Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.

Notas de la autora:

+ La historia es Original de Jazzi W. y baso este fan-fic en la adaptación de "Esta vez sí" de Betsy. Uchiha -Song Hyo Wook que amablemente me la cedió (¡Muchas gracias!)

+ Habrá claros OoC y mi redacción no es buena, pero espero que sea de su agrado.

El capítulo final ha llegado.

Antes que nada, quisiera agradecer a Betsy,Uchiha-Song Hyo Wook. Sin ti, nada de esto hubiera sido posible ¡No sabes la alegría que sentí cuando me llegó aquel mensaje! No tengo las palabras suficientes para expresar mi gratitud. Al igual que ustedes, queridas lectoras (me sentí importante diciendo eso)

Espero que este sea el final que esperaban y gracias por cada segundo que le dedicaron a esta historia ¡Las amo!

Advertencia: Este capítulo contiene lemmon.


Capitulo XIII:

Perfectamente imperfecto

Vi entrar a mi secretaria, con unos sobres en sus manos. Cerré los ojos y gemí bajito, ella sonrió negando.

—No te preocupes, solo es correo —aclaró Kiyone, entregándomelos.

Los miré fugazmente y asentí, dejándolos cerca para revisarlos el lunes.

—¿Lograste cambiar la cita con la empresa de publicidad? —pregunté. Ella sonrió y me entregó mi agenda personal— Te irás al cielo ¡Lo juro! —murmuré claramente entusiasmada y ella rió.

—Tranquila, Rukia, tienes la tarde libre.

Yo la observé y esbocé una gran sonrisa.

Varios días atrás, le había pedido que me considerara su amiga. Más que su jefa, yo apreciaba a Kiyone. Era una joven trabajadora que luchaba por lo que quería y por ello, merecía el puesto que le iba a proponer el lunes… ¡Otro pendiente! Mi teléfono privado sonó, mientras ella terminaba de revisar los papales que le había entregado para que los archivara o enviara según fuera el caso.

—Hola, enana —murmuró mi novio desde el otro lado de la línea.

Lo que en su día fue un tormento, ahora era una bendición.

Escuchar ese apodo ya no causaba náuseas, sólo sentía mariposas revoloteando inquietas.

—Hola, fresa —saludé con una sonrisa boba en el rostro.

Kiyone se tapó la boca con los dedos, me lanzó una mirada de complicidad y salió de la oficina.

Habían pasado dos semanas de nuestro regreso. Todavía me costaba asimilar que, después de todo, Ichigo y yo estábamos juntos. Me sentía tan viva y feliz, a pesar de que el trabajo nos tuviera agobiados. En este lapso, habíamos salido. Las mejores citas de mi vida, tenía que aclarar: románticas, divertidas, llenas de expectación y tensión.

Aún no hablábamos de la combustión espontánea que parecían sufrir nuestros cuerpos al estar cerca. Cuando habíamos estado en el departamento del otro, nada más había sucedido... Tenía la sensación de que Ichigo jamás daría otro un paso. Después de todo, nuestra historia no era del todo normal. Así que, como toda una mujer profesional, debía agarrar el toro por los cuernos.

—¿Qué tal el trabajo? —preguntó, con voz susurrante.

—Terrible —expresé agobiada— Tengo una cita para las cuatro, luego debo checar unos escritos para el próximo número de la revista y no sé, unas cuantas cosas más ¿Y tú? ¿Por fin te has puesto al corriente?

El rió y no pude evitar acompañarlo.

—No —respondió desanimado— Estas vacaciones han salido caras. No te preocupes, Urahara estará de vuelta la semana que viene. Podré escaparme —lo ultimó lo murmuró bajito, haciéndome reír— Te voy a extrañar.

—Te llamo mañana y almorzamos juntos ¿Sí? —propuse un poco cortante.

—Claro —aceptó rápidamente.

Yo me despedí, colgué el teléfono y cerré los ojos.

—Te crecerá la nariz como pinocho —murmuró Matsumoto desde la puerta.

—Pero valdrá la pena, cada centímetro.

Mi amiga soltó una carcajada y yo la fulminé con la mirada.

—¡Hey! —expresó haciendo berrinche— No me culpes. Que estés pensando en tu plan y en los "centímetros" es muy chistoso —continuó entre risas.

