña y la sábana con la que apenas se cubría la cintura por momentos parecía no existir, dejándose entrever el contorno de su cuerpo. Sus ojos verdes parecían resaltar como los de un felino sumergido en la noche más obscura, al asecho, mientras su boca hilvanaba palabras que no llegaban a sus oídos. Era la imagen más inspiradora que había tenido. Entonces el rostro del observado pasó de ser de completa serenidad a confusión.

Volvió a la realidad de golpe y el dulce silencio a su alrededor se esfumó en el aire.

-Glen, ¿Qué te pasa? - preguntaba reiteradamente. -¿Te sientes mal?

-No pasa nada Jack... - respondía, dejando aquella frase a su entendimiento. El más pequeño de los Vessalius sonrió y se acercó, indicándole que se sentara sobre la cama para mantener una conversación. Conocía sus mentiras piadosas para con los demás.

-A ti te pasa algo, y no me digas que estás cansado porque se que hoy no has hecho nada. Los domingos solo te la pasas leyendo en el bosque – dijo, con cierto tono burlón. Glen se negaba a hablar. No pensaba gastar sus palabras en replicaciones sin sentido que el rubio no escucharía. -Si quieres puedes hablar de ello conmigo- insistió, sonriéndole dulcemente, con toda confianza. La calidez de aquella sonrisa fue mayor que toda la que había recibido durante su infancia.

-¿Quien era ese alguien más?- preguntó con curiosidad, toda la que podía mostrar una persona como él sin que su amigo se lo esperara. La respuesta de Jack fue rotunda.

-No voy a decírtelo.

-¿Seguro que no lo harás? -preguntó decepcionado, clavando su mirada sobre la del rubio.

-No voy a hacerlo- respondió con confianza.

Glen tomó el rostro de Jack con una de sus manos y se acercó demasiado a el. Demasiado como para que sus intenciones fueran buenas. Jack, siguió mirándole de la misma forma.

-Ya lo veremos... - susurró el pelinegro, rozando sus labios, lo que logró que Jack se estremeciera mínimamente. Glen sonrió al ver aquella reacción. Le encantaba jugar con él. Empujó a su amigo sobre la cama, dejándole vulnerable tras ponerse sobre él. En sus ojos verdes no vio nada más que una petición de desafío. Glen le miró por un largo tiempo, pero Jack pensaba que todo era un juego y desistió al cabo de un rato, apartando su mirada y riendo de forma natural.

-Siempre ganas este tipo de juegos contra mi... que tal si...

El primer beso de tantos otros llegó en aquel momento. Jack no se lo esperó, solo vio que después de un tiempo esperando su respuesta el moreno solo le miraba. Los labios de su amigo se estrellaron contra los suyos y poco más pudo hacer. Glen le besaba con ansia y sin contenerse, pero Jack tardó en corresponderle, como si no entendiera lo que pasaba. Abrió sus labios de mariposa ligeramente, cayendo en la tentación que inspiraban sus ojos. El mayor entendió aquel gesto y deslizó su cálida lengua en la abertura, disfrutando de aquella boca en la que se aventuró a explorar, topándose con la lengua del rubio y danzando con ella. El Vessalius seguía aturdido, pero no podía negar que le encantaba dejarse llevar. El beso cambiaba de intensidad con el tiempo, tornándose desesperadamente torturador el tomar aire durante un segundo. Posó sus manos sobre las mejillas ajenas, intentando que su amigo se desplomara junto a el. El efecto tardó unos tres minutos en aparecer. Ambos siguieron besándose por un tiempo, dejándose llevar en aquel vaivén.

Glen apartó el cabello corto del cuello del rubio y lamió la zona, logrando que el otro suspirara levemente. Quería provocarle aún más. Volvió a besarle y aprovechó para morderle el labio inferior con suavidad. Jack le miraba con sed en sus ojos, probablemente de venganza. Sonrió maliciosamente por primera vez. Todo iba como esperaba. Continuó, bajando por su cuello hasta las lineas tan tentadoras que dibujaban su clavícula, perdiéndose en ellas, lamiendo y besando cada centímetro de piel que se erizaba entre quejidos de aquella boca que se resistía a perder el reto. Glen regresó a la altura de su amigo, dejando un rastro de saliva al repasar el perfil de su cuello, llegando hasta su mentón. Le miró a los ojos y pudo adivinar el disfrute que supuraban sus pupilas. No se resistió y le besó ligeramente en los labios.

