Bueno aqui vuelvo con otra traducción la verdad no soy tan buena escritora y no tengo mucha paciencia para esas cosas, así que creo que me limitare a traducir historias que he leido y creo que son buenas. Como esta.

Esta historia fue originalmente escrita por 'mybluesky' y el nombre original es 'Doctor's Orders'. No se en realidad si ya hay otra traducción al español (latino) de esta historia, por que realmente la autora da permiso de que quien sea traduzca sus historias (Chequen su permiso en su perfil, no estoy mintiendo), pero de ser así, de todas formas me gustaría que se dieran una vuelta por aqui y me den su opinión sobre mi traducción.

Como toda traducción hay palabras que a veces no existen aquí como la palabra 'scrubs' (anexo imagen solo eliminen los espacios en el link) que es el úniforme de algodon azul que se puede ver en todas las series de doctores así que aquí solo le puse el nombre de 'uniforme' y por algunas capitulos sigo haciendoles la alución de que me refiero a scrubs solo para que no se pregunten de que hablo. Los capitulos son largos, pero ya llevo traducidos unos 4, así que actualizare cada viernes de ser posible.

http : / img2. timeinc. net /people /i /2008 /startracks / 080818/patrick_dempsey . jpg - no pude evitar poner a McDreamy!

Cualquier duda o comentario no duden en dejar un review o mandarme un mensaje personal (creo que si lo tengo habilitado). Espero que esten bien y les guste esta historia!

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia y trama a myskyblue yo solo soy una humilde traductora


Prologo – Nunca Salgas con un Doctor

"¿Bella Swan? ¿Quieres decir Swan como el ave en inglés?"

Emmet McCarty me vio con escepticismo desde donde estaba sentado en la estación de enfermería antes de finalmente levantarse y estrechar mi mano. Es un monstruo de hombre, más de 1.80 metros, con brazos y hombros anchos que casi revientan las mangas de su uniforme (scrubs). Pero su rostro es infantil, acentuado por dos hoyuelos en cada lado de su persistente sonrisa.

"Bueno, yo soy tu Señor y Salvador, para todos los efectos y propósitos," se presenta a sí mismo. "Emmet McCarty. Voy a instruirte para que puedas sobrevivir en este hoyo del infierno por ti misma en unas cuantas semanas."

Esta bromeando, estoy segura, pero es difícil encontrar el humor cuando este lugar realmente parece un hoyo del infierno. Hay una manada de doctores y enfermeras y secretarias y paramédicos por todas partes, todos congregándose al momento en que es cambio de turno. No hay un solo lugar donde sentarse y es imposible oír otra cosa que no sea parloteo y actividad.

"Um, eso es genial," digo nerviosamente. Hay algo en empezar un nuevo trabajo – acerca de conocer un puñado de nuevas personas – que me aterroriza. Inclusos mis manos están un poco sudadas. Realmente estoy empezando a pensar que puedo ser socialmente retardada o algo.

"Sígueme," dice con facilidad. "Te daré un tour rápido del lugar."

Tengo que caminar rápido para mantener el paso, y muy pronto el tour ha terminado y me han presentado a varios compañeros trabajadores. Emmet continúa diciendo una sarta de comentarios mientras caminamos, a quién evitar y a donde escaparse para un descanso y en que esquinas se tiene la mejor recepción de celular. Es en verdad el mejor tour que me han dado.

"Ese es Aro." Hace una pausa y apunta a un enfermero muy femenino pero no se molesta en presentar. "Lo llamamos 'Pequeño Johnny o Little Johnny', pero él no sabe por qué." Y él tampoco me dice a la razón. Y espero… no, ruego que no tenga nada que ver con sus regiones inferiores.

"¿Por qué lo llaman así?"

"No lo sé, es solo que es pequeño y se parece a Elton John. Little Johnny."

Contengo mi carcajada con mi mano. La verdad es que es muy adecuado, y el hecho de que no sea tan obvio para todos lo hace hilarante. "¡Sabes, pensé exactamente lo mismo!"

"Si, todos lo hacen," me asegura. "Y Alice es 'Little Bit', por obvias razones. Bueno, no que el nombre de Aro no sea obvio."

Alice es una pequeña enfermera con cabello corto, negro y puntiagudo y una sonrisa contagiosa. Ya nos presentaron, ella prácticamente corrió hacia mí cuando recién llegue, asegurándose que fuéramos amigas de inmediato. Hay una simplicidad en ella que la hace agradable, y de acuerdo a la lista de Emmet, ella está aprobada para pasar hacer amistad.