—Recuérdame porque te tuve que contar —musité enfurruñada, mientras terminaba de guardar mis cosas.

—Fácil. Soy tu mejor amiga. Además, mis ojos tienen que verlo para creerlo. Es decir ¡Tú! —Me señaló con el dedo índice— ¿Haciendo una cena romántica a la luz de las velas con violín de fondo?

—No, exactamente —corregí abochornada y ella sonrió.

Salimos de la oficina, nos despedimos de Kiyone y nos dirigimos en el auto de Matsumoto para ir al departamento de mi objetivo. El camino no era muy largo, pero sentía que estábamos tardando una eternidad. Mi corazón estaba latiendo desenfrenado y no había abierto la boca desde que salimos de mi trabajo.

—Pasado mañana, me entregan los boletos —comentó casualmente Matsumoto. El semáforo estaba en rojo y ella aprovechó para verse en el espejo y ponerse brillo labial— Espero que ambos hayan tenido el tiempo para apartar esos días.

—Claro —afirmé con una sonrisa— ¿Quién se perdería tu boda en una isla paradisíaca?

Llegamos al edificio unos quince minutos después. Inmediatamente, divisé a Yuzu que estaba esperándonos en la entrada y como siempre, su sonrisa parecía destellar.

—A veces ella me da miedo —confesó mi amiga, cuando nos dirigíamos hacia ella.

—A veces —susurré despacio— a mí también —ambas reímos y mi tensión se atenuó un poco.

Quizá, apenas habían pasado dos semanas desde la última vez que la vi, pero había algo diferente en ella. Ese destello en los ojos me provocaba rememorar a mi antigua secretaria Nanao cuando… estaba embarazada ¿De verdad la hermanita de Ichigo sería mamá? Tal vez ya estaba alucinando, pero si fuera cierto sería una excelente noticia para su familia.

—Hola chicas —nos saludó Yuzu.

—¿Estás segura que no vendrá para acá? —inquirí preocupada y ella asintió.

—Segura. Takeshi habló con él —me explicó con un gesto amable— Ichigo saldrá de la oficina a las cinco y mi esposo le pidió que fuera por él ya que su auto se había averiado. No hay problema.

—Espero que le guste —murmuré subiendo al elevador.

Me encantaba el departamento de Ichigo porque estaba impregnado de su esencia.

Fui hasta la cocina y comencé a poner las compras que había hecho en la mañana en el lugar correspondiente: el vino blanco y las fresas en el refrigerador; y en una de las repisas, el chocolate y la crema batida. Minutos después de haber llegado, recibimos el pedido de la florería. Miles de pétalos de rosa blancos y rojos que, tanto Matsumoto como Yuzu, se divirtieron esparciéndolos.

Al final, dejaron un camino que indicara su habitación.

Me alegraba que la tensión entre ellas casi hubiera desaparecido. Matsumoto no lograba convencerse de que la familia Kurosaki mereciera otra oportunidad, sin embargo, se convenció de que yo era feliz y de que por primera vez no trataba de convertirme en algo más. Tomé una ducha rápida luego de haber comido una pizza y terminar de acomodar las velas en la habitación. Me miré en el espejo de su habitación mientras me secaba el cabello. Estaba vistiendo un camisón blanco hasta los tobillos, los tirantes era delgados y enmarcaban mi cuerpo.

Por primera vez, tenía plena confianza en mí.

—Vas a matar a mi hermano de un infarto —susurró Yuzu a mi espalda.

—Creo que Ichigo es más resistente de lo que crees —le contesté sonriendo y con las mejillas a punto de explotar de la vergüenza.

—Aún así, no es ciego —completó Matsumoto detrás de ella.

—Ya es hora de irnos. Pasan de las seis y ya no tardará en venir aquí —continuó Yuzu.

Asentí y las acompañé a la puerta.

Cuando al fin estuve sola, el estómago me hormigueaba de forma incontrolable. Sentía ansias, nerviosismo y mi piel ardía. Caminé sonriendo al sentir los pétalos rozar mis pies desnudos. El camino ideado por Matsumoto y Yuzu primero conducía hasta la mesita central de la sala. Me acerqué a mi bolso, escondido bajo el escritorio de Ichigo y tomé el papel que había doblado a la mitad dejándolo sobre el mueble.