-Eres terco... ríndete de una vez- susurró en su oído para luego morder el lóbulo con suavidad. Jack sonrió y se apartó de él.

-Oblígame

Era su turno ahora. Le hizo tenderse sobre el lecho mientras le besaba con pasión, una pasión que abrumaba por momentos a Glen. La unión de sus labios era perfecta, se arrepentía de no haberlos besado antes. Sonrió juguetonamente tras posarse sobre el. Se adentró en su cuello dejando un nido de besos y mordiscos mientras este permitía que sus manos recorrieran su cuerpo desnudo. Las caricias provocaban un nudo en su estómago, excitandole. Entonces aprovechó la situación y comenzó a desabotonarle la camisa desde abajo.

Al pelinegro le sorprendió la iniciativa que estaba tomando su amigo... debería hacerlo más seguido. Detuvo sus caricias y apartó las manos de Jack con brusquedad. El pobre, que no entendía su actitud le miró a los ojos, en busca de un motivo.

-No me desvistas como si fuera una mujer- Las palabras sonaron secas y frías en sus labios, pero Jack sabía captar el verdadero sentimiento.

-Quizás no deberías quejarte tanto- dijo a escasos centímetros de su rostro. "Glen no quiere que le trate como a cualquier persona, menos como a una mujerzuela de alcoba, todo aquello lo entiendo. Pero parece no estar satisfecho, tendré que trabajar en ello" pensó.

Mirándole a los ojos siguió haciendo lo que Glen había interrumpido solo que esta vez con la boca, forzando a los botones a desabrocharse o ser arrancados. El amo de los Baskerville se estremecía al sentir el choque accidental de la lengua de el rubio contra la piel de su estómago. Una vez fuera la camisa se dispuso a acariciar aquel torso perfecto en el que los músculos asomaban tímidos entre suaves lineas. Sus manos llegaron hasta los pezones, los cuales comenzó a succionar y retorcer entre sus dedos. Glen no pudo evitar que un gemido saliera de sus labios involuntariamente. Realmente estaba perdiendo el control. A Jack le pareció muy lindo y rió disimuladamente al escucharlo. El pelinegro vio aquello y se avergonzó. Que Jack se riera de él le parecía de otro mundo, y menos por una cosa como aquella. Evitó su mirada por un tiempo hasta que notó como le estaba quitando los pantalones. Le miró, sorprendido mientras parecía concentrado en la tarea, tratando de no ser absurdamente delicado ni demasiado vasto. Tras dejarle en ropa interior se deslizó hasta su estómago, bajando entre besos poco a poco.

-Jack, no tienes por qué hacerlo- susurró, apartando con cuidado la cabeza de su cuerpo. Los ojos de Jack le invadieron otra vez, afilados y brillantes. Solo dijo un par de palabras.

-Deseo hacerlo.

No le creía, sus palabras no podían ser ciertas. Hasta el momento había pensado que estaba jugando con él, pero no era así. Sin darse cuenta su pulso se aceleró más de lo que le gustaría admitir y comprendió. Hacía tiempo que ya no jugaban. Volvió a observar al Vessalius, quien con sus labios había llegado al borde de la única prenda que llevaba. Mordió la tela, estirándola y la soltó, haciendo que le prestara atención. Ambos cerraron los ojos, uno tratando de quitar toda idea de su mente y el otro concentrado, intentando dejarse llevar. A su juicio dejo la identidad de cada quien.

Glen arqueó la espalda y gimió al sentir el primer contacto. Jack apoyaba la lengua contra la tela, humedeciéndola sobre la excitación, sintiendo el calor tras esta. Fueron torturadores aquellos minutos. A medida que aquella caricia se iba distribuyendo por la zona la respiración del afectado comenzaba a cambiar de ritmo. En cuanto quedó desnudo por completo y Jack se apoderó de su miembro ya no podía contenerse. La humedad y el calor de su boca le volvían loco, y la textura de su lengua contra la piel le fascinaba. Era increíble lo que le hacía sentir. Ya no le importaba que para si mismo sonara ridículo al gemir por más, aunque fuera despacio y produjera más quejidos que otra cosa. Solo deseaba que Jack no parara en ningún momento. Sentía su lengua subir y bajar con avidez, cada vez más rápido, besando, lamiendo, chupando como si el mismo fuera un dulce, sintiendo un calor que le ardía en las venas.