Emmet de repente me voltea a ver. "Necesitamos encontrarte un nombre," anuncia.

"Oh, no," me niego. Trato de ser amable, pero lo último que necesito es un sobrenombre mortificante que me siga a todas partes después de solo mi primer día. "Bella está bien."

"Te va a gustar, lo prometo." Me palmea la espalda. Me dolió un poco, y me froto el hombro con una mueca.

"Me gusta mi nombre," me quejo.

"No importa si te gusta tu nombre, Bella. Ese no es el punto." Se frota la barbilla pensativo antes de jalarme con él. "Lo pensare por un tiempo," concluye.

Genial.

Continuo siguiéndolo mientras evaluamos a nuestros pacientes. Hoy, solo soy su sombra; mañana, yo tomare todo el equipo mientras él se sienta por ahí y me deja hacer todo el trabajo, también conocido como 'Soy un-flojo-de-mierda-y-por-eso-me-gusta-dar-orientación' Es verdad, especialmente para personas como Emmet, y para que puedan afirmar lo contrario tiene que haber una mentira cuidadosamente elaborada.

Estamos pasando por la sala de doctores cuando veo a Emmet tensarse. Una doctora alta, rubia y hermosa pasa a nuestro lado. Está usando una bata bordada con su nombre – aunque todo pasa tan rápido que ni siquiera alcanzo a distinguir que está escrito – y un estetoscopio adorna su largo y grácil cuello. Se ve elegante en un par de medias y tacones.

Mientras pasa, sus ojos se encuentran con los de Emmet. Ambos desbordan hostilidad.

"Emmet." Su voz es cortada y hace un movimiento de cabeza y le pasa por un lado, su mirada un poco más dura. Emmet se eriza por su tono, su cuerpo entero tensionándose por la lucha de mantener su ridículamente enorme boca cerrada. Oh si, definitivamente está guardándose una que otra palabra.

No se relaja hasta que ella está fuera de vista. Entonces se gira hacía mí. "Eso," dice con una explosión de irritación, "es la más egocéntrica excusa de doctor que encontraras por aquí. Ni siquiera me molestaría en aprenderme su nombre."

Pero ahora estoy locamente curiosa, claro.

"¿Por qué? ¿Qué fue lo que hizo?" pregunto con entusiasmo. Soy adicta a cualquier tipo de chismes de hospital.

"Es una perra pretenciosa," dice con severidad. "Piensa que es Dios solo por su título. Pfff, me gustaría enseñarle una cosa o dos respecto a encontrar a Dios."

Por como se ve, no creo que quiera decir ir a la iglesia.

"Bueno, ¿Cuál es su nombre?" persisto. "Puede que tenga que llamarla o algo."

"Si tienes que saberlo, es Dra. Maldita Hale," dice, y por un momento creo que está siendo gracioso y se refiere a ella como Satán o algo.

"¿Dra. Infierno?" (Hale: Hell)

"Sí. De hecho le queda bien."

Yo también se una o dos cosas sobre doctores gilipollas, dado que he trabajado con ellos por años. Es el mismo escenario cada vez – ocasionalmente un doctor empieza su carrera siendo un agradable, modesto hombre que salva algunas vidas, recibe algunos cheques, y luego piensa que es la mejor mierda en el campus – err, el hospital. Y algunas veces si lo es, pero usualmente no. Y usualmente es molesto. E insultante. Especialmente, especialmente, cuando creen que son mejores que las enfermeras – que nuestro trabajo es menos importante – que no pasamos doce horas rompiéndonos el trasero salvando vidas también.

Lo que es aún más irritante es cuando piensan que son atractivos cuando realmente no lo son. Y si son medianamente lindos, entonces Dios nos libre, no va a quedar suficiente espacio después de que entren con sus enormes egos.

Jure hace mucho tiempo que nunca saldría con un doctor. El prospecto es solo bueno en teoría – en el mundo real, son presumidos, groseros y usualmente no atractivos.

Pero eso fue antes de obtener un trabajo en el Centro Medico Harborview, para ser entrenada por el enfermero Emmet McCarty, para ser presentada a un ligeramente arrogante y aun sorprendentemente ardiente Dr. Edward Cullen.

Ese fue mi pequeño día del Juicio Final, mejor conocido como el día en que mi mundo dejó de tener sentido.