La primera vez que escribía después de tanto tiempo.

Sonreí al leer el título y esperé que él comprendiera cada palabra.


Estacioné mi auto en mi lugar de aparcamiento y entré al edificio. Me sentía fatigado, la empresa tenía demasiados pendientes atrasados. Todos por mi culpa. Otro recordatorio, huir de los problemas solo traía más problemas. Por suerte, ella me había salvado de todo, por fin estaba conmigo y me miraba del modo que tanto soñé. Aunque también predominaba en mi interior la odiosa la frustración.

Deseaba verla… No, necesitaba verla, pero ella era alguien libre e independiente.

Su espíritu me tenía cautivado y sabía que después de un largo día de trabajo, necesitaba descansar. Así que, solo quería llegar a mi habitación y dormir… pensando en ella.

A mis casi veintiocho años, estaba enamorado como un adolescente. Bien, creo que siempre lo había estado, pero no cambiaría absolutamente nada. El tiempo que había pasado a su lado era la gloria, pero quería tenerla conmigo, todo el tiempo… y sí, soñaba cada noche con volver a hacerla mía, como aquel día en su oficina, pero de manera diferente.

Esta vez sin barreras, sin mentiras… Simplemente, no me atrevía.

Abrí la puerta de mi departamento y encendí la luz para quedarme paralizado.

Había miles de pétalos haciendo un camino por todo el lugar y el departamento olía a su aroma… Mi corazón comenzó a latir de prisa mientras seguía el inusual sendero. Me acerqué a mi mesa para mirar una hoja de color blanco doblada por la mitad. La caligrafía era sencilla, pero elegante. Reconocí su letra y por un momento quise olvidarme del papel y buscarla.

Obligué a mis pies a quedarse en su lugar y comencé a leer:

Mi amor imperfecto

Te escribo y el sol muere de a poco, al igual que mis letras,

El cielo atestigua este momento en el cual me declaro,

Te miro y presento mi vida a tus ojos esperando contestación.

Pues ese amor que concebía perfecto he comprobado que no es real

Y en mi búsqueda de un alma ajena,

Me reencontré contigo y pensé todo lo que podía ofrecer

Cosas lozanas, antiguas, etéreas y mundanas

Pensé ofrecerte frases, o tal vez plegarias.

Pero una a una fueron pareciendo paganas,

Tal vez te ofrecería un amor preciso y recto

Un amor en el que el sacrificio no existe

Un cuento de hadas

Pero tu recuerdo me señaló un norte

Ofrecerte un amor imperfecto, humano

Contigo quiero sacrificarme de todas las maneras posibles y que tú te sacrifiques igual

Quiero llorar y amar

Quiero sentirme enjaulada en el mundo, pero libre contigo

Quiero saber conquistarte a través del tiempo

Poseerte y prolongar un abrazo hasta el infinito

Un amor que nos una con una cadena de razón y cariño

Un amor que nos torture dulcemente

Un amor que persista en la lluvia

Un amor que hiera nuestro orgullo

Quiero verme, entonces, en otra latitud contigo

Emancipando nuestras almas de la vida

Procurando nuestro sustento emocional con lágrimas de ángeles

Descifrando los laberintos de nuestros corazones

Compartiendo un amor imperfecto.

Te amo, Ichigo.

Miré el camino de pétalos que seguía hasta mi habitación, miré el poema de nuevo. Me lo llevé a los labios mientras caminaba hasta ponerlo junto a su broche, el que jamás me había pedido de vuelta. Caminé con pasos cortos, no quería despertar si esto era un sueño y quería prolongar el momento si era real. Cuando abrí la puerta, todo mi cuerpo cobró vida y contuve la respiración al verla.

Ella jamás se imaginaría cuantas noches la imagine así, frente a mí, en mi cama, desde aquella fiesta. Tantas noches de insomnio, tantas noches odiándola de tanto amarla, de tanto desearla y ahora estaba aquí como un cisne… Mi cisne.