-Jack... voy a...ah... ¡para!... ¡ah! -jadeó desesperado entre gemidos, arrastrando sus pies por el colchón. Jack no parecía hacerle ningún caso, permanecía con los ojos cerrados, ajeno al mundo. Glen sintió la presión de sus labios y no pudo más. Logró que se apartara en el último momento, antes de dejarse ir, empujándole con fuerza.

Jack se quedó sorprendido. No sabía si era por la actitud tan osada que adoptó en aquel momento o por el estado en el que se encontraba su amigo: irreconocible. Respiraba con dificultad, sus ojos permanecían cerrados y con un poco de rubor, aún disfrutando de la dulce sensación. Era digno de un cuadro. El muchacho de ojos esmeralda se acercó solo un poco, preocupado.

-Glen... ¿estás bien?

-¿Que si estoy bien?... jeje... - dejó escapar una pequeña risa traviesa. Jack se sentó entre las sábanas, risueño y aliviado. Entonces no se dio cuenta de que Glen se había movido de su sitio, solo lo percibió al sentir todo su peso sobre él. Se miraron por un segundo, al siguiente el de ojos violáceos se encontraba ocupado con los cálidos labios del otro, que solo se dejaba caer en aquella especie de dulce locura que comenzaba a experimentar. Le rodeó con sus brazos, arrastrándole con él a sentir lo mismo, intensificando cada sensación perceptible, dejándose llevar por el otro en un baile imposible de bailar por una sola persona.

Las manos del Baskerville se posaron en las caderas de Jack, acariciando cada pliegue de su piel, bajando poco a poco a sus blancos muslos, sintiendo cada estremecimiento del rubio, que se quejaba contra su oído a propósito. Le conocía y sabía que le excitaba mucho. Siguió bajando con sus manos por sus piernas hasta que su posición no se lo permitió. Quería seguir, por eso se sentó entre las piernas de Jack, que no respondía. Su lengua se dedicó a rehacer el recorrido de sus manos, viendo como se tensaba la piel y escuchando los quejidos, llegando hasta la parte posterior de la rodilla donde tras un tiempo Jack comenzó a reír.

-¡Para, para Glen!... ¡me haces cosquillas!- dijo de tanto en tanto. Cuando Glen creyó que era suficiente volvió tras su camino repartiendo besos, haciéndole suspirar. Su corazón era un remolino.

Una vez volvió a su posición anterior vio a Jack tan indefenso que no se resistió. Se colocó sobre su cuerpo moviendo sus caderas contra las de su amigo de una forma torturadoramente lenta, pegándose a su cuerpo. Un gemido de ansiedad escapó de los labios del menor, queriendo más, implorando por ello al mover las caderas de forma desesperada. Le torturaba la tentación que provocaban sus ojos, que parecían devorarle con la mirada. Era un deleite para el amo de los Baskervilles verlo suplicar, verlo sufrir... rogando por él. Aumentó la intensidad del movimiento y con el los gemidos de Jack que daban a la atmósfera un calor ardiente. Paró en seco al despejar el rostro de los hilos de oro y descubrir la excitación acumulada en los verdes ojos y en todo su ser. Ya no podía seguir con ello...

Su cuerpo fue arrastrado sobre la cama hacia arriba, apoyando la espalda contra la pared. Se sentía incómodo, pero poco le importaba. Glen le susurró algo imperceptible al oído, haciéndole ronronear como si fuera un gato mientras cerraba los ojos y sonreía. El pelinegro aprovechó el hecho para acortar las distancias entre ambos, indicándole con unas cuantas caricias al indefenso que rodeara su cuerpo con sus piernas y brazos, manteniéndole en el aire.

Jack estaba impaciente, sabía lo que vendría y no hacía más que desearlo. Se estaba volviendo loco, la excitación le mataría. Glen acercó tres dedos a su boca, a los que permitió la entrada, lamiéndolos con suma lujuria. El joven de ojos violáceos se estremeció. Se acercó a su oído, sacando los dedos de aquella cavidad.