—¿Por qué no me sorprende que hallas entrado a mi departamento? —pregunté con voz ronca. Ella se sentó sobre sus rodillas y la luz de las velas que iluminaba la habitación, hacía un juego perfecto de luces y sombras sobre su piel.

Su camisón difícil de resistir.

—Porque lo deseabas tanto como yo —contestó bajito y se movió hasta el final de la cama. Acorté nuestra distancia quedándome de pie ante ella. Luego se alzó un poco y rozó mis labios contra los suyos.

—Si… —suspiré mientras tomaba su cara entre mis manos. Sentí las yemas de sus dedos en mi cabello. Su boca se abrió para perderme en ella y mi lengua entró queriendo poseerla— Volviste a… escribir —dije con la respiración entrecortada. Sus pequeñas manos comenzaron a quitar mi saco— Gracias —ella volvió a besarme. Incapaz de detenerme, la acerqué mas a mí anclando mis brazos a su cintura, llevándola hasta el borde de la cama.

—Esto no debía ser exactamente así —murmuró contra mis labios, mientras los tocaba, incitándolos.

—¿Cómo, entonces? —pregunté confundido a la vez que olía su cuello.

Sus manos comenzaron a desabrochar mi camisa.

—H-había vino y comida… y… puede esperar… —expresó sin convicción y yo besé el borde de su escote.

—Discúlpame… Si así lo deseas… yo puedo… —no terminé la oración, ya quedaba muy poco de mi autocontrol.

—¿Sabes qué? Olvídalo… —murmuró con soltura. Sonreí, acariciando su rostro. Bajé hacia su mandíbula, luego a su cuello y por último a su clavícula. Ella logró deshacerse de mi camisa y sus manos erizaron mi piel cuando hicieron contacto. Cada rastro ardía, sentía mi cuerpo cada vez más y más impaciente. Por fin, me acerqué a ella y gimió robándome una sonrisa.

Mis dedos rozaron el contorno de sus hermosos senos sobre la tela. Su pecho subía y baja a causa de su respiración. Mis manos bajaron los tirantes y la obligaron a quedarse desnuda ante mí. Después, la tomé por la cintura y la incliné mientras lamía, mordía y me alimentaba de ella. Un grito y luego pequeños sonidos salieron de su boca.

Cada segundo que pasaba me hacía perder, aún más, la cordura.

No supe en qué momento, sus manos desabrocharon mi pantalón. Lo jaló de forma impaciente y me lo quité todo mientras ella se recostaba en la cama alejándose un poco de mí.

Sonreí y en un acto movido, por solo mi cuerpo y todo el deseo que sentía, la tomé de los tobillos y la arrastré hacia mí. Rukia jadeó. Mis manos se hundieron en su espalda levantándola mientras me hincaba en la cama. Luego se sentó a horcadas sobre mí y gimió cuando mi emocionado amigo tocó su intimidad, yo perdí todo rastro de conciencia…

Apreté los dientes y controlé mis latidos mientras la tomaba de la cintura y entraba en ella.

Se echó hacia atrás soltando un grito ahogado, arqueó su espalda permitiéndome saborear el néctar de su piel, sus pechos, sus pezones turgentes y la atraje hacia mi mientras la abrazaba, besando su cabello.

El tiempo se detuvo, solo era consciente de su cuerpo, de querer estar más en ella, de querer perderme en ella, de cumplir todos mis sueños. Mis caderas se movían exigentes y por un momento temí dañarla, pero su cuerpo buscaba el mío, sus caderas respondían mis movimientos. Ella besó mi cuello y mi oreja haciéndome estallar, sus paredes se apretaron encerrándome, exigiendo...

Ambos caímos a la cama, respirando de forma entrecortada.

—Quiero que todos los días estés aquí cuando llegue —murmuré, abrazándola.

—¿Esa es otra proposición? —inquirió sorprendida.

—Sí —exprese, mirándola firmemente.

Ella no respondió, pero su mirada me lo dijo todo.

Esbozó una tierna sonrisa y sus parpados se cerraron. La abracé todavía más fuerte y también intenté dormirme. Quizá aún faltaba tiempo para el día en que uniéramos nuestras vidas para siempre… pero no importaba. Ahí estábamos juntos, amándonos y siendo correspondidos. Esta vez, haciéndolo bien.

Esta vez sí…

Fin