-Quiero apoderarme de la suave música de tus labios... así que solo gime para mi... - susurró con voz ronca pero endemoniadamente sensual.

El primer dedo se introdujo en la entrada del rubio, al que el placer le tiñó las mejillas de rojo y no le dejaba hablar. Un gemido fue lanzado al ambiente, haciendo temblar a ambos. El sonido era espectacularmente armonioso. Glen movió el dedo en pequeños círculos, expandiendo su interior mientras lamía sus pezones erectos y rozaba su excitación contra su cuerpo. Su amigo sintió el calor contra su estómago y corrientes eléctricas le erizaron la piel. Deslizó una mano y le acarició la punta con los dedos, haciendo que los gemidos emergieran de la boca de Glen. Respiró hondo y se aferró a su cuello al sentir un dedo más. Lanzó una especie de suspiro caliente a su oído, que este respondió de la misma forma. Ya sus piernas empezaban a ceder junto con su cuerpo, que le pedía placer a gritos.

Un dedo más, el último, hizo que el movimiento fuera más rápido, saliendo y entrando con desesperación, lubricando por completo a Jack que comenzaba a tener espasmos al mismo ritmo que las ondas de placer le invadían. Glen resopló contra su oído y sus caderas comenzaron a moverse al compás de las del Vessalius.

-Estás tan excitado que no te has percatado de ello... - le dijo cerrando los ojos, lamiendo los tres dedos mientras seguía embistiéndole muy despacio. Al cabo de unos momentos de intentar pensar lo entendió.

-¡¿Qué?- dijo sorprendido. ¿Cuando lo hizo?. Glen dejó asomar una sonrisa suave y abrió los ojos por unos momentos, encontrándose cierta desilusión en el rostro del otro.

-Eso quiere decir que hice bien mi trabajo... ¿Sucede algo?- preguntó con serenidad, dejándose llevar por la dulce y húmeda sensación de sentirse dentro de él. Jack le observó fascinado, no parecía Glen Baskerville, pero a la vez seguía siendo el mismo. Sonrió con melancolía en su voz, algo que comenzaba a ser normal.

-Lo hiciste bien, solo que me habría gustado sentir un poco de dolor... -soltó la frase ligeramente, como si fuera una anécdota. Su amigo no le respondió, no planeaba hacerlo. Lo que había dicho le parecía una tontería y le molestó, necesitaba quejarse de algo siempre. Entonces Jack se sintió caer despacio entre la pared y Glen, que volvió a abrir sus ojos, mirándole como si estuviera bajo un hechizo. Le tumbó contra el colchón y comenzó a embestirle un poco más fuerte de lo normal, viéndose una mueca de dolor en su rostro.

-¿No querías que doliera?- dijo con ironía, continuando con ello.

-¡Glen!... para... pa- rogó Jack siendo interrumpido.

-No deberías quejarte tanto... eso me dijiste tu- respondió con autosuficiencia en su voz.

-Está bien... lo siento...- suplicó dejando de oponer resistencia, extendiendo sus brazos contra la superficie blanda y formando un puente con su cuerpo por el que el sudor de su torso fue bajando en forma de pequeñas perlas, dándole un aspecto apetecible. Le había herido con aquellas palabras que inocentemente pronunció. Entonces llegó a comprender la relativa fragilidad que albergaba el alma de una persona.

Glen bajó el ritmo poco a poco hasta que los quejidos de dolor de Jack comenzaron a denotar cierto disfrute por su parte. Poco a poco fueron volviéndose gemidos tan cargados de placer que Glen se dejó llevar de una vez por todas. Jack hacía lo posible por mantenerse en su sitio aferrándose a cualquier sábana, pero era imposible. De repente un jadeo fue arrancado de su garganta y su espalda se arqueó de una forma inesperada. El pelinegro había llegado a su punto de placer, volviéndolo loco, sintiendo tantas sensaciones como olas en el mar, golpeándole, arrastrándole, haciéndole adicto a ello, queriendo más todavía.

Y de pronto se sintió flotar... literalmente.

Intentó encontrar algo en lo que apoyarse, pero la mitad superior de su cuerpo estaba suspendida en el aire, cayendo poco a poco de la cama con cada embestida. Buscó con desesperación la mirada de Glen, pero se encontraba con los ojos cerrados, relajado y fuera de la realidad.

-Glen... - susurró después de un gemido violento. El susodicho se encontró con la situación y no tardó mucho en comprenderle, pero... desde ahí tenía una vista tan excitante de Jack... Apoyó una mano contra el suelo, haciendo que el rubio le rodeara con sus brazos, cayendo poco a poco a la vez, enredados el uno con el otro.

En cuanto Jack apoyó su espalda contra el suelo sintió todo el frío contrastando con el ardor de su piel. Glen le mordía el cuello, demostrándole el deseo que sentía con cada estocada violenta, volviéndolas cada vez más constantes, más intensas, más profundas. Jack buscó sus labios con desesperación, besándole con desenfreno, tomándole de las caderas y guiándole en el ritmo.

-Más... Glen... ¡ah!... más... - decía en cada gemido y jadeo, tan musicales a oídos de ambos, perdidos en el cuerpo del otro, besando, y lamiendo, haciendo más fuerte el sentimiento que de ambos escapaba cada vez que se rozaban. Sintiéndose acabar dentro de poco tiempo, volviéndolo todo tan desesperante, sintiéndose lo único importante y existente en el universo. Glen llegó de nuevo a aquel lugar, haciéndole gritar mientras su espalda se arqueaba, cerrando los ojos y viniéndose de una vez. El de ojos violeta siguió con el vaivén durante unos momentos hasta venirse el también entre jadeos.

La mente de ambos estaba en blanco, un blanco más puro que el color de la nieve. La respiración entrecortada era lo único que se escuchaba en la habitación. Uno tendido sobre el otro, con la mirada perdida en otra parte. Jack se atrevió a rodear con sus brazos a su amigo, con calidez en sus gestos y una sonrisa. Glen le miró por un tiempo, no entendía como podía estar tan feliz sabiendo lo que les esperaba a ambos. Le besó en los labios con ternura y tristeza mezcladas en ellos.

-Ya lo sé... no hace falta que lo digas- dijo de repente el menor de los Vessalius. Estar juntos no era una posibilidad. El era Glen Baskerville, el guardián del Abyss. No podía perder el tiempo con amoríos tontos. Por otra parte ambos eran hombres. Era impensable, ambos lo comprendían. Por mucho que les pesara las cosas debían ser así.

Glen salió de Jack despacio, temiendo dañarle. Después se separó de su cuerpo despacio, pretendiendo levantarse.

-Jack, tengo que irme, pa- dijo antes de ser interrumpido por un abrazo de Jack, un tanto impulsivo.

-¡No te vallas!... por favor, tu tampoco te vallas- dijo con tristeza y desesperación en su voz. Los recuerdos tan dolorosos de su vida le golpearon con fuerza, dejándole expuesto. No quería volver a estar solo. No como siempre. -Por favor... - volvió a suplicar en voz baja. Glen se sorprendió, no se había esperado eso de él nunca. Conocía Jack como si fuera él mismo, pero había momentos en los que nada de lo que él creía cierto era la realidad. Se volvió a recostar en el suelo, atrayendo a Jack contra su pecho.

-No voy a irme... tranquilo- susurró despacio. -Pero antes quiero saber algo-

-¿Qué?- preguntó. Había despertado su curiosidad.

-¿Esa otra persona que mencionaste soy yo?- Jack bajó la cabeza, asintiendo avergonzado. Glen volvió a sonreír. Jack intentó ocupar su mente en otra cosa, por lo que buscó con sus manos algo mullido que usar de almohada. Por suerte encontró una al borde del precipicio de su cama. La tomó y se la pasó a Glen quien la colocó tras su cabeza. Una vez Jack volvió a su abrazo le tapó con su capa. Ambos estaban agotados y no tenían siquiera energías suficientes como para subir a la cama.

Jack fue el primero en dormirse. Glen le observó por largo rato, acariciando su larga cabellera, perdiendo sus manos entre hebras y mechones, hipnotizandose con el dulce color... durmiéndose poco a poco bajo el rayo de luna que les había observado toda la noche.

A la mañana siguiente, el Duque Vessalius había recibido la carta tan esperada. Sus planes se vieron resueltos a la perfección.